Por Rafael Santiago Medina
Especial para CLARIDAD
No hubo ningún experimento socialista bajo la gobernación en Puerto Rico de Rexford Guy Tugwell, designado por el presidente Franklin D. Roosevelt, como una manera de extender a la posesión colonial caribeña estadounidense su doctrina del “New Deal”. Erra el economista Gustavo Vélez en su afirmación de que “el experimento socialista ideado por el propio gobierno de los Estados Unidos con Tugwell en Puerto Rico y cuyo modelo sigue siendo replicado por gobiernos del presente es la causa del fracaso económico y el endeudamiento público impagable de hoy que padece el país.

Tugwell fue el ideólogo más influyente de la planificación económica en la administración del presidente Roosevelt y un defensor liberal del estado del bienestar. Convertido en Secretario Adjunto de Agricultura bajo el mando en la agencia de Henry Wallace. Para esa época, Tugwell ecribió: “La planificación se convertirá en una función del gobierno federal; eso o la agencia de planificación reemplazará al gobierno, razón por la cual, por supuesto, tal esquema será asimilado al Estado”.
La teoría de la planificación económica prevé que las oficinas gubernamentales y las juntas de planificación ordenen qué bienes se producirán, en qué cantidades, quiénes serán los productores, los precios de los productos no terminados y terminados, los niveles salariales y la remuneración de los trabajadores, los reglamentos y las condiciones, etcétera. La agencia de planificación central controlaría los bancos y el flujo de todas las inversiones, decidiendo quién se beneficiará y a qué precio. Es esencialmente una economía centralizada de comando y control, como era común en todo el mundo en los años treinta. James Burnham se refirió a esto como “sociedad de gestión o gobierno de los expertos y técnicos”.
Seducido por la economía planificada del fascismo, Tugwell se refirió a ese sistema de gobierno ideado por Benito Mussolini, con las siguientes palabras en un escrito suyo: “Es la pieza de maquinaria social más limpia y ordenada, que opera de la manera más eficiente que jamás haya visto. Me da envidia”. De manera que Tugwell no puede considerarse un socialista en toda regla, aunque su eclecticismo pragmático lo llevó a tomar ideas del socialismo también.
Tugwell pertenece realmente a la escuela de lo que se conoce como institucionalismo económico. Es un enfoque económico sustraído de las ciencias políticas, que estudia la sociedad a partir de sus instituciones formales, y de cuán efectivo es su funcionamiento.
Según esta doctrina, que surge como una crítica a los modelos abstractos de los neoclásicos, cada sistema social desempeña una serie de funciones sociales, políticas, económicas y culturales. Postula esta manera de pensar que para realizar cada una de estas funciones básicas las sociedades se han dotado de un conjunto de instituciones sociales específicas, por medio de las cuales regulan los comportamientos de los individuos.
Hacia finales del siglo 19, se desarrolló en Estados Unidos una corriente de pensamiento conocida como la Escuela Institucionalista Americana. Se destaca Thorstein Veblen como uno de sus líderes. Bajo sus preceptos se concibe la economía como una ciencia social al servicio de la humanidad. Conforme a este tipo de pensamiento, la economía es la ciencia que identifica los obstáculos y propone los caminos para poder mejorar el flujo de bienes y servicios al servicio de toda la colectividad y del bien común. Tanto para la identificación de los problemas como para la solución de los mismos, es básico el concepto de institución que predomina en la sociedad y la eficiencia de sus modelos. Para el institucionalismo, las instituciones definen el marco de actuación de los seres humanos en la esfera social. Así, la coerción, la estructura de incentivos, la persuasión y el comportamiento rutinario constituyen los aspectos que conforman el marco institucional en el que se desarrolla la actividad económica.
Plantea el institucionalismo que la finalidad de la eficiencia instrumental es la eficiencia social, es decir, el servicio a la sociedad mediante la aplicación de políticas concretas para la resolución de problemas. Por lo tanto, es fundamental la eliminación de obstáculos institucionales que impiden el desarrollo del potencial productivo de la comunidad y la cohesión social. Se trata, en suma, de poner la economía y el conocimiento tecnológico y científico al servicio de toda la sociedad. Su objetivo no es transformar la sociedad capitalista, sino reformar sus estructuras sociales y económicas para hacerlas más eficientes y el Estado se convierte para el institucionalismo en el instrumento necesario para llevar a cabo ese proyecto.
No obstante, las esperanzas para la segunda etapa del “New Deal” se desvanecieron con el inicio de la recesión de 1937 y a principios de 1938 se publicó un libro titulado: “Un programa económico para la democracia estadounidense”, en el cual se postulaba que: “El gobierno debe asumir la plena responsabilidad de mantener el ingreso nacional en un nivel suficientemente alto, para asegurar la plena utilización de nuestros recursos humanos y materiales”.
Tugwell y Leon Henderson afirmaron durante ese período, a tono con esa apreciación de la situación del momento, que las dos primeras encarnaciones del “New Deal “fracasaron porque la intervención del gobierno había sido en una escala demasiado modesta. En lugar de gastar tres mil millones al año, por lo que Roosevelt estaba siendo criticado, Tugwell dijo que Roosevelt debió haber gastado doce mil millones al año. El presidente Roosevelt estaba encantado con el consejo.
En 1941, Roosevelt nombró a Tugwell como gobernador de Puerto Rico. Bajo la incumbencia gubernamental de Tugwell se estableció el modelo gubernamental y económico que permitió la transición de Puerto Rico hacia la etapa posterior de su desarrollo económico. De este modo nacieron en la década del 1940, agencias y corporaciones públicas como la Junta de Planificación, el Banco Gubernamental de Fomento, y la Administración de Fomento Económico, la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados y la Autoridad de Energía Eléctrica, entre otras, como modelo de un dirigismo económico basado en las ideas de las doctrinas del institucionalismo.
Es cierto, como dice Gustavo Vélez que “a partir de entonces, el gobierno quedaría como el principal actor o gerente de los procesos económicos, planificando el desarrollo, emitiendo deuda, creando agencias gubernamentales, hasta convertirse en el principal patrono dentro de la economía”. Pero es falsa la catalogación de la gobernanza durante el período de Tugwall como “un experimento socialista” del cual Puerto Rico ha quedado atado hasta el presente. Y que esa es uno de los principales factores del endeudamiento público impagable de Puerto Rico.
El autor es comunicador



