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En Reserva-Revertir el zoológico,: prestar atención

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Especial para En Rojo

 You can’t help it. An artist’s duty, as far as I’m concerned, is to reflect the times.

―Nina Simone

 En la V Cumbre Internacional de Afrodescendencia de Puerto Rico, sentada de manos entrelazadas con la electricidad sináptica que sólo suscita en nosotras la discusión y la inteligencia de otros, me senté y pensé en mi blancura. La ponencia en torno al libro ¿De qué color son los blancos? de Odome Angone, y el ambiente tanto alegre como apelmazado de la Cumbre siempre da pie, como dije hace dos años en ese mismo anfiteatro, al neologismo de «desaprender»; a embarazarse de conocimientos y entretejerse en temas interdisciplinarios. A revertir el zoológico para que nos miren y tomen fotos a nosotros en lugar de nosotros a ellos.

*

Ahí detengo el trajín de dedos. ¿Nosotros, quiénes? ¿Ellos, quiénes? Aborrezco las dicotomías. «Revertir el zoológico», murmuré durante la ponencia y anoté por el margen de la libreta seguida por la pregunta de quién soy yo para escribir sobre estos temas. Quién.

Soy aquella que debe responder a la pregunta que lanzó Odome cuando le pidieron, desde el público, que contestara ella. Soy quien transita la modernidad líquida, los espacios corporativos, las calles sanjuaneras de mis ancestros que alguna vez, sí, fueron dueños de haciendas, emigrados del Viejo Continente con caballos, sí, pero también con esclavos.

Odome lanzó la pregunta al público y rebobiné y adelanté una y otra vez una cinta mental: el viaje con mi mejor amiga de la universidad ―ella de Ghana, yo, de Guaynabo― al sur de España en 2013, ¿qué tal? ¿Acaso no le tomaron fotos? ¿Acaso no faltó la tira de colores para medir quién pasaba más veloz por Inmigración?

*

Tras ahondar sobre la academia, la justicia epistémica, los conocimientos ancestrales del matriarcado; el sentipensamiento (F. Borda), los constructos sociales y lo revolucionario de maternar a favor de nuestras hijas, una mujer del público afirmó que las blancas quieren ser negras. Con ese pensamiento aún en el aire, y sin tiempo para realmente responder dada la naturaleza efímera de la ponencia para tanta riqueza de tema, audiencia y sensación, Odome miró al público e invitó a los blancos a responder a la pregunta: «¿de qué color son?»

Él se volteó con una leve sonrisa en los labios y tamborileó sus dedos sobre los míos. «¿Contestas tú?». Con las mejillas algo rojas, y el bolígrafo en mano, respondí con la sinceridad de una niña que debía pensarlo. Debía revertir la mirada, «revertir el zoológico» que durante años se ha llevado a cabo a nivel global tanto en el mundo tangible ―pensé en la «Vénus noire» (Saartjie Baartman, 1789-1815)―, como en los mundos socioeconómicos y metafóricos.

La filósofa Simone Weil alguna vez dijo que prestar atención es la más profunda y la más difícil labor social. Prestar atención para dignificar. Prestar atención para amar. Prestar atención para liberarse de los presupuestos sociales, de la dominación de la oligarquía del gobierno y del hogar. Prestar atención desde un prisma decolonial. Prestar atención para conocer y sanar desde la duda, la vulnerabilidad y la curiosidad que nos llama a todo animal.

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