No entiendo la obsesión con reconocer los gustos de los fanáticos dentro del cine de superhéroes. La historia de los comics ya ha demostrado que una trama sólida que simultáneamente respete e innove sobre textos gráficos considerados canon es la forma en perpetuar estos personajes y multiversos. ¿Por qué queremos ver la misma historia de Peter Parker transformándose en Spider-Man? Cuando se considera que un hombre blanco no es dueño de estos poderes y se explora cómo responderían un joven afroboricua o una adolescente punk a esa araña radioactiva, florecen universos de posibilidades. En uno de los clásicos del mundo de los comics, Watchmen (escrito por Alan Moore, ilustrado por Dave Gibbons, 1986-87), Moore cuestiona la fascinación general con estas figuras de disfraces coloridos y ética dudosa. El texto nos presenta los Watchmen, un grupo claramente inspirado en el Justice League, que han venido a menos con los cambios históricos que los rodean. Algunos de estos héroes, alabados en el pasado de la historia, han muerto asesinados, otros envejecen en el olvido, y uno planifica unir a toda la humanidad a través de un evento catastrófico donde morirán millones. Con Watchmen, Moore revolucionó la literatura de comics precisamente porque problematiza el género reconociendo la validez y limitaciones de sus mitos en nuestra propia realidad.
Hay una considerable cantidad de cine animado y de acción en vivo que expande en esos lugares comunes establecidos por los escritores e ilustradores de Detective Comics (DC), Marvel y Dark Horse, entre otros. En una de mis películas animadas favoritas del mundo de DC, Justice League: The Flashpoint Paradox (dir. Jay Oliva, EEUU, 2013), Flash altera su historia al correr tan rápido que viaja a su pasado y cambia un evento canónico del personaje, el asesinato de su madre. En esta nueva realidad, la nación de las amazonas al mando de una sanguinaria Wonder Woman y la monarquía de un cruel Aquaman entablan un conflicto violento que marcará el fin de la humanidad. Por esto, Flash se junta a un amargado Batman y a un macilento Superman para detener a un enemigo que solo ansía el fin de la humanidad. La más reciente producción de DC, The Flash (dir. Andy Muschietti; EEUU, Canadá, Australia y Nueva Zelanda; 2023), está basada en el mismo texto gráfico que The Flashpoint Paradox. Sin embargo, The Flash insiste en un fan service que abarata la historia e, inclusive, mata la esencia de héroes del pasado.
En The Flash, Barry Allen/Flash (Ezra Miller) es el héroe de Central City. Desde el principio, vemos un Allen muy humano que corre al trabajo porque va tarde y que tiene que bregar con un empleado necio del café donde espera su desayuno. Miller logra darle un elemento humano tan necesario al personaje. En un mundo donde dioses como Superman, Wonder Woman, Aquaman y Batman (que es humano, pero cuya fortuna y entrenamiento lo deifican) velan por los mortales, Barry Allen se mueve torpemente a través de sus relaciones y su diario vivir. La actuación de Miller se asemeja a la de Tobey Maguire como Peter Parker en la trilogía de Spider-Man (dir. Sam Raimi; EEUU; 2002, 2004, 2007). Aunque se ve una influencia clara, la actuación de Miller no es derivativa. Inclusive, cuando Allen se enfrenta a sí mismo en un universo donde la madre del personaje no es asesinada, Miller logra marcar una diferencia clara entre ambos personajes. Aunque el humor se siente algo bobo por momentos, el enfrentamiento entre ambos Barry Allens es bastante logrado.
De hecho, The Flash funciona mientras más absurdo se torna el personaje de Allen. En la primera secuencia de acción, Batman (Ben Affleck) demuestra su habilidad sobrehumana deteniendo a unos criminales que llevan un virus que podría liquidar a toda la humanidad. Por otro lado, Flash corre torpemente buscando algo de comer para mantener su energía mientras salva unos bebés que caen de una sala de maternidad. Aunque no lo crea, el terrible CGI (imágenes generadas por computadora) de la escena y los malabares de Flash por detener la lluvia de bebés mientras busca un bocado es de las secuencias más cómicas de la película. Es una maravilla por los malos efectos especiales y por cómo la torpeza de Flash contrasta la precisión de Batman.
Sin embargo, mientras la historia adquiere más seriedad y adentra en el multiverso, su ritmo decae. No se puede evitar contrastar The Flash a otras exploraciones más logradas del multiverso. En el cine de Marvel, la joya animada, Spider-Man: Across the Spiderverse (dirs. Joaquim Dos Santos, Kemp Powers y Justin K. Thompson; EEUU; 2023); la malentendida Doctor Strange in the Multiverse of Madness (dir. Sam Raimi, EEUU, 2022); y la relativamente sólida Spider-Man: No Way Home (dir. Jon Watts, EEUU, 2021), exploran las figuras interdimensionales que interactúan con los protagonistas de la historia principal. Esas películas de Marvel nos recuerdan lo mucho que disfrutamos personajes de películas pasadas y hasta hacen interesantes figuras de propiedades mediocres, como el Spider-Man de Andrew Garfield de The Amazing Spider-Man (dir. Marc Webb, EEUU, 2012) y su paupérrima secuela que no vale la pena mencionar. No obstante, The Flash reduce la aparición del Batman de Michael Keaton a frases memorables de Batman (dir. Tim Burton, EEUU y Reino Unido, 1989) que no cuadran con esta nueva historia. Peor aún, el único personaje interesante de la mediocre Man of Steel (dir. Zach Snyder, EEUU y Reino Unido, 2013), el terrible General Zod (Michael Shannon), es reducido a un contrincante inconsecuente en la batalla final, que termina siendo un confuso revolú visual.
The Flash carece de la innovación de Justice League: The Flashpoint Paradox, en cuya historia está basada. Aunque cuenta con un buen primer acto y una conclusión fascinante que revela el verdadero antagonista interdimensional de Barry Allen, la mayor parte de la película es un desperdicio de posibilidades. Si usted es fan del cine de DC, puede ser que se disfrute The Flash. Como fanático de la literatura de comics y del cine de superhéroes, The Flash es una frustrante decepción.
2. Rubén _____ Martínez; patriota puertorriqueño, abogado, profesor, escritor y líder independentista. Dirigió la lucha del PIP contra la presencia de la Marina yanqui en Culebra y Vieques.
9. Antes de Cristo.
10. Donde, poéticamente.
11. _____; siglas de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina. Berríos es miembro fundador y vicepresidente de la entidad.
13. Que no ha recibido lesión o daño, fem.
18. _____ Berríos Martínez; autor de los libros «La Independencia de Puerto Rico: Razón y lucha», «Hacia el Socialismo Puertorriqueño» y «Puerto Rico: Nación independiente. Imperativo del siglo XXI», entre otras publicaciones.
22. Nao.
23. 21 de _____ de 1939; nacimiento de Berríos, miembro del Consejo Ejecutivo de la Asociación Latinoamericana para los Derechos Humanos y Presidente Honorario de la Internacional Socialista.
25. Del verbo salir.
26. Amarra.
27. Alabé.
28. Emperador ruso.
29. Manuel _____ Gandía; escritor puertorriqueño, autor de «Garduña: Crónicas de un mundo enfermo».
31. Puerto _____: Nacionalidad y plebiscito; (1993) libro de Berríos.
33. Hechiza.
36. _____ el socialismo puertorriqueño; (1975) libro de Berríos.
38. Desmenuza con los dientes.
39. La Independencia de Puerto Rico: _____ y lucha; (1983) libro de Berríos.
41. Género de música popular bailable.
43. Ergio.
44. Un mapa para la _____; (2004) libro antológico de Berríos editado por Pablo Marcial Ortiz.
45. Existe.
46. 30 de _____ de 2001; Berríos sale de la cárcel tras cumplir su condena por su participación en la lucha contra la Marina en Vieques.
47. _____ Puertorriqueño; le otorgó a Berríos la Medalla de Honor de la organización el 19 de octubre de 2001.
Verticales
1. Rubén Berríos _____; fue electo al senado de Puerto Rico en cuatro ocasiones: 1972, 1984, 1992 y 1996.
2. Vasija.
3. Reverberación.
4. Prenda de vestir.
5. Composición lírica en estrofas de tono elevado.
6. Perteneciente o relativo al sol.
7. _____; siglas del Partido Independentista Puertorriqueño presidido por Berríos.
8. _____; pueblo natal de Berríos.
12. Del verbo levar.
14. _____ descolonización de Puerto Rico; (1997) libro de Berríos.
15. Cercado hecho de matas o arbustos, o de palos o varas entretejidos.
16. _____; isla municipio de Puerto Rico que no claudicó en su lucha contra la Marina yanqui. Berríos fue apresado durante las protestas.
17. _____; conocida como la Isla Nena, el pueblo puertorriqueño supo arrojar la Marina de EUA de su tierra. Berríos ingresó el 8 de mayo de 1999 a la zona de tiro.
19. Utilizar.
20. Tercera principal ciudad de la Italia meridional tras Nápoles y Palermo.
21. _____ partido, su fundación y la lucha actual por la independencia; (1996) ensayo político de Berríos.
24. Negación.
30. Primera mujer.
32. Remó hacia atrás.
33. Interjección gramatical.
34. Papel, función que alguien o algo desempeña.
35. Símbolo del argón.
37. Isla pequeña situada junto a otra mayor, pl.
40. Elevaré.
41. Puerto Rico: Nación independiente. Imperativo del _____ XXI; (2010) libro de Berríos junto al Lcdo. Fernando Martín García y el Dr. Francisco A. Catalá Oliveras.
Cínicas, engañosas, cuyo propósito es desinformar, así se pueden calificar las expresiones del gobernador Pedro Pierluisi, de “no se adelanten a los eventos” de que las mociones estaban a “destiempo”, en referencia a las mociones presentadas en el tribunal en rechazo al Plan de Ajuste de Deuda (PAD) de la Autoridad de Energía Eléctrica, presentado por la Junta de Control Fiscal (JCF).
Las expresiones del gobernador fueron publicadas en un artículo del periódico El Vocero este 13 de junio (“Llueven las objeciones de último minuto al Plan de Ajuste de la AEE”). Como ya se ha reseñado en los diversos medios incluyendo Claridad, amplios sectores de la sociedad puertorriqueña, tanto industriales, comerciantes, productores, organizaciones ambientales y comunitarias, Ongs, presentaron mociones de objeción contra el PAD de la AEE ante la sala de la jueza Laura Taylor Swain que atiende la quiebra de la AEE mediante el capítulo III de la ley Promesa.
La jueza dio hasta este 12 de junio para que todos aquellos interesados presentaran sus mociones al tribunal. El licenciado Rolando Emmanuelli Jiménez, experto en la ley Promesa y representante legal del Sistema de Retiro de la UTIER (Unión de Empleados de la Industria Eléctrica y Riego), en entrevista indicó que todavía este martes 13 el tribunal no había podido terminar de subir las objeciones radicadas por las cientos presentadas.
“No hay tal cosa que hay que esperar, la jueza estableció unos términos bien estrictos por los que no cumplan con los términos está fuera”, expresó el licenciado Emmanuelli Jiménez, en relación a la expresión del gobernador. Expuso que el proceso de confirmación del plan permite que cualquier parte con interés ya sea una parte que haya sido afectada o que vaya a ser afectada por el plan pueda objetar y presentar cuestiones de hecho y de derecho.
“Aquí el número de objeciones es dramático muchas de ellas por cuestiones de hechos bien claros. Aquí hay organizaciones que representan a cientos y miles de personas, comerciantes, profesionales que entienden que el PAD va a ser devastador. El gobernador lo que hace es engañando a la gente porque él se ha pasado diciendo que el cargo híbrido no es final ni firme y que estamos anticipándonos a algo que no ha ocurrido, básicamente imputando al pueblo una actitud de un grado de histeria”.
Por el contrario afirmó que en realidad la preocupación del pueblo se justifica, ya que en los documentos que radicó la JCF está en blanco y negro el cargo híbrido. “Así que el gobernador lo que está haciendo es desviando la atención a algo que se nos viene encima y que bueno que todas esas organizaciones radicaron objeciones ayer porque así la jueza ve que los expertos que han anticipado la debacle económica están apoyados por situaciones de hechos específicos, por casos concretos que le van a dar a ella toda esa perspectiva de que si confirma el plan lo que nos espera al pueblo de Puerto Rico es devastador”.
El experto en casos de quiebra fue más allá y atribuyó que hasta cierta medida el gobernador está desinformando de manera deliberada porque él es un abogado que entiende estos procesos. Puntualizó que el gobernador es el octavo miembro de la JCF, “está sentado ahí como miembro ex oficio, conoce todo este proceso desde adentro y lo que está diciendo, la información es contraria a la realidad, contrario a lo que está ocurriendo en el tribunal y contrario a lo que nos viene encima”.
A la luz de estas palabras y actitud del gobernador durante todo este proceso, porque no es solo la expresión de ayer, sino de lo que se ha visto en el tribunal, cómo evalúa la defensa que ha hecho el gobierno de Pierluisi. El da la impresión de que lo que propone la Junta no es final, ni firme, pero si la jueza no ve oposición no va a tener criterios para decidir otra cosa.
El licenciado Emmanuelli Jiménez reveló que el mismo 12 de junio el gobierno de Pierluisi, mediante la Autoridad de Asesoría Financiera y Agencia Fiscal (AAFAF) radicó una declaración, no una moción, en la que no se opone al plan de ajuste. “Lo que radicó fue una declaración y la postura es patética”.
Lo que dice la declaración del gobierno de Pierluisi es que con la propuesta de la JCF con este cargo híbrido está tratando de hacer un balance entre la viabilidad de la AEE y el recobro de los acreedores, pero AAFAF está “preocupada” porque el tamaño del cargo híbrido –como en Puerto Rico pagamos más costo de energía de lo que se paga en Estados Unidos– podría tener un efecto en los consumidores. Alega que si el plan se confirma, el gobierno va a trabajar con la JCF y con el Negociado de Energía para implantar el aumento de una manera que mitigue el impacto de los ciudadanos más vulnerables de Puerto Rico.
La interpretación de Emmanuelli Jiménez a lo que dice el gobierno es que no se opone al cargo, sino que le preocupa. Es decir -expone Emmanuelli Jiménez- que ya el plan contempla mitigar el impacto en los más vulnerables porque saben que la mitad de los consumidores van a estar exentos. “Así que eso no hace ninguna diferencia, es un aguaje lo que ha hecho ahí el gobierno y no plantearon una objeción, sino que se allanaron a que si el plan lo confirman él está de acuerdo”.
El detalle está -apuntó- en que si la misma JCF reconoce que la mayoría de las personas no puede pagar, y se eximen del cargo híbrido, la responsabilidad va a caer en los sectores productivos. Coincidió en que ese es el impacto que debiera ver la jueza, ya que si no hay actividad económica en el país, no se puede pagar. Todavía anotó que la propia JCF ha admitido que el balance que está haciendo con ese cargo híbrido es bien precario.
Por otra parte la JCF también ha reconocido que en el plan fiscal del 2023 del gobierno central que el país caerá en deficit estructural tan pronto como en el 2027.
Hay que señalar y recordar que en la última vista la jueza dijo que estaba descepcionada porque la JCF le dijo que el plan fiscal de la AEE no había salido por culpa de Luma Energy, que no había entregado los números de la demanda de energía y cuando entregó los números de estimado de cual va a ser la demanda de energía, la misma va a ser mucho más baja de lo que la Junta había calculado.
Así las cosas luego del 12 de junio se supone que ahora haya un periodo para que la JCF conteste todas las mociones presentadas. Luego habrá un periodo de réplica y el caso vuelve al tribunal el próximo 17 de julio con la vista de confirmación. A menos que la JCF informe que el estimado de la AEE cambia ahora en el 2023 y entonces se tiene que revisar todo el plan, porque según la ley Promesa el PAD tiene que ser compatible con el plan fiscal de la AEE.
Ante las cientos de mociones presentadas por diversos sectores de la sociedad incluyendo unas 500 de personas en su carácter individual el licenciado Emmanuelli Jiménez, defendió que en los casos de quiebra se supone que los perjudicados presenten sus argumentos. “En este caso todos los consumidores en Puerto Rico somos perjudicados, por lo que el gobernador no es quien para decir que no nos quejemos por lo que nos viene pa’ encima. Lo hace ver como capricho, estamos en nuestro derecho de acudir al tribunal”.
El texto de AFFAC
“By proposing the Legacy Charge, the Oversight Board is attempting to strike a balance between PREPA’s viability and providing meaningful recovery to creditors. But AAFAF is concerned about the size of the Legacy Charge since Puerto Rico’s energy consumers already pay more for electricity relative to their income than consumers in any mainland U.S. state.20 That said, if this Plan is confirmed, AAFAF will work with the Oversight Board and PREB to implement it as needed, in a manner that mitigates its impact on Puerto Rico’s most vulnerable citizens”.
«Al proponer el Cargo por Legado, la Junta de Supervisión está tratando de lograr un equilibrio entre la viabilidad de la AEE y proporcionar una recuperación significativa a los acreedores. Pero a AAFAF le preocupa el tamaño del Cargo por Legado, ya que los consumidores de energía de Puerto Rico ya pagan más por la electricidad en relación con sus ingresos que los consumidores en cualquier estado continental de EE.UU.AA. Dicho esto, si se confirma este Plan, AAFAF trabajará con la Junta de Supervisión y la PREB para implementarlo según sea necesario, de una manera que mitigue su impacto en los ciudadanos más vulnerables de Puerto Rico».
Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator
Como parte de la guerra entre imperios, el corsario inglés Francis Drake había sido derrotado en 1595 y la reina inglesa Isabel I quería venganza. Envió casi inmediatamente una nueva expedición contra Puertor Rico, liderada por George Clifford de Cumberland, para que pudiera tomar San Juan. Cumberland invadió con 20 barcos y 1,700 soldados contra una guarnición de 350 soldados. Ocupó San Juan, pero la disentería diezmó sus tropas obligándolos a retirarse, saqueando todo lo que valía la pena.
16 de junio de 1829
Nace Gerónimo
Líder guerrero apache, batalló contra tropas mexicanas y yankis por décadas.
6 junio de 1944
Lo sientan en biblia para ejecutarlo
George Stinney, joven negro de Carolina del Sur, con apenas 15 años, fue ejecutado a las 7:30 p.m. Para la ejecución en una silla eléctrica, como era tan pequeño, lo sentaron en una Biblia para elevarlo y así asesinarlo. 70 años después su castigo fue decretado como una ejecución injusta.
16 de junio de 1972
Terrorismo de derecha
Incendian propiedades del PIP y amenazan con quemar residencias de independentistas de Manatí.
16 de junio de 1976
Masacre de Soweto
Comenzaron tres días en Sudáfrica de una protesta de estudiantes adolescentes que se negaban a recibir la enseñanza en afrikáans, la lengua de la minoría blanca, y pedían ser tratados con igualdad de derechos. Los estudiantes desarmados fueron atacados con armas, las muertes se estiman desde 200 a hasta 700.
17 de junio de 1972
Estalla escándalo Watergate
Bajo ese nombre se clasifica un esquema de espionaje político y posterior encubrimiento desde la Casa Blanca de Richard Nixon. El mismo, siguiendo los estilos del FBI de E. Hoover, procuraba información confidencial y elementos de como desprestigiar a su contraparte electoral, el Partido Demócrata. Elementos de la derecha cubana fueron auxiliares en el operativo.
18 de junio de 1954
CIA inicia golpe en Guatemala
El presidente guatemalteco Jacobo Árbenz Guzmán, elegido democráticamente, fue depuesto en un golpe de estado patrocinado por la CIA, para proteger los beneficios de la United Fruit Company. Arbenz había ofrecido pagar a la empresa yanki el valor que la misma compañía le asignaba a sus plantaciones cuando pagaban impuestos, pero fue depuesto por las armas. Siguieron décadas de regímenes brutales respaldados por Estados Unidos que cometieron tortura y genocidio de hasta 250 mil guatemaltecas y guatemaltecos (www.zinnedproject.org).
18 de junio de 2007
Fallece la heroína Vilma Espín
Fallece en La Habana, Vilma Espín Guillois, combatiente destacada de la clandestinidad del Ejército Rebelde e incansable luchadora por la emancipación de la mujer y la defensa de los derechos de la niñez. Crea en 1960 la Federación de Mujeres Cubanas, la mayor organización femenina de masas en el país. Integró el Comité Central del Partido desde su fundación en 1965.
19 de junio de 1953
Ejecutados dos comunistas en EUA
En julio de 1950 son detenidos en EUA los esposos Julius Rosenberg y Ethel Greenglass, acusados de espionaje a favor de la Unión Soviética. El 5 de abril de 1951 son condenados a muerte en la silla eléctrica. En aquel momento, el juez fija la ejecución para el 15 de junio de 1953, siendo aprobada por su presidente Eisenhower, para el día 19, buscando ofrecer a los condenados una amnistía a la pena de muerte si aceptaban declararse culpables, renegaban del comunismo y solicitaban asilo en EEUUAA. La pareja no aceptó el soborno.
20 de junio de 1528
Guerras entre imperios en tierra boricua
Tan temprano como 1528, corsarios franceses atacaron la villa de San Germán, que apenas llevaba 17 años de establecida por el imperio español.
20 de junio de 1949
Universidad gratis en Argentina
Perón decreta que en Argentina la educación universitaria pública sería gratis tanto para nacionales como para estudiantes de todos los países latinoamericanos. Hoy día, se mantiene esta política.
21 de junio de 1905
Nace filósofo comunista
Jean Paul Sartre, filósofo existencialista francés, militante comunista y dramaturgo. En 1964 rechazó el Premio Nobel de literatura, para no comprometer sus posiciones.
21 de junio 1939
Nace líder independentista
Se celebra el cumpleaños del compañero del Partido Independentista Puertorriqueño, Rubén Berríos Martínez.
21 de junio de 2004
Lanzan SpaceShipOne, cohete privado
El mismo, se presenta como el inicio de la privatización de la carrera espacial, con todas las compañías privadas dependiendo fuertemente de inversiones del gobierno yanki.
Fuentes utilizadas: https://www.hoyenlahistoria.com/, facebook.com/dariow.ortizseda, Calendario nuestros mártires, 2020; efemerides20.com, telesur.net, historia.nationalgeographic.com; canalhistoria.es/hoy-en-la-historia; Calendario 2022 Latinoamérica y El Caribe; efemeridespedrobeltran.com; Calendario Histórico Nuestros Mártires 2024; y otros calendarios consultados por José M. Escoda.
Mucha gente importante y elocuente ha dicho que cuando miras la obra de un escritor, encuentras uno, dos, quizás tres temas recurrentes. Obsesiones. Las mías están claras. La maternidad es una; la educación es otra; el espacio/lugar/geografía es la tercera, y es la que me trae a la página hoy.
Como cualquier otro tema, todos estos tienen sus vertientes, sus encarnaciones, sus caminos. En el caso de la maternidad, por ejemplo, la culpa y la ausencia son dos caminos que mi letra frecuenta. En el caso de la educación, le dedico tiempo y neuronas, las que me queden, a cosas como acceso, desmantelamiento, privatización. Y en el caso del espacio, me interesa la construcción de “lugar” y las prácticas materiales y entendidos y significados culturales que usamos para convertir “espacio” en “lugar”. Me interesa también el asunto del desplazamiento, ese sacar de gente de un “lugar” cultural que cambia de significado y valor en el sentido mercantil. La vivienda-o más bien, la ausencia o despojo de vivienda-es un tercero. Este último aparece tanto en mi investigación como en mi trabajo literario. Se encarna, incluso, en personaje. Por ejemplo: He escrito cuatro libros. En todos ellos, TODOS, aparece uno o más personajes “homeless”.
Las palabras son complicadas. A veces es por eso mismo que nos gustan. En el caso de “homeless”, a ver: podemos decir, y decimos, “sin hogar”. De hecho esa es la palabra que parece usarse con mayor frecuencia en inglés en estos días:”unhoused”. Pero en Puerto Rico usamos mucho también la palabra “deambulante”. Con frecuencia coinciden. Pero no son lo mismo, no exactamente. A mí se me pegó ese término, “homeless” acá en EEUU, donde resido desde hace más de una década. No tanto porque el idioma inglés se haya apoderado de mí (todo lo contrario, yo sigo pensando en español, y eso no es demasiado conveniente, pero es así y lo prefiero) sino por la capa de significado que trae ese “less”, con su sonido, con lo que implica: apunta no sólo a la falta de hogar, sino al ser menos, punto.
Cuando dicto clases introductorias en sociología, mis estudiantes suelen apreciar especialmente y disfrutar a C. Wright Mills, un señor muy sabio que buscaba entender fenómenos sociales estudiando lo que llamaba “la intersección entre la biografía y la historia”. Por “biografía” se refería a la experiencia personal. Por “historia”, se refería a todo lo externo, todo lo estructural; cultura, sociedad, ideología, economía, historia, y así. Pensé en C. Wright Mills cuando me puse a escribir esto, porque creo que, como en todo, hay una cuestión biográfica ahí que me ayuda a, si no entender, al menos pensar. Y “pensar” es a veces mejor que “entender”, como diría Arendt, y tal vez retomemos esa curiosa dicotomía en otra columna, porque la verdad es que he estado pensando en eso de pensar, últimamente.
De vuelta a la intersección que nos ocupa: Durante mi primera década de vida, tuvimos siempre una relación compleja con el techo que nos cobijaba. Por un lado, estaba, claro, la cuestión material, la precariedad: nos lo podían quitar en cualquier momento, todo el tiempo: por no pagar el alquiler a tiempo, o caprichos del dueño, o porque estábamos viviendo en terreno rescatado/invadido. Por otro lado, más allá de lo inmediato y material, porque en nuestros sueños y fantasías, la vida siempre estaba en otra parte, en un lugar mítico al que nunca logramos llegar, y en donde habría felicidad, comida segura y saludable, y, por supuesto, techo propio, es decir, nuestra casa, porque eso es techo, ¿no? Es más que la tapa de una casa, es la casa misma, y es el hogar que adquiere significado a partir de lo que empieza como una espacio, un conjunto de techo, piso y paredes. A ese lugar lo llamamos “techo”.
Cuando yo tenía unos tres, cuatro años, vivimos en un vecindario producto de los rescates de los sesenta y setenta, Villa Margarita. Nuestra casita no era de las mejores, pero tampoco de las peores. Las casitas mas “lujosas” y antiguas tenían letrina, por ejemplo: La nuestra no. Su construcción–paneles, vigas– era sólida. Había cocina y dos cuartitos. En uno dormíamos. En el otro–con perdón– estaba “el cubo”. El cubo de cagar.
Ya sé: podría decir algo como “defecar” o “eliminar” o incluso un eufemismo tipo “higiene”, o “ir al baño”. Este último es muy popular. La gente “va al baño” en las esquinas, en los matojos, en las cunetas. Pero el asunto es que para enfrentar esto de la falta de vivienda y todas las implicaciones de esa falta, a veces necesitamos un lenguaje particularmente directo. No siempre, que quede claro. Como escritora, soy de las que por lo general piensa que si hay drama en la trama, por lo general no hay que añadir drama en la selección de palabras. Pero en este caso, me temo que hay que decir “cagar”, no hay de otra.
¿Por qué? Porque esa brusquedad es parte del argumento. Porque vivir sin un techo seguro se traduce en cosas que atentan contra nuestro pudor, nuestra privacidad, nuestra dignidad, y en esos casos, decir “defecar” o “ir al baño” suaviza el impacto que debería tener esa verdad. ¿Y los tiempos no están para suavizar, cierto? Eso, suavizar, es algo que hacemos a veces, las personas que trabajamos con la pobreza:caemos, sin quererlo, para sobrevivir o para ayudar, en el romance. Y si bien es acertado enfatizar cosas como comunidad, belleza y solidaridad en los espacios de mayor pobreza, también es cierto que es importante decir que no hay agua para bajar el inodoro y a veces, si es el caso, que no hay inodoros, punto. No es necesariamente el mejor ejemplo pero es el que tengo a la mano porque en mi vida, en su momento, no hubo inodoro sino cubo. Me sirve para recordar que si bien puede haber belleza en la comunidad, y que esa comunidad puede ser pobre, la precariedad en sí no es bella, y me sirve para entender esa precariedad de otra manera. O más bien, pensarla.
De regreso a Villa Margarita: Lo peor no era el cubo de caca. De hecho, ¿saben qué? El cubo no me molestaba particularmente. Cuando uno es pequeño suele ser flexible, eso que dice la gente de “no sabíamos que éramos pobres” es cierto, por lo general. Hasta cierto punto. Y ese punto, ese que marcaba el borde que hay que atravesar para saberse “pobre”, cuando niña, para mí, no era tanto el cubo como el techo. El techo en el sentido de casa, de hogar, de hogar seguro. Yo sabía que éramos pobres, pero lo sabía porque perder el techo era una posibilidad todo el tiempo. Nuestro techito, el físico, era sólido y fue construido con amor, solidaridad, destreza y hasta madera de buena calidad: lo que lo convertía en un techo de gente pobre (y en pobres, por lo tanto, a nosotros, sus habitantes) era la amenaza de perderlo. Villa Margarita era un terreno rescatado (o invadido, depende de a quién le preguntes, aún hoy), y podían botarnos de allí en cualquier momento. Recuerdo que las niñas/os teníamos un juego que era juego sólo a medias, mitad juego y mitad brega con la realidad: el rol de vigía. Nos la pasábamos velando a ver si venían los guardias, para avisarle a los adultos.
El punto es que esto del techo no es sólo una necesidad material: es una cosa existencial, parte no sólo de la experiencia material de vivir allí sino de ser parte de esa categoría de personas que vivía allí y parte también de nuestra sustancia misma, de nuestra esencia. La palabra techo ya, de por sí, es sinécdoque, porque incluye piso paredes y demás; pero es también una necesidad que va mucho, pero que mucho más allá de lo material (yo soy así, medio marxista, qué decir, se me ha hecho hábito, ni modo, así que no digo “meramente material” nunca) pero ustedes me entienden: si no tienes donde vivir, o si tu techo está constantemente amenazado, eso le hace algo no sólo a tu vida o al momento sino a tu mismo ser, y eso es para siempre.
Botados eventualmente de Villa Margarita, buscamos suerte en Luquillo (hubo otros eventos de por medio, pero vamos a Luquillo.) Esto lo recuerdo mejor, era más grande. De Luquillo nos botaron de dos apartamentos distintos por no poder pagar el alquiler del mes. Y esto es clásico Mills, porque le pasaba a muchas familias: juntan para el depósito, para el primer mes, el segundo, pero si algo se tranca–menos horas en el trabajo de mi padrastro, una enfermedad, o el gasto de alguna cosa, justificada o no, no sé, (uy, de nuevo, las palabras, eso de “gasto justificado” es un adjetivo con el que los ricos no tienen que bregar pero los pobres ay, todo el tiempo) – y fallas un mes, ruegas, te esperan, fallas el segundo, te escondes, te encuentran, te botan. La botada es traumática, pero el temor cotidiano, la sensación de que en cualquier momento te van a botar, es peor.
Recuerdo que la gente entonces siempre decían “evictar”, no “botar”. Un anglicismo que probablemente cargue algo de información e historia. Carga, cuesta, contiene. Una de mis primeras experiencias de Spanglish, igual por ahí aprendí a apreciar ese mejunje a veces irritante, a veces encantador, que es el Spanglish, quién sabe.
Cuando pensamos en “homeless” nos viene a la mente una figura muy particular, ¿cierto? Una figura que no tiene donde dormir o bañarse (o cagar) excepto, con suerte, en un albergue o “shelter”–y de esos hay muy pocos. Pero para mucha gente ser homeless no funciona exactamente así, o no funciona así todo el tiempo. Hay un espacio gris, un gris semántico y a la vez anímico. En Luquillo, por ejemplo, quedarnos “homeless” se tradujo en pasar algunas noches en el carro, y luego un par de meses en casa de unos amigos, mi mamá y yo en la habitación de un hijo que estaba de momento fuera, mi padrastro en el sofá. ¿O quizá era yo en el sofá? No recuerdo. Lo que sí sé es que hubo más de un sofá de esos en mi infancia, y que el sofá ajeno es una parte muy común de la experiencia del homeless, y una que es muy, muy difícil de contar. Porque si tienes sofá, aunque sea ajeno, ¡no vas al shelter!!! Al shelter, aprendí temprano, lo evitamos a toda costa, ese es el último recurso.Y es, curiosamente, con la ocupación de los shelters que muchas veces se cuenta (cuando se cuenta, porque ese es otro issue) la proporción de homeless.
Por cierto: esto de que el estado cuenta cosas es una de las grandes mentiras de la modernidad. Esto de los datos casi que se ha convertido en otra forma más de autogestión. Organizaciones como Kilómetro Cero, Ayuda Legal o el Centro de Periodismo Investigativo se ven obligadas a contar, porque el estado les niega los datos. McKinsey nos cobró una millonada por contar y calcular y todavía no hemos visto el resultado de su carísima y espectacularmente corrupta matemática. Pero regreso al tema del techo.
¿Por qué evitábamos el shelter? Bueno: Al que le guste Foucault y quiere ver todo ese asunto del cuerpo y la vigilancia en acción, lléguele al shelter si no ha tenido la experiencia. Aún los mejores por lo general funcionan de esta forma: Puedes ir solo de noche; debes llegar antes de las 8PM pero después de las 6PM, irte bruscamente a las 7 AM. De día hay que irse a “buscar trabajo”. En los mejores albergues, que son los menos, hay lockers y hasta camas asignadas, pero en los demás, que son los más, pues te llevas todo a cuestas y consigues cama, si puedes, todas las noches. Tal vez limpia, la cama, tal vez no. Por cierto: la cama, como materia y concepto, es parte del significado que hace del “techo” no un mero espacio sino un lugar. De ahí que tanto homeless en Nueva York o Washington DC ande (en Puerto Rico diríamos “deambule”) con bultos, bolsas plásticas, tres abrigos, carritos de compra, etc.
Los huéspedes del shelter están a la merced de vaivenes y caprichos histórico/políticos, encima. Por ejemplo: La frágil paz entre el presidente Clinton y los republicanos en los noventa, se logró en parte prometiendo a los conservadores que el gobierno le metería mano a lo que aquí llamarían la “vagancia de los cuponeros”. Esto se convirtió en lo que llamaron popularmente “workfare” (personal responsibility act 1996.) Para los homeless que yo conocía en ese momento (yo estaba en escuela graduada) se convirtió en una nueva pesadilla que se sumó a las que ya vivían, una cosa a veces super Kafkiana: si dormían en un shelter pero no tenían trabajo, tenían que levantarse temprano, montarse en una van con un “crew”, y ser transportados a distintos parques, avenidas y espacios públicos a pinchar basuritas y echarlas en una bolsa. Muchas mujeres vivían en constante temor, un temor muy real, de violación o abuso sexual. El crew boss no era homeless, y algunos explotaban abiertamente la ventaja que eso les daba sobre esas personas que trabajaban bajo sus órdenes pero no llegaban a la categoría de “empleados”. Tal vez, en su cabeza, tampoco llegaban a la categoría de “personas”. Francamente, narrando esto ahora, se me ocurre que el asunto era una forma moderna de esclavitud. Una esclavitud endeudada. El shelter y los cupones te convierten en deudora así que recoges basura y te expones al peligro.
Pero basta de cuentos de shelters: vamos de regreso al Luquillo de mi biografía: De un apartamento al carro, del carro al sofá ajeno, del sofá al carro, del carro a otro apartamento, de ese apartamento a….ser propietarios! Sí!!! Una pequeña herencia, y compramos dos cuerdas!!! Los prometidos pan tierra y libertad de la modernidad muñocista (otra mentira) nos llegaron un chilín tarde, en los setenta, pero llegaron!! En esas dos cuerdas, mi padrastro construye una casita de madera, una cosa rápida, frágil y muy mona (que hoy llamaríamos tal vez un “tiny house”, pintaríamos de azul y quizás convertiríamos en AirBnB, no sé…El anuncio podría decir “tiny house ecológico! ¡a quince minutos del yunque! ¡Viva en la naturaleza! #LiveBoricua!!) La mesa del comedor se transformaba de noche en cama doble. Mi cama era una tablilla (hoy que tengo más mundo,le puedo decir “loft”). No tenía baño ni agua corriente, la casita: para número uno y número dos (¿vieron que fina me puse? La palabrota no hace falta ya, cumplió su función, creo) contábamos con una letrina, que en mi inocencia yo encontraba también muy mona porque “pegaba” con la casita (es decir, la misma madera y el mismo color, como una mini-casita). Para bañarse estaba el río, más bien riachuelo. De ese mismo río, gracias a otro invento diseñado por mi padrastro, obteníamos agua de manantial para tomar.
Pero esa casita, aunque muy mona, era temporera. Esa era su definición. No anidamos en ella, no realmente. Era un techo suficiente en lo que construimos lo que sería, finalmente, NUESTRA CASA. La casa de nuestros sueños. Algunos años más tarde, recuerdo,ya pasados estos eventos y viviendo en otra parte, leí 100 años de soledad y lloré al leer “la casa nueva, blanca como una paloma”, porque así imaginaba, pocos años antes, a esa casa nuestra de Luquillo que iba haciendo mi padrastro: De cemento, poquito a poco, a veces solo y a veces, si había chavitos extra, chavitos que obtenía chiripieando en otras partes o vendiendo vegetales de nuestro huerto (huerto que me estaba, por cierto, medio prohibido, porque desde siempre, yo mato sin querer a todas las plantas) pero nada, el hombre construía, acompañado por vecinos del área, unos bloques por aquí, una liga de cemento por acá…No recuerdo qué pasó, o si fue un huracán que se llevó la casita de madera, pero algo ocurrió y nos mudamos a la casa, NUESTRA CASA. Pero NUESTRA CASA tampoco se sentía como casa, no realmente. No estaba lista, tal vez por eso es que, aunque no me quejaba y tampoco lo pensaba así, en estos términos, me sentía, de nuevo, temporalmente albergada, no “viviendo” en un sitio.
Era un espacio con vocación de lugar, una estructura con potencial de “casa”. Pero le faltaba algo.
La casa no tenía agua corriente – teníamos una pluma cerca, y llevábamos el agua para bañarse, bajar el inodoro, cocinar, fregar, todo eso, en cubos. Esa era una de mis tareas principales (buscar agua y mantenerme alejada del huerto para que las plantas no se murieran nomás de verme llegar). Las paredes de la casa no estaban empañetadas: la prioridad era terminar el techo. (Por algo “techo” y “hogar” se usan como sinónimos con tanta frecuencia-el techo es bien importante.) El nuestro, que celebramos con gran alegría, era de zinc. No era ese el plan original, pero había prisa. El suelo no tenía losas, era áspero, nos raspaba las rodillas a mi hermanito y a mí. Igual todo eso hubiera sido un lujo de casa, y yo estaba viviendo como una duquesa, ¿pero del siglo 12?
A los diez años me mudé con mis abuelos y he vivido una existencia consistentemente clasemediera y relativamente segura desde entonces. Les cuento todo esto para hacer el ejercicio de Mills: entender la ausencia de techo, el homeless-ness que nos hace existencialmente menos, en la intersección de biografía e historia. “Homeless” es un estado, en algunos casos crónico, y en otros (como el mío, en este caso) temporero.
Pero también puede convertirse en otra cosa.
Conozco a una persona, homeless durante años, que tiene ahora un apartamento no exactamente propio pero con garantías, protecciones legales. Nadie la puede sacar. Y el sitio es hasta bonito. Pero igual ella dice, inconsolable “yo soy homeless”, y no lo dice porque no tiene propiedad, o porque alquila, no se trata de eso, de poseer: es otra cosa. “Siempre seré homeless”, dice.
Se trata de que la sensación de desamparo se le ha metido en los huesos, y es parte de quién es, parte de su ser.
Foto Archivo CLARIDAD
Supongo que por ahí, en mi infancia, está el origen de una de las figuras recurrentes en mi escritura, entonces. Yo no empecé a escribir de manera literaria hasta casi los cuarenta años, pero estuve en contacto con personas homeless, por muchas razones y por ninguna, desde siempre. En mis diecipico y veintipico, pasé tiempo con homeless en el parquecito del VSJ; conocí homeless en Río Piedras; En Virginia, Washington DC, Nueva York. Los visité en la calle, en el balcón de algunos shelters, y en espacios precarios de todo tipo: apartamentos sombríos en edificios a punto de ser derrumbados por las autoridades, donde vivían como “squatters”, “invasores”; apartamentos ligeramente menos sombríos donde vivían con ayuda de cosas como plan 8. Ese plan 8, por cierto, es hoy una especie de unicornio. Casi no se consigue y cuando se consigue, no puedes pagar casi nada con él.
Cuando digo que el techo, en su sentido más pleno, es una necesidad que va mucho, pero que mucho más allá de lo material: si no tienes donde vivir, o si tu techo está constantemente amenazado, eso le hace algo a tu mismo ser. A tu esencia. ¿Cómo?
De niño es bastante sencillo: miedo crónico, normalizado. Pero para los adultos puede ser hasta peor. Los homeless están a merced de una burocracia que es, en el mejor de los casos, condescendiente y paternalista, en el peor, cruel, y en el medio (y la norma) sencillamente disfuncional e ineficiente. Un sistema donde te entregan folletos y te exigen tomar clases sobre cosas como escribir tu resumé o cuidar a tu bebé, pero no te dan folleto o clase alguna para las cosas realmente ininteligibles: cosas como cómo navegar la misma burocracia que ellos representan. ¿Que hago si no guío, y por ende no tengo licencia? ¿O guío, de hecho busco trabajo como conductor de camión, pero no tengo dirección física porque soy homeless? A veces los requisitos son tragicómicamente circulares: ¿Cómo consigo una identificación oficial con foto si no tengo identificación oficial con foto pero me piden identificación oficial con foto?
Y vamos, todo esto no es para que saquéis los pañuelos y los violines, en serio, casi que lo contrario: se trata de reconocer que esta historia tiene poco de única, que casi todas ustedes leyendo esto han sido homeless, o han estado cerca de serlo, o han conocido a alguien en esa situación, con o sin saberlo. Y esas biografías crean la intersección de la que habla Mills: decir que “otra gente está peor” o “es peor en otras partes” no puede, ni debe, servir como excusa para ignorar el problema local, sino todo lo contrario: para conectar con lo que claramente es un issue global que se desprende de procesos y sistemas globales: el colonialismo/colonialidad, el capitalismo financiero, la deuda como ideología, y tal. Al final, pensar en historias como éstas me sirve, nos sirve, para entender o pensar, sirven de gancho para las famosas neuronas espejo, o para la narrativa, o la literatura, lo que sea que nos sirva para ubicarnos en el espacio de la imaginación sociológica, en la intersección entre biografía e historia. En ese espacio hay empatía, y en la empatía hay una forma esencial de “saber”.
Hoy que nos arrancan, con prisa y descaro, ese otro techo que son el país y su paisaje, escucho en mi cabeza el eco existencial del homelessness y el deambular. Que el coloniaje en su versión de asentamiento contiene también el desamparo existencial, el desplazamiento no sólo de casa sino de pueblo, escuela, y país, y el destierro, una palabra que está definitivamente en el zeitgeist y que parece ser la solución final del capital y sus representantes.