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Porque soy poeta…

 

Francisco Matos Paoli (1915-2000)

 

Porque soy el poeta,
befa mayor de la palabra,
debo tener el cielo dispuesto al mundo vano.

Y cuando chocan los seres,
qué impasible evasión, qué pábilo de lumbre
enterrada,
qué decisión baldía
hacer que todo poema se levante del ruido
y pueda representar la idea,
el fantasma infinito de los vuelos,
la eucaristía que se reconoce
en el modo de partir el pan.

Sé que el vecino hace un esfuerzo
grande
por ser hombre,
sé que debo hablar con armonía,
apaciguar el león que se come el crepúsculo.

De momento me enternezco,
me suelto en la corriente noble,
apabullo los astros con la mano y digo:
es mejor el silencio cuando se está tan muerto
y no podemos mejorar el día
común
prendido a nuestra lágrima.

Pero tengo que luchar y luchar.

Luzbel es la incomunicación,
el fácil deletreo que idiotiza,
el sedicente que
por abundancia de atmósfera
echa a perder el llanto,
ese tatuaje del olvido
que aún queda al encarnado.

Yo quisiera vivir
sin tener que ser profeta,
estar abierto en el agua como la flor de loto,
perder la huella de la noche,
no sostener más la perla del abismo,
huir hacia el cafeto florecido
que en simplicidad alaba.

Pero es imposible, Dios mío.

Si no enloquezco ahora,
¿qué será del semen de la imagen?

¿Para qué deseo el tieso
símbolo de los grandes congelados de la historia?

¿Para qué soy el patán
que se desvive en la memoria inasible,
todo rodeado de orillas,
todo poblado de insustancia,
todo clamante en el desierto?

Canto de la locura, 1962.

LUMA no supo cómo prevenir el apagón

LUMA es quien está a cargo de la transmisión y distribución  de la energía y la Autoridad de Energía Eléctrica está a cargo de la generación. Foto por Alina Luciano

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

El presidente de la UTIER (Unión de Trabajadores de la Industria Eléctrica y Riego), Ángel Figueroa Jaramillo, afirmó que la situación del fuego del disyuntor en la planta de energía Costa Sur se pudo haber prevenido.

Figueroa Jaramillo, expuso a este semanario que lo que más le  llamaba la atención de la situación fue la respuesta de LUMA: una muy pobre que demuestra total desconocimiento del sistema. “Escuchar a un director ejecutivo de la AEE decir yo tengo generación, necesito líneas para darle energía al país deja mucho que desear del servicio, conocimiento y experiencia que tiene LUMA para manejar un sistema de energía eléctrica como el nuestro”. LUMA es quien está a cargo de la transmisión y distribución  de la energía y la Autoridad de Energía Eléctrica está a cargo de la generación.

Además de cuestionar el desempeño de LUMA, Jaramillo indicó que la investigación sobre lo ocurrido va a requerir mucho análisis de qué fue lo que realmente pasó, qué afectó el sistema de  protección del lugar donde ocurrió la avería y por qué se quedó el  país completo sin el servicio, ya que  eso no es normal que ocurra.  Aunque sí observó que no es  imposible, observó que no es normal.

“Si no había averías en otras centrales, como no las hay, entonces ¿por qué los sistemas se protegieron? Si no hubo averías en los otros disyuntores, por qué se ha tardado tanto la energía en volver es algo que nosotros estamos cuestionando públicamente”.

Respecto a cuánto debe tomar una investigación, expresó que en el caso de LUMA es impredecible, si se toma como ejemplo que en junio del año pasado se quemó un interruptor en Aguirre y todavía se está en espera de los resultados de esa investigación. “Insinuaron que hubo un sabotaje laboral y todo quedó desmentido. Al día de hoy no han podido presentar un informe, por lo tanto, desconocemos cuándo presentarán este”.

El presidente de la UTIER reclamó que para la operación de  la transmisión y distribución, más que cantidad de empleados, se requiere personal con experiencia. “Ahí estriba la gran diferencia: nuestra gente sabía lo que tenían que hacer. Lo hacían automáticamente, planificaban el trabajo, veían los daños y actuaban. Aquí están aprendiendo a costa del pueblo de Puerto Rico, del sufrimiento y la necesidad, y eso no es aceptable”.

En esa misma línea explicó que no había que buscar  piezas fuera de Puerto Rico, que la situación era de operación del sistema. Insistió en que si no se  tiene personal con experiencia es como tener ninguno.

La entrevista al presidente de la UTIER se hizo durante la manifestación frente a las hoy oficinas centrales de LUMA, antes las de la AEE,  a tres días de  que la mayor parte del país se encontrara aún sin el serviciode energía eléctrica. Manifestantes evidentemente molestos tanto con el servicio como con la privatización de la AEE, gritaron consignas contra LUMA por más de dos horas. El piquete fue convocado por la UTIER, el grupo La Ruta de la Verdad, el Movimiento Socialista de Trabajadores y la Jornada se Acabaron las Promesas.

A preguntas de CLARIDAD sobre la postura del gobernador Pedro Pierluisi, de defender la gestión de LUMA, Figueroa Jaramillo, expresó que la postura del gobernador es ya inconsecuente en este proceso.  “Yo creo que el país es el que tiene que tomar la calle para sacar a LUMA”.

 

 

 

 

Editorial: El fracaso de LUMA Energy en Puerto Rico

 

Dice un viejo refrán que “palo que nace dobla´o, jamás su tronco endereza”.  Y desde su propia incepción, como resultado de un junte entre dos empresas extranjeras, LUMA Energy- la compañía contratada por el gobierno de Puerto Rico para la reconstrucción de la red de trasmisión y distribución eléctrica- pisa y no arranca. Desde el año 2020, cuando apenas acababa de concluir el proceso de su incorporación como una compañía nueva y expresamente creada para licitar por el contrato con el gobierno de Puerto Rico, ya se sabía, por los datos publicados sobre sus dos compañías matrices, que no tendría la estabilidad financiera ni las competencias para acometer el reto al que se enfrentaba. LUMA Energy es un producto del capitalismo de desastre. Nació a raíz de la aprobación por el gobierno de Estados Unidos de una asignación de $18 mil millones para la reconstrucción de la red eléctrica de Puerto Rico, desgastada y pobremente mantenida por décadas por la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), y que terminó reducida a ruinas por el impacto del huracán María en el año 2017.

La magnitud de los daños ocasionados  por el huracán provocó que el gobierno de Estados Unidos tuviese que enfrentar la devastación de su colonia. Sobre todo, cuando su propia población, principalmente la del estado de Florida, comenzó a sentir y resentir el impacto de las decenas de miles de puertorriqueños que emigraron hacia la metrópolis en los días, semanas y meses después del  huracán. Para “salvar cara” y aplacar a quienes criticaron la pobre y lenta respuesta del gobierno federal, y como ya Puerto Rico estaba bajo la Ley PROMESA y  la Junta de Control Fiscal (JCF), no le quedó “de otra” al entonces Presidente de Estados Unidos, Donald Trump y al Congreso de mayoría republicana que aprobar los fondos de reconstrucción de nuestra red eléctrica, cuyo colapso había sido la razón principal tras las muertes de cerca de 5 mil personas, y de las decenas de miles de desplazados que tocaban a las puertas del Imperio.

Desde el gobierno de Estados Unidos se determinó que los fondos de reconstrucción irían a una empresa privada, y no a la AEE. Y el contrato de LUMA Energy, hija del junte entre las empresas ATCO, de Canadá, y Quanta Services, de Estados Unidos, se redactó allá y se le impuso a la trágala a Puerto Rico, por encima de la oposición de sectores importantes del país y de buena parte de nuestro pueblo. El gobernador Pierluisi, y también la mayoría de la Asamblea Legislativa se plegaron a las presiones de la Junta, cuya entonces portavoz, Natalie Jaresko, asumió una postura agresiva a favor del contrato de LUMA. Dijo que no aprobar el contrato violentaba la Ley PROMESA y la Constitución de Estados Unidos, con lo cual logró su propósito de amedrentar a los políticos cobardes de Puerto Rico. Afirmó  que  LUMA bajaría el costo de la energía, pero el mismo aumentó astronómicamente. El Negociado de Energía de Puerto Rico (NE) le ha aprobado a LUMA los seis aumentos de tarifa solicitados en solo diez meses que lleva operando. Después de las primeras cinco alzas, el kilovatio hora aumentó de 19 a 29 centavos, un 34% de aumento, lo que seguramente crecerá tras la nueva alza que entra en vigor próximamente. Esta última tiene el propósito de facilitar que LUMA y AEE recuperen $105.5 millones que gastaron de más, entre los meses de diciembre de 2021 y febrero de 2022, por el encarecimiento del petróleo. Treinta millones de esos fueron para comprar diesel caro, y sustituir el gas natural más barato que  las dos empresas privadas contratadas- New Fortress Energy y Naturgy-fallaron en suplir.

En solo once meses, el pobre desempeño y los traspiés de LUMA han demostrado que nuestro pueblo sabio tenía la razón, que LUMA Energy no sirve para lo que fue contratada y que sostener su operación es un robo de los menguados recursos de nuestro país. LUMA no administra eficientemente el dinero que les cobra a los abonados y recurre abusivamente al aumento de tarifa. No cuenta con personal diestro suficiente para dar servicio al cliente y mantenimiento al sistema. No mantiene un inventario adecuado de piezas y materiales. Tampoco ha sometido las propuestas para poder acceder a los fondos federales disponibles, según declaraciones de un portavoz de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA), entidad que administra y distribuye los fondos para la reconstrucción de Puerto Rico.

El pueblo puertorriqueño no siente que la estabilidad de nuestro sistema eléctrico está en manos diestras y confiables. Peor aún, LUMA no ha demostrado respeto ni aprecio por nuestro pueblo. La actitud arrogante y burlona de sus oficiales ante el público y los medios de prensa durante el último y más reciente apagón general, así lo demuestra. En los dos años que lleva en Puerto Rico a partir de su contratación, LUMA Energy ha fracasado en convencer al país que está a la altura del enorme reto de reconstrucción eléctrica para el que ha sido contratada.

 

 

 

 

 

El porqué del apagón de LUMA

Foto por Alina Luciano

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

La falta de personal preparado y con experiencia y la falta de previsión de parte de la  privatizadora LUMA Energy son responsables de que el país se quedara a oscuras por completo durante casi dos días.

El incidente ocurrido en la central Costa Sur el pasado miércoles (6 de abril), pasadas las 8:30 de la noche, dejó al país sin el servicio de energía eléctrica por más de 20 horas. El doctor en ingeniería eléctrica, Agustín Irizarry Rivera, explicó a CLARIDAD que lo ocurrido, aparentemente se debió a un fuego en un disyuntor (palabra en español para breaker) de 230 mil voltios. Esta  es la tercera vez que esto sucede, dijo. En otras centrales ya ha habido fuegos de esta misma naturaleza.

A los disyuntores se les da mantenimiento, son piezas muy robustas. En el uso por la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), han salido muy buenos. A estos se le saca el aceite, el cual sirve de aislación y para remover el calor. Los disyuntores se abren, se limpian y examinan los sellos. Las piezas que se mueven, si se nota desgaste, se remueven. Eso lo hacía la AEE antes de la privatización, que le asignaban presupuesto, indicó.

Irizarry Rivera se remontó a los tiempos en que teníamos la Autoridad de Fuentes Fluviales. En esa época nunca ocurrió nada igual porque se le asignaba presupuesto para mantenimiento. Hasta los años 80, esa operación la hacía la AFF “y lo hacía completo bien. Lo reparaba en el taller de Palo Seco. Todo eso se perdió porque se empezó con el discurso de que no podíamos tener una compañía pública buena y que las cosas nos cuestan y que el mercado lo hace todo gratis y mejor. Y como lo público no sirve, ahora tenemos a LUMA, que no tiene personal entrenado para hacer nada de eso”, manifestó.

El exrepresentante de los consumidores en la Junta de Gobierno de la AEE puso en duda que LUMA le haya dado mantenimiento a esos disyuntores desde sumió las operaciones de transmisión y distribución y, con ello, la operación, en particular de Costa Sur,: “En nueve meses y un año de transición lo único que hicieron fue cobrar”, denunció. Agregó dudar que aun con el  presupuesto que tiene LUMA le haya dado mantenimiento a uno solo de los disyuntores.

“Esto va a seguir pasando mientras a esos disyuntores no se les dé mantenimiento o se reemplacen”. No obstante, hizo la aclaración de que aunque LUMA reclama que esa tecnología ya está obsoleta, esta  se usa en todas partes del mundo, y que aunque  es cierto que hay otras tecnologías más modernas que se podrían usar, mientras se continúen usando las plantas de combustibles fósiles para producir energía, estos se van a necesitar, por lo que hay que darles mantenimiento o reemplazarlos, y eso es lo que precisamente LUMA no ha hecho.

Irizarry Rivera trajo a la atención que  LUMA tiene un contrato aparte de entre $40 a $ 60 millones para atender, “eso que se quemó”, es decir, la operación de los patios de interruptores, los puntos donde se conectan las plantas con la red eléctrica. Esa adición se hizo debido a que en el contrato básico eso no se tomó en consideración.  Al contrato le llaman Servicios adicionales. “Y  LUMA está cobrando ese dinero”.

Se supone que el  personal de LUMA inspeccione y le dé mantenimiento a esas  instalaciones. Recalcó que la responsabilidad es completa y absolutamente de LUMA porque esas instalaciones están en bajo su control desde que entró a la red. “Lo  que pasa que esa es la boca de la planta, ahí es donde se coloca la planta para poder generar. Por eso es que el personal de la AEE está allí y fueron los que salieron instintivamente ayudar”, tal  como se dio a conocer por los medios, que fue personal de la AEE quien  primero atendió la emergencia del fuego.

En cuanto a las  razones  para que todas las plantas salieran del sistema, explicó que cuando  hay fuego los sistemas eléctricos se desconectan, como en este caso. Por eso se desconectaron Costa Sur y Ecoeléctrica. Cuando se salen esas dos plantas del sistema, las otras plantas tienen que cargar con el resto de la energía del sistema, y no pueden. Ahí se desaceleran las máquinas y se empieza a caer la secuencia. El sistema desconecta las máquinas para protegerse. Eso ocurre en cuestión de menos de un segundo, por eso es que se apagan todas rápido. “Eso es cierto, no es un defecto, así es como se supone que opere el sistema para proteger las demás plantas”, aclaró.

“El resultado es que nos quedamos todos sin electricidad y el problema es que hay que restaurar el sistema e ir añadiendo poco a poco, sincronizadamente, y eso toma tiempo. Y hay que tener personal entrenado que sepa hacerlo”, añadió.

Es en este punto de tener personal que LUMA no parece estar preparada. Adiestrar un técnico en este manejo del sistema toma años. Para que un técnico de Centro de Control esté apto para atender el protocolo, debe practicarlo. Eso se simula en la central de Monacillos, donde hay unos operadores que se supone que tengan de cinco a seis años o más manejando el sistema. Estos operadores tienen unas consolas que son para simular. El aprendiz se sienta con el operador, quien lo expone a diversos escenarios para enseñarle cómo se hace. Al operador le puede tomar de uno a dos años aprender a subir el sistema y sincronizarlo en combinación con las plantas.

“Es un trabajo que requiere experiencia, si no la tiene, necesita un supervisor que esté allí”, insistió el profesor. Ante el tiempo que se tardó LUMA en restablecer el sistema y la poca información que ofreció, se duda que tuviese el personal adecuado.

Los trabajos que conllevan reparar el disyuntor que se quemó es otro asunto. Al disyuntor  hay que reconstruirlo completo, sacarle  la costa gruesa que deja el  humo y limpiar los aisladores. Es mucho el trabajo mecánico que hay que hacer antes de la reconstrucción del breaker. En tiempos de la AEE, se movilizaban cuatro  brigadas trabajando 24 horas y en 3 días  tenían el sistema otra vez montado. “Pero no sé cuánto tiempo le tome a LUMA.  Para ello habría que saber cuántas brigadas tiene y cuánto cuestan”.

El especialista en ingeniera eléctrica  hizo hincapié en que  hay que inspeccionar y darle mantenimiento a todas las subestaciones principales y mantener el desganche. Subrayó que LUMA no está preparada para enfrentar un huracán porque no hay el personal entrenado ni suficiente para mantener el sistema.   “Los ciudadanos lo saben, por eso se están moviendo a comprar paneles solares y baterías. Esto es un ejemplo de cómo una mala decisión  gubernamental y un esquema absurdo de copiar algo que no es copiable coge algo que funcionaba bien y lo destruye, dijo refiriéndose a la privatización. “Necesitamos una corporación pública responsable”.

Para Irizarry Rivera, quien favorece la energía solar, siempre hace falta un proyecto colectivo, y la red eléctrica es una propiedad nuestra, una inversión que, ajustándola a la nueva energía distribuida, puede ser útil y efectiva.

 

 

Ya hay borrador de nuevo Reglamento Conjunto

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

La Junta de Planificación (JP) ya tiene un borrador para un nuevo Reglamento Conjunto (RG) confirmaron a Claridad dos especialistas en Derecho Ambiental.

La profesora de Derecho Ambiental Verónica González, indicó a Claridad que la Junta de Planificación (JP) ha circulado es un borrador interno entre Oficina de Gerencia de Permisos (OGP) y otras agencias concernidas. Aclaró que una vez se apruebe el borrador formal interno se supone que haya un término de 30 días para que los interesados sometan comentarios y luego haya vistas públicas.

Recordó que una de las razones por las cuales se anuló el RG del 2015 fue porque no se dio el tiempo suficiente para las vistas públicas. “Se supone que la Junta de Planificación de el espacio suficiente para que el público pueda participar ampliamente es un reglamento que afecta toda nuestra vida”.

En consulta por separado el licenciado Pedro Sadeé Lloréns igual confirmó que lo que ha circulado la JP es un borrador del RC y que se supone que haya vistas públicas. Uno de los cambios que comentó debería tener el RC es que la OGP no sea juez y parte en los procesos ambientales y que estos no sean secuestrados por OGP como ha sido la práctica que la comunidad se entera cuando ya se ha concedido el permiso. La excepción es cuando OGP requiere una evaluación ambiental, lo que dijo “se ha visto una en mil”.