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Reconstrucción entre el desdén y el tumbe

 

CLARIDAD

Una de las palabras que con mayor frecuencia escuchamos en Puerto Rico es “reconstrucción”. Tal vez no se repite tanto como “transparencia”, que sin duda alguna es la palabra más pronunciada (y más hueca), pero está cerca. Desde que el huracán María destrozó nuestro país el 20 de septiembre de 2017, todos los gobernantes, los de la colonia y los del imperio, atestiguan y juran su compromiso con la reconstrucción de la isla, pero poco se logra.

Las cifras que se prometen para lograr la reconstrucción anhelada rondan en decenas de miles de millones de dólares, y las áreas a ser “reconstruidas” incluyen las que cualquier país considera esenciales, a saber, viviendas, el sistema eléctrico, el de carreteras y el de agua potable. Sin embargo, ni el dinero se materializa ni las áreas esenciales resultan atendidas. Por ejemplo, el sistema eléctrico que se derrumbó en 2017, cuando un huracán categoría 5 arrasó todo el país, volvió a derrumbarse en 2022 cuando otro huracán de inferior potencia, apenas categoría 1, afectó solamente la parte suroeste.

¿Por qué se avanza tan poco en esa necesaria “reconstrucción”? Por dos razones. En primer lugar, porque no es posible reconstruir desde el desdén o desde el “desprecio colonial”.  En segundo lugar, porque tampoco es posible reconstruir un país si quienes tienen la responsabilidad de hacerlo, ya fuere como dirigentes o ejecutores, están pensando, no tanto en la ganancia, sino en una palabra que todos los puertorriqueños conocen muy bien: el tumbe.  Cuando el desdén o la desidia se juntan con el afán por el tumbe, poco se logra.

La palabra “desdén” y la frase “desprecio colonial” las utilizó Arcadio Díaz Quiñones en una entrevista reciente de José Delgado para El Nuevo Día, y nos sirven muy bien para explicar por qué la reconstrucción de Puerto Rico no avanza. Si le añadimos las frases “burocracia insensible” y “paternalismo colonial”, tenemos el círculo completo.

Cuando nos arrasó el huracán María la administración de Donald Trump apenas comenzaba en Estados Unidos. Por delante habría un largo periodo de tres años y tres meses en los que ese individuo y su claque controlarían parte del Congreso y toda la Rama Ejecutiva. Si algo caracterizó a ese grupo controlador, en cuanto a la actitud hacia Puerto Rico, es el desdén y el desprecio colonial, que menciona Díaz Quiñones. Y no me refiero a los rollos de papel que vino a lanzarle a un grupo de boricuas, sino a los actos que efectivamente impidieron que los fondos aprobados con mucha fanfarria en el Congreso se canalizaran en forma de programas de reconstrucción. Durante esos tres años sólo una porción muy pequeña de lo asignado pudo percolarse por el muro de contención trumpista. Ese bloqueo debió concluir en enero de 2021, cuando la nueva administración demócrata tomó posesión, pero la densa burocracia federal y el paternalismo colonial de los nuevos administradores siguió impidiendo que la ayuda tan promocionada pudiera llegar.

Pero, aún con dinero disponible, tampoco es posible reconstruir un país si lo que prevalece es la mentalidad del tumbe. Ante esta afirmación, seguramente muchos estarán pensando en la jauría de buscones -primos terceros, amigos y correligionarios- que durante décadas han controlado el gobierno puertorriqueño. Obviamente estoy pensando en eso, pero también en el grupo cada vez más grande de empresarios que, como los míticos “carpetbaggers” de la reconstrucción sureña, llegan desde Estados Unidos a chuparse los fondos de reconstrucción.

Tal vez el mejor ejemplo de ese tumbe empresarial es el grupo de empresas contratadas para trabajar con el sistema eléctrico luego del huracán de 2017. De aquellas se recuerdan muy bien los nombres de Cobra y Whitefish, sobre todo la primera, que se chupó alrededor de dos mil millones de dólares luego de que FEMA y el Cuerpo de Ingenieros la contrataran en 2017 para la reconstrucción del sistema eléctrico. La facturación fue millonaria (billonaria en el caso de Cobra) dejando tan solo la chapucería que luego quedaría evidenciada. A esas dos empresas le siguió Luma, que es el mismo tumbe con otro nombre.

A los “carpetbaggers” del norte se unen los primos, amigos y correligionarios del PNP que obtienen los contratos para la rehabilitación y construcción de viviendas y otras estructuras. En muchos casos se trata de “empresas” creadas a la carrera, sin capacidad de ejecución, con solo el tumbe como norte. Ese festín desenfrenado provoca, a su vez, que desde agencias federales impongan mayores controles, creando un círculo vicioso que detiene la reconstrucción.

Ante ese cuadro, el Centro para la Nueva Economía (CNE) propuso la creación de un “task force”, integrado por funcionarios estadounidenses y puertorriqueños, que controle el proceso. Parece una buena idea, pero hasta ahora la única respuesta de la administración de Biden fue decir que su Secretaria de Energía, Jennifer Granholm, supervisaría la reconstrucción eléctrica. Luego del anuncio, la designada realizó una visita relámpago a Puerto Rico para dos o tres fotos. Mientras ella se paseaba con aires de actriz de Hollywood, los apagones se repartían por el país y el FBI se aprestaba a allanar a los “primos terceros” del gobernador Pierluisi que guisan en el Departamento de Vivienda.

Tal vez la propuesta del CNE produzca desarrollos positivos. Ojalá, pero todos sabemos que para lograr la verdadera reconstrucción infraestructural es necesario otra que logre acabar con el bipartidismo corrupto. Ese será un primer gran paso. Acabar con el “desprecio colonial” sería el otro.

 

El gobierno no tiene razón alguna para privatizar las Cuevas de Camuy

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

No es cierto que se necesiten  de $20 a $30 millones para la rehabilitación de las instalaciones del Parque de  las Cavernas de Camuy, como alega el Gobierno, denunció a CLARIDAD el exdirector ejecutivo de la Compañía de Parques Nacionales (CPN),  licenciado Samuel González.

“No  sé quién en el Gobierno tiene ese número. Fue el mismo que dieron para el zoológico de Mayagüez y son los mimos números que siguen dando para todos lados”, declaró.

La intención del gobierno de Pedro Pierluisi de establecer una alianza público privada para la administración el Parque Nacional de las Cuevas de Camuy fue declarada por el  director de la  Autoridad para las Alianzas Público Privada (AAPP), Fermín Fontánez, durante una vista pública de la Comisión de Hacienda de la Cámara de Representantes. Según Fontánez, este es uno de los proyectos prioritarios de la AAPP, y  fue  el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) quien hizo la petición.

El exdirector de CPN, cuando la agencia todavía  no estaba subordinada al DRNA,  indicó que la administración del parque de  Camuy era una de las instalaciones que mayores ingresos le generaba a la compañía: más de $1.2 millones al año.  El parque tenía la particularidad de que la mayoría de los trabajadores eran del área de los pueblos cercanos Camuy, Lares y Hatillo.

“Muchos corrieron de niños por esas facilidades que representaban un activo económico para la región. Eso se evidencia en la carretera 129, los restaurantes  y comercios que se desarrollaron en los alrededores. Había como un triangulo turístico con el observatorio de Arecibo,  el  monte de Utuado y las cuevas”. González destacó también el trabajo y colaboración que hizo la Sociedad Espeleológica en el parque. El sistema de las cuevas de Camuy es uno de los primeros tres sistemas de cuevas subterráneas en el mundo.

Respecto a la suma que alega la secretaria del DRNA, Anaís Rodríguez, se requiere para la rehabilitación del parque, González señaló que,  la  pregunta que hay que hacer es cuál es el estatus de la reclamación del DRNA con relación a los seguros y qué le ha reclamado a FEMA por los daños ocasionados por el huracán María en el 2017.  Recordó que el 24 de marzo del 2021, el parque fue reabierto y, según se informó a la Prensa, lo que se gastó fue medio millón. Esta cifra se repartió entre $125 mil de Foundation for Puerto Rico, $60 mil de la  Compañía de Turismo y $125 mil del propio DRNA. Incluso, en su reapertura, el mismo gobernador Pierluisi hizo declaraciones de que las pérdidas por María fueron de $ 5 millones y que FEMA en ese momento todavía no había desembolsado el dinero.

González afirmó que lo que ocurre es que el DRNA entró en un proceso de desmantelamiento y quiebra del parque a propósito, para un proceso de privatización.  “Es lo mismo que estamos viendo en Humacao después de María, en las villas que se destruyeron en el  Centro Vacacional de Boquerón,  que generaba $3 millones o más. Cuando María,  las 100 villas nuevas lo que sufrieron  fue poco. No hubo ningún interés en reparar ese parque y terminó prácticamente cayéndose todos los techos. Lo mismo acontece con el balneario de Luquillo”.

Resumió que la cifra de $30 millones es para asustar a la gente, y que tanto ese argumento como el abandono de las facilidades tienen como propósito la privatización.

 El Gobierno no quiere asumir responsabilidad

 En entrevista por separado,  Arturo Massol Deyá, de la organización Casa Pueblo de Adjuntas, reaccionó: “Si el Gobierno no puede, es incapaz o si no quiere asumir la responsabilidad, de seguro tienen que existir comunidades organizadas y sectores comprometidos con las cuevas de Camuy que no tienen el afán de lucro ni de la explotación de la naturaleza, que podrían hacer el trabajo veinte veces mejor que ellos”.

El  director asociado de Casa Pueblo, organización que maneja un bosque comunitario en Adjuntas, fue enfático en señalar que en lugar de estar buscando una APP, el DRNA debería invitar a hacer un acuerdo comunitario. “Eso es lo que deberían estar persiguiendo para que la tierra y todo quede en manos del país de una forma u otra; que ya hay ejemplos de comanejo, que miren esa oportunidad, Que dejen el gobierno si no quieren gobernar, que no gobiernen, eso es lo que parece”, expresó respecto a la política de privatización.

Un bien público

Otro que se expresó categórico en contra de una APP fue el experto en Derecho Ambiental, profesor Pedro Sadeé Lloréns.  Aunque reconoció que el Estado tiene la facultad de otorgar concesiones para uso y disfrute, el que sea un bien de dominio público hace que se deba considerar  de manera cuidadosa cualquier concesión.

“No es que sea ilegal per se, pero es para hacerlo más delicado todavía. En este caso no hay ninguna razón para entregarle la explotación de ese parque a una empresa privada. Independiente del asunto legal, este es un caudal de tanta importancia, que ha demostrado que es económicamente viable, que no hay justificación económica en términos operacionales”.

Nunca vamos a estar a favor en   privatizar un bien común.

Esa es también la postura de la organización Sierra Club, capítulo de Puerto Rico (SCPR), expresó la organizadora de Justicia Ambiental  Hernaliz Vázquez Torres. La activista ambiental hizo referencia a que en  el 2020, junto a una coalición de organizaciones, han desarrollado la campaña Acción Climática ahora. La campaña  tiene 10 puntos mínimos para una gobernanza que atienda la crisis climática. Dentro de esos diez puntos  está el tema de la protección de los bienes comunes para poder  detener la crisis climática.

“Es decir, ver y detener la cosa antes, no después que pasó el desastre. Dentro de eso es necesario dejar de mirar los recursos naturales como unos recursos de enriquecimiento y de venta para beneficiar a unas terceras partes que no ponen en prioridad las comunidades que son vulnerables, las primeras líneas de defensa. Esa siempre va a ser nuestra postura con los bienes comunes. No creemos en la privatización”.

Añadió que aunque en estos momentos el trabajo de SCPR está más dirigido al tema energético y de desperdicios sólidos, todas las luchas se tienen que dar a la vez. Esto quiere decir que no se puede estar hablando de cambiar el sistema energético, de atender los desperdicios y por otro lado estar privatizando los bienes comunes.  “Hemos tenido un montón de historias de que esa no es la solución. Al contrario, empeora y le quita a la gente unos bienes que son  necesarios: culturales, ambientales; entiéndase, todos ellos”.

Una medida que el SCPR está tratando de impulsar es el proyecto de la Cámara, PC 474, Legitimación Activa Ambiental, añadió. La medida fue presentada por la delegación del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC).

Vázquez Torres, expuso que la  lógica del Derecho es que las personas  tienen que demostrar un daño real, económico y físico, para poder intervenir en los procesos que tienen que ver con permisos y otros aspectos ambientales, por lo que es necesario tener esta legitimación activa para que todas las personas puedan ir a defender los bienes comunes. “Esto podría  darnos una herramienta esencial para detener la privatización y otros desastres y  la corrupción ambiental que se están dando en el país”.

 

 

 

 

Mirada al País-Gracias a la música

 

Especial para CLARIDAD

Las últimas semanas han requerido a muchos y muchas de una fortaleza especial ante las tristes noticias de partida de seres irrepetibles que se han sucedido uno detrás del otro. Comenzamos con Paquita Pesquera el 15 de septiembre, Noel Colón Martínez el 7 de octubre, seguido de la súbita muerte de Edgardo Román Espada el martes 18 de octubre y el fallecimiento víctima del cáncer da Aleida Centeno. Entre estas cuatro personas hay dos generaciones de luchadores inclaudicables por la independencia de Puerto Rico, los derechos económicos y sociales, la protección del medio ambiente, los derechos económicos y los derechos humanos en general.

Con Paquita y Noel tuve la dicha y el privilegio de compartir en múltiples instancias lado a lado en distintas organizaciones como el Congreso Nacional Hostosiano, el Comité Puerto Rico en la ONU y el Movimiento Independentista Nacional Hostosiano. Son muchas las vivencias, las sonrisas, los abrazos, las discusiones y los sueños de una patria libre compartida.

A Aleida y Edgardo los conocí mas recientemente. Aparte de las tradicionales efemérides que compartimos año tras año como el Grito de Lares y el 30 de octubre, Aleida formó parte de Las Lolitas, grupo creado para celebrar el Centenario de Lolita Lebrón organizando actividades a través de la isla durante el año de su Centenario y culminando con aquella hermosa marcha de las mujeres ataviadas como Lolita con pistola y rosa en mano. Con Edgardo fue el que menos oportunidad tuve de compartir, a quien apoyé para la presidencia del Colegio de Abogados y Abogadas, pero conocía de su gran valía humana a través de otros compañeros como Alejandro Torres Rivera a quien le unía una gran amistad. Me alegró mucho ver a Edgardo y su familia cuando participaron de la Caminata Patriótica en Lares el 19 de septiembre de 2021. Fue un día muy especial para todos los que participamos en la visita a la Hacienda Lealtad y la caminata.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la música? Hoy vi el hermoso video que preparó el Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico sobre la vida de Edgardo y la acertada selección de la música que acompaña los visuales. Música que todos y todas compartimos, disfrutamos, cantamos y buscamos para acompañar tanto las alegrías como las penas. Mientras escribo esto tengo de fondo la canción de ¨Para Vivir¨de Pablo Milanés que ha surgido ahí en Spotify sin invocarla. En un domingo de Roy, Pablo, Silvio, Mercedes, Aute, Drexler, Sabina y demás sé que me uno a una energía que nos atrapa cual telaraña y aunque no sepamos que estamos ahí, el movimiento de uno o una se transmitirá a través de esos hilos finos que a todos y todas nos toca. ¨Cada cual tiene su historia que contar.¨

Y le damos ¨Gracias a la Vida¨que nos ha dado tanto. Que nos ha permitido (o nosotras lo hemos buscado) ser parte de una comunidad de seres humanos que con sus luces y sus sombras, como todos y todas, componen una oda a la esperanza de la humanidad. Que lucharon día a día, codo a codo, que lo dieron todo por este colectivo de humanidad que se llama Puerto Rico. Todos y todas defendiendo con todas las armas a su alcance, la pluma, el discurso, la marcha el piquete, la denuncia, la organización, la creación de frentes, colectivos y publicaciones. La divulgación de ideas, la desobediencia civil.

Paquita fue profesora de economía y su tesis doctoral es la única que yo conozca hasta el momento sobre el impacto de las leyes de cabotajes en Puerto Rico. Paquita dio lo mas grande de sí, su hijo vilmente asesinado por una conspiración yanqui con exilio cubano que al día de hoy se han negado a admitir y señalar a los autores intelectuales del hecho. Eso no la detuvo a ella ni a Juan Mari Brás de continuar con igual o mas ahínco en la lucha. Juan fue capaz de repudiar la pena de muerte frente al cuerpo inerte de su hijo.

Edgardo fue un dirigente en la lucha contra la pena de muerte entre las muchas causas que dedicó su corta pero fructífera vida. Fue consistente en su firme convicción de los derechos humanos al formar parte del movimiento en contra de la anulación del derecho a la fianza.

Aleida fue una estudiosa de los usos del Radar de Arecibo, defensora de la protección del karso del noroeste de Puerto Rico y de nuestras abundantes aguas subterráneas. Estudió y denunció las intenciones de hacer usos inadecuados de la tecnología del Radar de Arecibo así como de las intenciones de privatizar nuestros recursos acuíferos.

De Noel ya CLARIDAD ha publicado extensamente. Yo puedo dar testimonio de lo excelente que era en el trabajo internacional que nos llevó en mas de una ocasión por peregrinajes por América Latina: Cuba, Venezuela, Chile y Bolivia además de docenas de visitas a la Organización de Naciones Unidas para las vistas del caso de Puerto Rico ante el Comité de Dscolonización. Era una de las personas con quien compartía ponencias y escritos antes de publicarlas. Cuando estuvimos en Bolivia la altura me atacó sin piedad postrándome en cama con fiebre debido a una infección de sinusitis. Noel ya octogenario no tuvo problemas en terminar la agenda de reuniones que teníamos programada. Entre ellos hubo un encuentro con Evo Morales que despuntaba como líder del MAS. Los viajes con Noel siempre fueron una escuela de alta diplomacia y de cultura por su conocimiento de la historia de los países que visitamos y de las intríngulis  políticas.

Celebro pues lo mucho o lo poco que compartí con cada uno de ellos y ellas, sus extraordinarias  y fructíferas vidas y aunque siempre hay algo de pena en las despedidas no por ello pierdo de vista que vivimos en un país de grandes hombres y mujeres que serán siempre queridos y recordados por todos y todas los que en algún momento tocaron nuestras vidas. Y cual hilos de telarañas en algún momento sentiremos y apreciaremos sus presencias luminosas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CLARIDADES- 1 de noviembre de 1950

 

 

Antonio Silva y León González – Primera parte

… Collazo se levantó como de costumbre en la mañana del 31 de octubre de 1950. Poco después se acercó a su esposa y le dijo: ‘Llama a la fábrica y diles que me siento mal y que no podré ir a trabajar hoy; luego vete al banco y saca cien pesos de nuestra cuenta de ahorros’.

—¿Para qué tú quieres ese dinero?– le preguntó Rosa sorprendida.

—No te preocupes, es que los necesito— le respondió él sin mirarla.

Cuando ella regresó con el dinero, Oscar Collazo salió del apartamiento (sic) para encontrarse con su compañero Griselio Torresola. Juntos tomaron el tren subterráneo bajándose en el distrito comercial de la ciudad, donde compraron ropa interior y dos sombreros negros. Luego siguieron hacia la estación de Pennsylvania donde compraron sus pasajes.

Serían las 11 de la maña cuando Collazo, de regreso a su casa, comenzó a preparar un maletín. Cuando su esposa le vio colocando la ropa le rogó que no la abandonara. ‘Ella se creyó –dice Collazo– que yo me disponía a salir para Puerto Rico y trató de convencerme diciéndome que el viaje iba a ser inútil porque me iban a arrestar enseguida. Le contesté que eso no tenía importancia y que nada me haría retroceder’.

A las tres de la tarde se reunían los dos hombres en la estación, de nuevo, abordando el tren que salía a las tres y media hacia Washington. Ocupado que hubieron sus asientos, Collazo empezó a leer un ejemplar del ‘New York Times’ mostrándole a Torresola los titulares que decían:

‘REVOLUCIÓN EN PUERTO RICO. Rebeldes nacionalistas atacan mansión del gobernador y cuarteles de la policía’, etc.

Eran más de las siete de la noche cuando el tren en que viajaban llegó a Washington. Caminaron por la estación y sus alrededores, pasando por la oficina central del correo en busca de un hotel donde hospedarse. Decidieron que permanecerían juntos pero que se registrarían separadamente y con nombres supuestos, aparentando no conocerse. A tres cuadras de la estación del tren, entraron en el Hotel Tarris, de la avenida Massachusetts. Oscar Collazo se inscribió bajo el nombre de Antonio Silva, de Connecticut, y Torresola con el de León González, de Miami. A uno le correspondió el cuarto número 434 y al otro el 436.

Griselio Torresola tenía dos pistolas automáticas, una ‘Luger’ y otra ‘P38’, que había comprado hacía poco tiempo. Esa noche se comunicaron por la puerta del baño y cargaron tres peines adicionales, dividiéndose el resto de los cartuchos. Collazo, que no conocía el manejo de aquellas armas, se ocupó en cargar y descargar la suya hasta familiarizarse con su mecanismo. A las diez y media salieron a comer algo. Regresaron cerca de la media noche y se acostaron enseguida.

Por la mañana, el día primero de noviembre, se desayunaron cerca de los terrenos del Capitolio y juntos caminaron por los alrededores, comprando cada uno un ejemplar de periódico, sentándose en un banco para leerlos. Más tarde llamaron un taxímetro pidiéndole al conductor que los llevara a ver los sitios de más interés de la ciudad. El conductor, al ver sus sombreros negros tuvo la impresión de que eran seminaristas. Los llevó a ver varios lugares históricos y al pasar por las cercanías de la Casa Blanca, señalándoles la Mansión del Presidente, les informó: ‘Ahora está siendo reparada por lo que el Presidente vive en la Casa Blair, al otro lado de la calle’.

Esta información parecía de poca importancia, pero los dos hombres cambiaron algunas palabras observando detenidamente los alrededores del lugar.

Terminado su paseo regresaron a sus habitaciones. Mientras tanto el Presidente Truman abandonaba su oficina en la Casa Blanca para regresar a la Casa Blair, donde almorzaría, para luego retirarse a disfrutar de su acostumbrada siesta diaria en su habitación que queda frente a la calle.

Al bajar de sus habitaciones se dirigieron al escritorio del primer piso para peguntarle al empleado : ‘¿Tendremos que pagar por otro día si no abandonamos las habitaciones antes de las tres de la tarde?’ El empleado les contestó que una diferencia de una hora más o menos no tenía importancia.

‘Me pidieron que los llevara a la calle Quince en la Avenida Pennsylvania— dijo el chofer del taxi que los recogió frente al hotel.— Todo el tiempo hablaron en español y lo único que pude entender fue el nombre Truman. Sus modales eran muy caballerosos y al pagarme me dieron una propina’.

Tomado de Ramón Medina Ramírez, El movimiento libertador en la historia de Puerto Rico, Ediciones Puerto 2016.

 

 

Quiles y la generación que tomó las calles

 

 

CLARIDAD

Una vez, cuando ya estaba algo viejo, Juan Mari Brás me comentó que estaba un poco hastiado de funerales y despedidas de duelo. Ahora, más que entonces, entiendo su comentario porque cuando avanzan los años el entorno empieza a romperse y las despedidas se vuelven frecuentes, tanto que, como decía Juan, resulta inevitable sentirse abrumado.

En el último mes muchos nos sentimos un poco como Juan porque los golpes han sido frecuentes: Paquita Pesquera, Noel Colón, Edgardo Román, don Luis Ortiz, mi amigo Domingo Ávila y, más recientemente, José Antonio Quiles Barrios y Johnny Reyes. Algunos de esos queridos amigos y amigas que se fueron ya cargaban años, pero, como escribió José Saramago, “nunca se vive demasiado”, sobre todo cuando se trata de personas tan productivas como Paquita Pesquera y Noel Colón Martínez. En otros casos, como Domingo Ávila y Edgardo Román, “temprano levantó la muerte el vuelo” y el golpe, por ser inesperado, fue mayor. “Che” Quiles y Johnny Reyes compartían mi generación, que poco a poco se va vaciando.

Con el perdón de todos los queridos amigos y amigas, quiero dedicarle esta nota a Che Quiles, por el gran parecido. No recuerdo con certeza donde lo conocí. Pudo haber sido en la Universidad de Río Piedras a donde llegó en 1965, o en la Federación de Universitarios Pro Independencia (FUPI) a la que formalmente ingresé muy a principios de 1966 y en la que Quiles ya estaba. Él venía de Cantera, el barrio pobre de Santurce que nunca ha enviado muchos jóvenes a la universidad, y yo de Moca, específicamente del barrio Cuchillas, que tampoco era productor de universitarios. Ambos comprendimos muy pronto que, si queríamos ser agradecidos con nuestros padres, que tanto sacrificio hacían para educarnos, además de estudiar una carrera, teníamos que integrarnos a la lucha que soñaba con terminar con la pobreza y el colonialismo que la alimenta. Por eso nos integramos primero a la FUPI y luego al Movimiento Pro Independencia (MPI), que ya luchaba por un Puerto Rico independiente y socialista.

Nuestra generación universitaria, la de los ’60, luchó en muchos frentes y Quiles estuvo en todos. La lucha contra el servicio militar obligatorio (SMO) y contra el militarismo en el campus universitario, representado en la sigla ROTC, fue una de las más importantes. Aquel reclutamiento forzado, que le suplía soldados bisoños al ejército estadounidense en la injusta guerra de Vietnam, amenazaba nuestros estudios y los de miles de puertorriqueños y representaba el elemento más cruel del colonialismo. Porque cuando el colonizador no se limita con explotar al colonizado, sino que también los recluta para le ayuden a agredir otros pueblos, el abuso es doble. Nuestra generación desarrolló aquella lucha negándose a ingresar al ejército cuando éramos llamados, enfrentando la cárcel, y protestando dentro del campus universitario hasta dejarlo libre de militares. Las confrontaciones con la policía cuando invadía el Recinto produjo muchos heridos y algunas muertes, y el choque con la administración universitaria se tradujo en expulsiones o suspensiones, pero nunca cejamos.

Aquellos luchadores hicimos todo lo posible por vincularnos a otros que, en diversos países, particularmente latinoamericanos, desarrollaban luchas similares. En el verano de 1966, Quiles y yo formamos parte de la delegación del la FUPI al Cuarto Congreso Latinoamericano de Estudiantes que sesionó en La Habana, junto a Alberto Pérez, Ludgardo González y José “Fefel” Varona. Para llegar y salir de Cuba casi tuvimos que darle la vuelta al mundo, porque ya el bloqueo estadounidense se manifestaba.

A donde quiera que Quiles llegó una vez salió de la UPR, siguió luchando. Siendo empleado del Departamento de Salud tuvo un papel protagónico en la denuncia de la corrupción pública. Allí descubrió el esquema corrupto que ocurría en el Instituto del Sida y pacientemente fue reuniendo la evidencia que luego le entregó al representante independentista David Noriega. El enjuiciamiento exitoso de aquel grupo de corruptos fue posible, en parte, gracias a Quiles. Nunca buscó aplausos por aquella labor anónima y arriesgada que ejecutó cuando era un humilde funcionario salubrista.

Así era José Antonio Quiles Barrios, el muchacho de Cantera que fuerza de sacrificios llegó a la Universidad a estudiar y a luchar en la inolvidable década del ’60.