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Editorial-El crimen del Cerro Maravilla 45 años después 

Foto Archivo CLARIDAD

 

Volver la vista hacia sucesos trascendentales desde el crisol de los años, permite crear nuevas visiones y perspectivas sobre la historia de los pueblos. Desde esa mirada a distancia, podemos afirmar que el 25 de julio de 1978 cambió para siempre la naturaleza abyectamente colonial con que se asocia dicha fecha para transmutarla en jornada de libertad, a través del martirilogio heroico de dos jóvenes patriotas, Carlos Soto Arriví y Arnaldo Darío Rosado. Estos fueron señalados, entrampados y asesinados vilmente por la Policía de Puerto Rico en el Cerro Maravilla, el corazón de la cordillera, como parte de un plan abarcador de los gobiernos de Estados Unidos y Puerto Rico para provocar y  reprimir por la violencia al pujante movimiento independentista de la época.

 

Eran años álgidos aquellos en que la lucha por la libertad y la justicia para el pueblo puertorriqueño se había intensificado, y por doquier, asomaban las señales de un pueblo que se daba a respetar. Esto chocaba con la naturaleza del 25 de julio, fecha que en 1898 representó la invasión de nuestro país por las tropas imperialistas de Estados Unidos, convirtiendo a Puerto Rico, en » botín de guerra» y colonia del incipiente imperio estadounidense. Luego, en 1952, también un 25 de julio se le añadió una nueva afrenta colonial a nuestro pueblo. El lavado de cara al colonialismo puro y duro de los primeros 50 años, mediante la creación del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, régimen de apariencia de gobierno propio que dejaba intacto el control hegemónico de nuestro País por el Congreso de Estados  Unidos.

El crimen del Cerro Maravilla puso un alto a la narrativa de la «colonia buena» para colocar la mira del País en los repetidos abusos contra nuestro pueblo de los gobiernos de Estados Unidos y Puerto Rico, capaces de reprimir a toda costa la lucha del pueblo puertorriqueño por sus reivindicaccines, y de llegar hasta el asesinato político con tal de demostrar su poderío. Ya desde las décadas de los años 30 al 50, los gobiernos de Estados Unidos y Puerto Rico habían regado la tierra puertorriqueña con la sangre y el sacrificio de los héroes, heroínas y mártires del Partido Nacionalista. Por lo tanto, la violencia política del Estado no le era ajena a la resistencia del pueblo puertorriqueño y del Movimiento Independentista.

En 1976, había vuelto al poder colonial el PNP, bajo el mando de Carlos Romero Barceló, una de las figuras más polarizantes de nuestra historia política. Y la escalada en la represión del pueblo no se hizo esperar. El gobierno de Estados Unidos, obsesionado con Cuba y las nuevas insurgencias en América Latina y El Caribe, ya estaba preparado y sus discípulos en Puerto Rico ya estaban adiestrados. Se había creado la División de Inteligencia de la Policía, en continua coordinación con el FBI, y la ofensiva mediática y la preparación armada contra la llamada » ola terrorista» comenzó a todo vapor bajo el gobierno de Romero Barceló, y su Departamento de Justicia y Policía.

Este fue el ambiente que dio paso a crímenes como el del Cerro Maravilla, que se quiso enmascarar como un acto de defensa del Estado contra sus enemigos, «terroristas internos», y poco a poco, por medio de CLARIDAD y de periodistas honestos de otros medios, fueron conociéndose las conspiraciones y encubrimientos de la monstruosa emboscada que segó dos vidas inocentes.

Años más tarde, el crimen del Cerro Maravilla fue revelado en toda su magnitud por las dos investigaciones que condujo el Senado de Puerto Rico durante los años 80 del siglo pasado. Diez policías y el Jefe de la División de Inteligencia, Angel Luis Pérez Casillas, fueron enjuiciados y cumplieron cárcel por los hechos. El Departamento de Justicia donde se fraguó el encubrimiento fue desmantelado, y aunque nunca lo admitió, lo ocurrido en el Cerro Maravilla le costó la credibilidad durante el resto de su vida al ex gobernador Carlos Romero Barceló, quien nunca pudo zafarse de la sospecha de haber ordenado los asesinatos. Sus jefes del FBI, sin embargo, fueron, como siempre sucede, arropados por la impunidad.

Cuarenta y cinco años después, el recuerdo del crimen del Cerro Maravilla resuena como una clarinada entre el Movimiento Patriótico Puertorriqueño y se extiende a los más amplios sectores de nuestro pueblo. El sacrificio de Carlos Soto Arriví y Arnaldo Darío Rosado es comprendido y admirado por un pueblo puertorriqueño que sigue luchando y sosteniendo en alto sus reclamos de libertad y justicia.

 

 

Urge la activación del movimiento sindical

 

 

Especial para CLARIDAD

Desde este espacio hemos tratado de analizar e identificar los retos y dificultades del movimiento sindical en Puerto Rico. No debe ser secreto para nadie que hoy los sindicatos enfrentan el periodo más adverso ante las medidas neoliberales que se han implantado en el país durante los pasados cuarenta años. Existe un mínimo de organización sindical en el sector mayoritario de la economía, el sector privado. Se implantó una serie de leyes para eliminar derechos y condiciones de trabajo para los nuevos empleados lo cual dificulta el reclutamiento y retención de empleados. El cierre de empresas y la migración de trabajadores han provocado la pérdida de más de 200,000 empleos en la empresa privada durante las pasadas décadas.

La organización sindical en el sector público ha tenido similar suerte con otros agravantes. Los convenios colectivos se han congelado, se han eliminado derechos y condiciones de trabajo negociados en los convenios, se despidieron más de 30,000 empleados y se han subcontratado parcialmente quienes los sustituyeron. Las modalidades de privatización se diversifican sin reconocer el derecho de organización sindical ni sus representantes exclusivos a los empleados impactados.

Los sistemas de retiro públicos para empleados del estado y el magisterio han sido desmantelados y privatizados, eliminando el derecho a una pensión para los empleados activos y nuevos. Se atenta contra la existencia de los dos sistemas de retiro públicos existentes (AEE y UPR) bajo el racional ideológico de que las pensiones son un gasto que el estado no debe asumir.

La quiebra del gobierno ha sido la excusa del imperio para actualizar el modo de gobernar el país mediante la designación desde el Congreso de los EEUU de una Junta de Control Fiscal, JCF, con amplios poderes sobre el poder ejecutivo, legislatura y la rama judicial. La JCF determina el presupuesto y todo gasto del gobierno.

Ante este cuadro típico de la política del shock, el liderato sindical no ha podido desarrollar una estrategia efectiva, destacándose la dispersión y división del movimiento en sus acciones. Las autodenominadas centrales sindicales (Central Puertorriqueña de Trabajadores, CPT y Federación del Trabajo de PR-AFL-CIO) no han podido mostrar fuerza ni dar dirección ante estos ataques. El sector sindical que reclamaba tener un análisis clasista (Coordinadora Sindical) está inactivo y desmovilizado.

Frente a las políticas neoliberales del gobierno y la JCF han surgido reacciones y propuestas de otros sectores sociales que se han fortalecido. Ejemplo de ello son comunidades que resisten el desplazamiento y el discrimen, la fuerza de organizaciones ambientales que se auto convocan reconociendo la necesidad de una sola voz, sector de las mujeres, los y las activistas por derechos humanos destacándose los derechos de género y movimientos políticos, entre otros.

Hay otro elemento a reconocer. La presencia cada vez más fuerte de organizaciones que ofrecen servicios mediante propuestas y donativos privados o del gobierno. Este sector puede ser crítico del sistema o puede ser un brazo de coaptación. Muchas de estas organizaciones están ligadas a organizaciones en EEUU lo cual debe mirarse como parte del proceso colonial existente.

El surgimiento de luchas dispersas y la debilidad del movimiento sindical tienen el efecto de desplazar a la clase trabajadora como el actor principal en la lucha de clases dentro del conflicto de la sociedad capitalista y sustituir el conflicto de clases por uno de sectores. Este fenómeno no es exclusivo en Puerto Rico, pero en nuestro enclave colonial tiene otras implicaciones.

Así las cosas, en el sector sindical se nos anuncia esta semana el despido de más de 300 empleados del complejo de Hospitales HIMA, la Corporación de Servicios Legales de PR que lleva cerca de cinco años negociando el convenio de los abogados unionados informa que se levanta de la mesa para poner en vigor su última oferta, entraremos a otro semestre escolar con un nuevo secretario de Educación, (el anterior fue despedido sin justificación), los ataques a la UPR continúan y continúa el proceso de privatización de la AEE con la contratación de GeneraPR sin reconocer derechos sindicales a los empleados desplazados.

Como nota positiva, trabajadores en huelga de la empresa V’Soske en Vega Baja, notifican haber logrado negociar su convenio colectivo después de 19 semanas de huelga. Por otro lado la Comisión Laboral del Colegio de Abogados y Abogadas de Puerto Rico realizaron un foro sobre la Jornada Laboral de 4 días con la participación de los alcaldes de Peñuelas, Vega Baja, patronos, abogados laborales y representantes de Justicia Laboral. Al final, nadie estaba en contra de la reducción de jornada, los alcaldes y la empresaria la han implantado en sus municipios y empresa con resultados positivos. La nota lamentable, la ausencia del sector sindical, de dirigentes sindicales.

Todo lo anterior debería ser motivo de análisis y discusión en el movimiento sindical. Sin embargo esta discusión no está ocurriendo. Los golpes continuos mantienen al liderato a la defensiva, atendiendo sus problemas inmediatos y no han podido observar su realidad de manera estratégica y critica. Hemos insistido en anteriores artículos la necesidad de establecer relación con otros sectores sociales, la urgencia de atender la formación y educación sindical y sobre todo la creación de un Frente contra el neoliberalismo.

Por iniciativa del Junte de Mujeres Sindicalistas, este mes de agosto se ha convocado al liderato sindical del país a discutir un plan de acción con la intención de cambiar la realidad que se vive en el sindicalismo. Esperamos que esta iniciativa sea consistente y ponga en vigor una agenda de trabajo y lucha.

 La violencia machista en carne viva

Foto Archivo de CLARIDAD

 

 

Especial para CLARIDAD

En pocas horas dará inicio la deliberación del Jurado en el caso que por varios cargos criminales se tramita en el Tribunal Federal para el Distrito de Puerto Rico en contra del ex boxeador Félix Verdejo. El Pueblo ha seguido paso a paso el acontecer en el edificio de la Calle Chardón, lo declarado por los treinta testimonios de las personas presentadas por la Fiscalía y los muchos menos que llevó la defensa.  Yo no he sido la excepción en cuanto a este evento judicial.  Probablemente se debe a lo frescos que están en la memoria los angustiosos momentos en que los familiares de Keishla Rodríguez Ortiz denunciaban su desaparición, presentían que el hoy acusado tenía que ver con ello y exigían que las autoridades policíacas la encontraran. Cuando su cadáver fue hallado y los medios, especialmente las estaciones de televisión, transmitieron sin filtro el hallazgo de su cuerpo en condiciones que no dejaban margen a dudas de que se trataba de un feminicidio, todavía teníamos el impacto del horrendo crimen de Andrea Ruiz Costas, quien no sobrevivió el acoso de su victimario y la falta de sensibilidad del sistema de justicia que no la protegió, a pesar de que lo solicitó en más de una ocasión. Como bien señaló la compañera Amarilis Pagán en una reciente intervención radial, durante estas semanas recientes hemos podido ver lo que puede enfrentar una víctima de violencia machista que no logra sobrevivir una relación que se inició desde la temprana juventud y que continuó, a pesar de la existencia de otras parejas, inclusive de una esposa. Del mismo modo nos enteramos que la violencia física y emocional del hoy acusado se manifestó con diversas mujeres con las que se relacionó de forma íntima.  Así lo testificaron cuando fueron citadas por la Fiscalía.

Ha llamado mucho mi atención la prominencia que han tomado las opiniones de las abogadas y abogados de defensa, ex fiscales y otras personas que son o se creen expertas. Han estado analizando diariamente en los diferentes medios de comunicación los testimonios, la prueba documental presentada, las mociones, especialmente por parte del acusado y las decisiones que sobre los procesos ha estado tomando el Juez Pedro Delgado.  Algunos favorecen las estrategias de la defensa y otras las de la Fiscalía, pero, por supuesto, no van a arriesgar su prestigio prediciendo si el veredicto será de culpabilidad o inocencia.  Quién sabe lo que estará en la cabeza de las 12 personas que componen el Jurado, después de un proceso prolongado, complicado por la cantidad de prueba documental y por la comparecencia de varios peritos.  Siempre será una incógnita el grado de credibilidad que tendrá el testimonio del testigo cooperador, el Sr. Cádiz, quien actuó en conjunto con Verdejo. Sin embargo, no creo que nadie sea capaz de pensar que el otrora boxeador nada tuvo que ver con los hechos.  Le corresponderá al Jurado determinar la medida en la que estuvo involucrado y si los elementos que conforman los cuatro delitos imputados están presentes.

De lo que no queda duda es que si el veredicto es adverso al acusado, con toda probabilidad acudirá al Primer Circuito de Boston a solicitar que se revise la determinación. Aunque la apreciación de la prueba por el jugador, en este caso el Jurado, merece gran deferencia, cualquier error procesal en el que incurra el Juez Delgado inclusive con relación a las instrucciones que imparta al Jurado, puede  ocasionar una revocación que podría  conllevar la celebración  de un nuevo juicio, en la cual Verdejo tendría una segunda oportunidad. Lo vimos recientemente con el caso de la llamada Masacre de La Tómbola. Al momento en que preparo esta columna los equipos legales de uno y otro lado deben estar presentando sus argumentaciones finales y amarrando los cabos sueltos de sus teorías y las evidencias presentadas.  Por otro lado, el Jurado recibirá las instrucciones finales antes de comenzar a deliberar. Entonces comenzará la corta o larga espera.

Sin embargo, la principal preocupación para muchas de nosotras seguirá siendo incrementar la concienciación sobre la violencia de género, para lograr su prevención y eventual erradicación. La película que hemos visto en el caso Verdejo reitera la convicción de que la educación es la mejor estrategia y herramienta para minimizar que ocurran situaciones como la de Keishla, Andrea y de tantas otras mujeres cuya seguridad y vidas son puestas en riesgo diariamente por sus parejas o exparejas agresoras.  La violencia machista fomentada por la sociedad patriarcal que reúne a las principales instituciones con poderes institucionales y económicos, como son el gobierno y todas sus ramas, el sistema educativo y las iglesias, entre otras, nos sigue arropando.  Mientras se especula sobre el veredicto hemos acumulado 33 feminicidios, 11 de ellos íntimos, de los cuales 10 ocurrieron con armas de fuego y uno por estrangulamiento, según datos del Observatorio de Equidad de Género de Puerto Rico.

No soy experta y mucho menos del boxeo profesional, terriblemente violento y que tanto daño físico le ha causado a púgiles del país.  Sin embargo, siempre leo las noticias sobre todos los deportes, y en ocasiones, primero que el resto del periódico para alegrarme con las nuevas buenas de las glorias boricuas.  El recuerdo que tengo de Félix Verdejo es de inconsistencia en su desempeño sobre el cuadrilátero.  Este se manifestó en algunas victorias poco convincentes, largo tiempo transcurrido entre una y otra pelea y el accidente de motora en el que se vio involucrado cuando estaba próximo a participar en una importante pelea. El llamado diamante también se estaba opacando en el escenario en el cual se supone que se destacara por su falta de disciplina. En su vida romántica y personal ha demostrado una total carencia de brillo en la que arrastró consigo a sus novias, amantes, esposa y hasta a su madre, quien, sin duda, debe estar enfrentando un gran sufrimiento, especialmente cuando de camino al Tribunal para apoyar a su hijo enfrenta a la prensa que, implacable, le hace preguntas sobre la inocencia de su hijo.

Solo espero que el caso Verdejo y el horror que debe haber vivido Keishla en sus últimos momentos consciente, sirva de lección sobre lo que es la violencia machista y para que manifestemos de todas las formas posibles nuestro repudio a su existencia.

 

Las tres conspiraciones del Cerro Maravilla

CLARIDAD

¿Qué sucedió en el Cerro Maravilla hace 45 años?

En horas de la mañana del 25 de julio de 1978 los jóvenes independentistas Arnaldo Darío Rosado y Carlos Soto Arriví, junto al policía encubierto Alejandro González Malavé, abordaron en Río Piedras un trasporte público hacia Ponce. Una vez llegaron a la ciudad sureña el encubierto González Malavé, quien actuaba como líder del “comando”, secuestró al chófer Julio Ortiz Molina quien, apuntado por el arma del policía, los llevó hacia unas torres de trasmisión ubicadas en el Cerro Maravilla en Villalba. Allí los esperaban decenas de otros agentes, comandados por el jefe de la División de Inteligencia Ángel Luis Pérez Casillas. Al llegar se produjo un corto tiroteo, pero ninguno de los dos jóvenes resultó afectado. González Malavé fue herido en un dedo. Poco tiempo después, una vez apresados, Soto y Rosado fueron obligados a ponerse de rodillas, siendo ejecutados a tiros estando en esa posición. En la tarde de ese mismo día la Policía anunció a la prensa que había logrado impedir un ataque a las torres del Cerro Maravilla y que dos “terroristas” murieron en un intercambio de disparos con sus agentes. El gobernador Carlos Romero Barceló, desde el acto oficial del gobierno para conmemorar la constitución del ELA, felicitó a los policías a los que posteriormente calificó de “héroes”.

Foto: Archivo CLARIDAD

Con la ejecución a sangre fría de los dos jóvenes independentistas y el posterior anuncio del “éxito” policial, culminó la primera de varias conspiraciones que llevan el nombre del hermoso cerro que forma parte de nuestra Cordillera Central. El operativo había sido cuidadosamente planeado desde la División de Inteligencia (DI) de la Policía, teniendo como actor principal al encubierto González Malavé quien había comenzado su trabajo de sapa infiltrándose en un organismo de base del Partido Socialista Puertorriqueño (PSP). Desde allí trabó contacto con otros jóvenes (Soto, Rosado, John Saunders, Erich Rodríguez y otros) incitándolos a realizar acciones “armadas” que servirían de antesala al “ataque” en Maravilla. Entre otros actos, en los días previos al 25 de julio tirotearon la caseta del guardia que custodiaba la casa del ex gobernador Muñoz Marín, lanzaron una bomba molotov contra una estación de correos (que no explotó) y asaltaron la oficina de la guardia universitaria en la UPR de Río Piedras. Esas acciones, todas dirigidas por el policía encubierto, crearían el ambiente previo a la “confrontación” en Villalba.

Para tener control de la escena, y escoger el lugar del operativo final, Pérez Casillas, junto al teniente Jaime Quiles y un fotógrafo, sobrevolaron el 19 y 20 de julio sobre varios lugares donde había torres de transmisión: Toro Negro, Monte del Estado, El Yunque y Maravilla, optando por este último lugar para el operativo de cierre. Allí, en espera de los “terroristas” que serían conducidos por el encubierto, apostaron a una docena de agentes de la DI y de otras divisiones del cuerpo policiaco.

Los elementos de esa primera conspiración que culminó en la ejecución de Rosado y Soto no se conocerían hasta mucho más tarde, pero juntando la poca información pública de lo sucedido en Villalba con lo que se sabía sobre cómo operaba tanto la Policía como el gobierno de Romero Barceló, CLARIDADy la dirección del PSP no tuvieron dudas sobre lo que realmente había ocurrido en el Cerro Maravilla. Aquel 25 de julio fue martes y en la edición que comenzó a circular tres días después el titular de la noticia resumía exactamente lo que había ocurrido: “Policía asesina jóvenes; desata ofensiva represiva”.  El periodista Luis Fernando(Peri) Coss reseñaba lo ocurrido, incluyendo el arresto el 26 de julio de los otros jóvenes que había logrado entrampar González Malavé. La noticia citaba a Juan Mari Brás, secretario general del PSP, afirmando que se trataba de un “crimen burdo” cometido por la Policía. La siguiente edición, fechada 4 de agosto, era aún más contundente. El titular de portada decía: “El País condena la masacre; Romero solo”. También en portada se reproducía una foto de un piquete celebrado frente a la Fortaleza el miércoles anterior “en protesta por la masacre del Cerro Maravilla.”

En esa edición del 4 de agosto, con el titular “Contundente declaración de testigo”, se reproducían por primera vez las declaraciones de Julio Ortiz Molina, el chófer secuestrado, que eventualmente serían determinantes para esclarecer el crimen cometido y para procesar algunos de los criminales. En la misma edición también se reproducen declaraciones de numerosas figuras públicas y líderes de los partidos de oposición reclamando una pesquisa independiente sobre lo que verdaderamente había ocurrido en Maravilla.

LA SEGUNDA CONSPIRACIÓN

En la edición del 4 de agosto de CLARIDAD donde se reproducían las declaraciones de Ortiz Molina -afirmando que vio vivos a los jóvenes independentistas después de los primeros disparos, y que posteriormente escuchó otra ronda de tiros- se citaba al fiscal de distrito de Ponce, Santos Nigaglioni, restándole credibilidad a lo afirmado por éste. Ese rechazo del fiscal al único testigo de los hechos que no era miembro de la Policía fue el inicio de la segunda conspiración del gobierno de Romero Barceló dirigida, en esta ocasión, a encubrir los hechos y a impedir que se procesara criminalmente a los autores. Esa segunda trama duraría más de cuatro años y produciría eventos hasta entonces inéditos en Puerto Rico como la renuncia de cuatro secretarios de Justicia y vistas por televisión “en vivo” donde miembros de la Policía solicitaban inmunidad.

Además del propio Romero Barceló, al frente de esa segunda conspiración estuvieron el secretario del DJ, Miguel Giménez Muñoz, y los fiscales Pedro Colton, Ángel Figueroa Vivas, Osvaldo Villanueva, Juan Brunet y Aurelio Miró. La primera “investigación” de estos fiscales, ordenada por Romero ante el clamor de numerosas figuras públicas, se anunció el 1 de agosto de 1978 y se cerró 28 días después, exonerando a todos los policías y condenando a los “terroristas”. Un año después, luego de que el policía corrupto Julio César Andrades dijera públicamente que si le daban inmunidad decía “la verdad” de lo ocurrido en Maravilla, se inició una segunda “investigación” del DJ, en esta ocasión a cargo del fiscal de distrito de Carolina Osvaldo Villanueva. Poco tiempo después la “investigación” cerró con el mismo resultado de la anterior.

El secretario Giménez Muñoz, artífice inicial del encubrimiento, renunció al cargo tras esta segunda “investigación”. En cuestión de varios meses, Romero hizo tres nombramientos a Justicia: Héctor Reichard, Gerardo Carlo y Carmen Rita Vélez Borrás, quienes resultaron despedidos u obligados a renunciar tan pronto anunciaban su interés en volver a investigar lo ocurrido en Maravilla.

El esclarecimiento de los crímenes y el procesamiento de algunos de los culpables sería finalmente el resultado de investigaciones periodísticas (particularmente por Claridad y el San Juan Star a cargo de los periodistas Tomás Stella y Manuel Suárez), de lo descubierto a través de un proceso judicial incoado por los familiares de los jóvenes asesinados y, finalmente, de la investigación ordenada por el Senado que pasó a ser controlado por el PPD luego de las elecciones de 1980. Utilizando el poder de citación del cuerpo legislativo, el ex fiscal Héctor Rivera Cruz dirigió la pesquisa que le dio el golpe final al manto encubridor de la Policía y el Departamento de Justicia.

LA TERCERA CONSPIRACIÓN: LOS FEDERALES

Ese esclarecimiento de los asesinatos debió superar una tercera conspiración a cargo del Departamento de Justicia federal y el FBI. Desde un principio siempre se sospechó que el entrampamiento de la Policía fue coordinado con el FBI, como era usual cuando la DI realizaba operativos contra independentistas. En todo momento los federales se negaron a informar sobre dicha coordinación y, al día de hoy, los documentos permanecen secretos.

Presionado por las denuncias públicas, el 30 de abril de 1979 el Departamento de Justicia federal anunció que efectuaría una investigación “completa” de lo ocurrido en Maravilla. Poco menos de un año después, el 25 de abril de 1980, se anunció la suspensión de la pesquisa sin rendir informe alguno. Entre ambos anuncios se había producido el apoyo de Romero Barceló a la reelección del presidente Jimmy Carter, quien enfrentaba el reto en primarias del senador Robert Kennedy, respaldado en Puerto Rico por el PPD. De hecho, el anuncio del final de la investigación sobre Maravilla coincidió con una visita de Romero a la Casa Blanca.

Foto: Archivo CLARIDAD

Igual que el DJ de Puerto Rico, Justicia federal retomó el tema y anunció una segunda investigación luego de las declaraciones públicas del policía Andrades amenazando con decir la “verdad” de lo ocurrido en Maravilla. El anuncio se hizo el 17 de septiembre de 1980 y menos de cuatro meses después, el 9 de enero del siguiente año, la nueva pesquisa fue suspendida, otra vez sin rendir informe alguno.

Mientras el DJ en Washington iniciaba y cerraba investigaciones, en el Tribunal Federal el juez Juan Pérez Giménez hacía todo lo posible para controlar el descubrimiento de pruebas en la demanda presentada por los familiares de los jóvenes asesinados contra la jefatura de la Policía y Romero. Para impedir declaraciones a la prensa le impuso una orden de mordaza a los abogados. También limitó la toma de deposiciones y, para ampararlo, desestimó la demanda contra Romero. Posteriormente llegó al extremo de emitir una orden dirigida al Senado anulando las citaciones a varios de los policías implicados en el crimen. Todas esas órdenes tuvieron que ser apeladas al Circuito en Boston donde quedaron invalidadas. Gracias a esa intervención del foro apelativo con sede en Boston, la investigación senatorial pudo continuar.

No sería hasta después que esa investigación senatorial probó tanto los asesinatos como el burdo encubrimiento, que se presentarían acusaciones por perjurio a nivel federal contra los policías implicados. Todos cumplieron sentencias de cárcel en ambas jurisdicciones. Los fiscales del DJ puertorriqueño que dirigieron el encubrimiento fueron desaforados por el Tribunal Supremo. Ni Romero Barceló, quien estuvo a la cabeza de las primeras dos conspiraciones, ni los federales que lo ampararon, enfrentaron la justicia.

 

 

Crimen de Maravilla

Al micrófono Pedro Juan Soto. Foto: Archivo CLARIDAD

Reproducimos esta nota escrita por Pedro Juan Soto, novelista, profesor, padre de Carlos Soto Arriví, asesinado por la policía el 25 de julio de 1978. Los asesinatos del Cerro Maravilla son parte de nuestra memoria histórica. A partir de la larga investigación para resolver este caso de represión asesina, se logró poner en evidencia cómo la policía preparaba listas y archivos de independentistas considerados subversivos. En palabras de Rita Zengotita en entrevista de Cándida Cotto, esa investigación y la posterior entrega y publicación de “carpetas” en las que se documenta una errática persecución ideológica “le salvó la vida a varios compañeros y compañeras”.

Estas sentidas palabras de Pedro Juan Soto quedan como testimonio amoroso de un padre ante la terrible pérdida de un hijo a manos de un pelotón de fusilamiento anexionista y colonial.

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Por Pedro Juan Soto

Especial para En Rojo

 

Esto forma parte de un extenso manuscrito acerca de los asesinatos cometidos por la Policía de Puerto Rico el 25 de julio de 1978 en el cerro Maravilla, monte del centro de la Isla en la jurisdicción de Villalba. Nos ha perturbado a todos este maldito acontecimiento. Algunos de los culpables ya padecen condenas, otros todavía deberán ser enjuiciados. De los muertos, uno era mi hijo Carlos Enrique, de dieciocho años de edad. Su compañero, Arnaldo Darío Rosado Torres, hubiera cumplido veinticuatro años de vida el 20 de noviembre de 1978. No llegó a eso.

 

25 de julio de 1978

Carmen, Juan Miguel y yo solos en Cedro Arriba, Naranjito. ¡Vaya suerte! Hubo visitas el domingo, pero no incordiaron mucho. Partí a las 8 a.m. hacia el apartamento de Quintana, donde hemos dejados a Enrique a cargo de correspondencia, llamadas telefónicas y otras menudencias, ya que atendemos a nuestro cuchitril del campo y él dice preferir la losa de la zona metropolitana. No fue poca cosa el viaje, ya que había imaginado el recorrido: tapones por causa de la asamblea del Partido Popular Democrático en Hato Rey (Estado Hiram Bithorn). Me bandeo, me sacudo, me arrullo, me zarandeo con malas palabras entre banderas de uno y de otro partido, arriesgándome a veces a volar (según me indican) sobre las capotas de algunos. A veces pestañeo tres veces para que otros, a veces bocineo como cualquier fiebre… y atrás quedan los dudosos.

Exactamente a las 9:10 penetro en nuestro apartamento de Quintana (¡menos mal que la luz no se ha ido durante estos días, ya que el reloj eléctrico sigue funcionando de acuerdo con mi reloj de pulsera!) y allí esta casi todo. En la repisa, al lado derecho de la puerta de entrada, hay un atado de correspondencia recogida por Enrique. La puerta de la sala que da a la intemperie desde un sexto piso está abierta. Imagino que a Enrique le ha hecho bastante calor desde el 13 de julio, cuando lo deje en Quintana con advertencias.

No hay nadie en la habitación que el comparte con Juanelo, quien está en el campo. No me asombra, ya que se levanta temprano para comprar periódicos. Su cama esta destendida, sin embargo, y me pregunto si por lo menos la sacudiría antes de volver a echarse en ella anoche.

Después de examinar el cuarto de baño y el fregadero de la cocina, verificar que no hay basura amontonada en cada canasto, e inspeccionar la blancura de las losetas, determino que el delegado Carlos Enrique ha cuidado bastante bien de nuestro apartamento.

Me siento a la mesa del comedor para esperarlo, cuando veo una nota emborronada en un pedazo de cuartucho: 25 de julio 1978. Viejos: Salí para Guánica. Si no regreso temprano no se preocupen, Enrique. ¡Espera inútil, la mía! Marco un número en el teléfono contiguo. No escucho zumbido. Pruebo nuevamente… ¡y nada! Me levanto. Regresaré al campo, donde queda mucho por hacer antes del regreso de agosto a las clases universitarias de Río Piedras. A la nota de Enrique añado: El teléfono esta muerto. Investiga. Te dejo dinero para lo que necesites. Regresaré el viernes.

 

26 de julio de 1978

Trabajamos en el campo: Carmen en la cocina, Juanelo en tareas asignadas, yo en cercos… Luego de revisar cuanto ha desyerbado mi padre en media cuerda de terreno, me dedico a construir cercos de madera para terreno inclinado, pendenciero, que necesita remedio contra la erosión. Armo dos cercos y pico el barro donde los asentaré. Echo arena a ese barro y mezclo (tendré que medir luego cuando baja la acidez del terreno). Reviso mi lista de siembras por hacer: quimbombó, lechuga, pepinillo, perejil…Echo de menos al viejo cada vez que miro a los lados. Es un gran trabajador en la tierra. Ha desyerbado y a quemado pasto. Da gusto tenerlo de ayudante. Lástima que yo no haya heredado su energía, su tesón, su afán de perfeccionismo en cuanto a la agricultura.

Acabando de ubicar otro cercado, veo llegar por el nada lejano portón de entrada un pequeño automóvil blanco de fabricación extraña (¿francés o japonés?). No sé quien es. Descienden dos mujeres y camino hacia ellas. Se trata de Arline, novia de Enrique, y de su madre Sylvia. Me extraña la visita, ya que creo no haberles dado la dirección (sería Enrique, sin duda). Las noto tensas cuando hablo de la visita sorpresiva de ambas. Arline se echa en mis brazos y dice: ¿No has estado pendiente a la radio?

Conversamos con ellas dentro de la casa, si puede llamarse conversación una serie de balbuceos, silencios y palabras a borbotones. Sylvia y Arline beben un refresco, fruncen los labios, miran el reloj: son las cinco de la tarde. Algo le ha ocurrido a Enrique, ya que Darío fue muerto ayer en el Cerro Maravilla. Arline los vio juntos temprano en la mañana del 25.

Llegamos a Quintana a eso de las siete de la noche. El reloj eléctrico sigue bien, el teléfono no ha recuperado el tono. La nota de Enrique, con apéndice y diez dólares adheridos, permanece donde la dejé. Embolso nota y dinero, sintonizo un programa radial de noticias, recorremos las habitaciones. La cama destendida nos mira sin alarma. Probablemente Enrique ha ido a Guánica, pienso, y esta por aparecer asombrado de lo ocurrido a Darío. Pero se habla de un tal Carlos, me ha dicho Arline, herido en el Cerro Maravilla.

El radio informa, a las ocho de la noche, que junto al “terrorista” Arnaldo Darío Rosado ha muerto otro “terrorista” conocido como Carlos, aún sin identificar. Hago averiguaciones entre los vecinos: ¿Ha estado por aquí la Policía? ¿Me busca alguien? Obtengo respuestas confusas.

Partimos hacia la casa de nuestros amigos Rosemarie y Roberto Cruz. Desde allí me pongo al habla con Samuel Aponte, redactor de The San Juan Star, quien ya se ha comunicado con el Hospital de Distrito de Ponce. Carlos es Carlos Soto, según un detective, y residía en el Condominio Quintana. Son las once de la noche y ahora mismo le practican la autopsia. Cuando digo que salgo inmediatamente a hacia Ponce, Samuel me pide que espere hasta las doce para poder acompañarme. Su turno vence entonces. Accedo porque quiero un testigo en Ponce.

Comemos sándwiches, recibimos palabras de aliento de Rosemarie y Roberto, quien ha llegado luego de cumplir su turno de guardia médico en el Centro de Salud de Dorado. Telefoneo a un amigo abogado. Fuera de identificar a mi hijo, no deberé responder a interrogatorio ninguno de la Policía.

Poco antes de la medianoche llega Samuel. Carmen esta calmada, Juanelo duerme.

Hacia la una de la madrugada, llegamos al Hospital de Distrito de Ponce, habiendo conversado poco durante el trayecto. Samuel me ha dicho de información ya recogida en periódicos que no he leído: intento de sabotear unas torres de comunicaciones, secuestro de un chofer de carro público, un agente policial infiltrado en el grupo conocido como Movimiento Revolucionario Armado. Darío y Enrique batieron a tiros con la Policía… No me siento fatigado, sino intranquilo. No puede ser Enrique. Carlos Soto es un nombre común. Enrique se halla en Guánica.

Cuando explico a la enfermera del depósito de cadáveres que estoy allí para tratar de identificar el cadáver de Carlos, muerto en el Cerro Maravilla, me estudia de arriba abajo, nos lleva ante una puerta pesada, abre con esfuerzo y nos deja solos. El cadáver tiene descubierta la cabeza. ¿Se parece a mi hijo? sí, es Carlos Enrique golpeado en toda la cara… golpes que ha intentado en vano disfrazar el embalsamador. “Muchos bimbazos”, digo a Samuel. El asistente. “¿Cuántos balazos?” Samuel dice: “Cuatro”. No registro el cuerpo para corroborar eso. ¡Ahí yace mi hijo asesinado! Tengo absoluta certeza de eso. Los golpes no llegan por magia. Ha sido detenido antes de recibir esos golpes, en la frente, en los pómulos… Salimos en busca de la enfermera, quien acude con un formulario de identificación. Pido hablar con alguno de sus superiores. La enfermera superior está lejos en esos momentos. ¿La Policía? Debo ir al cuartel de Ponce. Son más de las dos de la madrugada. ¡Al carajo la Policía! Firmo la hoja.

De nuevo hablamos poco Samuel y yo, durante el viaje de regreso. Deberé comunicarme temprano con alguna funeraria para que trasladen el cadáver a San Juan. Lamento no haber mirado el cadáver de Darío, a quien nunca conocí en vida. Según la enfermera que nos atendió, lo identificaron anoche y esta tarde lo enterraron. De acuerdo con Enrique, Darío era un individuo sumamente estudioso y responsable. Esto fue cuanto supe de la boca de mi hijo, cuando le pedí información cada medianoche por su tardanza. “Esperaba con Darío y se me hizo tarde hablando. Perdona, papi.”

Con Darío también esta ahora. Me prometo a mí mismo, y les prometo a ambos, no descansar hasta descubrir qué demonios ocurrió el 25 de julio de 1978 en el Cerro Maravilla.

 

Reproducido de Claridad/En Rojo del 26 al 1ro. de julio 1983