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Terapia respiratoria en la panadería

 

CLARIDAD

¿Qué se puede decir de sistema eléctrico, y de los apagones recurrentes, que no se haya dicho ya? Obviamente muy poco porque ha sido tema permanente casi desde siempre, aunque desde 2017 la recurrencia es mayor. Los apagones son tan frecuentes que poco a poco dejan de ser noticia, pero el dolor y la angustia que generan permanece. Es como una guerra que se torna “estacionaria”: las noticias cesan, pero la muerte sigue rondando.

De nuestro último “apagón general”, que arropó el país por tres días, quedará por siempre una imagen que circuló profusamente gracias a las redes sociales. Es la de un hombre en su temprana vejez que, sentado en el taburete de una panadería, aprieta sobre su nariz el aditamento de la terapia respiratoria que le permite seguir vivo. No llegó al negocio a desayunar un viernes en la mañana, sino a buscar un lugar donde enchufar la máquina que activa su terapia. El generador de la panadería del barrio le daba la electricidad que necesitaba para la más vital de las funciones humanas: respirar.

La imagen nos trasporta inevitablemente a lo que sucedió tras el huracán María, cuando el apagón general duró largos meses. Según los datos que se conocieron mucho tiempo después, aquella catástrofe produjo cerca de cuatro mil muertes, no por los vientos de la tormenta, sino por la ausencia de energía eléctrica y agua potable, sobre todo lo primero. En esta ocasión el hombre de la escena en la panadería encontró el generador para su terapia respiratoria, y pudo llegar hasta el lugar, pero en los largos meses que siguieron al huracán ese servicio de emergencia del comerciante amigo tampoco hubiese estado disponible.

La imagen de la terapia en la panadería nos dice algo más. Ese hombre, que obviamente necesita cuidado especial, tiene que valerse por sí mismo porque los servicios médicos del estado estaban ausentes. Como ocurrió en 2017, la gente tiene queda la deriva, aunque vivan solos, aislados o con dificultades de movilidad. Que cada cual resuelva.

Después del huracán María el gobierno se paralizó o, dicho con mayor corrección, dejó de existir. Esa desaparición se le adjudica, a manera de perdón, a que la magnitud de la catástrofe superó cualquier previsión. La bisoña administración de Ricardo Rosselló no supo cómo reaccionar y el país se quedó al garete, porque los “amos” federales tampoco aparecieron. Pero desde aquel evento han pasado casi seis años. Cualquier administración de gobierno, utilizando aquella experiencia como lección, tendría algún plan de contingencia para lidiar con un apagón general. Ese plan, al menos, cubriría a las personas con mayor vulnerabilidad. La escena de la panadería nos confirma que ese no es el caso.

Tanto el gobierno como la Junta de Control Fiscal, fieles a las políticas neoliberales, creyeron que la privatización del sistema de distribución de energía eléctrica resolvería la crisis. Seguros de su proyecto, procedieron a desmantelar el sistema que había operado por décadas para que, partiendo de cero y desplazando a miles de trabajadores, la privatizadora creara uno nuevo. No es necesario explicar cuál ha sido desempeño de Luma Energy, la empresa que crearon dos consorcios norteamericanos. También resulta evidente que en lugar de mejorar el sistema, lo empeoraron.

El último apagón, provocado por el pobre desempeño de Luma le costó al país alrededor de $600 millones. Supongo que en ese estimado de valoración no están los 18 fuegos que se produjeron en otros tantos hogares ni la angustia que se repartió por todo el país, ni los efectos sobre las personas.

Tarde o temprano, tal vez cuando cambie el gobierno y se flexibilice la camisa de fuerza de la Junta, Puerto Rico tendrá que declarar nulo el contrato de Luma Energy. Tal resultado, a mi juicio, será inevitable, pero cuando llegue ese momento el costo acumulado será enorme. Cuando eso ocurra, los consorcios dueños de la privatizadora se habrán embolsillado cientos de millones de dólares y otro tanto se habrán llevado los ejecutivos mediocres que la dirigen, quienes disfrutan de salarios asombrosos en un país en quiebra. El costo mayor, sin embargo, no sería ese saqueo, sino lo que habrá que invertir para crear una nueva estructura capaz de administrar con eficiencia el sistema eléctrico.

Mientras eso llega, preparémonos para lo que viene.

Recursos naturales privilegia el desarrollo sobre el ambiente

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

Expertos en Derecho Ambiental y activistas en defensa del ambiente consideran que la política pública  del Departamento de Recursos Naturales privilegia el llamado “desarrollo” por sobre la protección del ambiente y los  recursos naturales. La agencia llamada a proteger el patrimonio natural carece de recursos, cuenta con funcionarios poco comprometidos con sus deberes ministeriales y ha privatizado el proceso para otorgar permisos.

La ventilada situación del crimen ambiental de la Reserva Natural de Investigación y Estuario de Bahía de Jobos, en Salinas ejemplifica al máximo todo lo anterior. Esta no es la única situación de daño ambiental y usurpación de espacios naturales por grupos privilegiados, en perjuicio de comunidades, coincidieron los entrevistados.

El caso de Bahía de Jobos ha provocado la renuncia del secretario Rafael Machargo. Claro, tanto Machargo como el gobernador Pedro Pierluisi, atribuyeron la renuncia a “razones de salud y de familia”.

“Somos muy cuidadosos con lo que está pasando en Las Mareas porque no es una situación nueva. Lleva muchos años ocurriendo y, al final, quien se queda en medio de la controversia es una comunidad negra, pobre, que vive allí. La reserva está dentro de la comunidad. Cuando se le declaró reserva, se les excluyó”, declaró Vanessa Urriarte, directora de la organización Amigos del Mar. Las Mareas es el nombre del sector donde ubican la reserva y la comunidad que allí se encuentra.

La directora de Amigos del Mar, quien junto a otras organizaciones relacionadas con el ambiente le presentaron en julio del año pasado un pliego de siete peticiones al entonces Secretario, afirmó que en la isla hay otras situaciones tan graves como la de Salinas.

“Entendemos que sacar a Machargo es una estrategia política para distraer un poco la atención de los desastres que están explotando alrededor de la isla con el mercado de bienes raíces, no solo de las costas, sino de terrenos con acceso a los ríos y otras áreas naturales. Por ejemplo, la Junta de Control Fiscal  aprobó 18 proyectos  de energía solar, en su mayoría, sobre terrenos agrícolas”.

De hecho, a un año de las peticiones que hizo el grupo, entre las cuales estuvo la renuncia de Machargo, todavía la agencia no ha respondido. En esa ocasión fueron atendidos por la entonces subsecretaria, Cynthia Rivera Morales. Una de las peticiones fue que se publiquen las solicitudes de deslindes de la zona marítimo terrestre, cosa  que no ocurre desde el 2018, y que se hagan los  monitoreo de la calidad del agua, que tampoco están disponibles desde el 2014. Solo se hacen los de las playas. Urriarte subrayó que era importante tener estas y otras informaciones para conocer si se cometen o no violaciones. Apuntó además que incluso Machargo, siendo secretario del DRNA, se expresó en oposición al proyecto de una moratoria en las costas.

A  juicio de Uriarte, en el caso de Salinas ha habido un show of force de parte del Gobierno, ya que siempre hay una impunidad para aquellos privilegiados que violentan la naturaleza. A preguntas de CLARIDAD sobre los encuentros de comunidades costeras que ha estado celebrando Amigos del Mar, describió que en estos encuentros las historias presentadas por las comunidades son comunes: la   injerencia de los alcaldes, a propósito o no, el hacerse de la vista larga y facilitar procesos de endoso o expropiaciones de litorales costeros completos para entregar los terrenos a desarrolladores e inversionistas.

“Hay mucha confusión de cómo las personas pueden obtener información y de los procesos. Pero todos

están conscientes de los ataques a la integridad de sus comunidades e intentos de desplazarlos del país; de que  esto es una lucha de clases de ricos contra pobres. Esto está pasando en los 44 municipios costeros, no hay ninguno que se salve de estar amenazado con una construcción que afecte el ambiente”.

Vamos a ver si el gas pela

 Al entrevistar a Víctor Alvarado, asesor ambiental del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y miembro del Comité Ambiental de Salinas, este expresó que hace mucho ha denunciado que en Puerto Rico no existe una agencia ambiental. En ese sentido, mencionó por ejemplo, la gestión de la exsecretaria Tania Vázquez, que “demostró que estaba más preocupada por proteger la planta de carbón que por proteger el ambiente”.

“En este cuatrienio lo que hemos visto es que el secretario Machargo no estaba cumpliendo sus funciones de proteger el ambiente. Parecería ser más el secretario de Manuel Cidre, porque ahora lo que pasa con el ambiente lo decide Manuel Cidre”, director ejecutivo del Departamento de Desarrollo Económico y Comercio (DDEC).  Alvarado destacó y censuró que la construcción en reservas naturales y el desarrollo de las costas viene de la política pública del gobernador y otras personas favorecidas con  las Leyes 20 y 22, que vienen apropiarse de los terrenos y a desplazar a la gente. “Esa es la mentalidad que permea  en el Gobierno”.

El activista indicó que  en otros sectores de Salinas está pasando la misma situación que en Bahía de Jobos. Igual trajo a la atención que la alcaldesa de Salinas, Evelyn Bonilla,  también  se ha opuesto al proyecto de moratoria en las costas.

“Está por verse qué va hacer la secretaria interina, si va a seguir permitiendo que se destruyan los recursos naturales en Puerto Rico  o va asumir el rol que se supone de proteger el ambiente a pesar de que se tenga que ir en contra de la posición del gobernador y las determinaciones de Manuel Cidre. Ahí es que vamos a ver, como dicen en mi barrio, si el hagas pela”, expresó en referencia a la nueva secretaria interina del DRNA, licenciada Anaí Rodríguez, quien era subsecretaria durante la incumbencia de Machargo.

Por su parte, la licenciada  Verónica González, miembro  de la organización Ayuda Legal y profesora de Derecho Ambiental en la Facultad de Leyes de la Universidad Interamericana, declaró que en Recursos Naturales hay unas realidades prácticas de lo que es el funcionamiento que van más allá de quien esté al mando. Se refirió a que el DRNA  ha asumido muchas responsabilidades, como las de la Junta de Calidad Ambiental y la Agencia de Desperdicios Sólidos, las cuales fueron fusionadas al Departamento, al que además le han recortado recursos. “Apenas hay vigilantes en toda la isla, y esa es la primera línea de defensa cuando hablamos de la protección de los recursos naturales”, señaló.

González también explicó que quienes establecen la política pública del DRNA son el gobernador y el secretario de Recursos Naturales.  “Pero hace mucho tiempo que la política pública en Puerto Rico no es la protección de los recursos naturales; por el contrario, lo que se impulsa es el desarrollo económico bajo la perspectiva errónea refrendada de que el desarrollo económico ocurre a expensas del ambiente que es un impedimento para el desarrollo. Eso es un disparate que ha sido descartado hace mucho tiempo: el desarrollo que no protege la naturaleza no es desarrollo, a la larga cuesta”.

Con el mismo ahínco apuntó a que la Oficina de Gerencia de Permisos (OGP) tiene también  responsabilidad en otro monto de situaciones alrededor de la isla, donde se han dado permisos indebidos. “Esta agencia tiene una trayectoria igual a la del DRNA, pero es mucho más nueva. Cuando se creó OGP en el 2009, esta agencia adquirió un montón de facultades que estaban en otras agencias, incluyendo del Recursos Naturales, supuestamente bajo la premisa de que había que dar los permisos más rápido; pero no se evalúan correctamente”.

El veterano activista del Derecho Ambiental, licenciado Pedro Saadé Lloréns se unió a la denuncia de que Recursos Naturales  no está cumpliendo con su deber ministerial por razones propias del Departamento, pero también por la política pública más amplia.

“El Gobierno de Puerto Rico  y la Junta de Control Fiscal  no le han dado los recursos adecuados para que supervise y tenga una voz más fuerte ante procesos de otorgamientos de permisos”. Precisó  que antes, la JCA tenía una función importante en la evaluación de permisos, pero que eso se le quitó y se le dio a la misma agencia que otorga los permisos, que es la OGP. Precisó que eso explica parte de los problemas, como por ejemplo en Rincón, donde OGP dio un permiso luego de un  certificado fraudulento  con la aplicación de una exclusión categórica. Igual ha pasado en el caso de Jobos.

Saadé considera que ha sido un error colocar a la Junta de Planificación (JP)  bajo el Departamento de Desarrollo Económico debido a que son tareas diferentes.  Advirtió de que dado la  mezcla de elementos,  unos estructurales, y la falta de recursos, van a seguir saliendo situaciones como la de Salinas y el abandono de otras reservas como la de Caja de Muerto. A su juicio, se deberían evaluar todas las reservas y el estado en que se encuentran, “porque me sospecho que lo de Jobos y Caja de Muerto se repite. Por ejemplo, Caño Tiburones”.

Estamos pagando las consecuencias de la reforma de permisos d Fortuño

 Los dos expertos en Derecho Ambiental coincidieron en cuestionar la pertinencia de la reforma de permisos de Fortuño con las situaciones de violaciones ambientales. Con la movida a la privatización que se instaló en el 2009 con la ley de permisos, se le transfirió la responsabilidad del Estado de velar por los bienes comunes a los llamados agentes autorizados. Ese fue el año en que Fortuño votó a la mayoría de los científicos y personal técnico del DRNA.  Con la llamada Reforma el proponente es el que certifica que la obra cumple con los reglamentos y es el proponente quien presenta los planos y la solicitud a OGP. Esta agencia, denunció Sadeé Lloréns, ha secuestrado los procesos ambientales y los mantiene en secreto. La OGP ni siquiera le está pidiendo al proponente de una obra a que ponga un letrero; la excepción es cuando se requiere una evaluación ambiental, lo cual se ha visto que ocurre de ‘una en mil’.

“Ese cambio en la ley de permisos del 2009 lo estamos pagando. Esas son las consecuencias ahora, porque no solo es el profesional autorizado, sino que le quitaron las funciones de evaluar el cumplimiento ambiental a la JCA y se la dieron a los mismos OGP”, recalcó.

Ambos letrados coincidieron en señalar  que nunca se ha procesado a nadie por permisos certificados de manera  incorrecta.

Tanto para la situación en Salinas, como en otros lugares como en Luquillo, Bosque Seco, Caño Tiburones, el Corredor Ecológico del Noreste, las cenizas en Peñuelas y Guayama, la proliferación de antenas de comunicaciones y el abandono de los parques nacionales, a corto plazo es pertinente la denuncia pública.

Para Sadeé Lloréns, más allá de la denuncia ciudadana, la cual es la clave siempre,  no se debe abandonar la tarea de que la situación se atienda por legislación. Identificó que la moratoria de la construcción en las costas es una legislación importante para atender la situación de destrucción en las costas de manera temporal, pero que es necesario implementar los deberes que tiene el Departamento de Recursos Naturales.

 

 

 

 

Mirada al País: La Federación Sindical Mundial, la guerra y la agenda del movimiento sindical internacional

 

Especial para CLARIDAD

El 18º Congreso de la Federación Sindical Mundial está en la recta final de su celebración en un período de gran intensificación de los antagonismos interimperialistas. El mismo será celebrado en Italia los días 6, 7 y 8 de mayo de 2022. Reproducimos parte del llamamiento que hace el Secretariado de la FSM por su importancia y pertinencia para la lucha sindical en Puerto Rico.

El conflicto de guerra entre Rusia y Occidente que tiene lugar en Ucrania ha dejado miles de muertos, millones de refugiados y enormes daños materiales. El conflicto continúa, los riesgos de una guerra generalizada y el uso de armas nucleares están sobre la mesa por parte de los EEUU, la OTAN, la UE y Rusia. Los riesgos para los pueblos son grandes. Esta guerra es la segunda que se libra en Europa, la primera fue la guerra de la OTAN contra Yugoslavia en 1999. Estas guerras, al igual que las guerras en países como Irak, Afganistán, Malí, Siria, Líbano, Libia, Georgia, Armenia y otros lugares, se basan en los derrocamientos que tuvieron lugar en el período 1989-1991, que dieron lugar a la disolución de la Unión Soviética y a los derrocamientos en los países socialistas de Europa del Este.

Aquellos que afirmaron en ese momento que ese derrocamiento global de la correlación mundial sería favorable a la paz y a la seguridad internacional se ha demostrado que estaban equivocados en sus apreciaciones o mentían. En medio de estos acontecimientos y teniendo en cuenta que las consecuencias de este conflicto serán negativas para los Pueblos, la cuestión de cuál debe ser el papel del movimiento sindical internacional vuelve a salir a la escena en todos los rincones del mundo. Una cuestión de importancia intemporal y estratégica. La Confederación Sindical Internacional, CSI, como siempre ha hecho, apoya a la OTAN, a los Estados Unidos, a las fuerzas fascistas y a los grupos paramilitares nazis que se están reuniendo en toda Europa y que están siendo enviados con modernos equipamientos militares a Ucrania para luchar contra los rusos. No nos sorprende esta actitud de la dirección de la CSI. Desde 1949 como CIOSL y después, cuando fue renombrada como CSI, ella fue y sigue siendo el brazo sindical de las multinacionales y los imperialistas. Apoya las estrategias de los imperialistas en todos los rincones del mundo. La FSM, en sus declaraciones y publicaciones, no se arrastra detrás de Rusia ni de los Estados Unidos-OTAN-UE. Exige el fin del conflicto y un acuerdo de paz inmediato, la disolución inmediata de la OTAN y el mantenimiento de la neutralidad de Ucrania en relación con los bloques militares. Considera que es derecho y responsabilidad de cada pueblo decidir libre y democráticamente sobre su presente y su futuro. Las posiciones firmes y establecidas desde hace tiempo de la FSM son posiciones que han sido adoptadas colectivamente por los órganos competentes de nuestra organización y, a la luz de los nuevos acontecimientos mundiales, son reafirmadas por nuestro 18º Congreso.

La FSM fue fundada el 3 de octubre de 1945 tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y bajo el impacto de la derrota del fascismo y la victoria del Ejército Rojo. La fundación de la FSM fue un resultado meditado de la evolución del movimiento sindical obrero a nivel nacional y expresó la necesidad de una coordinación internacional, la necesidad de solidaridad proletaria y acción común de la clase obrera internacional contra la explotación capitalista.

La FSM es la sección organizada y progresista del movimiento sindical internacional y tiene como principal objetivo la mejora de las condiciones de vida de la clase obrera internacional, la lucha por la reivindicación de las libertades sindicales generales y la lucha simultánea para derrocar al brutal sistema capitalista. La extensa experiencia, tanto positiva como negativa, las duras luchas de los trabajadores y el pueblo desde la época de Espartaco hasta hoy, confirman dos conclusiones atemporales básicas: En primer lugar, tal y como escribió Karl Marx: “la historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases”. En segundo lugar, la Clase obrera Internacional no puede defender sus demandas a corto y largo plazo y su objetivo de clase si no tiene además de una vanguardia política, su propio órgano sindical fuerte, bien organizado y formado a nivel teórico. Tal organización sindical internacional, un centro de coordinación internacional, tendrá fuertes raíces, trabajará y será fortalecida por la base. Este es el papel que la FSM está obligado a desempeñar y desempeña en la escena sindical internacional. Estamos orgullosos del curso y la acción de la FSM desde 1945 hasta hoy.

Ha defendido el Socialismo desde el primer momento de su fundación; ha apoyado activamente con solidaridad sindical, moral y material a todos los pueblos que lucharon de forma pacífica o en lucha armada por su independencia y liberación; ha ayudado a la supervivencia de decenas de miles de militantes del movimiento sindical que estaban bajo persecución y amenaza en África, América Latina, Centroamérica, Asia, Oriente Medio, Europa, el Caribe y en otras partes de todos los rincones del planeta. Estamos orgullosos porque las consignas más radicales de las luchas y acciones sindicales fueran escritas por primera vez en las pancartas y documentos de la FSM.

En esta larga y dura trayectoria, la FSM nunca ha tenido miedo de reconocer sus errores, de hacer una autocrítica abierta ante los trabajadores, de luchar contra sus propias debilidades y retrasos. Para el movimiento internacional clasista la crítica, la autocrítica y la emulación eran y siguen siendo factores vitales. La FSM, desde el primer momento de su creación, se enfrentó a la hostilidad de la burguesía y los imperialistas. En 1949, tuvo lugar el primer ataque frontal contra la FSM por iniciativa de los gobiernos de los EE.UU. y Gran Bretaña y llevado a cabo con los métodos sucios de la CIA, el Servicio de Inteligencia y sus secuaces. Su objetivo inicial era la disolución de la FSM y cuando no lo consiguieron, salieron de ésta y tomaron la medida perturbadora de fundar la CIOSL.

El segundo intento se llevó a cabo en 1956 iniciado por el Ministerio de Seguridad Estatal de Austria con el uso de métodos de provocación y la ocupación por parte de la policía de las Oficinas Centrales de la Federación Sindical Mundial en Viena, apoderándose de todos los archivos. Este intento del capitalismo también fracasó. En los años posteriores a los derrocamientos del período 1989-1991, la FSM pasó una época muy difícil. Tuvo que enfrentarse a un feroz ataque de los europeos y otros oportunistas de Francia, Italia, España, etc. con el objetivo de la disolución de la FSM y su integración en la CIOSL, es decir, en el órgano sindical de los EE.UU., la Unión Europea y el Capital internacional. Los planes de los oportunistas fracasaron una vez más y a pesar las grandes dificultades, las persecuciones políticas y el anticomunismo, la FSM se mantuvo estable y continuó su curso histórico.

Hubo fuerzas que se levantaron y mantuvieron viva la FSM. Después del XV Congreso Sindical Mundial que tuvo lugar en La Habana, Cuba, nuestra organización comenzó de nuevo a crecer, a ser más fuerte, a desarrollar acción y reagruparse. Hoy cuenta con más de 105 millones de miembros en 133 países del mundo. Está presente en todos los continentes; está presente en todos los sectores básicos de la producción. En abril de 2011 celebramos en Atenas, Grecia, el 16º Congreso Sindical Mundial. Fue un Congreso abierto, democrático y de clase que tomó importantes decisiones y formó los nuevos objetivos para el movimiento Sindical Internacional de Clase en las condiciones contemporáneas. En octubre de 2016 se celebró con éxito el 17º Congreso Sindical Mundial en Durban, Sudáfrica, con resoluciones útiles para la continuación y el fortalecimiento de nuestras luchas.

Según estas decisiones y resoluciones, los objetivos de la FSM son:

  • Realzar las características clasistas y militantes de los sindicatos a todos los niveles, en todos los sectores. Para lograr esto, la línea de colaboración de clases debe ser derrotada; debemos declarar una guerra abierta a la aristocracia sindical, la burocracia sindical y el arribismo.
  • El fortalecimiento de los sindicatos de orientación de clase en los lugares de trabajo, en los monopolios y multinacionales, en las grandes industrias, en los sectores tradicionales y modernos de la producción. La activación de los trabajadores fortalece los sindicatos.
  • Fortalecer nuestros lazos con la base, con los trabajadores corrientes y la mejora del funcionamiento democrático de los sindicatos. Con directivas elegidas por votación que serán responsables de la base, a la que expresarán y apoyarán. Directivas que respetarán las decisiones colectivas y promoverán la colectividad.
  • El enriquecimiento del internacionalismo y la solidaridad internacional, que son la herramienta de todos los trabajadores, especialmente en la actualidad que la coordinación sectorial e intersectorial de la luchas obreras a nivel local y regional es tan necesaria. La defensa activa de los pueblos que luchan por sus derechos, por el derecho a la autodeterminación de su presente y futuro.
  • La búsqueda constante de la unidad de la clase obrera independientemente de cualquier diferencia. La unidad de la clase obrera es una condición previa para nuestra clase para poder construir sus alianzas sociales con los campesinos pobres, los trabajadores por cuenta propia y los intelectuales progresistas.
  • La fe en el papel de las mujeres trabajadoras y la juventud trabajadora que pueden aportar nuevas energías y dinámicas, viveza y acción a los sindicatos. Su elección en posiciones de liderazgo y la renovación constante del núcleo dirigente de las organizaciones sindicales es vital.
  • Aprovechar la larga experiencia, tanto positiva como negativa, en las formas de lucha y el contenido de las luchas clasistas. La combinación de la lucha económica con la lucha política, la búsqueda de reivindicaciones que unifiquen a los trabajadores CONGRESO SINDICAL MUNDIAL 46 y estén en armonía con las necesidades actuales de los trabajadores y las familias populares. La combinación de defensa, ataque y reserva.
  • El cuidado continuo del apoyo ideológico a los cuadros sindicales mediante formación sindical, intercambio internacional y programas sindicales que mejorarán su fe en la justa lucha de la clase obrera y la necesidad de la lucha de clases; que ayudarán a darse cuenta de la necesidad de defender y fortalecer las características clasistas de los sindicatos.
  • La necesidad de cada sindicato de obtener su independencia financiera sin depender de la burguesía, de los institutos internacionales del oportunismo y los centros internacionales de corrupción. La dependencia financiera de los sindicatos crea otras dependencias. La autosuficiencia financiera saludable es la que se basa únicamente en las cuotas de afiliación de los trabajadores.
  • La capacidad de cada sindicato de estudiar los acontecimientos en su campo, en su sector y utilizarlos para la promoción de los intereses obreros en todos los frentes básicos de lucha, para la resolución de todas las demandas laborales, la seguridad social, reivindicaciones salariales y sindicales.
  • Comprender que el sistema capitalista ha rebasado sus límites históricos, que está podrido y por lo tanto la solución y el verdadero camino de salida para la liberación de la clase obrera internacional no ocurrirá disfrazando o modernizando el capitalismo, sino derrocándolo.
  • La participación activa en las luchas por la paz, la amistad y la cooperación entre los trabajadores y los pueblos; la lucha contra los fenómenos del racismo, la xenofobia y el neofascismo. La lucha constante contra los imperialistas, las guerras imperialistas y el capitalismo, que es la base económica del imperialismo.

La Tercera Guerra Mundial

 

Especial para CLARIDAD

Todo tiende a indicar que el conflicto actual trabado en torno a Ucrania entre Estados Unidos (EEUU), la Unión Europea (UE) y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) contra la Federación Rusa, constituye la Tercera Guerra Mundial. La dificultad que se ha tenido para llegar definitivamente a esa conclusión es que la contiende actual tiende a diferenciarse de la idea que se tenía de lo que eventualmente sería la próxima guerra mundial, es decir, una conflagración planetaria con armas nucleares que dejaría al mundo en ruinas y lleno de cadáveres por todas partes. Sin embargo, la Tercera Guerra Mundial ha asumido otro carácter: una especie de guerra planetaria total con consecuencias tanto geopolíticas como antisistémicas y con características de conflicto híbrido, es decir, no sólo militar sino que también económico, mediático, cultural e, incluso, deportivo, entre otros frentes. En lo militar ha sido una guerra mayormente convencional aunque con la posibilidad siempre presente de una escalada hacia lo nuclear, como bien han advertido todas las partes.

Así de profunda es la ruptura que indudablemente se está produciendo al interior de lo que entre 1989 y ahora era el orden mundial. Otra Gran Guerra Mundial, donde lo que se juega es el balance geopolítico de poder en el mundo, sin descartar  el impacto que inevitablemente tendrá sobre la relación de poder entre sistemas, es decir, el capitalismo y el socialismo. En este contexto, Europa pasa a ser nuevamente el principal frente de batalla, al menos por el momento, a la espera de que se active el ya anunciado Frente del Pacífico dentro de la estrategia imperial que hoy privilegia como objetivo último a China, la gran potencia socialista a la que más teme Estados Unidos por su capacidad de convertirse en el principal foco de poder del nuevo orden multipolar que se asoma.

El viejo topo ha vuelto a asomar la cabeza a pesar de haberse decretado su muerte definitiva. Un país socialista —bajo un modelo que caracteriza de socialismo de mercado— está a punto de convertirse en nueva potencia hegemónica de las relaciones políticas y económicas internacionales. Por ese motivo, no se puede desconocer que está presente también la lucha entre sistemas, aunque dicha contradicción ocupe un nivel secundario en el presente.

En ese contexto, se entiende que el presidente estadounidense Joseph Biden se ha referido a la Tercera Guerra Mundial como una de las dos opciones que tenía ante sí: “Tenemos dos opciones. Dar comienzo a una Tercera Guerra Mundial, entrar en guerra con Rusia, físicamente. O dos: asegurarnos que el país que actúa contrario al derecho internacional pague el precio por ello”. En un discurso pronunciado en Polonia el pasado 26 de marzo, Biden pidió abiertamente el derrocamiento de Putin y un cambio de régimen en Rusia. Con ello delató lo que constituye el verdadero objetivo de Washington en el conflicto que se escenifica en Ucrania, de paso contradiciendo lo alegado previamente de que la OTAN es “una alianza defensiva” y “no un proyecto imperial” que busca desestabilizar a Rusia.

En días pasados, el primer ministro británico, Boris Johnson, le pidió al presidente ucraniano, Volodomyr Zelensky, que no siguiese buscando poner fin a la guerra mediante negociaciones con Rusia, sino que tenía que seguir con la guerra hasta imponerse. A este se unió Josep Borrell, el Alto Representante de la UE, quien declaró el 10 de abril pasado, desde Kiev, la capital ucraniana, donde se encontraba de visita oficial: “Esta guerra debe ganarse en el campo de batalla”. La UE propone ahora que se retome la región del Donbass, donde se concentra la ofensiva militar rusa.

Ahora bien, hay que advertir que esta guerra de EEUU, la UE y la OTAN contra Rusia en Ucrania no dio inicio con la “operación militar especial” rusa iniciada el pasado 24 de febrero de 2022. En realidad dio inicio hace ocho años cuando Washington patrocinó un golpe de Estado en dicho país euro-oriental —“revolución de color” se llama ahora por los grandes medios civiles, militares y de inteligencia encargados de la propaganda de guerra del imperio— y se encargó de imponer un gobierno neocolonial, como tantas veces ha hecho en otros puntos del planeta. Implantó así el neoliberalismo a la trágala y puso a cargo de ello, como Ministra de Finanzas, a la notoria Natalie Jaresko, la misma que también apareció luego en Puerto Rico al frente de la Junta imperial de Control Fiscal a cargo de la misma faena de control y sumisión total de nuestra economía a los designios del capital financiero. Además, el exitoso cambio de régimen convirtió a Ucrania, hasta ese momento comprometida por mandato constitucional con la neutralidad, en mero instrumento de guerra dirigido contra Rusia e, incluso, su población rusoparlante, concentrada en la región del Donbass.

El histórico e inesperado  reconocimiento por Rusia de las repúblicas de Donetsk y Lugansk” tomó por sorpresa a Washington y Bruselas. Y aunque se pasaban augurando la proximidad de una invasión rusa a Ucrania, no esperaban que tomase la forma, según anunciada por Putin el 21 de febrero de 2022, de una “operación militar especial” en Ucrania para socorrer humanitariamente a los pueblos de Donetsk y Lugansk contra los ataques criminales de los que eran víctimas hace ya ocho años a manos del Ejército ucraniano, con un saldo de 14,000 muertos. También, se buscaría la desmilitarización y desnazificación del país vecino.

La doble vara del derecho internacional

Rusia ha insistido en que sus acciones son legítimas de acuerdo con el derecho internacional. El uso de la fuerza en el derecho internacional se rige desde 1945 por el Artículo 2.4 de la Carta de la ONU que impone la obligación a los estados miembros a abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier estado. Hay dos excepciones: el Consejo de Seguridad puede decidir tomar medidas, incluyendo el uso de la fuerza. La segunda excepción, reconocida en el Artículo 51 de la Carta, es el derecho inmanente de todo estado a la legítima defensa individual o colectiva, incluyendo el uso de la fuerza. El Art. 51 tiene su origen como norma consuetudinaria debidamente refrendada reiteradamente por la práctica internacional y los tratadistas. Esta segunda excepción se activa en el caso de que la ONU, como ocurrió aquí, no actúe frente a una amenaza a la seguridad de un estado miembro, en cuyo caso se le reconoce a ese estado miembro el derecho a recurrir al uso de la fuerza.

¿Acaso no es esa también la práctica internacional común de los Estados Unidos y la OTAN, reconocida de facto en sus efectos políticos y legales por la ONU? ¿No fue así que procedieron Washington y Bruselas para el reconocimiento diplomático de Kosovo? El bombardeo de Serbia por la OTAN y el reconocimiento de la independencia de ese territorio serbio, fueron evocados por Putin como precedentes de sus acciones. Por otra parte, ¿cómo EEUU puede conciliar su reconocimiento reciente de la anexión de las Alturas de Golan sirias por Israel, a base de consideraciones de seguridad nacional de ésta y, por otro lado, rechazar la incorporación de Crimea a la Federación Rusa? ¿Cómo puede Washington y Bruselas oponerse a la campaña internacional de “Boicot, desinversión y sanciones” (BDS) contra Israel y su ocupación ilegal de Palestina y el régimen de apartheid que ha instaurado allí contra los palestinos, y por otro lado promover ahora una salvaje campaña mundial de boicot y sanciones contra Rusia? Estamos ante la doble vara: una que aplica a EEUU y sus aliados, y otra a sus adversarios.

El derecho internacional es, en última instancia, lo que se practica, dentro de un contexto de relaciones de poder, y no lo que se dice que es, desde la mera enunciación formal de normas, reglas y principios. En ese sentido, se comprende mejor desde una perspectiva estratégica que desde una perspectiva juridicista. Ante ello, la “igualdad soberana” tiene que entenderse como el derecho de todo Estado a que sus acciones sean medidas con la misma vara con la que se miden las prácticas efectivas y reiteradas de las potencias imperiales, tanto la estadounidense como las europeas.

Los acuerdos de Minsk que pudieron haber servido de marco para la no intervención de Rusia en Ucrania, fueron ignorados tanto por Estados Unidos, la OTAN, la misma Ucrania e, incluso, la ONU. Incluso, hicieron caso omiso del compromiso suscrito en la Declaración de 2010 de la Organización de Seguridad y Cooperación Europea (OSCE): “Nos comprometemos nuevamente a la visión de una comunidad euroatlántica y euroasiática libre, democrática y común que va desde Vancouver a Vladivostok”, lo que reconocía como legítimos los intereses de seguridad de todos los Estados signatarios, que incluía tanto a Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia.

¿Acaso la hipocresía estadounidense y europea no había sido lo suficientemente comprobada con la expansión de la OTAN hacia las fronteras rusas, habiéndose ampliado de los 16 miembros que la integraban en 1991 a 30 miembros en la actualidad, en violación del compromiso contraído por Estados Unidos, bajo la presidencia de Ronald Reagan? El cerco estratégico-militar que la OTAN ha establecido en torno a Rusia constituye realmente un acto de guerra contra el país euroasiático, ante el cual éste tiene el legítimo derecho de defenderse por todos los medios a su alcance. Además, a todas luces, hay suficiente evidencia de la presencia decisiva de elementos fascistas al interior del gobierno de Zelensky y las fuerzas armadas ucranianas, ante los cuales tanto EEUU y la UE se han hecho de la vista larga, por aquello de que “los enemigos de mis enemigos son mis amigos”.

¿Qué hay de reaccionario o imperialista en que, dentro de ese marco, Rusia haya decidido actuar y defenderse? En todo caso, reaccionario es ignorar ese cerco estratégico a Rusia, como parte de toda una agenda imperial que se extiende hacia China y aún hacia la América Latina y el Caribe donde Estados Unidos le sigue haciendo la guerra a Cuba y Venezuela —poco importa si es directa o híbrida, tiene los mismos efectos— y donde, además, la OTAN ya ha puesto bandera, en Colombia.

El antibolchevismo y el nacionalismo de Putin

Ahora bien, para lo que sí hay base para criticar a Putin es por aquella parte de su Mensaje del 21 de febrero en la que parece poner en entredicho el derecho de Ucrania a existir como nación, alegando que fue una creación de los bolcheviques que él entiende fue un error histórico. Esta parte de su postura está basada en su rechazo manifiesto a la posición de principio de Lenin a favor de la autodeterminación de los pueblos y las naciones, la cual llevó, independiente del origen común de Rusia y Ucrania, al reconocimiento de esta última, primero como república independiente, como parte de la URSS, constituida en torno a lo que hoy es su parte oriental. Luego, en 1939, se incorporó, bajo Stalin, la parte occidental de lo que hoy es Ucrania. Ya en 1991, Ucrania se separa de la URSS, como república independiente, al momento de la disolución de ésta.

Esta postura antibolchevique y anticomunista de Putin incluye lo que este ha planteado como la “descomunización” de Rusia. En ese sentido, tiende a revelar que su proyecto nunca ha sido nada más que la modernización de la idea de la Gran Rusia, apuntalada, eso sí, por el poderío militar y nuclear legado por la URSS y una política exterior contra hegemónica que favorece el establecimiento de un nuevo orden mundial multipolar, con Rusia como uno de sus polos de poder.

Cómo le vaya finalmente a Putin con ese proyecto esencialmente nacionalista dentro de un capitalismo mundial que siempre ha visto con suspicacia y temor la integración plena de Rusia, es otra cosa. De ahí que, en algún momento, tendrá que confrontar esa falsa ilusión de que el capitalismo atlantista le pueda acoger como su igual, a menos que no sea en total subordinación a los designios de Washington y Bruselas. Consiguientemente, Rusia se ve forzada a privilegiar su mira hacia el Oriente y hacia el Sur, que es dónde tiende a manifestarse su reconocimiento como potencia y un interés en una relación estratégica y económica mutuamente beneficiosa.

La geopolítica contrahegemónica es el arte de sumar fuerzas muchas veces disímiles y contradictorias. Hay que ser capaz de valorar los matices en cada momento y saber distinguir entre la contradicción principal, en este caso el imperialismo yanqui y europeo, y las contradicciones secundarias de las que ni la izquierda o las izquierdas son ajenas, como vemos hoy en demasía.

¿El fin de la globalización neoliberal?

Si hay algo que ya queda meridianamente claro es que el precio por la guerra económica y financiera contra Rusia lo están pagando también Europa y Estados Unidos, entre otros, al ver como las sanciones interrumpen los circuitos de producción y distribución de la economía capitalista mundial, hoy altamente globalizada, y le profundiza a un extremo las tendencias inflacionarias que hoy aquejan a sus economías. Al respecto, Europa no puede prescindir de inmediato del petróleo y el gas ruso sin evitar una grave crisis energética. Por ello recibió con alarma la decisión del gobierno ruso de que aquellos países que participan de la agresión económica actual contra Rusia, por medio de toda una serie de sanciones que incluye el congelamiento de sus cuentas y reservas de divisas en bancos europeos y estadounidenses, tendrán que ahora pagar en rublos por el gas y el petróleo que importan de dicho país euroasiático.

De paso, dicha decisión por parte de Rusia le ha permitido recuperar el valor de su moneda, el rublo. La contraofensiva financiera de Rusia se está predicada sobre el imperativo de reestructurar el sistema monetario internacional para que esté respaldado por lingotes de oro y los llamados “commodities”, es decir, materias primas y otras mercancías concretas y tangibles como, por ejemplo, los alimentos. Actualmente, bajo el régimen de Bretton Woods cuyo eje es el dólar, el valor de las moneda libremente convertible está basado en la valoración, es decir, la mera percepción y especulación de los mercados financieros mayormente apuntalada en los valores abstractos y no tangibles —y, por ende, relativos y controvertibles— de la economía improductiva. Ya el Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que el conflicto en torno a Ucrania tendrá un impacto fuerte y severo sobre la economía capitalista mundial, obstruyendo el proceso de recuperación luego de dos años de pandemia.

Por otra parte, se ha desmoronado la imagen que se intenta proyectar de total aislamiento de Rusia. Ningún país miembro de los BRIC’s ha participado en las sanciones contra Rusia: ni India, ni Brasil, ni África del Sur y menos China. La atlantista Turquía no se ha sumado al régimen de sanciones e, incluso, ha anunciado que no permitirá que buques de guerra de la OTAN ingresen al Mar Negro. La Organización de la Conferencia Islámica (57 países) rechazó sumarse a las sanciones contra Rusia. Ningún país de África, ni de Asia Occidental y Central, se ha sumado a las sanciones contra Rusia, con excepción de Singapur y Japón en Asia Oriental, aunque esta última ha aclarado que no dejará de importar carbón ruso. Además, en el caso de India y Pakistán, ambos han entrado en acuerdos para la adquisición de petróleo y gas ruso, a pagarse en sus respectivas monedas nacionales y no en dólares o euros. Hasta Arabia Saudita considera aceptar que China le pague en yuanes por la compra de petróleo. En su desespero, ya incluso Washington patrocinó este pasado 9 de abril un cambio de régimen en Pakistán y ejerce grandes presiones contra India.

Parece llegar a su fin la era del monopolio del petrodólar ante el uso por Estados Unidos del dólar como instrumento de control político, represalias y guerra, incluyendo la politización del sistema de pagos SWIFT, lo que ha llevado a que se cuestione hasta dónde puede seguir ofreciendo las garantías y seguridades necesarias como divisa principal en las relaciones económicas internacionales. La creciente toxicidad del dólar estadounidense se refleja en el hecho de que su uso en las transacciones internacionales llegó al 46.7 por ciento en el 2020, una reducción desde el 60.24 que era en el 2014 cuando el golpe de estado en Ucrania y las medidas económicas coercitivas impuestas contra países como Rusia, Irán, Venezuela y China, entre otros, sin hablar del bloqueo de hace más de seis décadas contra Cuba. Con el régimen de sanciones financieras impuestas más recientemente a Rusia por Washington y Bruselas, esa participación habrá de reducirse aún más. Y todo tiende a indicar que la decadencia del dólar por las razones antes mencionadas, incluyendo las tendencias inflacionarias actuales y la inestabilidad en los mercados, producto de la guerra en Ucrania, también empieza a llevarse por el medio la estabilidad del euro.

¿Ha llegado a su fin la tan fetichizada globalización neoliberal?

¡Si quieres la ruptura con lo establecido, prepárate para la guerra!

Al cumplirse el cincuenta aniversario de la visita del presidente Richard Nixon a China, Washington siente que finalmente fracasó en su apuesta diplomática por mantener divididos a la Unión Soviética -hoy Rusia- y China. Pensaba que el paso hacia atrás que daban los comunistas chinos para abrirse a la inversión masiva de capital extranjero para concentrar en la producción y acumulación de riqueza, era una tendencia histórica irreversible que incorporaría al gigante asiático como socio subordinado al poder del capital global. No visualizaron que tanto Mao Zedong, pasando por Zhou Enlai y también Deng Xiaoping, siempre vieron la apertura de China como un mero repliegue táctico para luego de alcanzado niveles superiores de desarrollo y acumulada la riqueza necesaria, bajo su modelo de socialismo de mercado, proceder a dar en ese momento dos pasos adelante hacia lo que hoy llaman “la prosperidad común” y su conversión en el principal de los polos de poder hegemónico en un nuevo mundo multipolar.

China nunca dejó de verse a sí misma como un país socialista, ni dejó su Partido Comunista de ejercer control final sobre la economía. Al Estados Unidos redefinir su relación con China como de enemigos estratégicos, a China no le ha temblado la mano para entrar en una alianza estratégica con Rusia, como parte de lo que constituye su iniciativa estratégica de cooperación y desarrollo global conocida como la Ruta de la Seda, en la que también otras potencias como India y Pakistán son parte. Ya sobre 70 países se han unido, incluyendo en la América Latina y el Caribe a Panamá, Costa Rica, Uruguay, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Cuba y Venezuela. Pues, para China, el nuevo mundo multipolar debe regirse por la cooperación mutuamente beneficiosa y no el conflicto entre intereses excluyentes. Por eso, incluso, en la presente crisis internacional, China insiste en que la solución del conflicto está, en última instancia, en la negociación por vía de la diplomacia, lo que entre otras cosas debe reconocer los legítimos intereses de seguridad de Rusia.

Se comprueba nuevamente que el sistema capitalista no es un régimen que puede aspirar a la conciliación de intereses. Se nos olvida a veces que el capitalismo constituye el primer sistema económico y civilizatorio que aspira a subsumir al mundo todo dentro de sus lógicas y procesos. Para ello, está demostrando que está dispuesto a propiciar una situación de caos e incertidumbre, la conversión del mundo actual en un orden de batalla en que Washington pretende seguir imponiendo su voluntad, aunque sea por la superioridad relativa de su fuerza militar y propaganda de guerra, la cual sigue desplegando cierto control sobre la narrativa del conflicto, auxiliado por la censura abierta de los medios alternativos a los suyos. A pesar de ello, su resistencia al acomodo dentro del nuevo orden mundial que se abre paso, tan sólo ha conducido, por un lado, a una aceleración del declive estadounidense y europeo y, por otro lado y lo que es peor, al precio del increíble sufrimiento que impondrá a la humanidad por aquello de que, en el argot beisbolero, si no se le permite seguir ganando, parece estar decidido a llevarse el bate y la bola.

Nadie debió esperar que fuese posible un nuevo orden mundial multipolar sin esas luchas, tal y como se están librando hoy en ese campo de batalla llamado Ucrania o la librada hace poco en Hong Kong, o el que también se libra hoy en Venezuela, Cuba y Nicaragua. Ya se ha dicho una y otra vez que si es la paz lo que se busca, hay que prepararse también para la guerra, sobre todo ante rupturas geopolíticas o sistémicas.

 

Sobre El laberinto de los indóciles de Mario R. Cancel

 

Especial para En Rojo

Cómo se narra, se piensa, se escribe sobre un país cuyas complejidades coloniales ponían – y aun ponen – en duda hasta el propio término “país”; El laberinto de los indóciles, la más reciente publicación de Mario R. Cancel bajo Editora Educación Emergente, nos presenta todo lo que confluye en el intento. Sin embargo, para comenzar con este breve recorrido por El laberinto de los indóciles me es necesario acercarme al término laberinto. Según el diccionario de la Real Academia Española, dos de las acepciones que tiene la palabra son:

  1. m. Lugar formado artificiosamente por calles y encrucijadas, para confundir a quien se adentre en él, de modo que no pueda acertar con la salida.
  2. m. Composición poética hecha de manera que los versos puedan leerse al derecho y al revés y de otras maneras sin que dejen de formar cadencia y sentido.

Estas, a su vez, me llevan a pensar en los indóciles, ¿eran ellos los que creaban el laberinto?, ¿los que lo habitaban cual minotauro cretense? o ¿los que transitaban por él? En El laberinto de los indóciles el laberinto está formado de caminos y encrucijadas – aunque no del todo artificiosas – que estos indóciles decidieron transitar utilizando como hilo el discurso para presentar esos caminos “al derecho y al revés y de otras maneras sin que dej[aran] de formar cadencia y sentido”. Los indóciles a los que se hace referencia en el libro, no solo habitaban el laberinto sino que le dieron forma de acuerdo a los caminos que decidieron recorrer. Por otro lado, pienso en el libro, en sí mismo, también como un laberinto. No tanto porque cumpla con las características antes mencionadas en la definición sino porque es un libro sobre historiografía realizado por un historiador que, cuando más o cuando menos, está historiografiando. Por lo tanto, para que transitemos por él, me parece preciso delimitar al menos tres de los múltiples caminos que el libro presenta. Los caminos que este libro nos presenta no están formados en cemento, las paredes de este laberinto son más bien arbustos cuidadosamente podados que, por sus propias ramificaciones, nos permiten ver entre las hojas sus espacios de convergencia. Es decir, al leer el libro El laberinto de los indóciles logro identificar al menos tres de las formas en las que podemos acercarnos al texto que se relacionan entre sí: siempre reconociendo que el hilo conductor lo será el discurso como herramienta de la historiografía puertorriqueña en el siglo diecinueve.

Si me permiten, desearía entonces que todos asiésemos el hilo que nos guiará entre las letras que Cancel nos ofrece para así, de la mano, no perdernos por alguno de esos caminos. El texto ubica el pensamiento puertorriqueño no solo dentro de su relación colonial con España y dentro de las corrientes filosóficas eurocéntricas sino alrededor de lo que ocurría en la antillanía caribeña. Por tanto, el libro resulta valioso para quien, aficionado a la historia como saber o a la historia de Puerto Rico como campo de conocimientos, quiera acercarse a ella desde una perspectiva que sacude los modos oficialistas en los que se nos ha enseñado. Las figuras emblemáticas y sus acercamientos a los eventos que en él se estudian se presentan dentro de un panorama que posibilita ver cómo convergen y divergen sus recuentos sobre esos eventos a partir de sus ideales y lealtades: el asunto no es pasar juicios sino mostrar las razones que estos tenían para hacerlo y los modos en que lo hacían. En él, los planteamientos de Betances Alcalán, Hostos Bonilla, Tapia y Rivera, Brau Asencio, Abbad y Lasierra y Pedro Tomás de Córdova entre tantos otros serán presentados desde una óptica crítica que reconoce los vínculos entre discurso, ideología e historiografía. Así pues, quien desee leer el libro por el puro amor a la lectura y a la historia tendrá un nuevo acercamiento a esta sin sentirse perdido entre sus páginas. Mientras que quien desee acercarse a El laberinto de los indóciles siendo experto en el tema, encontrará en él un nicho exquisito para establecer un diálogo no solo con el autor sino con los discursos historiográficos que este presenta.

Por otro lado, el término “historiografía” me lleva al segundo camino que intereso recorrer, el de la historiografía como creación discursiva. Mientras leía, no podía evitar pensar que El laberinto de los indóciles era una especie de poética sobre “el arte creativo de historiografiar”. Dice Cancel entre sus páginas que “en el siglo 19 el historiador como autor es quien decide lo que se recuerda y lo que se olvida” (157) pues “[t]odo se reduce a pistas y posibilidades, como el papel que cumplió el hilo en el mito de Ariadna, Teseo y el Minotauro”(79). Por esto mencioné al inicio que el indócil se convierte a su vez en una especie de criatura que no solo recorre el laberinto sino que utilizando el hilo discursivo le va dando la forma que desea. Ante ese panorama, el libro se convierte en una doble propuesta. Por un lado surge como una guía para el historiador y por otro, es un reto que motiva a quien lee, a acercarse a la historiografía como discurso, y como tal, analizarlo con herramientas propias de quien estudia literatura: indagar, cuestionar y problematizar. Es la doble posibilidad de contestar las preguntas ¿quién escribe?, ¿para quién escribe? y ¿desde donde escribe? desde el terreno de quien redactará y del de quien leerá. En El laberinto de los indóciles se reconoce que las palabras, en sí mismas, se convirtieron en herramientas rectoras de proyectos políticos y que mucho de lo que subyace en el modo en que nos relacionamos con nuestra historia como país tiene que ver con el sujeto que la escribe y la divulga y no tanto con el evento en sí mismo: dependía de la relación que tenía quien la escribía con las estructuras de poder político-económico del momento. Así también no solo lo dicho sino lo omitido, parecería decirnos Cancel, cobra relevante importancia a la hora de acercarnos a los textos cuya finalidad es construir el pasado histórico del país: los silencios importan y por eso es preciso identificarlos.

Finalmente, el tercer camino me parece que más bien lo decidí construir yo, debo aceptarlo, al ver en el libro un marco para problematizar los discursos – pasados o presentes – a la luz del carácter subjetivo que cualquier discurso carga. Leer El laberinto de los indóciles fue acercarme a una guía sobre cómo escribir y cómo leer los eventos que ocurren en el país, en la actualidad, en tiempos en donde la mediatización de todo es un hecho que parece obligar a las personas a posicionarse ante todo de manera inmediata. Pensar como país, pensar al país, y pensar dentro/fuera del país, son asuntos tan mediatizados que continuamente recibimos un bombardeo de información que con sus silencios y visibilizaciones promueve con una velocidad impresionante un sinnúmero de ideologías que están cubiertas de un falso manto de objetividad. El laberinto de los indóciles es una apuesta a la lectura que sospecha, que cuestiona, que indaga. Del mismo modo, es un marco de referencia para otros investigadores que quieran insertarse al diálogo: a través de todo el texto, el autor se encarga de dejar diversas preguntas abiertas en espera de que alguien se apropie del proyecto y lo trabaje.

El laberinto de los indóciles nos hace parte de las discusiones que se gestaron en el siglo diecinueve y que sin duda tienen remanentes en el modo en que nos acercamos a la manera en que pensamos al país. Al final corroboramos que existió “[…]una discursividad que nunca se puso de acuerdo, nunca fue homogénea y que se apropió de la identidad y de la puertorriqueñidad de manera creativa […]” (Cancel 15) y para los que nos preguntamos, pensando en Benedict Anderson en la lejanía, ¿y qué pasó? ¿por qué no funcionó?, el hecho de que nunca se pusieran de acuerdo ni fuera homogénea – discursivamente hablando- es una de las razones, la segunda la ofrece el mismo escritor, pues sentencia que esa discursividad terminaba “[p]oniendo la historia y la memoria del pasado al servicio de causas que chocaban la una con la otra” (15). Si bien el libro establece que no tiene la intención de pensar asuntos contemporáneos, para aquellos de nosotros que hemos estado conscientes de las situaciones sociopolíticas de nuestro país hasta la actualidad, el libro en general nos parecería señalar otro camino más: una ida al pasado que nos aclara el presente. Es justo ese el camino en el que me quedé porque reconozco que ir al pasado, recorriendo el laberinto discursivo que por siglos se ha gestado, es una tarea que requiere un hilo mucho más sólido que el que cargo y temo entrar en él para luego no encontrar la salida de regreso.