A escasas dos semanas del fin del semestre académico, la situación en la Universidad de Puerto Rico (UPR) continúa en un impasse, sin que se hayan atendido los dos reclamos principales de los sectores que representan a la comunidad universitaria: estudiantes, claustro y personal no docente. Se trata de dos reclamos sencillos y razonables. El primero, allegar más recursos económicos a la principal universidad del país, que durante la última década ha sufrido el recorte de cerca de un 50% de su presupuesto a causa de ideologías y políticas fiscales impulsadas por fuerzas externas a la UPR, entiéndase la Junta de Control Fiscal y el Gobierno de Puerto Rico. Estas políticas están en contravención a los mejores intereses de la educación superior pública en nuestro país.
El segundo reclamo es que renuncie la Presidenta de la UPR, Zayira Jordán Conde. Además de su evidente desconocimiento de la historia, los procesos y las necesidades de la UPR, y de lo que conlleva guiar una institución pública de enseñanza superior centenaria y compleja, la Presidenta debe renunciar porque no entiende ni acepta su rol como representante y portavoz de una Universidad asediada, que aún en su peor momento de crisis presupuestaria, sigue cumpliendo su misión con el país al que se debe. A pesar de los recortes, de que se han duplicado sus costos, de que su matrícula ha mermado por la realidad poblacional, de que escasean los recursos de apoyo al proceso académico, de que se deteriora su infraestructura y se raciona el mantenimiento de sus facilidades, de que sus profesores y empleados hacen más con mucho menos, la UPR ha mantenido su sitial como la institución de educación superior en Puerto Rico que más estudiantes retiene y gradúa a todos los niveles, y la que tiene la oferta académica más completa y abarcadora en todo el país y en la región del Caribe. Esa gesta es atribuible al esfuerzo titánico realizado por el profesorado, estudiantes y personal no docente para sobreponerse a la precariedad e impedir que se vengan abajo los logros de más de un siglo.
La señora Jordán Conde llegó a la presidencia de la UPR por su amistad con la actual gobernadora, Jenniffer González. Su nombramiento fue rechazado desde el principio por todos los sectores y organismos que representan a la comunidad académica, estudiantil y laboral en la Universidad, porque dicho proceso estuvo lleno de irregularidades y torceduras de brazos, e ignoró las deliberaciones y análisis de los sectores universitarios, que apuntaron hacia las múltiples debilidades de la candidata oficial y determinaron no endosarla.
Solo han bastado diez meses de gestión para quedar demostrado que ella no ha sabido ( o querido) liderar, comunicar, inspirar y convencer a los universitarios de sus méritos académicos y gerenciales ni de que tiene una visión clara de hacia donde dirigir la Universidad. Tampoco ha sido el elemento unificador que la comunidad universitaria necesita para llevar a los foros de poder sus legítimos reclamos. Por el contrario, la Presidenta públicamente se proyecta más como una aliada de los intereses externos a la Universidad que como portavoz del consenso universitario. Además, tampoco parece contar con fuertes aliados internos, excepto aquellos que, como ella, gozan de la confianza del gobierno colonial de turno y por eso fueron nombrados a los altos cargos administrativos que ocupan en la UPR.
Los estudiantes- a quienes los enemigos de la IUPI tienen como blanco de sus insultos y burlas- y que junto a los profesores y personal no docente son los más amenazados por la prolongada crisis presupuestaria y de gobernanza en la Universidad, como siempre han sido el rostro más visible del descontento generalizado con la presidencia cosmética de Zayira Jordán Conde.
Pero el malestar es grande y profundo entre todos los sectores universitarios, extendiéndose por los once recintos, más allá de la burbuja de la Junta de Gobierno y de las y los atornillados de la Administración Central. Pocas veces anteriormente se había cuajado un consenso universitario tan abarcador y vocal como en esta ocasión, cuando han circulado varias comunicaciones expresando su rechazo a la Presidenta, por parte de reconocidos profesores y departamentos académicos completos, y hasta una carta con las firmas de 29 científicos del Centro de Ciencias Moleculares, adscrito a la UPR, reclamando y obteniendo a última hora el contrato y el dinero para importantes investigaciones en curso, que por 10 meses les retuvo la Presidenta de la Universidad.
Todas estas señales apuntan a un mal de fondo que no podrá seguirse ignorando y, mucho menos, contrarrestando con los coqueteos mediáticos a los que es aficionada la Presidenta de la UPR.
Lo que ocurre en nuestra Universidad no es un » reality show». Es un tranque real y unos reclamos universitarios serios que finalmente se resolverán y la verdadera UPR prevalecerá.
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