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Santiago Apóstol, Vejigantes y la Fundación Eugenio Granell

En Rojo

Cuando uno mira las obras de [Eugenio] Granell, pinturas al óleo, dibujos, fotomontages… se queda sorprendido por la homogeneidad que recorren tantos años de trabajo, como si se tratara para él de seguir una sintaxis iconográfica que se ha resuelto bastante pronto y que le deja, luego, una total libertad para proponer unas imágenes en las cuales el aspecto narrativo está más que presente, se hace incluso necesario. (Ramón Tío Bellido)

Hace poco regresé de una visita a varios pueblos en la parte norte de Portugal y a Santiago de Compostela en España. El viaje tuvo el doble propósito de dar una charla sobre las Fiestas de Santiago Apóstol (especialmente el personaje enigmático del Vejigante) de Loíza, Puerto Rico, en la Fundación Eugenio Granell en Santiago y de fotografiar máscaras (y personajes) de “diablos” ibéricos dentro de las recurridas festividades de carnaval en Lazarim (municipio de Lamego en el distrito de Viseu) y Podence (municipio de Macedo de Cavaleiros en el distrito de Bragança) en Portugal. Escribiré de los carnavales en otro momento para concentrar en la Fundación Granell.

Recibí una invitación de Natalia Fernández Segarra, directora de la Fundación Eugenio [Fernández] Granell (y la hija del artista), varios meses después de haber publicado An Archipelago of Caribbean Masks (Isla Negra/Ian Randle) en abril de 2019. Ella había recibido una copia a través del estudioso puertorriqueño William Acevedo, y como la sección sobre la máscara del Vejigante de las fiestas de Santiago Apóstol en Loíza es central al enfoque del libro, decidió invitarme a Santiago de Compostela para dar una charla en la Fundación.

Entonces intervino la pandemia de COVID-19 y la espera. Cuando nos comunicamos de nuevo en noviembre de 2021 acordamos en el 3 de marzo, fecha justamente después de la celebración del entroido (martes de carnaval) y miércoles de ceniza para que también pudiera seguir mi otro proyecto de documentar las máscaras precristianas ibéricas de Portugal.

Como la gran mayoría de puertorriqueños, no sabía mucho del pintor gallego surrealista Eugenio Granell ni de la fundación (museo) dedicada a su obra de vida. Es una situación curiosa porque Granell es parte de la historia moderna de Puerto Rico y su desarrollo artístico e intelectual. Al igual que Juan Ramón Jiménez, Pau Casals, Carlos Marichal, Federico de Onís, Sebastián González García-Paz, entre otros, invitado por el entonces rector Jaime Benítez, Eugenio Granell fue profesor de la Universidad de Puerto Rico y residente aquí durante siete años (1950-57). Dejó un historial de estudiante-artistas que incluye Juan Maisonet Crespo, Roberto “El Boquio” Alberty, Otto Néstor Bravo, Frances del Valle, Rafael Ferrer, Cosette Zeno y los otros participantes del grupo “El Mirador Azul”, lo que hace a Granell el “padre” del surrealismo puertorriqueño. En 2014, José Correa Vigier organizó la exposición “Camino al Mirador Azul” uniendo pinturas de Granell, Maisonet, del Valle, Zeno y Ferrer en la Galería de Arte de la Universidad de Sagrado Corazón. Más reciente ese mismo conjunto de obras forma parte de la amplia colección de surrealistas internacionales que compone la exposición “Surrealism Beyond Borders” del Museo Metropolitano de Nueva York (octubre de 2021) que ya se ha traslado a la Galería Tate (febrero de 2022) de Londres.

En El país (España) del 5 de marzo de 2022, Juan Gallego Benot escribe sobre la posición clave de Granell entre los surrealistas de esta exposición de, además de Puerto Rico, países como Cuba, Colombia, México, Egipto, Irán, Japón, Siria, Tailandia y Turquía: “La exposición dedica especial atención a estos apátridas, como Eugenio Granell (1912-2002), gallego militante en el POUM durante la Guerra Civil y exiliado en Francia, donde vivió el horror de los campos de concentración para luego ir a París, donde encontró en contacto con los surrealistas, y más tarde en República Dominicana, Guatemala y Puerto Rico, lugares a los que importó el surrealismo dando clases de dibujo. Su estilo, forzosamente híbrido, encaja a la perfección en el relato ampliado del surrealismo que rige la exposición, a la vez que reclama una interpretación del movimiento vanguardista como fundamentalmente ectópico”.

Parece que las obras de Granell, sus colaboradores puertorriqueños y otros surrealistas caribeños como el gran pintor cubano Wifredo Lam todavía lucen en el amplio horizonte del arte moderno-contemporáneo. De hecho, los estudios del surrealismo europeo continúan señalando a Salvador Dalí, Joan Miró y Eugenio Granell –dos catalanes y un gallego—, el cubano Lam y el francés André Masson como los artistas plásticos destacados del movimiento.

De haber sido estudiante de violín, después de la Guerra Civil se transforma en artista plástico surrealista. Se encuentra y entrevista a André Breton durante su exilio en la Republica Dominicana, y desde Santo Domingo hasta Guatemala y entonces su mudanza a Puerto Rico en 1950 su desarrollo y productividad creativa asombran. Establecido en la Universidad de Puerto Rico, fue ya maestro de su oficio y figura de atención internacional, y especialmente de la comunidad de artistas exiliados en Nueva York como Marcel Duchamp, Max Ernst, Marc Chagall y otros dadaistas, surrealistas y expresionistas abstractos.

En 1957, se muda a Nueva York, donde además de reconocimiento crítico, termina un doctorado y desempeña como profesor y artista residente en la Universidad de la Ciudad de Nueva York hasta su regreso definitivo a España en 1985. Por un lado, los pasos de Granell en Puerto Rico parecen borrarse después de los años 1950, y por otro, la fama que ganó en Nueva York deja poca huella en la España de Franco.

Explica Ramón Tío Bellido: “Es decir, y esto no acaba de sorprender, que ha habido que esperar su regreso a España para que, aunque tarde, se dediquen manifestaciones que permitan reconocer la cualidad y la importancia de su trabajo. . . . No creo que sea muy útil averiguar las causas de dicho ‘olvido’ que pueden deberse a varias razones, y en primer lugar la del ‘exilio’, pero, sin ninguna duda, el hecho de que este artista haya sido miembro del POUM bastaría ya para entender más la distancia en la cual —y con la cual— se ha quedado alejado de un problemático reconocimiento nacional. . . . Y además —y no ‘sobretodo’— el vivir en países latino-americanos parece haber complicado todavía más la tarea de su alejamiento patriótico”.

Diferente a otros compañeros exiliados en Puerto Rico, Granell había sido combatiente en la Guerra Civil y militante del pro-Trotskista, anti-Estalinista POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) y su proyecto surrealista debe haber parecido radical dentro del ambiente cultural del recientemente establecido Estado Libre Asociado. Por eso, tal vez, una especie de “olvido” empezó a borrar su huella en Puerto Rico después de su traslado a la ciudad de Nueva York a finales de los 1950.

El punto aquí –porque no hay espacio– no es explorar como tal el arte de Granell (artista plástico, cuentista, dramaturgo, ensayista, sociólogo, historiador político y coleccionista) tanto como desvelar la exposición de sus obras y textos en la fundación ubicada en el casco antiguo de Santiago de Compostela que conlleva su nombre y que se dedica a ser el museo único dedicado al Surrealismo.

Lo primero que impresiona sobre la Fundación es cómo muestra la magnitud de la productividad de Granell desde 1941 a su muerte en 2002 –sesenta años sin parar de crear tanto en términos plásticos-visuales como textuales-intelectuales. Parece haber sido un dínamo de acción y expresión perpetua. Hay salas de exposición, la biblioteca, los archivos y las bóvedas de obras no en exposición y una librería con textos (muchos escritos por él o sobre Granell y el surrealismo) y otros artefactos relacionados al artista y las actividades de la Fundación.

La biblioteca tiene amplia base en su biblioteca personal además de la colección del artista inglés Phiiip West y se aumenta continuamente como un centro de estudio del surrealismo. Hay otras salas históricas dedicadas a la Guerra Civil y especialmente el papel del POUM y mostradores de fotos y documentos de su juventud, su marcha al exilio, primero en el sur de Francia en los campos franceses de concentración para los exiliados y entonces brevemente a Paris antes de evadir la invasión Nazi para llegar al Caribe.

Cada país de su exilio –República Dominicana, Guatemala, Puerto Rico, Nueva York—está representado a través de fotos, textos y artefactos. La documentación de los años 1950 en Puerto Rico es especialmente instructiva por la familiaridad de los nombres, caras y lugares. Ver la cara brillante de Victoria Espinosa al lado de Juan Maisonet Crespo o el joven poeta Roberto “El Boquio” Alberty (padre del querido y recién fallecido colega-amigo Carlos Alberty) o el multifacético artista plástico y escenógrafo Carlos Marichal (original de Islas Canarias) dentro del ambiente de sus compañeros exiliados, entre muchos otros, es especialmente gratificante.

Además de su historia personal, el museo ofrece una sala dedicada a su pintura y otra sala de Surrealismo que incluye trabajos de amigos suyos como Duchamp, Breton, Max Ernst, Francis Picabia y Juan Maisonet, entre mucho otros. El surrealista inglés y residente en España Philip West donó casi la totalidad de su obra y biblioteca a la Fundación, que dedica una sala a una muestra de sus cuadros.

Hay una sala reservada para el trabajo de su esposa, Amparo Segarra, reconocida dentro del campo surrealista como artista de collage y fotomontaje y otra colección de las colaboraciones de Segarra y Granell. Su estudio de trabajo también está reconstruido como parte de la exposición permanente.

Fotos suministradas por el autor

Dentro de los varios pisos y múltiples salas de exposición, también hay un salón de artes populares –“La colección étnica”: tambores de la República Dominicana, máscaras de madera de las luchas festivas entre moros y españoles de Guatemala, árboles de la vida de México, “kachinas” originarias norteamericanas, máscaras africanas, santos de palo de Puerto Rico y muy felizmente una colección de siete máscaras rústicas de coco de Vejigantes de Loíza. La colección incluye una máscara icónica de Castor Ayala que probablemente es la más “moderna”, porque está pintada en el estilo y con los colores que marcan la transformación de la máscara que hizo Ayala y que domina su forma hasta el día de hoy.

Las otras máscaras son más oscuras, sus tonos más naturales y sus aspectos más crudos y amenazantes. Fuera de la sección de la “Herencia Africana” del Museo de las Américas en el Cuartel de Ballajá esta es la colección de máscaras históricas de Loíza más impresionante que he visto. Son máscaras de los 1950, o antes –máscaras que ya no se encuentran en Puerto Rico– y descubrirlas en Santiago de Compostela y dar una charla sobre el carácter enigmático de Santiago Apóstol y los Vejigantes de Loíza frente a ellas me llenó de orgullo a la vez que me hizo sentir profundamente privilegiado.

Cada año cientos, si no miles de puertorriqueños viajan a España para seguir uno u otro de los caminos de Santiago para llegar a la catedral de Santiago de Compostela. La Fundación Granell queda en una línea directa solamente cuatro cuadras de la catedral dentro del mismo casco antiguo de la ciudad. Allí pueden visitar y descubrir un pedazo de la historia, arte y cultura de Puerto Rico.

Agradezco a Natalia Fernández Segarra, directora, Paula López Ojea, administración, Teresa Taboada, secretaria técnica y el resto del equipo profesional y técnico por la amabilidad de su recepción y la generosidad de su ayuda en el manejo de cada detalle de nuestros días en la Fundación Eugenio Granell. Si hay interés en la charla, está disponible a través de la pagina de la fundación:https://www.fundacion-granell.gal/2022/03/01/el-enigma-de-santiago-apostol-y-su-corte-caribena/

Betances y la abolición de la esclavitud en Puerto Rico en 1873

 

Los esclavos en Puerto Rico, por medio de rebeliones y fugas de las haciendas como cimarrones, estuvieron luchando intensamente por su libertad desde finales del siglo 18. A partir de mediados del siglo 19 contaron con el apoyo y solidaridad de abolicionistas reformistas y revolucionarios en España y en la colonia. La abolición en 1873, en definitiva, hubo de lograrse en un contexto político favorable en España y gracias a las luchas de los esclavos mismos y los abolicionistas puertorriqueños.

La Revolución Gloriosa

El 18 de septiembre de 1868 dio inicio la revolución que derrocó a la reina Isabel II, hija y heredera al trono de Fernando VII de la dinastía Borbón. Entre 1808 y 1814 sucedió la Guerra de Restauración de la Independencia de España, hecha en nombre de Fernando VII, contra la Francia invasora encabezada por el emperador Napoleón Bonaparte.  Contrario a todas las intenciones liberales y democráticas de la mayoría de los españoles, al que llamaron primero “El Deseado”, una vez derrotada Francia y restaurado en el poder, el rey abolió la Constitución liberal de 1812 e impuso la monarquía dictatorial (también llamada absolutista); en lo sucesivo se le llamó el rey Felón.

La Revolución Gloriosa dio paso al Sexenio Democrático de 1868-1874. “Democracia” con muchas limitaciones, exclusiones y prohibiciones.  Una coalición de partidos políticos que en su mayoría favorecía una monarquía constitucional, y una minoría que abogaba por la República sin reyes se alternaron en el poder en seis ocasiones. Se les hacía difícil o imposible establecer mayoría en el Congreso para formar los gobiernos.   A falta de acuerdo interno, incluso aprobaron la aberración de poner en el trono a un rey nominal italiano, Amadeo I Saboya, del 2 de enero de 1871 al 10 de febrero de 1873, cuando abdicó.

En junio de 1872 el Partido Progresista Democrático Radical asumió el gobierno con Manuel Ruiz Zorrilla como presidente. Pero España en todo ese período se caracterizó por la inestabilidad política.

 

La colonia atropellada

A España le quedaban solo dos colonias en América; Puerto Rico y Cuba. Con el Grito de Yara del 10 de octubre de 1868 se desplegó la Guerra de los Diez Años por la independencia de Cuba. El Grito de Lares del 23 de septiembre de 1868 por la independencia de Puerto Rico fue derrotado militarmente; a lo que siguió una represión política despiadada hasta 1870. Estaba prohibido abogar por la independencia, por lo que los revolucionarios tuvieron que organizar y actuar siempre de forma secreta y clandestina.

Mientras tanto, en el escenario político legítimo o permitido el Partido Conservador (Incondicional Español) y el Partido Liberal Reformista disputaron la representación en la Diputación Provincial (legislatura) y en la municipal y la de Diputados a Cortes, como todavía se le llama al Congreso español. En el contexto de la Gloriosa, a Puerto Rico se le concedió elegir 11 representantes y a Cuba 18. Durante el gobierno progresista de Ruiz Zorrilla, y sucesivamente durante la Primera República que duró apenas del 11 de febrero de 1873 al 29 de diciembre de 1874 (derribada por un golpe militar) los liberales pudieron lograr ciertas reformas. Los liberal-reformistas defendían sus posturas en los periódicos La Razón y El Progreso.  En ese espacio fue que el gobierno de la República, siendo presidente Estanislao Figueras, accedió a abolir la esclavitud el 22 de marzo de 1873.

El Partido Conservador era el principal opositor a la abolición inmediata de la esclavitud y a las reformas que otorgaran más poder a los puertorriqueños. Para ellos las reformas eran la antesala de la independencia. Estaba integrado por la clase de hacendados esclavistas y comerciantes monopolistas, principalmente españoles. Sus puntos de vista eran promovidos y expuestos en el Boletín Mercantil de Puerto Rico, fundado en 1839. La Gaceta de Puerto Rico era el periódico oficial del Gobierno. Casi siempre estaban en sintonía.

Los conservadores estaban dirigidos por ricos con pretensiones nobiliarias: José Ramón Fernández, Marqués de la Esperanza, puertorriqueño de nacimiento, español de ideología, dueño de la Hacienda la Esperanza (Manatí), ahora museo agroecológico; Juan Bautista Machicote Yrizarri, Marqués de Machicote, Jefe Político y de Orden Público, y hacendado azucarero en Carolina; Pablo Ubarri Capetillo, Conde de Santurce y dueño del Boletín Mercantil, entre otros. En la Asamblea del Partido Conservador en el Teatro Municipal de San Juan, el 4 de agosto de 1872, según documenta el historiador Lidio Cruz Monclova, tildaron a los liberal-reformistas de “traidores y malos españoles” y declararon “guerra cruda” contra ellos.

Durante las elecciones de diputados al Congreso, entre el 24 y 27 de agosto de 1872, por ejemplo, esas tropelías que en el siglo 20 se asocian a los fascistas de Italia y nazis de Alemania, se materializaron en coerción y multas a electores para que votaran por los conservadores y al uso de elementos del Ejército, la Guardia Civil (cuerpo policiaco) y el Instituto de Voluntarios (cuerpo militar compuesto de civiles conservadores) contra el pueblo. En San Juan, señala Cruz Monclova, una turba recorría las calles ocasionando desorden y amenazando con invadir la Fortaleza, secuestrar al gobernador y embarcarlo a España. Del 30 de julio al 25 de noviembre de 1872 el general Simón de la Torre, de rara orientación reformista, gobernó la colonia. Este tuvo que tomar medidas para reprimir y contener a los conservadores. El 24 de diciembre de 1872 el gobierno del Partido Progresista presentó al Congreso el proyecto para encaminar la abolición en Puerto Rico; (Historia de Puerto Rico, siglo XIX, Tomo II Primera Parte, 1979).

La abolición inmediata (no gradual) de la esclavitud era promovida tanto por reformistas como por revolucionarios puertorriqueños. De hecho, fue uno de los principios políticos y morales de la revolución independentista de 1868, y promovida por su líder el Dr. Ramón Emeterio Betances. Sin embargo, en casi todos los textos de historia y en la propaganda partidista autonomista el logro de la abolición se lo adjudican a la campaña de la Sociedad Abolicionista Española, dirigida por el puertorriqueño Julio Vizcarrondo Coronado, a las gestiones de los diputados reformistas como Román Baldorioty de Castro, José Julián Acosta, Francisco Mariano Quiñones, y otros; y al diputado Rafael María de Labra (nacido en Cuba, criado en España), tenido como el decano de los autonomistas de Puerto Rico y Cuba. La lucha de los propios esclavos generalmente es ignorada en el discurso reformista.

Los conservadores se valieron del Boletín Mercantil, especialmente, para atacar a los reformistas. En sus artículos, frecuentemente, se referían al dirigente del Grito de Lares, Betances, a quien odiaban a muerte; y al espectro de Segundo Ruiz Belvis (muerto en noviembre de 1867) y cuyo recuerdo todavía hacía cundir el pánico entre los reaccionarios.

José Pérez Moris, autor de Historia de la insurrección de Lares (1872) y director del periódico conservador, fustigaba continuamente a los reformistas y advertía contra las repetidas conspiraciones independentis- tas. En el artículo “Refutación”, firmado por Escarricaseo, rechaza artículos en El Progreso y La Razón en que, para negar el auge independentista en el pueblo, alegaban que mucho de lo expuesto por Pérez Moris eran inexactitutes y “un enjamblre de farsas”: “¿Cómo podrán negarnos, por ejemplo, los ultra-reformistas que no fue cierto el movimiento separatista de 1838, habiendo una causa fallada y ejecutada, y cuando aquellos desagradables sucesos pasaron a la vista de todo el mundo?”. Los reformistas hacían todo lo posible por minimizar el apoyo a la independencia en Puerto Rico, que no los confundieran con independentistas, y por aparecer en no pocas ocasiones como igual o más que los españoles; eso es parte del retrato del colonizado.

En su réplica el autor con el curioso seudónimo preguntaba también: “¿Cómo podrán negarnos que la vida del puerto-riqueño Betances ha sido y es, una no interrumpida serie de trabajos separatistas, y cuando existen datos irrecusables que prueban esto hasta la saciedad?” (Boletín Mercantil de Puerto Rico, Año XXXIII, Núm. 6, domingo 12 de enero de 1873, p. 2).

Un fantasma recorría a Puerto Rico, el fantasma del revolucionario Betances.

 

El reformismo desnudo

El Boletín Mercantil, operando también como bureau de la inteligencia de la clase dominante colonial, estaba muy atento a los movimientos y escritos de Betances. Se mantenía lo más actualizado posible sobre sus pasos. Él era tan temido como respetado como contrincante político por su prestigio en el país y su reconocido liderazgo.

Ramón Emeterio Betances formaba parte de la generación de pocos universitarios puertorriqueños de 1848, doctor en medicina de la Universidad de París, con fama de “médicos de los pobres”, dirigente de la revolución independentista de 1868 y abolicionista ardiente. Sobre Betances hay una bibliografía extensa. Consúltese: Félix Ojeda Reyes, El Desterrado de París. Biografía del Dr. Ramón Emeterio Betances,1827-1898 (San Juan: Ediciones Puerto, 2001); Paul Estrade, En torno a Betances: hechos e ideas (San Juan: Ediciones Callejón, 2017); Ada Suárez Díaz, El Doctor Ramón Emeterio Betances y la abolición de la esclavitud. Tercera edición revisada (San Juan: ICP, 2005), entre otros.

Los ideólogos del colonialismo, indudablemente hábiles fabricantes del engaño, procuraron la oportunidad para hacer coincidir su punto de vista reaccionario hasta con el de revolucionario. Ellos pretendieron hacer creer que los intereses de clase y correspondientes políticos del Boletín Mercantil coincidían con los de Betances en las observaciones sobre el reformismo colonial y sus consecuencias.

El artículo titulado “El reformismo desnudo”, sin identificar autor, del Boletín Mercantil del 9 de febrero de 1873 comienza con el lamento siguiente: “Como era natural ante las desdichadas reformas que ha acogido el ministerio radical, los más declarados enemigos de España alzan un clamoreo general de alegría, y predicen que, resuelta que sea la cuestión social tal como se ha presentado, e introducidas que sean otras innovaciones anunciadas, la independencia de las Antillas es una consecuencia inmediata”. Una de las artimañas discursivas de los conservadores era (y es) la de exagerar y alarmar para incitar y justificar la represión política; (“El reformismo desnudo”, Boletín Mercantil de Puerto Rico, Año XXXIII, Núm. 18, 9 de febrero de 1873, p. 2).

La cuestión social a que se referían era la de la abolición de la esclavitud; la cuestión política era la de la situación colonial de Puerto Rico. Por supuesto que la abolición no conllevaba la independencia, que no estaba en los objetivos de ninguno de los gobiernos del Sexenio Democrático por más “radical” o “progresista” que tuviera uno de los partidos políticos en su nombre. Pero el asunto social, ciertamente, tenía a los hacendados esclavistas bien inquietos y con razón.

La innovación de la abolición inmediata no era una medida meramente reformista. Cuando se trata de un cambio radical de unas relaciones sociales de producción, en este caso las esclavistas, realmente eso es un acto revolucionario; aunque sea por decreto desde arriba y de una instancia imperial exterior como la del Gobierno de España. Usualmente este tipo de cambio fundamental en la historia ha sido el resultado de una revolución armada llevada a cabo por unas clases medias y/o populares contra el sistema socioeconómico y político establecido. Por ejemplo, la Revolución Francesa de 1789 de la burguesía capitalista contra la monarquía y aristocracia feudal y señorial. Pero la acción institucional de España, realmente, estuvo precedida y abonada por un proceso histórico revolucionario que se calentó desde el interior y abajo por las clases oprimidas en Puerto Rico.

“El conocido laborante puerto-riqueño D. Ramón Emeterio Betances ha publicado en París un largo manifiesto en que se atribuye las reformas, no al partido que gobierna, sino a la presión extranjera, haciendo un largo catálogo de cargos a la nación y burlándose de Castelar, de los radicales y de todos los cándidos que creen que con reformas se destruye el insurgentismo”, escriben en el segundo párrafo del artículo citado. El Castelar aludido era Emilio Castelar, partidario de la República (para España…).

¿Qué manifiesto era ese de Betances? Se trata del texto, “La abolición de la esclavitud en Puerto Rico y el gobierno radical y monárquico de España”. En la historiografía puertorriqueña este texto fue publicado en la antología editada por Carlos M. Rama, Las Antillas para los antillanos (San Juan: ICP, 1975, pp. 70-78). Rama (1921-1982) fue un sociólogo e historiador uruguayo, estudioso de Betances y de la lucha por la independencia en las Antillas, y del movimiento obrero latinoamericano; autor de La idea de la Federación Antillana en los independentistas puertorriqueños del siglo XIX (Río Piedras: Ediciones Librería Internacional, 1971), entre otros.  El historiador francés Paul Estrade consiguió la ficha bibliográfica del folleto de Betances con fecha del 29 de diciembre de 1872, y publicado unos días después (París: Imp. De Rouge frères, [1873); Paul Estrade, Editor, Betances. Obras Completas, Volumen XV Bibliografía (San Juan, Zoom Ideal, 2018; p. 54).

Rama opinó que el texto, “posiblemente uno de los primeros de Betances al reinstalarse en París en 1872”, no tenía el propósito de ser introducido en la isla, sino que estaba dirigido al público de España e Hispanoamérica en general. Los redactores del Boletín Mercantil, en cambio, escribieron en una nota al calce: “Impreso en español, es evidente que no lo hizo el autor para que circulara en Francia, sino en las Antillas y particularmente en Puerto Rico. Sabemos que la Autoridad anda alerta con los escritos clandestinos, pero ignoramos si habrá logrado interceptar los millares de manifiestos que Betances habrá enviado a esta isla”. Otra posibilidad es que tuvo ambos propósitos y lo más lógico es que se intentara introducir en Puerto Rico donde era más pertinente. En el Boletín Mercantil no dijeron cómo cayó en sus manos, pero les llegó.

Betances afirmó que ni a la España progresista, radical o de los republicanos “tan hábiles en la palabra como lentos en la acción” les correspondía la gloria de la abolición. “Mucho ruido viene haciendo en el mundo el gobierno radical y monárquico de España, con su decreto de abolición inmediata de la esclavitud en Puerto Rico”, él observó. Contrario a la tergiversación del Boletín Mercantil no fue principalmente a la “presión extranjera” a la que cedió el gobierno español. Hubo factores externos pero también internos poderosos y muy concretos de las Antillas coloniales. Es típico de la ideología reaccionaria atribuir conflictos sociales y políticos a instigaciones y “conspiraciones” provenientes de otros países y negar las contradicciones y factores propiciadores de sus propias relaciones de dominación e internos en cada caso. Betances lo que dijo fue: “Justo es, por lo tanto, reducir las cosas a sus naturales proporciones, darles su valor verdadero y atribuir solamente a cada cual lo que le pertenece”. El gobierno de España llegó a la abolición de Puerto Rico en 1873 a empujones, ya no podía eludir o posponer más la cuestión y calculó que le convenía. No fue por su benevolencia y sensibilidad humana espontánea.

Betances hizo una síntesis histórica de los esfuerzos abolicionistas precedentes. Recordó que en 1817 Inglaterra y España llegaron a un acuerdo (a instancias del primero) de suprimir el tráfico de esclavos; Inglaterra proporcionó 400,000 libras esterlinas (moneda británica)  para indemnizar a los comerciantes esclavistas. El gobierno de España, denunció Betances, lo que hizo fue comprar cuatro barcos de guerra y se mantuvo el contrabando de esclavos a Puerto Rico y Cuba. En investigación académica posterior, el historiador Arturo Morales Carrión documentó, por ejemplo, las actividades de los traficantes  de esclavos Casimiro Capetillo y Okeri dueño de la goleta Zema, Santiago Comas al mando de “la goleta espa؜ñola La Preciosa” y otros, incluso con la complicidad de gobernadores como el general Miguel de la Torre (quien ortorgaba licencias…), en la década de 1830. Dedica un apartado al caso del “encallamiento” (¿la fachada?) del barco Majesty, en la costa de Humacao, que en febrero de 1859 aprovecharon para suministrar más de 800 esclavos negros declarados “emancipados”, pero realmente re-esclavizados a diversos hacendados (especialmente azucareros), entre ellos el conservador Machicote,  en el país; estos y otros datos en su obra, Auge y decadencia de la trata negrera en Puerto Rico, 1820-1860 (San Juan; Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe / ICP, 1978). Betances se hubiese deleitado, e indignado más de conocer,  y a la vez reconocer los hallazgos de la ciencia histórica.

Otro tratado contra el tráfico esclavista en 1845, señaló Betances, igualmente fue burlado por “los piratas africanos” y “los negreros de Cuba y Puerto Rico”, con la corrupción de gobernadores sobornados. Betances destacó el hecho de la abolición de la esclavitud en las colonias francesas propiciada por la revolución de 1848 (cuando él iniciaba estudios en París) y el rol importante del ministro Víctor Schoelcher. Así mismo hizo notar el grito de libertad para los esclavos demandado de todos los rincones de América.

Con respecto a Puerto Rico, en particular, Betances puntualizó varios hechos en el país que también abonaron el camino abolicionista: (1) las sociedades secretas organizadas en 1858 “para liberar a los recién nacidos” (alusión al pago de 25 pesos en la pila bautismal con que compraban su libertad), y otra “que se ocupa de embarcar y dirigir hacia las islas vecinas o a los Estados Unidos” a esclavos prófugos;  (2) la participación de los comisionados Segundo Ruiz Belvis, José Julián Acosta y Francisco Mariano Quiñones en la Junta de Información de Ultramar en Madrid en 1866-67, exigiendo radicalmente “la abolición inmediata, con indemnización o sin ella, con organización o sin organización del trabajo”. Esa y otras peticiones de reforma política y económica fueron burladas por el entonces gobierno conservador del ministro Antonio Cánovas de Castillo cuando todavía reinaba Isabel II; el Informe sobre la abolición de la esclavitud en Puerto Rico que Quiñones (autonomista) indicó fue de autoría de Ruiz Belvis (independentista) fue publicado con el título, Proyecto para la abolición de la esclavitud en Puerto Rico (Río Piedras: Editorial Edil, 2008).

Y aunque no se logró en 1868, (3) subrayó la abolición revolucionaria de la esclavitud como uno de los  principios políticos del Grito de Lares: “La insurrección puertorriqueña, tan desgraciadamente iniciada y sofocada en Lares, que llevaba en su programa, no solamente la abolición de la esclavitud, sino el reconocimiento, para el esclavo, de todos los derechos del ciudadano, tuvo al menos por resultado eficaz el hacer ver a los españoles que los puertorriqueños no podía soportar por más tiempo la ignominia de tan odioso yugo”. Los esclavos, junto a la clase de los jornaleros (la más numerosa del país), tomaron parte en el Grito de Lares. Alrededor de 50 (10%) figuran entre los sobre 600 arrestados; sin incluir los no capturados; véase Francisco Moscoso, La Revolución Puertorriqueña de 1868: el Grito de Lares (San Juan:  ICP, 2003).

En cuanto al sistema de producción en Puerto Rico, lo que venía sucediendo progresivamente desde la década de 1830, especialmente, era la disminución del trabajo de campesinos agregados y de esclavos, y la formación y crecimiento de la clase de jornaleros. Para el 1867, el total de esclavos en Puerto Rico cifraba alrededor de 40,000 en una población de 650,000; la mayoría de la población se componía de familias jornaleras. Casi 40% de los presos del Grito de Lares eran jornaleros. Como apuntó Betances, después del empuje revolucionario en España y en Puerto Rico de 1868, “el pueblo entero de Puerto Rico manifiesta de tal modo sus opiniones que se cuentan por millares los esclavos a quienes los propietarios han entregado espontáneamente la libertad”. Esta afirmación tiene un sólido respaldo documental. En el Archivo Histórico Nacional (AHN) de Madrid, sección Ultramar, Legajo 5100, hay cerca de 200 expedientes titulados Relación de esclavos emancipados de la isla de Puerto Rico, entre 1871 y 1873. Esa documentación está accesible en el Portal de Archivos Españoles, en internet, y solo aguarda la iniciativa de algún o de algunos estudiantes para hacer una valiosa aportación de investigación histórica.

Contrario a lo escrito en el Boletín Mercantil, Castelar no es ni mencionado. El arma de la sátira de Betances iba dirigido a todos los  españoles, en particular a los de sus clases gobernantes: “¡Loor, pues al Gobierno radical y monárquico que viene a satisfacer los deseos de todos!”. De quien se mofó fue del ministro Segismundo Moret que había presentado el “débil proyecto, muerto de raquitismo…que daba la libertad a los esclavos de más de sesenta años, «la libertad de la muerte», como la han llamado”. Algo no indicado por Betances, sin embargo, es que la Ley Moret del 4 de julio de 1870 fue promovida por Baldorioty, Luis Padial Vizcarrondo y otros liberal-reformistas, y otorgaba la libertad a hijos e hijas de esclavas a partir de la de la fecha de la revolución española del 18 de septiembre de 1868.

Finalmente, Betances denunció la explotación de los chinos importados en Cuba y advirtió estar atentos a la reglamentación del trabajo que se intentaría imponer tras la abolición, con esta observación: “Posible es que no sea éste un ku-klux-klan español; esto es, una nueva organización para extirpar de la isla la raza de color, que en ella forma la mayoría de los habitantes, decididos a no dejarse extirpar; pero nada improbable parece que, bajo otro nombre, reaparezca la esclavitud, y que sea, como para los chinos libres de Cuba, ese Reglamento de trabajo, el ku-klux-klan de la libertad, en palabras concedidas a los africanos de Puerto Rico”. Todas las citas son del texto en la antología citada de Rama.

Betances no dijo que a las reformas seguiría la independencia, que era el mete-miedo ideológico de los conservadores y de su órgano el Boletín Mercantil. Pero sí albergaba la esperanza, él siempre optimista, de que igual que se romperían las cadenas de la esclavitud tanto en Cuba como en Puerto Rico, en ambas naciones hermanas también se conquistaría la libertad con la independencia. Lo que quedó desnudo, realmente, no fue solo el reformismo que sí hizo sus aportaciones, sino el colonialismo retrógrado de España.

* * * * *

El autor es historiador; fmoscoso48@gmail.com; 4 de abril de 2022; para el Claridad / En Rojo conmemorativo del natalicio de Betances.

Poemas de e.s. ortiz-gonzález

SERENO

Sereno.

La senda

resulta del riesgo

y del apartar de la mano

en el bosque.

Riega semillas y roba la miel.

Hace blanco en el costado

del venado sorprendido.

Pasa la página del libro.

Serena la mano interviene

en lo abierto.

Hace del apartar

un apartar.

LAIKA

The more time passes, the more I’m sorry about it … (w)e shouldn’t have done it. We did not learn enough from the mission to justify the death of the dog.

— Oleg Gazenko

Cinco meses después

la cápsula en que ibas

se desintegra

en el regreso

Durante siete horas

un enjambre de científicos

monitorea sin cesar

cómo respondes

a la cero gravedad.

El exacto momento y razón

de tu último latido

se mantuvo en secreto

en nombre de la misión cumplida,

y el progreso.

En la víspera del lanzamiento

uno de estos científicos,

en un arranque de piedad,

te trae a su casa

para que la pasaras

jugando con sus niños.

Me pregunto si

algunas noches

este hombre, sentado

en el patio de su hogar

con cigarillo y vaso de vodka

en la mano, silba a su can

y este se acerca

para recostarse a un palmo

de su diestra,

si en esas noches este hombre

alza la vista hacia el espacio

y por un breve instante

suplique no imaginar más

el terror y confusión absolutos

que debiste sentir,

orbitando el vasto espacio

dentro de una lata

sobrecalentada

y con poco oxígeno,

si lograse olvidar

el puro mirar

de una perrita de tres años,

moviendo el rabo

tímido y receloso al dedo

que la escoge,

estrella fugaz

entre realengos pululando

un poco de comida y cariño

por las calles de Moscú.

Sobre soldados desertores, fechorías y pena de muerte, Mayagüez, 1855

 

Especial para En Rojo

La noche del 15 al 16 de mayo de 1855, los cabos primeros Felipe Menéndez y Melquiades Sebastián y los soldados José Rodríguez, Juan Sánchez Sedano y Marcos Cubells, todos del Regimiento Peninsular de Valladolid No. 1, y que se hallaban destacados en Mayagüez, desertaron de su cuartel y se lanzaron a cometer «feos y repetidos delitos» en un solo día. Este grupo de soldados desertores metió miedo a la población de Mayagüez, pero a la postre los desertores no terminaron bien. El gobierno español los capturó ese mismo día y los condenó a diversas penas en Consejo de Guerra sumarísimo.

Desertaron con tres fusiles y algunos cartuchos. Intentaron robar en la Hacienda Carmen. Robaron en la pulpería de José Rufo aunque, arrepentidos, devolvieron el dinero. Intentaron robar, también, en la pulpería de Faustino Camacho, a él lo hirieron de bala y a su hija Ramona la mataron de un tiro. Robaron varias gallinas en el Ancón del río Guanajibo y con violencia quisieron obligar a los anconeros a que los llevaran hasta la isla de Santo Domingo, cosa que no lograron porque el ancón no servía para tal travesía. Luego robaron una yola para irse a Santo Domingo, pero tampoco lo lograron porque el alcalde del barrio, con el auxilio de varios vecinos, los persiguieron, frustándoles así la fuga a la isla vecina. Resistieron a las autoridades. Hirieron de bala al vecino Juan Pablo Hernández. Y todo esto en un solo día.

Finalmente, una partida de su propio regimiento, que había sido destacada en su persecución, los atrapó el mismo día de su deserción. Raudo y veloz, el gobierno de la isla los sometió a proceso y fueron «encausados por tan continuados y censurables delitos». Fueron «condenados a sufrir la pena de ser pasados por las armas» los cabos Felipe Menéndez y Melquiades Sebastián y el soldado Juan Sánchez Sedano. Los soldados José Rodríguez y Marcos Cubells fueron sentenciados a diez años de prisión. Además, el sargento Juan Antonio Ariste fue privado de su empleo porque «habiendo tenido noticia de la fuga de los reos a las dos de la madrugada del 16 de mayo, no tomó ninguna disposición ni dio parte» de ello hasta horas de la mañana de ese día.

La pena de muerte de los cabos Felipe Menéndez y Melquiades Sebastián y el soldado Juan Sánchez Sedano fue ejecutada a las nueve de la mañana del día 21 de julio de 1855 en Mayagüez, «próximo al teatro de tantos excesos”.

 

Referencia: Gaceta del Gobierno de Puerto Rico, sábado, 28 de julio de 1855, pp. 1-2.

El segundo refuerzo de la vacuna

 

 

Especial para En Rojo

  1. Hay algo como un “factum, en las altas esferas del poder; que dictamina quien debe y quien no, ser intervenido por el Estado de Derecho.  Suena bien esta frase manida de los políticos de la insuficiencia: ¡Vivimos en un Estado de Derecho!  Así vocifera el corrupto, el Imán de la grey fundamentalista, el pedófilo de las redes sociales, el poderoso director de las empresas hegemónicas. Qué querrá decir el Estado de Derecho en una Colonia?
  2. El Secretario de Recursos Naturales renuncia. El gobernador, del 32% de los votos emitidos, lo aplaude con alabanzas. Solo faltó la señal de la cruz y el vinillo de la Sacristía. Quién ordenó darle servicio de luz a esos hijitos del poder en Salinas? Muere Robert Rabin, un bostoniano comprometido con las causas nobles y justas; y el gobernador no lo conoce.  Muere el canalla y mendaz Colin Powell y hay tres días de duelo. El coloniaje siempre es un capullo en eclosión constante.
  • Una de las cabilderas en Washington, Zoraida Buxó, está incómoda, no con su jugoso sueldo, sino porque allá no hay mucho amor colonial. Me gustaría leer el informe, de rendición de cuentas, de doña Mayita (la ex de Ponce). A cuántas oficinas de congresistas habrá ido a llevar su reclamo. No domina el difícil, pero que cará; por eso somos colonia; por eso tenemos, genéticamente, una posibilidad de tener un rabo de cerdo.
  1. En está patria de señores y semillas de algarrobo la política no descansa. Y tiene su explicación filosófica y su canción de cuna. Son los mismos que se han “turneado” en el poder. Sabemos los apellidos, la casta, la nobleza del patriarcado, la prosapia de los potentados de las tierras, la cabalidad de los dueños de los cánones de la literatura, la limpidez del discurso público y de la raza.
  2. A tono, con los tiempos turbulentos, aparece Eduardo Bhatia Gautier. Resucitando de los mullidos cojines de su retiro dice: “el vientre de las mujeres se respeta, no se puede legislar contra ese derecho.” Los cielos del 2024 están abiertos y la metáfora de las elecciones tiene olor a mierda de gato adictivo.  El café Madre Isla de mi greca me está oliendo….