ELIA se abre camino en el género urbano

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Foto por Adrián Rodriguez alicea

 

El día que Elianette Marrero Torres escuchó a Ivy Queen por primera vez, la escuchó desde un MP3 con diseño de los juguetes Bratz. Un primo le había equipado el artilugio con un sinnúmero de canciones que se dividían en dos archivos: A y B. En el primero, le contaron a los padres de Marrero, estaban los sencillos incluidos con el dispositivo; en el segundo, nada. Pero lo cierto es que el archivo B tenía “todas las canciones” que se escuchaban en Puerto Rico para entonces.

Fue uno de los muchos hitos que marcaron la mirada artística de Marrero Torres, quien creció tocando percusiones y cantando en los altares de una iglesia episcopal, en su natal Morovis. A los 12 años, cuenta como quien revela un detalle clave de su vida, la poesía llegó para darle nombre a aquello que le afectaba.

“Yo consumía mucho lo urbano. Yo veía mucho la película del reguetón. Yo me crié escuchando reguetón. De momento, el reguetón para de estar sonando ¿y qué es lo que estamos escuchando? Trap. Los Trap Kings, Bad Bunny, que si Bryant Myers, Anonimus, Darkiel, Almighty, Lary Over. Yo me los sé todos”, narró en exclusiva con En Rojo.

El descubrimiento de los traperos entroncaba con el que, a los 13 años, hizo de la diva, la potra y la caballota, Tego Calderón, Arcángel, Residente y otros exponentes del género urbano. Estas figuras, que tenían “un palabreo” que Marrero usa, la inspiraron a seguir ese estilo. Y a los 16, habiendo afinado el tintero, decidió organizarse para tener una carrera profesional como artista. Ahí nació ELIA.

Para la cantautora, su oportunidad surgió cuando logró entrar en contacto y relación con Rimas Publishing. Con decenas de piezas como “Cacica”– la más reciente– circulando en plataformas como YouTube, Apple Music y Spotify, la cantautora se ha presentado en eventos multitudinarios como SXSW y califica su experiencia actual como una “montaña rusa”. A sus 23 años, está abierta a la dirección en que corra esa montaña rusa.

“El primer heartbreak (desamor) de la vida es de los 1 a los 5 años porque es uno de los primeros actos de conciencia. Así es mi música ahora mismo. Cuando yo tomé conciencia de las cosas que estaban pasando en el mundo y empecé a hablar de ellas. Antes de eso, nunca tuve los cojones de decir que esto está pasando”, comentó con relación al giro que ha tomado su letra en tiempos recientes.

En esa línea, ELIA comparte que la pandemia supuso uno de los retos más fuertes para su carrera porque le privó de una graduación normal de la escuela superior y, en términos prácticos, le puso un alto a sus aspiraciones musicales. Esa depresión, explicó, penetró en sus relaciones y el contenido de ese tiempo. Algo similar le impulsó, el año pasado, a moverse y ofrecer conciertos clandestinos– esporádicos, en espacios públicos– para quienes estuvieran en el área.

Elia. Foto suministrada

“Hace tiempo, yo tenía un party todos los fines de semana. Aquí en Cerra, en Ponce, en discotecas de yo no sé dónde. Lo estuve haciendo por un montón tiempo. Era el joseo de necesitar que me vieran, quiero que me vean, necesito que me vean. De momento me vieron y fue como..”, contaba con un dejo de agobio.

“Entonces hice tres conciertos. Solo iba a ser uno en la calle Cerra, y fue una decisión para que fuera flow (al estilo de) Nueva York. Ese fue viral, el segundo fue más viral todavía y el tercero tuvo problemas. Hay gente y hay gente. La gente ve eso en PR y dice qué mal, pero va a Nueva York y dice qué cool, qué aesthetic (estético). No lo entiendo, si Puerto Rico es la isla mágica de la música”, mencionó, catalogando como hipócrita aplaudir estas actividades fuera de Puerto Rico y repudiarlas aquí.

Desde entonces, ELIA ha decidido “tocar base” con el público y defender el derecho de la juventud a ocupar espacios artísticos y desarrollar sus carreras. A juicio de la cantautora, los artistas emergentes deben recibir el apoyo de la comunidad y el Estado. Para “jugar el juego”– es decir, cantar sin confrontar la ley– no deben ser juzgados o condenados por solo buscar espacios donde presentarse.

Por otro lado, la artista también guarda fidelidad a su lado músico. En varios sencillos, violines o tambores acompañan la melodía mientras un coro canta la lírica con ELIA. Detalló con En Rojo que esas combinaciones rítmicas resultan de su hogar cuando pequeña, donde Olga Tañón y Gilberto Santa Rosa competían con música sacra para sonar desde la bocina.

“Vale la pena creer en una sola cosa hasta la muerte. Y si tengo que hablarte urbano y tirarme lo urbano, lo voy a vender bien. Eso lo tengo manga’o. Ahora estoy viendo cómo le hablo al adulto, y ahí voy a tener otra cosa manga’. La idea es incluir a todo el mundo en el carrito para que coman todos”, concluyó.

 

 

 

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