viernes, octubre 9, 2026
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Políticas Públicas y el trabajo de cuidados en Puerto Rico

Foto Archivo CLARIDAD

 

Especial para CLARIDAD

 

González Báez, Marilucy; Otón Olivieri, Patricia; Reyes Gil, Yanira; y Vicente, Esther; Políticas Públicas y el Trabajo de Cuidados en Puerto Rico, INTER-MUJERES PUERTO RICO 2023.

El estudio Políticas Públicas y el Trabajo de Cuidados en Puerto Rico nos permite comprender por qué no es posible discutir las salidas de la crisis económica, social y de servicios en nuestro país, o el descenso en la natalidad y el envejecimiento de nuestra población, sin comprender lo que es también una crisis de cuidados. Como señalan las autoras, los cuidados para alimentación, educación, higiene, salud, compañía, entre otros, son fundamentales para todas las personas y deben considerarse como un derecho humano. Sin embargo, no se consideran como trabajo, ni se reconoce su valor para el funcionamiento de nuestras economías y sociedades, por lo que es un asunto poco estudiado.

La investigación demuestra la importancia de una perspectiva de género para atender esta crisis de cuidados y su impacto particular sobre las mujeres. Son ellas las  que realizan mayormente estos trabajos, en el ámbito privado, familiar, sin paga o con una paga precaria; casi como una definición femenina. Para las mujeres de todas las estratas socioeconómicas restringen el tiempo y la energía dedicados al mercado laboral y otras actividades, además de aquellos necesarios para su propio cuidado. Esta división sexual del trabajo es así uno de los nudos más apretados en la desigualdad de género y en la subordinación de las mujeres, tanto en el ámbito doméstico, como en los ámbitos económicos, sociales y políticos. Las políticas neoliberales de privatización y de recortes de servicios, empleos y derechos laborales, acentúan la crisis de cuidados, al reducir los apoyos a estos trabajos y reforzarlos e intensificarlos como responsabilidad familiar, es decir, de las mujeres en el ámbito doméstico.

El estudio exhaustivo y riguroso se enriquece con una metodología mixta cuantitativa y cualitativa. Una Tabla de Puntuación de Políticas de Cuidado, diseñado y provisto por Oxfam, sirvió como instrumento para evaluar hasta qué punto se cumplía con una extensa gama de criterios en la implantación de estas políticas en Puerto Rico.  Subraya el informe que en esta evaluación no se trata de ofrecer más tiempo y facilidades para que las mujeres realicen los trabajos de cuidado, sino que estos se reconozcan como responsabilidad social y se compartan entre hombres y mujeres, el Estado y las empresas. Entre los criterios analizados se encuentran así la existencia de políticas en diversos ámbitos pertinentes a los trabajos de cuidado, su alcance a los diversos sectores de la población, lo adecuado del presupuesto y la responsabilidad gubernamental en su ofrecimiento, así como si se han dirigido explícitamente a facilitar y reducir los trabajos de cuidado y a transformar la división sexual del trabajo, las relaciones de género y otras desigualdades. Con ello se evalúa la medida en que las políticas incorporan el reconocimiento, la reducción y la redistribución de los trabajos de cuidado, así como la representación de las personas que ofrecen y reciben los servicios de cuidado en el desarrollo de las medidas adoptadas, y la recompensa adecuada a quienes los realizan.

Es notable que los ámbitos de políticas evaluados no se limitan a las condiciones laborales de las cuidadoras asalariadas o a los apoyos a los cuidados en los lugares de trabajo, como licencias por enfermedad, por maternidad y paternidad, horarios flexibles o centros de cuidado preescolar. Se incluyen también entre los ámbitos considerados los servicios de educación, de salud, e infraestructura, como agua potable, electricidad o transportación, además de prestaciones y compensaciones sociales dirigidos a las personas que realizan los cuidados sin remuneración. Se trata de un reconocimiento de que estos servicios inciden en la intensidad de los trabajos de cuidado y de que el Estado debe compartir la responsabilidad de facilitarlos.

Por otro lado, al análisis de la tabla de puntuación de las políticas se añadieron tres grupos focales con mujeres dedicadas al trabajo de cuidados en Loíza y Aibonito y un grupo focal con representantes de organizaciones no gubernamentales defensoras de los derechos de las mujeres, además de cuatro entrevistas a personas expertas en los planes de ajuste establecidos por la Junta de Supervisión Fiscal. Es una información que amplía y profundiza el significado de las políticas establecidas, al ubicarlas en nuestro contexto social e histórico y al describir sus implicaciones en las vidas de las mujeres.

La investigación concluye que en la mayoría de los ámbitos, en Puerto Rico sí existen políticas – legislación y reglamentos- que podrían ser transformadoras en cuanto al trabajo de cuidados. Sin embargo, es en su implantación que resultan muy limitadas o son insuficientes para las necesidades de las poblaciones a atenderse. Así, por ejemplo, se da cuenta de la desprotección en que se encuentran las cuidadoras sin remuneración, sin acceso a prestaciones, pensiones o licencias laborales y otros beneficios que les ofrezcan seguridad, salud y bienestar. Aquellas que se desempeñan en el mercado laboral formal, por su parte, tampoco reciben un salario adecuado a su trabajo y suficiente para asumir el costo de vida prevaleciente, ni cuentan con los mismos derechos y seguridad social que las personas empleadas en otras ocupaciones. La situación es de mayor vulnerabilidad si el trabajo de cuido remunerado se realiza como contratistas independientes o en el sector informal, donde prevalecen los acuerdos sin contrato con familias particulares. Vulnerabilidad acentuada para las mujeres pobres, sin recursos para pagar por apoyos en sus trabajos de cuidado, y entre quienes se encuentran las que realizan, además, trabajos de cuidado que alivian a las que pueden pagarlos, lo que incluye a  las migrantes dominicanas que se concentran en este oficio. En general, pues, no hay un reconocimiento de los cuidados como trabajo ni se recopila la información necesaria para atenderlos. De hecho, las políticas no se establecieron tomando en cuenta su reducción y redistribución, ni en gran parte se contó con la participación de las mujeres y personas que reciben los servicios en su elaboración e implantación.

Los comentarios de las personas expertas y en los grupos focales, por su parte, nos permiten dar cuenta de cómo las políticas neoliberales de austeridad y de privatización en Puerto Rico, acentuadas por la imposición de la Junta de Supervisión Fiscal, han dificultado y encarecido aún más los servicios que resultan básicos para el cuidado personal y familiar. El encarecimiento y la inestabilidad en los servicios de agua potable y electricidad, el cierre de escuelas y sus comedores, la reducción a fondos municipales, que afectan el acceso a recogido de basura y a amas de llave, son solo algunos ejemplos. Como indican las autoras, el gobierno se libera así de su responsabilidad social de cuidar y la descarga sobre las mujeres, con un mayor impacto en los sectores más vulnerables.

El informe concluye con recomendaciones dirigidas a atender las limitaciones en las políticas analizadas. Entre las de mayor alcance podemos destacar primero, el asegurar que en la reestructuración de la deuda pública se establezcan y prioricen los servicios esenciales y se garanticen los fondos públicos para atenderlos. En segundo término, el establecer un sistema gubernamental de cuidados que articule y coordine las políticas públicas que inciden sobre estos trabajos. Por su aportación, el informe reseñado debe ser así base para futuras investigaciones y para la implantación de medidas que valoren, redistribuyan y faciliten los trabajos de cuidado. Señala la necesidad de revisar nuestras prioridades económicas, sociales y fiscales desde una perspectiva de reconocimiento de los derechos humanos, la equidad de género y social.

La insaciable voluntad de saquear

 

 

Marx escribió en su obra magna que «El capital tiene horror a la ausencia de ganancias o a la ganancia demasiado pequeña, como la naturaleza al vacío. Conforme aumenta la ganancia, el capital se envalentona. Asegúresele un 10 por ciento y acudirá a donde sea; un 100 por ciento y es capaz de saltar por encima de todas las leyes humanas; un 300 por ciento, y no hay crimen a que no se arriesgue, aunque arrostre el patíbulo».

Podría aplicarse este razonamiento a la política exterior de Estados Unidos: con tal de preservar su imperio, enfrentado a una inexorable declinación, no se detiene ante ningún crimen, por alevoso que sea.

Consiente y financia el genocidio en Gaza, alimenta la destrucción de Europa con una guerra en contra de Rusia que destruyó a Ucrania y desangró a Europa, y que ya está perdida; atiza el conflicto con China cortejando a Taiwán y, en nuestra región, refuerza la agresión en contra de Venezuela, con una enorme batería de Medidas Coercitivas Unilaterales (más de 900) y en contra Cuba, que ha resistido 65 años de agresiones en el marco de un bloqueo cada vez más integral, incorporándola a la lista de países promotores del terrorismo internacional según lo anunciara el hampón Mike Pompeo por orden de Donald Trump, un megamillonario dueño también de un extenso prontuario de robos, estafas y toda clase de delitos.

La acusación lanzada contra Cuba es una infamia incalificable pero que pese a su falsedad potencia extraordinariamente los devastadores efectos del bloqueo porque son poquísimos los bancos de cualquier país que consienten hacer negocios con un país acusado de ser el santuario del terrorismo y exponerse a una brutal represalia por parte de Washington. Esto se tiene que acabar y se va a acabar antes de lo que los imperialistas norteamericanos están pensando.

 

Reproducido de : www.cubandebate.cu

 

Israel declaró «persona no grata» a Lula por calificar de «genocidio» la guerra en Gaza

Israel declaró «persona no grata» al presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, quien el domingo calificó la ofensiva israelí en la Franja de Gaza como un genocidio comparable al Holocausto. La declaración motivó una fuerte respuesta del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que acusó a Lula de «trivializar el Holocausto». El
gobierno de Israel convocó al embajador brasileño para presentarle una protesta, mientras que el gobierno de Brasil llamó a consultas a su embajador en Tel Aviv y convocó al embajador israelí.

«Cruzar una línea roja»

Desde Adís Abeba, capital de Etiopía, donde asiste a una cumbre de la Unión Africana, Lula dijo el domingo: «Lo que está ocurriendo en la Franja de Gaza no es una guerra, es un genocidio». El presidente de Brasil agregó: «Lo que está ocurriendo en la Franja de Gaza con el pueblo palestino no ha ocurrido en ningún otro momento de la historia. En realidad, ha ocurrido: cuando Hitler decidió matar a los judíos».

En Israel el primer ministro Benjamin Netanyahu calificó los dichos de Lula de «vergonzosos y graves» y dijo que eran una «trivialización del Holocausto». Netanyahu anunció que su gobierno convocó al embajador de Brasil en Israel. «La comparación entre Israel y el Holocausto de los nazis y Hitler supone cruzar una línea roja», señaló Netanyahu en un comunicado, en el que insistió en que Israel está «luchando para defenderse».

El ministro israelí de Exteriores, Israel Katz, advirtió «No perdonaremos ni olvidaremos: en mi nombre y en nombre de los ciudadanos de Israel, informé al presidente Lula de que es una persona no grata en Israel hasta que se disculpe y se retracte de sus palabras». La cita con el embajador de Brasil en Israel fue en el Museo del Holocausto de la ciudad y no en el ministerio de Exteriores de Israel en Jerusalén.

«La comparación que hace el presidente brasileño Lula entre la guerra justa de Israel contra Hamas y las acciones de Hitler y los nazis, que exterminaron a seis millones de judíos, es un grave ataque antisemita que profana la memoria de quienes perecieron en el Holocausto», aseguró  Katz.

Una acusación «absurda»

Lula es uno de los líderes latinoamericanos más críticos de la ofensiva israelí. El presidente brasileño llegó a Etiopía luego de visitar Egipto la semana pasada, donde acusó a Israel de matar indiscriminadamente a mujeres y niños y desobedecer los mandatos de la ONU. En sus declaraciones en Adís Abeba, Lula dijo que el conflicto entre Hamas e Israel «no es una guerra de soldados contra soldados» sino «una guerra entre un ejército muy preparado y mujeres y niños».

Estas declaraciones son las más contundentes emitidas hasta ahora sobre el conflicto por Lula, un importante representante de los países del sur global y que ocupa la presidencia rotatoria del G20. Lula afirmó en noviembre que Hamas había cometido «un acto de terrorismo» en su ataque del 7 de octubre contra Israel. Y al mismo tiempo criticó la «respuesta desproporcionada» de Israel en Gaza.

El ministro de Comunicación de la Presidencia, Paulo Pimenta, afirmó que, desde el inicio del conflicto, Brasil «condenó los ataques terroristas de Hamas en todos los foros». Según Pimenta, Brasil manifestó su «solidaridad con la población civil de Gaza» donde «1,7 millones de palestinos no tienen acceso a agua potable, comida ni remedios». El ministro remarcó que «la comunidad internacional no puede callar frente a la masacre de un pueblo que no puede sufrir un exterminio por los crímenes de un grupo que debe ser castigado por lo que hizo».

El asesor de Asuntos Internacionales de la Presidencia y excanciller, Celso Amorim, consideró «absurdo» que Israel declare persona no grata al mandatario brasileño. «Eso solo aumenta el aislamiento de Israel» ya que «Lula es respetado en el mundo entero y en este momento quien es ‘persona no grata’ es Israel», agregó Amorim antes de reunirse con Lula para analizar la situación.

El canciller brasileño, Mauro Vieira, convocó al embajador israelí para que comparezca este lunes en el palacio Itamaraty de Río de Janeiro, donde se encuentra para la reunión de ministros de Exteriores del G20. Vieira también llamó a consultas al embajador brasileño en Tel Aviv, Frederico Meyer, que viajará el martes a su país después de haber sido convocado por el gobierno israelí para trasladarle la dura respuesta de Netanyahu a las palabras de Lula.

Una crisis en vísperas de la reunión del G20

La crisis diplomática estalló en vísperas de que los ministros de Exteriores del G20 celebren su primera reunión bajo la presidencia brasileña de esa organización, los próximos miércoles y jueves en Río de Janeiro. Antes de ese encuentro Lula recibirá en Brasilia al secretario de Estado de EE.UU., Antony Blinken, con quien abordará el tema Gaza.

Brasil fue uno de los primeros países en respaldar la denuncia presentada por Sudáfrica a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, que acusa a Israel de mantener un «patrón de conducta genocida» en Gaza. Hamas aprovechó la declaración de Lula y pidió a la CIJ que escuche esa denuncia sobre «violaciones y atrocidades» sufridas por los palestinos «a manos del Ejército israelí» y afirmó que algo similar «nunca se ha visto en la historia moderna».

En el plano interno, Lula fue duramente criticado por la ultraderecha que lidera Jair Bolsonaro, quien reprodujo en sus redes sociales una nota de protesta divulgada por Netanyahu. Aún así, algunos diputados bolsonaristas anunciaron que la declaración de Lula podría ser motivo para iniciar un juicio con miras a la destitución del mandatario, algo considerado improbable por la correlación de fuerzas en el Congreso.

Más de 29 mil palestinos murieron y cerca de 69 mil resultaron heridos en bombardeos israelíes y combates en la Franja de Gaza desde el inicio de una ofensiva israelí, el 7 de octubre pasado, según Hamas.

Tafonomía

 

 

Especial para En Rojo

 

De haberlo sabido, me habría ocupado de algo aún más inútil —¿quizá quiero decir esotérico, misterioso, rancio?— que la literatura. No es que sea demasiado tarde. Es que nunca se puede saber, verdaderamente, nada. Antes había tomado la ruta de la actuación, seducida por la posibilidad de llorar a moco tendido en público sin que vinieran los estúpidos del decoro a reprocharme nada. Pero acabé descartándola; cómo podría distinguirse mi actuación de la de cualquiera en este país, si aquí lo que llamamos “vida” es un formidable fingimiento cotidiano. Y no me digan que no tengo razón. Todos sabemos que este lugar ha tendido siempre a la muerte, ya por designio de los que mandan y han mandado por siglos, o por decisión propia de quien niega, goza o aybendice su perpetua condición de súbdito.

La cuestión es que llevo años sangrando todos los meses, sin fallar uno. Y como por tantísimo tiempo de mi juventud pensé que las acuarelas flotando en el inodoro eran signo de una enorme lacra de carácter, cuerpo o espíritu, a nadie se lo dije y de eso, nadie me habló. Que no encontrara por ninguna parte, al descubierto, indicaciones del desangramiento recurrente (a duras penas era un gotereo rosadito en los anuncios de toallas sanitarias), del abultamiento endurecido, de los malos humores, de la diarrea, de los escalofríos, del desgaste, de seguir haciéndolo todo ¡a la misma vez! que se te vacían las entrañas en coágulos, de la peste (aunque, aclaro, a mí siempre me ha parecido un olor agradable), confirmaba mi sospecha infantil de que esto era mío, mío nada más.

Por eso opté por la literatura, considerando que allí la gente se contaba cosas entre sí en público, y lo más importante, lo hacía sin necesariamente revelarse, jugando al anonimato y la duplicidad. (¡A mala hora han ganado tantísimo terreno la autobiografía, la autoficción, el memoir y el selfie!) En la literatura se actuaba, por supuesto; era el reino escrito del ser otra. Pero la característica que fue para mí determinante era que, al contrario de la actriz, la escritora no tenía que poner su cuerpo ante el público, lo que admitía la posibilidad de que los escondites del yo fueran más recónditos. O al menos, así me parecía en mi injustificable inocencia.

Procedí entonces a escribir un novelón titulado Sangro. Siempre me han gustado esos títulos así, púm, una palabra, brega con eso. Claro está, el personaje protagónico, que contaba todo sobre su minuciosa exploración de la sangre en primera persona, como bien indica el título, no era yo, ni remotamente. Tenía otro nombre y un reguerete de características distintas a mí. Imagínense que era de un pueblito fronterizo entre Alaska y Rusia y vivía en la Era de Fuego, cuando allí no hacía ni gota de frío. Además, hablaba poco, poquísimo. Prefería las acciones, según explicaba, porque lo que la humanidad decía no era nunca lo que acontecía: el silencio sobre el sangrado cíclico era su mejor prueba.

De veras pensé que, con aquel libro, al que dediqué más de diez años de mi vida, la GRAN REVELACIÓN sin tapujos ni coartadas de una condición propia de la especie que, a la vez, recibe el trato de un colosal secreto, resolvería la espinosa cuestión de vivir en un país en el que el arte no paga. Ciertamente, las ventas globales de mi novela superarían a Paulo y a Isabel y a Stephen y a E. L. ¿Verdad que sí?

Me mantuve todos esos años con trabajitos zánganos de hacerle los ensayos a la gente chapucera, que no es poca —ahora esa fuente de ingresos se fue al carajo con La Dichosa… yo no la nombro, aquella, la artificial— para poder consagrar mis mejores horas a la OBRA MAYOR, de cuyos ingresos, estaba segura, podría vivir por siempre jamás. Hasta recolecté religiosamente muestras del sangrado para entintar cada ejemplar llegado el momento. Y lo logré. El punto final se puso con sangre, por supuesto.

Sobre la editorial que se lanzó a publicar semejante objeto en una modesta —les insistía yo— primera tirada de 5,000 ejemplares, no diré nada por ahora. Sólo que las pobrecitas editoras pensaron que estaban publicando un novelón genial, seudo distópico sci-fi antique futurista al estilo Atwood, pero puertorriqueño, the empire strikes back, tú sabes, y claro, leyeron fatal el mercado, tanto como yo. Pero en estos días andan felices pese a las pérdidas continuas de su negocio. Parece que han tenido uno que otro logro —no con mi libro, se los aseguro, la verdad es que no entiendo bien con qué— y no quiero arruinarles la fiesta. Soy áspera, pero no abiertamente cruel.

Al fin y al cabo, dos o tres gatas compraron Sangro. Las editoras acabaron entregándome los cientos de cajas que ahora son comida de ratones. Rapidito empezó a circular la noticia de que una pretenciosísima novela de una escritorita desconocida proveniente de una islita americana –¡sí, “islita americana” decía la prensa lo mismo que las redes sociales!– se dirigía a los lectores “como si fuera una gran revelación sobre la menstruación, ¡ja, ja! ¡Cuánta ambición!” Ese sustantivo, por cierto, no aparece ni una sola vez en la novela. Es feísimo. Y ustedes, tal vez atónitas, se preguntarán, ¿cómo es que esta desquiciada pudo creer que la menstruación sería causa segura de un best-seller internacional en el mundo del Padre? Pues así fue. Les juro que sí. Lo contrario me parecía incomprensible, casi tanto como la existencia abrumadora de hombres con poder.

Como les decía –y antes que vaya a perder el hilo y la tabla, aunque con toda razón, considerando el tema de los hombres con poder–, si hubiese sabido que rasgar de manera definitiva el velo de la sangre mensual, fenómeno que experimenta al menos la mitad de la población humana mundial desde los albores de la especie, no era suficiente proeza como para ganarme la vida con ello, me habría dedicado a la tafonomía, a la sedimentología o a la espeleología. Quizá algún día una disciplinada y ávida estudiosa encuentre mi sangre fosilizada en los restos de la primera tirada de Sangro y sea capaz de predecir cuántos bebés no tuve. Esa idea me regocija. A fin de cuentas, la disolución es mi única meta.

 

Las cocinas de ellas

 

 

Esta semana murió a sus noventa y tantos, mi tía-abuela Tití quien, junto a Camelia, son mis referentes e inspiraciones en la cocina. Abuela me enseñó a cocinar en leña y Tití, una matrona regordeta y de brazos enormes, movía los calderos con las mismas preparaciones e iguales y hasta mejores resultados, pero sobre la estufa; siempre de gas. Siendo de la diáspora, tuvo que adaptar la cocina criolla ancestral a sus circunstancias.

Durante un tiempo vivió aquí con nosotros y con ella, que era más expresiva que Camelia, entendí que en esta familia de mujeres la cocina es un idioma. Es mucho más que un acto cotidiano. Eran ocho hembras de entre diez hijos de la despiadada bisabuela Justa (o Justina, según la personalidad que asumiera ese día). De las ocho, tres eran excelentes cocineras; cada una en su campo. La menor, Faustina, también es un referente importante en mi cocina. De ella transferí mi afición por coleccionar equipos y explorar con platos de otras latitudes. Un día llegaba con un apple pie; otro, con lo mein. O encendía su smoker para asar sausages que había hecho con su máquina de embutidos. La cuarta, Yaya, no cocinaba. Pero siempre que llegaba de visita desde California, venía cargando con una variedad de frutas gringas: manzanas, albaricoques, cherries, peras… y no podía faltar la posta de salami hebreo. Con su acento chicano me explicaba todo lo que podía prepararse con cada una de esas frutas. Rosario odiaba la cocina. Pero los sábados eran siempre días de espagueti y  su casa siempre  olía a lubina frita porque Ramón, su marido era experto pescador de lago. No obstante, con ella aprendí a coser; así, con ese. Velia, por su parte hacía lo que podía dentro de su precaria situación económica. Vivía con Irmita, su única hija quien fue una tierna y eterna niña y su nieta de la que no recuerdo el nombre, pero sí que era la sombra tras la cortinita que separaba su cuarto de la sala; que heredé todas sus mumus cuando murió a los dieciocho. Era hidrocefálica; un saquito de huesos cargando una enorme cabeza de ojos que decían lo que su boca no podía: nunca hablo ni se movió de aquella cama.  “Mama”, fue la única palabra que articuló en su corta y agónica vida; y expiró. Pero a pesar de su pobreza, Velia e Irmita siempre nos ofrecían galletas export soda y un néctar de melocotón en un cacharro o una tacita de margarina con olor a sofrito; caliente como el techo de su casa de la prera, o el plástico con el que tapizaban los muebles, del que se  me pegaban los muslitos, sancochados y húmedos. No era una gran cocinera, pero poseía la creatividad de quienes “se las resuelven con lo que hay”, como la vez que nos ofrendaron una docena de pasteles de masa de pepitas de pana. Les diría también que de Velia se rumoraba que era, más bien, diestra para mover “otros calderos”; pero ese es un cuento como para finales de octubre. De lo que sí estoy clara es que de ellas aprendí que cuando alguien cruza el umbral de tu puerta, una da lo mejor que tiene.

Moncha, la religiosa, le puso la sazón criolla a nuestra impuesta dieta judía.  Devota adventista como era, le buscaba la sabrosa vuelta, a los rigores levíticos que nos impuso Elena White a sus fieles.  Cuando la vistábamos solíamos bajar al amanecer, en una caravana de tías abuelas con sus respectivos hijos, nietos y alguno que otro cola’o. Entonces, desde su fogón en Mayagüez, comenzaban a salir enjambres de platos igualmente deliciosos, pero con las necesarias bendiciones kosher.  Además, su hija por los mismos regímenes, era una vegana de respeto y me enseñó a hacer panes de granos, mantequillas de almendras, barritas de dátiles.

Cuando todas se juntaban en casa de abuela, sus charlas se escuchaban hasta acá en mi casa y era una homilía de calderos subiendo y bajando del fogón durante dos o tres días, hasta que se agotaban todos los guineos, se molían todos los cocos, se mataban todos los pollos crecidos, se acababa la paila de sangre para las morcillas. Siempre a regañadientes y en un tono de cura malhumorado, se daban y nos daban instrucciones a los nietos que entrábamos y salíamos de aquel enorme espacio de madera que era un templo. Sin embargo, entendíamos esa forma tan seca de expresarse. Y es que con ellas aprendí que en esta familia de mujeres duras, encurtidas por el trabajo y el dolor, cocinar es el único acto de ternura que nos permitimos. Esa dureza, también la adopté. No todo es peaches and cream. No en balde la cocina y yo estamos tan ligadas.

Una vez, cuando le pedí leyera un cuento mío para el que casi tuve que sacarme una maestría en física, el célebre Pancho Velázquez me dijo: “niña, ¿por qué te complicas la vida? Escribe de tus abuelas y tus tías y sus cocinas; como todas las escritoras latinoamericanas”. Por mucho tiempo me negué ese cliché. Pero estoy empezando a sospechar que, llegado el momento, este acto se convierte en una pulsión: en un compromiso ineludible.

  1.     Los códigos de los sorullitos de Maíz, como me enseñó Tití.

Si el fogón de Camelia era su templo, la cocina  en el  interior era su purgatorio. Salvo en contadas excepciones, incluidos los maravillosos cueritos de pescuezo de pollo rellenos de corned beef, de aquella cajita de fósforos, intento de cocina, lo que salía era, en más de un sentido, intragable.  Conato de comida de aspecto mustio, desabrida, fría, con cierto vaho a Clorox. Era tal el contraste entre ambos espacios culinarios, que podría jurar, secretamente, que lo hacía adrede; como una pequeña venganza clandestina contra su compañero de décadas.  De hecho, con frecuencia me advertía por lo bajo: “no te comas eso, que es pa’ tu abuelo”.  Sin embargo, además de los pescuezos, eran un llamado a la reunión del clan, las ditas alcochonadas con Bounty y repletas de frituras que emergían de la cocina interior.  Estas vieron con nosotros a Rafaél José ganar el OTI, a Deborah el Miss Universe, un par de nocauts de Gómez, muchos juegos de pelota, la caída de Walenda, el juicio de Maravilla… Ditas que borboteando bacalaítos, alcapurrias y sorullos, circulaban en un papacaliente por la pequeña sala, ofreciendo su contenido mientras los ojos permanecían estáticos frente al televisor. De los sorullos, yo solía comerme solo la corteza crujiente, porque ese engrudo interior que me recordaba al funche o a la harina de maíz que mami se preparaba de desayuno, me causaba cierta desilusión: como un regalo mediocre, pero bien envuelto.  Esto, hasta que Tití llego a casa y entre tantos otros, me pasó los códigos secretos de los sorullitos.  Se trata de una masa bien sazonada (mis sorullos son salados) y bastante seca.   Para esto, es necesario cocinar la harina al fuego hasta que despegue totalmente de las paredes de la olla.  Ese también es el código para otras preparaciones que requieren centros huecos, como la choux de los eclairs y de los churros.  Mi reciente descubrimiento de la magistral polenta italiana, me llevaron a idear esta receta que les dejo en honor a Tití y a Camelia y a las tías que se pasaban la dita de sorullitos para mojar en chocolate, alguna noche de verano en el balcón de abuela mientras ventilaban los cuentos de Justa a boca de jarro, una y otra vez, en su inagotable lamento sazonado pero seco, como la masa con la que se confeccionan.

Sorullos al camarón y su musse pa dipiar. (12 sorullitos, aprox.)

Ingredientes:

1  taza de harina de maíz
1 3/4 tazas de caldo de camarones preparado con:
5 camarones frescos y enteros
2 1/2 tazas de agua
2 hojas de laurel
1/4  de cebolla
1/2  zanahoria
2 dientes de ajo
1 tallo de apio (celery)
Pimienta al gusto
3 a 4 granos de pimienta gorda (malagueta/ allspice)
2 cucharadas de aceite de oliva
1/4 taza de crema de montar (heavy cream)
1 cucharada de cilantro fresco, picado, mas sus tallos aparte .
Un limón
Sal y pimienta al gusto

Preparación:

En una olla profunda, ponga el aceite de oliva y las cabezas, colas y cascarones de los camarones.  A sus cuerpos, quítele la vena y  reserve la carne.

Pasados 4 o 5 minutos de cocción, añada la cebolla, apio y zanahoria. Cuando transparente un poco la cebolla, añada la pimienta, sal, pimienta gorda (reserve una pepita), los tallos de cilantro y el laurel y vierta el agua.  Deje hervir unos 15 a 20 minutos.

Mientras tanto, prepare la musse. Primero, cocine vuelta y vuelta los camarones reservados sobre un sartén con unas gotas de aceite de oliva hasta que cambien de color. Corte en porciones pequeñas y procese con la crema, un toquecito de la raspadura de una semilla de pimienta gorda, el cilantro picado y una pizquita de ralladura de limón, así como unas cuantas gotitas de su jugo.  Salpimente a gusto. Adorne y reserve en nevera.

Retire el caldo del fuego. Procese en licuadora todo el contenido muy bien y filtre varias veces hasta conseguir un caldo limpio de impurezas.

Regrese dos tazas del caldo limpio a la olla y ponga al fuego hasta que hierva. Añada la harina de maíz en pequeñas cantidades, asegurándose que toda se incorpore y humedezca. Si nota que está todavía muy seca, añada chorritos del caldo restante o agua. Continúe cocinando y moviendo la preparación hasta que la masa se despegue de las paredes de la olla.

Ponga aceite a calentar en una sartén a fuego alto.  Luego lleve a fuego medio y fría los sorullos dándole antes la forma y longitud deseada. (A mi me salen 12) No se asuste si le quedan un poco mas oscuros; esto se debe al color del caldo. Cuando estén todos los sorullitos fritos, sirva junto al musse para untar o dipiar.

Nota para que coma titi Moncha.

Para quienes no consumen marisco, el caldo bien puede sustituirse por cualquier otro.  De igual forma, la musse puede prepararse con pollo, setas, alcachofas, berenjena.  Y en el caso de los veganos, la crema puede sustituirse por tahini, tofú e incluso anacardos o cualquier otra semilla, procesados con un poco de agua. Pero de esas travesuras culinarias, supongo que saben mejor los veganos.

 

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