La diversidad religiosa, don divino para la humanidad

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Especial para En Rojo

La ONU consagra el 21 de enero como el «Día Mundial de las Religiones». Esta fecha ha cobrado importancia en un mundo cada vez más marcado por la diversidad cultural y religiosa. En la América Latina y Caribe, donde, históricamente, las religiones de origen africano y las tradiciones espirituales indígenas siempre han sido marginadas y hostigadas, aún existen en los medios de comunicaciones y en la gestión política de ciudades actos que contradicen el carácter laico del Estado y revelan prejuicio y violaciones de los derechos de los grupos religiosos considerados minoritarios, principalmente contra religiones y cultos de origen africano. A veces, la intolerancia es clara, otras veces, se camufla bajo el pretexto de protestar contra el ruido de los tambores o contra el sacrificio de animales.

En todo el continente, la cultura vigente aún tiene vestigios de los tiempos en que la religión de los señores blancos era la única aceptada y condenaba las religiones negras e indígenas.  Hoy en día, esto se configura como racismo religioso y debe ser denunciado y combatido. Lamentablemente, en la actualidad, algunos grupos pentecostales y también católicos parecen haber heredado de la antigua cristiandad su legado más negativo y trágico: la pretensión de ser la religión dominante. Algunos grupos cristianos siguen viviendo la fe como una ideología de conquista guerrera que no admite el derecho del otro y del diferente. Querer que el país o la ciudad sean católicos o pentecostales no solo es una violación de la laicidad del Estado que debe ser abierta a todas las formas de creencia, sino que también es contrario a lo que propone la propia espiritualidad cristiana: el amor universal y el profundo respeto por las diferencias.

Según el Evangelio, el propio Jesús advirtió: «En la casa de mi Padre hay muchas moradas» (Jn 14, 1). En otro texto, aunque al principio lo rechazó, acabó aceptando curar a la hija de la mujer sirio-fenicia que profesaba otra religión y llegó a elogiar su fe (Mc 7, 24-30). Curó al hijo del oficial romano y predijo que muchos vendrían del Oeste y del Este y se sentarían a la mesa de Dios, mientras que algunos que se consideran fieles se quedarían fuera (Mt 8, 11-12).

Todas las religiones predican el amor, la compasión y la misericordia. Sin embargo, cuando se vuelven dogmáticas y autoritarias, se transforman en instrumentos de fanatismo y canales de intolerancia. Confunden la verdad con su forma cultural de expresar la verdad. Absolutizan los dogmas y terminan justificando conflictos y guerras en nombre de Dios.

Hoy en día, la diversidad cultural y religiosa no es solo un hecho que, lo queramos o no, se impone a la humanidad. Es principalmente una gracia divina y una bendición para todas las tradiciones religiosas.

Para que el diálogo entre las religiones sea profundo, cada grupo debe reconocer lo que el Amor Divino le revela, no solo a partir de su propia tradición, sino también desde el camino religioso del otro. En la época del nazismo, desde una prisión alemana, el pastor Dietrich Bonhoeffer, teólogo luterano, escribía: «Dios está en mí, pero para abrirme al otro. En mí, es una presencia débil para mí mismo y fuerte para el otro. Dios está en ti y para mi”. Uno cristiano del siglo IV decía: “Para encontrar a Dios, hay que encontrar el ser humano”.

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.