Encontrado en las Redes-El verdor de los árboles

543

 

 

 

  1. Hace unos meses comencé un nuevo trabajo. Ahora estoy de despachador de almacén, y chofer, para una compañía en Cataño.
  2. Recién me estreno de chofer de una de las Transit 250 que usa la compañía para entrega de mercancía a sus tiendas, así como a comercios privados. Por estos días la ruta me lleva por Santurce, Caguas, Guaynabo, Tejas, Yabucoa, Fajardo. Los primeros días en la ruta, cometí errores. Hubo clientes y tiendas a los que olvidé despachar, o lo hice fuera de turno y ruta. Por momentos regresé al almacén con la certeza de que hacía el último turno. Pero, entonces.
  3. Comencé por anotar en un papel el orden de la ruta, y no me despegué del Google Maps hasta que las memoricé. El inventario de material en la Transit, que a veces me tomaba una hora o más para completar, ahora lo hago en 15 a 20 minutos. Excepto por un tramo que no conocía, la ruta de hoy la hice completa de memoria. No necesité notas.
  4. Desde abril de 2017 no he hecho otra cosa que reinventar y dejar atrás aquél que fui. No es que dejé de ser yo, hay una piel que me habita y ancla en medio de lo múltiple. No es el cuerpo físico que ha echado músculo en piernas brazos y hombros. Tampoco el que no pare de trabajar mientras vacilo con mis compañeros de trabajo.

Pero hay algo distinto en mí, una verdad que subraya la vereda que ando. El cúmulo de cosas que tuve que aprender en todos estos años está cifrado en una unidad absoluta. Tengo experiencia secretarial, pero no consigo trabajo en oficina. La entrevista más reciente para una librería, era con sueldo mínimo. No contaban los 25 años de experiencia. Así que, si es en un almacén lo que me toca trabajar el resto de mi vida, so be it.

  1. Esta mañana, mientras conducía, tuve una revelación. Mi padre fue chofer de camiones, y, por ocasiones, un lector. No pocas veces vi un libro en sus manos o en el camión. La Transit no es un camión, pero se le acerca. Con la Transit he aprendido acomodar en reversa guiado sólo por los retrovisores del chofer y pasajero y esto lo tuve que aprender solo en medio de la ruta. Cuando estoy en el almacén los muchachos me llaman El profesor, y algunos me han preguntado qué hago allí entre ellos, «viste, usté (tú, dime tú) debería ser profesor de esos de la Yupi». Quizá es ese mi destino. No habré logrado la maestría, ya no trabajo con libros, pero ya quisieran muchos profesores gozar este privilegio, este día tras día que tengo.
  2. Las veces que acompañé a mi padre en el camión, lo miraba mover la palanca de cambios. Algunas veces el camión se sacudía con violencia, parecido al toro encabritado en el rodeo. Muchas veces íbamos en silencio. Entre los dos, algún libro ajado que el viejo agarraba entre paradas, y al que veía leer.
  3. Alrededor mío, la carretera, el tráfico insolente. El verdor de los árboles. Pronto comienzo los cursos para sacar la licencia Heavy.

 

Cataño y Hato Rey, 28 de octubre de 2025

 

 

Artículo anteriorMookie Betts: premio Roberto Clemente 2025
Artículo siguiente«Cuando las voces que curan callan”