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Será Otra Cosa: La madre de los ingenios: sobre la capacidad generativa de las mujeres

 

 

Especial para En Rojo

Iba a llamar a Sofía a contarle: “Te juro, Sofía que es que es el libro más inteligente que he leído en décadas”. Mi crítico interno protesta ante esta violación del principio gramatical de animacidad, que dicta que ciertos verbos requieren sujetos animados, y que en particular los verbos epistémicos o de pensamiento requieren que los sujetos sean no sólo animados, sino también pensantes. Es decir: las universidades no planean, ni los gobiernos se equivocan, no porque no se equivoquen, sino porque ni las universidades ni los gobiernos son capaces de pensamiento. No son las instituciones, sino alguien dentro de ellas quien tiene culpa de los errores, y la responsabilidad por los planes. Propongo que el caso de los libros es una excepción, ya que los libros no pueden ser por completo identificados con su autor. Tienen, en cierto modo, vida propia.  Aunque lo opuesto sea imposible, un autor puede ser inteligente, y escribir un libro que no lo sea. Un autor puede ser egoísta y producir un texto de gran sensibilidad. Dicen algunos escritores que cuando comienzan a escribir en algún momento se les escapa el control consciente, y los personajes y los argumentos empiezan a dictarles el camino.

Katrine Marçal, autora de “La madre del ingenio,” es por seguro inteligente, brillante, diría yo, mujer de amplias y lúcidas lecturas, pero su libro va más allá de ella misma. Comienza por preguntarnos que por qué, si las ruedas se inventaron en la antigüedad y las maletas llevan siglos con nosotros, se tardó tanto en fabricarse la maleta con rueditas. La pregunta no parece seria, pero lo es. Si recuerdas los teléfonos de discos, también recordarás que rápido se propagaron las maletas con ruedas cuando salieron al mercado, arrastradas primero horizontalmente, hasta que se descubrió la eficacia de la verticalidad.

Marçal destroza la idea de que las mujeres no inventan. No sólo hurga en el baúl de la historia para encontrar ejemplos estupendos de lo contrario, como, por ejemplo, cuando nos cuenta la importancia de la tecnología de los sostenes en el primer viaje a la luna, o cuando descubre porqué la computadora y la calculadora tienen nombres femeninos (que en España llaman los ordenadores, aunque no ordenan nada). Resulta que antes de ser aparatitos, las calculadoras y computadoras eran seres animados, mujeres para ser precisos: mujeres que calculaban, programaban y computaban, mucho tiempo antes de que estos quehaceres fueran bien remunerados, y que los expertos en educación se preguntaran porqué las mujeres tenían tantas dificultades en las ciencias, las matemáticas y las ingenierías.  La autora establece una inversión magistral: no es que las mujeres no inventen, sino que lo que ellas inventan no llega a la luz de la historia, y no se incluye en el inventario de las tecnologías.  Los hombres tomaron los palos y se les ocurrió usarlo como implemento de caza. Las mujeres tomaron palitos más chiquitos, y lo usaron para sembrar semillas. Las pinturas rupestres pintan el drama de la caza del mamut, pero es muy probable que el descubrimiento de la siembra haya aportado más calorías al motor de nuestra historia.

Marçal me hizo pensar en Hipatia, la primera mujer filósofa y matemática (de la que sepamos), mujer de gran belleza, soltura y dignidad en la Alejandría post-ptolomeica. Hablaba en público y gozaba de popularidad tanto entre paganos como cristianos. Artesana de astrolabios, superó todos los filósofos de su tiempo. Fue proponente de la apatheia, la liberación completa de emociones y afectos humanos. Fiel a su filosofía, permaneció virgen;  para espantar a un pretendiente necio, le arrojó sus paños de sangre menstrual, increpándole:  “esto es lo que persigues, no la belleza”.

La lectura de La madre del ingenio, me trajo a la memoria un viejo trauma. Traumita trivial y superado, pero trauma al fin. Hipatia, la que no tenía miedo, me metió miedo con el mensaje de su vida: que las mujeres que aman los libros pueden acabar asesinadas por una turba armada de ostras.  Yo amaba a los libros más que a mis muñecas, pero sabía que fuera de casa el mundo de los libros se le había asignado a los varones.  Un obispo había azuzado al populacho de Alejandría contra Hipatia; el cura subdirector de la escuela primaria había declarado que no había que castigar al niño que me había pateado por el incidente de las banderas.  En mi escuela se subían dos banderas al final del himno nacional: la dominicana, que la subía un varón, y la escolar, que la subía una niña. Yo me acerqué a ver de cerca la bandera nacional, la del lado de los varones, y la toqué. Ese pequeño sociópata me cayó a patadas sin provocación. Al director le pareció que se hubiera evitado el problema si no me hubiera puesto yo en el lugar equivocado, y mandó al niño para su clase sin ninguna reprimenda.

Marçal documenta que el ignorar la perspectivas de las mujeres ha retrasado desarrollos tecnológicos, no solo lo de las ruedas de las maletas y la seguridad de los carros, sino de toda la economía. La economía—todas las economías—están basadas en cuerpos humanos.  ¿Cómo puede olvidársenos esto? El horror de la revolución industrial no son las máquinas, sino el uso de cuerpos de niños y mujeres como  si fueran máquinas, a la vez que se descartaban los cuerpos de los hombres.  En ese capítulo magistral Marçal nos cuenta cómo se conocieron Marx y Engels. Engels, nos dice Marçal, fue probablemente el primer socialista de champaña (comunistas de aire acondicionado, les llamaban afectuosamente en mi universidad). Su padre tuvo el desatino de enviarlo a Manchester, para que se deshiciera de su radicalismo juvenil, y aprendiera cómo funcionaban las textilerías, con la idea de que regresara a Alemania, asentado y conservador, y preparado para administrarle sus industrias. En Salford, Engels conocería a Marx, filósofo frustrado, que resultaría menos importante en su obra que la joven activista irlandesa de la cual se enamoró, que se lo llevó a ser testigo del costo humano de la primera revolución industrial. En Lancashire conoció a Jack, obrero desempleado, que maldecía las máquinas que le quitaron el trabajo, a la perdida de su dignidad masculina, y a los capitalistas codiciosos que solo contrataban mujeres y niños. Su mujer, Mary, tuvo que ir a la fábrica cuando Jack perdió su empleo, y él se quedó en casa, remendando medias. Engels escribió acerca del infortunio y la injusticia y los sacrificios de Jack, y su alienación social. Su testimonio apasionado fue lo que inspiró a Marx a terminar Das Kapital. Marçal señala una grave omisión en la labor de Engels como documentarista: que nunca le preguntara a Mary que opinaba ella de todo esto.

En su capítulo final, Marçal le da de frente a la doble encrucijada que nos toca hoy: la revolución digital, que amenaza con desatar una nueva oleada de sustitución de labor humana, hoy en día por las inteligencias artificiales, y la crisis del medio ambiente, en el que nos damos cuenta de que hay que frenar la sociedad de consumo antes de que nos incinere el planeta.  Apunta que la crisis se origina en la misma actitud de sacarle provecho a la tierra, y a la sociedad, y dejarlas abandonarla a suerte.  Como bien dice, “así no se trata a una mujer”. Encuentra dos reacciones principales frente a estos gemelos del apocalipsis.  La de los magos, que piensan que alguna maravilla tecnológica se inventarán a último minuto para salvarnos del abismo; y la de los profetas, que declaran (no sin cierta discreta autosatisfacción), que el fin del mundo ha llegado, como han venido anunciando, y que hay que detener el avance de la tecnología.  Marçal propone que si representamos a las mujeres en la economía, lograremos encontrar alternativas, para nosotros, y para el planeta. Alguna otra Hipatia, armada de nuevos astrolabios, capaz de tratarse por igual con cristianos y paganos, ayudará a encontrar otra vereda por donde llevar la madre tierra, andando más allá de las pasiones, y recordándonos que siempre somos y seremos de carne, y de sangre.

Claro de poesía: Quedarán las huellas

 

Especial para En Rojo

En sus “Notas de un simulador”, José Ángel Valente subraya este axioma: “No es el poema mensurable por la extensión, sino por su capacidad para engendrar, fuera de lo mensurable, la duración”. La obra de Juan Carlos Rodríguez (Trujillo Alto, 1975) tiene ese efecto en el lector: es una poesía que dura en la memoria. La resaca que deja su lectura permanece a fuerza de imágenes de un nivel de belleza, contención y plasticidad que vinculan su estética a la de dos inmensos poetas del parnaso hispanoamericano: Ida Vitale y Rafael Cadenas. Como ellos, el autor de Rehén de otro tiempo (2008) y Campo minado (2017) se afana en la búsqueda no de una lista de figuraciones, recurso del que tanto se abusa en la poesía puertorriqueña de hoy, sino en hacer claro el movimiento de la metáfora. En eso su producción se acerca en sus aspiraciones al lenguaje del cine de autor a la Tarkovsky y Herzog. Me refiero a que la de Rodríguez es una poesía del aguante y la calma, una poesía que es bálsamo frente a la cultura de la nadería y la aceleración insustancial. Uno de los aforismos del Cadenas de Memorial apunta a que la “palabra no es el sitio del resplandor, / pero insistimos, / insistimos, nadie sabe por qué”. Para ventura de la poesía puertorriqueña, Juan Carlos Rodríguez insiste. Y brilla.

 

I

 

Nacer es vivir en el exilio.

Se nace antes o después,

siempre fuera de lugar.

A ese fuera de lugar llamamos cuna.

 

Nunca olvides

que tu cuna es una isla a la deriva

meciéndose al compás de las olas.

 

Aprenderás a dormir

al filo de la tempestad

que abate el pecho de tus padres.

 

II

Nacerás entre jardines

y deportaciones.

Ya habrán huido

quienes soplaban las hojas caídas.

Quedarán las huellas

de quienes recogieran

frutas con la mano

y, sobre ellas,

melocotones a punto de podrirse.

 

Temo que te decepcione

la tierra natal.

Tu origen no está aquí.

III

 De qué país

si no del que todavía

no acaba de surgir.

De qué vecindario

si no al que ya

no vamos a regresar.

De qué mundo

si no del que palpita

detrás de tus latidos.

IV

 

Las casas que uno deja

son las únicas dispuestas

a resplandecer en la palabra.

 

Las casas que uno vive

reverberan en los hábitos.

Se quedan con nosotros sin decirse.

 

Y se expanden por dentro

cuando apagamos la luz.

V

 

El susto de los nombres

enmudece las cosas.

El susto de las cosas

habla en nombre de los nombres

que le asustan.

Pero el susto no tiene nombre.

Son cosas del susto

que a mí no me asustan.

VI

 

Nuestros ancestros

cargaban en sus vértebras

un hambre de pisadas.

De las erguidas

columnas vertebrales

se derivan

las jornadas de trabajo,

los pasos de baile,

las mesas servidas,

los paseos en bicicleta,

los juegos olímpicos,

las marchas contra

los misiles nucleares,

los paredones de fusilamiento,

la anestesia epidural.

VII

 

Cuando soñamos, no sabemos

lo que pretende saber nuestra consciencia

ante la certeza de encontrarnos despiertos.

No saber es la experiencia onírica de la libertad.

 

Dormimos porque tenemos sed

de otra incertidumbre,

porque estamos cansados

de la incertidumbre como norma,

de la impuesta como orden.

 

VIII

 

La raíz del abismo

es desconocida.

 

El abismo de la raíz

se ha sembrado

en el pavimento.

IX

 

Cimientos retorcidos.

Brisa estancada.

Retorcimientos de lo edificado.

Las víboras del hábitat

lamen el paisaje,

engullen lontananzas.

Son especies invasoras.

Duplican los escombros.

X

 

Ninguna memoria permanecerá

congelada para siempre.

Abundarán los deshielos.

Vendrás de la era

de los glaciares derretidos.

XI

Nunca vemos

el corazón del mar.

Pero escuchamos su pálpito

cuando prestamos oído

al vaivén de las olas.

(De Campo minado, 2017)

 

 

Regresa “Sobre la mesa” (edición 15) y esta vez presencial

Foto: Julio Morales

 

Especial para En Rojo

Se podría escribir la historia de por lo menos setenta y cinco por ciento de los logros mayores del teatro puertorriqueños de los últimos treinta años a través de la contribución femenina –directoras, dramaturgas, actoras, performeras y maestras como Teresa Hernández, Rosa Luisa Márquez, Idalia Pérez Garay y Maritza Pérez Otero, entre muchas otras.

Entre ellas, anda la titiritera, mascarera, y performera Deborah Hunt. Nacida y criada en Nueva Zelandia, estudiante de las técnicas de la escuela de Jacques LeCoq y experimentada en el teatro callejero y experimental en América Latina y Estados Unidos, la trayectoria creativa de su residencia en Puerto Rico desde los principios de los 1990 ha resultado en la transformación de las nociones de teatro de títeres, teatro de máscaras y teatro del objeto. Se ve una influencia lateral sobre los montajes teatrales de su contemporáneo/as inmediata/os y mas interesante, una secuela de artistas mas jóvenes que incluye los/las de Papel Machete, Y no había luz, AgitArte y otros grupos de títeres y máscaras.

Una de las contribuciones de Deborah ha sido “Sobre la mesa”, comenzada en el teatro estudio Yerba Bruja en el casco de Río Piedras en 2007, y mas reciente en su edición no. 15 durante el fin de semana de 27 – 29 de enero, 2023. El montaje consiste de obras de títeres y objetos, frecuentemente en miniatura, de un/a titiritera/o sobre una mesa como escenario y con una duración de solamente seis minutos para un público de 5 o 6 personas. Presentan múltiples –edición 15 incluía nueve—obras simultáneas dentro de un laberinto de telas en que los públicos cambian de escenario en escenario hasta que todo el mundo ha visto todas las obras.

El proceso puede sonar caótico –nueve escenarios, nueve públicos de seis personas, nueve titiriteros que repiten sus obras nueve veces en un laberinto en que todo comienza a la misma hora y entonces termina a la misma hora—pero existe un formidable sentido de orden mientras los públicos están guiados de espacio en espacio, de obra en obra. Edición 15 de “Sobre la mesa” se realizó en la nueva cede de AgitArte/Papel Machete en la avenida Sagrado Corazón en Santurce.

Fotos: Julio Morales

Cada obra ofrece algo innovador, diferente y cautivante. Cada titiritera/o muestra destrezas artesanales de un nivel impresionante. Cada miembro del público tendría sus propios favoritos según el estilo y tema de las piezas, pero en términos estéticos, yo diría que es la edición de “Sobre la mesa” más distinguida por su precisión y meticulosidad tanto artística como temática.

El objeto en común para esta versión es una peinilla grande de madera. Ésta puede ser central o incidental a la acción y el movimiento de cada pieza. Por ejemplo, no recuerdo en las “Sobre la Mesa” anteriores una pieza tan interactiva como el concierto musical creado por Carlos “Gandul” Torres. Fue el último escenario de mi público de seis y el único que requería la participación de cada miembro al tocar un instrumento diferente bajo la dirección de un maestro cabezudo demoníaco y alegre –The Blue Devil. Yo toqué violín con una peinilla de madera.

Nuestro primer escenario, diseñado por Brenda Plumey Morales, sí incluía una peinilla, pero los objetos de mas interés fueron los zapatos en una variedad de estilos, tamaños y colores que sirven como los cuerpos de las cabecitas de sus variados personajes. El balance entre el objeto encontrado –los zapatos—y el objeto creado o esculpido –las cabezas—fascina tanto como la manera en que la titiritera orquestra el flujo de zapatos encabezados que circula y parece inundar el escenario.

El reconocido actor Yussef Soto Villarini explora temas existencialistas a través de un ojo telescópico, vestidos pequeños de hombre y mujer que quedan enganchados como si fueran personajes, ojos, corazón y cerebro dibujados, y cabezas esculpidas con lo que parece algodón por dentro –un mundo distópico tanto como absurdista creado a través de abstracciones visuales relacionadas, pero de manera aleatoria. Da la impresión de estar en una obra de Jarry, Ionesco o Arrabal.

De manera similar Francisco Iglesias, veterano titiritero de “Sobre la mesa”, explora todo el espacio alrededor de su escenario a través de aves y colores. Crea un ambiente de volar: el vuelo de múltiples y variados pájaros, sus alas y plumas formadas por peinillas de tamaños diferentes pasando alrededor del público, pero también del soñar humano de remontarse en el aire.

El medio de Mary Anne Hopgood Santaella muestra una visualidad similar pero dentro de un marco fijo en que monta imágenes bellas y traslucientes en un “cranky” –rolo encuadernado que mueve de pintura en pintura—que permite el uso de sombras “chinescas” como personajes. Basado en un texto de poblaciones originarias americanas, lo visual ilustra y amplía el mensaje ecológico-ambiental de vivir en balance con la naturaleza sin destruirla.

Los títeres de Agustín Muñoz Ríos nos recuerdan de la importancia de la risa para poder comunicarnos y de vivir en armonía social. Un monstruito alegre explora, juega y sonríe solo para estar enfrentado por otro monstruito gruñón –extrovertido contra introvertido–. Conversan a través de un idioma de sonidos alegres por un lado y gruñidos por el otro. El gruñón falla su primer intento de imitar la acrobacia –caminar por la peinilla grande de madera– del tipito alegre, pero finalmente logra balancearse.

Jorge Díaz, director de Papel Machete y AgitArte y veterano de “Sobre la mesa”, crea un deleite de relato cómico-cortante de la familia “Fosforito”, que también es un discurso político sofisticado que cuenta la historia de la puertorriqueñidad dentro del colonialismo clásico y el capitalismo neoliberal actual. Quedo maravillado por la compresión y claridad narrativa, el trabajo artesanal detallado de miniaturas de palillos de fósforos y el sentido de humor del titiritero-cuentero maestro.

Deborah Hunt es la inspiración detrás de “Sobre la mesa” y tantos otros proyectos que han hecho de Puerto Rico un centro creativo de títeres y máscaras teatrales. En esta 15ta edición, la caja de arena de Deborah muestra todas las características de los otros escenarios. Hay una figura mítica que representa la continuidad y el destino de la vida, tal vez, después del desastre humano: es el cuervo cuyo cinismo vela todo el desarrollo social de la caja de arena. Allí entran figuras minúsculas en detalles impecables: un botecito con figuras humanas, pequeñas casitas, un pueblito, personas mas grandes, otras mas grandes ya en gradas y banco, edificios, mas gente, pero todo será enterrado, cubierto por la arena que empuja una peinilla grande de madera actuando como la puerca (bulldozer) de la historia, mientras el cuervo, siempre reposicionándose, sigue presente, listo para picar, citando a Brecht, ”los ojos de los muertos”.

Termino con Sugeily Rodríguez porque su obra presenta una joya visual que comienza con su vestuario de cara velada como titiritera –una maga envuelta en tela y soga— y continúa con sus títeres, sus pelos de fibra de soga, a los pequeños óleos o pergaminos pintados en que se enrollan los personajes y sus acciones al final de cada secuencia. El impacto visual-sensual con sus colores y texturas es asombroso y deja una imagen imborrable grabada en la mente, una pintura viva, huellas grabadas en vidrio. En las llamadas Bellas Artes, la belleza es una condición difícil de lograr y describir. Capté su presencia en esta pieza.

¿Es esta edición 15 la mejor “Sobre la mesa”? No sé. Tiene balance, un alto nivel de dramaturgia en sus breves tramas, un manejo sin precedente de destrezas artesanales y titiritera/os de talento excepcional. Después de la sequía creada por la pandemia, la renovación de este estilo de teatro intenso, íntimo e impactante nos deja con una sensación de sanación y alegría a través del arte.

 

 

 

 

 

 

 

Entre la experiencia y la expectativa: el conocimiento podría devenir en libertad

Foto suministrada por la autora

 

[A todas y todos los(as) estudiantes…]

 Especial para En Rojo

En este instante, reflexiono –<<pensamiento sobre el pensamiento>> (Jonathan Culler 1997)–; me pregunto. Algunas preguntas, en el momento preciso de gestación, no requieren de contestación alguna; no obstante, persiguen una reflexión –y, a su vez, acción– perenne, constante, por parte de todas y todos los que nos encontramos en este presente. En el “futuro pasado”; entre la expectativa y la experiencia (Reinhart Koselleck). ¿Qué representa el conocimiento en este País? Es necesaria esta reflexión. Y cuando iniciemos dicha reflexión con el “¿qué representa?”; en ese contexto, el concepto de “representación” lo interpreto como ese espacio de significación que permite que nuestra existencia como ciudadanas y ciudadanos, hijas e hijos de este País, trascienda lo individual y se conjugue con lo colectivo. Es decir, que nuestra existencia como seres particulares conozca también lo universal. Tan universal como lo es la [existencia] de Eugenio María de Hostos. Una existencia con una consciencia amplia. El conocimiento adquirido, desde cualquier tiempo histórico y sociedad, serán semillas “esparcidas” dentro y fuera. Y ello, desde una perspectiva de lo corpóreo, como frontera imaginada. Semillas esparcidas por todo un pueblo; por toda la historicidad de sus memorias. La educación promueve la solidaridad humana, permite un mejor País para todas y todos. Un país más solidario, ético y justo. Un país de derechos humanos. Un país con consciencia histórica y ecológica; con verdaderos derechos culturales. Y cuando hablamos del derecho a la cultura es dirigir nuestra atención al espíritu y al conocimiento de todo un pueblo del que todas y todos somos parte.

Ahora, me dirijo a las y los más jóvenes de este [futuro] presente. ¿Quiénes son las y los estudiantes de este País? ¿Quiénes son ellas y ellos? ¿Quiénes son ustedes? ¿Cuáles son sus sueños y metas? ¿Cuáles son sus expectativas y experiencias? Ustedes ya hoy, desde su presente, dan cuenta de sus logros cada día que se levantan para asistir a sus respectivos establecimientos de enseñanza. Cada instante en el que leen un libro. Cada vez que agarran un lápiz o un pincel para crear. Ustedes son un ejemplo de lo que es el honor y la virtud. ¿Y cuáles son sus deberes como estudiantes? Pues, estudiar. Promover la accesibilidad del conocimiento, no el de la ignorancia. Ese es el máximo deber de ustedes en la actualidad. Cultivar el intelecto. Lo intelectual es también lo espiritual. Leer acerca de historia, arte, filosofía, ciencia, política. Leer acerca de los derechos humanos. La educación es parte de la cultura y, a su vez, la cultura se integra a diversos ámbitos en la educación: conocimientos históricos, artísticos y científicos; ello es cultura, ello es educación. Y la educación es un derecho, al igual que la cultura. Es importante conocer acerca de lo que sucede en nuestro País y en el mundo. Y una de sus mayores responsabilidades será ampliar su mirada. Ver más allá… Estudiar una carrera que les apasione, sí, y a su vez adquirir conocimientos universales. Por ello existe la universidad. Esa es su esencia. Es necesario aspirar a la “universalidad” para experimentar la solidaridad que nos une a todas y a todos, sin importar el lugar de procedencia. Siempre debemos intentar contrastar lo universal con lo particular de nuestra experiencia. Conocer de las múltiples culturas del mundo para apreciarlas desde una justa perspectiva, y así apreciar mejor la nuestra también. Sus metas alcanzadas hasta ahora como estudiantes, y las que están por alcanzar como futuros profesionales, serán los logros de todo el País; el éxito de todo un país. Comprender esto es importante: que sus decisiones y acciones les atañe a ustedes, sí, pero, a su vez, tendrá efecto en su familia, en su comunidad y en su país. Lo que hacemos o simplemente dejamos de hacer siempre va a tener su efecto en otras y otros; siempre.

Además de estudiar –y, por consiguiente, reflexionar, analizar, profundizar…–, como su “máximo deber” –ser mujeres y hombres del futuro con conocimiento y consciencia social amplia–, pues, a ello, también se le sumará otro “máximo deber”: servir. Todo el conocimiento adquirido tiene su propósito en la vida. Ya les había adelantado que lo intelectual es también lo espiritual. Adquirir conocimientos, estudiar, nos permite conocernos mejor. Ello alude a nuestro interior, pero además de nuestro interior, también nos permite conocer lo exterior. Es decir, lo que está más allá de nosotros mismos, o sea de ustedes. Conocer de su entorno, de otras épocas, de otras mujeres y otros hombres que una vez fueron jóvenes y estudiantes como ustedes. Conocer de otras realidades, les permitirá crecer, evolucionar, madurar. Y ello siempre los llevará por el camino del bien y del servicio; del respeto y del honor. Les hablo del servicio a la humanidad, a los animales, a la Naturaleza, a la sociedad en general desde la profesión que elijan. Todas las profesiones, ya sean del ámbito pedagógico, humanístico, artístico, científico –tanto natural como social–, legal y empresarial, entre otras, son necesarias para el bienestar de nuestro País; todas.

Por último, quiero compartirles un escenario muy significativo para nuestra historia puertorriqueña y caribeña. Y este es la existencia de una “sociedad”, una organización de estudiantes y jóvenes puertorriqueños que se fundó en el año 1851. Estos jóvenes eran estudiantes en Europa. Cada uno estudiaba una disciplina particular, no obstante, se unieron allá en Europa, a pesar de su tiempo limitado, para fundar la  Sociedad Recolectora de Documentos Históricos de Puerto Rico.  Entre estos estudiantes se encontraban Román Baldorioty de Castro, José Julián de Acosta y Calbo, Alejandro Tapia y Rivera, Segundo Ruiz Belvis, Ramón Emeterio Betances, y otros. Esta Sociedad promovía el estudio y el conocimiento de nuestra historia regional [nacional]. Gracias a esta gesta e iniciativa de ese grupo de puertorriqueños, hoy, contamos con nuestra propia historiografía. Es decir, con nuestra propia identidad cultural que fortalece el espíritu de todo un pueblo. Este acontecimiento particular de nuestra historia, y una serie de sucesos posteriores y otros que le precedieron, sin duda, se analizan en nuestra historiografía –la literatura histórica– como parte del desarrollo intelectual puertorriqueño.

Dicho todo esto, hoy, desde este presente, ustedes se suman a ese desarrollo intelectual puertorriqueño. Para Hostos, <<la juventud es una fuerza intelectual; primero porque es una vida que explora su camino y en toda exploración la inteligencia es guía; segundo, porque vive en contacto inmediato con el ideal>>. Ustedes son el futuro de la intelectualidad puertorriqueña y del mundo. Un futuro que requerirá de la “mirada retrospectiva”, mientras se vive desde el presente y se “construye el porvenir”, parafraseando al escritor Félix Córdova Iturregui. Una intelectualidad necesaria en nuestro País para mejorar la calidad de vida de la sociedad puertorriqueña. Una intelectualidad que requerirá de acciones; incluso, desde la palabra misma.

Con todo ello, todas y todos convocados –no sólo las y los estudiantes, aunque, en definitiva, seguimos siendo estudiantes en esta vida–,  a la “apertura” que nos permite el estudio y el conocimiento. Un espacio que podría ser más real que utópico si así lo deseamos. El mismo espacio en el que podemos (re)encontrarnos la humanidad y aspirar a algo más. Espacios como los que se gestan en los encuentros culturales de cada pueblo. El viernes 27 y el sábado, 28 de enero de 2023, Guayama fue escenario de ello como parte del Programa Educativo y Agenda Cultural del Museo de Historia y Arte de Guayama (2004). Las y los asistentes de este evento pudieron experimentar algo de la “libertad [posible]” de Marta Aponte Alsina. Sí, el conocimiento podría devenir en libertad. Y la experiencia y la expectativa de un desdoblamiento –intelectual / espiritual– se manifestaría en el presente.

La autora es Doctoranda en Historia, UPR-Río Piedras Presidenta, Museo de Historia y Arte de Guayama

 

 

 

Wilma Reverón Collazo digna heredera de Blanca Canales

Wilma agradeciendo a los y las presentes. Fotos Víctor Birriel

 

 

Buenas Tardes

Nos encontramos en un lugar que fue escena de acontecimientos que nos llenan de emoción y orgullo, aquí en la Casa Museo de la heroína de nuestra patria, Blanca Canales Torresola. Hoy conmemoramos su natalicio, y ese trasfondo glorioso nos sirve hoy de contexto para honrar a la compañera Wilma Esther Riverón Collazo. Me siento honrada que Wilma me haya pedido que la presente.

Wilma nace el 9 de abril del 1953 en Sloane Hospital for Women afiliado al Columbia University Hospital en Manhattan. Cuando ella nació vivía en Nueva York en la calle, poco conocida, de Old Broadway en Manhattanvile , parte de Harlem. Luego su familia se mudó para la calle 144 y Riverside Drive . Su padre fundó en los años 20 del siglo pasado lo que al día de hoy se conoce como la compañía Flor de Mayo Express. Junto a la Rosa del Monte fueron los mudanzeros de los puertorriqueños, en el ir y venir de los Boricuas de la Diaspora en Estados Unidos. De hecho cuando yo regresé a Puerto Rico en el 2014 y Flor de Mayo hizo mi mudanza, Wilma me  habló sobre su padre y ahí fue que supe de la conexión histórica de Wilma con Flor de Mayo. Ya van 100 años de Flor de Mayo llevando y trayendo Boricuas de Nueva York y ahora de otros estados.

El regreso de Wilma a Puerto Rico se da al fallecer su madre en el 1959. A sus  cinco años de edad se va a vivir con su prima hermana en Puerto Nuevo. Wilma fue la más joven de 6 hijos y habían más de 20 años entre ella y sus hermanos.

Estudió sus años primarios en la Academia Católica en el Viejo San Juan  y luego en el Colegio La Milagrosa de Hato Tejas en Toa Baja. Su confesor fue el Padre Alvaro que fue fundador de la iglesia sin paredes en el Volcán en Bayamón. Luego regresa a Puerto Nuevo y estudia en la Escuela Superior Gabriela Mistral.

Su primer año de universitaria es en 1970, año de grandes confrontaciones en la Universidad de Puerto Rico. Tenía 17 años y ya estaba independizada de sus padres de crianza.

Wilma era una joven decidida y enfocada. Estudia humanidades, pero al terminar su bachillerato, un amigo Nelson Alvarez, el tío de mi hija, le dio una solicitud para tomar el LAST Law School Admission Test e ingresa a la escuela de leyes. Se gradúa de leyes en 1977. Luego pasó un semestre de estudios en Cuba.

Roberto Silva improvisa con los nombres de Wilma y Blanca Canales. Foto Víctor Birriel

Durante sus años universitarios militó en la Juventud Independentista Universitaria (JIU) del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y en el 1973 ingresó al Partido Socialista Puertorriqueño (PSP) entonces dirigido por Juan Mari Brás. Justo antes de llegar a Nueva York es arrestada por hacer desobediencia Civil en la Isla de Vieques.

Aunque ambas éramos miembros del PSP yo desde el 1970 cuando era el MPI en Nueva York, no la conocí hasta su llegada a Nueva York en el 1979.

Interesante que en el 1977 y como dirigente de la Seccional de EEUU del PSP se me asigna la creación de una entidad que sirviera para hacer trabajo educativo incluso para las Naciones Unidas. Estábamos destinadas a conocernos. Creamos el Puerto Rican Center for Research and Information y cuando llega Wilma esta entidad le sirvió para facilitar su trabajo dirigiendo la Oficina de Información Internacional para la Independencia de Puerto Rico(OIIIPR).

Desde el 1972 nosotros en la Seccional del PSP en EEUU habíamos estado haciendo trabajo en torno a las Naciones Unidas. Al llegar Wilma ella entra de lleno en este trabajo junto al compañero Rafael Anglada, Vanessa Ramos y otros con el respaldo y apoyo del PSP en Puerto Rico y en la Seccional. A pesar de la crisis interna que ya para el 1980 existía en el PSP, el trabajo internacional siempre continuo. Wilma aseguró que el trabajo sobre el caso por la independencia de Puerto Rico continuara.

Su dedicación y conocimiento ha resultado en que sea haya destacado como experta para el Comité de Descolonización de la ONU en sus seminarios regionales del Pacifico y el Caribe. En estos seminarios, Wilma  ha presentado ponencias sobre el derecho a la autodeterminación de los pueblos bajo el colonialismo con énfasis en Puerto Rico y el Caribe en general.

Como miembro del Colegio de Abogadas y Abogados de Puerto Rico fue Primera Vice presidenta del 2000 al 2002.

Han sido muchas las conferencias que ha dictado en Universidades en EEUU y Puerto Rico. Ha escrito en periódicos en Puerto Rico, el Nuevo Dia y Claridad. También ha sido profesora adjunta en la Universidad de Puerto Rico, en Brooklyn College del City University of NY (CUNY).

Como dirigente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) fue co-presidenta por varios años y encargada de la Comisión de Asuntos Internacionales hasta el día de hoy.  Formó parte del Junte de Mujeres que presentó en Washington DC sobre el derecho del pueblo de Puerto Rico tener su independencia.

Hemos trabajado juntas en el trabajo internacional para apoyar a la lucha por la independencia de Puerto Rico desde el 1979 hasta hoy. Ya van 44 años de trabajar juntas por la independencia de Puerto Rico en la arena internacional.

Entre las cosas que siempre me han encantado de Wilma es que como Boricua al fin, en ocasiones que nos encontramos en eventos internacionales siempre buscabamos bailar especialmente si es nuestra música. Así fue incluso en Praga durante una Conferencia Mundial de la Paz. Claro esta cuando es Cuba pues la música siempre está presente.

En el 2006 mientras estábamos en un encuentro de mujeres en Venezuela me dice que necesitaba mas ayuda desde Nueva York y logré fundar el grupo Friends of Puerto Rico Initiative. El grupo sirve de apoyo al trabajo en la ONU especialmente  durante las vistas en la ONU en Nueva York. Ya van 16 años de Friends of Puerto Rico Initiative y su trabajo en torno a la ONU y el comienzo se da por un pedido de Wilma.

Ella es una mujer puertorriqueña dedicada al principio de un Puerto Rico libre y soberano y sigue el gran ejemplo de Blanca Canales Torresola. ¡Madre, esposa . abuela, hermana y extraordinaria amiga y compañera de lucha!

Las vueltas que da el mundo, pues ambas nos hicimos la prueba del ADN y salimos primas terceras a cuartas. Aunque todavía no sabemos donde se da el junte estoy sumamente honrada y contenta de compartir ADN con Wilma Reverón Collazo. Gracias Wilma por ser una mujer Puertorriqueña que ha seguido el ejemplo extraordinario de nuestra heroína y patriota Blanca Canales Torresola!!! Gracias!!!

Palabras en la Conmemoración del Natalicio de Blanca Canales Torresola.Dedicado a Wilma Esther Reveron Collazo

4 Febrero 2023 en Coabey, el Valle Heroico, Jayuya, Puerto Rico