De la inseguridad a la autosuficiencia agrícola

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Especial para CLARIDAD

Después del huracán María fuimos testigos de las góndolas vacías en los supermercados, cada vez que hay problemas con los barcos que nos traen los alimentos de Estado Unidos temblamos, y las amenazas de los cierres del gobierno federal por las peleas entre congresistas son recordatorios alarmantes de la inseguridad alimentaria en la que vivimos, pues a cada rato se nos recuerda que menos del 15% de los alimentos que consumimos son producidos en esta isla fértil de buen clima y condiciones para la agricultura.

Desde hace más de 5000 años los habitantes de nuestro archipiélago nos hemos alimentado básicamente de lo que se produce aquí. Los indios arcaicos sembraban maíz, yuca, batata, ajíes y legumbres. La principal esclavitud de los taínos por parte de los españoles no fue por el oro, sino para que con la producción de sus conucos alimentaran a la población invasora y repusieran las bodegas de los barcos que seguían para la conquista del resto de América, principalmente con el nutritivo pan casabe que se hace de la yuca, que tiene valores nutritivos comparables al pan de trigo. Durante los siglos 16 y 17 fuimos, en los territorios al exterior de la ciudad capital sede del poder colonial, un nodo en el Caribe oriental para el tráfico europeo donde, además de reparar las naves tras las travesías atlánticas, se recogiera agua, carne en los montes a partir de ganado montuno, y comida de la agricultura local. Hacia finales del s.19 Puerto Rico era esencialmente auto suficiente a nivel agroalimentario, y había una incipiente industrialización de alimentos. Durante la primera mitad del s.20 continuamos produciendo alimentos: por ejemplo, para el 1939 aquí se produjo el 65% de los alimentos consumidos por dos millones de habitantes, mientras la Isla exportaba azúcar, café y tabaco.

El descenso en la producción de alimentos a partir de los años cincuenta no ha sido el resultado de la falta de recursos naturales, tecnologías agrarias pobres o una población ignorante e enfermiza, como se ha pretendido convencernos. Las investigaciones recientes van develando una historia de políticas públicas que han favorecido las importaciones desde Estados Unidos y otros países, la alta dependencia de estructuras de importación que imponen el uso de la marina mercante estadounidense, la dependencia de uno o dos puertos de salida para casi todos los alimentos que nos llegan, el control por un puñado de importadores y cadenas de supermercados sobre qué se vende y la calidad de nuestros alimentos, y prácticas y políticas agrarias que, a pesar de los billones de dólares que se invierten en la agricultura, no han logrado en décadas aumentar la cantidad ni mejorar la calidad de nuestra producción.

Si a lo anterior unimos las periódicas crisis provocadas por los huracanes u otros eventos climáticos y la pobreza de casi la mitad de nuestra población, tenemos servida la inseguridad alimentaria nacional. Para lograr una seguridad alimentaria se necesita, según los organismos internacionales, contar con alimentos en cantidad y calidad suficiente para cada persona en Puerto Rico, a través de todo el año. En Puerto Rico eso se pretende mediante la importación de alimentos, no a través de la producción local.

El Plan de uso de terrenos (PUT), aprobado por ley en el 2015, separó más de 600,000 cuerdas para la agricultura, una cuarta parte del territorio de archipiélago boricua. Sostenemos que en esas tierras se podría producir alimentos para cubrir más de dos tercera partes de nuestras necesidades, priorizando una alimentación parecida a la que ha sido la dieta tradicional puertorriqueña, con uso de carbohidratos como arroz, viandas y maíz, frutas y vegetales adaptados a nuestros clima y suelos, y un 20 porciento de alimentos de origen animal. Las epidemias de diabetes, obesidad y enfermedades cardiovasculares nos demuestran que la dieta actual -con latos contenidos de carbohidratos sencillos, productos cárnicos de segunda y mucho alimentos procesados- definitivamente no es la mejor.

En Puerto Rico hay una gran cantidad de personas, especialmente jóvenes, con ganas de meterle mano a la agricultura, pero una agricultura basada en manejos inteligentes, economía viables y respeto a la naturaleza: deberíamos hacer la tierra accesible, así como todo el andamiaje de subsidios y servicios que en la actualidad van mayoritariamente a los grandes productores agroindustriales del País. Según datos de la Organización para la agricultura y la alimentación de la ONY (la FAO), las fincas familiares pequeñas y familiares son netamente más productivas y gestionan mejor los recursos naturales que la agricultura industrial.

Sugerimos que las políticas públicas futuras se basen en la seguridad alimentaria, mientas el país se mueve haciauan autosuficiencia alimentaria, basada en la soberanía alimentaria. En primer lugar, declarar que la alimentación es un derecho humano básico. Promover la producción mediante sistemas diversificados, de base rural y agricultura familiar campesina. Afirmar que tenemos el derecho a definir nuestras propias políticas agroalimentarias. Afirmar el respeto de la naturaleza, intergeneracional y de género.

Puerto Rico cuenta con los recursos naturales de suelo, agua y clima, la infraestructura, el capital, una juventud preparada, el mercado, las técnicas, la capacidad empresarial y el respaldo público necesarios para comenzar a crear una agricultura ecológica y moderna capaz de producir eficientemente alimentos de calidad, de manera ecológica y sostenible. Más allá de la actual ausencia de soberanía nacional, muchas de las propuestas que siguen podrían comenzar a implementarse desde la actual situación colonia:

  1. Controlar las importaciones y el comercio para establecer:
  • Calidad de los alimentos.
  • Presencia y niveles residuales de productos químicos tóxicos.
  • Cumplimiento en los países exportadores de las normas internacionales de derechos del trabajo y otros tratados.
  • Protección de producción nacional.
  • Diversificar las exportaciones y las importaciones, tanto en cuanto rubros como en destinos.
  • Eliminar las leyes de cabotaje que obligan al uso de la marina mercante norteamericana, que es la más cara.
  1. Políticas impositivas para respaldar la agricultura ecológica y sustentable:
  • Impuestos a la contaminación ambiental según nivel de toxicidad de productos y tecnologías utilizados.
  • Impuestos según nivel de impacto y daño a los recursos naturales importantes para la agricultura: agua, aire, suelo, biodiversidad.
  • Impuestos según el nivel de la carga de carbono de la actividad agrícola y producción de alimentos: gasto de combustibles fósiles (mecanización, transporte, almacenamiento), uso de abonos y derivados de petróleo, cantidad y tipo de empaques.
  • Sistema de créditos/subvenciones a favor de los que contaminen menos, tengan menor impacto sobre el medio ambiente, por el uso de recursos internos y locales en la finca, conservación de la diversidad genética para la agricultura y la alimentación, entre otras razones.
  1. Políticas agroecológicas en el sistema agroalimentario nacional:
  • Producción nacional de insumos agrícolas: abonos vegetales (composta), preparados para control de plagas, entrenamiento y facilidades para el uso de yuntas de bueyes, materiales para semilleros, implementos y maquinaria menor, entre otros.
  • Compensar e incentivar estrategias de producción que protejan y restauren la base de recursos naturales que sostienen a la agricultura. suelos, aguas, biodiversidad, semillas.
  • Investigación participativa, para que los técnicos y los/las agricultores trabajen en la identificación de necesidades, investigación y extensión de resultados.
  • Integración de la enseñanza en agricultura ecológica en todos los niveles del sistema de educación (eco huertos escolares, caseros, comunitarios, universitarios).
  • Capacitación de calidad teórico/práctica para todas/os los interesados.
  • Acceso a la tierra para trabajarla y apoyo técnico a todos los niveles.
  • Educación nutricional nacional y políticas públicas para fomentar una dieta de calidad, basada mayormente en productos puertorriqueños.
  • Desarrollo de marcas nacionales diferenciadas: frescas, nutritivas, al gusto local, calidad, etc.
  • Sistemas nacionales de certificación y de control fitosanitario.

 

Se dice que para lograr resultados distintos hay que utilizar estrategias novedosas: aquí sometemos estas reflexiones y propuestas.

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El autor es ecólogo social, especialista en agroecología y sustentabilidad.

Este escrito tiene como referencias a los libros del autor: Sembramos a tres partes, los surcos de la agroecología y la soberanía alimentaria (Ediciones Callejón, 2016), y Puerto Rico, isla agrícola: taínos, jíbaros y campesinos (Publicaciones Gaviota, disponible en librerías a partir de enero 2026).