En Rojo
Digamos que no existen aquellos que no poseen los medios de producción y, por lo tanto, deben vender su fuerza de trabajo para sobrevivir. Postulemos que sus ingresos provienen de salarios y están generalmente en una posición de dependencia respecto a los empleadores. ¿Ya no existen estos seres?
¿Será que ya nadie se nombra o se siente burgués? Pensemos que no existe la clase burguesa que posee los medios de producción, como fábricas, tierras, imprentas, Google y recursos. Imaginemos que en el planeta no quedan quienes obtienen su riqueza mediante la explotación del trabajo de los trabajadores, generando ganancias a partir de la diferencia entre el costo de la fuerza de trabajo y el valor producido.
Si esto fuese cierto, ¿se quedó sin motor el Volkswagen de la historia? En otras palabras, no hablemos de la lucha de clases entre trabajadores y burgueses como un motor de cambio social y político en la historia porque ahora todo se mueve con otro mecanismo.
Entonces, ¿se acabaron las revoluciones? Bueno, la Revolución Francesa, donde los ideales de igualdad y libertad desafiaron el poder de la aristocracia y la burguesía, fue hace un fracatán de años. Y la Revolución Rusa, que buscó derrocar al régimen zarista en favor de los trabajadores terminó en manos de un señor que luego anunciaba Pizza Hut.
¿Negamos que la organización de los trabajadores en sindicatos y movimientos llevó a mejoras en las condiciones laborales, derechos laborales y políticas sociales? ¿Derogamos las leyes que protegen derechos como el salario mínimo, la jornada laboral y la seguridad en el trabajo porque ya no hay burgueses y trabajadores?.
Debemos suponer que no es necesaria la presión de los movimientos de clase trabajadora para que los gobiernos al servicio de las grandes corporaciones implementen reformas que busquen mitigar la desigualdad, como sistemas de bienestar social y regulaciones económicas. Porque debemos suponer que, como ya no existen aquellas clases clásicas, ni existe la lucha de clases, todos, todas y todes hemos alcanzado esas reivindicaciones. ¿No?
Bueno, bueno, sin prisa que voy pa’ lejos. Es verdad. Marx hablaba de la producción industrial y el capitalismo ha evolucionado hacia un enfoque más centrado en servicios y tecnología. Sin embargo, en el sector de servicios, la atención al cliente/consumidor y las plataformas digitales, a menudo se observan condiciones laborales precarias como las de una fábrica de finales del siglo XIX. Digo, por eso de dar fechas lejanas. Hoy, el análisis puede explorar cómo los trabajadores son explotados a través de bajos salarios, inestabilidad laboral y falta de beneficios.
Es cierto que en el mundo digital, el trabajo a menudo no se traduce en propiedad física. Pero se puede analizar cómo las plataformas digitales (como Uber o Amazon) generan valor a partir del trabajo de los empleados sin proporcionarles derechos laborales adecuados. También se puede explorar la creación de «trabajo inmaterial» en áreas como el marketing digital y el desarrollo de software.
La digitalización ha permitido un aumento en la vigilancia y el control de los trabajadores. Un análisis marxista puede investigar cómo las tecnologías de monitoreo afectan la autonomía de los trabajadores y su capacidad para organizarse.
Entonces, ¿lucha de clases? A pesar de las dificultades, los trabajadores en estos sectores están formando nuevas formas de organización y resistencia. Los movimientos de trabajadores de plataformas y los sindicatos digitales ejemplifican cómo se están adaptando las luchas de clase a las nuevas realidades.
¿Hay desigualdad en la democracia digital? tanta como en la norteamericana o en la que sea. Se puede analizar cómo la brecha digital crea desigualdades en el acceso a oportunidades laborales y cómo esto afecta a diferentes clases sociales, perpetuando la desigualdad económica.
Está bien, esto se parece al amor complicado “No le demos nombre a esto”. Si alguien me demuestra que las estructuras de poder y la desigualdad económica no persisten, ni están generando tensiones sociales y políticas ahora mismo, cuando acabo de pedir un sándwich de atún a las dos de la tarde, pues entonces, dejo de repetir palabras y frases como burguesía, trabajadores, lucha de clases. Si tienen nombres más sexy, metan mano.



