La violencia machista no es cuestión de temporada

912

 

 

Especial para CLARIDAD

 Las diferencias climáticas entre las estaciones del año en Puerto Rico son muy tenues por nuestro clima tropical, aunque los días se alargan a partir de abril y se hacen más cortos cuando se acerca noviembre. Sí estamos muy pendientes de la temporada de huracanes que nos pone en riesgo entre julio y noviembre por los fenómenos que pueden formarse en África y llegar a nuestro Caribe. El cambio climático y sus dramáticos efectos, como los que sufrimos con María, nos han hecho más conscientes.  Sin embargo, cuando de la violencia machista se trata, el periodo del verano de este año 2025 ha sido trágico por la cantidad de mujeres cuyas vidas han sido segadas por feminicidas que eran o fueron sus parejas. Los datos del Observatorio de Equidad de Género de Puerto Rico (OEG) señalan que junio fue el mes con más feminicidios. Doce mujeres fueron asesinadas, dos de ellos en la categoría de íntimos y la mala racha no se ha detenido hasta el sol de hoy.  Del 1 de enero al 31 de agosto de este año 15 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o ex parejas

Además de los feminicidios perpetrados, las tentativas para cometerlos, pero ellas lograron sobrevivir, son numerosas. Por ejemplo, los datos del OEG, reflejan que julio de 2025 cerró con 36 feminicidios, 13 de ellos íntimos, pero hubo 76 intentos de cometerlos. Además, hubo 14 casos de mujeres que murieron en circunstancias violentas, pero todavía estaban siendo investigados. De esta categoría podrían surgir más asesinatos, una vez sean esclarecidos, si es que eventualmente las autoridades policiales logran hacerlo. Es sabido que el índice de esclarecimiento de casos sigue siendo bajo en Puerto Rico.

Desafortunadamente, son muchas las personas que piensan y sin remordimiento expresan, que hablar de la violencia de género es como ver llover sobre mojado, que no hay mucho más que hacer, que cada mujer debe hacerse responsable por la pareja que “escoge” y enviarlo a freír espárragos cuando la agrede física o emocionalmente. Sin embargo, las historias de las sobrevivientes que fortalecidas por el apoyo que reciben de las organizaciones no gubernamentales y sin fines de lucro que las apoyan logran salir del círculo de la violencia que les roba la paz, la libertad y la dignidad, nos dejan ver claramente los múltiples factores sociales que en una sociedad patriarcal nos pueden conducir a una relación de violencia, tanto por quien la sufre como por el que la ejecuta.

El pasado 15 de agosto se cumplieron 36 años de la aprobación de la Ley 54 para la Prevención e Intervención con la Violencia Doméstica. Producto del activismo de las organizaciones de mujeres, sectores y personas defensoras de los derechos humanos, esta legislación de avanzada, novel en cuanto a la protección de los derechos de las mujeres, estableció en Puerto Rico la política pública del Estado de repudio a la violencia doméstica como un problema social y de salud pública que concierne al gobierno y a toda la sociedad, el cual trasciende las puertas de la intimidad del hogar. Ha requerido mucho activismo y militancia la defensa del estatuto para que se implante y sea interpretado de la manera en que fue concebido. La Ley reconoce en su Exposición de Motivos las causas de la violencia contra las mujeres, quienes son las más afectadas, como demuestran las estadísticas y que la solución al problema no es individual, sino de la colectividad social. Por tal razón, como reiteran las personas expertas en los temas de género, de las ciencias de la conducta, pero también las que parten de la sensibilidad y el sentido común, la prevención a través de la educación es la llave para abrir la puerta hacia la erradicación del discrimen por género y la desigualdad que nutre la violencia hacia las mujeres y hacia las personas de género fluido.

Desafortunadamente el Estado no encuentra el ojo de la cerradura y se niega a asumir un papel efectivo para la prevención de la violencia de género. Desde la Rama Ejecutiva, la gobernadora suelta una que otra frase trillada cuando es abordada por la prensa cuando se informa un nuevo feminicidio. No hay profundidad, creatividad, compromiso sobre el tema. Nada tengo que decir sobre la Oficina de la Procuradora de las Mujeres (OPM). Para desgracia y traición a la historia feminista que dio origen a su creación, es hoy una nave quemada, gracias a la mayoría de las “Procuradoras” que fueron nombradas por el Partido Nuevo Progresista (PNP), una de las cuales es hoy convicta por corrupción en el tribunal Federal para el Distrito de Puerto Rico. ¡Cuánto daño le hizo Wanda Vázquez a la OPM!  En los cuerpos legislativos, no cesan los proyectos de ley para enmendar la Ley 54. No necesariamente con el propósito de atender las necesidades de las víctimas sobrevivientes, sino para obtener titulares y promocionar su imagen. Muchas son propuestas redundantes e innecesarias y otras sumamente peligrosas pues menoscaban la política pública de la legislación y el enfoque inclusivo de las personas a las que protege. También se han presentado proyectos que intentan menoscabar la autonomía de las organizaciones sin fines de lucro que les ofrecen servicios a las sobrevivientes, mediante investigaciones y propuestas injustificadas de fiscalización. Esto es totalmente irónico, cuando son los albergues y otras entidades no residenciales las que salvan las vidas de las sobrevivientes y sus crías, mediante una dedicada labor que no lleva a cabo el gobierno por incapacidad y falta de voluntad.

En tiempos en los que el extremismo republicano en EEUU y su nefasto presidente han eliminado y disminuido fondos para las entidades que hacen trabajo para promover la diversidad, la equidad y la inclusión; para todo lo relacionado con los derechos de las mujeres y de la comunidad LGBTQ+, para cualquier gestión dirigida a la protección y defensa de la dignidad humana y ante las posturas de sumisión de quienes mal dirigen a Puerto Rico, nos toca a la sociedad civil continuar luchando contra la violación de los derechos humanos y particularmente contra el trágico problema de la violencia machista. Podemos hacerlo desde nuestros espacios comunitarios. La indiferencia es condenable. ¿Por qué Claribel Montes Alicea, no recibió ayuda mientras pedía auxilio cuando era apuñalada por su feminicida en una calle de Patillas? Además del tiempo que transcurrió sin que la ambulancia llegara. La colaboración económica y con servicios voluntarios a las organizaciones sin fines sin fines de lucro que les frecen servicios a las víctimas sobrevivientes también puede ser una contribución importante.

La temporada de huracanes nos mantiene alertas y nos preparamos para las eventualidades que pueda traer, pero la violencia de género nos afecta de enero a diciembre y también requiere de nuestra acción para prevenirla o para actuar cuando la presenciamos y combatir sus estragos.

 

 

 

 

 

Artículo anteriorDos rectores menos y un inicio atrasado: “Nos preocupa la universidad”.
Artículo siguienteNo a la remilitarización de Puerto Rico