En Rojo
En Puerto Rico el fascismo y el nazismo estaban a sus anchas. Desde el gobernador Blanton Winship hasta la Casa de España y el Casino el militarismo y el autoritarismo de derechas se veía con simpatía en aquellos años Treinta. Hitler y Franco adornaban las actividades sociales de peninsulares y el gobierno recibía buques con la enseña nazi en puerto.
Este es el caso de la visita del crucero alemán, Meteor. El Mundo así lo reseñaba el jueves 10 de febrero de 1938. Las “Sociedades Españolas de Puerto Rico” habían obsequiado con vino de honor a la oficialidad y a los “hombres de ciencia” que viajaban en la nave. Don Manuel Gómez López, vicepresidente de la Casa de España, levantó su copa para brindar por el “Honorable comandante Hain (…) como prueba personal de afecto hacia vosotros y de simpatía de nuestra patria a la vuestra”. Las imágenes reproducidas en los periódicos de la isla, en la revista Puerto Rico Ilustrado muestran el ágape en el que los más granado -es una broma- de la sociedad española e insular regalan sus mejores sonrisas a los invitados.
El Meteor no era un buque cualquiera. Se trataba de una embarcación para realizar estudios y mediciones hidrográficas. Con los resultados de esas investigaciones se realizaban cartas náuticas que permitían señalar vías navegables o aguas poco profundas. Sus oficiales eran militares. Dudo que estuvieran en la bahía de San Juan estudiando ecosistemas marinos o restos de naufragios aunque, ciertamente, estaba equipado con un sofisticado sonar. Quizás estoy prejuiciado. El Meteor se usó desde 1925 para investigaciones y cubrió más de 67,500 millas náuticas entre África y Sur América. Luego estuvo en las costas de Islandia y el Atlántico Norte hasta tomar rumbo al sur y recalar en Puerto Rico para esa simpática visita.
Lo que llama mi atención es que no estamos hablando de 1925, cuando el buque inicia su periplo, sino de 1938. Ya el espíritu de la época, en el que se incorporaba el antisemitismo, el racismo y el darwinismo social con propuestas científicas que explicaban prejuicios, estaba en boga. Ya era lugar común el culto a los héroes, y el régimen que equiparaba la seguridad y el bienestar económico al orden, la disciplina y el control social. Estamos hablando de 4 años después de La noche de los cuchillos largos (Nacht der langen Messer), una serie de asesinatos políticos para “depurar” el partido. Pocos meses después de la visita del Meteor ocurriría La noche de los cristales rotos (Kristallnacht), en la que tropas de asalto atacaron a la población judía, las tiendas, comercios y sinagogas. Y nadie con un mínimo de cultura general desconocía que aún antes del ascenso de Hitler a Canciller de Alemania se establecía que los ciudadanos alemanes solo podrían ser “hermanos de sangre”. Los simpáticos oficiales del buque representaban a un estado en el que se habían proscrito los partidos políticos y había suspendido los derechos civiles constitucionales.
Entonces, ¿qué régimen era el nuestro? ¿Por qué no estaban proscritas en nuestra isla las celebraciones a Hitler y a Franco, cuyos retratos al óleo adornaban la Casa de España? Ciertamente, el gobernador Blanton Winship, veterano de la Guerra Hispanoamericana y de la Primera Guerra Mundial, no era ajeno a las ideas de control, orden y las masacres. Bajo su gobierno y bajo su dirección, ocurrieron las masacres de Río Piedras (1935) y Ponce (1937).
Por otro lado, la legislatura colonial no escapaba a una cierta impronta nazistoide. Nos alerta el amigo que en 1937, se promulga la ley 116 que promovía el control poblacional de Puerto Rico. Por supuesto, el énfasis estaba en la esterilización de mujeres, el uso ¡experimental! de anticonceptivos en mujeres de las clases populares.
En esta década el doctor Clarence Gamble utiliza clínicas de salud reproductiva con esos fines. Y están bastante bien documentados los experimentos hasta mediados del siglo pasado, durante la Guerra Fría.
¿Y el cariño a Franco? La comunidad española en Puerto Rico estaba dominada por la ideología fascista. Algunos puertorriqueños, no faltaba más, apoyaban al fascismo equiparando la tradición y herencia españolas con la falange. Sobre el particular puede leerse Volverán banderas victoriosas…”: Historia de la Falange en Puerto Rico (1937-1941)(San Juan, Publicaciones Gaviota, 2019), de Rafael Ángel Simón Arce. Sepan que el fundador y director de la Orquesta Sinfónica de San Juan y de la Orquesta Filarmónica de Puerto Rico, Arturo Somohano compuso, durante los primeros años de la Guerra Civil Española, un pasodoble titulado “Franco”. No se refería a los deliciosos brazos gitanos de Mayagüez. Estaba dedicado al Generalísimo Francisco Franco, dictador de España por la gracia de Dios y las armas. La letra la escribió Enrique Trigo, sobrino de el notorio coronel Orbeta, el asesino pichón de fascista que cumplió a cabalidad las órdenes de Winship que culminaron con la Masacre de Ponce. Porque sí, el retrato de Franco que adorna la Casa de España en aquella visita del Meteor, rinde culto al golpista cuya impronta llenó de fosas comunes a la Madre Patria de los fascistas locales. Pero además era, como hemos dicho, parte del zeitgeist.
En el plano cultural Eladio Rodríguez Otero, cabecilla -no pun intended- del falangismo durante y después de la guerra, fue propulsor de la hispanofilia más rancia, así como el anticomunismo. Más católico que Pio XI, entre sus más grandes proezas está el haber expulsado del Ateneo, que presidió hasta su muerte, a Nilita Vientós Gastón.
La presencia del fascismo y el nazismo en el Caribe es un asunto complejo. Algunos historiadores plantean que el impacto directo de estos movimientos totalitarios europeos en nuestra zona fue menor con relación a otras partes del mundo.
Durante la guerra, el Caribe se convirtió en un área estratégica para las potencias aliadas, especialmente para Estados Unidos. La proximidad geográfica a Europa y el control de rutas marítimas hicieron que la región fuera vital. Esto llevó a un aumento de la presencia militar estadounidense en el Caribe, lo que afectó la dinámica política local y limitó la influencia nazi directa en la región. Pero las ideologías son porosas.
La guerra sirvió como catalizador para el fortalecimiento de movimientos de resistencia en el Caribe. La lucha contra el nazismo y el fascismo se alineó con las luchas por la independencia y los derechos civiles en la región. Muchos caribeños vieron la guerra como una oportunidad para desafiar el colonialismo y las dictaduras locales, lo que llevó a un aumento en la conciencia política y la movilización social.
Sin embargo, habría que destacar que durante la década de 1930, muchos países del Caribe, como Cuba y la República Dominicana, vivieron dictaduras y gobiernos autoritarios que, aunque no eran abiertamente fascistas, compartían ciertas características con estos regímenes. En particular, la figura de Rafael Trujillo en la República Dominicana es un ejemplo de un dictador que, si bien no se alineó formalmente con el nazismo, adoptó tácticas de control social y represión que resonaban con aquellos principios.
A pesar de la presencia de estas ideologías, o quizás resistiéndose a las mismas, muchos movimientos de resistencia y luchas por la independencia se fortalecieron durante este periodo, desafiando las narrativas totalitarias. El Caribe, históricamente marcado por la lucha contra la opresión colonial y la búsqueda de autodeterminación, se convirtió en un terreno fértil para la defensa de los derechos humanos y la promoción de la democracia. Por mi parte, insisto en que no olvidemos esa parte de nuestra historia. No sé si notan como aquellas ideologías, aquellas relaciones comerciales y familiares, todavía ejercen influencia en los modos en los que nos relacionamos con el mundo y en las torpezas con las que se administra el país.



