Especial para En Rojo
En medio de la guerra de Estados Unidos contra Irán —porque ya es una guerra y no un mero conflicto bélico— quedan evidenciadas las abrogaciones ilegales del presidente Donald Trump de poderes correspondientes constitucionalmente al Congreso, que es la instancia de poder estadounidense que puede declarar oficialmente una guerra contra otro país. Es bajo esta innegable realidad que se hace indispensable la capacidad de análisis crítico del ciudadano para filtrar las noticias difundidas y así poder estar correctamente y bien informado.
Las narrativas falaces y la propaganda son armas fundamentales en la guerra moderna, diseñadas para moldear la percepción, desmoralizar al enemigo y legitimar acciones violentas a través de la desinformación. En la actual era digital, estas tácticas utilizan las redes sociales, bots y trolls para difundir noticias falsas. Se crea un entorno de «guerra cognitiva» y la verdad es secundaria.
Así las cosas, se manipula la verdad, creando narrativas engañosas en la denominada «Manguera de Falsedades» (Firehose of Falsehood) que consiste en difundir múltiples narrativas contradictorias rápidamente para confundir y saturar la opinión pública.
El uso de memes con humor y sarcasmo son parte de las tácticas propagandísticas para atacar la narrativa oficial del adversario.
La desinformación se integra con ataques informáticos y acciones militares, deshumanizando el conflicto. Se insiste en que el enemigo inició la guerra y que se actúa en legítima defensa.
Las redes sociales permiten que la desinformación se propague más rápido que la verdad, priorizando las emociones sobre los hechos. Los medios de comunicación también pueden sesgar la información bajo presiones políticas o económicas, limitando la perspectiva del conflicto.
El uso de noticias falsas se convierte en un arma de guerra. Para ello se recurre a la guerra memética (el uso de memes). Un estudio sobre la desinformación y la guerra híbrida en «Comunicación y Hombre» analiza cómo los ejércitos usan la desinformación en el dominio informativo.
En los conflictos bélicos modernos, la información y las narrativas han dejado de ser solo complementos. Se convierten en un sexto dominio de guerra (junto al terrestre, marítimo, aéreo, espacial y ciberespacio). Esta «guerra cognitiva» no busca solo destruir infraestructuras, sino «hackear» la mente del adversario y de la población civil del país atacante para alterar su percepción de la realidad.
Las narrativas falaces suelen operar bajo estructuras repetitivas que buscan simplificar la complejidad del conflicto mediante sesgos informativos. Se procura instalar la idea de que «el enemigo empezó la guerra», y el atacante aparece como la víctima obligada a defenderse.
Hay la tendencia informativa persistente a deshumanizar al adversario, utilizando términos que presentan al otro como una «bestia» o criminal, eliminando matices morales para legitimar la violencia. Se recurre a la difusión de historias desgarradoras, a menudo falsas o exageradas, para movilizar emociones. Un ejemplo clásico es la historia de los bebés sacados de incubadoras en la Guerra del Golfo, que influyó decisivamente en la opinión pública. El relato falso creado fue que soldados iraquíes entraron a un hospital con sus armas de fuego, sacaron a los bebés de las incubadoras, se llevaron las incubadoras y dejaron a los bebés morir en el frío suelo.
La manipulación del lenguaje es una táctica informativa común en las guerras, mediante el uso de términos como «neutralización» o «daños colaterales» para que la percepción de la muerte sea algo inocuo.
En fin, los gobiernos y sus fuerzas armadas utilizan hoy los trolls, bots y algoritmos para diseminar noticias falsas a gran escala, actuando como un «multiplicador de fuerza» que no requiere soldados tradicionales. Los memes con humor, sarcasmo e ironía son utilizados para influir en la opinión pública y contrarrestar la narrativa enemiga. Se maximiza la emoción para que sustituya la racionalidad y el análisis crítico.
Es frecuente la sexualización de la guerra mediante imágenes y videos de mujeres bellas y sensuales pertenecientes a las fuerzas armadas para «humanizar» la guerra mediante la manipulación visual.
La verdad se convierte en otra más de las víctimas de la guerra. Creada una dependencia casi absoluta de las fuentes oficiales que sustituye las corresponsalías periodísticas de guerra, se hace casi inevitable que las redacciones repliquen narrativas gubernamentales sin el debido contraste.
El autor es periodista.



