Frente a la playa, en el área de La Pared, se está levantando un Food Truck Park en un terreno abierto al mar que antiguamente era ocupado por dos escuelas, una biblioteca y varias residencias. Lo que no se conoce es en qué condiciones y en qué año se otorgaron permisos para la construcción de ese Food Park, a quién es que pertenece ese lote y qué se construirá después.
En 1998, el huracán Georges infligió grandes daños a las estructuras escolares. La biblioteca sobrevivió su embate, pero al declararse inoperantes las escuelas, esta fue cerrada. Entonces la alcaldesa era Edna Figueroa (PNP) y el gobernador era Rafael Hernández Colón (PPD).
Con la llegada de Pedro Rosselló (PNP) a la gobernación, se procedió al desahucio de esos predios “para bien común del Estado”. En el año 2000, Sila Calderón (PPD) fue elegida gobernadora y puso en marcha una reconstrucción del pueblo de Luquillo, que comenzó por la remodelación de la plaza pública y la electrificación soterrada del espacio ahora abierto al mar donde habían sido demolidas las estructuras que antes albergaba. En esa área, el Gobierno propuso establecer un estacionamiento y construir una posada.
Fotos suministradas
La Asociación de Comerciantes de Luquillo acogió favorablemente esa propuesta. Su entonces alcalde, José Nelo González, solicitó unirse a la Asociación de Comerciantes para desarrollar un «pequeño» hotel en esos predios. Los comerciantes sugirieron a La Fortaleza convertir la carretera estatal 193, que transcurre frente a esos predios y se extiende hasta el balnerario La Monserrate, en una vía de dos direcciones que favoreciera el comercio local. La administración de Sila Calderón apoyó la idea, pero el Departamento de Transportación y Obras Públicas expuso que sería inconveniente por haber un tramo en que una rampa de la carretera 3 confluye con la carretera 193. Ante ese señalamiento, la Asociación de Comerciantes planteó la alternativa de que la entrada al balneario fuese desde la carretera 3 a la 193, por la entrada en que conectan frente al Banco Popular. La propuesta quedó bajo estudio de la agencia.
La próximas elecciones gubernamentales las ganó Aníbal Acevedo Vilá (PPD). Este, en vez de acercarse a los comerciantes de Luquillo, como antes había hecho Sila Calderón, optó por dirigirse al alcalde Nelo González. Todos los planes se detuvieron.
Sin embargo, en el año 2017, una empleada de la Autoridad de Tierras visitó el área frente al mar indagando sobre a quién pertenecían unos contenedores de reciclaje que habían sido colocados en esos predios, porque supuestamente para esos terrenos vendría un proyecto de Food Trucks y el desarrollo de cinco casas residenciales turísticas en terrenos del Municipio.
A quién pertenecen esos terrenos
Jesús Gerry Márquez (PPD) ocupa la alcaldía de Luquillo desde 2013. Según los registros de la Junta de Planificación, la totalidad de los terrenos que hay frente al mar pertenecen al municipio de Luquillo, tal como consta en el catastro. Sin embargo, para efectos del CRIM de Luquillo, no se sabe a quién pertenece el lote donde se está construyendo el Food Truck Park , lote que es parte de esos terrenos.
Según la Junta de Planificación, en 2015-16, se otorgaron dos permisos para la venta de bebidas alcohólicas al detal a Julio Domínguez y a Fernando Molina. Al consultársele sobre este asunto a la Secretaría Municipal de Luquillo, esta informó que el predio que se está desarrollando comercialmente pertenece a la Administración de Terrenos, pero que no se conoce cuándo fue que se le transfirieron esos terrenos a esa agencia. En el CRIM de Luquillo, el Sr. Jiménez, funcionario a cargo, informa que no sabe a quién pertenece ese lote y que no aparece en los registros a nombre de quién figura.
Aunque para efectos de los sistemas de la Junta de Planificación todo el terreno pertenece al municipio de Luquillo, para efectos del CRIM se desconoce quién es el dueño del lote bajo desarrollo. En cambio, para efectos de la Secretaría Municipal el dueño de ese lote es la Administración de Terrenos, y el resto pertenece al Municipio.
Sobre esta construcción se radicaron querellas en la División de Quejas de la Junta de Planificación, en la Oficina del Contralor y en la Oficina de Ética Gubernamental porque desde 2014 los proponentes para el desarrollo de El Patio (nombre del proyecto en construcción) son el Ing. Rey Rosario Bonano, en ese entonces Vicealcalde de Luquillo, además de secretario municipal, y Carlos Encarnación González, hijo de la asesora en asuntos federales del alcalde Gerry Márquez. Son estos, los proponentes de 2014, los que en efecto están desarrollando el proyecto y no los que aparecen en 2015-2016 como solicitantes de los permisos de venta de bebidas alcohólicas. También hubo comunicación con la Oficina de Servicios al Ciudadano de La Fortaleza. Allí, el Sr. Carlos Rodríguez expresó que esta era una situación interesante y escandalosa que sometería a investigación.
Construcción de visos dudosos
A fines de marzo de 2023, el Departamento de Justicia se comunicó con uno de los querellantes y le solicitó que, como ciudadano particular, les proveyera el número de catastro y el número de lote en cuestión. Este les indicó que conocía el número de catastro, pero que el número de lote no aparece ni en la Junta de Planificación ni en el Municipio. La oficial a cargo entonces le respondió que como Justicia no tiene el número de lote, no puede iniciar una investigación; que solo si él les proveía ese número es que se procedería a investigar.
Actualmente, en el lote que forma parte del terreno frente al mar se han construido bases de cemento donde se han colocado vagones de metal para el establecimiento de locales para la venta de comida preparada. Al día de hoy se desconoce a quién pertenecen esos terrenos, si al Municipio o a la Administración de Terrenos; quién los transfirió a quién; en qué año y por qué no existe un número de lote.
La comunidad de Luquillo ha manifestado su interés por un desarrollo ordenado del pueblo que tome en cuenta las necesidades de sus residentes y de su comercio local. También aboga por propuestas turísticas eco-amigables que conserven el disfrute de la vista al mar y que provean oportunidades de desarrollo económico y social a sus residentes, particularmente a los menos aventajados. Sin embargo, a los luquillenses les preocupa el origen, la legalidad y el curso de lo que está construyéndose en esos predios y en qué se convertirá después. También se cuestionan por qué para esa construcción no se celebraron vistas públicas ni se sometió notificación a los comerciantes.
La Habana, Cuba-El gobierno de Cuba volvió a apuntar hacia Estados Unidos como el principal responsable de los problemas económicos y de la crisis migratoria que atraviesa actualmente el país, debido al bloqueo y el recrudecimiento de las sanciones que mantiene el gobierno norteamericano contra la isla.
En el marco de una nueva ronda de conversaciones migratorias entre ambos países, sostenida a inicios del mes de abril en Washington con el propósito de “garantizar una migración regular, segura y ordenada”, autoridades de La Habana subrayaron que son las dificultades económicas y sociales creadas por el bloqueo económico, financiero y comercial impuesto desde hace más de 60 años, los factores principales que alientan a la población cubana a emigrar.
Durante un encuentro con medios extranjeros en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, la subsecretaria de la Dirección General de Estados Unidos, Johana Tablada, responsabilizó a Washington “de esos altos flujos migratorios y esas medidas inhumanas” y aseguró que “no se va a lograr una migración regular mientras persista esa política de asfixia” contra su país.
“La persistencia y continuidad de medidas extremas, medidas inhumanas, que influyen directamente en las condiciones socioeconómicas de vida de la población de Cuba tienen un vínculo directo con la decisión de muchas familias cubanas de tratar de buscar un proyecto de vida más allá de nuestras fronteras y, concretamente, en EE.UU.”, sostuvo la funcionaria cubana.
Cuba ha reiterado su “preocupación” por el hecho de que las medidas de asfixia impuestas por los sucesivos inquilinos de la Casa Blanca impiden el desarrollo económico del país, en un intento por generar descontento y malestar entre la población y cuya única solución para muchos cubanos pasa por salir del país.
Se estima que en los pasados 12 meses han llegado a Estados Unidos por vías irregulares más de 300,000 cubanos. Solo en lo que va de año, cerca de tres mil migrantes interceptados en altamar han sido devueltos a Cuba por el Servicio de Guardacostas estadounidense.
La reunión del pasado 12 de abril, entre altos funcionarios de los gobiernos de Cuba y EE.UU., es la continuidad de los contactos sostenidos en noviembre de 2022 en La Habana.
En un comunicado, la Cancillería de Cuba sostuvo que entre los temas que se discutieron en el encuentro estuvieron “las medidas de estímulo a la migración ilegal” que suponen las sanciones de Washington; la falta de procesamiento –desde hace más de seis años– de las visas de no inmigrantes en la Embajada de Estados Unidos en La Habana; y “el rechazo al otorgamiento de asilo político” al hombre que en octubre pasado robó un avión cubano para volar hacia el país norteamericano.
Este último incidente ocurrió en octubre de 2022, cuando un hombre identificado como Rubén Martínez Machado, secuestró un avión cubano AN-2 y aterrizó pocas horas después en un aeropuerto internacional de la Florida. Pese a la insistencia de las autoridades cubanas para que fuera repatriado y devuelta la aeronave, el gobierno estadounidense decidió otorgarle asilo. Una decisión que, a ojos vista de La Habana, “estimula actos ilícitos con consecuencias peligrosas y negativas para la seguridad aérea y la seguridad nacional de ambos países”.
Como cuestión de hecho, en marzo pasado otros dos cubanos ejecutaron una acción similar cuando aterrizaron en el Aeropuerto Internacional de Cayo Hueso en Florida a bordo de un ala delta con motor, que habían robado en Cuba.
Para evitar que incidentes como este – en el que en el pasado han perdido la vida personas– se repitan, Cuba pidió a Estados Unidos cumplir con los acuerdos migratorios bilaterales “en su integralidad y no selectivamente” y ha dicho estar dispuesta a dar continuidad a las rondas de conversaciones en materia migratoria.
El gobernador, Pedro Pierluisi, no hizo ninguna gestión de procurar un diálogo con el presidente del Senado para lograr la confirmación de su designada a la dirección de la Procuradoría de la Mujer (OPM), pero sí lo hace y reconoce públicamente que está en un diálogo con los presidentes legislativos para renominar a Francisco Rosado Colomer como presidente de la Comisión Estatal de Elecciones (CEE).
“En el caso del presidente de la Comisión Estatal de Elecciones, es bien importante que esa entidad esté estable y en buena manos. Pienso que el presidente de la Comisión Estatal de Elecciones ha hecho un excelente trabajo hasta el día de hoy, e idealmente se queda a cargo de la entidad en el futuro. Reconozco que para que eso suceda tengo que entrar en un proceso de diálogo… y eso es lo que ha estado ocurriendo”, citó el 5 de abril el periódico El Vocero al gobernador. Añade la noticia que según Pierluisi, el proyecto del código electoral se mantiene en un comité de conferencia y se trabaja en consenso con su comisionado electoral, Edwin Mundo.
El proyecto de reforma electoral no anda, se arrastra
Entrevistada sobre por dónde anda el proyecto que propone enmiendas al Código Electoral (PS 909), la senadora por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), licenciada María de Lourdes Santiago Negrón, reaccionó a CLARIDAD diciendo que “el proyecto de reforma no anda, se arrastra”. La discusión de este proyecto comenzó en septiembre del año pasado.
Santiago Negrón relató que recién la última semana de marzo hubo una vista pública a la que comparecieron todos los comisionados electorales, donde se vio que hay una posición clara del Partido Nuevo Progresista (PNP) y del Partido Popular Democrático (PPD) a favor del proyecto, que es uno que se queda corto por mucho de la promesas de campaña del PPD. Ese partido había asegurado que se regresaría al estado de derecho anterior a la reforma impuesta por el PNP en el 2020. Sin embargo, en el proyecto sustitutivo que se discute no se están considerando cambios significativos, subrayó.
Por ejemplo, sobre el asunto específico de las candidaturas colegiadas, en la vista pública ella interrogó a los comisionados del PNP, Edwin Mundo, y del PPD, Ramón Torres, y ambos dijeron que permitir las candidaturas colegiadas “sería un abuso contra estos partidos”. Las candidaturas colegiadas estuvieron permitidas en el Código Electoral hasta el 2011 y fueron eliminadas por la Asamblea Legislativa del PNP en el código aprobado en el 2020, que es el que está actualmente bajo discusión.
La senadora del PIP señaló que sigue la división en lo que ambos partidos identifican como partidos propietarios de la CEE, que serán los que ocupen los primeros dos lugares en las elecciones. Estos tendrían una representación consistente en la CEE y los demás partidos únicamente entrarían a tener representación durante el año electoral, solamente para atender determinados asuntos.
Lo otro importante que se discute es la limitación a la injerencia de los comisionados en asuntos de la CEE. Santiago trajo a la atención que esto es un resultado directo del trabajo que hicieron ella y el licenciado Adrián González Costas sobre los suministros escondidos en el estacionamiento de la CE cuando el huracán María. Esta es la motivación para que el PNP haya incluido en su código del 2020 una limitación a la injerencia de los comisionados de que solo pueden intervenir estrictamente en los procesos electorales.“Eso que a nuestro juicio es muy grave, se preserva en el sustitutivo que se está considerando”.
La senadora del PIP, quien antes fue comisionada electoral, explicó que en el proyecto solo hay unas enmiendas menores al tema de los votos especiales, pero realmente nada de peso, y que tanto Colomer como el PNP y PPD están alineados con el código.
“Es el proceso que se ha seguido desde que comenzó el cuatrienio. Presenté una resolución para que todo el mundo se sentara a la mesa… no se ha conseguido, no ha habido ninguna disposición. Con el proyecto específico como el que se ha presentado, de las candidaturas colegiadas, no ha pasado absolutamente nada en Cámara y Senado. Se ve poca probabilidades de que haya cambios importantes de aquí al próximo evento electoral”.
Una de las cosas en que el PIP está insistiendo y que tampoco se va a considerar es en la presencia fiscalizadora de todos los partidos, asunto que describió como el corazón de la CEE, que es la Oficina de Sistemas de Información y Procesamiento Electrónico (OSIPE). Esta es la oficina que maneja todo lo relacionado con la tecnología y que eventualmente es la que controlará el acceso al registro electrónico que ya está en vías de implementarse y para la cual ya hay una propuesta bajo consideración.
“Eso es extremadamente peligroso. Esa es la oficina que interviene en la programación de las máquinas de conteo de los votos, del escrutinio. En la medida en que se va a seguir achicando la presencia de las Juntas de Inscripción Permanente, mucho más lejos de los ciudadanos el registro electoral. Desde que era comisionada, hay la negativa de la Comisión de empezar procesos de inscripción, a la inscripción en las escuelas. Eso era un trámite que se había hecho siempre de manera constante”, denunció Santiago Negrón.
La CEE obstruye las inscripciones
La resistencia de la CEE a la inscripción de nuevos electores responde a que es notable que la mayoría de los jóvenes demuestra inclinación a no seguir apoyando al partidismo. “Utilizan ese mecanismo para poner un freno a la inscripción de la gente más joven. No hay JIP en los pueblos, no van a las escuelas el resultado es menos gente inscrita”, comentó.
Sobre el registro electrónico, expuso que se parte de la impresión equivocada de que aquí todo el mundo tiene acceso a internet, a aparatos inteligentes o a computadoras y conocimiento suficiente para sentirse cómodo haciendo trámites vía internet. “Aquí hay una brecha digital todavía muy profunda. Tanto es así, que cuando la JIP hacía procesos como el de ASUME, había que hacerle todo a la gente, hasta crearle correos electrónicos. No es por vía de excepción, todos los días había alguna persona que había que hacerle la inscripción”, contó.
La senadora del PIP destacó la importancia de la discusión y confección de lo que representa un código electoral para el pequeño espacio de democracia que hay en una colonia. A su juicio, esto es un asunto vital. “Ahora mismo, el Partido Independentista, el Partido Dignidad y el Movimiento Victoria Ciudadana tenemos presencia limitada en la CEE por virtud de un dictamen judicial. Fuimos al tribunal a exigir que se nos diera presencia en la Comisión. Con las limitaciones considerables, eso va a desaparecer, eso pierde efecto en este cuatrienio con el nuevo código. Es entregarle todo el aparato electoral, todas las posibilidades de expresarnos mediante el voto, al PPD y al PNP. Todo con el contubernio del la Junta de Control Fiscal, que ha insistido sobre el tema de presupuesto”.
En cuanto al tema de presupuesto, aclaró que no están pidiendo un trato especial.“Es que si hay cinco dólares, se reparta equitativamente, y si es un millón, que se reparta equitativamente. No estamos pidiendo concesiones fiscales, estamos pidiendo que haya equidad entre todos los que participamos en el proceso electoral”, concluyó.
La representación de Ramón E. Betances Alacán (1827-1898) en la historiografía y la discusión cultural puertorriqueña siempre ha sido incómoda. Los Betances imaginados confligen. Una versión, la de las autoridades políticas y culturales hispanas y los liberales autonomistas antes y en el contexto de la guerra del 1898, lo censuró como un enemigo. En efecto lo era. Otra versión, formulada por las autoridades políticas, culturales y mediáticas estadounidenses y sus intermediarios en Puerto Rico durante y después del conflicto entre España y Estados Unidos, lo rescató como un aliado tácito de la desespañolización y americanización de la cultura del país. La postura era discutible. Aquellas representaciones fueron fragmentarias y se articularon con propósitos utilitarios en el marco de luchas concretas.
En el tejido del cambio del siglo 19 al 20, ciertas explicaciones enfatizaron en su republicanismo radical, otras en su abolicionismo filantrópico y solidario y algunas en su separatismo confederacionista persistente. Todas aquellas interpretaciones canónicas aludidas tenían los días contados. Una vez rota la relación con una monarquía, abolida la esclavitud y convertida en una figura retórica del pasado y diluido el discurso del antillanismo confederado al interior del antillanismo hispanófilo de José de Diego Martínez (1866-1918), aquellas figuras retóricas ya no le decían mucho a la gente común. Ese divorcio entre los conceptos y sus contenidos concretos, común al paso del tiempo, no hicieron más que ahondarse a lo largo del siglo 20 y 21.
Betances había sido todo eso y mucho más. Por eso fue una posesión compartida por los muchos herederos de separatismo independentista, confederacionista y anexionista que sobrevivieron el 1898 y elaboraron sus peculiares ajustes a la nueva situación en tierras de Cuba, Puerto Rico y Estados Unidos, entre otras. Tanto lo recordaba con afecto y respeto la amiga de la independencia residente en Cuba Lola Rodríguez de Astudillo (1843-1924), como el estadoísta convencido Roberto H. Todd Wells (1862-1955) alcalde republicano de San Juan y su principal comentarista y archivista. El futuro de aquella ambigua situación tampoco duraría para siempre una vez el sentido de lo que había sido el separatismo decimonónico, un intento de frente amplio antiespañol entre independentistas y anexionistas con fines modernizadores, se diluyera durante los primero años del siglo 20.
Lo que quedaba fuera del radar de aquellas interpretaciones canónicas era mucho. Betances el polímata extraordinario no fue construido con precisión. Con aquellos elementos fragmentarios, el estado, el discurso cultural y el independentismo estaban conformes. El costo de su reducción a fórmulas fue significativo. Superar la simplificación y el emborronamiento era un asunto propio de intelectuales y las luchas políticas poseían otras prioridades. La representación excluía al poeta y el narrador, al traductor del latín y del francés, al periodista y analista político, al diplomático y, sobre todo al médico y cirujano, al investigador científico, el empresario y alguna otra faceta que se me escape. Ocultaba también al maestro del humor cáustico, al escritor furioso, al elegante e informado observador de la situación internacional o al cariñoso interlocutor de sus parientes que amaba el arte en todas sus manifestaciones, las calles de París y a su perro “Nicolás”, un “documento canino… de convicciones democráticas” pero con gusto de noble por su pasión por los carruajes, según afirmaba en un texto de junio de 1891.
La incorporación de sus restos físicos al suelo de Cabo Rojo en 1920 produjo una fuerte impresión política y cultural que animó el nacionalismo de nuevo cuño, aquel que buscada florecer más allá de la retórica de De Diego Martínez, (1866-1918), pero el efecto fue de corta duración. En cierto modo, su regreso introdujo al separatista decimonónico en la discusión política puertorriqueña en el momento en que la promesa de progreso y democracia emitida en 1898 en una proclama militar estaba desacreditada. Las fragilidades de las promesas que viene del norte son bien conocidas. Después de todo, quienes trajeron a casa sus restos de la mano de su viuda Simplicia Isolina Jiménez Carlo (1842-1923), lo hicieron violando una última voluntad suya. Los encargados no habían sido los independentistas y los nacionalistas sino los colaboradores de los invasores del 1898 y, por entonces, los cautos administradores de la colonia: los unionistas y algunos republicanos marcados por el sucio difícil de los hábitos políticos del siglo 19 y animados por la confianza en la buena fe de las autoridades estadounidenses.
Los intelectuales del 1930 y el 1950, independentistas y nacionalistas incluso, lo reinventaron por medio de numerosos recursos enraizados en el romanticismo edulcorado común a las mitologías de la biografía laudatoria. Betances iba camino a convertirse en un signo más de la identidad mestiza y trinitaria de columna vertebral hispano-caucásica, claro está, que se iba consolidando en el discurso oficial como fundamento de una puertorriqueñidad válida para sus tiempos. La leyenda del rebelde bohemio, el médico de pobres y el aventurero político, perfiles poco documentados y problematizados, se impuso.
Ya no se le representaba como una amenaza al orden instituido sino como una herencia remota bastante diluida que había que recordar de vez en preferiblemente, como lo impuso el Partido Nacionalista desde 1930, cuando se hablaba de Lares o se conmemoraba su natalicio. La imagen de cruzado o mártir de una guerra santa que el nacionalismo católico manufacturó era una máscara que no le ajustaba bien al pensador secular. La distorsión hecha de buena fe, sin duda, era y el precio que había que pagar a la autoritaria memoria oficial y a la no menos autoritaria memoria de la resistencia para que se recordara a un revolucionario. La autopsia y la momificación ideológica, en la que todos los sectores pusieron su grano de arena, estaba por completarse.
Soy de la impresión de que la elaboración reverencial acrítica de una figura o una gesta, en la medida en que congela su imagen y poda sus filos, tiene el efecto de aniquilar su potencial como modelo de cambio revolucionario para el presente que lo imagina. Puedo equivocarme al respecto pero la experiencia investigativa me ha convencido de que es más fácil levantar un culto que conocer con precisión crítica el objeto que se reverencia. Los monumentos que significan a Betances, las calles o las edificaciones con su nombre, los bustos y las placas de bronce, son indicadores o pestañas emocionales que puntean el mapa de las ciudades que, en la medida en que ordenan una interpretación del pasado, lo anquilosan de forma autoritaria y frenan las miradas inquisitivas al exigirnos un respeto canónico (o anticanónico) a la larga inofensivo.
Por ello durante los primeros años de la segunda posguerra la figuración betanciana dejó de ser importante para la cultura oficial y su recordación se encapsuló en ciertas grupos. Aquella era la mejor manera de olvidarlo un poco más. A lo largo del proceso de transformación económica, política y social producto del giro reformista que vivió el país entre 1946 y 1954 el poder, lo que eso signifique en lo político y lo cultural es indistinto, no necesitaba de aquella huella incómoda cada vez más distante. Sobre la base del Betances oficial, el republicano, abolicionista y separatista, su memoria era de poca utilidad práctica alrededor del 1950. No le servía al alucinante e iluso reformismo muñocista el cual no hacía otra cosa que culminar el sueño de los autonomistas moderados de fines del siglo 19 que Betances había conocido y condenado enfáticamente por el consistente reproche de aquellos a su separatismo independentista como un acto de locura.
Vuelto a formular por la intelectualidad del 1960 durante el período de antagonismo oscilatorio (1953-1969) y la distensión (1969-1979) de la Guerra Fría, su representación lo transformó en un icono de la nueva lucha por la independencia y las izquierdas socialistas emergentes. La vinculación de la Cuba de fines del 1895 y la de 1959, práctica que resolvió la Guerra Necesaria como un episodio o prolegómeno de la Revolución Cubana, equiparó la solidaridad antillana y el internacionalismo podando otra vez todos los filos que impidieran hacerlo. El problema no fue que lo hicieran sino que no explicaran porqué lo hacían: los socialismos de fines del siglo 19 y los de la última parte del siglo 20 eran cosas distintas. Fue en aquel contexto que se precisaron los parámetros del Betances Alacán que conocen muchos hoy. La Segunda Guerra Fría (1980-1989) nos dejó un prototipo del rebelde al estilo de 1968 que persiste todavía en numerosos observadores.
Ese Betances polimorfo y polisémico inventado una y otra vez por las elites políticas e intelectuales y con escaso arraigo en el pueblo común se estancó tras el fin de la Guerra Fría. Su vida y personalidad, su discursividad y su proyecto revolucionario, salvo contadas excepciones, no llamó mucho la atención de la nueva historia social o la historiografía materialista de las décadas del 1970 al 1990. Tampoco conmovió la de los postmodernistas del 1990 al 2005.
El interés en el siglo 19 de la llamada nueva historia, se concentró en ciertos personajes colectivos sobre la base de la presunción teóricas de que cualquier interés en las individualidades era un pecado de la historiografía tradicional o pequeño burguesa. Para algunos las luchas nacionales y las de clase eran excluyentes. Betances, había enfrentado esa ortodoxia en París a fines del siglo 19 cuando su separatismo era excluido por las izquierdas francesas. Para otros no resultó difícil convertirlo en un icono de otras izquierdas. La riqueza alegórica de ello no tiene precio.
De otra parte, las aproximaciones lingüísticas, conceptuales culturales de los llamados posmodernistas y del giro lingüístico, olvidaron el universo del siglo 19. La arquitectura de la primera modernidad puertorriqueña y sus protagonistas, fracasados o triunfantes, no llamaba su atención. Ni siquiera, otra vez salvo contadas excepciones, evitaron el análisis de la discursividad de los diversos Betances y no mostraron interés en el estudio de la representación de sus imágenes.
¿Es posible otro Betances en el siglo 21? Siempre lo será. ¿Podemos imaginarlo? La historiografía sería una disciplina por completo inútil si se dijera lo contrario. También es posible imaginar, mi selección es política, otro Luis Muñoz Marín otro Pedro Albizu Campos u otro José Celso Barbosa. Menos encono y halago infundado siempre vienen bien. En ninguno de estos casos la reinvención debería interpretarse como una invitación la tolerancia liberal vulgar de la diferencia: aquella figuras representaron posturas en muchos sentidos antinómicas. Pero la representación que se construyó de cada uno de ellos durante el siglo 20 tiene poco que decirle a quienes los enfrentan en el siglo 21. El reto es a que se imaginen otros Betances, los posibles y los imposibles. Los menos que ganaremos será el goce de volver a pensarlo una vez más.
Agradezco la oportunidad de ser parte de la presentación de “La generación que tomó las calles”, un texto escrito por el querido compañero Manuel de J Gonzalez. Confieso que recibí la invitación a este evento con una mezcla de honor y pánico. Honor porque los años en los que la vida me ha acercado a Manuel, a sus columnas, a su biblioteca en tránsito, a sus amigos e historias, a quienes sonríen cuando dicen «Claro, ese es Manuel de Jota», me permiten intuir los actos heróicos y valientes de los que Manuel ha sido y es parte. Muchos de esos actos apenas los voy conociendo. Se me pierden con el rastro de nombres de gente a quienes el cariño que les tiene Manuel les roba los apellidos pero que ubica en espacios de lucha, a veces cargando un libro, un poema, un micrófono, una piedra, una molotov. El pánico tiene que ver con el temor a no hacer justicia en la palabra y el análisis – con fechas, nombres y tracto histórico- el valor de esos años de lucha, los 60 y 70 y su significado para la defensa de la liberación de Puerto Rico. La realidad es que nunca he militado activamente en un partido político, aunque sí he sido parte de movimientos de transformación. Particularmente de aquellos vinculados a la urgencia de descolonizar a nuestro País por dentro y por fuera, de estrategias por a vivienda digna, el derecho a la protesta, la vida sin deuda, procesos todos, con luces y sombras que han formado mi acercamiento a la defensa de la libertad de Puerto Rico como principio y práctica vital, como el único camino posible. Este libro, es, en gran medida, una oportunidad de aprender, pensar y rastrear cómo se formó una generación que no fue capaz de tomar las calles, protagonizar enfrentamientos, echarse encima a informantes, carpeteros y asesinos. También pudo gestionar una hoja de ruta capaz de – en potencia – transformar la disciplina y el trabajo de base en la independencia puertorriqueña.
Para quienes estén a punto de asomarse a este texto, sépase que están por leer una historia creada en parte por opositores que nos han hecho un gran favor. Poco sabían Guillermina, Josefina, Francisco y el resto de los informantes que su trabajo terminaría por ser una recapitulación de eventos, lugares y nombres – reales o imaginados- que auxiliaron a nuestro autor en el rescate de una historia ligada a las condiciones de lucha de hoy, al estado de la colonia y a las posibilidades de liberación. La persecución que intentó acallar al movimiento por la liberación de Puerto Rico terminó por darle aire, por inmortalizar. A mayor represión, mayor combatividad.
Hago eco del protocolo escrito por el poeta y doctor Guillermo Rebollo-Gil, a propósito de leer este libro como dos guías amables que se entrelazan: un manual para ser joven y manual para la amistad. Para mi, este texto tiene dos espacios importantes: el de urgencia de la utilidad y el de la ternura. Sobre el primero, esa urgencia de la utilidad, reitero que estamos ante una cartografía de la memoria construida a partir del fichaje, las estampas de lo que alguien observa o que inventó por aburrimiento o compromiso, de lo que escondió algún informante a quien le ganó la solidaridad pero también a partir de la lectura que hace Manuel de Manuel mismo. Estamos ante un encuentro que se da en algunos de los años más álgidos de nuestro País. Por un lado, está Manuel-joven – carpeteado, cargado de poemas y referentes literarios, con toda la vida por delante y con la certeza de que en cualquier momento se moría por la patria, eufórico, vacilante a veces pero esperanzado. Por otro lado, está Manuel de hoy, irreversiblemente atravesado por la vida, las despedidas y la búsqueda de saldo de un proyecto que ha quedado incompleto, por la urgencia de compartir sin aleccionar, de pasar el batón y con él, la posibilidad de liberarnos. Y de ahí que diga que esta lectura de su carpetas es un texto ansioso por ser útil, por llamar y responder.
Advierte Manuel «a quienes quieran seguir leyendo sobre las historias que aquí cuento, advierto que ahora, en plena vejez, si pudiera, volvería a participar en ellas. Porque como las luchas de mi generación no triunfaron, y el colonialismo contra el que luchamos sigue intacto, tenemos todos, viejos y jóvenes, la obligación de repetirlas. Frente a nosotros está la misma realidad contra la que mi generación se rebeló». Tenemos, como también escribe Manuel, la necesidad de luchas como aquellas que desarrollaron los espacios políticos de los 60-70 pero también de «jóvenes que asuman retos similares a los que entonces asumimos».
En «La Generación que tomó las calles hay» un llamado al estado prístino de la lucha, no en sentido de que exista proceso político limpio e incluso – como erradamente se entiende lo prístino – si no una vuelta a lo originario: la idea, la libertad, el amor, la táctica, la estrategia, la disciplina de quien reconoce que luchamos por un mundo justo que no veremos en nuestra vida humana pero a cuya construcción debemos dedicarle la vida toda porque solo así será posible para el futuro. Del texto se resaltan puntualmente aciertos de las plataformas del MPI, a modo de referente rápido y útil para accionar por la libertad: aprovechar la crisis del sistema colonial, a reconocer que creada esa crisis el imperio se vería obligado a reconocer la independencia. Desde Mari Bras y Andreu, otras veces de la boca del propio Manuel, resaltar la necesidad de dejar la polémica pequeña, de escapar de las facciones, de enfocarnos en una lucha con multiplicidad de frentes donde se requieren muchas campañas que visibilicen las situaciones creadas o agravadas por el colonialismo. La fórmula de un proyecto que funcionó en lo específico: con las minas, con las playas.
A mi generación y a las próximas, el deber de continuar probando la receta con disciplina y estrategia, con reflexión y honestidad. ¿Podemos traducir este proceso a la Universidad, a la deuda, a los desplazamientos?
Y entonces, del lado de acá, la huelga 2010. La huelga del 2010 nos permitió ensayar la comunidad entre los espacios de lucha que Manuel recoge en su texto, nuestras esperanzas y las posibilidades. Desde dentro, alrededor y por esos portones se fraguaron proyectos políticos que marcaron con sus luces y sombras los próximos años: el MAS y el PPT, entre otros. Espacios como la UJS y la FUPI tomaron un nuevo aire, así como las luchas por la justicia ambiental, el trabajo digno y el derecho al techo. En la huelga ensayamos un País donde todo era posible: la democracia con sus excesos, el pan repartido, la seguridad bruta pero despierta, la educación sin paredes, las discusiones políticas sobre las luchas de antes y la actual: nos sentíamos por primera vez no-solas, que no es lo mismo a decir que éramos una comunidad, pero sí que estábamos acompañadas por la certeza de ser continuidad de un proceso de lucha que nos precedía y que ciertamente existiría después de esta coyuntura. Éramos cuentas en un collar de camándula. Nos teníamos. Los eventos enormes como aquel abrazo a la Universidad donde participaron miles, pero también los enfrentamientos con la policía, nos llenaban de una euforia que quizás se acercaba a aquella que Manuel sentía mientras era llevado a la Princesa, donde ocuparía celda cerca de donde estuvieron Corretjer y Albizu.
En lo personal, la huelga fue un espacio de formación política, de construcción de narrativas y de accionar político, de estar con otras y sí, de posibilidad. Todo era posible. El amor, el perro que adoptó Guillermo Rebollo Gil – poeta, doctor y también compañero y algunos años después, padre de nuestras dos crías- , la solidaridad entre pares, nuestra juventud, el futuro. Todo era tan sublime y poderoso: la toma de la universidad, los piquetes, el huerto, la radio, la violencia sobre los cuerpos solidarios, la portavocía, los actos extraordinarios de aquellos tiempos. Nos sentíamos tocadas, elegidas en cierta medida también, arrestadas algunas y otras piqueteando frente a cuarteles con la frente muy alta, llenas de valor. 13 años después, reconociendo entre mis pares pero también entre opositores ideológicos algunos de los nombres de quienes nos abrazábamos en aquellos tiempos y a sabiendas de que la grandiosidad nostálgica de la huelga 2010 no da para más, regreso al llamado a la utilidad en el texto de Manuel. ¿Cómo rescatar lo útil, lo replicable y perdurable, lo que verdaderamente nos liberará, el proyecto común?
Compañeros y compañeras del Colectivo y la Junta de CLARIDAD. Foto Víctor Birriel
Manuel regresa a Andreu: el patriotismo no es suficiente, se necesita inteligencia y habilidad. Añade nuestro autor: los actos heroicos como los que desarrolló el nacionalismo son plausibles y en ocasiones necesarios, pero por si solos no eran el cambio, por lo que resulta indispensable organizar y movilizar a la gente mediante un trabajo paciente y constante». Ante el avance de una narrativa cada vez más conservadora y fundamentalista, y de la capitalización de los logros económicos del colonialismo a pesar de la crisis de la deuda publica, ha faltado la capacidad de sostener una agenda de organización que apele a un proyecto colectivo que trascienda al tiempo, a nuestras personalidades, a la izquierda misma. El asedio de ese sector conervador, avasallador y fundamentalista ganó espacio entre nosotras y nos ha ido royendo por dentro, limitando nuestras capacidades de obrar con estrategia, con disciplina, con lealtad, con rendición de cuentas, con resultados. El extremismo de la derecha que advierten las crónicas de Manuel tambien ha encontrado asidero en un sector de autodenominado como de izquierdas capaz de destruir todo a su paso, de cancelar, de provocar la muerte civil y física de las personas, en las redes sociales y en la vida real, matando esfuerzos y movimientos desde adentro – sin ser agentes del enemigo, haciéndolos- , dejándonos sin nada replicable, ejecutable, útil.
Habría que regresar a la piedra de toque, a la razón para transformarnos, tomar calles y hacer vida – criar- en Puerto Rico. Sin confianza no hay organización, sin confiar en otrxs no hay militancia, ni lucha, ni proyecto político, ni liberación. Es este el espacio de la ternura- el lado B de este libro y que es un requisito indispensable para la utilidad- el del reconocimiento entre quienes nos acompañamos. Escribe el compañero Manuel que «cuando el accionar político se asume casi como un sacerdocio, con la convicción de que estarás ahí para siempre, las relaciones personales adquieren un contenido especial, muy distinto al de la amistad. Si alguno de los compañeros o compañeras con los que tejí este tipo de relación hubiese aparecido en el listado [de informantes], el golpe será duro. Sin embargo, cuando caminé hacia la oficina donde se me entregaría la lista, no tenía presentimiento alguno de que entre los nombres pudiera estar algún amigo de los verdaderos. Asi fue». Solo así es posible la militancia, con esa confianza que se parece tanto a la fe y que a veces, la supera.
Por esto mismo, este texto es también un inventario de los nombres del amor. – Fefel, Félix, Carlos, Chagui, Edwin, Luis Angel – algunos arrancados con violencia por la mano opresora y otros compañeros de vida hasta después de la vida. Sobre los asesinatos, la persecución y demás violencias sufridas por la izquierda, Manuel acierta cuando reflexiona que lo extraño no era la impunidad, si no que no se produjeran muchas muertes, muchas violencias más. En otra intersección con la utilidad del texto, Manuel llama – a propósito de Muñiz Varela- «lo acribillaron en la calle, por quienes sabían que nunca pagarían por el crimen. Así ha sido. Sus asesinos se han ido muriendo de viejos y con cada muerte, se derrota la justicia. Sus amigos y compañeros, año tras año, seguiremos clamando por ella». Entonces el texto, es no solo un homenaje a la época, sino un llamado a reiterar los nombres y a emplazar, requiriendo y exigiendo justicia, hasta el más allá.
Tomar las calles es entonces un ejercicio de táctica (el ahora), estrategia (el mañana) y de amistad (el porvenir). Es por esto y todas las demás cosas que agradezco el espacio de reflexión de este libro.
Foto: Alina Luciano
A modo de cierre, confieso que hay además una dimensión muy personal en la forma en que me acerco a estas historias: útiles y tiernas. Eso es porque Manuel de Jota es ese señor que además de escribir libros y columnas, ocupa un sitial predilecto en la vida de mi primer hijo. Además de la pelota, la sopa de lentejas y las limonadas, Manuel es quien le dedicara a Lucas Imar – desde antes de nacer- una primera canción a la que regresé muchas veces mientras leía sin saber yo que era también una forma tierna y útil de regresarnos a lo prístino en la lucha. Canta Jose Agustín Goytisolo «había una vez un lobito bueno al que maltrataban todos los corderos y había también un príncipe malo, una bruja hermosa y un pirata honrado todas estas cosas había una vez, cuando yo soñaba un mundo al revés». Y es que para tomar las calles, para andar con y entre otros y otras, se necesita transformar y soñar un mundo distinto, salir a andar y estar dispuestas a todo: a la lucha y al amor, a la utilidad y a la ternura.
Ponencia en la presentación del libro el pasado 23 de marzo en el Colegio de Abogados y Abogadas. El libro esta a la venta en la CLARITIENDA.