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¿Qué hicimos con el amor?

Foto por: Adriana Mangones Cervantes

 

 

Con el más sentido respeto, a todos los cuerpos que, desde el 7 de octubre, desnudos y desarmados, han caído.

A nuestra formidable Aurora Levins Morales, puertorriqueña judía de acá y de allá, artista de agua y tierra, palabrera de fuego y aire, con el más indecible agradecimiento.

Lo que quiero preguntar es qué hicimos con la visión una vez la realidad resultó ser sórdida. Lo que quiero saber es cómo fue que la abandonamos. Quiero saber qué hicimos con el amor.  –Aurora Levins Morales, “If I Forget Thee, Oh Jerusalem” (1986)[1]

La base militar se llama Ramey –originalmente, Borinquen Field– y la playa de costa elevada se llama “Survivor’s” (¿sabemos nuestro nombre para ese litoral?). A la gente boricua empobrecida que, hasta finales de los años 30, vivía en esa esquina sublime donde el carácter de retoño volcánico de nuestras islas es tan palmario como en el acantilado del Faro Los Morrillos en Cabo Rojo, el imperio gringo la sacó para construir otro largo ensayo de destrucción.[2] Alrededor, en el llano antes entrecortado por casas de madera y sembradíos de tubérculos y matas de plátano, derramaron un cuadriculado “pueblito” que aún pervive, con cajas –no es un typo– de techos bajos y vocación de embuste cuidadosamente empaquetado. Las calles tienen nombres tan descarados como “Gun Club Road.” Para llegar a la playa de la sobrevivencia, en la que encuentro más surfers extranjeros que boricuas, es preciso pasar junto al campo de golf de Punta Borinquen, el aeropuerto Rafael Hernández y la tan celebrada Lufthansa Technik, una escuela privada todo en inglés, el recinto de Aguadilla de la Universidad de Puerto Rico, el barrio del Truman Show, un museo del “espíritu de Ramey” y el BQN Village de hoteles y casinos. Cruzándose entre tales platillos Petri de persistente colonialismo, hay innumerables células de pasados presentes invisibles, arrasados por el cemento y la desmemoria.

A juzgar por currículos educativos, gestión museológica, atención archivista, producción artística, reconocimiento público y discusión política en el Puerto Rico contemporáneo, nos falta mucho por confrontar del altísimo grado de ocupación bélica y militarización de nuestras islas, su memoria histórica y actual, sus multifactoriales, crueles, efectos. Por ejemplo:

  1. los fortines, murallas y cañones del imperio español, ahora celebrados y vueltos instagramables y “pintorescos”;
  2. las, al menos, 25 instalaciones principales del ARMY, el NAVY y el AIR FORCE y múltiples “menores” a lo largo del siglo XX, construidas a partir de la toma y el despojo con el propósito de practicar, aquí tanto como en el resto de la región y más allá, la matanza a mansalva;[3]
  3. la recurrente –antes forzosa, ahora “voluntaria”– militarización de la población;
  4. el abierto reclutamiento de nuestras juventudes en campus universitarios y campañas publicitarias echando mano, además, del empobrecimiento por diseño del país como arma de seducción a la muerte;
  5. los letales efectos lentos y silenciosos de la condición de veteranía;
  6. el intrínseco vínculo –manifestado en entrenamientos, armas, prácticas y el ethos general de disposición a abusar y matar– entre la policía de Puerto Rico y la militarización;
  7. la trayectoria y la vigencia de la “mano dura”, la política carcelaria estatal y el encierro de comunidades empobrecidas y racializadas;
  8. los efectos intangibles y materiales que ser ensayo de exterminio tiene en un paisaje, en sus especies, en su geología, en su gente.

¡Y ni siquiera he mencionado el peligro exterminador de los armamentos nucleares! Uno de los más dedicados estudiosos puertorriqueños de esta historia, Humberto García Muñiz, ya concluía un ensayo de 1991 con estas palabras:

[…] Puerto Rico [es] el centro de la presencia militar estadounidense en el Caribe. […] es la principal base naval y de escala para llevar a cabo entrenamientos, despliegues regionales de flotas y pruebas de alcance de armamentos. También provee instalaciones portuarias, aéreas y logísticas en apoyo a operaciones navales durante contingencias. La base Roosevelt Roads es un campo de entrenamiento para fuerzas de seguridad suplentes de Centroamérica y el Caribe, y también sirve como base para intervenciones militares en dichas regiones. Puerto Rico, huésped de infraestructura relacionada con armas nucleares a ser activada en tiempos de crisis, incluyendo múltiples instalaciones en diferentes partes de las islas, enfrenta el siempre inminente peligro de accidentes nucleares, o de un ataque nuclear en caso de guerra, como resultado de la infraestructura nuclear localizada aquí, lo que afectará las vecinas islas caribeñas. (mi traducción del inglés)

Es imposible hablar del actual “desplazamiento” –vocablo demasiado liviano para el saqueo que nombra– junto a los cuerpos de agua de nuestro país y, sobre todo, en las costas, sin advertir que se trata de una continuación del carácter militarista de todo imperio, en nuestro caso, el español vetusto o el gringo high tech. Las edificaciones e instalaciones militares son abrumadoramente costeras, pero lo son también los descomunales accesos controlados –militarizados, sin duda– de petro-agro-farmacorporaciones establecidas en nuestras costas “por invitación” del ELA y chuleo cómplice, reiterado, de élites criollas.

Y estos caminos me conducen a nuestra conexión con el horror apocalíptico del ahora. El aparato militar del estado sionista de Israel ha sido –y sigue siendo– en gran parte provisto y financiado por el imperio estadounidense. Como denuncia un cartel del colectivo Se Acabaron Las Promesas que en estos días circula en redes: “Las bombas de Vieques caen hoy en Palestina.” Los “ensayos” y las “prácticas” en las bases militares aquí, en el Caribe, reverberan en acciones exterminadoras contra ese otro territorio sitiado, enjaulado, acorralado por tierra, mar y aire, en el Mediterráneo.

Siempre, y donde sea, cualquier inocente caído es nuestro; la especie ha de reclamarlo. Los miles de hoy en Palestina –y los civiles de a pie en Israel– lo son tantísimo más. Les reclamamos. Y ofrecemos en su memoria, en su honor, todo y cualquier minúsculo gesto de creación, de afirmación, de convicción por la potencia ulterior de la vida. Ofrecemos en su memoria, en su honor, todo y cualquier minúsculo gesto de amor. Así sabremos qué hicimos con él.

[1] Mi respetuosa traducción del original: “What I want to ask now is what we did with the vision when the reality proved sordid. What I want to know is how we gave it up. I want to know what we did with the love.”
[2] Pero no pudo nunca, aquí ni en ninguna parte, derrotar sus espíritus, que siguen haciendo nación inventada y real, como se aprecia con bellísima nitidez en Borinquen Field, la más reciente novela de Marta Aponte Alsina.
[3] Se ofrecen estas cifras en el importante ensayo analítico de Héctor R. Feliciano Ramos, “Las bases e instalaciones militares de Estados Unidos en Puerto Rico y su impacto en la sociedad puertorriqueña”, disponible aquí: https://centroinvestigacionhumanidades.up.ac.pa/sites/fachumanidades/files/revista10_11/Hector%20Feliciano.pdf

Breves de verano-3

 

En Rojo

 

Sigo con mis columnas de “Breves de verano” para poder comentar lo que puedo ver en las salas de cine cuando estoy en Puerto Rico y lo que escojo para ver y escribir en streaming. No cambio la estación del año porque hasta mediados de noviembre, cuando oscurece demasiado temprano para mi, no pasamos a nuestra 2nda estación: invierno lluvioso y friiito.

Netflix, valientemente (otros dirán convenientemente), ha rescatado de su archivo el documental Nacido en Gaza de 2014, del director, autor, cinematógrafo y fotógrafo de guerra argentino radicado en España, Hernán Zin. Recoge la destrucción causada por el ejército israelí al comenzar a bombardear ciudades de Gaza el 8 de julio, seguido de una invasión terrestre el 17 de julio y un alto al fuego el 26 de agosto. Escoge la mirada y los testimonios de diez niñxs de 6 a 11 años, tres meses después de los bombardeos. Caminan con el crew a los lugares donde vivían, trabajaban sus padres, jugaban con sus hermanos y amigos, iban a la escuela, los centros donde recibían las ayudas humanitarias de las Naciones Unidas y otras entidades que Israel haya autorizado. Sus viviendas en edificios multipisos o casas han sido reducidas a escombros. Tratan de salvar lo poco que queda: ollas, platos, cubiertos, pedazos de mesas, almohadones, mantas, cojines, ropa, juguetes. Y siempre existe el miedo que los bombardeos reanudarán y otros miembros de la familia perderán sus vidas ya que ni las ambulancias ni los centros de cuido están exentos de destrucción.

Los lugares donde transitan los niños pueden parecer abiertos, pero la realidad es que esa sensación de espacio existe por la destrucción de edificios, calles, sembrados, carpas, parques y miles y miles de viviendas. El mar parece ser la única salida para pescar, transitar, transportar materiales y tener otra vía para expandir. Pero no es así, el mar, como todo el acceso por tierra, está limitado por la marina israelí que no permite la entrada de ningún cargamento que ellos no aprueben y que no permiten el acceso de los botes de pesca palestinos más allá de los buques que tienen sitiados a esta población.

Los seis niños (Mohamed, Udai, Mahmud, Rajaf, Montasem, Hamada) nos hablan de lo que existía antes del bombardeo, de sus familiares y amigos muertos o heridos y de cómo sobreviven. Las cuatro niñas (Sondos, Malak, Bisan, Haia) nos hablan de cómo ayudan a sus madres, hacen filas para obtener las ayudas de la ONU, la destrucción de su escuela y la más pequeña de sus heridas y visitas al hospital. Ningunx es tímidx; todxs tienen un espíritu combativo que lxs hace pensar en un futuro. Yo, hoy, desde este presente, me pregunto ¿cuántos de estos niñxs, ahora adultos, siguen vivos y cuántos otrxs morirán mientras las tropas de Israel marchan en su empeño de exterminar a la población palestina?

Golda, dirigida por Guy Nattiv—quien también dirigió el corto Skin que comenté en los “Breves” anteriores—es un largometraje de 2023, filmado con la apariencia de ser blanco y negro para dar la impresión de ser un documental de la época ya que una parte sustancial es pietaje de la guerra de 1973. Tiene como guionista a Nicholas Martin, cinematógrafo a Jasper Wolf y, al centro, el conflicto bélico de Yom Kippur y cómo lo manejó su Primera Ministra, Golda Meir. Helen Mirren interpreta a esta mujer de hierro, que intentó mantener a Israel como un país unido y fuerte que podía derrotar a sus enemigos y nunca negociar el territorio usurpado en la guerra de los 6 días de 1967 (Gaza, Sinaí, West Bank, Golan Heights). El director escoge montar su historia en el presente y dramatizar así las negociaciones entre sus asesores militares, mientras ella se encargaba de la vía diplomática. La diplomacia se reduce a convencer a los EEUU de proveerle más armas y dinero. Nunca se contempla “hablar” con el enemigo ya que Egipto y Siria se consideran los agresores y enemigos mortales.

El otro escenario que incluye el filme, meses después de la retirada de Egipto y Siria, es la comparecencia de la Primer Ministra ante la comisión que investiga los errores de esa guerra donde murieron más de 2,600 soldados israelíes. La cámara descansa totalmente en Golda Meir con su vestido uniforme, su cartera y su perenne cigarrillo. El escenario personal e íntimo es Meir en su tratamiento para linfoma que se hace en secreto y con los mejores médicos de su época. Nada ni nadie puede intervenir con sus responsabilidades de dirigente de Israel. Estos tres escenarios de encerramiento, terminan con pietaje de la visita de Anwar Sadat al Knesset en Israel en 1977 y parte del discurso de Meir en esa ocasión.

Bella, de la directora Bridget Murnane (guionistas Alex Bushe y Pat Verducci; cinematógrafo Morgan Sandler) es un hermoso documental de 2022, que le rinde homenaje a una coreógrafa experimental de la danza moderna, Bella Rebecca Lewitzky (1916-2004), que se desarrolla en California desde la década de 1930 y que no es tan conocida por no residir en el centro del desarrollo del baile: Nueva York. Basado en sus recuerdos, Bella es la narradora de su propia historia como bailarina con pietaje de sus performances, ensayos, entrevistas y vida pública. Nosotrxs, el público, vemos su trayectoria desde una joven de 18 años que se integra al grupo del diseñador de modas, Lester Horton, y fundan el Dance Gallery, único lugar dedicado totalmente a la danza. Se separa para formar su propia exitosa compañía de danza independiente, Lewitzky Dance Company con lugar propio, diseñado por su marido Newell Taylor Reynolds, arquitecto y diseñador de decorados que crea el lugar perfecto para el concepto de danza de Bella. Como espectadorxs, vemos ensayos y parte de las piezas coreografiadas por ella, además de escenas de su larga carrera como bailarina.

En 1951, Bella fue citada por el House of Unamerican Activities del Congreso de los EEUU en su persecución de artistas críticos de las políticas del gobierno que ese grupo de políticos insistían que eran comunistas, la peor descripción para cualquier ciudadano normal. Cuando le pidieron que nombrara los subversivos/comunistas que eran parte de su círculo cultural, Bella les contesta: “I am not a singer, I’m a dancer”. Estuvo “blacklisted” por esta acción de la cual siempre se sintió muy orgullosa. En 1990, renunció a fondos otogados por el National Endowment of the Arts (NEA) cuando el gobierno obligaba a los recipientes a firmar un juramento de no crear nada obsceno de acuerdo a su definición. Bella demandó al gobierno por esta imposición que luego fue declarada inconstitucional. Sorpresivamente para aquellos que intentaron censurar a los artistas, la NEA la escoge para recibir la Medalla Presidencial de las Artes de 1996 de manos del presidente Clinton. Bella acepta este reconocimiento como su despedida de esta carrera tan fructífera y la última presentación de su compañía de 30 años que cierra con “Four Women in Time” inspirado en la obra de la artista feminista, Judy Chicago. Y, gracias al documental, nosotrxs podemos disfrutar de esta excelente coreografía de Bella.

¿Quién no quiere estar en un filme de Wes Anderson? Pues en Asteroid City, el director reclutó a toda su tropa (Bryan Cranston, Edward Norton, Jason Schwartzman, Jake Ryan, Scarlett Johansson, Grace Edwards, Maya Hawke, Rupert Friend, Jeffrey Wright, Hope Davis, Steve Park, Liev Schreiber, Tom Hanks, Aristou Meehan, Matt Dillon, Bob Balaban, Tilda Swinton, Jeff Goldblum, Adrien Brody, Rita Wilson, Willem Dafoe, Margot Robbie)—la que aparece en sus inventos cinematográficos—para una narración de un ensayo de una obra escrita por alguien real o uno de los personajes de la historia más abarcadora que incluye de todo un poco para su ubicación. El lugar es el desierto (Arizona/New Mexico/Nevada), donde comparte el espacio con el campo de tiro de un proyecto secreto que tiene múltiples explosiones. Se dan varias actividades simultáneas que atraen a una diversidad de grupos: la pérdida de un ser querido y el acercamiento con el abuelo extraño; concurso de proyectos científicos; excursiones de estudiantes para ver los cambios cósmicos; ensayo de una película; la llegada y salida de un extraterrestre; la militarización de la zona; el espacio reservado para la científica de renombre; las competencias entre jóvenes para medir su inteligencia, entre muchos más. Ya el análisis—o uno de los posibles—lo hizo el crítico de cine, Juan Ramón Recondo en una columna anterior, pero quería incluirlo en mis breves ya que ahora está disponible en streaming, como también su cortometraje, The Wonderful World of Henry Sugar, con Ben Kingsley y, de nuevo, con su gran elenco de colaboradores.

 

 

Crucigrama Mario E. Velázquez Rivera

Especial para En Rojo

Horizontales

2. Natural de Viena, capital de Austria, fem.
8. Paz _____ la Tierra: composición de Velázquez.
9. Cuando se nos muera _____ verde: composición de Velázquez en honor al escritor Enrique Laguerre.
11. Alga verde.
13. Mario _____ Velázquez Rivera: poeta y cantautor puertorriqueño y defensor de nuestra cultura. Autor de la canción «Ponle por nombre Jesús».
15. Excavas.
17. Unidad monetaria oficial de Rumania.
18. Llevan a remolque una nave.
20. Este planeta _____ de todos: composición de Velázquez.
21. Cedazo muy tupido.
22. Asistid.
23. Actuar, trabajar.
25. _____: libro de décimas de Velázquez. El título del libro es la primera décima escrita por él a los 13 años.
27. A nivel.
28. _____ Enrique Velázquez Rivera: autor de «La Candelaria», «Cuentos para despertar», «Emmanuel, el de Loíza Aldea» y «Todavía hay Navidad».
32. De esta manera.
33. Del verbo enacerar.
36. _____ niños Jesús del mundo: composición de Velázquez37. Ponle _____ nombre Jesús: composición de Velázquez.
38. Mario E. _____ Rivera: Doctor Honoris Causa, distinción honorifica otorgada al compositor en 1998 por el Senado Académico de la UPR-Humacao.
42. _____ Luna: novela de Isabel Allende.
43. Raspa.
45. _____ a la niña Mariana: himno escrito por Velázquez a uno de los barrios de Humacao.
47. Hijo de Adán y Eva.
49. Agarraderas.
50. _____: municipio de la provincia de Huesca‎, España.
51. Todavía _____ Navidad: composición de Velázquez.
52. Mi canción es _____: composición de Velázquez.

Verticales

1. _____: ciudad natal de Velázquez.
2. ¡Tantas _____ Pedro!: composición de Velázquez en honor al patriota Pedro Albizu Campos.
3. Símbolo del indio, elemento químico metálico.
4. 4 de _____ de 1947: nacimiento de Velázquez.
5. Conozco.
6. Emmanuel, el de Loíza _____: composición de Velázquez.
7. Carta cantada a don Juan _____: composición de Velázquez en honor al poeta y patriota Corretjer.
10. Mario E. Velázquez _____: ha destacado como autor de música tradicional navideña. Autor de «Ícaro». Sus composiciones han sido grabadas por Danny Rivera, Andrés Jiménez, Mapeyé y Flora Santiago, entre otros.
11. Adorno que se dibuja en torno de lo escrito o impreso.
12. En este lugar.
14. Con _____ las flores vengo: composición de Velázquez.
16. Cocinase a la brasa.
19. Costarricense, fem. pl.
24. Pujanza, ímpetu.
26. Puerto _____; patria de Velázquez.
28. Apócope de madre.
29. Antes de Cristo.
30. Símbolo del iridio.
31. Juego infantil hondureño.
34. Noticias.
35. Inventáis.
38. Conducto de la sangre.
39. Perteneciente o relativo a la lana.
40. Séptimo planeta del sistema solar.
41. Décima a _____ Gandía: composición de Velázquez en honor al escritor y político arecibeño.
44. De mi voz nació _____ luz: composición de Velázquez.
46. Carta de la baraja.
47. Símbolo del calcio.
48. _____ Candelaria; poema de Velázquez.

Para no conformarnos con el nuevo libro de Nelson Rivera

 

Una reseña de Inconformes & disidentes arte puertorriqueño del siglo XXI

Hace rato la historiografía del arte puertorriqueño necesita una revisión y actualización y el nuevo libro de Nelson Rivera, Inconformes & Disidentes: arte puertorriqueño del siglo XXI (Isla Negra 2023) viene a ser un abrebocas con el propósito de abrirnos el apetito. En este sentido, es un libro absolutamente necesario en el que el autor le toma la temperatura a la producción artística contemporánea; pero lo que no escribe quizás habla más del panorama actual del ecosistema del arte en Puerto Rico. En general, el proyecto se siente como una publicación impresa con mayor urgencia que aquella que Rivera publicara en 2009. Sin embargo, este nuevo libro –que viene a conformar una especie de trilogía de publicaciones sobre las artes puertorriqueñas junto a Con urgencia (2009) e Hinca por ahí (2016)– es mucho más corto que sus proyectos anteriores, tanto como una tercera parte de la extensión de sus publicaciones anteriores. Aunque no menos importante, definitivamente Inconformes & Disidentes deja a los lectores de Rivera con las ganas de leer más, lo cual personalmente, he tomado como una invitación, una llamada a la acción, más que como agotamiento.

A diferencia de sus libros anteriores, la nueva publicación no recoge textos previamente publicados, lo cual hace gravitar inmediatamente hacia la situación actual de los espacios de publicación disponibles para las artes. Diálogo fue uno de los portales en los que Rivera publicó varios textos que luego fueron impresos en sus libros y esa plataforma ya no existe. Claridad, otro de los rotativos que publican su trabajo –aunque continúa dando la buena batalla–, actualmente confronta problemas económicos que le han dificultado muchísimo el imprimir nuevos números, por lo que se ha visto obligado a permanecer en línea y modificar su periodicidad (algo que no es nuevo para este periódico, pero que definitivamente se ha empeorado con la inflación y el desastre económico-político de Puerto Rico). Otro portal cibernético en el que Rivera ha publicado bastante en el pasado es 80 Grados y también ha sufrido bajas en sus filas que le dificulta publicar artículos con la premura que requieren, por ejemplo, las críticas de exposiciones. Ni hablar de los diarios que solían publicar columnas sobre arte con regularidad. De modo que Inconformes & Disidentes parece nacer de la propia inconformidad del autor y como respuesta a la situación actual.

El propósito del libro es demostrar que la escena artística puertorriqueña continúa firme, contra viento y marea, en este nuevo siglo, lo cual ciertamente demuestra sin problema alguno. Irónicamente, aunque recoge un listado bastante completo de publicaciones sobre arte que han nacido durante las últimas dos décadas, este mismo ejercicio acusa la escasez de publicaciones impresas en Puerto Rico. Por esta razón, aunque acaba de salir, esta lectura se siente vieja, ya que Rivera habla en tiempo presente sobre espacios digitales y físicos que existían a finales de 2020, pero que ya en los últimos tres años han desaparecido. La introducción confirma que el texto está listo desde 2021 y el rigor académico le convidó a limitarse a esas primeras dos décadas del nuevo milenio; el atraso en la impresión es comprensible con la crisis general que ocasionó el COVID 19 y los altos costos del papel. Sin embargo, este detalle pone de relieve el hecho de que en Puerto Rico no se ha publicado un libro de historia del arte por lo menos desde el año 1998.

Es cierto que se han publicado gran cantidad de catálogos de exposiciones, libros monográficos y textos temáticos. Los libros anteriores de Rivera son compilaciones de ensayos, conferencias y críticas de arte (Hinca por ahí, se expande a otros temas, pero incluye varios textos sobre artes visuales). Pero hace más de veinte años que no se imprime una historia del arte que revise el trabajo anterior a la luz de los nuevos hallazgos y que actualice el trabajo de la Hermandad de Artistas Gráficos de Puerto Rico cuando publicaron Puerto Rico: arte e identidad (1998). La situación empeora al tomar en consideración el argumentado que hemos hecho algunos sobre este último libro: que no constituye propiamente una historia del arte, puesto que omite casi toda la producción artística previa a la pintura de Campeche y tampoco incluye arquitectura, fotografía, ni los nuevos medios que ya a finales de los 80s comenzaban a desarrollarse en el archipiélago borinqueño. Para hacerle justicia, hay que aclarar que este libro nunca afirma ser una historia del arte; si lo tomamos como una publicación temática, cuyo fin es el demostrar que el gran tema de nuestro arte a la altura de finales del siglo XX es la afirmación de la identidad nacional, hay que aceptar que, con sus luces y sombras, ha sido exitoso. No obstante, esto implica que no se ha publicado una historia del arte de Puerto Rico desde 1994: la Historia General de Artes Plásticas en Puerto Rico, Tomo 1 de Osiris Delgado. Pero “a falta de pan cazabe”, así que hemos hecho de Puerto Rico: arte e identidad la biblia de la historia del arte puertorriqueño, y esto convierte a quienes ha desmontado los argumentos que ahí se esgrimen, entre los que se encuentra Nelson Rivera, en herejes. Un título que, al autor en su disidencia, no parece molestarle en absoluto y que reafirma en Inconformes & disidentes al crear una especie de glosario del arte contemporáneo puertorriqueño en el que consolida los argumentos que había estipulado anteriormente.

 

Luego de la reflexión sobre la situación de la historiografía del arte en Puerto Rico, y la utilidad de este texto, los estándares del autor de “Picarse las patas, esto es, hacer crítica de arte en Puerto Rico” (2009) me convidan a hacer algunas críticas de Inconformes & disidentes. La metodología, por ejemplo, resulta curiosa por su hibridez; se entiende que Rivera se formó en la academia del siglo pasado, aunque su enfoque sea el arte contemporáneo. Me refiero, por ejemplo, a su insistencia en marcar cada siglo con un genio artístico que sobresale de entre sus contemporáneos. Yo creo en las palabras de Max Ernst cuando afirmó que “El arte no lo no produce un artista, sino varios. Es, en gran medida, producto del intercambio de ideas entre ellos”. Por otro lado, las categorías en las que divide a los artistas cada vez funcionan menos y el propio autor lo reconoce al mencionar que a algunos lectores les sorprenderá encontrar a una artista particular dentro de una sección en la que no parece encajar, pero inmediatamente defiende su decisión de catalogarla en bajo esa etiqueta. Con algo de ironía, al final del libro se ve obligado a incluir una sección titulada “Medios interdisciplinarios”, por lo que impera la pregunta: ¿existe algún artista vivo que no sea interdisciplinario? Amén a que usualmente hay uno o dos medios que cada artista maneja mejor que los otros y que suelen marcar su carrera. Empero, incluso quienes practican la pintura, cual devotos de una antigua fe, también practican el dibujo, por lo que no le veo la utilidad al pasar juicio sobre si es mejor pintor o dibujante, pues estas dos disciplinas son complementarias. Las categorías contempladas en el libro son: Pintura, Dibujo, Escultura, Grabado, Fotografía, Cerámica, Video, Performance y Medios Interdisciplinarios, por lo que me pregunto en cuál de estas deberíamos clasificar la pieza sonora del propio Nelson Rivera que consiste en una guagua “tumba cocos” que repite “este es un ruido innecesario”. Claro está, este sistema de clasificación no es una invención de Rivera y si algo nos demuestra este disloque es la necesidad de que las metodologías de la historia del arte se adapten a los tiempos. (Un tema de moda en la academia, la cual actualmente cuestiona desde las etiquetas que arrastramos desde los escritos de Johann Joachim Winkelmann, hasta si es necesario o no el ofrecer cursos introductorios de “arte occidental”, entre otras cosas.) Se entiende que el resolver estos asuntos es una tarea para la que no hay espacio en Inconformes & disidentes, sin embargo, Rivera sí podría haber consolidado la cerámica con la escultura, ya que menciona que ha sido aceptado el barro como un medio más dentro de las artes visuales.

La introducción del nuevo libro de Rivera da la impresión de que basó su investigación en un trabajo de archivo, realizado principalmente en el Centro de Documentación de Arte Puertorriqueño del Museo de Historia, Antropología y Arte de la Universidad de Puerto Rico, por lo que supongo que los artistas que omite son aquellos que no han sido bien documentados. Se sabe también que Puerto Rico cuenta con una gran cantidad de artistas y que este trabajo no pretendía ser una publicación tipo Las vidas de Giorgio Vasari, aunque Rivera lo cite en su epígrafe. No obstante, sorprende no encontrar nombres como los de Enoc Pérez y Brenda Torres, así como los de artistas más jóvenes con carreras bien definidas que nos han representado en foros internacionales como lo son Tari Beroszi y Natalia Lasalle. Se excusarían las omisiones de no ser por el estilo de glosario que se le imprimió al texto al colocar en negritas los nombres de los artistas que se discuten y porque se incluye, con justicia, a artistas jóvenes que tienen carreras más cortas.

Con todo, como historiador del arte, no puedo tomar esta publicación de otra manera que no sea como una provocación hacia mi gremio, en especial a los historiadores de las últimas generaciones. Supongo que toda crítica puede ser contestada con un simple: hazlo tú, es tu turno. Por lo cual tomo Inconformes & disidentes: arte puertorriqueño en el siglo XXI como un pase de batón; y como tarea pendiente: el incluir a los que Rivera ha dejado fuera de su dramática lista de cuatro páginas de extensión en la que recoge a la mayoría de nuestros artistas y el rescatar a los que han sido olvidados por el discurso oficial del “arte en Puerto Rico”. El proyecto que nos propone Rivera es claro: una historia del arte puertorriqueño. Huelgan las preguntas, ¿qué estamos esperando? ¿Acaso a que una fundación estadounidense nos ofrezca una beca para desmontar su propio colonialismo?

 

 

Gala Pro-fondos del Carromato del Teatro Universitario y presentación de El Gran Circo Eucraniano de Myrna Casas

El icónico Teatro Rodante del Departamento de Drama de la Universidad de Puerto Rico se honra en presentar la obra El Gran Circo Eucraniano, de Myrna Casas, del 7 al 19 de noviembre de 2023 en el Teatro Julia de Burgos, bajo la dirección de la actriz y profesora Rosabel Otón Olivieri. El diseño de vestuario está a cargo del profesor Miguel Vando; la escenografía es del profesor Israel Franco Müller y las luces del profesor Nicolás Luzzi.

La presentación de la obra es parte del homenaje póstumo que se le rendirá a la Dra. Myrna Casas, en una Gala Pro-Fondos del Carromato del Teatro Universitario, el viernes, 10 de noviembre de 2023 a las 7:00 p.m. en el Teatro Julia de Burgos. Durante décadas, el carromato ha sido el emblema por excelencia del Departamento de Drama. Este fue ideado por Leopoldo Santiago Lavandero y Rafael Cruz Emeric en los años 1940, con la misión de llevar las producciones teatrales universitarias a todos los confines del País. El carromato ha sido y continúa siendo el principal laboratorio artístico para miles de estudiantes y teatreros del país, que se han formado sobre su escenario.

La entrada a la Gala benéfica tiene un costo de $50 por persona. Luego del homenaje póstumo a la Dra. Myrna Casas, los asistentes tendrán la oportunidad de ver la obra y compartir después en un cóctel que se llevará a cabo en la Galería Francisco Oller de la Facultad de Humanidades. “Será una excelente oportunidad para compartir con exalumnos y exprofesores de Drama, así como con los compañeros actores para los que Myrna Casas escribió la obra. Además, el artista Rafi Trelles se ha unido a los esfuerzos del Departamento de Drama con el fin de plasmar tan memorable ocasión, realizando un hermoso cartel conmemorativo”, expresó la Dra. Jessica Gaspar, directora del Departamento de Drama. La obra de Trelles tiene un costo de $50 y se podrá obtener, firmado por el propio artista. Los interesados en asistir a la gala y/o adquirir el cartel, pueden hacer su reservación enviando un mensaje a: drama.rrp@upr.edu. El cartel conmemorativo pueden recogerlo en la oficina del Departamento de Drama del 1- 9 de noviembre de 9:00 a.m. a 4:00pm.

Los métodos de pago, tanto para la gala como el cartel, son cheque o giro postal a nombre de Donativo Departamento de Drama o efectivo.

Las funciones serán los días 7, 8, 11, 13, 14, 15, 17, 18 de noviembre a las 8:00 p.m. y 9, 12, 16, 19 de noviembre a las 4:00 p.m. Habrá funciones escolares los días 9, 16 y 17 a las 10:00 a.m. Para coordinar, favor de comunicarse mediante mensaje de texto al (787) 645-1473.