Especial para En Rojo
Ninguna gota de mí es lo que fue. Tampoco es lo que será. Muevo, elevo, sumerjo, ondeo, correteo, circulo, abulto, ruedo, desbordo, bailo, arraso, rodeo, inundo, acaricio, ahogo. Lo hago para mí y conmigo. Lo hago también con todo lo que encuentre a mi paso.
Ayer me mostré en las orillas de Gaza. Hoy, en las de Arroyo. Mañana, vuelvo a rodar en la franja bombardeada. Y pasado mañana, me arremolino en Vieques. Intoxicada de metales pesados, mareada por la sangre de las ballenas, arrasada por misiles, asfixiada de armas nucleares, atravesada por tanques de guerra, aplastada por vagones de carga, sumergida con cuerpos esclavizados de hace siglos, de hace décadas, de hace días, de hoy, sigo.
No me engaño ni te engaño. Los criminales de alto rango –todos de chaqueta, todos de presidencias, todos de democracia, todos de libertad, todos de alta tecnología, todos de yankis, todos de hacernos grandes de nuevo, todos de somos los escogidos de dios, todos de la verdad no existe, todos de si existe es lo que yo diga– despiertan cada día con sabor a sangre en la saliva. Una roja quebrada les sigue el rastro cada vez que abandonan sus jets, sus yates, sus habitaciones de lujo, sus limosinas, sus vitrinas blindadas. Esa también soy yo. No olvido. No les permito olvidar.
También inundo a los criminales de bajísimo rango, todos de alcaldías, todos de legislaturas, todos de gobernaciones, todos de capa amarilla cuando lluevo tormentas, todos de diminutivos que terminan en -ito, todos de apestosa colonia. Firman documentos con tinta rojiza en salmuera. Soy yo. No olvido. No les permito olvidar.
Trafican la muerte a mansalva, la guerra como “ejercicio” instagramable, el abierto y transmitido genocidio, la hambruna diseñada a gran escala, la expulsión descomunal de cuerpos desnudos, la extinción deliberada, y yo todo lo siento, todo lo cargo, todo lo escupo, todo lo vomito, todo lo recuerdo.
No me posiciono. No tengo redes sociales. No tomo ninguna foto. Por eso crees que no atestiguo. Por eso vociferas que otorgo. Por eso me acusas de cómplice. Las fotos de todo, los videos de todo, las declaraciones sobre todo, los posicionamientos públicos sobre todo, las transmisiones en vivo de todo, la instantaneidad de todo, ¿qué bien te han hecho? En contraste, es obvio que al capital, que cada vez me entuba más, me ahoga más, me seca más, me contamina más, le han hecho muchísimo. Para la “inteligencia” artificial, tus mandamases me chupan millares de galones por minuto. La nueva dimensión de sus impensables y cada vez más obscenas ganancias está en tus aparatitos, que también, siempre, van a parar en mí, ensangrentados.
Lo único que sé a mi edad sin edad de eras geológicas, viva como estoy desde tanto antes que los de chaqueta y alcaldía, viva como estaré mucho después de su desaparición, es que la vida pasa siempre sus facturas. No olvido. No les permito olvidar. Tengo la boca cosida con su plástico, pero rujo. La pregunta es si me escuchas.
A fuerza de recordar, continuaré. Me despojaré de toda la sangre. Aligeraré el paso y apartaré tierras para revelar nuevos caminos. Abriré capullos, inauguraré rumbos y dibujaré surcos de una vida que no cesa. Alimentaré nuevas especies más gentiles. Devoraré todas las ruinas del capital, sus misiles y sus vagones, que nunca han sido míos. En su lugar, pintaré todos los verdes de nuevo. Me ahondaré en inéditos planetas. Me derramaré de insospechados erotismos. Contemplaré, recostada en un lecho de mí misma, las más insólitas lluvias de estrellas. Para mí, no hay ni habrá “fin del mundo”.

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