Especial para En Rojo
En Puerto Rico por lo general se camina muy poco o al menos no con la frecuencia que quisiéramos. Una de las cosas que más me contenta es caminar. Me consta que no soy la única, pero sí somos minoría. Caminar a pie, reiteración que siempre me ha parecido graciosa, no está en nuestros hábitos culturales a menos que decididamente nos lo planteemos y actuemos. Cuando localicé el lugar donde quería establecerme, el primer requisito autoimpuesto era que no tuviera que manejar en auto para ir a comprar pan o papel higiénico. Había estado “engreída” (decían) por varios años sin necesidad de usar el carro para aprovechar el diario vivir. Soy enfática en ello, porque para mí guiar es una pérdida de tiempo a menos que al otro lado me espere una novedad o aventura. El andar es solo uno de los aspectos del caminar. Sabemos hoy que el ejercicio físico mejora efectivamente la concentración, la creatividad y la calidad de vida. Sin proponérselo mucho Aristóteles aplicaba hace más de dos mil años lo que los campos científicos, particularmente el de la neurociencia moderna, respalda. Es probable que por ello sus alumnos de la escuela Peripatética no solo aprendieran lógica o ética, sino también la forma de mirar el mundo mientras lo recorrían y observaban activamente.
Como hacemos todavía la minoría mientras caminamos hacia… la guagua. Lo desesperante es saber que en esta latitud habiendo ya una infraestructura de transportación pública primaria, al menos probada en la zona metropolitana, no se gestione hacia el nivel consecutivo de eficiencia y confiabilidad. Surgen amagos loables como la recién interconexión de la Ruta 55 de la Autoridad Metropolitana de Autobuses, que permite aproximarnos en colectivo a los municipios de Carolina, Loíza y Canóvanas. O la eliminación de tarifas por el uso del transporte, en transición a las esperadas mejoras. La confiabilidad de esa nueva ruta junto con las mejoras y permanencia de estas tienen que probarse. También nuestra voluntad de soltar el carro está entredicha. Aspiramos abarcar necesidades en varios frentes, pero exigir lo básico, que es la transportación colectiva, no puede aplazarse más. Es tan importante como la recuperación de los centros urbanos sin necesidad de fragmentar las unidades de vivienda para que solo las adquieran inversores que ni vida hacen entre nosotros.
Hace varios meses un par de investigadores puertorriqueños que trabajan temas relativos al urbanismo y la arquitectura concluyeron un proyecto sonoro tan singular como necesario, una prolongada e intermitente conversación a través del tiempo. La mirada forense. Tres crímenes arquitectónicos es un trabajo que bebe de las disciplinas humanísticas interdisciplinarias como la historia urbana, la arquitectura y el diseño de la planificación en beneficio de discutir abierta y profundamente cómo es que se han transformado los espacios comunes que habitamos. Ya sea desde la brega peatonal misma o desde la escucha del programa, la serie sugiere una intencionada evaluación de cómo es que el diseño (o la omisión) sumado a los intereses puntuales de una cadena de actores, así como la construcción y el desarrollismo han influenciado en el comportamiento ciudadano y relativiza cuáles han sido los resultados de las pasadas décadas.
¿Por qué hay que reclamar o visibilizar la ciudad de los crímenes no resueltos? ¿Qué relación directa tiene la práctica incisiva de la crítica cultural con nuestro porvenir como ciudadanos? El podcast con su propia seña de tonos histriónicos radiales y con reflexiones profundas del periodismo permite una escucha amena de crónicas breves basadas en un análisis sociohistórico y de observación contínua. ¿Qué pasó con aquella incipiente urbanidad propuesta en distintos momentos entre las décadas 70 y 80? ¿Por qué la transición hacia la vertiente suburbana se dio con tanta facilidad? Tanto el arquitecto Miguel Rodríguez Casellas como el periodista Mario Roche Morales elaboran sus “hipótesis” desde los respectivos peritajes teóricos que dominan y, por supuesto, desde la experiencia individual del flaneur. Administrada en cuatro episodios de treinta minutos cada uno, y a la tradición del film noir, los personajes de Beno y Eneido (¿versión criolla de la tira cómica Benitín y Eneas?) son dos seudo detectives que se dejarán caer por los recovecos fallidos del Escambrón, trazarán la lamentable historia expropiatoria de los cimientos de Ciudadela, incluida su zona verde complementaria del Parque de Santurce e investigarán lo que por décadas es el crimen “más emblemático”: la despoblación del casco urbano de Río Piedras y su incidencia en zonas aledañas con su consecuentes, y también paradójicos, tapones diarios.
Roche Morales y Rodríguez Casellas realizaron un ejercicio crítico sostenido, lo subrayo porque la dialéctica de los cuatro episodios sonoros, podemos acotar que tuvo su germen hace una docena de años tras una entrevista radial realizada por el periodista al arquitecto y cuyo trabajo de transcripción y cuidadosa edición posterior se recoge en el libro Los imprescindibles.Temas para entender el Puerto Rico de hoy (Callejón, 2014). La publicación fue subvencionada en gran parte por Humanidades Puerto Rico, organización dedicada al estudio crítico y práctico de la pluralidad de las disciplinas que comprenden las humanidades. Posteriormente La Fundación Derecho a la Cultura, bajo el liderado investigativo y programático de Roche Morales y Rodríguez Casellas, participó de la convocatoria regular de 2025 de Humanidades Puerto Rico y obtuvieron la subvención para los episodios, reiterándole de este modo el interés continuo en discutir la integración arquitectónica en relación con lo común, el paisaje y cómo encaja (o no) en el contexto de lo urbano. Le invito a que visite la sección de podcast de la página web Cosecha Cultural para que encuentre los episodios sonoros. Cada capítulo de la serie tiene una cuidadosa musicalización y alusiones tanto a la cultura popular puertorriqueña como a conceptos propios y relativos del cuerpo urbano y su cuestionable ordenación en nuestra ciudad.
Calce: En la imagen la periodista y directora del programa de Subvenciones de Humanidades Puerto Rico, Dalila Rodríguez Saavedra, dialoga con los investigadores Mario Roche Morales y Miguel Rodríguez Casellas. Foto por Thais Llorca, cortesía de Humanidades Puerto Rico.



