Reflexión
CANTO: EN MOMENTOS ASI LEVANTAMOS LA VOZ,
LEVANTAMOS LA VOZ EN CANCION.
EN MOMENTOS ASI, LEVANTAMOS LA VOZ,
DANDO GRACIAS POR TANTO AMOR.
GRACIAS DAMOS, GRACIAS DAMOS, GRACIAS DAMOS,
POR SU VIDA, SU ENTREGA Y SU AMOR.
En momentos como este es correcto, necesario y agradable, en presencia de la fuerza y la energía positiva del universo que revoletea en medio nuestro, delante de Dios, afirmamos algunas personas, dar gracias por quienes nos convocan aquí y porque podemos encontrarnos, conocernos, recordar juntos y rendir homenaje póstumo a este ser, José Jiménez, a quien conocimos como Cha Cha. Damos gracias porque él demostró, a través de la palabra y la acción, amor por su gente y por todas las personas empobrecidas, oprimidas, discriminadas en una sociedad de opulencia plagada de actos de injusticia, desigualdad, atropellos, maltratos, humillación, corrupción y robo aun de lo más básico que poseemos los seres humanos, o sea, la autoestima, la identidad, la autodeterminación y la esperanza.
Damos gracias, afirmando que solo un corazón y una mente preñada de amor es capaz de moverse, como hizo él, a la acción desprendida, el compromiso de lucha por transformar la realidad circundante en aras de implantar la justicia. Porque el amor no es mero sentimiento, sino acción comprometida a favor de las demás, personas. Es acción que procura desentrañar las causas de los males que nos aquejan, exponerlas para ser vistas y entendidas por todas y todos, abriendo los sentidos y juntando voluntades para que podamos asumir las riendas de nuestras vidas y la restauración de nuestro ser y caminar.
Fueron unos años de provocación revolucionaria, por un lado, y, por el otro, de persecución acrecentada. A quienes vivíamos en lo que Martí llamó “las entrañas del monstruo”, se nos fueron cayendo las escamas de los ojos. Destapábamos las incógnitas que anteriormente nos desvelaban. Las respuestas a preguntas tan sencillas como por qué vivíamos únicamente en algunas comunidades. Descubrimos que era porque eran áreas en deterioro, insalubres muchas, marginadas e ignoradas todas. Así nos podían culpar por los males y la pobreza que en ellas se encontraban, haciéndonos sentir culpables e inferiores y “mantenernos en nuestro lugar”, ciegos, sordos y mudos, desconociendo como se organizaba la maldad contra unos y otros. Allí podían controlarnos. Solo servíamos para desarrollar algunos trabajos pobremente remunerados. Recibíamos únicamente lo suficiente para sobrevivir.
La juventud se organizaba en lo que despectivamente se conocían como gangas para proteger el espacio físico. Porque aún dentro de los límites y las limitaciones, éramos comunidad, creábamos comunidad. Nuestros jóvenes, en medio de sus sufrimientos, carencias, dolor y hasta adicciones, defendían el derecho colectivo a existir, a establecernos, a celebrar nuestra cultura y a defender lo nuestro. Porque dentro de aquella podredumbre y a pesar de la discriminación éramos pueblo, éramos gente honesta y, sobre todas las cosas, éramos Boricuas de pura cepa. Afirmábamos nuestra identidad: “Puertorican and proud”, y reconocíamos los lazos que nos unían, sostenían y ofrecían seguridad.
Nuestro hermano Cha Cha entendió muchas cosas antes que otros y por eso fundó los Young Lords para batallar en contra de la gentrificación que se daba en Chicago: proceso a través del cual se destruyen las comunidades pobres, causando el desplazamiento de las personas, forzándoles a dejar lo conocido, la comunidad, dejándoles a la deriva y dispersas, y se restructuran esos espacios para ser ocupados por la clase media o alta. Es el proceso contra el cual estamos luchando ahora en Puerto Rico.
La llama encendida por esa iniciativa, demandando justicia social, coherencia en cuanto a los postulados políticos y religiosos y la acción concreta, se esparció por distintos lugares con propuestas y acciones que confrontaban a las iglesias, retándolas a establecer y demostrar concordancia entre la fe, la predica, lo que dice con lo que hace, con la vida. Se retó al campo político, lograron coaliciones con otros grupos oprimidos, marginados y alianzas con luchadores más experimentados como las Panteras Negras y se organizó la Rainbow Coalition. Todo esto se dio en confrontación directa con los defensores del sistema quienes pretendían mantener a los pobres divididos, enemistados y peleando entre sí por “las migajas que caían de la mesa del señor”, en tiempos de la llamada guerra contra la pobreza que vimos era más bien una guerra contra los pobres. Por eso, dicho en buen puertorriqueño, se desató el avispero. El mensaje corría, se expandía, y la lucha crecía. En Nueva York nació el Young Lords Party, en Bridgeport, Connecticut los Spics y así sucesivamente.
Reclamos organizados se hicieron sentir por el respeto, la dignidad y los derechos básicos, especialmente de la niñez a alimentos, vivienda, educación, atención médica y demás servicios sociales que les eran negados, así como a comunidades limpias libres de ratas y otras sabandijas, así como de plomo que les privaba de gozar de un desarrollo mental saludable. Surgieron reclamos por los derechos civiles y humanos, la autodeterminación de los pueblos y el empoderamiento de las comunidades, entre otros.
Fueron años de lucha intensa, comprometida, educativa, de empoderamiento, solidaridad, valor y sacrificio que se expandía, era reconocida, se engrandecía y se distinguía por la afirmación: “Tengo Puerto Rico en el corazón”. Se luchaba contra viento y marea, contra todos los organismos y niveles represivos del estado que le temían a la fuerza del pueblo y se esforzaban por criminalizar a los luchadores, sin causa legal. El precio que se pagaba era alto, altísimo: amenazas, persecución, encarcelamientos, fabricación de casos, agresiones físicas, asesinatos, pero el mensaje calaba en muchas personas para quienes nada volvería a ser igual. La denuncia del colonialismo y el compromiso con la liberación de la patria también floreció. La semilla germinó y en muchos dio buen fruto.
Por todo esto, damos gracias. Damos gracias por la iniciativa, la generosidad y la visión de Cha Cha y sus compañeros de lucha, quienes construyeron la zapata sobre la cual se erigió la lucha de los Boricuas en Estados Unidos.
Agradecemos a sus hermanas y demás familiares el devolver sus cenizas a su lugar de origen, a Puerto Rico. Gracias por traérnoslas aquí a Camuy, asegurándoles un lugar que sirve de referencia, que se puede identificar con su nombre, el cual es inmortalizado, para que no olvidemos, para que nadie olvide.
A pesar de que lamentamos su muerte, afirmamos que mientras le recordemos estará presente en medio nuestro. Desde la fe cristiana afirmamos que la muerte no es el fin. La muerte es parte natural de nuestra existencia, más la vida triunfa sobre la muerte como nos revelan los ciclos del mundo natural: como la noche que es interrumpida por la aurora al amanecer, regalándonos un nuevo día; los retoños que brotan de la semilla que muere bajo la tierra, regalándonos nuevas plantas y árboles robustos; o el cambio enorme que experimenta el capullo de seda desde el cual surge la mariposa.
Damos gracias porque sabemos que la materia no desaparece, únicamente cambia de forma, y también porque la ciencia nos dice que el ADN – esa molécula principal- se hereda, pasándose fielmente a través de su replicación, de generación en generación, así que la simiente persiste viva como parte de las nuevas vidas, de la descendencia.
Entendemos, además, que los seres humanos somos mucho más que la materia externa que vemos y la interna que sabemos existe. Somos mucho más que el aspecto exterior, y aún más que el esqueleto y los órganos internos que nos mantienen funcionando, con vida. Poseemos algo más profundo, que habita en nosotras y nosotros, que perdura y al morir pasa a formar parte de, a unirse a la energía del universo, o sea, vuelve al lugar de origen y a quien lo dio.
Ahora nos toca a todas/os, sobre todo, a sus parientes y a su descendencia, dar a conocer su legado de lucha, su carácter de hombre valiente, responsable y solidario y mantener viva su memoria para que las generaciones futuras, no solo le conozcan, sino que su ejemplo también les inspire y a su vez procuren desarrollar sus virtudes.
Henchidos de emoción, con sentimientos profundos de gratitud, y alegría por su vida, por la luz que esparció, y porque podemos recuperar capítulos olvidados o escondidos de nuestra herencia histórica, depositaremos sus cenizas en este lugar. Al hacerlo, renovemos nuestro compromiso de luchar por la transformación de nuestra sociedad, por la justicia, la paz y la libertad. Amén.
Palabras pronuciadas en el acto de recordación de Cha Cha Jiménez
8 de agosto de 2025


