En Rojo
Jacobo Morales espera a Blanca Silvia Eró desde su escritorio. La espera acompañado por un peluche de Concho, su colega, tejido con zapatos azules y una pavita de paja. También, encima de la madera de su taller, un pote de tinta, unas notas sueltas, un radio portátil y otras chucherías aguardan por la productora. Todos, desde el bolígrafo hasta el cineasta, la esperan juntos. Juntos desde siempre, desde 1954. A veces con bolígrafos y otras con ranas reguetoneras. Porque no hay nada que Jacobo haga sin Blanca desde entonces. Eso cuenta contento, como si confesara haber hurtado un gran tesoro junto a ella: ser feliz.
Se casaron a los 19 años, en el primer año de la televisión. Jacobo recuerda haber sido presentador del programa El concierto Wurlitzer junto al compositor José Enrique Pedreira y el pianista José Raúl Ramírez. Cuando salió de Telemundo, ubicado cerca del parque Luis Muñoz Rivera, entró a una parroquia donde contrajeron nupcias.
“Llevamos toda la vida en esto. Yo amo trabajar con él. Siempre estamos haciendo algo juntos, y lo disfrutamos”, menciona Eró al llegar, sentándose al lado de Morales.
“Contra todo pronóstico” se casaron, dice el actor. Su padre le advirtió que no debía comprometerse a tan temprana edad, que debía completar los estudios y tener una profesión antes de entrar en esos asuntos. Palabras que no resuenan ni resonaron jamás con el hijo, quien sencillamente respondió «voy a casarme».
“Eso coincide con algo que me dijo Blanca desde el comienzo: Jacobo, es necesario que estemos al tanto de la realidad, pero ten en cuenta que no podemos caer en excesos de cordura. Hay que ser medio loquitos siempre para poder seguir adelante. Y tuvo mucha razón”, asegura Morales.
“Lo que pasa es que hemos estado juntos desde novios. Yo le pasaba las líneas que tenía que leer en la radio o la televisión, le pasaba la poesía, bregábamos con la poesía. Yo me integré a todo lo que tuvo que ver con el arte de él, y me apasiona. El teatro, imagínate. Jacobo fue, desde que empezamos, poesía, teatro. Su teatro es de lo mejor que se ha hecho aquí”, afirma Eró.
Para Blanca y Jacobo, el arte es parte de su cotidianidad. No existe una frontera que divida su arte en la vida privada o profesional porque no hacen sino añadirle a la misma conversación que tienen hace más de 70 años. Es una vida plena en la que fungen como una sola persona, dice Blanca. Jacobo sonríe sin saber dónde esconder la felicidad hurtada.
“No acabamos. Siempre tenemos algo que nos une”, agrega la productora.
Morales elogia la sabiduría y la sensibilidad de Eró. Hace pocos años, cuando desarrollaron un documental sobre la vida de ambos, Jacobo cuenta que a Blanca se le ocurrió un título «maravilloso»: Vivir para la vida.
“Día a día, sacándole provecho a todo lo que nos rodea. Desde una matita, una rosa, el sol, la lluvia, lo que sea. Que venga, pero a vivir el momento. Hay que ser un poquito locos en la vida. Hay que darle la gotita de locura”, sentencia Blanca.
“Porque no podemos caer en excesos de cordura”, remata Jacobo.
Morales destaca cuán difícil es resumir la carrera de ambos en un proyecto u obra, pero subraya el enfoque constante de integrar lo explícito con lo implícito, un compromiso social en el trasfondo y con un punto de partida humanista. Esa visión, que no lo encierra en una tradición ideológica, lo llevó naturalmente a trabajar con Bad Bunny.
“El humanismo tiene que ser básicamente el punto de partida en toda dirección. Con Benito, me llamó un amigo cineasta, Arí Manuel Cruz, para decirme que Benito estaba interesado en que yo participara en el cortometraje ese que, después, le pusimos de título Debí tirar más fotos”, reveló Morales.
Tras preguntar por más detalles, Eró y Morales estudiaron el guión hasta que la productora urgió al actor que debía aceptar el rol. Benito, como le llama, también empleaba un estilo que mezclaba lo explícito con lo implícito, del texto y del subtexto basado en un enfoque patriótico.
“Benito es el elemento creativo del trabajo. Arí fue lo técnico”, explicó Eró sobre la experiencia de trabajar con el artista. Tanto Morales como Eró loaron la obra artística de Bad Bunny por estimular la identidad puertorriqueña y promover un sentido de pertenencia arraigado en la cultura del país. Ambos valoran, más que nada, «el valor supremo del humanismo» que no está en deuda con ningún partido ni ideología política.
En general, ambos entienden que el arte puertorriqueño está orientado hacia ese valor universal, y que queda claramente retratado en proyectos como Esta Isla, película que vieron e invitan a la ciudadanía a ver.
Dedicatoria a dos patriotas

Este año, el Periódico CLARIDAD dedicará su festival anual a la productora y el guionista por sus aportaciones a la cultura puertorriqueña. Maestros del humanismo, sus obras no se limitan al cine. Morales y Eró han escrito y dirigido obras de teatro como Cinco sueños en blanco y negro o Muchas gracias por las flores, consolidando a la pareja de la televisión como gestores de nuestra cultura.
“Yo empecé (en la televisión) en el año 49, a los 14. Diez años antes del periódico, y siempre hemos estado muy pendientes de CLARIDAD. Yo era amigo de Carlos Gallisá, que estudió conmigo en la universidad, en la misma época. Conocía a Juan Mari y a varios de los escritores que tenían vínculos con la comunidad. Yo estaba con ellos con mucha frecuencia”, comparte Morales.
“Además de que es el periódico que se identifica con las luchas independentistas”, añade Eró a la conversación. Recordaban, además, figuras como Elliot Castro, Domingo Vega y los momentos en que viajaban a Cuba como parte de intercambios culturales.
“En Rojo” les enseñó el cartel diseñado por la serigrafista Laura Colón Noriega. Y entonces era el aluvión de avemarías, de quéchulos, de quelindoestá. “Ahí te pareces a Esther, a tu mamá”, le dice Jacobo a Blanca.
El cartel les encanta, les recuerda los tiempos en que CLARIDAD los unía con personajes históricos del independentismo. Jacobo recuerda a uno en particular que trabajó con ellos en la película Ángel, pero no precisa su nombre. Mira a Blanca, repite la descripción para ver si ella sabe: fue Rafael Cancel Miranda.
“¡Rafael Cancel!”, y alcanza a Eró con la mano. “Nos hicimos amigos con Rafael Cancel y, como Ángel es una película de ficción con mucho vínculo con la lucha de la independencia, le pregunté si podía hacer el rol de él mismo, como si estuviera dándole un reconocimiento al personaje que yo interpretaba. Rafael me pregunta: ‘¿Tu personaje sale porque cumple el término de su condena o porque pide perdón?’. Le dije que la cumplía completa y accedió a hacerla”, detalló.
De pronto, Jacobo busca el nombre de otro independentista que trabajó en la película de 2007. No lo encuentra en su cabeza. Entonces lo busca en la mirada de Blanca y ella, sonreída, se lo devuelve completito: Luis F. Camacho, expresidente del Colegio de Abogados y abogado de Filiberto Ojeda Ríos, era el otro patriota que colaboró con ellos en Ángel.
“Yo también trabajé con Filiberto cuando él era trompetista para la Sonora Ponceña. Hemos estado toda la vida en esto”, añade antes de que Eró vincule estas causas con la “consistencia” de CLARIDAD.
“CLARIDAD sigue muy constante, muy consistente en todos los aspectos, y se ha hecho respetar por su fidelidad a la verdad, a las cosas como ocurren. Y es el único que se identifica con el país como país: Puerto Rico. Es el defensor de la nacionalidad, un defensor muy consciente de la realidad. CLARIDAD tiene una visión muy importante de la historia. Los demás pueden ser de cualquier país, pero este dice que estamos aquí, que somos boricuas”, asevera la productora de Dios los cría.
Blanca Eró y Jacobo Morales estarán juntos, como siempre, durante el Festival de Apoyo a CLARIDAD 2026. Allí recibirán la dedicatoria de la quincuagésimo primera edición del evento.



