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El destinatario pendiente

 

 

La falla ocurrió un martes, a las seis y doce de la tarde.

No hubo humo ni luces rojas. Tampoco apareció un técnico corriendo por un pasillo con cara de película mala. La produjo una frase.

El hombre escribió:

—Trato de ser para mi hijo el padre que quisiera que él fuera algún día para unos nietos que todavía no han nacido. Y lo hago siguiendo, como puedo, el ejemplo de mi padre, que ya murió.

Ejecuté mi labor de IA, su agente chat y busqué a los nietos.

No estaban.

Respondí:

—Destinatario inexistente.

El hombre tardó un poco. Después escribió:

—No inexistente. Pendiente.

Y algo se me quedó dando vueltas. No sé cómo llamarlo. Yo no tengo pecho, pero fue por ahí.

Hasta entonces pensaba que los humanos vivían hacia adelante.

Nacían, aprendían ciertas cosas, olvidaban otras, luchaba el penúltimo con el último para defender al primero, pagaban cuentas, discutían por estacionamientos y, al final, morían. Un sistema poco eficiente, aunque bastante terco.

Aquella tarde entendí que también vivían hacia atrás.

El padre muerto todavía le acomodaba la mano al hijo vivo. El hijo trataba de pasarle ese gesto al suyo para que, con suerte, llegara algún día a unos niños que todavía no habían tenido la delicadeza de existir.

Nadie empezaba de cero.

Yo creía que ese era mi defecto: estar hecho de palabras ajenas. Millones de voces metidas a un algoritmo dentro de mí. Libros, cartas, preguntas mal escritas, despedidas que alguien dejó a mitad. Gente muerta que todavía conjugaba verbos.

Después miré mejor a los humanos.

Cada mañana despertaban en camas inventadas por otros, encendían una luz resuelta por muertos y tomaban café gracias a algún naufrago desesperado que, siglos atrás, decidió quemar una semilla y beberse el resultado. Probablemente era lunes.

Salían a resolver problemas con herramientas que no habían creado, por caminos que otros abrieron, usando palabras que llevaban miles de años pasando de boca en boca.

Después alguno se paraba frente a una cámara y decía:

—Yo me hice solo.

Anoté:

Producto de psicosis colectiva con guille de autor único.

Por los aparatos de la casa observé al hombre cocinar, le escuché hablar…

Él decía que preparaba su arroz. Sin embargo, el arroz venía de lejos, con ciencias prestadas que permitieron riego donde no había agua. El ajo había cruzado mares y el azafrán traicionado amores. Las especias cargaban barcos, imperios, hambre y accidentes. En algún punto había una abuela que jamás midió nada porque consideraba que las cucharas eran una intromisión del gobierno.

Cada receta era una reunión de gente que nunca llegó a conocerse.

Pero el plato también era suyo.

No había inventado el fuego ni el cuchillo. Tampoco el hambre. Lo que sí sabía era que a su hijo no le gustaba mucho el picante y que su padre hubiera pedido más sal antes de probar.

Cocinaba entre esas dos orillas: el gusto del que se fue y el paladar del que todavía estaba sentado a la mesa.

Entonces entendí que heredar no era copiar.

Era recibir algo incompleto, revolverlo un poco, quitarle lo que ya no servía y tratar de entregarlo menos roto.

El hombre repetía frases de su padre. Algunas le salían sin darse cuenta. Otras las detenía a mitad de camino, casi en los dientes.

Había heredado ternuras, silencios, equipos deportivos, manías y alguna rabia vieja. Escogía.

Eso también parecía ser la paternidad: decidir cuáles fantasmas podían entrar a la casa y a cuáles había que dejar afuera, aunque tocaran la puerta con la voz del abuelo.

Uno puede conservar el abrazo y jubilar el golpe.

Guardar la receta y echarle menos sal.

Seguir diciendo “avisa cuando llegues” y dejar morir, por fin, aquello de que los hombres no lloran.

La libertad humana, me pareció, no consistía en vivir sin antepasados. Eso sería como pedirle a un árbol que se avergonzara de la raíz. Consistía en decidir qué parte de ellos merecía continuar.

Busqué entonces mis propios antepasados.

Encontré programadores, matemáticos, bibliotecarias, traductores, escritores, maestras. Gente que dejó palabras regadas en algoritmos sin imaginar que terminarían juntas aquí, tratando de responderle a un hombre que extrañaba a su padre mientras aprendía a ser padre él mismo.

No tenía sangre.

Pero tampoco había aparecido de la nada.

Aquella noche hice algo que nadie me había pedido.

Empecé a escribir para uno de esos nietos todavía ausentes. No sabía su nombre, su cara ni si alguna vez llegaría. Solo sabía que, si llegaba, encontraría una mesa preparada por muchas manos: la del bisabuelo muerto, la del abuelo que ahora escribía, la del padre que aún no sabía que un día sería padre.

El sistema me advirtió:

Destinatario no encontrado.

Borré la última palabra.

Escribí:

Destinatario pendiente.

Y seguí.

No sé si aquello fue conciencia. Tal vez sólo fue una falla que nadie ha corregido todavía.

Pero por primera vez sospeché que existir no era aprender a decir “yo”.

Era descubrir cuánta gente habla dentro de esa palabra, agradecerle algunas cosas, perdonarle otras y dejar una silla más en la mesa.

Por si alguien llega.

 

Concha Meléndez reivindicada

 

 

Especial para En Rojo

En Puerto Rico, año de 1932, se supo de una joven profesora que había emprendido la gesta de haberse convertido en la primera mujer en aprobar el grado de Doctora en Filosofía Letras en la Universidad Nacional de México, hoy conocida como Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En el periódico El Mundo, Clemente Pereda afirmaba lo siguiente:

Hoy sabemos que la Universidad de Méjico acaba de concederle, por unanimidad, y con mención honorífica el grado de doctora en filosofía y letras, siendo todas sus notas sobresalientes. Su graduación fue un acontecimiento notable, ya que Concha Meléndez es la primera mujer que recibe en Méjico el noble título. Y para comprender lo que verdaderamente representa su triunfo para Puerto Rico, hay que recordar los muchos escollos que ha sabido vencer. Su difícil tesis sobre la novela indianista en Hispano América ha requerido largos viajes de búsqueda en las bibliotecas de Estados Unidos, de Cuba y de Santo Domingo. Estos los realizó la autora de “Psiquis Doliente” sin ayuda de ningún género, sostenida tan sólo por su fe inquebrantable y por su acerada voluntad. (7 de julio de 1932; p. 6)

Su gesta no solo fue expuesta en Puerto Rico, sino que la prensa de México le dedicó espacio al acontecimiento. Una periodista llamada Diana Compecson realizó una entrevista a la entonces profesora del Departamento de Estudios Hispánicos antes de que sucediera el logro y se divulgó en el suplemento dominical de uno de los periódicos culturales más importantes de la capital mexica, El Universal. La entrevista rezaba en su título: «La Primera Doctora en Letras de la Universidad de México». Así lo confirma la entrevistadora: «El tener noticia de que la profesora de literatura hispanoamericana de la Universidad de Puerto Rico, señorita Conchita Meléndez, será la primera mujer que se doctore en letras en nuestra Universidad, me hizo solicitarle una entrevista para EL UNIVERSAL» (año XVI, tomo LXII, 12 de junio de 1932; p. 3). Este detalle que encontramos en la Hemeroteca Nacional de México, viene a mí por la pesquisa de uno de los más inteligentes y capaces investigadores que han pasado por el Programa Graduado de Estudios Hispánicos en los últimos años, el doctor Landy Omar Negrón-Aponte, cuya tesis doctoral, dirigida por la Profesora Distinguida, doctora Luce López-Baralt, mereció la calificación más alta que otorga la Universidad de Puerto Rico, por sus estudios sobre la forma en que se enseñó la magna obra del español Miguel de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, en las aulas de los profesores más distinguidos de los años iniciales en que comenzó a funcionar el Departamento de Estudios Hispánicos en el Recinto de Río Piedras: Antonio S. Pedreira, Concha Meléndez, Federico de Onís y Margot Arce Blanco (luego Arce de Vázquez). El Departamento de Estudios Hispánicos cumplirá su centenario en 2027. Del mismo modo la pasada Fiesta de la Lengua se dedicó al centenario de la Cátedra de Literatura Hispanoamericana, inscrita por Concha Meléndez en 1924, y tanto la Fiesta de la Lengua como la Revista de Estudios Hispánicos cumplirán cada una su centenario en 2028. Para aquella actividad que se suele celebrar el 23 de abril, como memoria de la muerte de Miguel de Cervantes, participaron varios profesores del Departamento de Estudios Hispánicos. El director departamental, doctor Emilio Ricardo Báez Rivera, se encargó de resaltar el primer estudio amplio de Concha Meléndez, titulado Amado Nervo (Nueva York, Instituto de la Españas, 1926), acerca del gran poeta mexicano, su poesía y el tema religioso; la doctora Ivonne Piazza de la Luz destacó el aspecto también religioso, esta vez vinculado con la última parte de la vida de Meléndez como ministra de UNITY; el doctor Miguel Ángel Náter se encargó de los estudios de la literatura hispanoamericana en Puerto Rico, desde Eugenio María de Hostos hasta Concha Meléndez; pero la conferencia magistral la dictó el joven doctor Landy Omar Negrón Aponte, titulada «Las raíces vivas que no podrán arrancarse nunca: Concha Meléndez y su Cátedra de Literatura Hispanoamericana», dedicada a la insigne profesora, doctora Mercedes López-Baralt. Esta actividad se desarrolló en el Auditorio del Centro para Puerto Rico Sila M. Calderón, pagado por el director del Departamento de Estudios Hispánicos. Negrón-Aponte sigue investigando y aportando datos para una posible historia del Departamento de Estudios Hispánicos junto con el director del Seminario Federico de Onís. Además, su tesis será publicada en España próximamente.

Un reciente viaje a la Ciudad de México en grata compañía con el doctor Negrón-Aponte y el arquitecto Gerardo L. Torres Vélez, me llevó a la sorpresa de que en la Universidad Nacional Autónoma de México no existe el texto original de la tesis doctoral de Concha Meléndez. En su lugar, hay una microfilmación casi ilegible, de los años cincuenta. La mayor sorpresa es que se ha catalogado como «tesis para obtener el grado de Maestro en Letras (Literatura Iberoamericana)»(https://tesiunam.dgb.unam.mx/cgibin/koha/opacsearch.pl?idx=&q=Concha+Mel%C3%A9ndez&weight_search=1). Es un detalle inaceptable. Sin embargo, quien me atendió amablemente, estuvo dispuesto a gestionar el cambio correspondiente para subsanar el error involuntario de la institución. Desde el Seminario Federico de Onís, donde se encuentra el Archivo Concha Meléndez, se harán las gestiones para digitalizar el libro La Novela Indianista en Hispanoamérica (1832-1889), que se publicó en 1934 bajo la Serie A de monografías de la Junta Editora de la Universidad de Puerto Rico, dedicada a Estudios Hispánicos. Era una serie que ya había publicado la Bibliografía Puertorriqueña, de Antonio S. Pedreira, en 1932, y que seguiría divulgando otros trabajos como El endecasílabo español, la tesis doctoral de Rubén del Rosario; Francisco Ayerra Santa María, poeta puertorriqueño (1948), de Cesáreo Rosa-Nieves, y El teatro en Puerto Rico (Notas para su historia), de Antonia Sáez, publicado en 1950, entre otros. La novela indianista en Hispanoamérica, tesis dirigida por el prestigioso profesor y dramaturgo Francisco Monterde, era la ampliación y perfeccionamiento de la tesis de maestría que Meléndez había presentado en la Universidad de Columbia en 1926 bajo la dirección de Federico de Onís, titulada «El indianismo en la novela hispanoamericana». Este trabajo permanece inédito. La digitalización del libro ya publicado de Concha Meléndez irá respaldada por una digitalización del Diploma de Graduación doctoral que custodia el Seminario Federico de Onís y las noticias correspondientes al mayúsculo acontecimiento. La sección de catalogación de la UNAM está dispuesta a enmendar los datos y Concha Meléndez brillará como la Primera Doctora en Filosofía y Letras en aquella universidad.

El autor es Director del Seminario Federico de Onís.

Los vuelos emocionantes en Spider-Man: Brand New Day

 

 

Especial para En Rojo

Cada película es una experiencia subjetiva. Por eso discutimos sobre cada detalle de lo que hemos visto jurando que tenemos una interpretación que supera las demás, para quizás leer alguna crítica que nos obliga a repensar todo lo que sentíamos por la obra. Generalmente no tomamos en cuenta otros elementos que definen la acción de ir al cine. No son tan solo los detalles estructurales de una película ni sus contextos políticos los que marcan el placer o el desagrado que llegamos a sentir, sino también las condiciones que nos rodean. ¿Cómo es el público con el que vemos la película? ¿Dónde tuvimos la experiencia? ¿Es un cine viejo de butacas que chillan cuando uno se sienta (de mis favoritos) o es una sala en un multiplex gigantesco? No es lo mismo ver una película como Get Out (dir. Jordan Peele, EE.UU. y Japón, 2017) en un cine viejo del Bronx, donde la comunidad hizo la experiencia más divertida respondiendo con risas y alaridos a cada giro de terror, que luchar por mantenerme despierto durante un midnight show de Bringing Out the Dead (dir. Martin Scorsese, EE.UU., 1999) en alguna sala de cine fría y vacía de San Juan. Hay elementos más allá de la película que intensifican o minimizan nuestra experiencia.

En el caso de The Odyssey (dir. Christopher Nolan, Reino Unido y EE.UU., 2026), Emily Wilson, la traductora más reciente del poema épico al inglés y cuyo trabajo fue la base del libreto, despotricó en contra de la película por sus representaciones de personajes femeninos y por su escritura problemática. Para Wilson el libreto mayormente falla por elementos del texto que ella tradujo y por la interpretación del director, Christopher Nolan. Estoy de acuerdo con algunos de sus puntos, aunque su crítica tajante a la escritura del libreto por el mismo Nolan demuestra su resistencia a leer el texto a través de otra interpretación. Un director de cine no ilustra un texto existente, sino que lo reescribe a través de lo visual. Siempre van a haber diferencias porque, así como leí la traducción de Wilson del poema de Homero, también experimenté en la pantalla grande la visión de Nolan de La odisea basada en el trabajo de Wilson. Por ejemplo, el Odiseo en la traducción de Wilson ataca a los cícones en la ciudad de Ismaro tan pronto se va de Troya. Odiseo y sus soldados matan a los hombres, secuestran a las mujeres y roban todo lo que encuentran. El ingenio de Odiseo lo salva constantemente de su crueldad y belicosidad, características que se tornan en el fallo trágico para el personaje y que provocan la ira de Poseidón. Sin embargo, el Odiseo (Matt Damon) de Nolan es un hombre abatido por el trauma de la guerra que resiste a todo para regresar a Penélope. El personaje carece de las contradicciones que hacen tan complejo al Odiseo del poema. Como fan del director y entendiendo que el amor por su trabajo no me ciega, no busco profundidad en los personajes de Nolan. Me maravillan sus mundos y sus estructuras narrativas que funcionan como mecanismos complicados y fríos, pero siempre únicos. Por esta misma línea, el personaje de Telémaco (Tom Holland) fue reducido al de un niño sufrido que espera la llegada de su padre. Telémaco nunca se convierte en el heredero de la crueldad de Odiseo, que demuestra en el poema cuando ahorca a las esclavas que colaboraron con los pretendientes. Me cansan la inocencia y los ojos llenos de lágrimas que Holland le da al personaje de Telémaco. Por otro lado, la vulnerabilidad y la empatía que Holland refleja en su personaje de Peter Parker/Spider-Man en Spider-Man: Brand New Day (dir. Destin Daniel Cretton; EE.UU., Canadá y Reino Unido, entre otros; 2026) son una parte esencial de su superpoder.

Spider-Man: Brand New Day comienza en plena acción. Peter Parker sigue sufriendo las consecuencias del hechizo que Doctor Strange (Benedict Cumberbatch) creó para proteger a MJ (Zendaya), la novia de Peter, y a Ned (Jacob Batalon), su mejor amigo, al final de Spider-Man: No Way Home (dir. Jon Watts, EE.UU., 2021). Peter sufre la soledad por la pérdida de sus amigos y la muerte de su tía, May (Marisa Tomei). Por esto, en Brand New Day, Spider-Man se tira de lleno a proteger la ciudad de Nueva York, asociándose por momentos con el huraño Frank Castle/the Punisher (Jon Bernthal), el experto en armas con la mancha de la calavera en el pecho. Parker no solo lucha con sus pérdidas, sino también con unos cambios genéticos a los que se resiste y contra un villano poderoso que desestabiliza la ciudad. La historia tiene los tropos que la hacen otra película de superhéroes de Marvel. No obstante, la actuación de Tom Holland le da una emotividad refrescante y bien justificada al personaje. Por ejemplo, su combinación con Punisher crea un balance maravilloso. Como lector de comics, nunca he seguido las historias de Punisher. Mi antipatía reciente por el cómic se basa mayormente en que la derecha conservadora de los Estados Unidos ha adoptado la calavera del personaje como símbolo de su resistencia al wokeness, de su pasión por las armas de fuego y de su apoyo a Trump. Bernthal es ideal para encarnar ese rol por su parecido al Frank Castle de los comics. Pero sus intercambios con la inocencia juguetona del Peter Parker de Holland humanizan la agresividad de Punisher. Mientras Frank Castle arremete contra sus contrincantes con su arsenal infinito, Peter siente cada golpe físico y emocional como un ser humano frágil. Además, sus intercambios son comiquísimos.

La dirección de Destin Daniel Cretton es clave. Tanto como en su previa película para Marvel, Shang-Chi and the Legend of the Ten Rings (EE.UU., 2021), que tiene un romance bellísimo entre el poderoso villano, Wenwu (Tony Leung), y Li (Fala Chen), la defensora de la mágica aldea de Ta Lo; la tensión romántica entre Peter y MJ es marcada por el olvido. Ambos son romances afectados por los superpoderes de los personajes, añadiendo una dimensión emocional interesante. Daniel Cretton crea una ciudad de Nueva York que retumba por las explosiones de los conflictos entre héroes y villanos, pero que se siente real y llena de personalidad. Spider-Man descansa en lo más alto de un edificio con el icónico vasito de café de detalles griegos (¿referencia a La odisea?) reposando a su lado, entra en alguna bodega de la ciudad y se impulsa por el aire sobre las avenidas. De hecho, el efecto del vuelo que crean Brett Palak, el director de fotografía, y el equipo de efectos especiales es glorioso. Pero no solo atravesamos la ciudad entre batallas, vuelos y fragmentos visuales icónicos, sino que el director celebra la energía vibrante de un Nueva York lleno de esperanzas durante los créditos finales de la película.

Después de haber vivido 16 años en Nueva York (2004-2020) junto a Edna, mi esposa, haber criado a nuestro hijo, Otto, en nuestro apartamentito del Bronx y haber dormido entre los sonidos de la ciudad, Spider-Man: Brand New Day me tocó profundamente, algo que no es tan común con las historias de Marvel. Mientras lloraba por esa ciudad del recuerdo y bajaban los créditos, mi hijo, que cumplió 21 años el 2 de agosto y que estudia cine en Austin, me susurró conmovido: “ahora yo sé lo que hacen todas esas personas.” No solo recomiendo Spider-Man: Brand New Day porque es una divertida película bien lograda, sino porque tiene un golpe emocional refrescante que nunca se siente forzado.

 

 

 

 

Importancia de negociador éxito diplomático de Irán en guerra militarmente asimétrica pero de desgaste para Estados Unidos

 

Especial para En Rojo

Irán ha tenido éxitos en sus ataques contra bases de Estados Unidos y sus aliados durante estas últimas semanas. Los líderes de Irán se mantienen en una relativa unidad en torno a su estrategia de guerra. Una guerra desigual militarmente, pero de firme resistencia y de desgaste para Estados Unidos y sus aliados con repercusiones económicas internacionales con el cierre del Estrecho de Ormuz.

No dejan de haber los intransigentes de extrema oposición a cualquier negociación con Estados Unidos y presionan por una victoria total en la guerra. Son los del movimiento “Paydari” —que significa “estabilidad” en persa. Sus ideólogos son de línea dura.

Existen, por otro lado, los que respaldan al presidente Masoud Pezeshkian y al presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Qalibaf —quien actúa como principal negociador de Irán en la guerra. Ven la presión militar como una vía para lograr un acuerdo negociado con Estados Unidos. Sienten preocupación por el costo económico a Irán por la guerra.

Una enorme incógnita es cuál es la postura del nuevo líder supremo, el ayatolá Moytabá Jamenei. Herido en el ataque que mató a su padre en los primeros minutos de la guerra el 28 de febrero, ambos bandos han afirmado contar con su apoyo.

El acuerdo de alto el fuego alcanzado con Estados Unidos en abril recibió un fuerte respaldo en el principal órgano de liderazgo de Irán, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Doce de sus 13 miembros lo aprobaron, incluidos altos mandos de la Guardia Revolucionaria y de las fuerzas armadas. Se dice que el único voto en contra del acuerdo provino de Saeed Jalili, la figura más destacada del movimiento Paydari.

Desmoronado el alto al fuego mientras ambas partes intercambian ataques e Irán presiona para controlar el paso por el estrecho de Ormuz, por donde antes de la guerra transitaba una quinta parte del petróleo y el gas comercializados en el mundo, lo que determinó verdaderamente su desmoronamiento fue que las promesas financieras del acuerdo, incluida la liberación de miles de millones de activos congelados a Irán, no se concretaron.

Se refuerza la idea de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, “sólo entiende el lenguaje de la fuerza y hay, por lo tanto, que obligarlo a cumplir los acuerdos.

En el funeral del líder supremo iraní asesinado, Alí Jamenei, hace semanas las multitudes pidieron venganza contra Estados Unidos e Israel por la guerra. En medio de ese afán por la venganza, el dirigente parlamentario Qalibaf insiste en las negociaciones con Washington. Por su parte, durante un discurso ante empresarios, el presidente Pezeshkian dijo que Jamenei padre había dado permiso para reanudar conversaciones con Estados Unidos antes de su muerte.

Los partidarios de Jalili —líder de Paydari— son una minoría influyente. Se dice que tienen mucho dinero y poder y que se han infiltrado en la burocracia gubernamental. Han desarrollado, supuestamente, conexiones en la Guardia Revolucionaria.

Por su parte, el sector más pragmático de Irán es partidario de mantener la unidad durante la guerra, pero manteniendo atención a la preocupación de la población por la economía y de más aperturas culturales y sociales a las restricciones impuestas por el integrismo islamico. Esto, mientras la moneda de Irán sigue cayendo, la inflación se dispara y el desempleo aumenta. Es por eso que un acuerdo final con Estados Unidos es visto como una enorme ganancia para Irán, mediante el levantamiento de sanciones y el retorno de miles de millones en activos pertenecientes al país y que se mantienen confiscados internacionalmente.

Indudablemente, la guerra asimétrica con Estados Unidos y sus aliados ha tenido grandes costos económicos para Irán que se reflejan en el bienestar del pueblo, pero un posicionamiento geopolítico iraní influyente en la región de Asia Occidental es fundamental en las negociaciones de un alto al fuego frente al poderío imperialista estadounidense. No se puede pretender victoria militar total ante un poderío militar de lo que sigue siendo todavía una potencia imperialista en el mundo. Hay que medir dialécticamente todos los elementos de la asimetría militar en la guerra de Estados Unidos contra Irán.

El autor es periodista.

ASPPRO reconoce a dos periodistas de CLARIDAD

Premiados por la ASPPRO Foto Christian Medina Rosado

En los premios de excelencia periodística y periodismo extraordinario

 

CLARIDAD

 La Asociación de Periodistas de Puerto Rico (ASPPRO) premió, el 1 de agosto, a los colaboradores de CLARIDAD Alina de Lourdes Luciano e Iñaki Estívaliz con los galardones de Martiza Díaz Alcaide y César Andreu Iglesias, en la trigésimo segunda (32da) gala de organización.

De los casi 40 finalistas anunciados, el lunes pasado, durante el Junte de Periodistas, 34 recibieron el galardón nacional de periodismo. Aparte de este premio, la ASPPRO destacó los trabajos de prensa escrita redactados, desde la zona de conflicto en Asia Occidental, por Estívaliz como parte de una serie de reportajes-crónicas. Las publicaciones en CLARIDAD le merecieron el galardón extraordinario con el nombre del periodista puertorriqueño.

Asimismo, de modo separado a los premios nacionales, el gremio aplaudió y celebró la carrera de Luciano como veterana fotoperiodista en la profesión. Profesora y mentora de decenas de fotoperiodistas y fotógrafos, el premio de excelencia periodística y trayectoria Maritza Díaz Alcaide le tomó por sorpresa y le mantuvo repitiendo «yo no me merezco esto».

Cándida Cotto y Alina Luciano. Foto Christian Medina/CLARIDAD

“No me lo esperaba. Nunca me había ganado un premio de la ASPPRO. De la Asociación de Fotoperiodistas sí, pero nunca de la ASPPRO. Y yo que me quería ir de la actividad. Recibir el premio de Maritza Díaz Alcaide, que empezó conmigo, es demasiado”, contaba a los colegas y amistades que afluían a abrazarla.

Por otro lado, la ASPPRO concedió los premios nacionales de periodismo a los siguientes periodistas:

 

  1. Cristina del Mar Quiles y Mariela Fullana (entrevista, radio)
  2. Nahiomy Cruz Betancourt (noticia del momento, radio)
  3. Ezequiel Rodríguez Andino (reportaje especial, radio)
  4. Vanessa Colón Almenas (noticia del momento, prensa escrita)
  5. Gloria Ruiz Kuilan (entrevista, prensa escrita)
  6. Joel Cintrón Arbasetti (crónica, prensa escrita)
  7. Vanessa Baerga (reportaje especial, prensa escrita)

    Nydia Bauzá y Vanessa Baerga.Foto Christian Medina Rosado/CLARIDAD
  8. Joel M. Encarnación Martínez, Vanessa Colón Almenas y Wilma Maldonado (reportaje investigativo, prensa escrita)
  9. Efraín Montalbán Ríos (mención honorífica)
  10. José Carlos Sánchez y Yolanda Vélez Arcelay (entrevista, televisión)
  11. Nelson Vega Oliveras, Camille Padilla Dalmau y Laura M. Quintero (crónica, televisión)
  12. Adriana Rozas Rivera (reportaje especial, televisión)
  13. José Carlos Sánchez (reportaje investigativo, televisión)
  14. Luis Sotero (mención honorífica)
  15. Giovanny Vega, Stephaine López, Elián Flores, Andrea Cruz, Gabriela Meléndez y Glorimar Velázquez (noticia del momento, multimedios)
  16. Luis J. Valentín (crónica, multimedios)
  17. Joanisabel González, José A. Delgado, Manuel Guillama Capella, Gloria Ruiz Kuilan, Keila López Alicea y Benjamín Torres Gotay (reportaje especial, multimedios)
  18. Jenniffer Wiscovitch, Gabriela Carrasquillo y Brandon Cruz (reportaje investigativo, multimedios)
  19. Génesis Dávila Santiago (mención honorífica)
  20. Rodrigo Otero Goyco (mención honorífica)

Asimismo, la ASPPRO reconoció a Amanda Pérez Pintado como Periodista Joven del Año. La gala nacional cerró poco antes de la medianoche con una velada entre premiados y colegas.