Alma que no vemos: regreso de Fernando Cabrera a Cayey

 

Por Luis Rivera Toledo

Especial para CLARIDAD

Hay momentos, situaciones y circunstancias que cuando se juntan pueden crear un ambiente lleno de júbilo, gestos de gratitud y admiración por un contrario, por un oponente de turno al cual yo quiero vencer, al cual yo quiero derrotar. No es, ni siempre ha sido tan fácil que ocurran, pero son, los hay y ocurren.

El ser humano tiene también esa maravillosa capacidad de compasión y agradecimiento escondido para momentos especiales, y en el deporte, la recreación y la educación física son señales que penetran el alma. Esa alma que no vemos, pero que cada uno tiene una.

Por donde vas amigo mío, dime. ‘Voy por aquí Sancho, voy por aquí’.

Mira, te explico, en un mundo donde se tiene muy tristemente como centro de vida los valores individuales sobre el bienestar colectivo, cuando aflora ese valor colectivo tan escaso, hay que celebrarlo, hay que bendecirlo, hay que ponerse de pie y tan contento como cuando un perro mueve su cola a la velocidad de un abanico enchufado a su alegre corazón. Para decir gracias, para dejarte saber que tu llegada, tu despedida y tu llegada nuevamente, es motivo de alegría, agradecimiento y admiración por ti, por tu camino y tu entrega.

Paso este 30 de julio del año 2023 en Cayey en un juego de béisbol. Un lanzador de ese deporte de nombre Fernando, apodado el Lobo y de apellido Cabrera y que había defendido a capa y espada el nombre y la historia de Cayey en temporadas pasadas había regresado pero esta vez a defender a capa y espada a su ahora equipo Camuy. Ambos pueblos comienzan con la letra C, ambos pueblos terminan con la letra Y. Y ambos pueblos tienen cinco letras en su nombre. Cuando Fernando Cabrera le tocó subir a la loma a defender la causa camuyana, el soberano de Cayey, seguidor, fanático, niño, joven, adulto y envejeciente sabio se puso de pie para aplaudir al guerrero que anteriormente luchó a brazo partido por defender su causa. Nadie le gritó traidor, nadie le gritó y punto. Las manos empezaron aplaudir todos puestos de pie, y Fernando hizo la señal de agradecimiento tocándose la gorra y su corazón. Los seguidores de Camuy se unieron igual al mágico momento. Cuando Fernando salió del juego luego de dejar brazo y corazón sobre el terreno defendiendo esta vez a su actual equipo de Camuy, se empató a dos carreras el juego. Ahí fue que la puerca troncho el rabo, tan pronto salió de la loma, los mancos aplaudían, los mudos vitorearon, la Catedral del Estadio Pedro Montañez de Cayey había comenzado la misa en vivo en honor a un hijo que merecía que todos los presentes celebraran juntos. Cayey, todos de pie, qué grande eres, Camuy que muestra de orgullo el ser testigo, ser parte del aplauso de igual manera y la entrega sobre el terreno taurino.

Fernando, son los hijos como tú los que nos hacen pensar lo grande que somos como pueblo cuando nos juntamos. Puerto Rico es tierra y gente de calidad y virtudes de grandeza. Y en Cayey, desde el barrio Polvorín y la bendita tierra del inmortal Rolo Colón una mano escribió en el Cielo, ‘Que Viva el Deporte’.

Maelo González, Wisin y compañía de esa transmisión radial que cumple ya cuarenta y cinco años de vida escribiendo con el pincel de la voz lo sucedido entrada por entrada en ese juego en Cayey, consérvelo. También trataré de conseguir la transmisión de calidad que distingue a Camuy y nuestra historia.

El autor es profesor.

 

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