» Una civilización completa morirá esta noche». Esa fue la sentencia que emitió el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre el destino de Irán, en medio de su maniático afán por encontrar una salida para Estados Unidos del callejón oscuro de una guerra improvisada, que le está costando más tropiezos que avances al cada vez más desaforado imperio del Norte. A pesar de la retórica bombástica y triunfalista del presidente Trump y sus acólitos de la maquinaria de guerra, la realidad sobre el escenario del conflicto apunta en otras direcciones.
Entrada ya la tercera semana de bombardeos de las fuerzas armadas israelíes y estadounidenses sobre territorio e infraestructura iraníes; de haber asesinado durante los primeros días al lider supremo de Irán y su familia, y luego a otros reconocidos líderes del gobierno y de la inteligencia iraní; de haber destruido importantes depósitos de armamentos e infraestructura estratégica y reducido a polvo escuelas, universidades, centros bancarios e instalaciones petroleras de gran importancia, el consenso de la prensa internacional es que en Irán ni el gobierno ni las instituciones civiles están al borde del colapso, como incesantemente se repite desde la Casa Blanca y el Pentágono.
La superioridad militar de Estados Unidos no está cuestionada.Las escenas de los bombardeos parecen sacadas de una película de ciencia ficción. Pero, para Irán, con miles de años de historia y cientos de guerras vividas, la clave no es ganar la guerra, sino preservar su influencia como ficha de tranque para el acceso del mundo a combustibles derivados de petróleo, como la gasolina y el diésel, y mantener la mano en la balanza y darle equilibrio al mercado global de valores.
Si en ese «mano a mano» con Estados Unidos, Irán se arriesga a perderlo todo, su control sostenido del estrecho de Ormuz, la vía comercial marítima más importante de la región, es el arma que le permitirá negociar con fuerza una salida permanente a este conflicto. Si el.gobierno de Estados Unidos tiene las bombas, Irán tiene la llave para crear una crisis económica mundial si se disparan los precios de gasolina y diesel, y se desestabilizan los mercados de valores.
Algo de eso le deben haber dicho sus asesores para que Trump, en medio de sus bravuconadas, buscara desesperadamente la tregua de dos semanas en las hostilidades, que se anunció al cierre de estas líneas, y que paralizó por el momento la «muerte súbita» de la civilización persa, según pronosticó Donald Trump.
Si luego de la tregua, no hay acuerdo permanente, y se reanuda la trayectoria de la guerra, la civilización persa continuará pero Estados Unidos estaría repitiendo los mismos errores que ha cometido en todas las guerras de agresión que ha iniciado desde la segunda mitad del siglo veinte hacia acá.
En Vietnam los errores fueron garrafales. Primero, subestimaron la intensidad, capacidad y tenacidad del pueblo vietnamita, y de la guerra asimétrica que terminó en el desgaste y colapso de la estrategia militar de Estados Unidos. A consecuencia de la guerra, Vietnam quedó devastado, y sufrió pérdida de vidas incontables, pero se levantó y hoy tiene una de las economías más pujantes de Asia. Para el gobierno de Estados Unidos, esta derrota también representó la pérdida de confianza de su pueblo por las mentiras y el largo encubrimiento de la verdadera realidad en el escenario de la guerra.
Afganistán fue otra pérdida. Luego de veinte años de guerra de ocupación, todo el poderío militar estadounidense no fue suficiente para derrotar la resistencia y la constancia táctica del Talibán. Igualmente, en Iraq y Libia, donde se utilizaron la mentira de las armas de destrucción masiva y el supuesto despotismo de los gobernantes para descabezar dos gobiernos estables, y esto abrió la puerta al caos y a la guerra permanente en dicha región.
En Irán, el gobierno y la milicia estadounidenses están demostrando que no aprendieron la lección de las guerras fallidas. Peor aún con el elemento adicional del protagonismo de Israel, no solo iniciando esta guerra en Irán, sino expandiendo el conflicto al Líbano, y también por delegación a Arabia Saudita y los estados árabes del Golfo Pérsico.
Revolver la pólvora del barril del Medio Oriente sin tener un plan para » el día después» es crear las condiciones para otro conflicto largo y empantanado que Estados Unidos no podrá ganar. La escritura está en la pared. Las grandes civilizaciones, como la persa, son grandes porque se fraguaron, a ciencia y paciencia, durante miles de años. Por eso, ni una ni miles de noches de una guerra sin rumbo serán suficientes para destruirla.



