Pablo Pantoja
Sí, voy a sonar como un viejo cascarrabias. Pues, como estamos hablando de la cultura puertorriqueña real, no podía faltar un viejo amargado criticando, pues aquí estoy representando a los viejos amargados que están en silencio, porque probablemente ni se enteraron de la residencia.
Que quede claro: el impacto que ha tenido la residencia es real y es económicamente positivo para Puerto Rico. También lleva el mensaje de que estamos aquí, estamos vivos y somos una cultura alegre, que nos gusta la música, el baile y pasarla bien. La residencia es una buena contraparte a la tiradera y la demonización que nos han querido impartir los graciosos, como el que salió en la campaña de Trump diciéndonos que somos un gran parcho de basura en el Atlántico. O sea, la residencia tenía que pasar; tenemos que darnos a conocer y tenemos que regar la voz a nivel mundial de lo que somos y que valemos.
Entonces, ¿cuál es mi problema? Mi preocupación es que hemos codificado y reducido la cultura y la historia puertorriqueña a unas estampas, memes, que no necesariamente nos representan ni llevan la realidad de la lucha que hemos vivido. Luchas las cuales algunas han sido sangrientas. Luchas en la cuales, como don Pedro Albizu Campos, tuvieron que ser sujetos a un abuso corporal que lo llevó a su muerte estando preso.
Sí, obviamente para un concierto que se va a disfrutar, no vamos a estar hablando de los pesares sangrientos, o de los que tuvieron que defender la cultura para el tiempo Cornelius Rhoads nos describió como “la escoria más sucia, más vaga y más degenerada que haya habitado la tierra”, ni de las dificultades y el discrimen que hemos vivido como país frente a los procesos cuasi-democráticos de Estados Unidos. La residencia debe tener un adendum para que nos recuerde que nosotros no somos solamente un meme de unas sillas plásticas. Si evaluamos lo que pasa por cultura en cada uno de los conceptos primitivos que se presentan en esta campaña de mercadeo, pudiera decir que llevan el peso de un comentario bajo un Facebook post. Y no hay problema con eso. Es una colección cómica de cosas como el sapo concho en muñequito y todo lo demás que ustedes ya saben. Pero que no se nos pase por desapercibido que la comercialización de la cultura la diluye.
La producción de la residencia a nivel técnico ha sido impresionante, probablemente es un concierto que va a quedar marcado en la historia popular de Puerto Rico y de la que dará tema para investigaciones futuras. Y llevaron a los pleneros y la salsa y trataron de dar un matiz de la lucha de los negros de Puerto Rico. Ese sabor tipo Loíza nunca puede faltar cuando se habla de Puerto Rico. Pero los guaynabichos también son de Puerto Rico. Incluso, tal vez pudiéramos decir que eso es lo que representa Bad Bunny en su forma de actuar, en su forma de vestir y su afinidad por las Kardashian-Jenner y los carritos F1. Y lo sé, me van a criticar, porque, ¿quién rayos quiere defender a un guaynabicho? Eso es prácticamente como defender a los que aman a Trump siendo puertorriqueños. Entiendo eso, pero lo que quiero decir es que tenemos que evaluar a Puerto Rico más allá del cliché comercial. Y sí hubo el espacio para poner lo otro, ¿por qué entonces no puede haber el espacio de las luchas nacionalistas del ayer? ¿Por qué no puede haber el espacio para presentar la afinidad, cooperativismo y lazos consanguíneos con los países latinoamericanos? ¿Y dónde está la representación de las personas de otros países, particularmente de Latinoamérica y el Caribe, que residen aquí con nosotros y, a causa de que residen aquí con nosotros, han tenido que sufrir a manos de la persecución del gobierno de Trump y ICE? Claro, menciona a NuevaYol tanto que hasta nombró una canción, pero pues tiene que vender en ese mercado estadounidense. Puedo seguir con la lista, pero tengo que pedir permiso primero a la Asociación de Viejos Amargados para que me permitan pasarme de la raya.
Lo que no quiero es que, en Puerto Rico, desperdiciemos esa chispa que ha desatado el interés por lo que somos y lo que nuestra cultura representa, y que luego de esta residencia y serie de conciertos quede todo en el olvido. Quiero que tomemos este espacio para reconectar con nuestro pasado y con nuestra actualidad para poder ampliar y profundizar en los temas que realmente nos afectan. No podemos dejar que el evangelio según San Puerto Rico quede rezagado. Tampoco podemos dejar que nuestra cultura se quede sin evolucionar, sin expandirse a plenitud en los que se conectan con ella por primera vez. Tenemos que llevar la cultura a que tenga impacto en situaciones reales más allá de la farándula. ¿Qué va a pasar cuando se acabe el concierto? ¿Dónde va a ser el after party de la cultura? Para que inviten…”



