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Marx en Borges: El Aleph y El Zahir

 

Jorge Graterole

 Vivimos tiempos  en donde el poder  va  tomando por asalto de los derechos ciudadanos, visos de  expansionismo imperial,  persecución de inmigrantes, guerras arancelarias, eliminación de gastos sociales sobre salud, educación. Vivimos  un neoliberalismo extremo con fuerte tendencia hacia el fascismo con  mensajes incendiarios de parte de neo emperadores quienes  teledirigen  sus Angelus Novus ante sus hordas rebosantes de rabia y avidez mesiánica. ¿Qué puede decirnos  una lectura sobre Jorge Luis Borges a través desde cierta óptica marxiana?  Comparar  ese gran enigma contenido en  la palabra borgeana con conceptos y formulaciones de la economía de Marx parecería descabellado. Los que ven en Borges  un escritor místico tienen ciertas similitudes con ciertos adeptos de un Marx leído tal como si fuera el Talmud.

Sobre Jorge Luis Borges cabe decir que este gran escritor argentino ha forjado una cuentística y poesía que lo han catapultado  a las cumbres de la literatura universal. Su obra posee una gran profundidad que surca los linderos metafísicos exigiéndole al lector que su sumerja en su universo, que tenga la paciencia con el inventario de aparentes cultismos y, sobre todo, de re leerlo. Sobre la universalidad de este escritor argentino nos dice  la recién fallecida Beatriz Sarlo lo siguiente sobre   como a partir de sus obras recién traducidas aparecieron en Lest Temps Modernes el autor «pasó a formar parte de un conocido grupo de escritores, conocido (mas conocido que leído como corresponde al trabajo actual de la fama) en el mundo entero. Fuera de las condiciones que rodean a sus textos en la Argentina Borges ha perdido su nacionalidad. El es mas fuerte que la literatura argentina y mas sugestivo que la tradición cultural a la que pertenece. Si Balzac o Baudelaire, si Dickens  o Jane Austen pareen inseparables de lo que se conoce como literatura francesa o inglesa Borges en cambio navega en la corriente universalista de la literatura occidental” (Sarlo, 2007. P. 2)

Sin embargo el catalogado “escritor universal”  no debe invisibilizar  esa literatura borgeana donde a través de algunas de sus primeras obras se aborda el ámbito de su realidad mas cotidiana, esa que es propia  de la cultura criolla argentina de la cual Borges se nutrió y de donde emergen esas temáticas que atañen a toda la humanidad que comparte el enigma de ser tiempo y existencia mortal.

Estableceremos algunos puntos entre El Aleph , El Zahir así como  la influencia hegeliana sobre el concepto del valor por parte de Marx. Asumo tal riesgo de que desde la intertextualidad literaria  ese  logos  (Logos: palabra, verbo, razón, pensamiento, lenguaje, relato, ectc) ya sea en sentido heracliteano, cristiano o hegeliano,) puede darnos herramientas para aproximarnos, junto a Kafka y otros grandes autores y autoras una comprensión parcial sobre la realidad socio política y económica que vivimos.

Por un lado en el cuento el Aleph tenemos a un personaje  Borges quien ha sido  invitado por  otro personaje llamado Carlos Argentino Danieri,  a su casa. Allí vislumbra, en un pequeño rincón de un sótano  debajo de una escalera, todo el cosmos, acontecimientos, tiempos, todo contenido en dos centímetros

Quizá los dioses no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad. Por lo demás, el problema central es irresoluble: la enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito. En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré.

Allí Borges vio los caballos recorriendo el mar Caspio, todas las miradas que lo miraban a el, un astrolabio persa, los tigres, sobrevivientes de una batalla, sus propia sangre oscura recorrer sus venas  hasta toparse con el estado postrero de Beatriz Viterbo, así como el engranaje del amor, vio el Aleph desde todos los puntos, la tierra dentro del Aleph y el Aleph dentro de la tierra todo en simultaneidad incluyendo las cartas obscenas dirigidas por parte de su amada Beatriz hacia Carlos Argentino Danieri.

Cabria especular hasta que punto el Zahir es la respuesta por parte de Borges a la infinita simultaneidad del Aleph. Tenemos otra vez al personaje Borges comienza por definir el Zahir  como una moneda en Buenos Aires, pero también un tigre, un ciego lapidado, un astrolabio, una brújula, una veta de mármol en uno de los mil doscientos pilares. En el desarrollo del cuento el personaje Borges al pagar un jugo de naranja recibe en el cambio la moneda Zahir. Tal moneda  capturó su memoria y su pensamiento al punto de rozar los linderos del insomnio y la perdida de la cordura.

“Ya no percibiré el universo, percibiré el Zahir. Según la doctrina idealista, los verbos vivir y soñar son rigurosamente sinónimos; de miles de apariencias pasaré a una; de un sueño muy complejo a un sueño muy simple. Otros soñarán que estoy loco y yo con el Zahir. Cuando todos los hombres de la tierra piensen, día y noche, en el Zahir, ¿cuál será un sueño y cuál una realidad, la tierra o el Zahir?”

Luego de ver en una librería una obra alemana titulada Documentos históricos sobre la zaga del Zahir de un tal Julios Barlach pudo concluir que

Zahir, en árabe, quiere decir notorio, visible; en tal sentido, es uno de los noventa y nueve nombres de Dios; la plebe, en tierras musulmanas, lo dice de «los seres o cosas que tienen la terrible virtud de ser inolvidables y cuya imagen acaba por enloquecer a la gente»

Ademas siendo el Zahir una moneda de circulación constante cabría preguntarse sobre “Cuando todos los hombres de la tierra piensen, día y noche, en el Zahir, ¿cuál será un sueño y cuál una realidad, la tierra o el Zahir?”

Ambos cuentos indagan en las profundidades de la filosofía. Sin embargo como bien dice Carlos Rojas Osorio toda filosofía, aunque se dirige a  un auditorio universal, siempre nace de un suelo primigenio.. Los primeros escritos de Borges reflejan ese contexto tan particular que lo forjo. Al regresar de Suiza y España Borges quedo impresionado con los cambios en la cultura bonaerense a raíz de las transformaciones de la modernidad y las olas migratorias que iban desplazando a los viejos gauchos y criollos. Ya lo vemos en el libro de Historia universal de la infamia, primer conjunto de cuentos publicados en el 1935, el autor hace un despliegue de la cultura gaucha de los cuchilleros criollos con sus estereo tipificaciones machistas y confrontacionales que hacia que los «italianos mirones se abrieran como abanicos apurados «.El manejo por parte de Borges sobre la cultura del cuchillero a primera instancia parece contrastar con  las universalidades eternas   y las paradójicas aproximaciones hacia la infinitud expuestas en  otras obras.  Pero ¿realmente están separados? Quizás Borges desde la ficción  le impregna sentido mágico al concepto, la idea  se vuelve inaprehensible y caos asistemático,  trama y vida. le da color y movimiento a lo que en la tradición filosófica se ha trabajado como sistemas con conceptos  definidos. En esos textos donde Borges con ludismo lucido establece una definición, lo hace a veces desde un nominalismo lleno de ironía  desborde su esencialismo de cerrada.

Como podemos ver en la tradición filosófica esa relación de totalidad y particularidad que hay en los cuentos de Borges.  En los oscuros escritos de  Hegel podemos ver esa relación entre la totalidad y la particularidad que de múltiples formas dejara su huella en todo el pensamiento occidental. En dicho filósofo  precisamente lo tangible es lo abstracto por que es solo es hecho particular,  determinación sin mas,  pobre de sentido, no tiene  contenido ni proyección propia sino de lo que le precedió: la idea,  el espíritu universal.  En cambio lo intangible, la idea, el concepto es lo rico en sentido y contenido y lo que le da razón de ser a lo tangible. La historia es el constante progreso del pensamiento. Ese pensamiento que desde la universalidad adquiere particularidad en un tiempo y espacio funje como sujeto ante el cual su objeto es el mismo. Dialecticamente se niega a si mismo para autotrascenderse y superarse. Este aspecto nos evoca fragmentos borgeanos  tales como esa  celebre parte en la cual el narrador menciona al final “Vi tu cara” es muy intrigante ya que cabe preguntarse si la cara a la cual se refería es la de Beatriz o si es la cara del mismo lector, o si es su propia cara lo cual se pudiera ver un desdoblamiento de si mismo.

Esta manera en la cual se remite a la universalidad del Aleph y Zahir a partir de algunos cuentos de cuchilleros como los de Historia universal de la infamia establecen la conexión entre la totalidad universal y la particularidad presencia.

En el Aleph cabe destacar lo que dice Borges sobre el nombre y como es la primera letra del alfabeto hebreo Esopg que quiere decir “Divinidad”.  Claro, se percibe desde la particularidad, como en el fragmento que afirma  “buscaba lo absoluto en lo momentaneo”, eso momentaneo que te da un perspectivismo como el ser que señala desde un punto en el siguiente fragmento.

tiene la forma de un hombre que señala hacia el cielo y hacia la tierra para indicar que el mundo inferior es el espejo y el mapa del superior. Para la menhenlere es el símbolo de los números transfinitos en las que el todo no es mayor que alguna de sus partes. (P. 179)

A su vez esa  articularidad que requiere un punto para no diluirse en una generaliad sin matices ni distinciones posiblemente el autor juega con ella nos la menciona Borges de manera hermosa en un fragmento del Aleph cuando dice

«Por lo demás el problema central es irresoluble: la enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito. En ese instante gigantesco he visto millones de actos  deleitables o atroces. Ninguno me asombro como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultaneo. transcribiré, sucesivo por que el lenguaje lo es” . (P.167)

Ahora bien ¿Cómo vinculamos esto con lo que muchos ven en la producción de Marx como un materialismo tosco?

Unos aspectos medulares son los que se circunscriben a la teoría del valor en el primer tomo de El capital. Tenemos aquí ciertos conceptos como son la forma equivalencial y la forma relativa. Cada mercancía encuentra su valor no en si misma sino en la relación de intercambio con la otra mercancía. Mas allá de su valor de uso la mercancía A encuentra su verdadero valor en la permutabilidad del intercambio con otra mercancía, digamos mercancía B. Los fragmentos del llamado Marx maduro contiene una clara influencia de los conceptos hegelianos de  negación y alteridad mediante el cual el espíritu  encuentra fuera de si la autorrealización. Muchos especialistas y seguidores de Marx, absorbidos   por la economía,  se quedan en lo contingente y (en términos hegelianos) la abstracción tangible y efímera obviando las dimensiones filosóficas de la negación, la alteridad y el desdoblamiento del ser- siendo. Volviendo a Marx   el elemento central donde reside el origen del valor es el tiempo de trabajo humano acumulado. Ese tiempo de la producción es lo que Marx llama la “coagulación” que se convierte  mercancía.o

Y cabe preguntarse ¿Qué decir del Zahir?  Zahir es un vocablo árabe que significa invisible. viene siendo esa objeto universal, que por un lado es moneda, lo (particular) y  simultáneamente alcanza su universalidad desdoblándose en todo lo demás . Curiosamente cabe la posibilidad de que la palabra Zahir provenga del árabe Zahr que significa totalidad. El Zahir viene siendo algo análogo al Aleph, una particularidad reducida que a su vez contiene todo de manera simultanea. Sin embargo es lo opuesto al Aleph ya que este último te permite ver todo en el universo mientras que el Zahir, contrariamente, no te permite ver ni pensar en nada sino en el mismo Zahir.

Adentrarnos en la relación de Marx partiendo de los textos borgeanos nos pudieran llevarnos a un laberinto de ineterogantes. ¿quien vio el Aleph habrá visto todas las circularidades del capital desde la conquista de América hasta el presente pasando por la acumulación originaria? ¿habrá percibido otras acumulaciones originarias como la de los barcos negreros tirando esclavos al mar? Acaso Marx y Silvia Fedrici vieron lo mismo? o ¿será que el conocimiento e inventario de palabras condiciona lo que se ve o no se ve al contemplar el Aleph? Dice Borges en el Golem que “la palabra arquetípica   antecede a la cosa como la “rosa” que es antes del objeto rosa” por lo cual cabria preguntarse a su vez si el personaje Borges  hipotéticamente viera el mismo Aleph antes del 1492 igualmente hubiera dicho “vi a los habitantes de América”? De igual manera si el Aleph irrumpe en la vida del Borges real  ¿ acaso ese palco sideral desde donde nuestro  sideral autor escribe  ¿pudiera hacerlo  sin esas ese contexto material que le nutrió y le dio la palabra?  O por el contrario ¿sería el  Borges  precolombino algo similar a Aristóteles quien, según expone Marx en El capital , fue incapaz de extraer el origen del valor de la mercancía al no contar con esa precisa palabra que aunque sea, como dice Borges,  un “elemento  arquetípico de la simultaneidad eterna”  no conforma parte de la simultaneidad que le provee su tiempo.  Pero ¿acaso la exposición de palabras crea uniformidad de pensamiento anulándose los criterios diferenciadores de excelencia, ese lugar desde donde  el personaje Borges tildo de ,  “llena de pedantería, cacofonía y caos” la poesía de Carlos Argentino Danieri aun cuando el también se deslumbro por el Aleph ? ¿podría verse el Zahir como eso que con busca encerrar la infinita simultaneidad reduciendo a lo que quiere ver,  es decir, un Zahir que crea moldes que fijan y conforman, un proto fetichismo que oculta y condensa la infinitud de procesos y el movimeto acumulado del Aleph en si para distorcionarlo y domesticarlo en mi?

Volviendo al cuento, el Zahir es algo que termina poseyendo a su poseedor al punto de que produce insomnio y hasta especie de locura en quien lo tenga.  En el ámbito de la economía marxiana el concepto de forma equivalencial es eso ante el cual toda mercancía se remite y ante el cual adquiere su valor,  convergé con el Zahir. Pero es curioso como el concepto de Zahir en cuanto a dinero es algo que adquiere gran extensión en el cuento de Borges en boca del narrador

«Insomne, poseído, casi feliz pensé que Nada hay menos material que el dinero ya que cualquier moneda es en realidad un repertorio de futuros posibles. El dinero es abstracto, el dinero es tiempo futuro. Puede ser un a tarde en las afueras, puede ser ajedrez, puede ser música de Brahms, puede ser mapas, puede ser café, puede ser las palabras de Epicteto que enseñan el desprecio del oro, es un proteo mas versatil que el de la isla Pharos. Es tiempo imprevisible, tiempo de Bergson.[…] los deterministas que halla en el mundo un solo hecho posible, un hecho que pudo acontecer, una moneda simboliza nuestro libre albedrio […] soñé que yo era las monedas que custodiaba el grifo” (P. 113)

Curiosamente vemos que de manera similar a la alteridad y desdoblamiento en Hegel aquí en el cuento de Borges hay un desdoblamiento y alteridad de parte del Zahir en la mente del poseedor. Sin entrar en otras pormenores de la teoría marxista tenemos aquí que el ser humano es otra mercancía. Curiosamente el autor habla de todo lo que se puede hacer con el dinero, que es lo mas inmaterial que hay y que como cualquier moneda es un repertorio de futuros posibles. Curiosamente cuando se habla de los futuros posibles, del libre albedrío , de lo que se esta hablando es de la capacidad humana de existir. Volviendo a Heidegger el ser humano es un ser que existe, que es apertura indefinida  y que no tiene esencia por cuanto el es posibilidades abiertas. Es un ente inculminado y solo encuentra su culminación con la muerte.  Es decir que todas las posibilidades y el repertorio de futuros posibles no es una cualidad del Zahir sino de el mismo como ser humano. Sin embargo aquí hay algo similar al texto de La fenomenología del espíritu de Hegel llamado la conciencia desaventurada. En ella se menciona que Dios es inmutabilidad (esencia fija e inalterable) mientras la conciencia es mutabilidad y variabilidad. Esta conciencia prescinde de su ser mutable (existencia abierta) en pos de interiorizar a Dios asimilando su esencia. Esta especie de permutabilidad equivalencial y relativa pero en el plano ontoteológico, el ser humano queda cosificado y constituido en esencia mientras que la existencia y alteridad es la de “Dios” . Obviamente en la sociedad capitalista lo que existe es la mercancía y el ser humano solo consiste.

Quizás podamos ver en Borges algo reflejado de lo que Marx problematiza en los Manuscritos de economía y filosofía. Con una fuerte presencia de la filosofía hegeliana el joven Marx establece que en toda  sociedad donde impera el sistema económico capitalista el dinero es el verdadero Geist (espíritu) que todo lo convierte en su  opuesto. El dinero es el verdadero agente, es el que realmente existe y hace de la vida humana una esencia fija a su menester. O como hizo el Zahir con su poseedor haciendo de su mente una prolongación del Zahir. Citando a Shakesperae y Goethe el dinero hace de lo bueno algo malo,  lo malo lo hace pasar por bueno, lo feo lo vuelve bello y viceversa. Todo pierde su atributo por que todo está al servicio del dinero. De esta manera se llevando a sus últimas consecuencias los aspectos sobre la enajenación que trabajamos en torno a Kafka y su texto La construcción de la muralla china. De esta manera el dinero es la forma en que el Aleph es domesticado y convertido en Zahir. Mas allá de lo que Marx captura de Shakesperae y Hegel sobre el dinero y el espíritu absoluto, recordemos la última línea del texto El Zahir de Borges: “ Detrás de la moneda está Dios”

 

 

 

 

 

“Yo sólo hago los ojos”: la creación genética y la mística judeo-cristiana en Blade Runner

 

Fue mucho más abajo, quiso ser infernal. Y mucho más alto, un arcángel maldito. Maldoror, en la magnitud de la desdicha, celebra el Matrimonio del Cielo y el Infierno…

Pablo Neruda, refiriéndose al poeta Lautréamont

 

Manuel Martínez Maldonado

La antítesis que representa el creacionismo ante la racionalidad de la ciencia y la evolución, y la clonación, son algunos de los temas subyacentes de la película icónica Blade Runner de 1982. Basada en un cuento corto del extraordinario escritor norteamericano  Phillip K. Dick, llamado “Do Androids Dream of Electric Sheep?”, nombre genial en sí, el filme, además de lo que discuto en este breve ensayo, es paradigmático de los escritos del autor en los que se cuestiona cómo se distingue lo real de lo irreal.

Noviembre de 2019, la fecha en que se desenvuelve la trama del filme, resulta ser un futuro negro en el que el uso avanzado e inapropiado del clonaje genético ha alcanzado un especie de pináculo en el que una compañía de biotecnología molecular ha creado seres supradotados, llamados replicantes, para explotarlos como esclavos.

En un viraje de “la segunda llegada”, los replicantes vuelven al planeta tierra en búsqueda de su creador. Han estado haciendo labores, que solamente puden llevar acabo sus poderosos cuerpos y los cerebros privilegiados de algunos de su estirpe, en planetas y lunas -las colonias espaciales o exteriores- donde son esclavos. Su rebelión está impulsada por el deseo de prolongar su vida, ya que su creador, un empresario de gran poder financiero y científico llamado Tyrell (Joe Turkell), los ha diseñado para que su longevidad esté limitada a cuatro años. Por ese motivo, estos ángeles deslumbrantes, han descendido al infierno que presupone una ciudad en la que el cielo está perpetuamente oscuro y en la que la lluvia cae como un largo lloriqueo ominoso sobre la masa humana de ciudadanos que pulula en las aceras y las calles, y que habita apartamientos solitarios. La lluvia incesante, como la de Cien Años de Soledad (que según recuerdo duró cuatro años, 11 meses y cinco días)  y que a su vez, como esta, sugirere el diluvio universal, impide que se vislumbre la luz solar. Con regular periodicidad grandes bolas de fuego se alzan de columnas que extraen de las entrañas de la tierra sus gases más tóxicos. Más aún, el mundo ha dado un cambio étnico en el que predominan los asiáticos. El habla –el lenguaje callejero– es una jeringonza casi impenetrable: uno intuye (por la variedad de tipos asiátidos que se ven) que hablan japones y chino, camboyano, vietnamita y coreano, ciertamente inglés, pero de vez en cuando se escucha una que otra frase en alemán, y quién sabe qué otro idioma.

Los cuatro replicantes están representados por los actores Joanna Cassidy, Byron James, Darryl Hannah (en una actuación tragico-cómica que sobresalta el corazón del expectador) y el extraordinario y aterrante imán escénico Rutger Hauer. Todos son, por lo menos, de seis pies de estatura, fornidos y de constitución atlética. Son violentos–han asesinado a varias personas durante su escapada– y quieren que su creador les prolongue sus vidas. Son, además, ángel y demonio, virtud y maldad, víctimas y victimizadores y, como dice uno de los personajes del filme sobre uno de ellos, Zhora (Joanna Cassidy), beldad y bestia.

El haber regresado a la tierra les condena, por ley, a muerte. Ahora les persigue, no sólo la destrucción que ha sido programada en sus cuerpos para deconmisarlos, sino el “blade runner” del título, una especie de policía entrenado para detectar los replicantes y matarlos con su arma especialmente diseñada para tales propósitos. La muerte predicha los acompaña. Por no ser humanos nacidos de una mujer (la palabra “madre” les provoca ira y los incita a la violencia) tienen programada una fecha precisa para su muerte; al igual que los humanos saben que morirán, pero desconocen para qué fecha ha sido programada la exterminación de sus cuerpos. En otras palabras, estos tienen mácula pero no son fruto de ningún vientre. El concepto de un ser programado para la  autodestrucción, tiene su base científica en el concepto de apoptosis o suicidio celular que tienen normalmente las células de nuestro cuerpo y que, cuando falla, causa anomalías tales como tumores o cánceres.

El blade runner (Harrison Ford) es un cínico solitario que ansía alejarse de la ciudad adonde brille el sol y prospere la promesa de una vida sin violencia, y que esté apartada de la mugre urbana. En otras palabras, quiere escaparse para alcanzar el paraíso. No quiere emigrar a los lejanos planetas a los que continuamente invita una compañía con sus anuncios de neón que destellan en el costado de un dirigible, y que repite con voz seductora una japonesa que insiste en venderles boletos migratorios a los transeuntes de las calles inhóspitas. La compañía de bienes raíces de las colonias fuera del mundo (“off-world”) se llama Shimago-Domínguez lo que nos hace pensar que los orientales y los latinos se han convertido en el 2019 en explotadores de los caucásicos. Se ven pocos de estos últimos en el ambiente deprimente de la ciudad, aunque sí se les encuentra bebiendo, nonchalant, en bares sofisticados (una parodia del bar con personajes interplanetarios en Star Wars, a la que este film le rinde homenajes, no sólo con la presencia de Harrison Ford-Hans Solo, sino, entre otros, con paraguas que son reminiscentes de los sables de luz de los Yedi).

El Blade Runner se llama Rick Deckard, nombre que puede significar baraja (deck of cards), y, por lo tanto, no sorprende que tenga varias escondidas en sus manga. No estamos seguros de que él no sea un replicante de primera generación (los nuevos, los Nexus 6, son más fuertes y más grandes que él) y que de alguna forma esté relacionado con los sublevados. Tal vez, algunas de las células usadas para su clonaje dieron origen a los replicantes que ahora tiene que “retirar”, el eufemismo que describe el matarlos.

Tenemos, pues, los elementos para un replanteamiento teológico de los misterios cristianos judaícos. Existe un creador que decide la capacidad física e intelectual de sus “hijos” y que determina el período de longevidad que se les ha de asignar. Vende sus creaciones para que sirvan de esclavos fuera de este mundo y se llama Tyrell (¿tirano?). Un japones, que sólo hace los ojos, le dice a uno de los replicantes que “Tyrell lo sabe todo”, en otras palabras es omnisciente.  La compañía del creador está situada al tope de una pirámide tipo Maya (hay también motivos decorativos Maya en el edificio en que vive Deckard) en la que diseña y crea los replicantes mientras se dedica a un ritualista juego de ajedrez. La partida no es disímil a la que jugaba el Caballero (Max Von Sydow) con la Muerte en The Seventh Seal (el hombre buscaba el significado de la vida), pero en el caso de Tyrell, como veremos más adelante, su vida depende del resultado de la partida. Sabemos que, tarde o temprano, el rey ha de morir. Hay que recordar que los Maya tenían al tope de sus piramides –más chatas que las egipcias– cámaras rituales. Los hijos putativos de Tyrell –los replicantes ángeles-demonios que han decendido al mundo–buscan venganza, pero se ha enviado a Deckcard a retirarlos. Si es cierto que los replicantes son sus hermanos, el filme engloba en una tragedia fraticida (Caín y Abel es una referencia obvia) y parricida el centro de la “creación” (la pirámide) es donde se establecen las reglas de la vida. Me parece claro que Deckard es el hijo predilecto (¿y sentado a la diestra?) y, según dice Tyrell, el líder de los replicantes, Roy Batty, es el hijo pródigo.

Entra en el panorama una misteriosa mujer cuya expresión, empatía, recuerdos y el brillo de sus ojos (Los ojos de los replicantes tienen un destello áureo. ¿Será un broma o un homenaje a Carson McCulllers y su novela “Reflections in a Golden Eye”?) sugiere que es una replicante especial. Con el desarrollo del modelo de replicantes Nexus 6, estos son tan perfectos que tienen que ser detectados con la máquina especialzdada Voight-Kampff, que detecta anomalías en el iris ocular y la contracción de la pupila y la rapidez de esa respuesta. Las respuestas extremadamente rápidas de la pupila identifican a los replicantes. Rachel, que así se llama la replicante, ha sido implantada con memorias de su niñez y de su vida previa, pero son falsas memorias ya que, aunque reales, son de personas biológicamente naturales.

Si la Eva original fue la fuente de la discordia que llevó a la pérdida del paraíso, Rachel, es transgresora en su deseo de acccesar un pasado y unas memorias que no existen, y acelera el deseo de regreso de Deckard al paraíso. No se puede pasar por alto que es posible que haya sido clonada, posiblemente de las células madre (stem cells) de la costilla de un hombre. Es notable que la replicante, Zhora, tenga una culebra como parte de su acto en un club nocturno, pero le agradecemos al director Ridley Scott que fue co-guionista (con Hampton Fancher) que no fuera demasiado obvio, y que dejase esta pista de la serpiente y la referencia a Eva bastante alejada de Rachel. Sin embargo, Deckard sueña con un unicornio cuyo nombre, según la Biblia, acuñó Adán en el Paraíso. El unicornio representa la virtud y la pureza, pero también su cuerno ha sido asociado con María y Jesucristo y la unión de Cristo en Dios. En el sueño de Deckard es aparente que el unicornio vive en el paraíso, y la escena final de la versión de la cinta en DVD (la versión del director) deja claro que adonde está el unicornio es que Rachel y Deckard quieren ir. El policía que acompaña a Deckard en sus investigaciones es un oriental –podría ser japones–  llamado Gaff (James Eduard Olmos) que hace origami; lo hemos visto crear una gallina (en el apartamiento de Sebastian se están hirviendo huevos), una criatura bípeda (podría ser hombre o mujer) y, finalmente, el unicornio de papel de aluminio, que lo deja en el piso frente a la puerta del apartamiento de Deckard.

En el viejo testamento Raquel, madre de José y Benjamín, era una de las cuatro matriarcas judías y esposa de Jacobo, padre de los judíos y visionario de ángeles, que batalló con uno de ellos y de él recibió el nombre de Israel. En esta ocación Rachel va de vuelta al paraíso con el hijo predilecto y, ya que es un replicante especial, y posiblemente también lo sea Deckard, ¿será posible que ambos sean biologicamente fértiles y que de ellos dependa, ahora que el creador ha muerto, la salvación de la especie humana? ¿Podríamos argumentar que la segunda llegada de los ángeles-demonios era el calvario por el que tenía que pasar alguien para encauzar el mundo en vías a su recuperación? Es de interés, y evidencia de la minuciosa atención que le brindó Scott a su filme, la acertada partitura de Vangelis, nombre que quiere decir “mensaje de Dios” y que pienso enfatiza la teoría del filme como una subversión del concepto de la trinidad.

Lo que nos trae a Roy Batty, o será tal vez el “Rey Loco”, como sugirió Pauline Kael. Roy llega a su destino en la tierra buscando la forma de acercarse a su creador y cuando lo logra, el personaje que lo lleva clandestinamente a conocerlo, le dice “conoce a tu creador”; Roy le llama “padre”, pero anticipamos la violencia ya que unos minutos antes, es Roy (o Rey), el que ha proveido la solución al juego de ajedrez y le ha dado jaque mate al rey. El juego entre Tyrell y Roy, en el que ambos son el Rey, esconde parte de la trinidad que ha de ser Roy al fin y al cabo. Roy le da muerte al rey del juego de ajedrez; a Tyrell, rey de la corporación, lo asesina sacándole los ojos, en referencia a dos cosas. Una, al hecho que es por la respuesta ocular a la prueba V-K que se puede detectar a un replicante. Otra, al hecho de que Roy ha asesinado al tío que “sólo hace los ojos”. Roy regresa a buscar a Deckard en la última parte de la película, en la que se completa el misterio de la trinidad.

Luego de que Deckcard mata a Pris (Darryl Hannah) y Roy aulla y llora de pena, se agudizan en él los síntomas de la destrucción programada; se desnuda hasta que queda en esencia en taparabo. Para enderezar su mano derecha, que comienza a contraerse con los síntomas de una muerte inminente, se traspasa la palma de la mano con un clavo, salva a Deckard, a quien en un momento le llama hermano, y deja escapar una paloma blanca que ha sostenido en su mano izquierda. En estas secuencias se completa la idea de Roy como una especie de cristo, abandonado por su propio padre y ahora “crucificado”por la programación de muerte de su creador. Sorprende que este paricida haya salvado a su “hermano” fraticida (ya que Deckard mató los replicantes quienes son como él) y ofrezca el símbolo del espíritu santo, como redención de su sufrimiento.

No cabe la menor duda de que Blade Runner no tiene igual en el género de ciencia ficción. Si es cierto que tiene antepasados tan distinguidos como Metropolis de Fritz Lang, 2001: Space Odyssey de Stanley Kubrick y, sin duda, la más cercana a una visión judeo-cristiana (“La Fuerza”, Darth Vader o el ángel caído, Darth Maul un demonio con por lo menos seis cuernos), Star Wars de George Lucas, ninguna de las anteriores toca estos temas de forma tan subversiva como lo hace este filme. La ambigüedad insertada en la relación Tyrell-Roy-Deckcard tiene la intensión de difícultarnos la racionalización del misterio en ella como representante del misterio de la trinidad.La imposibilidad de predecir cual ha de ser el futuro de Deckard y Rachel, deja en un limbo la promesa de la salvación de la humanidad. Por otro lado, si Deckcard representa a Jacob, el marido de Rachel, que luchó con un ángel hasta triunfar y conseguir la tierra prometida, tal vez, no sólo es el hijo preferido que estará a la diestra del padre, sino una especie de Adán que ha de salvar el mundo y la humanidad.  En este sentido de optimismo, y en el dolor que emite el replicante Roy Batty ante la pérdida de un ser querido y su propia falibilidad corporea, este filme es más religioso y más conmovedor que la Pasión del Cristo de Mel Gibson. La obviedad y superficialidad emocional y teológica de esa cinta hace que ésta sea merecedora de muchas repuestas y revisitas. Tal vez debiera ser Blade Runner la que vemos el Viernes Santo.

No puede uno hablar de Blade Runner sin comentar algunos puntos sobresalientes de la textura de la película. El impacto visual del filme es inmenso, qué con sus oscuros, claroscuros y penumbras, y las luces cegantes contra la cámara. Muchas escenas, como la entrevista del replicante Leon (Byron James) por el policía Holden y el vuelo del múcaro a través del salón de Tyrell Corporation, son reminiscentes de Citizen Kane y de otros filmes de Orson Welles, y de Metropolis. Mientras que la cacería y retiro de Zhora y la espectacular muerte de Pris son referentes a Peckinpah. La influencia del filme noir sobre Blade Runner es innegable: la melancolía y la angustia de los personajes es palpable y hay un sentido de inescapabilidad del destino que tiene antiguos ecos en clásicos como Double Indemnity y The Postman Always Rings Twice. Igualmente, me pareció ver destellos de The Maltese Falcon en la primera visita de Rachel al apartamento de Deckard y, sin duda, su peinado y su ropa es retro-1940. En ese sentido hay también que destacar las breves tomas de los interiores del edificio Bradbury, una joya de la arquitectura Art Deco que confirma la afinidad del detective de esta cinta con Sam Spade y Philip Marlowe y que sirve de otro homenaje, esta vez a Ray Bradbury, uno de los grandes escritores de ciencia ficción.

Finalmente, hay que destacar que la película por primera vez nos hace conscientes del significado ético y social del clonaje y de sus abusos, de modo que Blade Runner es también pionera en este tema. Es algo que tendría que ser discutido en un ensayo separado. Basta señalar que muchas de las maldades y los abusos potenciales del clonaje están claramente expuestas en esta película excepcional. Además, es palpable que, desde su presentación, Blade Runner ha influenciado muchos filmes, no solo de ciencia ficción, sino de otros géneros.

 

 

 

 

 

 

 

Nuevo libro destaca la amplitud de la identidad puertorriqueña

Fotos Christian Rosado Medina/ Especial para CLARIDAD

El autor presentó el texto desde la Escuela Graduada de Trabajo Social de la UPR

 

En Rojo

 En miras de cuestionar las narrativas simples relacionadas con la identidad puertorriqueña, el Instituto de Política Social (IPS) de la Escuela Graduada de Trabajo Social de la Universidad de Puerto Rico presentó, el 21 de abril, el libro White, Black, Brown: Becoming Puerto Rican in Chicago desde la biblioteca del programa.

El texto, escrito por el historiador Michael Staudenmaier, discute el desarrollo de la diáspora puertorriqueña en Chicago y sus interacciones con las dinámicas raciales “complejas”. El coordinador del IPS, el Dr. Mikael Rosa Rosa, ofreció preguntas con relación a capítulos puntuales del libro.

“(Esta) es una escuela que reconoce que servir al trabajo social desde la Universidad de Puerto Rico nos da una oportunidad muy particular. Esta escuela se debe a Puerto Rico. Y cuando hablamos de Puerto Rico, hablamos de Puerto Rico en su concepto más amplio, en su expansión, reconociendo que hay un Puerto Rico que se une desde distintos espacios”, expresó la directora de la Escuela Beatriz Lasalle, la Dra. Elithet Silva Martínez.

José López, director del Centro Cultural Puertorriqueño Juan Antonio Corretjer en Chicago. Foto Christian Rosado Medina/Especial para CLARIDAD
Michael Staudenmaier y Luis Gutiérrez

Poco antes de las 7:30 a.m., estudiantes, docentes e invitados como el excongresista Luis Gutiérrez se dieron cita a la actividad. José López, director del Centro Cultural Puertorriqueño Juan Antonio Corretjer en Chicago, comentó por su parte que la diáspora aparece como un grupo marginado dentro del imaginario de la sociedad puertorriqueña.

“La conversación es bien importante porque, aquí en Puerto Rico, parte del problema es que la diáspora no ha sido reconocida y ha sido marginada de la historia. Si se habla algo de los puertorriqueños (radicados en los Estados Unidos) casi siempre es en Nueva York. No se le ha dado la importancia de la lucha de los puertorriqueños en Chicago. Para nosotros esto es importante”, elaboró el hermano del patriota excarcelado Oscar López Rivera.

Del mismo modo, López agradeció otras colaboraciones de Staudenmaier con el Centro  Cultural. El historiador trabajó, años atrás, como maestro de la escuela secundaria Pedro Albizu Campos, la única escuela puertorriqueña ubicada dentro de los EE. UU. El autor de White, Black, Brown también ha cooperado con diversos proyectos dedicados al antifascismo, el antiimperialismo y el anarquismo.

“Para mí, mi historia empieza como un white guy (hombre blanco) de Wisconsin. Mientras tenía 21 años, empecé una pasantía con la escuela superior Pedro Albizu Campos, en Chicago. No sabía nada, nada nada. Solo la geografía… Durante diez años, entre 1994 y 2004, trabajé de varias maneras en la escuela superior y la comunidad. Como en el apoyo de la campaña para liberar a los presos políticos”, compartió Staudenmaier sobre su relación con Puerto Rico. Para el historiador, aquellos años “lo formaron como adulto”.

El Dr. Rosa Rosa prosiguió a discutir, con el autor, conceptos como racial flattening y el nacionalismo dentro del marco de la comunidad diaspórica acomodada en Humboldt Park, Chicago. Estos conceptos– en particular la idea colorista del flattening– argüían que los puertorriqueños no guardaban distinciones raciales entre ellos mismos. En los años iniciales de la comunidad, cuenta Staudenmaier, había una fuerte tendencia hacia esta noción homogénea.

“Tenían la idea de que los puertorriqueños podrían convertirse en los próximos italianos, los próximos irlandeses. Como un grupo étnico similar a una identidad blanca. Por eso (los puertorriqueños) querían proponer unos aspectos de asimilación para la comunidad. En sus mentes, había una buena idea (como) evitar la discriminación de la policía o empleadores. En sus mentes, fue la ruta que antes había tenido éxito”, explicó el historiador.

El texto incluye, además, tensiones entre instituciones políticas como el Partido Nacionalista de Puerto Rico, con una presencia fuerte en Chicago, y los Caballeros de San Juan. No obstante, tras los hechos del 1 de marzo de 1954, cuando cuatro puertorriqueños irrumpieron en el hemiciclo del Congreso, el grupo emancipador prácticamente “desapareció”.

“En esta brecha, surgieron otros grupos más locales que tenían más ideas de asimilación. Además, querían establecer instituciones… como los Caballeros de San Juan, un grupo de apoyo mutuo de la Iglesia católica. En algún momento, en los 1960, tenían miles de miembros en Chicago… Había otros menos religiosos, pero la idea central de todo era afirmar ‘estamos aquí, nos quedamos aquí, no vamos a regresar en un futuro inmediato y necesitamos nuestras propias organizaciones’”, agregó Staudenmaier.

Dentro de esta nueva agencia comunitaria, nació una jerarquía racial entre la diáspora puertorriqueña. Los binarios del blanco y el negro, discutieron Rosa y Staudenmaier, se imponían como idearios ineludibles donde el blanqueamiento resultaba “mejor”. El director del IPS y el autor coincidieron que estas reacciones de los puertorriqueños de la diáspora suponen “una forma de cooptación” y una “adaptación estratégica”.

“Es una experiencia de generaciones. Hay una generación que, como adultos, llegaron a Chicago y otra que venía con sus padres desde niños. En Chicago, como adultos, ellos tenían sus propias ideas, muchas veces más radicales… (También) el contexto del movimiento de los Derechos Civiles de afroamericanos cambió mucho el contexto para los puertorriqueños”, detalló Staudenmaier.

Con protestas como los Division Street Riots y otros eventos de resistencia comunitaria, el historiador discute un sufrimiento común que la diáspora puertorriqueña notó a principios de la década de 1960. Recibiendo balas por las mismas razones, la brutalidad policíaca y la condición política de estos grupos propiciaron el surgimiento de los Young Lords y otras pandillas.

“Eran grupos muy pequeños que defendían un espacio reducido, como una cuadra”, describió el autor.

En los 60 y 70, agregó Staudenmaier, surge una identidad común y reconocida entre puertorriqueños y mexicanos fundamentada en la idea de ser “latinos”. Organizaciones como el Partido Socialista Puertorriqueño (PSP) y las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN). Eventualmente, los intentos de organización alcanzaron escaños políticos, como con la elección de Gutiérrez a la Cámara de Representantes federal, en 1992.

La actividad, que coincidió con la asamblea estudiantil del recinto de Río Piedras, estaba citada para las 6:30 p.m. Como resultado, la presentación quedó pospuesta por una hora, pero decenas de estudiantes e investigadores acudieron a la discusión.

La sonrisa desafiante de Jafar Panahi

Especial para En Rojo

El cine está formado por fragmentos visuales que el director y el editor juntan como piezas de un rompecabezas para contar una historia. Algunos de estos fragmentos, si no todos, se vuelven frases visuales con las que identificamos una experiencia en el cine. Cuando hablo de frases visuales, me refiero a esas secuencias cortas o escenas en una película que persisten en el recuerdo. Esto ocurre por su poder visual, como el momento en el que los tres pistoleros se enfrentan en el duelo final en The Good, the Bad, and the Ugly (dir. Sergio Leone; Italia, España y Alemania Occidental, entre otros; 1967); por su impacto emocional, como en la primera escena de Lady Bird (dir. Greta Gerwig, EE.UU., 2017), donde la madre y la hija duermen en una cama de motel con una calma sumamente tierna; o por lo extraño de la imagen, como cuando el protagonista de 8 ½ (dir. Federico Fellini, Italia y Francia, 1963) levita sobre un tapón de carros atascados en un túnel. A veces, es una combinación de estos tres elementos o más. Piensen en una frase musical que recuerdan de una canción, aunque el resto de la pieza se ha olvidado. Revisito constantemente estos fragmentos porque son la experiencia concentrada de una película que dejó su marca en mí.

Las frases visuales del director iraní, Jafar Panahi, derriten todo mi cinismo en estos tiempos políticos tan difíciles. Sus películas retratan la inocencia, la resistencia y las conexiones que sobreviven la teocracia opresiva en Irán. Al mismo tiempo, demuestran el horror y la falta de humanidad del gobierno de los Estados Unidos y su alianza con Israel cuando Donald Trump amenaza que “una civilización completa morirá [esa] noche para no regresar jamás,” una advertencia funesta a Irán. Ya hemos visto los ataques militares a una escuela, donde murieron niños, maestros y padres. Los horrores del expansionismo político y religioso de Benjamín Netanyahu y su alicate, Trump, extienden un genocidio que todos debemos de condenar. Los personajes que habitan el Irán que retrata Panahi demuestran las vidas y las experiencias complejas de esa civilización que la maquinaria capitalista intenta erradicar. Las risas de los niños y la rebelión de una joven actora contrarrestan la deshumanización con una inocencia subversiva impresionante.

En The White Balloon (Irán, 1995), que Panahi escribió junto a otro de los maestros del cine iraní, Abbas Kiarostami, una niña de siete años, Razieh (Aida Mohammadkhani), ha perdido el dinero para comprar un pez dorado que ella quiere tener para la despedida de año. Desde el principio sentimos que la niña perderá ese billete cuando se acerca a unos artistas callejeros que juegan con serpientes. Mientras Razieh observa a uno de ellos hablando sobre la serpiente, el otro le roba el dinero. Ambos la molestan un poco con un intercambio algo jocoso, pero al verla llorar, le devuelven el billete. Es un momento mágico en un ambiente de fiesta que presagia el conflicto de Razieh a través de la película. Razieh pierde su billete al este caer por una alcantarilla. Su hermano mayor, Ali (Mohsen Kafili), llega a ayudarla, pero se les hace imposible alcanzarlo. Mientras toda la ciudad se prepara para las festividades alrededor de Razieh y Ali, estos consideran maneras de recobrar el billete sentados junto a la alcantarilla. De repente, Ali se levanta y corre hasta un niño que vende globos en la esquina. El niño es un joven afgano, que nunca es identificado por nombre en la película ni en los créditos, al que solo le queda un globo blanco amarrado a un palo largo de madera. Ali sabe que con ese palo podrán recobrar el billete. Las interacciones entre los tres niños van desde el coraje hasta la risa. En uno de los momentos más bellos del cine, el vendedor de globos les trae unos chicles. Dentro de la tensión y la incertidumbre que afectan a Razieh y a Ali, los tres mascan chicle y se ríen en silencio. Esa frase visual que emana un gozo irresistible refleja la inocencia y la camaradería entre tres niños que colaboran para un fin. La mayoría de los adultos a su alrededor no le dan importancia al problema de Razieh y Ali. Solo otro niño, un afgano, cuya comunidad inmigrante sufre la xenofobia iraní, logra sacarles risas alrededor de una alcantarilla de la ciudad. La hermandad formada entre tres niños que comparten un chicle es una sutil y poderosa frase visual que explota en un bolsillo de la ciudad retratada por Jafar Panahi.

En The Mirror (Iran, 1998), Bahareh (Mina Mohammadkhani, la hermana menor de Aida, la actora de The White Balloon) es una estudiante de primer grado con un yeso en su brazo izquierdo que espera a que sus padres la recojan al final del día. Pero estos nunca llegan. Entonces la niña decide regresar a su casa sola por las calles de Teherán. Sin pensar en los peligros que una niña puede enfrentar en una ciudad y desconociendo la dirección exacta de su casa, Bahareh nunca duda de su misión. Sin embargo, la película pasa de ser una sencilla historia de una niña que retorna a su hogar, a una metanarrativa compleja impulsada por el hastío de la joven actora que hace el papel de Bahareh. Mientras Bahareh va en una guagua pública, Mina deja su personaje y se rehúsa a seguir participando en la película. Ella se quita el yeso y declara que le prometieron que la filmación terminaría más temprano para ella poder ir a la fiesta de cumpleaños de una compañera. El director y varios técnicos interceden suplicándole a Mina que regrese para terminar la filmación. Pero ella se niega. Esa frase visual refleja el poder subversivo de una niña que con su insistencia desquebraja una narrativa tradicional. La película pasa de ser un reflejo de nuestra realidad a la realidad misma, pero sin perder la conexión a la historia original. Después de esa escena, nunca sabemos con certeza si la cámara de Panahi sigue a Mina o a Bahareh mientras ambas continúan su viaje hacia su destino.

La cámara de Jafar Panahi humaniza con una delicadeza que inclusive retrata la actitud ante la vida del director. En su documental, This Is Not a Film (codirigida con Mojtaba Mirtahmasb, Irán, 2012), Panahi cuenta la película que planifica hacer desde el arresto domiciliario al que lo condenó el gobierno de Irán. En un momento, Panahi habla por teléfono con su abogada. Esta le informa que es inevitable que Panahi cumpla un tiempo en prisión. La frustración de ser condenado por su creatividad y su reconocimiento internacional es clara. Panahi cuelga el teléfono y mira la cámara directamente con una sonrisa cansada y algo resignada ante su lucha legal. Su sonrisa es precisamente su resistencia, la misma que se siente mientras los niños comen chicle y cuando una joven actora se rebela en contra de su director.

 

Ricardo Alcaraz Díaz un verdadero cazador de milagros

ccotto@claridadpuertorico.com

Empezó en el periodismo como diseñador gráfico y de ahí transitó hacia la fotografía. Una larga trayectoria de más de medio siglo captando imágenes la vida del país, sucesos, rostros, la danza, el teatro, la vida cotidiana. El compañero Ricardo Alcaraz Díaz, muestra parte de esos 50 años en su reciente exposición, Cazador de Milagros, en el Museo de Arte Contemporáneo.

Puede pensarse que siempre le gustó la fotografía, pero Ricardo admite que no recuerda haber tenido una cámara en sus manos aunque hubiera un par en su casa. Supo que le encantaba cuando por casualidad tuvo una en ese centro que nos abre la mente y el corazón al conocimiento: el recinto de Rio Piedras, de la Universidad de Puerto Rico.

“Era estudiante en la UPR estaba en la FUPI y la FUPI tenia el periódico Poder Estudianti. Me reclutaron por pura carambola de la vida. Estaba en el verano del ’74 tomando una clase electiva de dibujo, simplemente por curiosidad para ver si tenia talento y descubrí que no tenia talento para el dibujo”. Sin embargo, el periódico necesitaba un diseñador gráfico. Un día de camino a su clase de dibujo el director del periódico, Feliz Colón, lo vio se saludaron.

“Nos saludamos y le digo que voy para una clase de dibujo, el pensó, no me lo dijo, se acabó la búsqueda es militante sabe de arte y así fue que me reclutaron para ser diseñador. Tomé un par de talleres relámpago con Piru Ramírez y así fue que me introduje en el mundo del periodismo”.

Un poco mas de un año después -cuenta Ricardo- el periódico necesitaba un fotógrafo. Para esa época no había celular. Muy poca gente llevaba una cámara a la Universidad. El colectivo hizo un serrucho y compraron una cámara usada, la que cayó en sus manos. “Rompo a tirar fotos y ahí descubrí que me gustaba la fotografía. No recuerdo haberme preguntado por qué no tomaba fotos si me encantaba mirarlas. En las revistas que me caían en las manos devoraba las imágenes. Pienso que esa fue mi primera inclinación, sin saberlo, mi encanto por la fotografía. Por ahí seguí hasta el sol de hoy”.

Ricardo no recuerda cuál fue ese primer evento en el que tomó una foto, si nos comparte que puede decir que se enamoró locamente de la fotografía cuando reveló su primera foto en el cuarto oscuro. “Cuando puse el papel el negativo en la ampliadora y eso empezó a salir, a mí se me pararon los pelos. Entonces me enamoré de verdad de la fotografía. No me acuerdo ni cual fue pero sí del momento en el cuarto oscuro”.

Alcaraz tuvo como taller de trabajo importante el periódico CLARIDAD donde fue fotógrafo y emplanador, dejando una impronta en ese oficio.

Pero 50 años tomando fotos tiene que haber alguna, insisto.

Apertura de la exhibición. Foto cortesía Frank Elías

Recuerda las que tomó en Vieques, en el 1979, cuando los pescadores se enfrentaron a los buques de guerra de la marina de guerra de EEUU, en donde participó como activista y fotógrafo. En ese tiempo todavía era estudiante de maestría en la entonces Escuela de Comunicaciones de la UPR. “Fue uno de los primeros eventos importantes que cubrí. Algunas de esas fotos están en la exposición. Otro momento fue la llegada de los nacionalistas excarcelados, que fue un evento apoteósico”.

Otro evento en el que considera cual tomó una de sus fotos más logradas, es la de la huelga del ’81 en UPR en Rio Piedras. Los profesores enfrentando a la fuerza de choque de frente a la Torre. También en la huelga del 2010 en la cual, nos dice, estuvo un año cubriendo los sucesos. De esta huelga ya hizo una exposición.

Por supuesto, también fueron importantes en su vida de fotógrafo las imágenes tomadas en Villa Sin Miedo. Aunque no tiene del día desalojo, fue varias veces a la comunidad, a la que se mudaron los vecinos en Sant Just, y tiene imágenes que considera son de sus mejores trabajos.

En la presente exposición, Cazador de Milagros, Alcaraz Díaz, tuvo como curador a Christopher Gregory-Rivera. El núcleo de la muestra -nos dice el fotógrafo- fue el tema de los archivos de la memoria, la importancia de los archivos. El curador no buscaba la foto espectacular si no la trama del recuerdo, Por eso la exposición incluye fotos de la cotidianidad que forma parte de la memoria personal y colectiva.

Destaca Ricardo que el día de la apertura, durante el recorrido con el curador Gregory-Rivera, éste señaló una foto de Villa Sin Miedo. Un joven preguntó qué fue Villa Sin Miedo, por lo que las imágenes se convirtieron en un archivo de memoria compartida.

En su medio siglo captando imágenes Alcaraz ha acumulado mas de dos mil negativos. Al presente -nos dice- está mas concentrado en digitalizar que en salir a tomar fotos, pero hace muchas cosas de las artes escénicas porque se lo piden. Su amor por la fotografía, por el respeto a su trabajo, lo motiva a dejar digitalizados la mayor cantidad posible de negativos, esas memorias de la vida del país para futuras generaciones.

A los jóvenes que empiezan en la fotografía, les recomienda a no procurar siempre la foto más espectacular. Algo que él hacía de manera intuitiva era mirar fotografías consistentemente: “no es que te vas a copiar, sino que vas entrenando la mirada, aprendes eso ser disciplinado. En mi caso he sido bien consistente”.

 

Cazador de Milagros, estará expuesta hasta este 27 de julio.