Cuba: del bloqueo al estrangulamiento por decreto imperial
Cuba, la Antilla Mayor, ha sido siempre una piedra de tropiezo en la ruta del imperio estadounidense hacia la imposición de su hegemonía sobre nuestra región y el mundo, desde que el 15 de febrero de 1898 el acorazado » Maine», de la Marina de Guerra de Estados Unidos sufrió una explosión que lo hundió en la Bahía de La Habana, dando paso al conflicto armado entre España y Estados Unidos que se llamó Guerra Hispanoamericana.
El «Maine» había llegado a La Habana un mes antes bajo el pretexto de defender los intereses de los estadounidenses en Cuba, entonces enfrascada en la fase final de su Guerra de Independencia frente al imperio español. Tras la explosión y hundimiento del «Maine», Estados Unidos declaró la guerra a España e inició su primera intervención militar y política en Cuba que se extendería, hasta el año 1934. Cuando el entonces presidente de Estados Unidos, William McKinley, solicitó al Congreso la autorización para la Guerra- con el telón de fondo del hundimiento del «Maine»- su argumento principal fue que la intervención militar para lograr «la pacificación de Cuba» era un asunto inminente de seguridad nacional para Estados Unidos. Igual argumento esgrimió la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos ( CIA) para justificar la invasión a Cuba por parte de exiliados cubanos entrenados y financiados por Estados Unidos en 1961 por Playa Girón, durante el primer año de la presidencia de John F. Kennedy, y que culminó con una victoria militar de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba sobre los pretendidos invasores y en un fiasco internacional para Estados Unidos y su joven presidente. Desde entonces data el encono profundo hacia Cuba de todos los gobiernos estadounidenses y el bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por Estados Unidos sobre Cuba, el cual se ha recrudecido cada vez más, a pesar de las repetidas resoluciones inmensamente mayoritarias de la Organización de Naciones Unidas ( ONU) en denuncia y oposición al bloqueo y los brutales efectos que este ha tenido sobre la economía y la vida diaria del pueblo cubano. Una guerra larga y sorda de desgaste y aislamiento que el pueblo cubano ha tenido que sortear y resistir por cerca de 70 años.
Cualquier semejanza entre los argumentos contra Cuba de 1898 y los de hoy, en el 2026, no es casualidad. La política imperial hacia Cuba es la misma, y aún más expansiva, por la pretensión del actual gobierno de Donald Trump de revivir y ponerle su sello personal de la infame y racista «doctrina Monroe» de 1823 que considera a toda la región del Caribe y América Latina como el «patio trasero» de Estados Unidos, y por ello sujeto a los intereses y reclamos de Estados Unidos y, por consiguiente, susceptible de ser invadido, ocupado, trastocada su gobernanza o utilizado a conveniencia del gobierno imperial de turno.
Este es el contexto en que se desenvuelve la situación de Cuba hoy- amenazada su existencia misma por la falta de combustible en la isla, que detiene la actividad económica y social del país, a causa de la intervención de Estados Unidos, que ha prohibido la venta de combustible a Cuba y amenazado con sanciones fuertes a los países que violen la directriz. Esta situación se ha intensificado tras el secuestro del presidente de Venezuela el pasado,3 de enero. Bajo el gobierno de Nicolás Maduro, Venezuela garantizó el mayor abasto de combustible a Cuba durante varias décadas. Ahora, sin esa línea vital, se han intensificado las carencias en una economía bloqueada inmisericordemente por cerca de 70 años. Esto, unido a las nuevas sanciones y prohibiciones impuestas por Estados Unidos que tienen el vil objetivo de llevar al gobierno y pueblo cubanos al límite de sus fuerzas y capacidad de resistencia. Como si fuera poco, también Trump ordenó el desplazamiento de buques de guerra de la armada estadounidense en aguas cercanas a Cuba, lo que aumenta el riesgo de una acción militar que pueda devenir en un conflicto armado.
Mientras todo esto pasa, es ensordecedor el silencio de la comunidad internacional en torno a este asunto, particularmente de los países de la región del Caribe y América Latina. Choca aún más porque Cuba, incluso en sus momentos de mayor precariedad, ha sabido compartir Io que tiene con quienes lo han necesitado en nuestra región y el mundo entero. La generosa solidaridad cubana siempre se ha dejado sentir a través del mundo. Tal pareciera como si el estupor y el miedo se hubieran y adueñado del ánimo y la voluntad del liderato de las naciones.
«Cuba y Puerto Rico son de un pájaro las dos alas». Así versó inspirada nuestra poeta y revolucionaria, Lola Rodríguez de Tió, en homenaje al fragor de la Manigua, donde mambises cubanos y puertorriqueños compartieron su suerte, luchando codo a codo por la independencia de Cuba y de Puerto Rico.
Cuba la logró a sangre y fuego, y ha pagado por ello un precio demasiado alto por demasiado tiempo: sesenta y cinco años de bloqueo y aislamiento, y hoy una amenaza real de estrangulamiento por la falta de combustible. Una muestra de hasta donde puede llegar la crueldad de un imperio en su sed de dominio y poder.
En esta edición, y cumpliendo con nuestra misión de dar voz a los que no la tienen en otros medios, y en reciprocidad a la solidaridad histórica entre nuestros dos pueblos, CLARIDAD reseña el extenso diálogo que sostuvo el Presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez con la prensa cubana e internacional sobre la situación en su país, a raíz de que el gobierno de Estados Unidos prohibiera el transporte y entrada de combustible del exterior y amenazara con sanciones fuertes a los países que violen dicha prohibición. En su exposición, el líder cubano expresa la posición de su gobierno en torno a este asunto y ofrece datos e información nueva y relevante. También incluimos el enlace para el vídeo completo de la rueda de prensa.



