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Las Fiestas de Santiago Apóstol de Loíza, 2022: ¿Dónde se encuentran las Locas y los Viejos?

 

En Rojo

Para mi, gran parte del atractivo de las Fiestas de Santiago Apóstol de Loíza siempre ha sido la variación dentro de la repetición ritual. Siempre lo mismo, siempre diferente; es como un lema que me atrae a las fiestas año tras año desde julio de 1995. Solamente me he perdido 2020, por la pandemia de COVID-19. Asistí el 27 y 28 en 2021 y estuve presente para las tres procesiones de 2022. Hay cambios. Por ejemplo, cuando publiqué el libro “Caballeros, Vejigantes, Locas y Viejos: Santiago Apóstol y los performeros afropuertorriqueños” (Terranova 2007), hubo una participación activa de jóvenes, muchos de ellos vestidos como Locas y con interpretaciones diversas de Viejos. Pero a través de los últimos quince años la participación juvenil ha disminuido y la presencia de Locas y Viejos casi ha desaparecido. Antes de la pandemia había un florecimiento impresionante de Vejigantes, con nuevos colores y estilos de máscaras de coco. Este año observé un notable crecimiento en el número de Caballeros marchando en la ruta 187 con los Santos.

Estas son observaciones subjetivas. Dos amigos –Wilda Cruz y Teddy Vázquez, reconocidos y exitosos artesanos de máscaras de Vejigantes– este año decidieron crear máscaras de tela metálica (“wire screen”) y construir vestuarios de Caballeros para marchar en las procesiones. Mi lente naturalmente siguió su movimiento a través de la agrupación creciente de Vejigantes y Caballeros durante las tres millas entre la plaza del pueblo y su punto final en las Carreras. Es allí que erguía el árbol de corcho, ahora marcado por un mosaico de Daniel Lind-Ramos, donde según el mito encontraron el santo original (Santiago de los Niños). Sin embargo, Teddy y Wilda no fueron los únicos; formaban parte de una honda en que prevalecía el número de Caballeros sobre los Vejigantes, aunque ambos personajes aparecieron en múltiples y diversas versiones.

Este año más mujeres jóvenes se vistieron como Vejigantes. Las encontré en grupos a través de la ruta. Considero esto como algo positivo y renovador dentro de las Fiestas. La presencia femenina, tanto como Caballeros como Vejigantes, añade balance y estabilidad, pero también provee un nuevo elemento lúdico y juguetón de ironía y hasta misterio en el proceso de disfrazarse.

El personaje femenino tradicional de la Loca –actuado por hombres trasvestidos exageradamente como mujeres– ha bajado radicalmente en número. Solamente una Loca –había otro medio intento– estaba presente en las tres procesiones de este año. A la misma vez, no vi un solo Viejo, ni a los que se visten con máscaras de goma. (Hubo un señor con una máscara blanca de goma sin facciones algunas.) Dentro de todo lo positivo de más Caballeros, más mujeres vestidas de Vejigantes y máscaras y vestuarios de ambos impresionantemente bien hechos, esta falta de Locas y Viejos me parece tener implicaciones que requieren indagación particular.

Primero, es importante señalar que las Fiestas todavía no han recuperado su nivel pre-pandémico de energía y alegría. (Hasta varios quioscos y friquitines parecen permanentemente cerrados.) Por eso, tal vez, parecen más conservadoras y confinadas que en los años antes del combinado impacto de huracán María y la pandemia. Eso hace que los elementos tanto festivos como espirituales tiendan a juntarse alrededor de los polos más estables: por un lado, los santos como desfiles rituales católicos, y por otro, los Caballeros y Vejigantes como los personajes mejor definidos y conocidos.

Las Fiestas pertenecen al pueblo de Loíza y a nadie más, pero como investigador experimentado, ofrezco varias observaciones. Las celebraciones comunitarias como estas muestran elementos profanos y sagrados, de festejar y de rezar, de la carne y del alma. Es la interacción –encontrar lo sagrado dentro de lo profano y viceversa; descubrir que lo que parece profano a uno es realmente sagrado para otro—que da la energía a las fiestas como actos de resistencia, memoria y renovación cultural. El Vejigante es tanto el diablo para algunos como es un espíritu-guerrero-héroe ancestral para otros. El Santo, “matamoros”, “mata indios”, conquistador y esclavista colonial, por un lado, también representa el salvador cristiano, el protector de la hispanidad contra la invasión cultural y el reino del orden sobre el caos y desorden.

La tradición incorpora diversidad, Irreverencia, gozo y burla, pero también fe, devoción y creencias espirituales profundas. Las Fiestas dependen de este intercambio y el virazón o inversión cultural –los de abajo arriba y los de arriba abajo—para interrogar la autoridad institucional del estado y la iglesia oficial y mantener vivo el sentido de ser loiceños autónomos y particulares.  Porque a través de todo, festejar es un gesto de identidad ancestral, es una llamada a África y a generaciones de antepasados boricuas afro-criollos. Por eso, la tierra de la ruta 187 es sagrada y permite juntarse en ella todos los elementos de las Fiestas.

Locas y Viejos fomentan la irreverencia, la inversión de la autoridad y la necesidad de burlarse de ella, de los Caballeros y Vejigantes, de los santos y sus seguidores y de ellos mismos. Es una celebración de creencia comunitaria y no de la religión oficialista ni de la autoridad municipal o estatal. Después de estar descubierto, el Santo original escapó de la iglesia tres veces para regresar las tres millas a su hogar, no una iglesia sino al árbol de corcho donde se encontró. Como todos los elementos de las Fiestas, los Santos también pertenecen al pueblo de Loíza y a nadie más.

En las Fiestas recientes, la separación entre los Caballeros, Vejigantes, Locas, Viejos y el Carretón Alegre, (por frente) y las banderas y literas de los Santos y la banda municipal (atrás) ha crecido. Además, el municipio, la policía y la iglesia –a veces con curas extranjeros acompañándolo—parecen andar guardando el Santo, casi como si ya existieran dos procesiones en la misma ruta. La separación que ocurre en Las Carreras –los personajes “profanos” por una ruta y los santos por otra—me parece natural y acertada, porque finalmente se reúnen en el mosaico del árbol para esperar la(s) bandera(s) –el regreso a los orígenes ya completo– y volver en el mismo desfile a la ruta 187.

La cercanía de todos los elementos a través de la ruta permite que las procesiones logren crear un ambiente diverso y variado lleno de alegría y energía visceral y espiritual. Además, la tensión del encuentro ancestral, a veces irreverente y burlona y otras veces solemne y trascendental, entre espíritus precristianos y cristianos, moros –aunque tengo mis reservaciones– y españoles, raíces africanas y tradiciones europeas y católicas facilita una posible comunicación transformadora entre la sabiduría del pasado y condiciones sociales actuales. Los Caballeros y Vejigantes son brillantes, pero también hace falta la presencia de Locas y Viejos.

 

 

 

Cine en el aire: Confessions of a Dangerous Mind, Hunt for the Wilder People, The Duke

 

En Rojo

Esas siete horas de ida y ocho de vuelta en un vuelo San Juan a Madrid es el mejor momento para descansar profundamente (especialmente si hay asientos vacíos) o ver filmes que nunca llegaron a las salas de cine (si lo hicieron salieron rápidamente) o ni nos habíamos enterado que existían. Confessions of a Dangerous Mind, Hunt for the Wilder People y The Duke son perfectas selecciones para “amanecerse” viendo cine y llegar fresquecito y caminar y comer para superar el “jet lag”.

 

Confessions of a Dangerous Mind (2002)

Director: George Clooney; guionista: Charlie Kaufman; autor Chuck Barris; cinematógrafo: Newton Thomas Sigel; elenco: Sam Rockwell, George Clooney, Julia Roberts, Drew Barrymore, Maggie Gyllenhaal y la ganga de amigxs de Ocean’s.

Este primer filme dirigido por George Clooney nos da la impresión que nos adentramos a la vida y mente de alguien que desconocemos y, por varias escenas, no sabemos qué hace y por qué. Cuando se comienza a construir su vida pasada, vemos a Chuck Barris (Sam Rockwell) casi como un enfermito que haría cualquier cosa por tener sexo con las mujeres que lo ignoran dentro del mundo del entretenimiento—específicamente la televisión en la década de 1950—que tanto le atrae. Miente, se apropia de ideas ajenas, pretende ser inteligente, famoso y conocedor del medio. Y aunque algunas mujeres acceden a juntarse con él, pocas, si alguna, le cree la narrativa que pretende impulsar. Casi de la nada, se entreteje una historia de espionaje cuando Jim Byrd (George Clooney) se acerca a Barris para reclutarlo para la C.I.A. Pero su trabajo y entretenimiento es para llevar a cabo asesinatos sin preguntas ni dudas. Según lo cuenta Barris, su vida es un éxito en ambas profesiones.

El problema es que cuando lo conocemos mucho años después de su etapa exitosa, vemos a un Barris encerrado en un pequeño apartamento, rehusando salir o hablar con nadie y totalmente paranoico. Hablar de lo que siente sería la mejor terapia (y para eso tiene a Penny (Drew Barrymore), una compañera llena de energía que no se da por vencida de sacarlo de su depresión o miedo. Personajes misteriosos entran y salen de su vida con muy poca explicación (como Patricia Watson/Julia Roberts); su vida se torna en fragmentos que son los recuerdos que quiere recordar u olvidar en una vida caótica y sin sentido. Sé que todo esto resulta no muy atractivo, pero el encanto del filme está precisamente en ese crucigrama con espacios que nunca se pueden llenar porque las secuencias están a destiempo. Es el estilo libre y casi desarticulado de Burn after Reading (2008) de los hermanos Joel e Ethan Coen.

Hunt for the Wilderpeople (2016)

Director: Taika Waititi; guionistas: Taika Waititi y Tearepa Kahi; autor: Barry Crump; cinematógrafo Lachlan Milne; elenco: Sam Neill, Julian Dennison, Rima Te Wiata, Rachel House, Oscar Kightley, Tioreore Ngati-Melbourne, Rhys Darby)

Conocí el trabajo fílmico del neozelandés, Taika Waititi en 2019 cuando vi Jojo Rabbit, ese filme que nos dejó a todxs boquiabiertos por su excelente uso de la sátira seria y punzante para narrar momentos difíciles de nuestra historia. Su habilidad de transformar a chicos—niños y adolescentes jóvenes—en personajes complejos, pero con la inocencia de su propia edad, fue uno de los grandes atractivos de este filme con Roman Griffin Davis como Jojo. En este filme anterior, es un chico de 13 años, Ricky Baker (Julian Dennison), que ha estado brincando de una familia de acogida a otra. Casi como último recurso, la trabajadora social, Paula (Rachel House), impone su voluntad para que Hec (Sam Neill) y Bella (Rima Te Wiata), quienes viven en una parte apartada del bosque, se hagan cargo de Ricky. Para imponer su decisión, lleva al policía, Andy (Oscar Kightley) que sirve inicialmente para sellar el pacto. Mientras Hec sigue su vida solitaria, Bella intenta acercarse a Ricky al enseñarle cómo subsistir en condiciones adversas, aparte de contarle historias hermosas de su entorno. Ricky responde al acercamiento de Bella y por primera vez se siente querido.

Cuando sucede lo impensable, la muerte inesperada de Bella, tanto Ricky como Hec, no saben cómo reconstruir sus vidas. Lo más fácil es dar marcha atrás y devolver a Ricky a la trabajadora social para que le busque otro hogar de acogida y Hec continuar con su vida de sobreviviente solitario. Pero Ricky rechaza esta decisión y obliga a Hec a involucrarse emocionalmente en su vida al crear una especie de lazo afectivo que les permite trazar su propio camino. Como todos los filmes de Waititi, todas las situaciones tienen varios significados, la seriedad siempre se mezcla con los malos entendidos y los personajes tienen máscaras que los hacen vulnerables.

The Duke (2020)

Director: Roger Mitchell; guionistas: Richard Bean y Clive Coleman; cinematógrafo: Mike Eley; elenco: Jim Broadbent, Helen Mirren, Fionn Whitehead, Jack Bandeira, Anna Maxwell Martin; Charlotte Spencer, Mathew Goode, John Heffernan.

Como vimos hace poco en The Outfit (Graham Moore, 2022), un renglón del cine hecho en el Reino Unido sobre historias de 1900 a 1980 (llenos de momentos históricos importantes como las maquinaciones detrás de los años de la guerra, el efecto de las inmigraciones en la reconstrucción del país, el efecto Thatcher en las poblaciones mineras y la clase trabajadora, entre otros), se asemeja más a la puesta en escena de una obra de teatro con un escenario limpio. Por esto quiero decir, interiores sencillos y exteriores reducidos a una acera, esquina, callejón y el énfasis en la actuación del personaje principal. En este caso, Kempton Bunton (Jim Broadbent) en 1961 puede no tener las destrezas de los que han estudiado una carrera o una profesión artesanal, pero ha leído lo suficiente como para poder apreciar una obra de arte (en este caso el retrato del Duque de Wellington de Francisco Goya) y tiene la conciencia social de enfrentarse a la policía cuando decide no pagar la licencia requerida por el gobierno para ver la programación de la BBC porque entiende que debe ser gratuita. Su esposa, Dorothy (Helen Mirren), considera este comportamiento tonto y desagradable, mientras su hijo menor, Jackie (Fionn Whitehead), lo considera digno de heroicidad.

Según la historia de la época, sí ocurre el robo de la pintura del Goya, sí se acusa a Kempton del hecho cuando éste lo devuelve al museo. Habrá un juicio público que Kempton utilizará como foro para avanzar sus ideas de la democratización de los medios y el arte. El centro de la trama son las relaciones interfamiliares que tan bien ha llevado al cine Ken Loach para presentar los males sociales de la sociedad contemporánea y la supervivencia de la clase trabajadora. Este fue el último filme de Roger Mitchell (Venus 2006; Notting Hill 1999), quien murió en septiembre pasado.

Esta semana en la historia

 

 

18 de agosto de 1502

Europa invade a Santa Elena

La isla al suroeste de África fue reclamada por Portugal y luego por Inglaterra, es una colonia con propiedades francesas -donde se exiló Napoleón– en su interior pero es posesión del Reino Unido.

18 de agosto de 1936

Fusilan a Federico García Lorca

Entre su obra, Poeta en Nueva York, contiene: “La aurora llega y nadie la recibe en su boca / porque allí no hay mañana ni esperanza posible. / A veces las monedas en enjambres furiosos / taladran y devoran abandonados niños.”

 18 de agosto de 1966

Australianos colaboran con imperialismo

En la guerra contra Viet Nam, operaron tropas de diversos países (Ejemplos: Australia, Nueva Zelanda, Corea del Sur y Filipinas). Las tropas australianas ese día se enfrentan a tropas del Vietcong, con saldo de 17 australianos vs 245 vietnamitas muertos. Las tropas australianas y neozelandesas se retiraron del país el 18 de agosto de 1971. Al final Viet Nam ganó la guerra.

19 de agosto de 1692

Cristianos ejecutan a cinco acusados de brujería

En Salem (Massachusetts), una mujer y cuatro hombres, uno de ellos un clérigo, son ejecutados acusados de brujería. Los Juicios de Salem se dirigieron principalmente contra mujeres y el balance es que 14 féminas y 5 varones fueron ejecutados.

19 de agosto de 1953

Imperialismo derroca gobierno en Irán

La CIA estadounidense y el MI6 británico ayudan al derrocamiento del gobierno de Mohammad Mosaddeq -quien había sido electo en 1951- y reinstauran al shah Mohammad Reza Pahlevi. La lucha contra este shah reforzó las fuerzas fundamentalistas islámicas.

20 de agosto de 1967

Matanza de trabajadores en México

Tiradores contratados por los patronos de la industria del coco, en su lucha contra los trabajadores, abren fuego cerca de sede de la unión. Matan a 35 e hieren a 150. (cndh.org.mx/noticia/masacre-de-copreros)

21 de agosto de 1831

Rebelión antiesclavista en EEUUAA

Nat Turner, negro esclavizado, en Virginia se alzó contra sus amos y acompañado de otros esclavos se rebelaron en armas durante dos días en diversas plantaciones de la región. Al final, fue capturado y ahorcado.

21 agosto de 1901

Entierro de periodista

Murió el día 17 a consecuencia de las torturas recibidas en la cárcel bajo dictadura militar yanki, Evaristo Izcoa Díaz, ponceño, que fue preso bajo los dos imperios. En una nota fúnebre de la época se menciona que Izcoa había estado preso bajo las tropas de EUA y que salió de la cárcel; algo cierto. Lo que no dice es que los yankis volvieron a arrestarlo y que murió en la cárcel. Autor del obituario: Luis Muñoz Rivera.

21 de agosto de 1959

EUA convierte en estado a Hawái

La nación en Polinesia fue convertida -contra muchos pronósticos- en el estado número 50 del imperio. 10 años antes, ya Albizu lo había predicho: “El 10 de diciembre de 1947, en el curso de una entrevista sostenida en el Hotel Normandie, entre Albizu Campos y este conferenciante, comentando las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, Albizu Campos dijo: —‘Truman convirtió el prejuicio racial en genocidio, al bombardear Hiroshima y Nagasaki. Pero en un ricoché político, eso los obligará a la admisión del Hawaii a la estadidad.’ Pregunté inmediatamente si Puerto Rico sería afectado. Su contestación fue la siguiente: ‘No creo que cometan la torpeza de anexarse a Puerto Rico. Pero habrá que recordarle que Puerto Rico es una nación, que no es asimilable. Y habrá que recordárselo no con hechos más o menos individuales, sino de una manera más general’.” (Juan Antonio Corretjer, Re: Albizu, Casa Corretjer, 2014)

22 de agosto de 1908

Nace Henri Cartier-Benson

El parisiense fue calificado como “el padre del fotoperiodismo”.

23 de agosto de 1960

Fundan la FMC

La Federación de Mujeres Cubanas quedó constituida para con el objetivo de alcanzar la igualdad y la emancipación de la mujer. La combatiente del Movimiento 26 de Julio, Vilma Espín la dirigió por décadas.

24 de agosto de 1572

Católicos asesinan a miles en Francia

Del 23 al 24 de agosto se conoce como la Masacre de San Bartolomé, donde las guerras políticas europeas bajo el manto de luchas religiosas ocasionaron la muerte de entre 3 mil a 20 mil protestantes en Francia. Tras los hechos, en celebración el papa Gregorio XIII acuñó una moneda y ofició un Te Deum en la basílica de San Pedro, en Roma.

Fuentes utilizadas: https://www.hoyenlahistoria.com/, facebook.com/dariow.ortizseda; Calendario nuestros mártires, 2020; efemerides20.com, telesur.net, historia.nationalgeographic.com; canalhistoria.es/hoy-en-la-historia; Calendario 2022 Latinoamérica y El Caribe; efemeridespedrobeltran.com, y otros calendarios consultados por José M. Escoda

 

 

Para una historia de la izquierda puertorriqueña

 

Especial para En Rojo

José E. Velázquez, Carmen V. Rivera y Andrés Torres (compiladores), Revolution around the corner: Voices from the Puerto Rican Socialist Party in the United States, Philadelphia, Temple University Press, 2021

Necesitábamos este libro.  Teníamos ya algunos trabajos de interés que estudian el impacto de los Young Lords o el Young Lords Party.  Pero poco se habían estudiado otros movimientos progresistas entre los puertorriqueños en los Estados Unidos, específicamente el Partido Socialista Puertorriqueño (PSP) que durante algunas décadas fue un movimiento de importancia cuyo estudio nos sirve para entender el desarrollo político e ideológico de parte de nuestras comunidades.  Este libro avanza grandemente ese trabajo y por ello hay que darle la bienvenida y agradecer la labor de sus compiladores quienes ya nos habían dado otros estudios que sirven para complementar y completar este.

El libro está dividido en tres partes.  La primera presenta un gran marco histórico con tres importantes capítulos.  Es de especial interés el primero, “A brief history of the Puerto Rican Socialist Party in the United States” de Andrés Torres.  Este es un trabajo minucioso y, a pesar que anuncia en su título que es “brief”, en verdad es extenso; tiene unas ochenta páginas y, con unas cuantas posibles adiciones, podría convertirse en una monografía independiente.  En esta primera parte también se incluye un trabajo sobre el PSP en Chicago.  Estos dos y un tercero, “Milestones: Reflections on a life journey of activism in the PSP in New York” de José E. Velázquez, texto que cabría también en la segunda parte del libro, sirven de marco general a todo el libro.

La segunda parte titulada “Testimonies” – para mí la más reveladora e interesante de todo el libro –, está compuesta por nueve capítulos; cada uno recoge las memorias de sus respectivos autores sobre el impacto del PSP sobre sus vidas.  Uno de estos capítulos, “Hostos Community College: Battle of the Seventies” de Ramón J. Jiménez, ya fallecido, no cabe en esta sección ya que no se enfoca en la acción del PSP mismo, como lo hacen los otros textos de esta sección, sino que el Partido aparece aquí como una más de las organizaciones que participaron en la lucha por salvar este campus de la Universidad de la Ciudad de Nueva York.  El texto de Jiménez, que ya había sido publicado, es un excelente trabajo que narra de manera efectiva esa lucha por el acceso a la educación universitaria para los latinos en la Ciudad de Nueva York, especialmente para los boricuas y dominicanos.  Recalco: el texto es excelente pero no cabe dentro de los parámetros del libro porque no se enfoca en el PSP.  Otros textos incluidos en otras secciones recalcan más que el de Jiménez el papel que el Partido jugó en esta lucha en particular.

La tercera parte, “Coalitions and alliances”, recoge tres capítulos donde se presenta cómo el partido fue más allá de lo nacional y estableció lazos con otras comunidades y con individuos de otros grupos étnicos.  Algunos están escritos desde el punto de vista de personan no puertorriqueñas pero que se afiliaron al Partido y todos están escritos desde una perspectiva histórica de la relación del PSP con otros movimientos progresistas.  Dos de los capítulos incluidos en esta sección y escritos respectivamente por Rosa Borenstein y Ted Glick también se pueden leer como testimonios personales.  El tercero, de Alyssa Ribeiro, estudia la relación de los movimientos boricuas en Philadelphia con los afroamericanos en esa misma ciudad.

El conjunto de los trabajos que se recogen en el libro va constantemente de lo personal a lo colectivo; así logra darnos un amplio cuadro del PSP en los Estados Unidos, especialmente en New York, y de las repercusiones políticas de este movimiento político, tanto en la Isla como en el continente.  Como decía al principio, necesitábamos un libro como este y obviamente el que Torres, Velázquez y Rivera nos han dado cumple con su propósito, a pesar de las críticas que se le pueden hacer.

Para mí, la parte más interesante de todo el libro es la segunda, la que recoge los testimonios mayormente de militantes de PSP.  Estos le dan a la actividad política del momento una cara humana, muy precisa y definida.  Esto hace al libro muy atractivo ya que a través de estos trabajos vemos la actividad política de manera concreta y personal, con sus logros, contradicciones y fallas.  Por ello mismo, en estos testimonios se hallan acertadas y convincentes críticas al PSP y autocríticas de los autores mismos.  Más que en ninguna otra parte del libro, aquí se ve al PSP de manera fehaciente y personal.  Por ello concentraré mi atención en estos testimonios.

Pero para hacerlo y para hacerlo de manera honesta tengo que aclarar mi relación con el PSP.  Primero y sobre todo, nunca fui militante de este partido, pero cooperé con la organización de distintas formas.  He contribuido monetariamente a diversas de sus campañas y, sobre todo, he publicado con relativa frecuencia en el que fue su periódico.  Durante los breves periodos cuando viví en Nueva York, llegué a hacer trabajo voluntario para el mismo;  hice traducciones para CLARIDAD Bilingüe.  Y, cuando era estudiante graduado en New Jersey y visitaba a amigos en Nueva York, hasta salía con ellos a vender el periódico en las calles del Loisaida.  Más importante aún, fui y soy amigo, en algunos casos íntimo, de varios de los que eran entonces líderes del PSP.  Por ello, hay incidentes que se cuentan en el libro donde por respeto a los participantes no se da su nombre; al margen de esas páginas de mi ejemplar del libro según leía fui escribiendo los nombres de los mismos porque los conocí y estuve al tanto de los hechos en el momento mismo que se daba el acontecimiento referido.  Pero tuve acceso a esa información sin ser militante del Partido.  Muy probablemente es por ello mismo que esa segunda parte donde se recogen los testimonios de estos miembros del PSP sea la que más me atrae.

Fermin Arraiza se dirige a los asistentes a la actividad Grito Lares frente a la ONU 2 de octubre del 1973. Foto archivo CLARIDAD/ Sonia Marrero

Pero no se crea que estos testimonios son dignos de una telenovela o de una película de detectives.  Estos no hacen revelaciones políticas secretas ni trascendentales; sólo recuerdan la vida de sus autores en el PSP.  Por ello son textos de gran mesura, pero algunos más que otros le dan una cara concreta a los episodios políticos que se narran.  Algunos, aunque enmarcan lo narrado en la vida del autor, se centran más que nada en el hecho político.  Ese es el caso del testimonio de Zoilo Torres, “What the Puerto Rican Socialist Party nurtured in me”.  A pesar de ello, este texto es uno de los que más clara y directamente hace un balance razonable y preciso de la función del Partido en el crecimiento intelectual y político de sus miembros.  Por otro lado, el testimonio de Digna Sánchez, “Mi camino”, cabe perfectamente bien dentro de la corriente de la autobiografía, corriente muy fuerte en las letras latinoestadounidenses.  Hay pasajes conmovedores en este testimonio que me gustaría que la autora ampliara, quizás hasta darnos un libro, una autobiografía completa y más detallada.  “My nation is the struggle” de Maritza Arrastía, también muy revelador a nivel personal, es de gran interés por demostrar como el Partido en Nueva York y en otros lugares estuvo relacionado con jóvenes cubanos de visión progresista.  Otros, como el de Olga Iris Sanabria Dávila, “From El Barrio to the United Nations”, combina muy efectivamente lo personal con lo político y rescata a un personaje olvidado, el profesor J.A. González-González, el Profe.  Sanabria se destacó en el PSP por su trabajo a nivel internacional y quizás el dato sirva para entender su posición poco crítica o excesivamente diplomática del proceso político en Nicaragua, país al que estuvo conectada con su trabajo internacional.  Para mí el testimonio de Alfredo López, “Journalism, organizing, and revolution”, es el que mejor presenta el elemento de crítica y autocrítica.  Este es un trabajo revelador y honesto.  Dos de estos testimonios, un colectivo, “The personal is political: children of the Puerto Rican Socialists Party speak”, de Teresa Basilio Gaztambide y Carmen V. Rivera, y otro personal, “A pamper rojo Boricua baby of the Puerto Rican Socialist Party” de Lenina Nadal, presentan el impacto de la vida en el partido para los que entonces eran niños y ahora son parte de una nueva generación de adultos.  “¡Puerto Rico libre y socialista! A Philarican in the struggle” de José Manuel Navarro es de interés, entre otras razones, porque presenta cómo el impacto del PSP no se limitó a la Ciudad de Nueva York.  Desde principio de este comentario apuntaba como el testimonio de Ramón J. Jiménez, “Hostos Community College: Battle of the Seventies”, no debía ser parte del libro porque no se centra en su tema, pero, fuera de este contexto, como testimonio de otro activista boricua del momento, es un excelente texto y nos ayuda a entender el momento y rescata también figuras olvidadas.

La riqueza de información y, sobre todo, la de visiones personal de los hechos que se narran es lo que para mí hace de estos testimonios textos de importancia que servirán en el futuro como documentos primarios y como claves para entender mejor este movimiento progresista y el momento cuando se dio.  A la vez, mientras leía estos testimonios no podía dejar de pensar en muchas otras personas, militantes o simpatizantes, que pudieron haber cooperado con sus recuerdos.  Pienso, entre muchos otros, en María Josefa Canino, en Luis Aponte Parés, en Sandra María Esteves, en Víctor López Tosado, en Armindo Núñez Miranda, quien dirigió una pequeña librería organizada por el Partido en la calle 14, “Libro Libre”, y en Alida Millán Ferrer, actual directora del periódico CLARIDAD quien por años vivió y militó en Massachusetts.  Además, hemos perdido los posibles testimonios de importantes líderes del PSP que ya no está con nosotros.  Pienso en lo mucho que nos podría iluminar con su testimonio Ramón Arbona, quien dirigió el PSP en los Estados Unidos y fundó CLARIDAD Bilingüe.  La lista de otros posibles o imaginados testimonios sería tan larga que sólo con ellos daría para publicar otro amplio libro que le darían una cara aún más humana a PSP y a otros movimientos progresistas en este importante momento histórico.

También habría que presentar – lo que desafortunadamente no se hace – la contribución que hicieron varios músicos y poetas a través de “El Grupo”.  Este fue un conjunto de artistas que extraoficialmente servían como el brazo cultural del PSP en la década de 1970.  “El Grupo” actuaba en mítines políticos y otras actividades del PSP.  Rafael Rodríguez Abeillez, simpatizante pero no militante del Partido, fue su coordinador y con él cooperaban, entre otros, Pedro Pietri, Sandra María Esteves y Jesús Papoleto Meléndez.  Aunque fuera sólo unas líneas se le debieron dedicar a “El Grupo”.  Urayoán Noel, en su estudio sobre la poesía neorrican, In visible movement… (2014), le ha prestado un poco de atención a este conjunto de músicos y poetas.  Pero todavía hace falta estudiarlo con más detenimiento para entender mejor el desarrollo de la poesía neorrican y, en general, el trabajo cultural del PSP.

Comité de Hartford Vendiendo CLARIDAD. 25 de diciembre de 1971. Foto Archivo CLARIDAD

De los testimonios y de los otros trabajos de carácter más histórico y político que se recogen en el libro se obtiene la clara idea de que el acto celebrado el 27 de octubre de 1974 en Madison Square Garden, el “National Day of Solidarity with Puerto Rico” – ¡Orgullosamente declaro que allí estuve! – fue la cima del impacto político del PSP en los Estados Unidos.  También se puede llegar a la conclusión por la lectura de estos textos que el periódico CLARIDAD, que ha sobrevivido al Partido, fue su herramienta más útil y poderosa.  El constante choque entre los puertorriqueños de la Isla y los del continente ha sido un insoluble problema que marcó el periodo que se estudia en este libro y que todavía nos marca.  La confrontación con visiones nacionalistas y hasta chauvinistas, como con las racistas, las machistas y las homofóbicas, también se evidencia en la lectura de este libro.  Habría que añadir que militantes y simpatizantes gais del PSP comenzamos a organizar en ese momento un intento de combinar la lucha por la independencia y el socialismo en Puerto Rico con la liberación gay.  Habría que destacar cómo en ese pequeño y efímero movimiento nos enfrentamos a la necesidad de comenzar a ver con ojos boricuas lo que se veía sólo como otro movimiento gringo más.  Este es otro dato más que no se ha estudiado debidamente.

Este es un libro necesario y rico en información que, con sus perspectivas políticas, históricas y personales, sirve para aclarar un momento en nuestra historia.  Es por ello que reconozco el valor que este tiene a nivel colectivo y también personal.  Por ello y por los trabajos que muy probablemente estas páginas provoquen como respuesta crítica a sus postulados y otros que se inspiren en ellas para continuar la exploración aquí iniciada, es que hay que agradecerles a Rivera, Torres y Velázquez por esta importante contribución al estudio de una organización y un momento en el desarrollo de la comunidad puertorriqueña en los Estados Unidos.  ¡Gracias!

 

 

En Reserva: Fe de autos

Especial para En Rojo

La primera vez que escuché Auto Control en la radio creí que presenciaba algo insólito e irrepetible. Después de una canción de rock clásico que no recuerdo, el anfitrión, un mecánico de autos, le enganchaba el teléfono a un señor que no lograba hablar en los momentos indicados. Fue una conversación corta y atropellada por el desfase entre el teléfono y el retraso de la transmisión radial. El técnico licenciado Mario Burgos Otero sentenciaba que, como pasa todos los días, la persona no siguió las instrucciones que les había dado el director técnico antes de ir al aire. Por falta de atención, nerviosismo, soberbia, o pura torpeza tecnológica, el hombre había desperdiciado tiempo al invocar a uno de los enemigos mortales del anfitrión, una némesis de la talla de las transmisiones CVT: el bendito speaker.

No quiero que se me malinterprete: me he convertido en un fiel radioescucha del programa. Pero aquella primera vez todo me parecía una falla técnica. Quizás eran programas grabados y mal editados, o se me había dañado la radio, como tantas otras cosas en ese carro. ¿Sería que el transmisor estaba brincando de una estación a otra de manera permanente? Es que, de momento, en el programa se habían puesto a orar. A orar, así, con la vocación de clérigo. La confluencia de la devoción religiosa con las más mundanas discusiones del mundo automotriz, sus complicaciones y sus capitalistas inescrupulosos me dejó perplejo.

No había problema alguno con la transmisión. En realidad, era yo quien debía salir de mi enajenación para apreciar la complejidad de este producto cultural de alcance masivo. Más allá de toda la normativa estética de mi mundillo intelectual, ese carácter ecléctico del programa, a veces profano y a veces sacro, adquiere pleno sentido material en nuestro diario vivir. La seriedad implacable del anfitrión no es sino corolario de una fe con la que, más o menos conscientes, comulgamos todos.

Mario Burgos repite a menudo que el automóvil es la segunda inversión más grande que hacemos los puertorriqueños en la vida. Ante la precariedad económica e institucional que atraviesa esta generación, podríamos afirmar que, en el mejor de los casos, sacarse el carrito es, y será, la inversión principal de muchos. Y a pesar de que el enfoque de Auto Control, según sus propios anuncios, está cifrado en un lenguaje casi policial, el “salvar vidas y propiedad” tiene un sentido más profundo, casi existencial. Para una inmensa mayoría, el carro es el centro de la vida en Puerto Rico.

Sería impensable no tener carro en un país en que las libertades están cada vez más condicionadas al desplazamiento. Si los costos de propiedades y de alquiler incrementan vertiginosamente, si la clase trabajadora sufre aún mayor marginación al tener que establecerse cada vez más lejos de su lugar de trabajo, si las alternativas de transporte colectivo son insuficientes para tan siquiera comenzar el día, ¿qué respuesta queda sino motorizarse? El carro es la única, absoluta e incontrovertible respuesta a todos nuestros retos vivenciales. ¿Cómo ignorar que las ventas de autos en la isla hayan roto récords en 2021, aún en plena pandemia? ¿Cómo no pasar horas interminables en esa cabina para ejercitar los mismos ciclos y circuitos, tan necesarios para sobrevivir, aunque a menudo parezcan simulacros de la libertad de movimiento y el ascenso social?

¿Debe asombrarnos que el automóvil hasta sea capaz de producir las nutridas subculturas que a veces refuerzan y a veces subvierten las relaciones hegemónicas? ¿Cómo eludir la omnipresencia de colecciones privadas, las carreras de “la fiebre”, el voceteo, las corridas de vehículos utilitarios tipo side-by-side, caravanas, corridas de motoras que paralizan el tránsito en las autopistas o, incluso, la presencia de la máquina en ceremonias fúnebres? Día a día, el carro ocupa las primeras planas de las tragedias que conmueven al país. Ahí está: molido, baleado, quemado, intacto, como último testigo, silente y terco, una extensión del ser que no nos recordará y rebasará nuestra existencia en la tierra. ¿Cómo, al fin y al cabo, desligar la metafísica de lo divino y la materia densa del automóvil?

Aquí es donde la perversión social y ecológica del automóvil se enfrenta con su mayor contradicción: en un país donde la desaparición de instituciones públicas y el concepto de un estado benefactor queda relegado a mito fundacional, ¿quién nos guarda? ¿Quién vela e intercede por nosotros, sino uno mismo y sus máquinas? Escucho a Mario consolar a personas que llaman seis días a la semana, cinco horas al día, en dos emisoras radiales. Lo ha hecho por casi veinticuatro años. Carros nuevos de fábrica a los que les fallan los frenos; que se aceleran solos; que no tienen las mínimas pruebas de impacto; que se pueden prender en fuego estando apagados; carros que el concesionario vende como nuevos, habiendo ya pasado por varios dueños.

No pretendo dorar la píldora. La necesidad de dedicarle tiempo a aplacar la paranoia que causan las complejas y proliferantes estafas de la industria automovilística dista mucho del idilio gringo de la libertad sobre ruedas. Sólo la planificación y colectivización de nuestra tecnología, bienes y poder adquisitivo garantizaría la mejor versión de un sistema de transporte. Lo sé, no vivimos ni cerca de ese mundo. La precariedad arrecia y hace falta algo firme de lo que agarrarnos. Algo así como una fe. Mientras tanto, Auto Control regresa de una de sus pausas comerciales. Por algunos segundos, antes de que se atiendan los próximos anhelos y decepciones de una ciudadanía motocrática, suena ese salmo de los desamparados:

Ain’t got no place to lay your head

Somebody came and took your bed

Don’t worry, be happy

The landlord say your rent is late

He may have to litigate

Don’t worry, be happy

“Don’t worry, be happy”.