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Entrega a mano #5 :Casa de pisar duro (Caracas, 2013) de Gina Saraceni.

 

Especial para En Rojo

Hay libros que se anuncian contundentes ya desde la primera lectura. Eso ocurre con Casa de pisar duro, de la poeta italo-venezolana Gina Saraceni (1966), amorosa amiga de hace ya una década y con quien he compartido y leído muchas veces en su carácter de poeta y ensayista en Canadá, Colombia y Ecuador, entre otros lugares. Gina es docente en la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá, y es además, literalmente, una corredora de larga distancia. Compartimos amistad con varias personas queridas, entre ellas, el crítico puertorriqueño Julio Ramos, el poeta y narrador mexicano Fabio Morábito, el poeta venezolano Arturo Gutiérrez Plaza y el investigador y editor Jeff Cedeño Mark. Vital, entusiasmada, siempre al filo de las palabras, Gina transmite una intensidad contagiosa. Tengo de Gina otros libros: Lugares abandonados (Antología personal) y su espléndido libro de ensayos Escribir hacia atrás (herencia, lengua, memoria), cuyos temas principales son la memoria y la lengua, los cuales trabaja con el análisis y el fervor que entraña la escritura poética. Devota del mar, su Adriático, a todo mar, ello se fecha y testimonia ampliamente en su poesía, como lo demuestra su producción poética, especialmente su más reciente libro Adriático, que he tenido el gusto de leer en pdf. La pandemia del Covid ha afectado la entrega a mano, pero los y las poetas se las arreglan para entregar siempre. Hoy comento brevemente un poemario del 2013 que me regalara Gina y que obtuviera el Premio XI Concurso Anual Transgenérico de la Sociedad de Amigos de la Cultura Urbana de Caracas en el 2011.

La portada del libro son unas pisadas que se estampan sobre unas baldosas ajedrezadas, ilustrando lo que vale la pena recalcar: allí la voz poética se coloca sobre su pisada. Mirando la imagen se podría especular que se trata de la entrada a una residencia y que lo invisible va rastreando los lugares que habitan principalmente en su memoria. No urge entrar sino repasar y recordar, recrear imaginariamente los sitios que quizá no existan. Paradójicamente, solo lo muerto perdura en la memoria escritural. Lo desaparecido conforma gran parte del archivo del que se vale la escritura para poetizar porque no muere, permanece como espectro. Gina Saraceni nos entrega su entrega a la casa familiar, a los elementos de la naturaleza (la sal, las mareas, la madera, las algas), su elegía a King Kong al ser asesinado en Manhattan: “ El deseo es un animal que se deja caer. […] Se oye a un gorila respirar./ Y es animal el aire que se agita/ cuando un gigante trepa/ la altura vertical de su caída. /Inmensa la torre de la sed./ Inmenso el extravío./ King Kong se abandona/ a la estrechez delgada de una antena./ Y alcanza la pureza.” La vida de la casa, de los objetos, del mar en movimiento, de la fuga del “monstruo” en una ciudad asesina (como nos recuerda el García Lorca de Poeta en Nueva York) pulsan en su organismo mientras pisa la casa y el asfalto caliente de Manhattan o determina cuán azul es el cielo de todos esos sitios.

La voz poética se eleva materialmente sobre su necesaria pisada para nombrar, para fijar la sensación inaprehensible: “No siempre se regresa/ de un paisaje que perturba la mirada. /Será temblor de párpados /lo que vendrá después de su abandono”. Y así fluye la enumeración de los objetos que pueblan el universo de Saraceni. El oído atraviesa una casa sobre la que se pisa duro. Aun deshabitada reposa en ella el eco, un palimpsesto de rumores que se superponen como signos y que absorbe la estructura de la casa que vive, aunque la ocupen los árboles. Y sin embargo, esta “pisada dura” nos advierte que se camina con tiento y despacio sobre la incertidumbre de lo que albergan los lugares cuando se quedan solos, incluso los que se hallan a cielo abierto o los que se miran desde afuera. La interpelación es volverse animal.

El silencio abandona

las raíces de los árboles

y se levanta hasta las hojas

comidas por los loros.

Cada mañana volvemos al parque

con los pies clavados en la tierra

y el pulso latiendo entre la sangre.

Podríamos morir de madrugada

escuchando el canto de los loros,

ese estruendoso canto

que alberga en nuestra sangre

y atraviesa el cielo

y lo sofoca

y lo deja sin aliento.

Podríamos morir de madrugada

rodeados de loros que nos miran

correr como liebres fugaces,

cada uno con su canto

en la garganta,

cada uno con su vuelo a ras del piso

abriendo zancadas en la hierba.

Podríamos volar

como los loros y ser manada

que hunde en el cielo

un grito atroz.

Cada madrugada

buscar cómo fugarnos

del verde plumaje de sus alas.

Por eso la bisagra del libro es un sujeto y no una casa, más bien un sujeto que carga consigo la casa material del universo todo, de la violencia de las ciudades, e incluso del amor: “De las batallas del amor se regresa/con el vientre abierto,/ sin paredes,/ dando tumbos/ por el arduo combate/ de la noche. […] Solo así se hace una guerra./ Sólo así se conoce/ cómo tocan las manos/ cuando pierden los dedos.” Y de ese sujeto se trama subrepticiamente una genealogía que atraviesa el libro y que concita una casa abandonada: “El hijo no nacido reclama un lugar en la palabra,/una letra que ocupe el espacio de la falta./ No se puede dejar de ser madre/ sin cargar al hijo que no fue/ sin hacerlo vivir el instante/ que dura su cuerpo imaginado.” Este es un libro que aspira, dentro de su sencillez a marcarlo todo, el legado, el rumor de las cosas, el movimiento de la madre dentro de la casa, la violencia urbana con respecto a sus “monstruos”, la pasión enloquecida de quien busca y no tiene sitio, la lucha con las palabras y la lengua. La voz poética no deja de ser una intérprete a medio decir de sí misma y de la intemperie que la habita. Es esa “incompletitud” que resuena tan alto en la poesía de Gina Saraceni la que desborda este hermosísimo libro:

Nos volvemos sordos

cuando el silencio

precipita en el oído.

Es oscuridad lo que se escucha

cuando la voz calla

y el tímpano se desgarra

por tanta austeridad vocal.

Sin oído

damos tumbos.

Y cuando la lengua

se deshace,

es el alboroto de la ausencia

el tono más alto:

la sordera.

La autora  es poeta, ensayista y profesora. Tiene a su haber unas 14 colecciones de poesía, entre ellas Sitios de la memoria, La gula de la tinta, Diseño del ala, Cuerpo nuestro, Rizoma, Chuvento o lengua secreta, La noche es otra luz y el más reciente, Espacio teselado. 

La excelente alternativa de Streaming-parte 2: Mothering Sunday, Mrs. Harris Goes to Paris, Les filles de soleil, The Guard

En Rojo

Si viviera en Puerto Rico o en un centro urbano donde abundan las salas de cine, entonces estaría aprovechando de ese espacio único para ver cine. Pero, aunque donde vivo es un lugar hermoso y privilegiado, no existe una sala de cine y, los intentos de varios grupos a través de los años de presentar muestras y hasta estrenos se han detenido sin esperanza aparente de repetirse. Gracias al acceso de las plataformas en internet, tengo otro privilegio de vivir en la Isla Nena (que no tenía a menos que estuviera en un festival de cine): ver buen y muchas veces excepcional cine todas las noches. Mucho del ofrecimiento—especialmente los filmes en cartelera—requiere un boleto caro entre $10 y $30—pero me costaría mucho más dinero, esfuerzo y tiempo, desplazarme a la Isla Grande por varios días. Aquí otra muestra de la serie de Streaming que comencé la semana pasada.

Mothering Sunday (2022)

Directora: Eva Husson; guionista: Alice Birch; autor Graham Swift; cinematógrafo: Jamie Ramsey; elenco Odessa Young, Josh O’Connor, Colin Firth, Olivia Colman, Glenda Jackson, Patsy Ferran, Emma D’Arcy, Sope Dirisu

No sé si se llegó a exhibir en Fine Arts o solamente apareció como “próximo estreno”, pero este filme es de uno de esos que clasificamos como “must see”. Es un drama íntimo donde casi todo sucede en interiores y donde el diálogo es tan parco que encontramos más información en gestos y frases al parecer inconexas. Nos recuerda los contrastes de los silencios y los discursos confusos en The Lost Daughter (2021). Pero también nos remite a la estructura social y clasista y la escritura dentro de la escritura de Atonement (2007). Es la celebración de las madres y, como día especial, los señores de la casona/estate se reunirán con otras familias amigas para celebrar la próxima boda de dos de sus hijxs. Por eso, la joven Jane Fairchild (Odessa Young), quien es parte de la servidumbre, se prepara para un domingo de hacer lo que ella escoja y donde ella quiera.

Y mientras se da el encuentro entre Jane F y Paul Sherrington (Josh O’Connor), precisamente el joven en vía de casarse con Emma Hobday (Emma D’Arcy), la historia se mueve hacia adelante con una mujer comenzando su vida como escritora que cuestiona cómo expresar el pasado con distancia emocional y otra escritora vieja (Glenda Jackson), ganadora de múltiples premios (como el caso de Doris Lessing al enterarse de recibir el Nobel), que confunde los pasados lejanos y cercanos. Son escenas breves que detienen por unos momentos la intensidad del afecto (de parte de él) y amor (de parte de ella) para que el golpe de la separación no sea tan doloroso. Los amantes se reúnen en una casa vacía pero llena de objetos que sólo tienen significado para Paul y su familia. Entre tiempos, Jane F intenta construir otra relación sin superar la pérdida anterior. Godfrey Niven (Colin Firth) y Clarrie Niven (Olivia Colman) parecen haber olvidado la esencia y alegría de conversar para convertirse en dos seres tan tristes que no logran compartir ni siquiera la pena que llevan dentro. Y sin hacerlo tema de conversación, sentimos el vacío y el dolor que causa la pérdida de hijos que, en este caso, son los de la guerra, esa generación que cayó bajo el gas letal, las armas, las plagas, las trincheras, el frío y la lluvia de esa “gran guerra” del 1914 al 17 que nunca más iba a repetirse.

Les filles de soleil/Las hijas del sol (2018)

Directora y montaje: Eva Husson; cinematógrafo; Mattias Troelstrup; elenco: Golshifteh Farahani, Emmanuelle Bercot, Zübeyde Bulut, Sinama Alievi, Mari Semidovi, Roza Mirzoiani, Zinaida Gasolani, Maia Shamoevi, Nia Mirianashvili, Evin Ahmad, Zirek, Erol Afsin, Nuka Asatiani, Behi Djanati Atai.

Me entero, mientras escribía esta columna, que el filme Les filles de soleil (que no pude ver en el Festival de Cannes de 2018 donde era parte de la competencia oficial) también fue dirigido por Eva Husson, nacida en Francia, estudiante de inglés y español, hija de maestrxs de idioma y nieta de soldado anarquista Republicano (POUM) durante la Guerra Civil Española y luego encarcelado en Francia cuando lideraba una unidad de españoles de la Resistencia francesa durante la ocupación Nazi. Con esa historia familiar, por supuesto que le va a interesar la existencia de una unidad de mujeres de Kurdistán (borde con Irak) que fue parte de la resistencia y avanzada contra Daesh/ISIS/ISIL. La narradora y testigo es Mathilde (Emmanuelle Bercot), una fotógrafa de guerra francesa que a pesar de haber perdido un ojo mientras fotografiaba en Homs (Siria), decide incorporarse a la unidad de mujeres kurdas que se enfrentan a diario con los ataques del muy bien armado ejército de fanáticos de Daesh. Quizá para enfatizar el riesgo que toman las mujeres en los campos de batalla (que hoy en día es peligrosamente cualquier lugar), este personaje hace referencia a la periodista de guerra Marie Colvin, quien muere precisamente en Homs y por haber perdido un ojo, llevaba un parche negro lo que nunca le impidió estar presente en el centro de los conflictos. Su historia fue muy bien retratada en A Private War (2018).

Aunque Mathilde es el enlace de lo que sucede en esta batalla, Bahar (Golshifteh Farahani), la comandante de la unidad de mujeres, es el centro de la historia donde a través de comentarios muy parcos y su propia memoria, que rehúsa olvidar cada detalle, descubrimos el largo viaje de esta mujer hasta este campo de batalla tan ajeno a lo que ella fue alguna vez. Atestiguamos su normalidad familiar interrumpida y destrozada por el avance de Daesh, su secuestro, su trato por ser mujer (aunque el interés decae por no ser una niña o preadolescente), su lucha continua por evadir a sus captores, su escape y decisión de integrar un movimiento que detuviera esta oleada de terror. Su historia representa, en más o menor grado, la vida de las mujeres que integran su unidad c:on las que ella comparte cada fase de su supervivencia. Es un filme difícil de ver, pero necesario, para que no olvidemos que esto sigue sucediendo en menor o mayor grado alrededor del mundo hoy en día. La crítica estadounidense y europea no reconoció el valor estético y político de este filme, pero interesantemente, Peter Bradshaw de The Guardian distingue el trabajo de Husson como valiente y conmovedor.

Mrs. Harris Goes to Paris (2022)

Director: Anthony Fabian; guionistas Anthony Fabian, Carroll Cartwright, Keith Thompson, Olivia Hetreed; autor Paul Gallico; cinematógrafo: Felix Wiedemann; elenco: Lesley Manville, Jason Isaacs, Alba Baptiste, Rose Williams, Anna Chancellor, Lucas Bravo, Isabelle Huppert, Lambart Wilson, Freddie Fox, Roxane Duran, Christian McKay, Ellen Thomas, Sarah Rickman, Dorottya Ilosval, Philippe Bertin como Christian Dior.

Leslie Manville es una de esas actoras que nos deslumbra con solamente presentarse en escena. Así lo hizo en Phantom Thread (2017) como la hermana del diseñador Reynolds Woodcock por la que fue nominada para Oscar y BAFTA y luego como la pareja de Liam Neeson en Ordinary Love (2019). Aquí ella es la protagonista, la que siempre está en escena y que cambia de comportamiento según las personas con las que tiene que lidiar. Como sucedió con tantas mujeres y familias durante y después de la 2nda guerra, podía tardar años en lo que llegaba la noticia de que un hijo, hermano, marido o familiar había muerto y su cuerpo había sido recién identificado. Por eso, muchas mujeres conservaban su status de casada, casi adivinando que tarde o temprano recibirían la notificación que les permitiría recibir la pensión de viuda. Este es el caso de Ada Harris en Londres de 1957. Mujer de clase trabajadora que tenía que buscarse su manera de sobrevivir como pudiera; en su caso, limpiando las casas de ricos y no tan ricos, pero que no entienden que pagar a tiempo es lo esencia para mujeres como Ada. Esta historia se narra desde la perspectiva precisamente de una mujer (Mrs. Harris) consciente de su clase en esta economía de la posguerra.

Es precisamente cuando Ada ve un traje diseñado por Christian Dior en casa de Lady Dant (Anna Chancellor) que se promete ahorrar cada centavo y trabajar cada momento para poder comprar su propio traje diseñado por Dior. Sabe que para eso tiene que viajar a París y espera pasar sólo un día y así regresar a sus empleos. Aunque al parecer, la parte más importante de la historia se desarrolla en el estudio de Dior, es la comunidad de Ada que sirve como marco. Su amiga Violet (Alba Baptiste) siempre pendiente a su salud y ánimo; Archie (Jason Isaacs), su amigo que la apoya y resuelve y con posibilidades de algo más, contrastan con las pretensiones de una Claudine Colbert (Isabelle Huppert) y el marqués de Chassagne (Lambert Wilson), quienes creen manejar el mundo según su clase. Es una historia muy entretenida (la novela es de 1953 y tiene dos adaptaciones anteriores) y es un festín de hermosos trajes que nos hace desear también tener un exclusivo de Dior.

Crucigrama: Manuel Hernández Acevedo

Especial para CLARIDAD

Horizontales

1. _____ Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano y del Caribe; (1981) Hernández fue el artista puertorriqueño a quien se le rindió homenaje.

2. Manuel _____ Acevedo; pintor y artista gráfico puertorriqueño. Fue supervisor del taller de serigrafía de la División de Educación de la Comunidad (DivEdCo).

8. Pájaro.

9. Interjección usada para responder al teléfono.

10. Entrego.

11. Índigo.

13. Labré la tierra.

14. _____ antigua; serigrafía de Hernández.

16. Callejón de _____ Juan; (1969) pintura al óleo de Hernández.

17. Carta de la baraja.

18. Símbolo químico del radio.

19. Onda.

21. El Viejo _____ Juan; (1964) serigrafía de Hernández.

23. Ganso.

26. Siglas de Comandos Armados de Liberación, antigua guerrilla puertorriqueña.

28. Cloruro sódico.

29. Aquí.

30. Interjección para animar, saludar o para avisar de algún peligro.

31. _____; municipio español de la provincia de Lérida.

32. Miguel _____ Becerra; pintor ponceño, dibujante y profesor de arte al óleo.

33. Asistir.

35. Cuatro en números romanos.

36. _____ Brown; uno de los fundadores de la nueva trova puertorriqueña.

37. _____ patio; (1974) serigrafía de Hernández.

38. _____ Juan; ciudad donde residió y falleció Hernández en 1988.

39. _____ Fanguito; (1959) pintura al óleo de Hernández.

42. Santa _____ va a La Cuchilla; cuento de Abelardo Díaz Alfaro.

44. Aceptar la herencia.

45. Del verbo haber.

46. Aroma.

47. Primera vocal.

48. Afirmación.

49. Aguas _____; pueblo donde nació Hernández en 1921.

50. _____ Hernández Acevedo; estudió pintura y serigrafía con Lorenzo Homar y Rafael Tufiño. Reconocido como uno de los grandes exponentes del arte primitivo en el País. Recibió homenaje en la V Bienal de San Juan del Grabado Latinoamericano y Caribeño.

Verticales

2. Ser fantástico femenino con poderes mágicos.

3. _____; ciudad portuguesa miembro de la Red de ciudades más antiguas de Europa.

4. Fiesta de _____; serigrafía de Hernández.

5. Estropear.

6. _____ Tavárez Colón; pianista, concertista y educadora puertorriqueña.

7. Émile _____; escritor francés.

11. Antes de Cristo.

12. Ahora.

15. Fiesta en _____ campo; (1971) serigrafía de Hernández.

20. Plaza San _____; (1963) pintura al óleo de Hernández.

22. Leopoldo _____ (Clarín); escritor español.

24. La _____; (1956) pintura al óleo de Hernández.

25. Perteneciente o relativo a las alas.

26. _____; ciudad colombiana.

27. Manuel Hernández _____; autor de «Plaza San José», «La capilla», «Autorretrato», «El Fanguito» y «Fuego en La Perla», entre muchas obras más.

34. Cuarta nota musical.

37. Del verbo echar.

40. Persona dormilona.

41. Fuego en _____ Perla; (1957) pintura al óleo de Hernández.

43. Te atreves.

44. Árbol de Filipinas, sus hojas se usan para curar la hinchazón de las piernas.

46. Símbolo del osmio.

Los Viejos de Loíza de Daniel Lind Ramos

En Rojo

La semana pasada escribí sobre la falta de Viejos y Locas este año en las Fiestas de Santiago Apóstol de Loíza. No obstante, en otro contexto, los Viejos de Loíza han crecido en número e importancia, y el 30 de junio de 2022 gocé de una asombrosa y aguda exposición de Viejos en la misma ruta 187, Colobó, Medianía Alta, Loíza.

Me refiero a los gestos estéticos del pintor y artista de ensamblaje Daniel Lind Ramos. Por tres décadas, Lind Ramos ha experimentado con máscaras y vestuarios del personaje del Viejo, tanto en las mismas Fiestas de Santiago Apóstol como en su estudio en Colobó; tanto en videos que ha escrito y producido como en exhibiciones locales e internacionales; y particularmente en actos de performance comunitario en su restaurada casa-galería en la Carr. 187, esquina Camino Jiera, y en la playa de Vacía Talega en Piñones.

Desde que lo conocí en los años 1990, Daniel ha expresado y mostrado que la máscara del Viejo ofrece más libertad creativa que las de los otros personajes de las fiestas porque es menos fija y por eso más flexible y abierta a interpretaciones diversas. Típicamente, es una máscara rústica, casera, hecha de cartón común de caja y no pintada, sino con facciones dibujadas, un vestuario de ropa vieja rayada y un tipo de sombrero o gorra. Don Ricardo Alegría describía el Viejo como el personaje más prosaico de las fiestas y, diferente a las máscaras y los elaborados vestuarios del Caballero o Vejigante, no requería inversión metálica alguna –la máscara de los más pobres.

Algunas fotos de los Viejos de Lind Ramos –y de las Fiestas en general—desde 2003 en adelante aparecen en los libros “Caballeros, Vejigantes, Locas y Viejos: Las Fiestas de Santiago Apóstol y los perfomeros afropuertorriqueños” (2007) y “An Archipelago of Caribbean Masks” (2019). Pero en diciembre de 2019, los Viejos de Lind-Ramos comenzaron una nueva etapa con el proyecto De Loíza a la Loíza, una comisión artística del programa “El MAC en el Barrio” del Museo de Arte Contemporáneo. Se estrenó con “La ruta del pregonero” para rememorar la tradición culinaria de Colobó y Las Carreras, sus pregoneros y cocineras, a través de máscaras, tambores, baile, ensamblajes del artista y comida típica loiceña. El 7 de enero de 2020 se añadió el tanto punzante como celebratorio performance/filmación de “Talegas de la memoria” en la playa “Vacía Talega” en Piñones sobre la historia de Loíza desde 1493, que es también la historia puertorriqueña.

Sin repetir todo que escribí entonces, en su totalidad el proyecto revive la historia política y la textura cultural, familiar y culinaria que corre entre los sectores de Loíza y la comunidad de San Mateo de Cangrejos de Santurce. “La ruta del pregonero” comenzó con un desfile de máscaras/personajes de Viejo/as, llamados por golpes de barril, y “Talegas de la memoria” incorporó máscaras de cartón (la mayoría) para los múltiples personajes-Viejos, de tela metálica (“wire screen”) para los españoles que emergen del mar y de cáscaras de coco sin pintar para los obreros africanos forzadamente traídos por los españoles. También hubo una máscara taína especial de colores. En conjunto, los dos eventos crearon un impacto visual, sensorial e intelectual que muestra tanto la altura estética como el alcance cultural del arte comunitaria popular.

El trabajo de Daniel Lind Ramos como pintor, artista de asombrosos ensamblajes de objetos orgánicos y cotidianos y productor de videos ha recibido amplio reconocimiento a través de los últimos treinta años. Más reciente, la recepción crítica estelar que tres de sus ensamblajes loiceños recibió en la Bienal de 2019 del Museo Whitney en Nueva York, transforma su espacio de movilidad artística tanto local como internacionalmente. En este momento goza de la beca MacArthur (el llamado premio “genio”) y tiene trabajo expuesto en la Galería Nacional en Washington, DC.

La reconstrucción de la casa familiar en la Carr. 187, esquina Camino Jiera, da evidencia de su cercanía a su crianza y su vida como adulto en el mismo barrio. Su taller de décadas queda a dos cuadras de la casa-galería que ha restaurado con mano de obra suya y local durante los últimos diez años.

La actividad del 30 de junio repuso de manera mas modesta la actividad “La ruta del pregonero” de hace dos años y medio con el propósito de proveer un contexto para un filme documental de PBS (televisión pública estadounidense) sobre el ambiente formativo-creativo de Lind Ramos y su trabajo artístico. (También entrevistaron a Diógenes Ballester, Lester Nurse y este servidor.)

Esta versión también fue una producción pandémica: no hubo obras de exhibición en las salas, asistió un público invitado reducido y no usaron carpas para dar sombra a los espectadores-participantes y las mesas de comer –todo más casero, más rústico. Pero al momento surge la magia. Este formato reducido subió el nivel e intensidad del performance. Las máscaras de Viejos y Viejas salen de escondites alrededor de la fundación y pórtico restante de la casa que hace más de cincuenta años fue el taller de artesanía de don Castor Ayala y donde Lind Ramos y otros muchachos del barrio –que incluirían, entre otros, el hijo de Castor, Raúl Ayala y el pintor Samuel Lind—aprendieron del maestro artesano.

Un barril de bomba tocado por un viejo… Foto cortesía del autor

Un barril de bomba tocado por un “Viejo” llaman a ellos y ellas y un barril escondido tocado por otro “Viejo” responde y comienza la procesión de máscaras de cartón –la jueyera, el pescador (máscara de metal), el cocotero, la mujer guerrera y los tamboreros—para llegar al patio de la casa de Lind Ramos para tocar, cantar y bailar bomba. Además, hay tres poetas, Jorge Luis Mercado y Melquisedec Carrasquillo del mismo barrio y la poeta puertorriqueña-jamaicana Rachael Smith.

La mezcla resulta ser una maravilla de imágenes, sabores, sonidos y palabras. Los poetas locales líricamente recordaron los personajes, platos y emociones de Colobó. El menú del día de café con leche, arepas de harina de yuca, frituras de carne, pasteles de jueyes, arroz y habichuelas, arepas dulces y dulce de coco complementó sus versos. La poeta Rachel Smith presentó otra historia igualmente importante: la amenaza cultural y política de la desaparición de las playas, manglares, tierras y casas de Puerto Rico –y el Caribe en general—con la aumentada invasión de turista-residentes e inversionistas comprando residencias para espacios de AirB&B, “time-share” y casas vacacionales. Lo que pasó en Tocones –no muy distante de Colobó- a doña Adolfina Villanueva hace casi cuarenta años tiene su secuela ya más invasiva con nuevas olas de “visitantes”.

Pero los héroes aquí son los Viejos/as. Sirven de engranaje terrenal a través de máscaras de la vida cotidiana, las tradiciones domésticas y de trabajo y las condiciones sociales –pasadas y actuales– de los barrios de Loíza. Muestran lo que existía antes y cómo se ha afectado esa vida a través de décadas de supuesto progreso y desarrollo.

Pero los héroes aquí son los Viejos/as.

Como el ambiente mítico de sus luminosos y acechantes lienzos de formato grande; como sus majestuosos ensamblajes hechos de instrumentos y materiales de trabajo re-imaginados; los Viejos y Viejas de cartón también muestran cómo el arte de Lind Ramos responde a la necesidad de defender el ambiente y el matri-patrimonio de las playas, los recursos naturales y la cultura local loiceño-puertorriqueña.

Los Viejo/as de la Fiestas de Santiago Apóstol tiene ese mismo potencial. Dentro del festejo, enlazan la vida cotidiana y las condiciones sociales actuales de la población mayoritaria y trabajadora al Santo y los Vejigantes, Caballero y Locas. Cada personaje tiene su papel, pero el Viejo/a da cuerpo y presencia a la realidad existencial como base para interrogar las autoridades de la iglesia y el estado e indagar su propio papel en poder transformarla. ¡Qué Viva el Viejo!

 

 

 

El gavetero

 

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Hoy lo pensé para arreglar una gaveta de la cocina.

Mi madre estuvo varios días insistiendo en que la arreglara .

Finalmente conseguí un tornillo y una tuerca apropiada para instalar la rueda que permite hacer correr la gaveta además del riel central que no deja que la gaveta se caiga.

Otras veces han sido las bisagras que debo comprar en la tienda de piezas para la alacena.

Además de que tengo talento para cazar ratones, soy bueno para arreglar gavetas y puertas de alacena, aunque nunca he puesto un picaporte ni una cerradura.

Si me animo a hacerlo, casi siempre salgo al otro lado.

Tardo un poco en arreglar las cosas.

Eso debe ser por la edad a la que he llegado, pero me siento feliz cuando logro hacer esas cosas.

En la red electrónica la fábrica de impresores siempre me vende máquinas de coser.

Es verdad que mi madre hace tiempo que no usa la suya, como otras veces que cosía sin problemas y le enseñaba a las jóvenes a coser.

Ahora prefiere hacer almohadas sin usar la máquina.