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La inmaculada

Antes de darle a José la noticia de que estaba embarazada, María se fumó un cigarrillo. No pensaba gestar la criatura, así que haber tomado las precauciones acostumbradas sería un esfuerzo innecesario. Terminó el cigarillo mientras contemplaba el futuro del fruto de su vientre. No demoró en encender un segundo. Inhaló, esta vez, de prisa, cubriendo la boquilla con su mano, pues el anterior lo compartió con el viento y le parecía que ya compartía suficiente. Con cada respiro, aguantaba el humo en sus pulmones, imaginando que traspasaba los tejidos hasta su útero y que la nube negra sofocaba el saco amniótico que llevaba dentro. 

—No vas a resolver nada fumando —escuchó a Gabriel.

—Lo puedo resolver todo fumando —respondió María. Posó el cigarrillo entre sus labios e inhaló fuerte, su mirada esfumada entre el humo que dejaba escapar.

—Dame uno, entonces.

María asintió, pero no le cedió su mirada. Fumaron en silencio, cada cual en el abismo de su consciencia. Además del humo, respiraban la angustia de una vida perdida. María nunca sería la misma. Ambos lo sabían. 

—¿Cuándo le vas a decir? —preguntó Gabriel, dejando la colilla caer al piso antes de aplastarla con la bola del pie. 

—Más tarde —respondió María. Apagó el cigarrillo con la suela del zapato y guardó la colilla en el bolsillo de su traje. 

—¿Hoy? — insistió Gabriel. 

—Después — insistió María, y encendió otro.

—¿Me regalarías un segundo? —preguntó Gabriel con cuidado.

Esta vez, María sí lo miró, pero con poca gracia. Aún así, le dió el cigarrillo y regresó a mirar hacia la nada. El mensajero inclinó su cabeza en agradecimiento y lo guardó detrás de su oreja con miras a fumárselo de regreso a donde vino. Llegó hacía apenas unos días con la noticia y esperaba ansioso por una respuesta. María no quería tener que compartirla con nadie, ni responderle a nadie; no le apetecía la intervención de un extraño y le daba miedo compartirla con su marido. Debía ser suya y solo suya.

—¿Y si te lo quedas?

Sin apagar la colilla, María la guardó en su bolsillo, le dio la espalda y se marchó. Gabriel comenzó tras de ella. No reconocía su error. No sabía cómo disculparse. Entonces, clamó con desespero:

—¡Por favor, no me dejes! ¡Tengo que regresar con un mensaje! ¡Ten piedad!

La joven paró en seco:

—¿No lo sabrá todo?

—Debo regresar con un mensaje.

Lo miró de arriba abajo y dijo:

—¿Por qué me lo debo quedar? ¿Será un gran rey? 

—¿Quién sabe? Líder de un reino eterno, poder y gloria infinita…

—No te engañes, Gabriel. Este niño no es Dios para que venga a salvarme.

—Bendita tú eres, María. Dios te está dando una oportunidad. 

La joven alcanzó a reírse unos segundos antes de ahogarse en llanto. 

—No temas, María. Eres compasión y cordura delante de Dios, pese a quien pese.

—Solo Él puede juzgar —suspiró María. Apagó su penúltimo cigarrillo con la suela del zapato y lo guardó en su bolsillo.

—Lo siento mucho —dijo Gabriel, despidiéndose con un apretón de hombro. 

—Hágase conmigo conforme a su palabra —respondió sin mirarlo, buscando en el horizonte una revelación que no vendría pronto. 

Años después, murió María con el último cigarrillo en mano apenas acabado de encender y un gran hombre entre sus brazos. 

Los niveles dentro del complejo pastel que es Asteroid City

Especial para EN ROJO

El arte es una manera de darle estructura al mundo que nos rodea. Esta estructura no necesariamente significa que el mundo retratado en una obra de arte escape al caos. Una pieza también puede reflejar la falta de orden y de significado que el artista nota en su existencia. Por ejemplo, la maravillosa Underground (dir. Emir Kusturica; Yugoslavia, Francia, Alemania, et al.; 1997) cuenta la historia de la violencia en Yugoslavia entre la Segunda Guerra Mundial y su guerra civil a través de los 90. Los protagonistas, Blacky (Lazar Ristovski) y Marko (Predrag Manojlovic), se mueven dentro de una vorágine de explosiones, disparos, traiciones, comedias astracán y una banda de músicos que los sigue constantemente. Los giros absurdos en Underground reflejan el inexplicable descenso a un infierno sangriento de una región donde tan solo existe la armonía después de la destrucción final.

En un acercamiento totalmente opuesto al de Kusturica, Wes Anderson crea mundos cuidadosamente confeccionados donde el caos no se refleja en el exterior, sino dentro de los complejos personajes que los habitan. En su fantástica The Grand Budapest Hotel (EEUU y Alemania, 2014), el hotel es un hermoso bizcocho dividido en capas que giran en torno al peculiar concierge, M. Gustave (Ralph Fiennes), y su botones, Zero (Tony Revolori). La espectacular actuación de Fiennes en el rol de Gustave le da un misterio al personaje y a cada una de sus enigmáticas acciones. Parado como una línea recta, M. Gustave lleva un peinado y un bigote siempre arreglados, un impecable frac púrpura con pantalones y chaleco grises y ademanes de lord. Sin embargo, su desapego de nobleza europea se viene abajo cuando es acusado de asesinato. Su caos emocional se refleja en el momento en que las autoridades vienen a arrestar al concierge del hotel. El caballero al que nunca le falta una respuesta apropiada, huye despavorido al no saber cómo responder a los cargos.

En su película más reciente, Asteroid City (EEUU, 2023), Anderson nos vuelve a ofrecer un mundo simétrico. Esta vez, la mayoría de la acción se lleva a cabo en un pequeño pueblo desértico de los Estados Unidos durante la década de los 50. Su nombre, Asteroid City, no refleja la realidad de la pequeña localidad que cuenta tan solo con un diner, un taller de mecánica, un motel, máquinas dispensadoras que venden desde cajetillas de cigarrillos hasta bienes raíces y la rampa hacia una carretera a mitad de construcción. Los residentes incluyen al agradable gerente del motel (Steve Carrell), al mecánico (Matt Dillon) y a un grupo de vaqueros (que cuenta con el cantante brasileño, Seu Jorge) que cantan y bailan junto a su líder, Montana (Rupert Friend). La atracción más popular del pueblo es una convención de jóvenes inventores. Por esta actividad, Asteroid City se vuelve el punto donde coinciden Midge Campbell (Scarlett Johansson), una actriz de cine inspirada en Marilyn Monroe, que llega con su hija Dinah (Grace Edwards); un grupo de estudiantes guiados por su maestra, June (Maya Hawke); y Augee Steenbeck (Jason Schwartzman), que llega con su hijo, Woodrow (Jake Ryan) y las trillizas, Andromeda (Ella Faris), Pandora (Gracie Faris) y Cassiopea (Willan Faris).

La normalidad que viven los personajes se ve trastocada por la momentánea visita de una presencia extraterrestre. Por esto, los personajes son condenados a permanecer en Asteroid City por orden del gobierno de los Estados Unidos. El pequeño mundo de cada personaje se resquebraja ante la idea de que hay vida más allá de la tierra. Los personajes no solo buscan entender lo que ha ocurrido, sino que se sienten observados por una presencia alienígena. Esta epifanía lleva a Augee a cuestionar su vida y a considerar la gran pregunta existencial: ¿qué significa todo? Anderson utiliza la pregunta y la metáfora del alienígena para escudriñar la historia de la nación a través de temas como la fe, la tragedia personal, el contacto con la diversidad cultural, las posibilidades de la tecnología y el movimiento armamentista, entre muchos otros.

Inclusive, esta interrogante trasciende la realidad de Asteroid City y define otros niveles narrativos dentro de la película. Vemos en la película una obra de teatro ficticia que se llama Asteroid City escrita por Conrad Earp (Edward Norton). Junto a la obra, el actor que hace de Augie Steenbeck le cuestiona al director teatral (Adrien Brody) cuál es el significado de la obra. Al mismo tiempo, la realidad escenificada y las interacciones entre los artistas más allá de la obra son parte de un programa cultural de televisión, cuyo anfitrión (Bryan Cranston) comenta sobre lo que ocurre.

Además, como Bill Murray, que ha participado en todas las películas de Anderson, no pudo ser parte de Asteroid City porque contrajo COVID, el director colaboró con el actor para hacer un corto que añade otro nivel a la película. Este corto, que pueden ver en YouTube, es un comercial para una película ficticia basada en la obra de teatro. Cada nivel narrativo añade otra dimensión de complejidad que desafía al más experimentado espectador.

Asteroid City no es una experiencia fácil. La vi más de una vez para poder escribir sobre ella y así encontrar un significado que le diera cohesión a la película. La primera vez me asombraron los elementos que usualmente espero de una película de Wes Anderson: una paleta de colores única, un diseño de producción que enfatiza la teatralidad de sus mundos y una banda sonora que le da un toque fantástico a la trama. También me fascinó el estilo de actuación tan singular de los actores de Anderson. Estos encarnan personajes emocionalmente despegados y expresan sus líneas con ritmos y cadencias característicos del director. Sin embargo, esa primera vez salí del cine sin entender lo que había visto. Varios críticos han reaccionado negativamente a lo que consideran una película innecesariamente complicada. Estos argumentan que Anderson se perdió dentro de su misma historia. Si esta es su posición, les exhorto a ver la película por segunda vez. Déjese llevar por la experiencia y mantenga presente la frase que guía a Augee Steenbeck: ante la confusión y el miedo, sigamos contando historias.

Hay directores cuyo cine trasciende una crítica simplona. Directores como Federico Fellini, Luis Buñuel y Orson Welles, entre muchos otros, no hacen cine malo. Sus obras experimentan con las posibilidades del medio y la historia del cine evoluciona gracias a sus visiones como cineastas. Cuento a Wes Anderson entre estos. Asteroid City es una experiencia única que funciona precisamente porque no se asemeja a nada de lo que se ha visto este año. A quién le importa si es mala o buena.

 

Demonios: un relato de horror, religión y deseo queer en el Caribe colonial

Especial para EN ROJO

Los juegos del demonio no están restringidos a los que habitan en el infierno. En su última publicación, el periodista y escritor Huáscar Robles se estrena como novelista colocándolos al interior de una congregación cristiana en “el nuevo país” de Caguas. 

Ubicada en los años 80, el autor nos adentra al mundo de Eyerí, un joven de 13 años que crece en el seno de una familia determinada a una mejor vida y, para conseguirlo, anda “mudando pieles” en el Puerto Rico del consumo y las posibilidades.

El patriotismo y la reflexividad familiar pronto pierden su lustre ante el entronizamiento de una importada teología de prosperidad que les reviste de una coraza de fanatismo. Sin embargo, la escalada socio-fiscal acotada a su conversión acabará trastornando la juventud de Eyerí, quien se reconocerá como varón atormentado por un “demonio de homosexualidad”. Este “empichonamiento” le llevará a luchar con inteligencia y humor para mantenerse fuera de esa categoría plagada de pánico y represión. 

En búsqueda de redención, Eyerí termina entregándose a Dios. También a la anorexia. La suya fue una decisión firme de quemar el pecado y la grasa “de la carne”. Así, una retahíla compulsiva de cultos, exorcismos, tormentos, sesiones de terapias reparativas y ejercicios corporales se amontonan intentando marronear el devenir del protagonista.  

El nuevo entorno eclesial de Eyerí y su familia se nos presenta en la novela como un curado bestiario de las calamidades religiosas del Puerto Rico de la época: predicadores adentrándose al “boom” tele-evangelístico, el fetiche con “all things Israel”, negocios piramidales, el endiosamiento de una tal Bárbara, batallas espirituales ataviadas de fatiga y camuflaje, el trasiego de las emociones congregacionales, la sobrevaloración del insuficiente colegio cristiano y una prédica que atosiga vergüenza y vende indulgencias contra el pecado que ella misma ha manufacturado. ¡Negocio redondo!

En concordancia, la neo-cristiandad en esta novela supone un espacio de desarrollo económico en un Caribe colonial sazonado por la Guerra Fría, la epidemia del VIH/Sida, el cable tv, el carpeteo federal, el bilingüismo de colegio privado, el consumismo desmedido y el culto a la fisicultura. Todo ello sirve como poderoso entramado desde el cual se gesta la biopolítica de los cuerpos cagüeños del texto.

El cuerpo en Demonios se posiciona central y visceral. La experiencia corpórea de los personajes grita, danza, se contorsiona, se descubre, se entrega, nace, renace, se burla, muere y se deja morir, incluso de hambre. No puede ser de otra manera. Eludir el cuerpo es perderle el rumbo a lo concreto como fuente de poder en el texto. El demonio en esta novela no anda suelto. Su condenada porquería habita y atormenta los cuerpos. Por eso se le reprende frente a frente, con dolor, gritería y hambre. Pero también, en un giro problematizante, se alebresta con el desenfreno que da paso a la obscenidad teológica y la obesidad espiritual. El cuerpo en Demonios es el campo de batalla en disputa; y en ella, quien no mata, se sacrifica.

Lo sacrificial al servicio del dominio cristiano en el Caribe colonial no es nuevo. Pero en esta novela se representa con la ansiada frescura de una tragicomedia del siglo veintiuno.

Hace más de sesenta años, Hubert y Mauss plantearon el sacrificio como un acto religioso que, mediante la consagración de una víctima, modifica la condición de la persona moral que lo realiza o la de ciertos objetos de los que se ocupa. Desde un punto de vista antropológico, el sacrificio de seres vivos se ha entendido en sí mismo como metáfora de una transformación interna—una anábasis—que ocurre en virtud de motivaciones humanas rechazadas por una sociedad. Es decir, el sacrificio debe entenderse no sólo en términos de función social, sino desde un carácter de fe para trascender el tiempo y negar o rechazar la muerte y la nada. Es por esto que, desde tiempos líticos, el sacrificio ha devenido una forma de ordenar el mundo, expresar esperanza y dar sentido a la vida, ocurriendo a menudo en momentos de crisis o ruptura con la “normalidad” de una comunidad.

En el cristianismo, la reinterpretación del sacrificio y su transformación en una categoría ética es una expresión más de la forma en que las personas expresan significado y ordenan las relaciones humanas con el mundo, el tiempo y la muerte.

Sin embargo, el cristianismo no existe en burbujas carentes de historia y poder. El cristianismo también fue, y continúa siendo, parte de procesos civilizatorios que han pretendido domesticar poblaciones enteras a través del coloniaje. Ese proceso que algunos teólogos y teólogas han afirmado ser antitético al contenido transgresor de los Evangelios ha terminado planteándole a los pueblos del mundo la figura de Jesucristo como un semidios que llama al sufrimiento y sacrificio de los inocentes, para así concederles la purificación del mal y la violencia que tanto anhelan. 

El Puerto Rico ochentoso presentado en Demonios forma parte de ese proceso de domesticación de la población para imponer una fuerte americanización colonial de consumo, una que desde la perspectiva de los personajes del Norte es equivalente al mismo Evangelio que propone una “mayordomía” de los dones, el cuerpo y el tiempo. En este contexto, el modelo de un Cristo que se lee como bello varón asexuado se traduce a un camino de sacrificio como virtud fundamental, un sacrificio vinculado a los “placeres de la carne”. En la sociedad heteronormativa de la novela ese sacrificio es el demoniaco gravamen que la categoría ‘homosexual’ debe pagar para ser aceptada.

El sobre-enfoque en el cordero como chivo que expía todos los pecados del mundo es lo que el teólogo mexicano Carlos Mendoza Álvarez ha llamado ‘religión sacrificial’. Esa religión sacrificial es impuesta con gran fuerza en los cuerpos abyectos que contradicen o tuercen el sistema. Por eso en la novela son maldecidos, rechazados y excluidos como “endemoniados”. No será hasta que la reprensión y el exorcismo les legitime “in English” que entonces serán reintegrados como cuerpos aptos.

El sacrificio humano siempre es selectivo. En esa lotería socioreligiosa juega Eyerí, el joven puertorriqueño al que una teología importada condenará al demonio, convirtiéndolo en el “gordo pato” al que sacrificar. Su saneamiento sexual apostará a limpiar el pecado de Puerto Rico y restituir el orden divino/colonial que traerá bendición/desarrollo a Caguas. Después de todo, el capitalismo colonial sería inviable sin hombres heterosexuales en plena forma. No obstante, la suerte no está echada.

El “demonio” en esta novela surge como aviso, reproche y sentencia. Como tal, su uso apalabra el umbral desde el cual el adjetivo transmuta a la categoría. El “demonio” se corresponde con un sistema de clasificación taxonómica, una expectativa incrustada en la economía biopolítica que sirve como fuerza de giro para mover la carga. El ordenamiento de cuerpos que implica su “encuerpamiento”, sin embargo, nunca funciona en la novela como acto definitorio ni conclusivo. De ahí que el término “endemoniado” también sea la identificación en disputa; el ordenamiento bajo sospecha. Y es por ello que el “demonio” es el tanteo de los contornos del orden cristiano construido a fuerza de coloniaje. Al final, en esta novela quien vende santos también compra diablos, y quien demonios parece tener realmente posee conciencia y plenitud.

A pesar de que han transcurrido cuarenta años entre el tiempo capturado en Demonios y nuestros días, el meollo del cristianismo sacrificial perdura renovado como tecnología teológica en el Caribe colonial. Hoy día el tele-evangelismo ha dado paso a influencers cristianos que venden y consumen de todo en redes sociales, los colegios cristianos ahora se alternan con escuelas “charter” administradas por iglesias, las comunidades de fe son receptoras de fondos federales sin pagar impuestos, los predicadores itinerantes ahora se titulan “apóstoles” aunque no sepan diferenciar entre al antiguo pueblo de Israel y el Estado moderno que aniquila a Palestina y el agonizante bipartidismo puertorriqueño ha dado paso al surgimiento de un nuevo “Proyecto” que potencia viejas calamidades en un partido político de carapacho secular que se organiza con fuerza y rapidez desde las iglesias del país.

En tiempos en que nuestras democracias viven su erosión y la libertad se nos resignifica postpolíticamente, la obra de Huáscar Robles retumba potente. Su acertado humor, propio de la sabiduría que solo otorga la restrospectiva, hurga en la llaga de la fe y el deseo queer en el Caribe colonial. Con indudable maestría, Robles consigue inscribir la catástrofe metafísica de Puerto Rico anclándose en el caos que erupciona de la ritualidad como espectáculo, el apego capitalista a los evangelios como mercado, el bilingüismo como umbral de salvación y el sacrificio del cuerpo homosexual como precondición de humanidad.

Hace dos décadas, la teóloga argentina Marcella Althaus-Reid alertó sobre el peligro de hacer teología fuera de los cuerpos y las sexualidades, particularmente, aquellas más socavadas por el patriarcado. Según Althaus-Reid, esta grave omisión reproduce la matriz colonial desde la cual se instala la religión sacrificial. Por el contrario, su propuesta radicó en utilizar nuevas herramientas para mirar nuestras relaciones y explorar cómo, desde ahí, respiramos la divinidad. En palabras de Althaus-Reid, hay que “pasarse la teología por el cuerpo”. Partir desde el acuerpamiento de la fe implicará, según la teóloga, romper con la idea de que el destino de algunos, algunas y algunes radica en vivir como sujetos de una religión patriarcal que censura desde el coloniaje la belleza de sus corporeidades sexuales.

El emplazamiento teológico de esta insigne teóloga latinoamericana ha reverberado con potencia. Hoy día, movimientos sociales, pueblos indígenas, culturas juveniles y diversas comunidades de fe han desarrollado prácticas de resistencia que buscan la superación del cristianismo sacrificial. De ahí que la teología posmoderna latinoamericana y caribeña exhiba matices contraculturales de prácticas sexuales, políticas y religiosas que encuben experiencias de gratuidad como poderoso signo de cambio de mundo. Demonios, como relato de horror, religión y deseo queer en el Caribe colonial, le estruja la ajustada teología sacrificial a los rebosantes cuerpos puertorriqueños y, mediante el poderoso recurso que es la literatura, también adviene a este amanecer.

El camino espiritual de la solidaridad compasiva

Para los pueblos de América Latina y el Caribe, así como para los movimientos populares, el mes de julio trae importantes recuerdos. El 24 de julio de 1783, en Caracas, nació Simón Bolívar, el libertador. El 26 de julio es para los cubanos la memoria del inicio de la revolución liberadora. El 19 de julio en Nicaragua, la memoria de la victoria sandinista en 1979.

El 17 de julio también se recuerda la Pascua de Bartolomé de las Casas, que, en los inicios del siglo XVI, era un fraile dominico que vino al Caribe para ser señor de esclavos y al ver el sufrimiento de los indios, se convirtió. Se hizo misionero y teólogo para luchar en defensa de los pueblos originarios. Defendió la dignidad de los indios ante el Rey de España y escribió el primer tratado de teología y espiritualidad que enseña que, en los cuerpos de los indios esclavizados, es el propio Jesucristo quien es explotado por los que se dicen cristianos.

Hoy, casi cinco siglos después, podemos lamentar que, al protestar contra la esclavitud indígena, Las Casas no supiera denunciar el propio sistema colonizador. Y algunos le acusan de haber aceptado el tráfico de africanos para sustituir a los indios en las minas e ingenios de la colonización. No hay ninguna prueba de ello. De hecho, cuando murió en 1566, Las Casas no preveía este problema. El tráfico de africanos secuestrados para ser esclavos en América floreció más en épocas posteriores, a partir de las últimas décadas del siglo XVI. En cualquier caso, aun con sus contradicciones, los escritos de este gran misionero son referencia para una nueva concepción intercultural de la misión y para leer la historia desde el punto de vista de las víctimas y no de los vencedores.

La espiritualidad lascasiana sostiene que la misión cristiana no puede tener como objetivo ganar adeptos a la fe. Debe valorizar la presencia divina en toda realidad humana y respetar la diversidad de las culturas. De lo contrario, las misiones católicas y evangélicas no llevarán a las comunidades la buena nueva del Evangelio y sí la destrucción de las culturas, el colonialismo y la muerte.

Aún hoy, por todo el continente, pueblos indígenas y grupos afrodescendientes siguen siendo masacrados, víctimas de un modelo de progreso que ve en ellos un estorbo para la concentración de tierras, el agronegocio y los beneficios de las grandes empresas.

La memoria de Las Casas nos llama a defender la vida y la libertad de los pueblos originarios, por razones humanas y sociales, pero también como exigencia espiritual de nuestra fe. En 1815, en su “Carta a Jamaica”, Simón Bolívar consideró el elemento religioso como aglutinador del alma americana y formuló “la urgente necesidad de una unión de nuestros pueblos, ligados por elementos culturales y religiosos comunes”.

En estos días, del 18 al 22 de julio, se realiza en Mato Grosso, oeste brasileño, el XV Encuentro Nacional de Comunidades Eclesiales de Base, con el tema: «Comunidades de base: ¡Iglesia en salida, en busca de la vida plena para todos!». El lema del encuentro es la palabra bíblica: “¡Mirad! Yo crearé un Cielo Nuevo y una Tierra Nueva” (Is 65,17). El Amor Divino quiere realizar esta renovación de la vida y del mundo a través de nosotros. Esta debe ser nuestra espiritualidad.

Crucigrama -Lidio Cruz Monclova

 

Especial para En Rojo

 

Horizontales

  1. _____ Cruz Monclova; profesor en el Departamento de Historia de la Universidad de Puerto Rico-Río Piedras, conferenciante, abogado e historiador puertorriqueño.
  2. _____ Piedras; allí nació Cruz Monclova.
  3. 13 de _____ de 1899 o 13 de agosto de 1899; ambas fechas aparecen como día de nacimiento de Cruz Monclova.
  4. Repitiese.
  5. Aleonada.
  6. Vall de _____; municipio español de la comarca catalana de La Garrocha.
  7. La educación en Puerto Rico en el _____ XIX; libro de Cruz Monclova editado por Juan Cruz Ricart.
  8. A nivel.
  9. Conjunción latina que significa ‘y’.
  10. Forma de pronombre.
  11. Olfatearás.
  12. Seres supremos.
  13. La _____ de la esclavitud; (1974) libro de Cruz Monclova, historiador laureado en 1941 con el Premio de Periodismo. Obtuvo los premios de literatura del Instituto de Literatura Puertorriqueña en 1952, 1964 y 1966.
  14. Historia _____ año de 1887; (1958) libro de Cruz Monclova.
  15. Símbolo del calcio.
  16. Comandos Armados de Liberación; siglas de guerrilla urbana puertorriqueña.
  17. Primera vocal.
  18. Lidio _____ Monclova; autor de «Noticia acerca del pensamiento político de Puerto Rico, 1808-1952», «Los documentos, ¿qué dicen?» y «Fabulas puertorriqueñas».
  19. Luis Muñoz Rivera, diez años de su _____ política; (1959) libro de Cruz Monclova.
  20. Pieza de artillería de menor longitud que el cañón.
  21. Del verbo criar.
  22. Hermana religiosa.
  23. Dijo necedades.
  24. Pájaro.
  25. Garbosas.
  26. Historia de Puerto _____ (Siglo XIX); abarcadora obra de Cruz Monclova de tres tomos.
  27. Escucharás.
  28. Ruina bancaria.
  29. Que tiene ovas.
  30. Mil millones de años.
  31. Llama.

 

Verticales

  1. El _____ y nuestra cultura literaria; conferencia dictada por Cruz Monclova al ser designado por la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades como Humanista del Año. La conferencia fue publicada en 1974.
  2. Ciudad paraguaya a 37 km de Asunción.
  3. Anhelé.
  4. Asistir.
  5. Sonreír.
  6. Cacerola.
  7. Interjección usada para detener las caballerías.
  8. Algún.
  9. El Grito de _____; (1968) libro de Cruz Monclova.
  10. Distraída.
  11. Sitio con vegetación y agua en los desiertos.
  12. Dominio de internet de Sudán del Sur.
  13. Río de Galicia.
  14. Latigazo dado con la tralla.
  15. Lidio Cruz _____; fue miembro de la Academia Puertorriqueña de la Lengua, de la Academia Puertorriqueña de la Historia, de la Academia Española de la Lengua y de la Academia Española de la Historia, entre otras.
  16. Tipo de sangre.
  17. Preposición.
  18. Luis Muñoz _____. Obras completas; recopiladas y editadas por Cruz Monclova.
  19. Los documentos, ¿qué _____?; (1960) libro de Cruz Monclova.
  20. Satélite del planeta Júpiter descubierto por Galileo.
  21. Después de Cristo.
  22. Interjección.
  23. Baldorioty de _____: Su vida y sus ideas; (1966) libro de Cruz Monclova.
  24. 20 de _____ de 1983; fallecimiento de Cruz Monclova.
  25. Noticia _____ del pensamiento político de Puerto Rico, 1808-1952; (1955) libro de Cruz Monclova.
  26. Serial.
  27. Se detienen, paran.
  28. Roda, pieza gruesa y curva que forma la proa de la nave, pl.
  29. Folklore de Puerto _____; ensayo de Cruz Monclova premiado por el Ateneo Puertorriqueño en 1922.
  30. Coral, agrupación vocal.
  31. Bahía no muy extensa.
  32. Cuatro en números romanos.
  33. _____ de Balaguer; municipio en la provincia de Lérida, España.
  34. Símbolo del cloro.
  35. Antes del mediodía.