De forma repentina falleció en días recientes Richard Trumka, presidente de la AFL-CIO, la poderosa federación laboral de Estados Unidos, con 12 millones de miembros. La AFL-CIO- cuyo nombre completo es American Federation of Labor- Congress of Industrial Organizations- agrupa al grueso de las uniones obreras de Estados Unidos, tanto del sector público como del privado. Hijo de un minero, Trumka había ascendido en 2009 al máximo liderazgo de la AFL-CIO luego de presidir la United Mine Workers of America, sindicato de los trabajadores de la minería. Su padre había sido minero y Trumka vivió de cerca los azares de uno de los oficios más duros y de mayor riesgo para sus trabajadores.
En el año 2013, bajo la presidencia de Trumka, la AFL-CIO aprobó una resolución a favor de la excarcelación del prisionero político puertorriqueño Oscar López Rivera, la cual fue presentada en la Convención de la federación laboral en California por el veterano sindicalista puertorriqueño José (Lole) Rodríguez Báez, entonces presidente de la Federación del Trabajo de Puerto Rico, filial de la AFL-CIO en la Isla. En Puerto Rico, algunas de las más importantes organizaciones laborales forman parte de la AFL-CIO.
A Elena y demás niños y niñas puertorriqueños que nacieron fuera de la Isla y que sueñan con representar a Puerto Rico
No hay duda que los Juegos Olímpicos son una plataforma donde se exhiben y a veces se exacerban las nacionalidades, mientras todo se rodea con un discurso universalista y de fraternidad de la humanidad y entre naciones. Pero todo el simbolismo de los Juegos está hecho para premiar naciones. Cuando alguien gana se toca el himno nacional, se iza su bandera, se abren los Juegos con el desfiles de naciones y el medallero no es de atletas sino de países. No es casualidad que se reanudaran los Juegos modernos a fines del siglo XIX cuando estaba en auge el nacionalismo en Europa. Esto genera que los Juegos, además de ser un espectáculo deportivo, sean un terreno fértil para discutir temas de nacionalidad y nacionalidades.
Evidentemente los Juegos Olímpicos son un reflejo de la sociedad y van cambiando acorde. Así hemos visto atletas transgénero competir, vimos este año que la mayoría de las banderas en la inauguración la cargaban dos atletas, un hombre y una mujer, entre otros cambios. En términos de nacionalidad ha habido muchísimos cambios en las últimas décadas y los siguen habiendo. Por ejemplo, atletas cuya nacionalidad cambió durante el ciclo olímpico, como los que representaban a la antigua Unión Soviética o aquellos que representan países cuya soberanía política fue recién reconocida, como los que mencionara en el artículo de la semana pasada. Pero también están los múltiples atletas que emigran o cuyas familias emigran y a veces representan al país de acogida, mientras que en otras ocasiones representan el país de sus padres. Hay también atletas que son refugiados, otros con doble nacionalidad, entre muchos otros ejemplos.
El tema de cuál es la ciudadanía deportiva versus la ciudadanía política es uno amplio y con muchos matices, pues hay reglamentos nacionales y del Comité Olímpico Internacional. En Puerto Rico conocemos bien el tema pues sabemos que compartimos ciudadanía política con los Estados Unidos pero tenemos nuestra propia ciudadanía deportiva. Salvo raras excepciones de algunas federaciones internacionales, en el ámbito deportivo “amateur”, es decir de competiciones olímpicas y otros eventos regionales, donde se representa un país en vez de un equipo profesional, una vez se selecciona una ciudadanía deportiva, debes quedarte con ella. Es decir, un jugador de los Vaqueros de Bayamón puede cambiar infinitamente de equipos en nuestro Baloncesto Superior Nacional pero una vez José Juan Barea decidió representar a Puerto Rico en el baloncesto internacional, no puede luego cambiar y representar a otro país. No solo hay restricciones de los cambios, sino de cuál país puedes representar. Volviendo al caso de Puerto Rico y Estados Unidos, nosotros ponemos las restricciones de quién puede representarnos, ya que en teoría cualquiera de los más de 200 millones de estadounidenses podría representarnos y a ellos realmente no les importa si alguien nacido en Puerto Rico y excelente en su deporte decide representar a Estados Unidos. Este es el preámbulo del histórico domingo 1 de agosto y la carrera de Jasmine Camacho-Quinn.
La madre de Jasmine Camacho-Quinn es una de millones de puertorriqueños que nacieron en la Isla y por razones económicas se vieron impulsados a emigrar a los Estados Unidos. En el caso de esta mujer de Trujillo Alto lo hizo de niña, a los 9 años-o sea que fueron sus padres los que emigraron- a la ciudad de Nueva Jersey para luego seguir a Carolina del Sur. Jasmine es hija de una puertorriqueña y un estadounidense y como muchos en la diáspora, sobre todo primera generación, no habla español y tiene una multiplicidad de identidades. A la hora de escoger su ciudadanía deportiva, decidió representar a Puerto Rico. Su caso es particular pues hay que reconocer que otros y otras lo hacen pues aunque tienen raíces boricuas, también tienen más opción de hacer el equipo puertorriqueño que el estadounidense. Ese no fue su caso. Como ella misma ha dicho en múltiples ocasiones cuando es cuestionada ella seguro podía hacer el equipo nacional estadounidense y decidió competir por Puerto Rico, como hacen muchísimos atletas en todo el mundo. Aún así, y a pesar de sus múltiples logros, siempre hay gente que le cuestiona su “puertorriqueñidad”, porque no habla español, porque no se “ve boricua”, porque entrena en Estados Unidos, porque nació afuera, entre otras. Sin duda el tema del racismo y exclusión contra la diáspora no es nuevo, tampoco el nacionalismo lingüístico. Pero Jasmine con su gesta dorada, además de darnos una inmensa alegría, nos enseña mucho.
No hay duda que la representación cada vez más es una opción. Sin darle un inmerecido espacio y atención, Gigi Fernández es el ejemplo opuesto. Ella decidió representar a Estados Unidos por una cuestión deportiva y utilitaria, su evento era dobles y ella calculó que tenía más posibilidades de ganar medalla de oro con una pareja estadounidense, lo cual logró. Aunque hubiera preferido que representara a Puerto Rico, respeto su decisión. Lo que es inaceptable son sus pretensiones posteriores de que se le reconozca como la primera medallista de oro olímpica puertorriqueña, cuando Mónica Puig ganó el oro en Rio 2016. O su constante rabieta por demostrar cuán puertorriqueña es. Precisamente es lo más que me he disfrutado de Jasmine, además de verla correr más rápido que cualquier otra vallista de 100 metros y romper el récord olímpico, es su naturalidad y cómo no necesita probar constantemente quién es y a quién representa.
Sus lágrimas en el podio y que adornara su cabellera con la maga, la flor nacional boricua, valen mucho, a veces más que mil gritos de “yo soy puertorriqueña”. El que la prensa estadounidense haya tenido que tocar el tema, también es importante. Incluso el hecho de que ese domingo Estados Unidos no había obtenido aún su primera presea dorada en atletismo.
La gesta de Jasmine es histórica también en términos deportivos. Su medalla implica que por tres Juegos Olímpicos consecutivos hemos subido al podio olímpico. Y en los últimos dos ha sido a lo más alto, ambas mujeres bajo el mandato de otra mujer, Sara Rosario. Su récord olímpico establecido en la semifinal, es el primero de cualquier atleta puertorriqueño a nivel olímpico. Y su medalla fue la décima en nuestra historia olímpica. En su caso particular, viene luego de un extraño ciclo olímpico de 5 años debido a la pandemia y luego de una triste despedida en Rio 2016 cuando cayó y tumbó varias vallas en su semifinal.
Elena Zenón Castro. Suministrada por la autora
Yo quisiera ir más allá, Jasmine representa también a miles de puertorriqueños y puertorriqueñas que viven fuera de la Isla, ahora en mayoría numérica versus a los que viven aquí. Quienes tienen una identidad compleja, en términos lingüísticos, raciales y que muchas veces son cuestionados en ambos países. Me quedo con el festejo en ambos lados del charco, con las masivas celebraciones en distintos puntos de Puerto Rico, y con el festejo de los familiares de Jasmine en Carolina del Sur. Me quedo con el “puñeta” que escuché de miembros de la delegación de Puerto Rico en Tokyo, con el mío que grité hasta quedar afónica, y con el “Oh my God” de ella y sus familiares. Me quedo con la imagen de su madre revolcándose en el suelo vestida completamente con la bandera puertorriqueña. Me quedo con la imagen de Elena, mi hija de nueve años, nacida y criada en Nueva York, que ataviada con la bandera puertorriqueña miraba embelezada la pantalla y a Jasmine también fundida en la bandera y en español me decía, “esa puedo ser yo”. ¡Gracias Jasmine!.
Con su actuación dorada en la jornada olímpica de Tokio, Jasmine Camacho Quinn le ha traído a nuestro pueblo una gran alegría. Por levantar el ánimo caído de tantos y tantas, luego de año y medio de feroz pandemia y de tantos males que aquejan nuestro espíritu, la medalla de oro conquistada por nuestra atleta en la difícil prueba de 100 metros con vallas, ha sido celebrada en grande a todo lo largo y ancho del archipiélago boricua.
Jasmine Camacho Quinn es nuestra, y así lo sentimos. Como es nuestra la flor de Maga que con tanto orgullo colocó en su pelo al momento de la ceremonia de premiación. Como son nuestras sus lágrimas de emoción al escuchar La Borinqueña y ver izar nuestra bandera. Y como son nuestros también su señora madre, doña María Camacho de Trujillo Alto, sus hermanos Quinn Camacho y los 4 millones de boricuas que integran nuestra diáspora en Estados Unidos y demás países del mundo. Somos una nación dividida por una emigración copiosa y forzada por las circunstancias particulares del sistema colonial impuesto por Estados Unidos en Puerto Rico, el cual es el principal escollo para un desarrollo económico con oportunidades plenas para nuestra gente. Somos también una nación unida por el hilo invisible de una identidad común, difícil de explicar, pero fácil de sentir y compartir.
La medalla que ganó Jasmine Camacho Quinn elevó el nivel de Puerto Rico en la competencia olímpica y nos puso a gozar. Pero, sobre todo, demostró la fuerza incontenible de nuestra identidad, que trasciende la geografía y nos acerca en la emoción.
El proceso que culminó con la destitución del hoy ex presidente de la Universidad de Puerto Rico (UPR), Jorge Haddock Acevedo, y la selección de la doctora Mayra Olavarría Cruz como presidenta interina ha dejado de manifiesto la incompetencia y desorganización con que el principal cuerpo rector de la UPR, la Junta de Gobierno, ha atendido un asunto de tanta importancia, justo en medio de la tormenta por la que atraviesa la universidad pública de nuestro país.
La comedia de errores en que se convirtió la salida de Haddock y la entrada de su sustituta es vergonzosa y deja mucho que decir de la capacidad de la actual Junta de Gobierno para descargar su encomienda al frente de la UPR, dudas que cobraron fuerza desde el momento mismo en que se anunció de manera sorpresiva la destitución de Haddock Acevedo el pasado 8 de julio. A partir de dicho anuncio, se hizo evidente la desarticulación que había hacia el interior de la Junta de Gobierno en torno al proceso de sustitución del Presidente. Tanto así, que en un período de una semana se certificó y descertificó un candidato a presidente interino, se eligió un segundo candidato como presidente interino por dos semanas, solo para el próximo día seleccionar a la doctora Olavarría Cruz. En el ínterin quedaron sobre el tintero nombres de otros posibles candidatos, entre ellos algunos que ocasionan pavor. Sin duda, fue un proceso nebuloso y altamente irregular que genera más preguntas que respuestas sobre los criterios examinados por la Junta de Gobierno para destituir a Haddock y para seleccionar su sustituto, un proceso que deja en evidencia la falta de liderazgo en el organismo cúpula de la UPR.
El problema de fondo con las llamadas Juntas de Gobierno o de Síndicos de la UPR es la naturaleza político partidista de su composición. El hecho de que la mayoría de sus integrantes son nombrados por los gobernadores de turno, ya sean del Partido Popular o del PNP, añade un ingrediente político que vicia el proceso de toma de decisiones en una universidad que reclama tener autonomía. Por eso, la pésima gestión de la Junta de Gobierno en este asunto tan sensitivo de la transición presidencial, añade una mancha sobre el gobernador Pedro Pierluisi, y podría convertirse en la excusa perfecta para nuevas ofensivas contra la UPR por parte de sus muchos enemigos internos y externos.
Hoy, más que nunca antes en su historia, la UPR se enfrenta a un reto monumental que puede determinar su viabilidad futura como principal institución universitaria en Puerto Rico. Superar esos retos requerirá de líderes con visión y compromiso de defender la misión y la función esencial de la UPR en la vida puertorriqueña y conducirla hacia adelante en sus próximas etapas. La doctora Mayra Olavarría Cruz se ha destacado por su labor docente en el Recinto de Ciencias Médicas y como representante activa y positiva del claustro en distintas instancias universitarias. Esperamos que su gestión como Presidenta Interina de la UPR sirva para subsanar errores, y para abrir nuevos canales de diálogo y entendimiento entre los distintos sectores universitarios.
La Habana, Cuba-Cuba atraviesa hoy uno de los momentos de mayor tensión social de las últimas décadas. La difícil situación económica de la isla, agravada por un apretón sin precedentes del bloqueo estadounidense, unida a los efectos de una pandemia que pareciera no estar dispuesta a marcharse jamás, han puesto a la sociedad cubana en su escenario más complejo, quizás, desde el llamado Período Especial.
La falta del turismo –vital para la economía cubana–, el violento repunte de una tercera ola de contagios por Covid-19, la escasez de medicamentos y de ciertos alimentos y los frecuentes apagones eléctricos ocasionados por la cada vez más difícil posibilidad de adquirir combustible debido a las sanciones de Washington, han exacerbado el malestar y el descontento social en un país, que aunque acostumbrado a resistir, no está exento de padecimientos y dolores.
A inicios del mes de julio, aprovechando el mar de inconformidades que dejan la incertidumbre, el ocasional burocratismo y las presiones asfixiantes del exterior, una minuciosa campaña virtual se lanzó a rodar en redes sociales con el fin de capitalizar el descontento y la molestia ciudadanas y sacar a la gente a las calles. La maniobra tuvo su momento culminante cuando el 11 de este mes, cientos de personas, en su mayoría jóvenes, salieron a manifestarse en un puñado de ciudades contra la compleja situación epidemiológica y económica.
Alentados por mensajes de odios de cuentas del exterior, las protestas no tardaron en tornarse violentas, generando disturbios y vandalismos, que acabaron con decenas de detenidos, comercios saqueados y personas heridas.
La cena estaba servida. Los grandes medios, muchos de los que incluso cubrieron los eventos de ese día, pusieron a rodar su sofisticada maquinaria y junto a la manipulación de imágenes, la tergiversación de la realidad y no en pocas ocasiones recurriendo incluso a la mentira pintaron una atmósfera de caos interno y guerra civil que en nada se correspondía con lo que se vivió en el país en los días subsiguientes.
En Rojo conversó acerca de los recientes acontecimientos con el reconocido cantante Israel Rojas, miembro del grupo Buena Fe, y quien es hoy una voz muy escuchada en su país por sus análisis y sus críticas precisas sobre lo que ocurre en Cuba.
Para el vocalista, lo que ocurrió el 11 de julio tuvo su génesis en la preocupación que ha causado el repunte de casos positivos y de muertes que hoy sufre el país ante el Sars-Cov-2.
“Yo creo que no hay lugar en el mundo en donde la pandemia no haya ocasionado tensiones en todo el tejido social. Lo hemos visto en la mayoría de países y aquí no iba a ser diferente, sobre todo, porque esto es un país sumamente pobre y sumamente bloqueado. Y sencillamente todo esto ha venido a complicar mucho la situación económica.”
La pandemia, sin embargo, no es todo; mucho tienen que ver las presiones y la política hostil de Estados Unidos.
“Eso sumado con otros problemas como el incumplimiento por parte de los Estados Unidos del otorgamiento de visas o el cierre de fronteras de otras naciones que generalmente los cubanos visitan o emigran, se van creando un grupo de tensiones sumadas a las carencias, totalmente derivadas de la crisis económica. Todo eso mezclado obviamente trae amplios sectores de inconformidad.”
En las protestas se vieron muchos jóvenes, incluso menores de edad, la mayoría de los cuales ciertamente nació y se crió en las duras condiciones de un país bloqueado y que no conocen otra realidad más que esa. Una juventud fácil de moldear, pero no por eso menos justos sus reclamos.
“No toda la juventud es homogénea, hay sectores que los hemos visto muy vinculados a la tarea de la Revolución y por supuesto hay otros que no; eso hay que atenderlo, es imperioso poder meter la mano en ese entramado social, buscar estrategias de comunicación, sumarlos”.
Para el cantautor, es imperante adaptar las formas a los nuevos tiempos.
“Los términos ya no importan, lo importante es que hayan proyectos que hagan que la gente se sume a ser útiles, a sentirse responsables con lo que hacen y que le den un sentido a su vida. Si no, realmente estamos creando situaciones que, a la larga, pueden volverse muy problemáticas en la sociedad cubana contemporánea.”
DEFENDER LA PAZ DEL PAÍS
Israel Rojas del grupo Buena Fe conversa con CLARIDAD.Fotos suministradas por el autor.
Pero más allá de la clara necesidad de escuchar y atender las quejas y las necesidades del pueblo, el fundador del dúo Buena Fe deja claro que la violencia con la que las protestas tomaron las calles no es el camino.
“Ya se sabe que violencia llama violencia, nadie puede decir que de un bando o del otro no se dieron situaciones conflictivas y probablemente hasta violentas. ¿Es eso lo que queremos para nuestro país? ¿Es eso lo que necesitamos para nuestro país? Por supuesto que no. Y si hoy, después de ese día, estamos viviendo una calma que permita a la gente salir a seguir luchando y trabajando, yo creo que fue porque, por fortuna, se avanzó en ese sentido”.
Fueron precisamente los actos violentos de ese día, los que lo llevaron a sumarse a los miles que en toda Cuba respondieron al llamado del presidente Miguel Díaz-Canel. En cadena nacional, el mandatario alertó sobre las pretensiones de grupos violentos de generar inestabilidad en el país y llamó al pueblo Revolucionario a “defender las calles”.
“Yo salí a las calles. Cuando me empezaron a llegar comunicaciones de situaciones de vandalismo, desorden, tuve que salir a las calles. Yo tengo tres hijos, yo no quiero vivir en un país con miedo. Eso hay que salir a defenderlo, eso es una conquista de este pueblo, de este país.”
La realidad hoy, dice, sería otra si el pueblo Revolucionario no hubiera respondido al llamado del presidente.
“Yo creo que si no se hubiese dado esa situación de que un grupo de cubanos salimos a decir que ese no podía ser el camino, nadie sabe las consecuencias que estuviéramos viviendo”.
El también compositor comprende la realidad que vive su isla, pero reconoce sin ambages que existen intereses extranjeros detrás de lo ocurrido en las últimas semanas; fuerzas con todas las intenciones de manipular la realidad de los cubanos, un guión ya vivido en otros países.
“Hay mucha manipulación, intereses hondos, foráneos sobre todo, en buscar la desestabilización de Cuba, hay un plan para eso y a mí me parece que es muy importante no descuidarla. Yo recuerdo los reportes en Siria, por ejemplo, antes de empezar la guerra, que decían que no se corresponde lo que se está diciendo en las redes con lo que aquí está pasando. En Libia pasó lo mismo, en Venezuela pasó exactamente lo mismo y en las redes se estaba gestando una realidad virtual que se trasladó al plano real y ya sabemos las consecuencias.”
Esto no hace menos importante la premura que tiene el atender las vulnerabilidades que aquejan al cubano y a la cubana, sin que se sufra el riesgo de ser etiquetado.
“A mí me parece muy irresponsable no atender esto, me parece muy irresponsable no ser parte de este proceso. Ya sabemos que los que seamos parte de este proceso correremos el riesgo de ser linchados, pero es que no hay manera de no implicarte en esto porque si no te implicas sencillamente vamos a terminar mucho peor y te repito yo no quiero un país violento, yo no quiero vivir en un país en el que la gente se odie, se tenga animadversión, se tenga que esconder por pensar de una manera determinada.”
Necesario atender y resolver los problemas del país, sí, pero sin odio ni violencia.
“Tenemos suficientes problemas de orden económico, pero siempre ha existido aquí la solidaridad, el amor, el cubano hermano del cubano, el odio no puede ser el camino”.
EL BLOQUEO Y LOS NEGACIONISTAS
Israel no pretende, ni mucho menos, ocultar una realidad que para muchos cubanos es más que evidente: el sistema no es perfecto, comete errores, tiene falencias, requiere de herramientas que lo atemperen a la actualidad; pero si algo es también real y palpable en la sociedad cubana es la asfixia que supone el bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por Estados Unidos a Cuba desde hace más de seis décadas.
Para el entrevistado, la política de Washington contra La Habana es el problema principal de lo que sufre el pueblo cubano.
“Hay serios problemas que verdaderamente deberían ser superados, prejuicios, indisposiciones legales que ya no se corresponden con la realidad, prácticas que obedecen a un tipo de pensamiento que no tributan al crecimiento económico del país. Todo el tiempo uno se cuestiona que se puede hacer mejor, [pero] de ahí a decir que el bloqueo no es la causa cardinal, esencial, de los problemas que tiene este país, es una falacia, es de un cinismo extremo.”
Su comentario es además una respuesta a un sector –que incluye artistas locales y extranjeros– que ha pretendido desdibujar los obvios obstáculos que representa el bloqueo para el desarrollo socio-económico de la isla. Le pregunto si es correcto decir que Cuba estaría mejor sin el bloqueo y me responde con un ejemplo claro.
“Durante el gobierno de Obama, él no cambio el bloqueo, sin embargo, hubo un grupo de medidas de acercamiento que hubo entre ambos países, y el resultado fue muy positivo. A nivel nacional se notó ese resultado, era algo palpable, hubo esperanzas, hubo trabajos, se abrieron negocios y no hubo cubano que, de una u otra forma, no se beneficiara de ese momento bonito, luminoso y esperanzador.”
Por si hicieran falta más ejemplos, los hay más crudos y descarnados.
“Lo que pasa en Cuba es como tomar a alguien, atarle las manos y los pies, dejarlo inmóvil, lanzarlo al agua y cuando se ahogue decir que es que no sabe nadar.”
Para quienes adversan a la Revolución y su gobierno, negar el bloqueo estadounidense y sus efectos se ha vuelto una tendencia, un guión constante al que recurrir para justificar su discurso de que en Cuba predomina un régimen obsoleto e incapaz de atender las necesidades más básicas de su población.
A juicio de Israel se trata de una maniobra peligrosa cuyas secuelas totales no llegan a comprender quienes la ponen en marcha.
“Es muy peligroso porque negar la existencia del bloqueo podría traer como consecuencia que si mañana los cubanos, por decisión soberana, hicieran cambios, la Ley Helms-Burton establece que ni siquiera así sería levantada, hasta tanto el gobierno de EE.UU. no lo considere pertinente. Eso es peor que la enmienda Platt. Hay que ser muy ignorante para no entender de qué estamos hablando.”
“Es falso decir que no afecta y no es menos cierto que en muy poco tiempo se verían buenos resultados”, cierra la línea de pensamiento el cantante.
Como ha pasado en otras ocasiones, lo ocurrido recientemente en la mayor de las Antillas ha sacado ronchas en disímiles sectores. Por un lado, quienes por años han esperado con ansias ver derrumbarse la Revolución y con ella a sus líderes para regresar a una Cuba entreguista y olvidada de todo derecho social, por el otro, aquellos que gustan de jugar a las indefiniciones y desde su “centrismo” parcializado emitir juicios de valor desinformados y carentes de justeza.
Desde afuera y sin vivirlo en carne propia siempre es más fácil lanzar consignas al viento. Para esos también Israel tiene una respuesta.
“Es muy peligroso, estando lejos de esos procesos, emitir juicios, y es más peligroso todavía la cobardía de convocar, alineándose con los poderes fácticos y con la prensa que todo el mundo sabe que adversa a Cuba, y que todo lo grande de Cuba lo hace pequeño y lo pequeño de Cuba lo hace grande, por tal de tener titulares en esa prensa, sumarse a una línea de pensamiento que termina haciéndole tantísimo daño a nuestro pueblo.”
“Respeto el derecho de mis compañeros colegas de tener otra visión –aclara el cantautor pero firma que– “cuando volvamos a la normalidad, quedará la huella de qué fue lo que dijo cada quien, qué fue lo que hizo cada cual y por qué país luchó en el momento más difícil por el que atravesó su nación”.
SUPERAR PRIMERO LA PANDEMIA, LUEGO LO DEMÁS
Para concluir la entrevista, se me ocurre preguntarle cuál debe ser la prioridad para su país en estos momentos. La respuesta no podía ser otra: como en la mayoría de naciones en el mundo, los esfuerzos deben centrarse ahora en derrotar a la Covid-19.
“Yo creo que el primerísimo paso es derrotar la pandemia, mucho más con la moral de haberlo hecho con nuestros propios recursos, sin la ayuda de casi nadie y con la sapiencia de nuestros científicos y el esfuerzo tremendo de nuestros médicos y enfermeras”.
De este mensaje ha sido embajador el propio Buena Fe, cuya canción ‘La fuerza de un país’, en la que le canta al esfuerzo de los científicos cubanos para crear sus propias vacunas contra el virus, se ha vuelto casi un himno nacional durante la pandemia. Pero nadie se llame a engaño, cuando se supere esta coyuntura habrá que sentarse a la mesa.
“Cuando salgamos de la pandemia, cuando podamos hablarnos sin el peligro de que vamos a causar muertes a otros, de que vamos a contagiar niños, cuando lleguemos a ese punto, todas las discusiones deben darse, todos los espacios deben estar abiertos y resolveremos esos problemas”, dice con una mirada de puro sentimiento alguien que no se ha dejado nada por dentro en sus canciones.
Por último, reflexiona sobre las últimas semanas y concluye que algo positivo se puede –y se debe– rescatar de lo vivido.
“Yo creo que las grandes crisis también traen grandes oportunidades. Ojalá esta sea una gran oportunidad para que el país revise, sin duda alguna, procesos sociales que se están dando en la sociedad cubana contemporánea; probablemente cambios en las maneras en que se canalizan las inquietudes, las insatisfacciones, reclamos perfectamente entendibles, por qué no decirlo, dentro de la política y la manera en que se hace política en Cuba, en la manera en que se organiza la sociedad.”
Sobre todo y ante todo, optimismo.
“Nos vemos en el futuro, el futuro va a llegar más temprano que tarde.”