CLARIDAD
Venían de todas partes con una misma causa: desafiar la forma en que se cuentan y circulan historias relacionadas con las poblaciones migrantes. Venía gente de la diáspora mexicana radicada en California, de lugares íntimamente vinculados con poblaciones mixtecas, de Honduras, Oaxaca, Idaho, Ecuador y hasta Arecibo. Durante cuatro días, durmieron en Adjuntas para conocer mejor cómo contar sus experiencias y las de sus comunidades.
Roxana Bendezú y Mari Mari Narváez –de Raíces Migrantes y de Kilómetro Cero, respectivamente– reunieron a decenas de profesionales, activistas y comunicadores de todo el continente para darle nueva forma a las narrativas que dominan los temas relacionados con poblaciones migrantes. Con talleres divididos por disciplinas y excursiones, el grupo estuvo expuesto a una variedad de debates relevantes.
“Esta guía para periodistas responde al contexto de la actual y creciente criminalización de personas migrantes en Estados Unidos y Puerto Rico. Las personas inmigrantes que llegan a este país, particularmente aquellas que se racializan como negras o marrones, han sido criminalizadas y se han convertido en el foco de detención, deportación y expulsión… Cómo hablamos sobre migración y fronteras repercute directamente en cómo respondemos a la violencia de Estado”, leía, como ejemplo, un folleto de Kilómetro Cero sobre la propaganda policíaca (copaganda).
La copaganda supone propaganda dirigida a justificar la violencia por parte de la Policía. Moldea la noción del crimen y las preocupaciones de “seguridad”, normalmente reflejada en la cobertura saturada de homicidios, balaceras o temas que armen una narrativa. Mari Narváez dio de ejemplo dos portadas de Primera Hora que, dentro de un plazo de tres días, exaltaron la “labor policíaca”.
Distintas cenas, descansos y meriendas intercalaban las discusiones, que también trataron asuntos del periodismo comunitario como una forma de empoderar a las personas para que cuenten sus historias. Para eso –con la ayuda de recursos como Luis Trelles, Firuzeh Shokook Valle y Mariana Surillo–, la capacitación fomentó la creación de pitches (presentación corta y breve) de historias. Cada una se desarrollaría bajo una disciplina a lo largo del taller.
La elaboración de cada historia consideraba preguntas fundamentales como «¿para qué quiero contar esta historia?, ¿quién es mi audiencia?, ¿desde dónde pretendo insertarme?», así como las raíces estructurales y sistémicas que daban paso a la migración como fenómeno social. De modo que cada historia se elaboraba dentro de su propio marco, como el proyecto radial de Jorge Ríos, quien prepara actualmente un programa para poblaciones mixtecas en Oxnard.
“La meta es no ver a los inmigrantes como un problema sino como agentes de resistencia”, explicaba Bendezú durante la discusión del pitch.
Las sesiones por disciplina consistían en tres talleres: uno de escritura, uno de audio y otro de vídeo. Por dos de los cuatro días, el grupo se dividía según sus intereses. En el taller de Shokooh Valle, donde participó el autor de esta nota, los participantes leyeron cuatro textos que variaban de reportajes duros a crónicas elaboradas. Mientras leían, un pavorreal gorjeaba para desdicha del silencio, casi queriendo interrumpir con su plumaje azul cielo y sus ojos muy regios.
Las discusiones subsiguientes abarcaban la lógica detrás del lenguaje, la construcción de narrativas con el empleo de las palabras, el alcance que puede tener un texto de acuerdo con su manejo de estos factores y otros temas vinculados con la escritura como medio. Shokooh Valle, quien trabajó por 15 años en Primera Hora, también destacó la influencia y las limitaciones que muchos enfrentan desde sus medios, donde resulta más difícil contar estas contra narrativas.
En cada taller especializado, las personas debían profundizar en las historias que habían presentado en sus pitches. Asimismo, la capacitación integró sesiones para hablar de la preparación de entrevistas y la ética y seguridad para con las fuentes. Estos debates presentaban la diversidad de fuentes disponibles para crear las historias y la importancia de reconocer aquellas en posiciones vulnerables.
El grupo visitó, el sábado, a Casa Pueblo en una suerte de tren del Municipio de Adjuntas que ofrece viajes alrededor del pueblo. El clima, favorable, repartía una luz que alumbraba desde las copas de los árboles hasta el fondo de los ríos, y todos hablaban de alguna forma sobre su relación con el campo.
Cada día propiciaba las redes de apoyo con dos comidas y una cena que permitía a los participantes compartir contactos y desinhibirse un poco. Las evaluaciones finales reflexionaron sobre cómo materializar las historias dentro de plazos tentativos de 30, 60 y 90 días. Algunos proyectos consideraban integrar elementos multimediáticos e incluir códigos QR para ampliar las historias, que venían de todas partes y salían para difundir un mentís común.



