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Cuba en alerta ante marcado incremento en casos de dengue

Luis De Jesús Reyes

La Habana, Cuba

Para Cuba no es nada nuevo que con la llegada del verano, lleguen también enfermedades propias de la temporada, por lo que año tras año sus autoridades sanitarias refuerzan los planes de enfrentamiento de la salud a medida que se acerca la época. Entre esas enfermedades está el dengue.

El país caribeño tiene una experiencia de años en el tratamiento de esta enfermedad y en el combate al mosquito Aedes Aegypti que la transmite. Pero este 2022, la isla está experimentando un inusual incremento de los casos de contagio, que llega justo en momentos en que se comenzaba a controlar la pandemia de la Covid-19 entre su población.

Desde finales de mayo e inicios de junio, Cuba ha visto un aumento considerable en la circulación del vector. Hasta julio pasado se habían confirmado en Cuba cerca de 3,500 casos de dengue y cientos de casos sospechosos en cada una de las 15 provincias del país. Los expertos, sin embargo, alertan que lo peor está aún por llegar.

“Es un momento difícil y vamos hacia el más complejo de la enfermedad porque el ciclo muestra sus mayores picos a partir de finales de octubre y principios de noviembre, porque hay una oleada del vector y de los enfermos con dengue”, explicaba hace unos días en la televisión nacional cubana la doctora Carilda Peña García, viceministra de Salud Pública.

A decir de la viceministra, son “las elevadas temperaturas y la humedad” –características de los meses de verano y otoño en las regiones tropicales y subtropicales– las que “propician el incremento del vector y con ello las enfermedades que transmiten”. Juegan un papel fundamental también otros aspectos relacionados con el cambio climático.

Para atender la emergencia, la isla ha emprendido una campaña de eliminación del mosquito, que incluye el control y monitoreo del número de tanques de almacenamiento de agua que posee cada vivienda en las ciudades. Con este dato, las autoridades determinan donde es necesario priorizar, por ejemplo, la fumigación. Pero incluso esta gestión enfrenta no pocos obstáculos. Aunque la industria nacional intenta aportar, los recursos que se utilizan en la campaña antivectorial son mayoritariamente importados, por lo que la profunda crisis económica que atraviesa Cuba impacta directamente en la lucha contra el dengue.

Peña García reconoció que “es una situación compleja” pero recalcó que “no es la primera vez que el país pasa por este problema”. En ese sentido, se ha hecho un llamado a la población a elevar la percepción de riesgo y atender desde la responsabilidad individual lo concerniente a la enfermedad.

Actualmente, las mayores tasas de incidencia de la enfermedad se registran en las provincias de Santiago de Cuba, La Habana, Las Tunas, Guantánamo, Camagüey, Matanzas y el Municipio Especial Isla de la Juventud.

UNA EMERGENCIA DE TODA LA REGIÓN

Para los expertos cubanos, la circulación del dengue en la isla no está separado de lo que ocurre a nivel regional. Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), desde la primera semana del año, la región ha sufrido un aumento del 300% en el número de los casos detectados, un incremento del 165% en comparación con las cifras a igual periodo en 2021.

Si bien el dengue no es la única arbovirosis que circula por estos días en la región de Latinoamérica –también circulan el Zika y el Chikungunya–, sí es la de mayor tasa de incidencia en la actualidad. Hasta la primera semana de septiembre, la OPS había reportado cerca de 2, 500, 000 casos de arbovirosis en la región, de los cuales el 90% fueron dengue.

Para monitorear el comportamiento del dengue, Cuba cuenta con una red de laboratorios en todo el país y un Centro de Inmunoensayo. La isla además mantiene intercambios científicos con otros países en la región. De hecho, entre los años 2010 y 2016, la mayor de las Antillas estuvo al frente de la coordinación de la Red para el Dengue.

Por otro lado, científicos del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) han informado que trabajan actualmente en el desarrollo de una vacuna contra los cuatro tipos de dengue, una petición hecha por el presidente Miguel Díaz-Canel a la institución. El CIGB es el autor de la vacuna Abdala, una de las cuatro vacunas anti-Covid19 desarrolladas en Cuba.

“A partir de los conocimientos [obtenidos] se diseñan moléculas que tengan un efecto antiviral específico contra el dengue y eviten, por ejemplo, la entrada del virus a la célula”, detalló en una nota de prensa Eduardo Martínez, presidente del conglomerado de empresas farmacéuticas BioCubaFarma.

En su intervención en la televisión cubana, la viceministra de salud recordó que “el comportamiento del dengue es cíclico por el incremento del mosquito, que no se ha podido erradicar con la campaña de vigilancia y lucha antivectorial en la isla”.

En 1981, Cuba fue escenario de la primera gran epidemia del llamado dengue hemorrágico en el hemisferio, que dejó alrededor de 350,000 enfermos y 158 muertos, incluyendo 101 niños. En ese entonces, las autoridades cubanas acusaron a Estados Unidos de haber introducido la enfermedad en la isla en un acto de guerra biológica contra el pueblo cubano. Las acusaciones se comprobaron años más tarde en sendos estudios.

A mi jardín llega

e.s. ortiz-gonzález

A mi jardín llega un colibrí.
Me quedo quieto,
le miro revolotear entre las flores.
Fue un instante
antes de que notara mi presencia
y saliera disparado
para perderse entre el viento y la lluvia.
Me escuché decir quédate, quédate
como la noche
en que abotoné tu vestido
y puse mi esperanza en un susurro
para que no cruzaras la puerta.

— e.s. ortiz-gonzález

Río Piedras, 18 sept. 2022

¿Quién dice la verdad sobre el contrato de Luma? Expertos cuestionan al Gobernador

Por Cándida Cotto

ccotto@claridadpuertorico.com

Mientras el  gobernador Pedro Pierluisi Urrutia defiende a brazo partido la permanencia de   Luma Energy (LE), con declaraciones de que es Luma decidirá cómo proceder luego del 30 de noviembre- y dándole a la privatizadora dos opciones: continuar operando el sistema aunque no haya finalizado el proceso de quiebra o no continuar con el contrato- otros estudiosos del acuerdo presentan argumentos más puntuales sobre  la realidad de la operación de la privatizadora a cargo de la transmisión y distribución (TD) del servicio eléctrico en el país. La realidad es que el contrato de Luma es tan desbalanceado a favor de la privatizadora que prácticamente ha colocado al gobierno de Puerto Rico en una encerrona.

El Centro para una Nueva Economía (CNE), en su Informe de septiembre, hace un  análisis y evaluación sobre el desempeño de LE y las alternativas que tiene el gobierno “ahora y de ahora en adelante” para su trato con la privatizadora eléctrica. Sergio Marxuach, director de Política Pública del CNE concluye en dicho documento que tras 15 meses de operación, está claro que el desempeño de Luma no “está a la altura de las expectativas”, realidad que debe considerarse en la decisión final sobre el acuerdo entre Luma y la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE).

Según el CNE, hasta ahora Luma  ha excedido su presupuesto; no ha cumplido con las métricas clave de rendimiento en cuanto a la duración y frecuencia de los apagones; está atrasada en el cumplimiento de ciertos objetivos de mantenimiento (por ejemplo, el control del crecimiento de la vegetación alrededor de las líneas importantes), y ha mostrado poca evidencia de que esté logrando los ahorros que alegó que generaría con una administración más eficiente del sistema de transmisión y distribución. Por lo tanto, le corresponde al gobierno de Puerto Rico defender los intereses del pueblo puertorriqueño.

Luego, señala que la AEE y por consiguiente, Puerto Rico, sigue dependiendo del petróleo y el diésel para producir energía, por lo que está a merced de los mercados del petróleo. En ese aspecto la posición del CNE es que es necesario insistir en poner en marcha proyectos de energía renovable a gran escala.

El CNE cuestiona qué puede hacer el gobierno de Puerto Rico ante esta complicada realidad.  Para sus expertos y analistas, la contestación corta es que el acuerdo se puede cancelar y que este provee varias formas para hacerlo. Marxuach concluye:   “quizás el más sencillo, en términos legales, sería simplemente no solicitar la extensión del período interino de operación que finaliza el 30 de noviembre. El Acuerdo Suplementario actualmente en vigor establece la cancelación automática de ambos acuerdos (tanto el Acuerdo de Operación y Mantenimiento (“Acuerdo de O&M”) como el Acuerdo Suplementario) en esa fecha, a menos que el gobierno de Puerto Rico solicite extender su efectividad.”

Sin embargo, el analista advierte  que cada solución propuesta conlleva consecuencias que deben ser analizadas de antemano para evitar errores o empeorar lo que ya es una situación difícil.

La primera, que en el caso de la cancelación del contrato,  la AEE tendría que pagar a Luma  una tarifa de cancelación de $115 millones, ajustados por inflación. Este dinero  no está presupuestado al día de hoy. En segundo lugar, que con el vencimiento de los acuerdos se activaría un periodo de transición que podría durar hasta doce meses para que Luma termine sus operaciones y las transfiera a un operador sustituto. La AEE sería responsable también del pago de una tarifa de transición para cubrir el costo de las operaciones de Luma  durante este período. Para Marxuach el problema importante en cualquier escenario de cancelación  es que no parece haber candidatos para ser el operador sustituto. “Es decir, parece que no hay un Plan B. ¿Quién se encargaría  entonces del sistema de transmisión y distribución de Puerto Rico?”

Para el CNE, otro factor a tomar en consideración sería el  impacto que la cancelación pudiera tener en  el desembolso de los fondos de FEMA y CDBG-DR asignados para la reconstrucción de la red. “Lo más probable es que ambas agencias decidan esperar a que se resuelvan los problemas legales y operativos para hacer los desembolsos. Esto significa que la reconstrucción de la red tardaría aún más de los 10 años previstos actualmente”, indica Marxuach.

De acuerdo al CNE, lo  más práctico es lograr que el acuerdo entre la AEE y Luma funcione. Para ello el análisis debe proveer respuesta a las siguientes preguntas: ¿Por qué Luma  ha sido incapaz de cumplir los objetivos básicos de rendimiento durante los últimos 15 meses?:¿Qué quiere y puede hacer el gobierno al respecto?: ¿Qué consecuencias tiene la cancelación del Acuerdo de O&M?y ¿Cuáles serían las alternativas viables a Luma?, es decir, ¿cuál sería el Plan B?

La propuesta del CNE es que la Autoridad para las Alianzas Público Privadas (AP3) contrate a una firma independiente de ingenieros de clase mundial, sin conexiones comerciales o políticas con Puerto Rico, para que supervise, de manera tenaz e inquebrantable, el desempeño de Luma en relación a sus obligaciones bajo el acuerdo. Según Marxuach, no existen soluciones fáciles, para los problemas energéticos de Puerto Rico.

Desmienten al gobernador

La postura del gobernador Pierluisi es que “Luma se queda pase lo que pase” y que el acuerdo solo sería cancelable si la privatizadora decide irse de Puerto Rico porque la AEE no cumpla a tiempo con salir del proceso de quiebra. Para la Coalición para el Pensamiento Energético (COPE), esta postura del Gobernador es no solo inaceptable sino engañosa.

“Es verdaderamente espeluznante escuchar estas declaraciones patentemente falsas”, expresó el licenciado Rolando Emmanuelli Jiménez, presidente del Bufete Emmanuelli CSP y portavoz de CoPE. “Decir que LUMA tiene el control para continuar en Puerto Rico o no, es falso. No es lo que el contrato dice”, afirmó.  La portavoz de CoPE insiste en que Luma opera bajo un contrato suplementario, debido a que el contrato base con término de quince años no puede iniciar hasta tanto la AEE termine su proceso de quiebra. “Este contrato suplementario establece que si transcurren dieciocho meses, que vencen el próximo 30 de noviembre, y la AEE no ha ‘salido de la quiebra’, queda sin efecto automáticamente el negocio. Esto, salvo que la AP3  solicite una extensión y las partes lo acepten”, explicó la licenciada Zoé C. Negrón Comas, portavoz de CoPE. Subrayó que cuando se habla de ‘sacar a la AEE de la quiebra’ no se está  hablando solamente de llegar a un acuerdo con los bonistas, sino que también haya un Plan de Ajuste (PAD) de Deuda confirmado, efectivo y consumado. A este momento, la Junta de Control Fiscal ni siquiera ha anunciado un acuerdo con los bonistas, mucho menos un proyecto de PAD, precisó Negrón Comas.

Otra portavoz de CoPE, la licenciada Jessica E. Méndez Colberg, advirtió que es incorrecta la interpretación del  gobernador de que al 1 de diciembre de 2022 comenzará a operar el contrato base de quince años aún si AEE no ha salido de la quiebra,  y que solo Luma  tiene derecho a solicitar la cancelación del contrato base por dicha razón.

“Primero, estemos claros de que el propósito del contrato suplementario es que LUMA pudiera operar en lo que se resolvía la quiebra, porque no se ha cumplido esa condición previa para que entre en vigor el contrato base”, indicó Méndez Colberg, vicepresidenta del Bufete Emmanuelli CSP.  “Segundo, en ninguna parte del contrato base se establece que no salir de la quiebra es un incumplimiento de la AEE. Esa es una condición que suspende la efectividad del contrato, no una causa para cancelar y penalizar a la AEE” aclaró. “Y, estemos seguros de que no estamos ni cerca de ‘sacar a la AEE de la quiebra´, añadió.

En tanto, el presidente de CoPE, Pedro Muñiz afirmó que su organización está en  posición de demostrar cada cláusula del contrato que sustenta la conclusión expresada por sus portavoces. “El gobernador no puede decir lo mismo”.

El Manifiesto revolucionario puertorriqueño de 1867

Especial para En Rojo

Trasfondo histórico

A la altura de la década de 1860 en Puerto Rico imperaba el régimen colonial autoritario militar de España. El país estaba en el cuarto siglo de la conquista y colonización española. Como sucedió en toda la América colonial, desde el siglo 18 claramente ya se había gestado una nueva nacionalidad, en este caso la puertorriqueña. Desde 1809 hubo espacios y momentos de reclamos e intentos de reformas sociales, económicas, políticas y culturales. También hubo movimientos por la independencia. La represión política y los gobiernos españoles ahogaron las aspiraciones de cambios y libertades, una y otra vez.

Bajo la dictadura arcaica española, no existían libertades civiles ni individuales. Salvo el derecho a la propiedad privada, que favorecía a las clases dominantes (empresarios, hacendados y comerciantes), no había derecho a la libre expresión, de reunión y asociación, a formar partidos políticos y demás. Los favorecedores de la abolición de la esclavitud tenían que reunirse y hacer su propaganda en secreto. El gobierno contaba con su periódico oficial, Gaceta de Puerto Rico. Y los conservadores que apoyaban el régimen colonial, principalmente españoles y algunos puertorriqueños, publicaban su periódico sin impedimento alguno, el Boletín Mercantil de Puerto Rico. Aparte de estos, los pocos periódicos permitidos tuvieron corta duración y siempre sometidos a la censura gubernamental.

Cuando se puso en marcha el proceso político que condujo a la revolución puertorriqueña de 1868 – el Grito de Lares – los organizadores y militantes (hombres y mujeres) tuvieron que obrar desde el clandestinaje, de forma estrictamente secreta y sobreponiéndose a muchas dificultades.

Tras el fracaso del intento de conseguir reformar las relaciones coloniales en la Junta de Información en Madrid, en que participaron destacadamente los comisionados liberales José Julián Acosta, Segundo Ruiz Belvis y Francisco Mariano Quiñones, y su regreso a Puerto Rico en mayo de 1867, al mes siguiente sucedió un motín de soldados españoles en la capital de San Juan. El gobierno rápidamente culpó a conocidos exponentes del liberalismo, autonomistas e independentistas, y les ordenó presentarse ante las autoridades de Madrid en plazo de dos meses. Realmente, no tenían nada que ver con dicho motín. Pero algunos, como el doctor Calixto Romero viajaron y se pusieron a las órdenes de España. Otros, como José Celis de Aguilera y Carlos Elías Lacroix evadieron el dictamen y se ubicaron en la isla vecina de San Thomas, colonia danesa entonces. Y todavía otros, como el abogado Segundo Ruiz Belvis y el médico Ramón Emeterio Betances concluyeron que había llegado la hora de la acción revolucionaria, escaparon en bote primero a República Dominicana, y de allí a Nueva York. Desde el verano de 1867, en Puerto Rico había muchos patriotas, algunos que se conocían entre sí, que estaban prestos a organizar y a luchar.

La razón por la cual Ruiz Belvis y Betances fueron a Nueva York es porque la ciudad contaba con una comunidad hispanoamericana y desde 1865 se constituyó la Sociedad Republicana de Cuba y Puerto Rico abogando por la independencia.  Además, allí residía un miembro importante de dicha organización, gran amigo puertorrique؜ño y abolicionista exiliado, el Dr. José Francisco Basora. Desde allí harían planes e identificarían dónde adquirir el armamento necesario, para entonces regresar a Santo Domingo y a Puerto Rico.

El gobernador José María Marchesi puso a Betances y Ruiz Belvis en la lista de los más buscados y los acusó de “conspiradores”, con todo lo peyorativo que implicaba (y aun es así) este término. La definición negativa en los diccionarios y las leyes sobre “conspiración” necesitan ser revisadas. Pues, ¿luchar por la libertad, la justicia social, los derechos civiles y humanos, la independencia de los pueblos es “conspiración”? Bajo ese criterio anacrónico, suponemos que los héroes de la lucha por la independencia de Estados Unidos, como George Washington, Thomas Paine, John Adams y Thomas Jefferson; así como de América Latina, José Gabriel Tupac Amaru, Toussaint Louverture, Simón Bolívar, José de San Martin, y tantos otros, serían tildados de “conspiradores”.

Los revolucionarios independentistas no tuvieron ocasión de elaborar un Programa como los que preparan los partidos políticos previo a las elecciones generales. Basora, Betances y Ruiz Belvis se constituyeron en Nueva York como “El Comité Revolucionario” con el objetivo de responder al gobernante dictatorial y, a su vez, exponer los motivos fundados para realizar una revolución libertadora en Puerto Rico. Lo hicieron mediante una proclama o manifiesto A los Habitantes de Puerto Rico. Tiene fecha del 16 de julio de 1867; fue publicado con algunas enmiendas que hizo el delegado cubano Juan Macías, el 1ro de septiembre. Y luego lo hicieron llegar y distribuir secretamente en Puerto Rico.

Manifiesto revolucionario

El Manifiesto está encabezado por el lema de la revolución independentista: Patria, Justicia, Libertad. Tiene tanta vigencia en aquel momento como la sigue teniendo en el presente. Es lo que deberían tener presente todos y todas quienes entren en el campo de la política.

En su contenido, el Manifiesto puede tratarse en cuatro partes: (1) la refutación del gobernador español y denuncia de lo que significaba la dominación y la política en la propia España; (2) la realidad del subdesarrollo y la corrupción colonial; (3) la exhortación al pueblo a confiar en sus propias capacidades y esfuerzos; (4) y la solidaridad y unidad entre la República Dominicana, ya independiente, y Cuba y Puerto Rico, últimas colonias españolas en América.

Desde el 18 de noviembre de 1865 hasta el 17 de diciembre de 1867 el gobernador y capitán general de Puerto Rico fue el teniente general José María Marchesi Oleaga. Contradictoriamente, Marchesi (1801-1882), oriundo de Madrid, siendo joven cadete combatió (con distinciones) a las tropas monárquicas y a favor de la revolución y gobierno liberal de 1820 a 1823. Tras la restauración de la monarquía absolutista de Fernando VII cambió de bando (se acomodó como se dice popularmente en Puerto Rico) y, luego de otros bandazos políticos, siguió siendo fiel a la monarquía de Isabel II (hija del rey Fernando VII) de la dinastía Borbón; que se sigue arrastrando absurdamente en España, igual que otras monarquías en diversos países de Europa. Desde 1858 le fue concedido el puesto de Senador Vitalicio y en 1865 fungió brevemente como Ministro de la Guerra, antes de asumir el mando de Puerto Rico. Más tarde, en 1877, fue presidente del Consejo Supremo de la Guerra. Con ese oficial militar camaleón, pero en última instancia reaccionario conservador (nazi o fascista diríamos hoy), fue que contendieron los patriotas revolucionarios puertorriqueños.

El motín de soldados españoles no tenía ninguna relación con la lucha ni de los autonomistas ni de los independentistas. La imputación que hizo el gobernador tenía, se replica en el Manifiesto, “el malévolo propósito de extraviar el espíritu público”. Es decir, desviar la atención con esa noticia falsa. Con ese “fake news” las autoridades en la colonia procuraban ganar puntos con sus superiores en España para su beneficio personal, y es lo que venían haciendo desde antes: “Todos saben que la necesidad de hacer méritos para con el Gobierno de Madrid por conservar sueldos y ganar honores, que la intransigente codicia de mando que aspira a mantener eternamente entre cuatro privilegiados de allá la vida y la hacienda de seiscientos mil desheredados de acá, y el deseo de lavarse de un borrón que debe caer exclusivamente sobre los agentes de un poder que no tiene más apoyo que el de la fuerza, son los móviles harto poderosos entre estos mandarines para dar a esos conatos de desorden proporciones mayores y querer echar sobre los hijos del país, aunque sin expresarlo claramente, la odiosa responsabilidad que en sí comportan”.

El liderato revolucionario puertorriqueño tenía muy claro la connotación peyorativa que tiene el término “conspiración” pero, igualmente, reivindicaron el sentido revolucionario y positivo que también tiene. Así afirmaron: “Los hijos del país no han entrado nunca ni entrarán jamás en conspiraciones que tenga por el objeto el robo y el asesinato. Dejarían de ser oprimidos para entrar en las filas de sus opresores”.

El Gobierno despótico decretó la salida del país de varias figuras identificadas con ideales liberales y democráticos, como don Pedro Gerónimo Goico, doctor Calixto Romero, don Julián Blanco, doctor Félix Delmonte, don Rufino Goenaga, licenciado Segundo Ruiz Belvis, doctor don Ramón Emeterio Betances, don José Celis Aguilera, don Carlos E. Lacroix, entre ellos. A algunos de los desterrados les exigió que empeñaran su palabra de honor de que cumplirían con presentarse a Madrid en dos meses. A esta pretensión, el Manifiesto respondió:

¡Palabra de honor exige un Gobierno que nunca ha sabido

respetarla!…Conocéis su vida pasada y los crímenes de que

son culpables. El primero, el más imperdonable, es haber

nacido en América; el ser hijos de españoles que todo lo

pueden aquí, menos hacer hijos españoles. Otro no menor es

haber recibido alguna instrucción en el extranjero; haber visto,

comparado y deseado; haber vivido siempre de su trabajo, sin

empleos, sin humillaciones, sin bajeza; haber deplorado en el

seno de la familia o de la íntima amistad los males de una

política y de una administración tiránica, depresiva de la

dignidad, torpe, inquisitorial, corrompida; cuya fórmula es

«oprimir para exprimir», cuyos agentes son cabos de vara y

cuyos medios de acción son la ignorancia, el espionaje y la

estafa organizada.

El Gobierno oscurantista que no permitía ninguna voz disidente mezcló en un mismo saco a todos los que consideraba enemigos indistintamente de sus orientaciones políticas y filosóficas. Marchesi creyó tener la oportunidad de salir de todos a la misma vez.

El Manifiesto revolucionario pasó factura histórica al imperialismo de España, con una síntesis magistral:

Somos todos, con excepción de algunas pocas docenas,

víctimas del régimen colonial español que de Colón acá

ha sido y será siempre la negación de todo derecho y de

toda justicia; el imperio absoluto e irresponsable de cuatro

aventureros ineptos y avarientos; el monopolio y las

extorsiones de todo género, nombre y calidad; el fanatismo,

el embrutecimiento y la inmoralidad cerrando por doquier el

paso a las más nobles aspiraciones del espíritu, los jesuitas,

los soldados, las plazas de toros, las loterías; la corrupción,

el espionaje y la sed de oro en todas partes. Esa es España,

ese es su Gobierno en América.

Debemos conspirar

Luego siguen cuatro párrafos dando los motivos para la revolución, mediante la conspiración libertadora: “¡Puertorriqueños! Vuestros hermanos que han salido, han conspirado, sí, y deben conspirar -, porque es necesario que un día acabe el régimen colonial en nuestra Isla; porque Puerto Rico finalmente tiene que ser libre como el continente, como Santo Domingo”. ¿Cuál era la realidad de Puerto Rico colonial y por lo cual había que conspirar?

  1. “Deben conspirar sin tregua, y nosotros con ellos, porque carecemos de toda gestión e intervención en la cosa pública; porque, abrumados bajo el peso de contribuciones que no votamos, las vemos con escándalo repartidas en un número reducido de empleados peninsulares, ineptos, y el mal llamado Tesoro nacional; en tanto que los naturales del suelo, más merecedores, desempeñan únicamente algunos destinos subalternos o no retribuidos, y en tanto que la Isla carece de caminos, escuelas y demás medios de desarrollo intelectual y material”.
  2. “Debemos conspirar, porque de cinco millones de pesos que el país paga anualmente de contribución, más de la mitad se encamina a España, para no volver, bajo el nombre de sobrantes o de ahorros de empleados, y la otra mitad se malgasta en una fuerza militar innecesaria, en una hacienda voraz, en una administración de justicia inmoral, en unas obras públicas tan pronto hechas como deshechas, y en una policía secreta que de antemano cuenta con el vil precio de la calumnia y el seguro de la maldad”.
  3. “Debemos conspirar, porque sin escuelas, sin colegios, ni más medios de instrucción que los que pueden proporcionarnos en el extranjero nuestros propios recursos, vemos a la juventud languidecer en medio de la común ignorancia, sin otro estímulo que los placeres sensuales”.
  4. “Debemos conspirar, porque en cambio de estos males ciertos y de los vejámenes que diariamente se sufren, y de las trabas que por doquier nos cercan, y de la inmoralidad que va sembrando a su paso la esclavitud, el orden material no gana y crece en proporción de los esfuerzos, sino antes bien se estanca o arrastra torpemente”.

Confiar en nosotros mismos

El Manifiesto hace un llamado  al pueblo a abrir los ojos, a no engañarse esperando nada bueno de la misma España carente de libertades, atrasada y de políticos parasitarios. España tenía solo un objetivo principal con Puerto Rico: explotar la colonia “hasta recoger el último esquilmo”. También dio una alerta a no esperar nada del camino de las reformas ni de las promesas de cambio, tantas veces burladas. En la propia España se anticipaba una revolución, pero por más pasos democráticos que diera le pronosticaban una duración corta (como sucedió).

¿De qué viviría un Puerto Rico libre? “Tiempo es ya, puertorriqueños, de que volvamos los ojos a nosotros mismos. Elementos mil hay en nuestra Isla y alrededor de ella que nos convidan con viva instancia”. Lo que Puerto Rico necesitaba era sacudir “la tiránica dominación de España” y con su gente, su tierra fértil y sus recursos propios, para empezar, emprender el camino del desarrollo pleno sin ataduras ni trabas. “No esperéis la libertad de fuera, puertorriqueños, cuando tan cerca de vosotros la tenéis, cuando hombres, dinero y patriotismo os sobra, cuando la mitad del camino de la revolución os lo ha hecho España con sus desaciertos y males sin fin, y la otra mitad es obra sólo de poco esfuerzo”.

El Manifiesto instó al pueblo a conquistar su propia libertad, con valor y los sacrificios necesarios:

El espíritu público está ya bastante preparado; la propaganda

ha servido su misión; la hora de pelear es lo que falta señalar.

Para esto no necesitáis contar vuestros enemigos, sino contaros

a vosotros mismos; la desproporción es inmensa. No necesitáis

calcular sus recursos, sino ver a vuestro alrededor y considerar

que el sol, las lluvias, las largas jornadas son auxiliares poderosos;

que el suelo es vuestro, porque en él nacisteis y cada cual cuenta

con una casa, con un amigo, con un refugio; que el maíz, el

arroz, la carne están en vuestras manos, y llegado el caso, sabéis

soportar el hambre y la sed.

Con machete en mano y las armas que procuraban introducir de Estados Unidos, Santo Domingo, Haití y Venezuela, España no podría enfrentar una resistencia larga. Pero la libertad no viene de gratis y, según se proclama en el Manifiesto, por ella había que estar hasta dispuesto a morir: “el patriotismo lo puede todo, porque ¡Siempre vence quien saber morir!”.

EL Manifiesto revolucionario de 1867 termina con un llamado a la solidaridad especialmente entre Cuba y Puerto Rico, como últimas colonias españolas, y con el objetivo mayor de formar un bloque común económico antillano:

“¡Cubanos y puertorrique؜ños!, unid vuestros esfuerzos, trabajad de concierto, somos hermanos, somos una en la desgracia; seamos uno también en la Revolución y en la Independencia de Cuba y Puerto Rico. Así podremos formar mañana la confederación de las Antillas”.

*****

[El texto completo del Manifiesto es uno de los apéndices en el libro de José Pérez Moris. Historia de la insurrección de Lares (Río Piedras: Editorial Edil, 1975; primera edición en 1872].

Será Otra Cosa:Deadline

Arte cortesia Maria Antonia Ordoñez

 

«Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora.» A. Machado

Subir, subir en la pantalla, o más bien bajar: los dedos son los que suben, se adelantan. Los ojos recorren, buscan, buscan a alguien, algo. Algo falta fuera, en el mundo de las cosas que se rompen, cosas que suenan al caer al suelo o cuando se deslizan sobre la superficie de una mesa, cosas que huelen como no huelen estas luces que hipnotizan. Subir, subir en este pequeño cuadro o rectángulo, enfrentar la luz que me ciega y oculta lo que está atrás, a oscuras: quién sabe si alguna criatura de las que antes vivían en mi cabeza. Afuera ladra un perro, afuera, bien lejos, allá abajo, al pie de la pared por la que ha subido mi cuerpo hasta esta silla en la que sostengo la otra superficie por la que corren mis dedos hacia abajo, abajo, mientras el deseo de encontrar a quien me busca, sube, sube, sube.

Estoy tarde otra vez. Yo arrastro el mundo en la pantalla como un peso, pero lo demás se eleva en números e imágenes, veloces, sobre el velo de cristal. Suceden tantas cosas, se avanza tan poco. A veces cae alguno con un cuerpo: un muchacho perseguido por la policía, un satisfecho intelectual toma un pote de pastillas, a un roquero enamorado y a una anciana reina se les detiene el corazón. Las historias se acumulan, se suceden en hileras, y la gente se indigna, se conmueve, se complace o se hieren mutuamente: puño arriba, puño abajo, muchas letras. Es mucho y demasiado. En el mundo de las cosas, a mitad de esa semana, en la Facultad, he pasado de largo ante un recuerdo, como desconocer un rostro amado en la muchedumbre, así de inusitado, como si también allí bajara y bajara. Es solo una impresión, un estremecimiento. No sé quién es, ni qué procura, hasta a la noche, que encuentro una imagen en la pantalla y lo reconozco: era un muerto más de otro septiembre, un muerto mío. Me descubro lúgubre e inquieta. No había visto el calendario, el de papel. Las tareas se acumulan, también las distracciones. Subo y subo, pero no avanzo. Hay mucho que hacer. No tengo tiempo. Soy una más a este lado del espejo. Escucho tronar, cae un aguacero, pronto se irá la luz. Presiento que hay más gente como yo así, atrapada. Ya no veo nada, pero el ruido continúa en mi cabeza.

Al otro día, fiel a su costumbre, la gata me despierta sentándose en mi pecho y colocándome su garra suave en la garganta. Siento sus uñas sobre la piel, debajo late una vena, supongo que va llena de sangre. Abro los ojos y la encuentro en pleno dominio de su presa, sus pupilas verdes clavadas en mí. La realidad reverbera detrás de la cortina, lo adivino. Voy tratando de avanzar a través de la mañana. La gata me persigue por las habitaciones. Ahora vamos al café, pongamos una tanda a lavar, preparemos la lección de la semana, almorcemos. Me siento a escribir lo prometido para el lunes con la pequeña fiera a mis pies, la cazadora se asegura de que no escape nuevamente. Confía más que yo en que eventualmente cumpliré el plazo.

Horas después he abierto la puerta y en el horizonte la banda azul es luminosa, pero hoy no se puede ir al mar. Todos los caminos están tomados por prohibiciones de paso. Hoy filman, hoy corren, hoy celebran. Me quedo en casa. La estampa durará poco, porque el viento del este traerá tronadas y aguaceros, y apagones. En efecto, ya empiezan a sentirse los goterones lanzados con furia sobre el cristal de la ventana. Es la rabia de los elementos, o acaso su clemencia: agua, fresco, signo, melancolía, más agua, una memoria: una tarde descalzas mi hermana y yo, sentadas en la acera frente a la casa de tití bajo la lluvia, la corriente calle abajo es una serpiente de cristal que muerde los pies pequeños, chillidos, alegría, libertad, más agua. Luego, aquí, el día sigue diluido hasta la noche. He prometido seguir, y sigo. Regreso al teclado.

Creo que escribo, escribo, escribo hasta que escampa, pero me engaño: ya estoy dormida, alguien escribe por mí, y escribe esto.

*  *  *

Todo se derrumba, amiga. Eso parece. Todo va cayendo sobre ti, vas cayendo tú misma, la idea misma de ti misma, y no hay nadie para sostenerte porque los amarres son tan leves, leves algunos de tan suaves, no distantes, aunque también, sí, también se sienten frágiles, como extendidos hilos, pero hilos al fin, que apenas pueden sostener algo, son fuertes, lo sé, pero son hilos. Lo son: delicados, son hilos con haches mudas, con una i, después de todo, una i que los inicia y los eleva al cielo de la boca y los despide, sssh; susurra como levantándolos al cielo y disipándolos. Ahí están los demás, ellos también con la lengua en el cielo, explotando hacia fuera, violento el momento y de momento el aire, los otros, lo otro que no somos nosotros: números y luces, despedidos.

Y acá quedo yo. O eso que pienso soy yo misma. Acá me levanto imaginándome, desde la cama me levanto o creo que lo hago y me sostengo, y hago cosas, o las recuerdo, porque no he ido a ningún lado. Ya he dicho que duermo y otra escribe esto. Sólo invento que podría, y esa í resuena como si estuviera aupada hacia algún sitio. Dibujo un mundo pequeño, una silueta familiar, y me lo creo, parece que me muevo por ahí con la misma í de aquellos hilos. Otra gente aparece y se aleja, protagoniza, sufre, clama, interpreta, y huye de tanta cosa tremenda. Todo esto sucedía con ella quieta, y no veía que aquí, después, ella también desvanecía al apagar la máquina.

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Ya deben ser casi las siete porque se escucha el mundo despierto. La gata ha llegado hasta mi pecho. Se acomoda, extiende la patita gris hasta tocar la vena, que ya conoce, aún late. Inclina su cabeza sobre mi hombro como una recién nacida. Entreabro los ojos. Encuentro la mirada verde de mi compañera inaugurando otra mañana. Todavía no he mirado la pantalla, pero seguramente habré cumplido el plazo. Gata, mira, qué maravilloso el mundo de las cosas: hoy es siempre todavía, otra vez.