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Será Otra Cosa-Haití, el camino de indiscutible esplendor

Deborah Hunt y Guie Beeu Guerrero Hunt, Road of Useless Splendor (en Taller Libertá, Mayagüez, marzo 2024). Foto de Suhaill Orsini

 

Especial para En Rojo

 

En el arte, una lograda alegoría hace lo aparentemente imposible: capta la situación particular de un lugar y de un momento, traduciéndola, a la vez, a todos los lugares y momentos. Por si fuera poco, también hace lo contrario: recoge aquello que llamaríamos la “condición general” y la vuelve relevante, específica, a un ámbito discreto. La pieza de teatro The Road of Useless Splendor (“El camino de esplendor inútil”), de Deborah Hunt –artista experimental de máscaras, objetos y títeres– y Guie Beeu Guerrero Hunt es un reciente y paradigmático ejemplo. En tanto prescinde del lenguaje verbal –no hay palabras en esta pieza, que nos deja sin palabras–, abocándose a la comunicación producida en el trasiego de objetos, colores, gestos y cuerpos, el “esplendor inútil” de este tipo de teatro radica en contar, a una misma vez, la historia del mundo y la de Puerto Rico, la de las islas globales y la de las caribeñas.

Las bufonas enmascaradas, sin nombre, que nos remiten a tradiciones teatrales sumergidas, consideradas “menores” en La Historia del Teatro Occidental, son cualquiera, en tanto las criaturas humanas somos siempre, en alguna medida y en diferentes momentos, víctimas y victimarias. A la vez, los personajes son la específica encarnación de todas las figuras con cuotas de poder que han tendido a la competencia, la acumulación, el comerse-por-los-rabos y, por tanto, la destrucción de lo otro y, en última e irremediable instancia, de lo propio. A lo largo de la pieza, por todo compiten, con gestos y actitudes que parecen inocentes, infantiles –“la banalidad del mal” de Arendt–, pero que, al mismo tiempo, resultan en hecatombes a gran escala que todo lo consumen, incluso a ellas mismas.

La competencia central del dúo quizá sea la que libran por El Libro, objeto que sugiere La Historia, y que no hace más que mostrar y solapar capítulos de desmedida ambición y desenlaces de inevitable cataclismo, tanto para humanos como para no humanos, todos en forma de objetos y títeres que, irónicamente, resultan más “reales,” verosímiles, que cualquier efecto 3D o de inteligencia artificial. Las hordas de ratas son cada vez más numerosas; los perros bravos son cada vez más monumentales; los cuervos acechantes son cada vez más agresivos. A medida que avanza la pieza, ellas, las bufonas, muestran cada vez menos decoro en su afán de dominio. Hasta por el dolor ante tanta muerte terminan compitiendo: si tú despliegas algunas pequeñas lágrimas, yo desplegaré un montón de enormes lagrimones. Su “road,” su camino, desenrollado en el suelo al inicio de la pieza tras una torpe coreografía de las bufonas, es una sucesión indistinta de leves elevaciones y caídas que se repiten hasta el cansancio, todas tejidas con evidente dedicación y preciosismo en un mismo color crema, casi blanco. Es la trayectoria del Occidente hegemónico: el camino del esplendor inútil.

Vi la pieza hace unos días en el bienamado Taller Libertá en Mayagüez. De hecho, las funciones allí de The Road of Useless Splendor inauguraron la temporada 2024 de la gestión corporal mayagüezana, Teatro pal barrio. Entre tantos asedios globales y locales, esa noche me sentía particularmente desconsolada por la actual situación en Haití, tan escasa e injustamente cubierta por la prensa. La semana anterior, durante la Cumbre Afro en UPR-Río Piedras, había escuchado las perspectivas de algunas personas que conocen mucho mejor que yo el volátil panorama del momento. En particular, llevaba –y llevo– bajo los párpados la imagen del rostro de la gran Hilda Guerrero, luchadora desde Comuna Caribe y otras iniciativas, y a quien me precio de llamar amiga. En Río Piedras, Hilda, compartiendo su consternación, me miró a los ojos detrás de una pesada sábana de llanto contenido. Más allá de comunicar con el cuerpo el hondo impulso de acompañamiento sin palabras, y de declarar, dondequiera y como se pueda, que Haití ha sido, es y será siempre LIBRE Y SOBERANA, y que de allí brota el inacabable sueño, por lxs haitianxs realizado, de la más plena libertad antiesclavista, antirracista, anticolonialista, es casi imposible no sentirse del todo impotente.

“El Libro” de Haití –pensaba mientras veía la pieza de Hunt y Guerrero– es una cuenta inagotable, usurera. Desde el momento mismo de la declaración de independencia de Haití en 1804, tras más de una década de revolución, y hasta hoy, los grandes poderes del Norte Global y la supremacía blanca no han dejado de cobrarla.[1] Las originarias “reparaciones” a ex amos esclavistas, el régimen de la deuda y la imposición, vía invasiones militares, apoyos a sangrientas dictaduras e incontables oenegés, de estructuras de dependencia y capitalismo neoliberal, son algunos ejemplos de los “métodos de pago.” Por destacar sólo las más recientes instancias, la remoción –por “inconveniente”– del legítimo y democráticamente electo presidente Jean-Bertrand Aristide en 1991, ha venido acompañada de más invasiones foráneas, lideradas por EE. UU., Canadá y Francia, e incluyendo las ordenadas por Naciones Unidas, la última de las cuales cesó hace apenas cuatro años. Éstas no han hecho más que ahondar en muerte, hambruna, epidemias, trasiego de armas, violencia sexual, migraciones forzosas, socavamiento de estructuras democráticas y la profundización general de los abismos entre clases. Ahora, Haití enfrenta el espectro de otra invasión internacional, liderada por los poderes de siempre, planificada a puerta cerrada en el incierto “Consejo Presidencial Transicional,” cuyo proceso, desconocido públicamente, usa al CARICOM como cortina de humo.

Hay quienes señalan que la demonización como “gangas criminales” –que, dicho sea de paso, obtienen sus armas del mercado de EE. UU.– de todos los grupos en pugna principalmente en la capital, Port-au-Prince (que no en todo el país), forma parte de la antigua treta del poder que controla la prensa y la opinión pública, pues no todos los grupos tienen ese perfil. Por ejemplo, en un reciente reportaje en Democracy Now!, Kim Ivers, editor de la sección en inglés del periódico semanal Haiti Liberté, les describe como “comités barriales armados” y destaca entre ellos a los colectivos anticriminales, y especialmente al liderado por Jimmy Chérizier, apodado “Barbecue.” Según Ivers, el grupo de Chérizier lleva años combatiendo las “gangas criminales,” empoderadas desde la última invasión. Ivers también observa que la única razón de la reciente “coalición” entre grupos criminales y anticriminales responde a la necesidad de evitar el regreso al poder del ilegítimo Ariel Henry, mientras continúa lo que Ivers cataloga como un “proceso revolucionario” con el objetivo último de transformar la sociedad haitiana hacia un paradigma de justicia y equidad. Aunque, como señala la profesora e investigadora haitiano-estadounidense Jemima Pierre en el reportaje referido, sobre dicha interpretación no hay acuerdo generalizado y, sea como fuera, la violencia ha cobrado ya miles de vidas y desplazado internamente a un número aproximado de 360,000 personas, lo cierto es que, si alguna lección nos enseña Haití es a no creer las versiones manufacturadas por el Norte Global sobre lo que allí sucede. Ya conocemos a los dueños de las narrativas oficiales: bufones enmascarados de inocente apariencia y una megalómana tendencia al apocalipsis si de éste pueden obtener alguna ganancia.

Todas nuestras luchas por un Puerto Rico, un Caribe, una Latinoamérica más justas, inclusivas y diversas resultan de la milenaria tenacidad de Haití en pos de otro mundo. Ese es el otro Libro de Haití, su camino de indiscutible esplendor. Ese Haití todo nos ha dado. Nada debe. A ese Haití, más bien, nos debemos.

[1] “Haiti as Empire’s Laboratory,” la reciente columna de Jemima Pierre en NACLA, lo resume muy atinadamente. Investigaciones y libros imprescindibles para estudiar más ampliamente la historia de Haití son: Una historia decolonial de la historia de los haitianos, de Jean Casimir; Tropics of Haiti: Race and the Literary History of the Haitian Revolution in the Atlantic World, 1789–1865 y Awakening the Ashes: An Intellectual History of the Haitian Revolution, de Marlene Daut; Haiti: Aftershocks of History y Avengers of the New World de Laurent DuBois; y el clásico, Los jacobinos negros: Toussaint L’Ouverture y la Revolución de Haití de CLR James.

Garvin Sierra enfrenta censura y limitaciones con obra reciente

 

En Rojo

Además, el artista destacó cómo las relaciones con la Poli/Gráfica se complicaron

La reciente obra del artista Garvin Sierra, Retratos de una deuda, ilustra rostros e imágenes de distintos gobernantes, emblemas y momentos históricos para la liberación de Puerto Rico. Hecha con recibos de papel termal, la obra enfrentó problemas para su exposición durante el diálogo entre Sierra y Lisa Ladner, excuradora de la Poli/Gráfica 2024 contratada por el Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) y, también, cónsul de Suiza en Puerto Rico.

“Yo recibí un correo de la curadora Ladner, en el que me pidió información de tres de mis piezas, incluido Retratos de una deuda. En el tercer email que me envía, ella dice que la pieza de Retratos de una deuda, aunque le encantaría exponerla, no puede hacerlo, no por oponerse políticamente, sino por ser una exposición financiada por fondos estatales y federales”, declaró Garvin Sierra con En Rojo.

Con esa comunicación, Sierra narra haber retirado su participación de la Poli/Gráfica, además de escribirle un correo directamente al director del ICP, Carlos Ruiz Cortés. En la misiva, que envió el 15 de agosto de 2023, detalló cómo Ladner, en una llamada telefónica, fijó unos parámetros en los que Retratos de una deuda debía ser presentado en el consulado de Suiza en Nueva York para evitar “problemas diplomáticos entre Estados Unidos y Puerto Rico”. “Yo no me iba a prestar para manipulación o cualquier tipo de censura”, reiteró Sierra.

Por su parte, la excuradora de la Poli/Gráfica, Lisa Ladner- luego de la controversia, fue relevada de su cargo- asegura que no se trata de una censura, sino que Sierra “retiró” la pieza. En un principio, Ladner coincide en la comunicación inicial de su parte que solicitó las obras de Sierra.

“Cuando veo las especificaciones de la obra, la dimensión que había que conseguir un cuarto entero, e incluso una parte auditiva que no era parte de la pieza original, pues yo empiezo a ver problemas de dimensión”, sostuvo, por su parte, Ladner. Por esas razones, cuenta la cónsul de Suiza en Puerto Rico, le pidió a Sierra integrar una “parte” de la obra en la Poli/Gráfica, y que consiguiera a otra galería para mostrarla completa.

El artista admitió que, después de la carta enviada al director ejecutivo del ICP, Ladner intentó comunicarse con el autor de Retratos de una deuda, pero Sierra no le contestó por entender que debía recibir respuesta de quien contactó, Ruiz Cortés.

Ladner, quien se responsabilizó de haber querido “revisar” la obra junto a su compañero curador, Elvis Fuentes, justificó el rigor con publicar la pieza por “asegurarse” de que, tanto su colega como supervisores, estuvieran al tanto de lo que se expondría.

“Si él lo entendió como censura es porque no sabe nada de ser un cónsul honorario y por qué yo tengo que hablar con mis jefes para contar la verdad de la situación[…] prefiero consultar con gente para no meterme en líos”, explicó Ladner.

El 14 de abril, el ICP publicó un comunicado en el que se disculpó por el “malentendido” causado por la controversia entre la Poli/Gráfica y Sierra. Para intentar separarse del escándalo, la agencia cultural retiró a Lisa Ladner como curadora del evento, que reune una variedad de piezas y obras de la región.

Por su parte, Elvis Fuentes aclaró a este medio por qué no opina sobre la situación: “En realidad no tengo mucho conocimiento de la obra de Garvin, pues no la he visto. Espero verla cuando abra su exposición, pero debe ser excelente como todo lo que hace […] él declinó participar en la Poli/Gráfica por una controversia con una curadora que ya no está en el proyecto”, lee el mensaje a En Rojo.

Tras la divulgación del blog de Sandra Rodríguez Cotto, donde primero se reportó de la censura en cuestión, múltiples figuras artísticas rechazaron participar del foro, como Antonio Martorell y Marta Pérez García, en apoyo a Sierra.

“Para mí, esto [la pieza] es un logro porque nos deja saber dónde está parado el país y dónde estamos parados como artistas. Tengo el apoyo de gente que me ayudó a montar la propuesta y a presentarla […] Cuando uno hace una obra, uno la hace en su totalidad, no hace un pedazo o extracto.¿Qué vamos a hacer? ¿Presentar lo que ella quiere- sutil- para no ofender a la Junta o al gobernador? Se sigue censurando, y es una falta de respeto a los artistas”, concluyó Sierra.

Retratos de una deuda será presentada en su totalidad, en la exposición Ante la censura, saluda, en el espacio de Pública en Santurce desde este miércoles 17 de abril.

 

Abrazo a Félix Jiménez

Félix Jiménez

En Rojo

Mucha gente quiso a Félix. Admirábamos su capacidad de trabajo. Escribía artículos, libros, y nos invitaba a participar de sus proyectos contagiándonos con su entusiasmo. Lo conocí cuando recibía el premio de ensayo del Pen Club de Puerto Rico por su libro Vieques y la prensa: el idilio fragmentado. Desde entonces aprendí muchas cosas mientras tomábamos café y él fumaba un cigarrillo tras otro.

Hay cosas que trascienden el saber académico. Félix Jiménez desbordaba ese espacio. Fue profesor de estudios culturales en la Universidad del Sagrado Corazón y profesor visitante en la Universidad de Columbia. Fue productor en CNN en español, escribió para The Village Voice, The Washington Post, The Nation, y en Puerto Rico para la revista 80 Grados y El Nuevo Día.

Como profesor, como ensayista, como periodista el querido amigo y colega tenía una virtud que pocos tienen: generosidad. Félix tenía la disposición y la voluntad de dar y compartir con los demás, ya sea en términos de tiempo, recursos o afecto. La cantidad de escritores, periodistas y estudiantes a quienes él animó a seguir produciendo saberes y reflexiones -con desinterés y altruismo- es enorme. No voy a hacer una lista. La reacción de tantos al conocer la triste noticia es un homenaje. Coincidimos en que el legado de Félix es intelectual, pues nos dejó libros pertinentes a la discusión de aspectos de nuestra cultura, y también amoroso. Resulta que su solidaridad con el trabajo de otros fue -es- un acto de amor imperecedero.

Justamente hace doce años, Félix me confió sus poemas. Había armado un libro, Serenos semejantes, que sorprendió a los que no conocían que hacia los años 80, había sido co-editor, de Aldebarán, revista literaria que repartía por los pasillos de la universidad junto a su siempre querido José Quiroga -que también se nos fue antes de tiempo apenas unas semanas atrás. De aquel poemario, José escribió lo siguiente:

“Serenos Semejantes aparece como una huella en la almohada, el rastro de alguien que dormía en una casa antes de haberse fugado. Es un libro de tránsito, de movimiento, de fugas y texturas. Por él nos damos cuenta, de nuevo, de que Félix Jiménez – uno de los ensayistas más lúcidos que se conocen, siempre ha sido, ante todo, poeta. Sus dos secciones, como un binomio (piedra negra sobre piedra blanca) la arquitectura de un amor que no tiene porqué atreverse a decir su nombre, si se supo desde siempre, y si no fue uno si no varios. Desde «canción de ruidos y autarquías» hasta la «( s. )» final del libro, Serenos Semejantes compone un plural necesario, para una obra que todavía está por conocerse”.

Lo mucho que le debemos a Félix todavía está por conocerse. Poco a poco lo iremos entendiendo. Solo me resta, junto a tantos que mucho lo quisimos, darle un abrazo emocionado a este poeta, que como dijo aquel otro bardo siempre fue compañero del alma, compañero.

 

 

 

Tiburoncito

 

Leonardo Delgado Navarro

 

En el 2011, le escribí este cuento a mi sobrino Alonso. Tendría diez años en ese entonces.  La idea del cuento nace después de leer “Mi vida con la ola” de Paz. Años después, leyendo un libro de cuentos de Eduardo Galeano me topé con el cuento “El Bagre”.  Ese día le empecé a “dar casco” al “inconsciente colectivo” de Jung que hasta ese momento me parecía pseudociencia.  Aquí les dejo el cuento que escribí para Alonso.

LDN

Pescando atrapé un tiburoncito. Pequeñito de algunas 20 pulgadas. Hermoso.  De un color gris tirando a verde y de ojos blancos enigmáticos. Justo cuando sacaba el anzuelo de su boca, lo miré detenidamente y percibí en ese instante que entre el tiburoncito y yo existía un pasado en común.  Le miré a los ojos y pareció entenderme.  Le pedí que se fuera conmigo y asintió.

Al principio fue difícil. Tenía tanques con agua por toda la casa.  Lo cambiaba de uno a otro según él me iba indicando. A veces, en la mañana lo ponía en el tanque al lado de la mesa y así desayunábamos juntos; cuando me marchaba, lo dejaba en el tanque del balcón entre las papayas, el limón, y las guanábanas. Le encantaba estar allí. Siempre dejaba el radio encendido en 89.7FM, Radio Universidad, y así aprendió nuevas palabras y descubrió la música, de la cual se apasionó locamente.

Sucedió que oyendo la radio aprendió sobre una cosa llamada “Teoría de la Evolución”.  Entonces, me comunicó que quería aprender a vivir fuera del agua.  Propuso un extraño experimento.  Cada día yo debía sacarlo del agua hasta que casi (hay que resaltar el casi) muriera de asfixia. Era su teoría que según pasara el tiempo, aguantaría más tiempo sin necesidad de volver al agua. Con mucho temor comenzamos el experimento.

Todas las mañanas lo sacaba del agua y lo dejaba afuera hasta que desfallecía. Entonces yo, muerto de miedo, lo metía al agua y lo movía colando agua por sus branquias hasta que revivía.  Era tanto mi temor que aprendí a orar a los dioses del mar. Oraba fuertemente mientras lo sacudía para que respirara.  Le rogaba a Mama Kalunga, a Yemayá, a Olokum que me lo devolvieran.  Siempre recobró el aliento.

Así pasamos meses hasta que aquello comenzó a funcionar.  Cada día tiburoncito pasaba más tiempo fuera del agua.  Al cabo de un mes podía estar unas horas.  Al cabo de un año, no necesitó más el agua para respirar.  Entonces, se adueñó de la casa, aprendió a cambiar el radio de estación y aprendió tantas palabras que, a veces, se me hacía imposible seguirle el rastro a una conversación.

Como pasaba el día solo, se aburría, y cuando regresaba yo del trabajo me exigía que le compensara las horas de silencio que él pasó con conversaciones. En mas de una ocasión, nos amanecíamos hablando.  Él estaba loco por entender la naturaleza humana.  Sospecho que me volví su sujeto de estudio.

Un día, le hablé de mi niñez y lo mucho que amo la mar.  Como un chiquillo, él se entusiasmó y me pidió que lo llevara a la playa.  Planificamos ir temprano en la mañana, rayando el amanecer.  Cuando llegamos al mar se estremeció de la emoción.  El amor de él hacía el mar superaba el mío. De repente, en un ataque de pasión corrió al agua y se zambulló.  Yo lo observé  nadar pegado al fondo. Desde la orilla yo podía percibir su emoción. Nuevamente se encontraba con las algas, las caracolas y los peces que en un pasado fueron sus compañeros. Al rato lo vi flotando.  Me estuvo cómica la forma en que lo hacía por lo que decidí meterme al agua y acompañarlo.  Nadé hasta alcanzarlo.  Cuando llegué a su lado estaba tieso. Se había ahogado.

 

 

«Descubrir el tesoro musical de Liuba María Hevia: ramillete de impresiones de un concierto memorable» 

Concierto Liuba María Hevia en Teatro UPR abril 2024

 

Especial para En Rojo

Comparto varios comentarios sobre el Concierto de Liuba María Hevia presentado por Pro Arte Musical en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico el 6 de abril de 2024 y llamo en particular la atención a la experiencia de quienes la descubrieron durante esta presentación. www.liubamariahevia.com

I. Maribel Delgado (Cuatrista y profesora de música)

Dijo una buena amiga sobre Liuba: «La gente nace para algo especial, ella nació para cantar». Añado que la interpretación es solo uno de sus dones porque es maravillosa en el arte de la composición de letras y melodías. Acepté muy honrada la petición de acompañarla con el cuatro puertorriqueño. Aunque conocía muy poco la música de Liuba, sus canciones me cautivaron desde que comencé a estudiar las partituras.

Fue un privilegio compartir la tarima con músicos tan talentosos como Olga Juliá (violín), Raúl Barrios (bajo y guitarra) y William García; Emilia Guerra Montenegro (chelo) y la espectacular tresera Yusa, junto a los coristas Zulma Salvá Asencio y Tito Iván Soto Ramos, bajo la dirección vía internet desde Cuba de Arnulfo José Guerra, su director artístico. Liuba, además de su gran talento, es muy simpática y comprometida con su música. Esperamos su regreso.

II.Zoraida Santiago (Cantautora y profesora universitaria)

Tuvimos el privilegio y la suerte de poder ver y escuchar el concierto de Liuba. Desde el comienzo, estableció conexión inmediata con un público ávido de sus canciones y su voz, al confesar la emoción que estaba sintiendo de poder, al fin, cantar en Puerto Rico. Ese diálogo continuó a lo largo de la noche, mientras cantaba y tocaba la guitarra con maestría, acompañada de un conjunto de músicos, puertorriqueños en su mayoría. El resultado de este trabajo de equipo fue muy hermoso, evidenciando la sintonía lograda entre los músicos durante los ensayos.

Las canciones de Liuba contienen, además de un gran trabajo melódico y armónico, un nivel poético de excelencia. Conmueven, llaman a la reflexión, seducen y enamoran. Con su voz brillante y melodiosa, nos llevó a través de un repertorio bien escogido, tarea difícil dada la amplitud de su producción. Agradecemos haber sido testigos de este evento.

III. Karen Schneck Malaret (Directora ejecutiva de Pro Arte Musical)
Liuba… una poeta virtuosa musical. Filosofa con corazón de niña… a veces traviesa, siempre luminosa.  ¡Y ahora amiga!  Fue un gran privilegio trabajar con ella, los músicos y el equipo de producción. En momentos así se crean lazos importantes que nos tocan muy profundamente y que no pueden dejar de cultivarse. ¡Un abrazo enorme que nos dure toda una vida! ¡Que vivan los abuelos!

IV. Orlando Laureano (músico y profesor en el Conservatorio de Música de PR)
Oír un concierto de Liuba es un deleite. La variedad de sus composiciones nos hacen reír, sentir nostalgia, profundizar en pensamientos y hasta a llorar. También nos divertimos con sus canciones infantiles, que muestran mucho rigor en su composición. Viajé a través de sus canciones, muchas desconocidas por mí, por lo cual tuve una experiencia inusual y fascinante.

Liuba trabaja y compone melodías que si se les quita la letra parecen piezas de los grandes clásicos. A eso se añade la calidad de la letra. Qué bueno haber tenido la oportunidad de entrevistarla en Radio Universidad. Ahora voy a estudiar con mucho detenimiento todo el caudal de su música, para  apreciar un tesoro tan valioso. ¡Brava!

V. Edil González Carmona (Profesor universitario y músico)
Apenas conocía su música hasta que la vi en vivo. ¡Qué grato descubrimiento! Para comenzar, Liuba es una poeta. Elabora sutiles imágenes, profundiza en sus reflexiones y sabe cómo sacar partido a la sonoridad de las palabras. Es una artista culta que toma como base para su creación la música campesina tradicional. Es compositora de canciones muy conmovedoras que, además de melodiosas, exhiben interesantes progresiones armónicas y diversidad de matices. También es una guitarrista que se basta a sí misma y se acompaña con soltura a solas, como toda buena trovadora. Me agradó que la mayoría de los músicos fueron boricuas, con la intención de apoyar nuestra clase artística. Los arreglos musicales me agradaron de tal forma que en ocasiones me distrajeron de la letra.

Tratándose de su primer concierto aquí, fue una carta de presentación. Complementó el espectáculo con la proyección en el telón de fondo de algunos de sus videos y fotos de distintos momentos de su vida, así como de algunos de los grandes artistas con los que ha colaborado. En fin, acabé la noche con la euforia de haber descubierto más música con la cual embellecer mi existencia.

VI. Frank Ferrer (músico y productor de discos y conciertos)
Haber asistido a la velada musical de Liuba fue un viaje de regreso al mejor tiempo de la nueva canción y trova cubana de los años 60 y 70. Su calidad interpretativa y de sus composiciones la sitúan en un lugar preferente entre los grandes de Cuba y Latinoamérica. Como músico y productor de discos y conciertos durante más de cuatro décadas, aprecio el esfuerzo de los organizadores y doy las gracias a Pro Arte Musical por la oportunidad de disfrutar tan exquisito concierto.

VII.  Maribel Franco (gestora cultural y encargada de la «Claritienda»)
Fue un sueño disfrutar en vivo de las canciones de Liuba, cientos de veces oídas en sus cedés, que durante años vendimos en la tienda del Periódico Claridad. Sumarnos a la promoción del evento fue parte de nuestro compromiso con Cuba y sus artistas, especialmente con una de las máximas exponentes musicales. La noche fue pura magia y alegría y lágrimas, todo a la vez. Gracias, Liuba por venir a alegrarnos el corazón. ¡Hasta la próxima!

VIII.  Zulma Salvá (corista y asistente de producción)
Ay Liuba María Hevia, queridísima Liuba… Todavía en nuestra islita te seguimos celebrando y divulgando tu música. Colaborar junto a ti, tanto en la producción y como corista, fue toda una combinación explosiva, una experiencia entre sabor y sutileza, entre energía y paz, entre vivencia y complicidad.  Además, qué manera de reír y pasarlo bonito entre tantas anécdotas y ocurrencias. Recibe un abrazo caluroso. Tienes otra amiga en Borinquen.