Inicio Blog Página 686

Alma que no vemos: regreso de Fernando Cabrera a Cayey

 

Por Luis Rivera Toledo

Especial para CLARIDAD

Hay momentos, situaciones y circunstancias que cuando se juntan pueden crear un ambiente lleno de júbilo, gestos de gratitud y admiración por un contrario, por un oponente de turno al cual yo quiero vencer, al cual yo quiero derrotar. No es, ni siempre ha sido tan fácil que ocurran, pero son, los hay y ocurren.

El ser humano tiene también esa maravillosa capacidad de compasión y agradecimiento escondido para momentos especiales, y en el deporte, la recreación y la educación física son señales que penetran el alma. Esa alma que no vemos, pero que cada uno tiene una.

Por donde vas amigo mío, dime. ‘Voy por aquí Sancho, voy por aquí’.

Mira, te explico, en un mundo donde se tiene muy tristemente como centro de vida los valores individuales sobre el bienestar colectivo, cuando aflora ese valor colectivo tan escaso, hay que celebrarlo, hay que bendecirlo, hay que ponerse de pie y tan contento como cuando un perro mueve su cola a la velocidad de un abanico enchufado a su alegre corazón. Para decir gracias, para dejarte saber que tu llegada, tu despedida y tu llegada nuevamente, es motivo de alegría, agradecimiento y admiración por ti, por tu camino y tu entrega.

Paso este 30 de julio del año 2023 en Cayey en un juego de béisbol. Un lanzador de ese deporte de nombre Fernando, apodado el Lobo y de apellido Cabrera y que había defendido a capa y espada el nombre y la historia de Cayey en temporadas pasadas había regresado pero esta vez a defender a capa y espada a su ahora equipo Camuy. Ambos pueblos comienzan con la letra C, ambos pueblos terminan con la letra Y. Y ambos pueblos tienen cinco letras en su nombre. Cuando Fernando Cabrera le tocó subir a la loma a defender la causa camuyana, el soberano de Cayey, seguidor, fanático, niño, joven, adulto y envejeciente sabio se puso de pie para aplaudir al guerrero que anteriormente luchó a brazo partido por defender su causa. Nadie le gritó traidor, nadie le gritó y punto. Las manos empezaron aplaudir todos puestos de pie, y Fernando hizo la señal de agradecimiento tocándose la gorra y su corazón. Los seguidores de Camuy se unieron igual al mágico momento. Cuando Fernando salió del juego luego de dejar brazo y corazón sobre el terreno defendiendo esta vez a su actual equipo de Camuy, se empató a dos carreras el juego. Ahí fue que la puerca troncho el rabo, tan pronto salió de la loma, los mancos aplaudían, los mudos vitorearon, la Catedral del Estadio Pedro Montañez de Cayey había comenzado la misa en vivo en honor a un hijo que merecía que todos los presentes celebraran juntos. Cayey, todos de pie, qué grande eres, Camuy que muestra de orgullo el ser testigo, ser parte del aplauso de igual manera y la entrega sobre el terreno taurino.

Fernando, son los hijos como tú los que nos hacen pensar lo grande que somos como pueblo cuando nos juntamos. Puerto Rico es tierra y gente de calidad y virtudes de grandeza. Y en Cayey, desde el barrio Polvorín y la bendita tierra del inmortal Rolo Colón una mano escribió en el Cielo, ‘Que Viva el Deporte’.

Maelo González, Wisin y compañía de esa transmisión radial que cumple ya cuarenta y cinco años de vida escribiendo con el pincel de la voz lo sucedido entrada por entrada en ese juego en Cayey, consérvelo. También trataré de conseguir la transmisión de calidad que distingue a Camuy y nuestra historia.

El autor es profesor.

 

Carnaval de Campeones: resumen y resultados 2do. Fin de semana

 

 

Especial para CLARIDAD

 El carnaval de campeones de la pelota AA continuo este pasado fin de semana, donde los actuales Campeones del beisbol AA, Cayey, mantuvo su invicto y ya está clasificado para la serie semifinal.  Los demás equipos están tratando de asegurar los tres espacios disponibles de esta próxima etapa y se juegan la clasificación en el último fin de semana.

Los campeones del 2022, Toritos de Cayey, vencieron el pasado viernes a los Piratas de Cabo Rojo. Ganaron de forma dramática dominando con resultado 9-2 a los Peces Voladores de Salinas en el Estadio Pedro Montañez de Cayey. Este juego fue una repetición de la serie final del 2022 entre Peces Voladores y Toritos.

El estelar lanzador Freddie Cabrera ponchó a nueve en 7.1 entradas con cinco hits permitidos y una carrera para guiar a los monarcas a la victoria. Los Toritos frenaron la racha de nueve triunfos de los Peces Voladores. Un cuadrangular solitario de Emanuel Colón rompió el hielo y le dio la ventaja definitiva a Cayey en el segundo episodio. Fueron dos las carreras que remolcó en el desafío, con dos anotadas.

El relevista Nelson Rodríguez cargó con el revés con cinco vueltas permitidas, una inmerecida. El estelar zurdo de los Peces Voladores, Miguel Fontánez, apenas pudo enfrentar a dos bateadores debido a una molestia física. Esta situación de Miguel Fontánez podría afectar a Salinas en sus aspiraciones de formar parte de los cuatro equipos que aspiran a la semifinal.

El sábado los Toritos consolidaron su liderato invicto al ganarle 5-2 a los Grises de Humacao, en su parque. Este juego marco el regreso al Estadio Néstor Morales de Humacao de Juan “Igor” González que guio a Humacao en el 2021 al Campeonato de Puerto Rico. José Carlos Burgos domino a los Grises con ocho ponches en cinco episodios. Por Cayey, el toletero Kevin Luciano sacudió un jonrón y Nelson Molina se robó cinco bases en el triunfo de Cayey.

El domingo Cayey se convirtió en el primer equipo clasificado a la semifinal nacional de la Liga de Béisbol Superior Doble A al dejar en el terreno de forma dramática 3-2 a los Arenosos de Camuy en el Estadio Pedro Montañez.

Cayey está invicto con 5-0 en el “todos contra todos” del Carnaval de Campeones y es el equipo más caliente de la postemporada con 10 triunfos al hilo. Los Arenosos colocaron su marca en 2-2. Un sencillo de oro de Jan Arroyo remolcó la carrera del triunfo en el noveno episodio para romper el empate de dos anotaciones. El relevista Christian Bonilla tiró una entrada y se llevó la victoria por los cayeyanos.

El desafío marcó el regreso del veterano lanzador de los Arenosos, Fernando Cabrera, a la loma de los Toritos, equipo que defendió por cinco temporadas. En 6.1 entradas ponchó a siete y dio paso a dos carreras, sin decisión. Al entrar a la “loma de los suspiros” recibió el aplauso de todos los asistentes, cayeyanos y camuyanos, unidos en la ovación a ese gran lanzador de la pelota AA.

En otros partidos del Fin de semana

Viernes:

Los Piratas de Cabo Rojo dejaron en el terreno 4-3 a los Guardianes de Dorado con hit de oro de Abner Vincenty en la novena entrada, en el Estadio Joe Basora de Lajas. Los Guardianes fueron los primeros que anotaron con ramillete de tres carreras en la séptima entrada, luego de seis episodios en cero protagonizados por el duelo entre Julio Torres por los Guardianes y Wilbert Rodríguez por los Piratas. Cabo Rojo se acercó con dos vueltas en el octavo acto mediante jonrón de Eric Nieves y acabó el encuentro con otras dos en el noveno capítulo. Luis Domínguez fue el lanzador ganador en relevo y Roberto Familia sufrió la derrota.

Los juegos Humacao en Camuy y Gurabo en Hormigueros, programados para el viernes, fueron pospuestos por lluvia. Se reasignaron para el 7 de agosto.

Sábado:

El estelar lanzador de los Arenosos de Camuy, Gregorio Reyes mejoró su marca perfecta este año con 11-0. Reyes lanzó seis entradas para darle la victoria 9-3 a los Arenosos sobre los subcampeones Peces Voladores de Salinas en el Estadio Manuel González. Camuy contó con el apoyo de cuatro remolcadas de Joseph Renovales y un jonrón de Kerby Camacho. El lanzador ganador dio paso a cuatro hits con dos carreras, cuatro bases por bolas y cinco ponches propinados. La marca de Reyes este año es la mejor entre los lanzadores activos en el “todos contra todos”. Con marca de 6-0 en la serie regular y lleva 5-0 en lo que va de postemporada.

En otro resultado, los Guardianes de Dorado obtuvieron su primer triunfo al blanquear 3-0 a los Libertadores de Hormigueros con Mad Salgado lanzando toda la ruta, en el Estadio Tomás Palmares. Salgado ponchó a nueve y permitió seis incogibles, sin boletos. Lean Marrero remolcó dos de las tres anotaciones de los Guardianes.

Mientras, los Halcones de Gurabo vencieron 6-5 a los Piratas de Cabo Rojo con juego completo de Marvin Gorgas, quien ponchó a 15 y enfrentó a 40 bateadores, en el Estadio Evaristo ‘Varo’ Roldán en Gurabo. Por los locales, Ángel Flores anotó dos carreras y empujó una.

Domingo:

Los Halcones de Gurabo mejoraron su foja con 3-1 al doblegar con cómodo resultado 10-1 a los Guardianes de Dorado en el Estadio Tomás Palmares de Dorado. En total fueron 14 los hits conectados por los Halcones. Miguel Egea encabezó la ofensiva con dos dobletes y un sencillo, dos carreras empujadas y dos anotadas. El derecho Edwin Sánchez tiró 6.1 episodios con una carrera y cinco hits para ganar el encuentro.

En el Estadio Joe Basora de Lajas, los Piratas de Cabo Rojo apabullaron 16-4 a los Libertadores de Hormigueros con 19 inatrapables, cuatro ellos de Félix Báez, quien pegó un cuadrangular y tres sencillos con tres anotadas y dos remolcadas. Además, Ian Matos impulsó cuatro vueltas con dos sencillos y un jonrón. El derecho Alex de la Cruz lanzó 5.1 entradas y fue el ganador por los Piratas.

Los Grises de Humacao lograron su primera victoria del “todos contra todos”. Los lanzadores José Soler, Jordan Laboy y Jimmy González se combinaron para blanquear 4-0 a los subcampeones Peces Voladores de Salinas. Soler fue quien llevó la voz cantante durante siete capítulos con ocho ponches y cuatro hits. El juego estuvo en cero hasta el séptimo acto, cuando Sergio Ortiz pegó triple que rompió el hielo y le dio la delantera a los Grises.

Próximos juegos que serán decisivos para determinar los tres equipos que acompañaran a Cayey en la serie semifinal:

Viernes 4 de agosto
Cabo Rojo (3-2) en Camuy (2-2) – 8:00 pm
Salinas (2-3) en Gurabo (3-1) – 8:00 pm
Dorado (1-4) en Cayey (5-0) – 8:00 pm
Hormigueros (1-3) en Humacao (1-3) – 8:00 pm

Sábado 5 de agosto
Cayey en Hormigueros – 8:00 pm
Cabo Rojo en Salinas – 8:00 pm
Dorado en Humacao – 8:00 pm
Gurabo en Camuy – 8:00 pm

Domingo 6 de agosto
Humacao en Camuy – 6:00 pm
Gurabo en Hormigueros – HORA POR DEFINIR

(Gran parte de la información fue obtenida de los comunicados de Prensa de Héctor Luis Rosa Figueroa (Titito) de Federación de Béisbol de Puerto Rico)

 

 

 

(Tomado de la pagina oficial de la Federación del Beisbol AA de PR)

En Reserva-Cortinas de humo y los simulacros en la política puertorriqueña reciente

 

 

Especial para En Rojo

Cada cierto tiempo surge en los medios alguna noticia sobre una inminente amenaza a la seguridad pública. No me refiero a la violencia de género, ni la proliferación de armas de fuego, ni la destrucción rampante de ecosistemas sensibles por parte de los sectores más pudientes de la sociedad. Tampoco hablo de la vocación de saqueo, ruina y muerte que ejerce el bipartidismo mediante su modelo neoliberal de administración pública. Me refiero a un fenómeno que casi pasa por desapercibido en el transcurso de nuestra historia reciente. Es como si fuera, o por lo menos aparentara, ser inconsecuente. Con cierta regularidad, el gobierno de turno y sus extensiones mediáticas se sumen en reportajes, investigaciones y debates especulativos en torno a objetos o eventos singulares que sugieren una potencial hecatombe de seguridad pública. Los ejemplos sobran, pero podemos examinar algunos recientes.

Durante las manifestaciones del 1 de mayo de 2023, las autoridades de seguridad pública y federales iniciaron sus respectivas conferencias de prensa, investigaciones y especulaciones en torno a un “artefacto explosivo” encontrado en los predios de las oficinas de Servicio al Cliente de LUMA Energy en Guayama. Las noticias sobre manifestaciones multitudinarias y multisectoriales que pretendían denunciar la política fiscal antidemocrática y destructiva de la Junta de Control Fiscal en el Día Internacional de los Trabajadores tuvieron que compartir primeras planas con opiniones, comentarios y debates en torno a la amenaza inminente a la vida en la forma de un tanquecito de butano de 16oz y dos baterías D. Al día siguiente, varios medios de comunicación publicaron las expresiones del teniente Ismael Cartagena, quien comparó el artefacto a los explosivos que se usaron en los atentados del Maratón de Boston en 2013. De más está decir que la comparación es absurda. Varios medios reportaron el 3 de mayo que el director del Negociado de Investigaciones Federales (FBI) no se atrevió a identificar el objeto como una bomba y determinó que se enviara los laboratorios de la agencia en Virginia. De esta manera, la investigación se dilató hasta el olvido. Luego de esa fecha, no se ha vuelto a mencionar el atentado.

El 10 de junio de 2021, tan solo nueve días luego de que LUMA asumiera control sobre la distribución de energía eléctrica en el país, la subestación eléctrica de Monacillos explotó y dejó a unos 500,000 abonados sin luz. En las horas y días que siguieron al evento, el descontento público por las condiciones del contrato, los aumentos programados en el costo de energía eléctrica y la ineficiencia de la operadora privada fueron ahogados en un mar de especulaciones de actividad terrorista. El gobernador rápidamente anunció que los responsables tendrían que responderle al pueblo de Puerto Rico. La directora de seguridad de LUMA y antes Superintendente de la Policía, Michelle Hernández de Fraley, sugirió la posibilidad de sabotaje terrorista. LUMA, en colaboración con entidades locales y federales, ordenó investigaciones, informes y más especulaciones.

El 17 de julio de 2019, en el momento más álgido de las protestas del verano del 2019, se reportó que en la madrugada unas 50 armas de fuego, junto con 4,000 municiones fueron robadas de la Comandancia del área de Guayama. También se encontró un mensaje escrito con aerosol en una pared: “Ricky renuncia, plata o plomo”. Los voceros conservadores de siempre no tardaron en levantar la voz de alarma. Muchos medios de comunicación, sin evidencia alguna, dieron por auténtico el mensaje. Al día de hoy, el comunicador estadista Ramón Rosario aún vincula los hechos, a pesar de que el policía responsable por el robo se ha declarado culpable en un tribunal federal.

Más allá de los protocolos obligatorios y del discurso criminal, me interesa el aspecto mediático de esta última serie de no-eventos. En una era en la que los poderes estatales y corporativos de la colonia atraviesan una crisis de legitimidad, es obvio que resulta muy conveniente tener a la mano cortinas de humo para nublar la vista, confundir y emprender la huida en momentos de tensión popular.

Hace apenas unos días, el 23 de julio de 2023, el Departamento de Seguridad Pública del Negociado de la Policía de Puerto Rico anunció que investiga un vídeo publicado en la red social TikTok, en el que el chef puertorriqueño José Torres Santiago anuncia una venidera guerra civil. En dicho vídeo, el gobernador Pedro Pierluisi, su familia y toda la maquinaria política que participa de la corrupción quedan bajo amenaza de una insurrección popular. Medios como Primera Hora y Noticel rápidamente difundieron el vídeo en redes sociales, logrando así que se convirtiera en tema principal de discusión pública. Sin embargo, una visita rápida a la página del creador revela una colección de vídeos marcados explícitamente como “comedia urbana y sátira política”. Como es uso y costumbre, encontraremos declaraciones a diestra y siniestra sobre la “seriedad que ameritan declaraciones así”, seguidas por la invalidación de contenido real. De todos modos, preocupan otros efectos que pueda tener esta práctica mediática. Me vienen a la mente incontables episodios así, incluso con violencia letal del estado (piénsese en Cerro Maravilla). Pero en el mundo de imágenes que habitamos surgen otras preguntas.

Como teoriza Jean Baudrillard, los simulacros son copias de alguna cosa cuyo original no está presente. Si en la cultura pre-moderna las copias eran únicas y poseían un aura sagrada porque representaban algo percibido como real y trascendente, con la Revolución Industrial la posibilidad de hacer perfectas e infinitas copias cambió nuestra percepción de la realidad y lo auténtico. Según Baudrillard, en el mundo posmoderno y mediático que habitamos, la proliferación incesante de copias compone nuestra realidad. Pensemos entonces en nuestro contexto puertorriqueño. Estos simulacros ––los artefactos, los grafitis, las piedras, los vídeos–– inundan nuestra vida política a la vez que parecen remitir a nada. En otras palabras, el poder estatal, en complicidad directa o indirecta con los medios de comunicación, se dedica a proliferar simulacros de una insurrección que aparentemente no existe, ya que ningún reportaje, investigación, o debate televisado puede identificar su origen. Más allá de criminalizarnos con lo inexistente, con todas sus repercusiones concretas e históricas, nos corremos el riesgo de caer en una narrativa que pretende vaciar nuestras luchas de todo significado. Guardo una esperanza: hoy, en la colonia, los cuerpos que marchan en la calle por una vida digna imprimen masas contundentes en ese espacio de simulacros, de humo, de nada.

 

Horizonte empañado

 


Especial para En Rojo

¿Cómo es que la serenidad de un atardecer tropical termina convertida en un asunto político? Habrá quienes acusen al artista Ludwig Medina Cruz de politizarlo todo, como si con la política se mancharan los colores de nuestros hermosos paisajes, o como si fuera un acto deliberado de dañar las pocas cosas buenas que nos quedan; cabría preguntarse, antes de acusarle, si en verdad nos quedan esas cosas buenas. En su ejercicio de abstraer elementos del paisaje puertorriqueño hasta llevarlo a una síntesis a base de color y una composición reticular, el artista plantea esta y otras preguntas puntuales sobre el porvenir de nuestro paisaje, que a su vez es una expresión mínima de nuestra geografía.

El paisaje politizado no es cosa nueva. La clasificación como un género menor que históricamente se le ha dado al paisaje rivaliza con el hecho de que frecuentemente el paisaje está presente en los géneros mayores: el religioso y el histórico; nada más político que el paisaje en una escena histórica de batalla, que además tiene una intención religiosa, como lo es el Exvoto del Sitio de San Juan por los Igleses, (c.1797) de José Campeche. Por supuesto, esta no es la política partidista y la politiquería a la que lamentablemente estamos acostumbrados en Puerto Rico y por la cual vemos con malos ojos las instituciones gubernamentales y los procesos políticos. En cambio, Medina Cruz parte de una concepción de la política como la toma de decisiones colectivas y la acción directa del pueblo ante las problemáticas urgentes que nos aquejan como pueblo; algo que puede sonar a anarquismo pero que se alinea más con la democracia participativa y la acción conjunta que ha surgido naturalmente como solución ante las emergencias provocadas por fenómenos naturales durante los últimos años. Estas gestas de pueblo contrastan con los millonarios negacionistas del cambio climático en tiempos de los supuestos “alternative facts” y los “fake news” (que no es casualidad el que sean términos que utilizamos en inglés, sin traducirlos). Desde este marco de referencias, antes que tratar cualquier otro tema, las pinturas de Medina se contextualizan como reacción a la transformación acelerada del paisaje costero debido al cambio climático y cómo afecta de manera desproporcionada a las islas del Caribe.

Antes de entrar en los méritos conceptuales, es apremiante el abordar las características físicas de las pinturas de Medina Cruz, pues estos no son los usuales paisajes que encontraríamos decorando un cuarto de hotel con “playa privada”. Aunque ciertamente sus piezas cuentan con un atractivo peculiar por su paleta brillante –producto de las referencias que utiliza– y la simplicidad de sus formas, el elemento más característico de esta serie es la cuadrícula que utiliza el artista para reducir los paisajes a sus elementos mínimos: el esquema de colores y la composición. Como resultado, la huella de una centenaria relación tensa entre pintura y fotografía cobra importancia al considerar la gran importancia de la fotografía digital en la cultura consumerista actual en la que casi todo aparato electrónico debe incluir una cámara con decenas de megapíxeles; no es raro encontrar, por ejemplo, que la única diferencia entre dos modelos del mismo celular es que uno incluye una mejor cámara que su versión anterior.

Existe un consenso entre historiadores del arte acerca de que la fotografía liberó a la pintura de su rol documental; es decir, que a partir del desarrollo de la fotografía en el siglo XIX ya no hizo falta que los pintores imitaran la naturaleza. Esta tecnología hizo mucho más sencillo y rápido el obtener una imagen precisa de la realidad, y le permitió a la pintura enfocarse en lograr aquello que no se podía obtener apretando un botón. Sin embargo, a casi dos siglos de que apareciera la cámara fotográfica, aún hay pintores que insisten en “retratar” con sus pinceles. En un giro irónico, los pintores hiperrealistas utilizan fotos de alta resolución y la última tecnología, para pintar los más mínimos detalles, aquellos que a simple vista sería muy difíciles captar. Medina Cruz, en cambio, se ubica en el punto opuesto de esa relación centenaria entre fotografía y pintura, utilizando los elementos característicos de la tecnología digital para pintar cuadros –tanto literal como figurativamente– que sintetizan la captura de luz de la cámara.

Hace décadas que nuestro manejo de la fotografía ya no contempla un entendimiento del papel foto-sensitivo, pues casi cualquier aparato electrónico captura imágenes utilizando censores, e instantáneamente se muestra las imágenes en pantallas de cristal con celdas lumínicas diminutas. Así, resulta poético el hecho de que automáticamente pensamos en las pinturas de Medina Cruz como en “paisajes pixelados” porque crea un oxímoron visual a base de la relación entre tiempos pasados que se juntan en el lienzo y la advertencia de un futuro incierto que se produce al interpretarse en su conjunto. Hablamos de tiempos pasados, en plural, pues el artista utiliza la pintura –un medio análogo desarrollado previo al surgimiento de la fotografía–, y además incurre en una estética que apela a un pasado más cercano, al de las décadas de los 1980s y 1990s, cuando la resolución que los aparatos electrónicos hacían ver las imágenes cuadradas y hasta cómicas. Para toda una generación, vendrá a la mente un videojuego o aparatos hoy obsoletos, como los “beepers”; sin embargo, esta esquematización de colores, a la que podemos llamar “retro”, al aplicarse al género pictórico paisajista, nos deja una serie de horizontes empañados que auguran un futuro incierto.

Es importante estipular que el artista llegó a la solución abstracta presente en esta muestra desde su propia exploración con la cámara de fotos; pero no es menos cierto que este tipo de obra se inserta en la tradición pictórica de la abstracción geométrica de bordes duros (“Hard Edge”), la cual se originó en la década de 1950. Al llegar a la misma solución siguiendo una ruta distinta, la obra de Medina Cruz nos recuerda que la abstracción surgió en múltiples culturas, siglos antes de que se convirtiera en el fenómeno pictórico de la postguerra que hoy reconocemos como revolucionario. Por poner un ejemplo, existen meandros cuadrados en la Grecia Antigua, así como patrones idénticos a estos en textiles Mayas y en la arquitectura de la antigua China. Por otro lado, existen muy pocas cosas tan universales como el horizonte como frontera que no podemos alcanzar; de modo que los paisajes de Medina Cruz dialogan con múltiples tradiciones artísticas.

Si el cambio climático ya es un tema de geo-política, a esto se añade el neocolonialismo que experimenta Puerto Rico y que cobra particular relieve ante el activismo actual en la defensa eficaz de nuestras playas, gesta de un sector del pueblo que no puede describirse como menos que heroico. Como si no fuera ya un problema de envergadura la politización general con de la opinión científica experta en temas climáticos y hasta en la naturaleza misma del horizonte como la ilusión óptica que resulta del fenómeno de la refracción (pues existe una gran comunidad de terraplanistas en pleno siglo XXI), debemos añadir el momento histórico en el que se realizan las piezas presentes. Aunque en Puerto Rico se han construido hoteles a orillas de la playa durante toda la mitad del siglo XX, la práctica de privatizar playas por parte de inversionistas locales y extranjeros, –de modo ilegal, pues nuestra constitución lo prohíbe– pone en riesgo nuestro acceso al paisaje que Medina Cruz sintetiza en su obra. De hecho, la serie presente forma parte de un proyecto mayor que incluye un mural en La Casa de Arte y Cultura ubicada en la Playa de Ponce, un proyecto comunitario con la misión de resistir y frenar el desplazamiento y la gentrificación que experimenta esta comunidad. Un detalle que no es evidente pero sí sumamente importante es el hecho de que estas pinturas han utilizado como referencias fotografías tomadas por el propio artista y todos son paisajes costeros del Mar Caribe.

Mediante una solución plástica que remite a la obra de Ellsworth Kelly y a Luis Hernández Cruz, utilizada de tal modo que añade una reflexión tecnológica, mientras aborda un tema local a base de un género pictórico milenario –el paisajismo–, Medina Cruz ha logrado una pintura de actualidad sin desligarse de la historia del arte, sino que abrazándola. En este ejercicio, el artista apela a la concepción popular del horizonte como el porvenir, ese espacio imaginario al que nos aproximamos a sabiendas de que nunca lo alcanzaremos pero que, según plantea Fernando Birri en voz de Eduardo Galeano, es una utopía que nos sirve para continuar caminando. Borrosos, inciertos, posiblemente tormentosos aún en su calma belleza, los horizontes que se desdibujan en los paisajes de Ludwig Medina Cruz nos anuncian la necesidad de concientización sobre nuestro espacio geográfico y de “trazar una línea en la arena” con respecto a su situación política y ambiental.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Encontrado en las REDES- Sinéad O’Connor: cantar contra el enemigo

 

Norge Espinosa Mendoza

La descubrieron en una boda, en la cual cantaba una versión de Evergreen, ese tema de Barbra Streisand. Su carrera, que despuntó con la aparición de The Lion and The Cobra en 1987, iría sin embargo en una dirección lejana a la de esa balada que fue el gran hit del segundo remake de A Star Is Born. Sinéad O’Connor, la joven irlandesa que grabó su primer álbum con solo 19 años y ya embarazada de su primer hijo, para espanto de sus productores, nunca iba a ir en una dirección que no fuera aquella que le dictara su propia fe, su propia rebeldía, su obcecada manera de no hacer concesiones.

Era sin dudas muy hermosa, pero eligió mostrar su cabeza rapada, un modo de confirmarse como guerrera punk. Tenía unos ojos extremadamente dulces, y una voz que como dijo alguien, podía derretir a una piedra. Pero la piedra real era ella, sólida en su modo de renunciar a la idea de una estrella del pop, insistiendo en canciones que hablaban de rebeliones y de una tristeza que eran parte de su afán de independencia. Si el primer disco fue un preludio del éxito, en el que deslumbran ya Mandinka y otros temas más oscuros, como Just Call Me Joe, ahí estaba la imagen bien delineada de su carácter. Cuando graba su propia versión de Nothing Compares 2 U, el tema de Prince, estrenado en 1985 por The Family, pasa a pertenecerle y sería su carta de presentación incluso en épocas en las que ella quiso alejarse de lo que la balada representó en su vida. Fue el single de su segundo disco, I Don’t Want What I Haven’t Got, que salió en 1990 y se hizo número 1 a nivel global. Ya ese título (No quiero lo que no tengo) era una declaración de principios. Y a pesar del éxito apabullante, el álbum cerraba con un tema enteramente a capella, como un desafío al mainstream que aspiraba a sacar millones de esta mujer. Pero ella renunció al Grammy que había ganado, acusando a ese premio de comercialismo, y se preparaba para nuevas batallas.

Las tuvo sin dudas, y algunas con efectos devastadores. Un encuentro con Prince terminó en un altercado físico. Se negó a cantar en New Jersey si antes de su aparición se escucharía el Himno Nacional, lo cual causó protestas e hizo a decir a Frank Sinatra que le patearía el trasero. Pero Nothing Compares… arrasaba desde enero de 1990, y muchos pensaron que acabaría domesticándose. Estaban equivocados.

En 1992 apareció Am I Not Your Girl?, que lejos de lo esperado presentaba un puñado de versiones de standars de jazz, blues y hasta teatro musical: de Black Coffee hasta Don’t Cry For Me, Argentina. Si eso no fue suficiente sorpresa, el 3 de octubre de 1992, O’Connor apareció en Saturday Night Life para promover el álbum (que se vendió mucho menos que el previo). En el ensayo general, entonó como canción final una versión de War, de Bob Marley, y mostró a la cámara la foto de un niño desnutrido. En la transmisión en vivo, alzó sin embargo una fotografía del Papa Juan Pablo II y la rompió en pedazos antes de lanzar su grito de guerra: Fight the real enemy! La audiencia en el estudio se quedó pasmada. Pero los televidentes reaccionaron con ira: más de 4 mil quejas llegaron por vía telefónica. Y la promesa de una carrera triunfal se deshizo ahí, para angustia de managers y agentes de venta.

Pero a Sinéad O’ Connor eso le importaba poco, ella tenía su propia batalla, y parte de ella era ese grito como una protesta ante los abusos y el maltrato infantil que sucedía en la Iglesia Católica: eco de su difícil niñez. Acaso no tuvo una dimensión real de las consecuencias hasta que días más tarde, en Madison Square Garden, el público la abucheo hasta impedirle cantar en un homenaje a Bob Dylan. Su siguiente álbum, Universal Mother, no aparecería hasta 1994, e incluye entre otros temas indudablemente hermosos, su versión de All Apologies, de Kurt Cobain, Red Football, Fire on Babylon y Thank You For Hearing Me. Su voz, cálida, madura, maternal, también podía ir al grito de rabia y fuerza indomable que ni siquiera el rechazo de la industria y los fans que rompieron sus copias de discos anteriores pudieron quebrantar.

Las polémicas continuaron: tuvo otros hijos, se relacionó con hombres y mujeres, se ordenó sacerdote de una iglesia no vinculada a la de Roma, se negó a arrepentirse de aquella noche de 1992 que luego fue parodiada por Madonna y otros nombres del mundo al que ella renunció. Grabó en 1997 su EP Gospel Oak, sacó a la venta el inevitable álbum de grandes éxitos en el mismo año, pero volvió con más impulso en el 2000 cuando presenta Faith & Courage, dos palabras que sin dudas la identifican. El disco tenía puntos sólidos en temas como No Man’s Woman, Jealous, Hold Back The Night, y fue recibido como un «retorno a su mejor forma». Y otra vez, como cierre del álbum, una sorpresa: oírla cantando el Kyrié Eléison. Había sobrevivido a un intento de suicidio en 1999. Acaso ese, en cierto modo, fue su acto de resurrección.

Su música ha estado siempre en mi mp3, o en cualquier reproductora, junto a sus discos físicos, porque al oírla vuelvo en cierto modo a ser el joven que se preguntó quién era esa muchacha desquiciada que bailaba como si no le importase la opinión de nadie en el video de The Emperor’s New Clothes. Luego vino su versión de Prince y no puedo decir cuántas veces la he escuchado. En las buenas y en las malas. En la tristeza y en el desasosiego que también puede ser la felicidad. Alguna vez se habló de una visita a Cuba pero eso nunca se concretó, aunque su hermano, de profesión novelista, sí llegó hasta acá. Seguí sus noticias al tiempo que seguí su música —Sean-Nós Nua, Throw Down Your Arms, Theology, How About I Be Me (And You Be You) y I’m Not Bossy, I’m The Boss completan sus trabajos de estudio. Supe de su conversión al islam, de sus continuos anuncios de intentos de suicidio y de retiro de la música. Pero siempre volvía a ella, o ella volvía a Sinéad. Se necesitaban mutuamente, y en la idea de la música en la que me eduqué, ella estaba ahí como un amor que nadie podía doblegar.

No dejó nunca de ser una guerrera, un alma beligerante, una irlandesa de cuerpo entero, más allá de etiquetas y estereotipos, como demuestran las páginas de su libro de memorias, titulado Rememberings. Prometía un nuevo álbum y una gira para el 2024, y ya eso no sucederá. Hay que volver a sus discos, a sus conciertos y a sus colaboraciones, para mantenerla entre nosotros, los que la amamos por encima del tiempo, el silencio y las modas pasajeras. Quien no la haya oído, que busque además la versión que ella grabó a partir de Sacrifice, para Two Rooms, el disco de 1991 que rinde tributo a Elton John y Bernie Taupin. Su voz y un teclado bastan para demostrar cuán potente era Sinéad O’Connor, y cómo supo siempre hacer de lo que entonaba una prueba de su fe, de su verdad siendo ella misma, del credo que la llevó a cantar persistentemente contra tantos enemigos verdaderos. El tiempo le dio la razón a varias de sus batallas. El futuro, no lo dudo, también de dará la razón en muchas otras. Como una guerrera de ley, seguirá dando pelea con su voz, su mejor arma, aquí, hoy y mañana. Yo la despido como quien dice a un adiós a un amor permanente. A una manera de ser, en su voz, una versión mejor y más radical de nuestras propias existencias.