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Amor con amor se paga: Países envían ayuda solidaria a Cuba

Fotos suministradas por el autor

 

Corresponsal de CLARIDAD

La Habana, Cuba-México, Bolivia, Nicaragua, China y Rusia son algunos de los países que en días recientes han enviado ayuda solidaria a Cuba para ayudar con la difícil situación que atraviesa la isla en materia de alimentos y medicinas, debido a la escasez de ciertos productos y al aumento de casos por Covid-19.

La pasada semana, dos barcos y un avión de la Fuerza Armada mexicana llegaron a La Habana cargados con alimentos y equipamiento médico. El primero de ellos, el buque Libertador BAL-02, atracó en el puerto de esta capital con una carga a bordo de más de 600 toneladas de frijoles y material sanitario, incluyendo tanques de oxígeno.

“Hoy se cumple con esta llegada un compromiso: ayudar a Cuba en lo que necesite. Amor con amor se paga”, dijo en un mensaje al pueblo cubano el embajador de México en Cuba, Miguel Díaz Reynoso, tras la llegada del navío.

La ayuda fue enviada por el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien en una de sus habituales conferencias matutinas agradeció en días recientes al gobierno cubano por la solidaridad y el apoyo prestados en la lucha contra el Sars-Cov-2. Cuba ha enviado al país norteamericano cientos de profesionales de la salud para combatir al virus.

“Hoy es día de gratitud también de México a Cuba, al recordar los cientos de médicos cubanos que han estado en México en la etapa más crítica de la pandemia. Gracias Cuba, por la solidaridad que también hemos recibido”, recalcó el diplomático mexicano.

En todo caso, el gesto de México no es uno aislado. La solidaridad y el internacionalismo de Cuba en todo el mundo ha sido respondido con donaciones de insumos estratégicos de países de América Latina como Bolivia y Venezuela. China por su parte, también donó a la isla 30 ventiladores pulmonares, mientras Rusia envió dos aviones rusos con mascarillas y comida.

Incluso desde Estados Unidos llegaron a La Habana el pasado 23 de julio dos contenedores cargados con 11.7 millones de jeringuillas para apoyar los esfuerzos de vacunación. La carga es parte de un total de 6 millones de jeringas recolectadas por organizaciones solidarias en ese país y que llegarán en las semanas venideras a Cuba.

Fotos suministradas por el autor

Los alimentos donados por naciones amigas serán distribuidos de manera gratuita a cada familia cubana, mientras el material de salud será entregado a las instituciones y al personal sanitarios ocupados en frenar la pandemia en el país caribeño.

Cuba, como muchos otros países, enfrenta hoy un nuevo repunte de contagios por Covid-19 –con el agravante de las nuevas cepas, más virulentas y mortíferas– que ha llevado al límite al sistema sanitario de la isla en algunas de sus provincias.

Desde inicios de julio pasado, el país no ha dejado de ver el aumento paulatino de casos positivos y de muertes a causa del virus y los expertos cubanos han dicho que tardará aún más antes de que los números comiencen a descender. Las regiones de Matanzas y La Habana son las más críticas actualmente, reportando entre ambas casi la mitad de los casos diarios a nivel nacional.

Ante este escenario, la isla, que desde que comenzó la pandemia ha enviado contingentes de médicos y enfermeros a más de 30 países para ayudar con la emergencia sanitaria, ha requerido el apoyo de otras naciones para palear el complicado escenario en su territorio y hacer frente también a la asfixia económica que supone el bloqueo de los Estados Unidos.

SOLIDARIDAD VS. BLOQUEO

Mientras tanto, la administración estadounidense del presidente Joe Biden, ha retomado su arremetida contra la isla tras los disturbios del pasado 11 de julio. El jefe de la Casa Blanca, que durante sus primeros seis meses de mandato dijo estar “revisando” la política de su gobierno hacia Cuba, parece haber culminado la revisión con la decisión de seguir el camino trazado por su predecesor, Donald Trump.

Biden se reunió el fin semana con integrantes de los sectores más reacios a un acercamiento entre ambos países dentro de la comunidad cubanoamericana y aplicó nuevas sanciones a la Policía Nacional Revolucionaria, tras acusarla de atentar contra el derecho a la protesta en Cuba.

Pero la decisión del presidente norteamericano de apretar más la tuerca sobre la mayor de las Antillas no ha estado exenta de críticas. Su postura hostil ha sido vista por muchos de sus electores como un incumplimiento de sus promesas de campaña. También organizaciones solidarias y grupos de cubanoamericanos, afines a un acercamiento entre ambos países han acusado a Biden de insistir en castigar al pueblo cubano.

En el resto de la región, diversos líderes se han sumado a las voces internacionales que reclaman el cese del bloqueo económico, financiero y estadounidense contra la isla y que condenan el recrudecimiento de esa medida en momentos en que debe imperar la solidaridad entre los países.

“Reiterar la convicción, la certeza, de que Cuba solo quiere vivir en paz y que en esa batalla no están solos, México les acompaña”, afirmó, por su parte, el embajador mexicano.

La paz no es negocio

 

Por Atilio Borón

Hace unos días Joe Biden anunció que las tropas estacionadas en Afganistán volverán a Estados Unidos el 31 de agosto de 2021. Esta fecha marcará el vergonzoso fracaso de la «Operación Centinela de la Libertad» así como también el de la «Misión de Resuelto Apoyo¨de la OTAN. En efecto, tras los atentados del 11-S Estados Unidos y sus aliados europeos invadieron Afganistán y dieron inicio a la aventura militar más larga de la historia estadounidense.

Una comprensión adecuada de esta noticia requiere no perder de vista las muchas guerras que se desencadenaron después de los trágicos eventos del 2001. Cierto, la de Afganistán fue la más larga, pero no la única. Aunque los escenarios más importantes de estas operaciones se situaban en aquel país e Irak, las tropas de Estados Unidos y sus aliados se involucraron en significativas acciones militares en Pakistán, Siria, Libia, Yemen, Somalia y Filipinas. A pesar de la negligencia con la que la prensa hegemónica cubrió estos acontecimientos, las investigaciones posteriores demostraron que al menos 801.000 personas murieron como consecuencia de esas guerras y un impresionante número de 37 millones más fueron desplazadas de sus hogares, condenadas a una vida nómada y miserable, en muchos casos para siempre.

¿Y qué decir de los astronómicos costos económicos de estos conflictos? Hasta el año 2020, el gobierno federal llevaba gastado 6,4 billones de dólares (o sea, 6,4 millones de millones de dólares). Esta cifra incluye las partidas aprobadas por el Congreso y el pago de los intereses sobre los préstamos contraídos para financiar las guerras, que para beneplácito de Wall Street se libraron apelando préstamos del sector privado, lo que elevó por las nubes el déficit del gobierno federal y la deuda nacional. Se estima que en 2029 ésta orille los 89 billones de dólares, lo que “situaría la relación deuda/PIB del país en el 277 %, superando la actual relación deuda/PIB de Japón, del 27 2%». Sucesivos gobiernos de Estados Unidos se lanzaron alegremente a guerrear sin reunir los recursos genuinos para financiarlas. Por contraposición, Harry Truman impulsó una suba transitoria de hasta un 92 % en las tasas impositivas de los sectores de mayores ingresos para financiar la guerra de Corea y Lyndon Johnson hizo lo propio para sufragar los costos de la guerra de Vietnam, subiéndolas hasta en un 77%. George W. Bush, en cambio, redujo la presión tributaria sobre los ricos en lugar de subirla y sus sucesores nada hicieron para poner fin a tamaña insensatez.

Estos guarismos demuestras las formidables ganancias que estas operaciones han producido para el complejo militar-industrial y, también, para los buitres financieros de Wall Street. Aquellas ofrecen fabulosas oportunidades de negocios con prescindencia de sus costes humanos o el hecho de que Washington sólo cosechara victorias parciales y efímeras, como en Irak; o traumáticas derrotas como en Vietnam y Afganistán. Muchos expertos aseguran que Estados Unidos ya no puede ganar guerras, y sin embargo sigue librándolas. La razón es fácil de entender: aquéllas alimentan exponencialmente las ganancias de la fracción financiera del capitalismo norteamericano y, en menor medida, las del tradicional complejo militar-industrial, o sea el “estado duro” del imperialismo estadounidense.

Lo antedicho coincide con la dolida observación que hiciera Jimmy Carter cuando se preguntó por qué China nos lleva la delantera. «Normalicé las relaciones diplomáticas en 1979», dijo. «Desde 1979, ¿saben cuántas veces ha estado China en guerra con alguien? Ninguna. Y nosotros, en cambio, hemos seguido librando guerras desde entonces». Carter concluyó que Estados Unidos es «la nación más belicosa de la historia del mundo» debido al deseo de imponer los valores e intereses estadounidenses a otros países, y sugirió que China está invirtiendo sus recursos en proyectos como ferrocarriles de alta velocidad e infraestructuras básicas en lugar de malgastarlos en defensa. Claro que China no tiene un «complejo militar-industrial-financiero» que desesperadamente necesita de las guerras para obtener enormes dividendos y para pagar los extravagantes honorarios, bonos y las remuneraciones varias que embolsan los CEOs de sus gigantescas transnacionales. Esta es la razón por la que, desgraciadamente, la paz ha sido un objetivo tan elusivo y las guerras, en cambio, proliferan casi descontroladamente. Nada autoriza a pensar que esto pueda cambiar en los próximos años.

Reproducido de www.pagina12.com.ar

Victimarios de Haití acechan a Cuba

 

Por Leonel Nodal

Haití y Cuba andan en problemas. Así repite la prensa dominante de Occidente. Y tienen razón al meter en un mismo saco a las dos naciones isleñas del Caribe.

Sus destinos tienen una raíz común. Las dos naciones antillanas, separadas por los  77 kilómetros del Paso de los Vientos, comparten el protagonismo de dos revoluciones que marcan hitos en la historia de América.

Los pueblos de estas dos naciones cometieron un mismo pecado capital, imperdonable, al establecer precedentes que atentaron contra el orden global colonial del siglo XVIII (Haití) o imperialista del siglo XX (Cuba).

En el caso de Haití, al emprender una sublevación que marcó el comienzo del fin del régimen colonial esclavista. Cuba, al impulsar un proceso de necesarios cambios económicos y sociales que pusieron fin al dominio de Washington sobre la Isla, que se proclamó primer país socialista de América, a solo 150 kilómetros (90 millas) de Estados Unidos.

Magnicidio en Haití, disturbios en Cuba

Fotos Ricardo Arduengo/Especial para CLARIDAD

El reciente asesinato del presidente haitiano Jovenel Moïse acaparó la atención de la prensa mundial, que presenta escenas de un país sumido en la barbarie.

En cuanto a Cuba, difundieron actos vandálicos contra edificios públicos, saqueos de establecimientos comerciales  y violentos ataques a efectivos policiales por parte de grupos de personas a las que califican de «descontentos con el manejo por parte  del Gobierno comunista» de una crítica carencia de alimentos y medicinas en medio de los rigores de la pandemia de la COVID-19, por lo que «exigen un cambio de régimen» en el país.

En ambos casos la simplificación noticiosa comete faltas imperdonables.

Cómplices olvidos y memoria necesaria

El reciente magnicidio en Haití es uno más de una lista interminable, que como otros, apenas esconde una nueva injerencia de Estados Unidos y sus aliados en la conducción política del país.

La novedad consiste en el empleo descarado de un comando de mercenarios colombianos y estadounidenses, teleguiados por una agencia de reclutamiento, que aparece a nombre de un opositor venezolano radicado en Miami.

Parece casual, pero el asesinato del presidente de turno en Haití y los disturbios políticos ocurridos en Cuba tienen un origen común en Estados Unidos, precisamente en Miami, donde se mezclan bandidos de Venezuela y Colombia con sus semejantes de origen cubano o haitianos, toda una crápula que tiene su privilegiado refugio en el Doral, el mismo sitio donde reina la organización de Donald Trump.

Da igual como se llame el autor del asesinato del mandatario haitiano, ni quienes lo secundaron. Son los de siempre, los asesinos de Haití que desde hace más de un siglo reaparecen una y otra vez para impedir su renacer.  La finalidad es la misma. Poco importan los detalles. Todo eso es teatro, videofilmes para amenizar noticieros, papel celofán para envolver con elegancia otro atraco a la castigada nación caribeña.

En 1958 Cuba, al igual que Haití y República Dominicana, que comparten la isla vecina de La Española, eran gobernadas por tres siniestras dictaduras militares, que ejercían un poder despótico con el respaldo total de Estados Unidos.

Fulgencio Batista, Francois Duvalier y Leónidas Trujillo eran los generales herederos de una historia de sangrientos golpes de Estado, hermanados por sus servicios al nuevo imperio expansionista del norte, saqueador de riquezas bajo el antifaz de benéfico inversionista.

En Cuba comenzaron «las intervenciones humanitarias» de Estados Unidos, cuando en 1898 impidieron la victoria del ejército independentista cubano frente a España para imponer una enmienda votada por el Congreso de Washington a la primera Constitución de la naciente república, que  legalizara el robo de sus tierras, puertos y riquezas naturales, pero sobre todo su soberanía y  autodeterminación, atribuyéndose el derecho de intervenir cuando lo estimaran conveniente.

Aquella sujeción al poder imperial yanqui duró hasta el 1ro. de enero de 1959, cuando la revolución liderada por Fidel Castro derrocó la dictadura protegida de Washington.

La hostilidad de la potencia del norte se manifestó enseguida, ante los juicios y condenas a los criminales y torturadores, o más aún tras la aplicación de una Ley de Reforma Agraria que nacionalizó los latifundios estadounidenses. Washington no aceptó la propuesta cubana de indemnizaciones y de inmediato puso en marcha una política de sanciones que derivó en total bloqueo económico, comercial y financiero que dura hasta hoy, diseñado para rendir por hambre la resistencia de los cubanos y provocar el deseado «cambio de régimen».

Castigo haitiano, un modelo para Cuba

En Haití, la próspera colonia cafetalera y azucarera francesa caribeña de mediados del siglo XVIII, los 300 000 esclavos negros arrancados por la fuerza de África, tuvieron la osadía de sublevarse en 1793 contra el poder monárquico de Francia, bajo el liderazgo de François Dominique Toussaint-Louverture, muerto en 1802. Su sucesor, Jean Jacques Dessalines venció a las tropas francesas en 1803.

Y otro 1ro. de enero —de 1804— Haití se proclamó primer país independiente de América Latina y segundo del continente americano después de Estados Unidos, que  acogió con frialdad la epopeya libertaria de los haitianos, ya que varios de los Padres Fundadores de la Unión aprobaban la esclavitud, que mantuvieron vigente.

Los haitianos —esclavos que conquistaron su libertad— no serían perdonados jamás. El precio puesto a su osadía sería una deuda impagable, que los hundiera en la miseria y los matara de hambre.

En 1824, Francia exigió a Haití 150 millones de francos (lo que en la actualidad serían 21 000 millones de dólares), a cambio del reconocimiento de su independencia.

La deuda, que era diez veces mayor que los ingresos anuales de Haití en esa época, tendría que ser abonada en un plazo de 30 años. Haití estuvo pagando esa deuda hasta 1947.

Hasta 1915 pocos presidentes haitianos terminaron su mandato de siete años. Estados Unidos no escondía su intención de utilizar el territorio haitiano como una potencial base militar.

Tras una larga sucesión de golpes de Estado, en 1915 el presidente Woodrow Wilson ordenó invadir Haití con el pretexto de  contrarrestar la influencia del Imperio alemán, restaurar el orden después de la muerte del presidente Jean Vilbrun Guillaume Sam a manos de un pueblo furioso y defender los intereses del banco de inversión estadounidense Kuhn, Loeb & Co. fundado en 1867 por capitales judíos que se fusionaron con Lehman Brothers en 1977.

Estados Unidos extendió su ocupación de 1915 a 1934, con el supuesto propósito de sanear las finanzas públicas, crear un ejército, construir escuelas, carreteras, etc.

A la sombra de la ocupación se reformó la Constitución de Haití, para permitir que extranjeros fueran dueños de propiedades haitianas.

De esa manera la tierra les fue arrebatada a los campesinos para crear grandes plantaciones. Esto ocasionó indignación en el pueblo, que se levantó en revueltas que Estados Unidos a su vez reprimió brutalmente asesinando entre 15 000 y 30 000 haitianos.

Los ocupantes salieron de Haití en 1934, dejando atrás al despiadado Ejército Nacional, adiestrado por sus instructores militares para reprimir al pueblo.

A partir de 1950, la ola anticomunista propagada por Washington en América Latina, auspició las más bárbaras dictaduras militares, como la de François Duvalier, llamado «Papa Doc», continuada hasta 1971 por su hijo Jean Claude  (Baby Doc) con el empleo de una fuerza paramilitar llamada «los tonton macutes», escuadrones de la muerte que sembraron el terror durante 30 años.

Estados Unidos ha vuelto a intervenir tres veces más con supuestos «fines humanitarios», pero los resultados están a la vista.

El bloqueo, el aislamiento y el pago de una deuda ruinosa impuesta a Haití son la matriz del modelo de castigo diseñado para Cuba por Estados Unidos en la llamada Cuba Democracy Act (Ley Helms-Burton, 1996), la que convirtió en ley el bloqueo, si alguna vez lograran el sueño —ya destruido en Playa Girón, en 1961— de derribar la Revolución y volver a imponer su hegemonía, como hicieron hasta el 1ro. de enero de 1959. Lo que olvidan es que, a pesar de la cercanía geográfica, Cuba no es Haití.

Reproducido de www.juventudrebelde.cu

¡Amores que matan!

A propósito de ciertas críticas desde la izquierda contra la Revolución cubana

Especial para Claridad

Al igual que lo hizo la compañera Mari Mari Narváez cuando escribió su artículo “Cuba: Este momento crítico podría ser para avanzar”, publicado en Claridad el 27 de julio pasado https://claridadpuertorico.com/cuba-este-momento-critico-podria-ser-para-avanzar/, nosotros también hemos estado reflexionando y leyendo mucho sobre lo acontecido en Cuba en días recientes. Al igual que a Mari Mari, nos motiva también el amor que le tenemos a Cuba. En nuestro caso también nuestra reflexión está también matizada, porque no decirlo, por nuestro compromiso con el socialismo y su horizonte comunista que no es lo mismo que usar de referentes diversos planos conceptuales del liberalismo político desde donde se ha pretendido –no por pocos- analizar la situación cubana.

Escribe la compañera en su página en Facebook que: “Espero ser justa en mis comentarios y aportar a una discusión que no debe seguir polarizándose”. Nosotros también aspiramos a ser justos, aunque desde una perspectiva crítica que no va a temer ser tal vez polarizante. Y es que no hay la más mínima posibilidad de adoptar posturas asépticas en torno a Cuba.

No existe la posibilidad de un afuera de la contradicción estructural o sistémica que define la situación cubana. Nunca lo ha sido pues lo que ha existido a partir del triunfo de la Revolución en 1959 es un orden de batalla, cuyo reto ha sido caracterizado magistralmente por la consigna de ¡Patria o muerte! Desde entonces Cuba está en guerra, tanto dentro del país frente a la lucha de clases y la contrarrevolución que pretende revertirlo todo, y fuera del país contra el imperialismo estadounidense. Se trata de una guerra que le ha sido impuesta a Cuba sobre todo como precio por no rendirse ante la prepotencia imperial de Washington que siempre ha pretendido tratar a la América latina y el Caribe como su patio trasero. La polarización es la lógica inescapable de esta guerra a muerte.

En el momento en que Cuba y su revolución lucha por su supervivencia y Washington arrecia el asedio y la victimización de su pueblo impidiendo que satisfaga sus necesidades más básicas, a Mari Mari le preocupa más los derechos individuales abstractos de unos pocos por encima de los derechos colectivos concretos de todo un pueblo que lleva sobre 60 años resistiendo y sufriendo las inhumanas consecuencias del bloqueo y el embargo estadounidense.

La crítica de la compañera nos hace recordar un viejo cuento. Un cristiano es lanzado en medio del Coliseo Romano para que se enfrente en combate con un león. Debido al temor existente por las destrezas guerreras que ha demostrado en el pasado el gladiador, en esta ocasión se le amarran los brazos y los pies. El león se lanza contra el indefenso cristiano, quien no encuentra otro modo de defenderse y combatir que no sea usando su boca y sus dientes, por lo cual empieza a morder como pueda a su salvaje atacante. Ante ello, el público presente le grita al cristiano: “¡Sucio! ¡Pelea limpio!”.

El contexto estratégico

El futuro de Cuba nada tiene que ver en estos momentos con los cantos de sirena de la democracia burguesa que salen de las bocas de algunos y algunas de una izquierda que históricamente opta por ignorar las realidades estratégicas propias de una revolución anticapitalista, tanto aquí en Puerto Rico como en otras partes del mundo. Hace abstracción de las fuerzas que concretamente están en disputa, no como individuos sino como clases, como pueblos, y cuya activación actual nadie seriamente puede pretender que responde estrictamente a errores o deficiencias del gobierno revolucionario, o que se deben a elementos internos que buscan la reforma de la Revolución para profundizarla y no para destruirla. No podemos ser tan ingenuos como para creer que lo acontecido corresponde por pura casualidad a procesos de desestabilización y cambio de régimen ensayados y realizados en otros lugares del mundo en años recientes.

En particular, nos preocupan algunas miradas que tienden a descontextualizar estratégicamente la actual crisis por la que atraviesa Cuba. Por ejemplo, allí está la decisión del presidente estadounidense Joseph Biden de mantener el bloqueo y las sanciones ilegales contra Venezuela, además de ampliar las sanciones contra Cuba en medio de una pandemia y en un momento en que vuelven a soplar aires contrahegemónicos desde la izquierda en México, Argentina y Perú, a los que podrían sumarse en un futuro cercano también Chile y Brasil. Washington aspira a detener el desgaste creciente de su hegemonía regional y mundial, profundizada bajo el gobierno de Donald Trump.

De ahí, por ejemplo, su ofensiva diplomática y económica contra la República Popular China, un país socialista que se ha ido erigiendo en poco tiempo en la principal economía del mundo, demostrado así crecientemente la superioridad del socialismo sobre el capitalismo, aún con las dudas que puedan existir sobre el modelo seguido para ello: el socialismo de mercado. Es el mismo modelo que esencialmente ha servido para hacer de Vietnam, también en pocos años, la más próspera economía en el sudeste asiático, aún con la salvaje destrucción que heredó de la guerra que libró Estados Unidos en su contra y de la que finalmente salieron victoriosas las fuerzas comunistas. De hecho, Cuba ha tratado de erigir un socialismo de mercado desde temprano en la década de los años noventa cuando comenzó a establecer leyes para la flexibilización de la economía con una importante apertura hacia las inversiones privadas extranjeras.

Las miradas socialdemócratas y liberales pregonan la ilusoria solución de una tercera vía para la solución pacífica y no adversativa del conflicto que apenas oculta su ideario democrático-liberal. Con ello, no hacen otra cosa que desvirtuar la atención de las raíces estructurales del conflicto.

Preocupa en ese sentido algunas reflexiones críticas desde ciertos sectores en los cuales no se presentan ni las más mínimas evidencias de la represión que se le imputa al gobierno revolucionario de Cuba. En muchas ocasiones hemos visto como se reproduce por la grandemente denunciada ofensiva comunicacional, junto a su manipulación de hechos o fabricación de “fake news” desde los poderes fácticos mediáticos contra Cuba.

Llama la atención que muchas de estas denuncias a las que aludimos coinciden con la imposición por Washington de sanciones a la policía revolucionaria cubana. Se trata de otra medida a la que se le ve la costura imperial, siendo que Estados Unidos está caracterizado por una violencia policial contra su población, especialmente negra y de las minorías, que produce anualmente sobre mil muertes.

El que paga la orquesta, escoge la música

La ideología capitalista se mueve de maneras muchas veces inadvertidas y misteriosas. Es lo que sucede, por ejemplo, en la misma Cuba donde Estados Unidos y fundaciones con sede en dicho país han gastado millones de dólares para cultivar a raperos, músicos, artistas y periodistas, para que sean exponentes de una contrarrevolución cultural cuyo imaginario está inspirado en el propio Estados Unidos y Europa. Se consideran a éstos parte de una juventud “desocializada y marginada” que puede ser usada contra el socialismo cubano. Incluso, se le tiende a identificar como una de las fuerzas catalizadoras de las protestas y los conflictos recientes en las calles de varias ciudades cubanas. ¡Quien paga la orquesta, escoge la música!

Al respecto, el director fundador de la National Endowment for Democracy (NED), Carl Gershman, un operador reconocido por su apoyo al cambio de régimen en Cuba, y Orlando Gutiérrez, otro operador reaccionario ligado al USAID y que favorece la invasión a Cuba por Estados Unidos, señalan que: “Utilizar los principios de la democracia y los derechos humanos para unir y movilizar a esta vasta mayoría desposeída frente a un régimen altamente represivo es la clave del cambio pacífico”.

Por tal motivo, preocupa que se analice la situación en Cuba desde una perspectiva que claramente está alineada con el liberalismo político. Ello se refleja claramente cuando la compañera Mari Mari escribe: “¿Cuándo va a dar (Cuba) el empujón final hacia el respeto del derecho a la protesta, la libertad de expresión, y los estándares fundamentales para juicios justos para todos, con derecho a defensa y a apelación?”.

Es un error garrafal pensar en ese tipo de aperturas “liberales” en un sistema político que como ya adelantamos está asediado poderosa y existencialmente por el imperialismo más injerencista, el cual es capaz de hacer lo que sea para destruir el sistema político cubano. Estamos ante una visión liberal de los derechos humanos, sin reconocer que dicho liberalismo jurídico-político no constituye una receta universal y menos un modelo sin sus propias contradicciones estructurales.

La crítica liberal de un Estado socialista

Cuba no es un país que se define desde un marco jurídico liberal sino que socialista. Conforme a su perspectiva y concepción marxista, detrás de todo Estado de derecho hay un Estado de hecho, y el motor de éste es irremediablemente la lucha de clases. Las perspectivas estrictamente “juridicistas” no logran entender esta realidad marcada más bien por relaciones de poder que por normas abstractas. De ahí que todo Estado de hecho también está marcado por la dominación o la hegemonía de una clase sobre otra. Ello es así aún bajo el capitalismo liberal, en el cual se reconoce el derecho a la protesta pero no el derecho a cambiar el sistema, así como el derecho individual al debido proceso de ley pero no el derecho a no ser explotado por otro ser humano.

Formaciones socioeconómicas y políticas como la cubana no existen en función de la reproducción de la propiedad privada capitalista y el concepto de libertad individual que se deriva de ésta. En el caso de Cuba, se trata de una formación que privilegia lo común sobre lo privado, en donde la propiedad ha sido socializada en sus funciones y fines, y en que el concepto de libertad es por ende muy otro. La libertad individual no existe separada de la libertad colectiva ni deja de ser parte funcional de ésta. La sociedad aspira a constituirse en una comunidad universal dedicada a unos fines comunes. El “yo” burgués ha sido sustituido por el “nosotras/nosotros”.

Esta visión no tiene como referente único el marxismo. El líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, la obtuvo inicialmente de la idea rousseaniana de la voluntad general, que no es lo mismo que la voluntad de todos, es decir, la voluntad de los individuos. En la Sierra Maestra anduvo con una copia de El contrato social de Rousseau. Incluso, la idea del partido-único viene también de la concepción que tenía José Martí de la democracia y de cómo no debía permitirse su fraccionamiento en un multipartidismo que lo único que conseguiría sería partir en pedazos y fragmentar la unidad nacional necesaria para enfrentar exitosamente al imperialismo y demás enemigos de la República.

Una izquierda divorciada del socialismo

Hace ya tiempo que nos alarma la confusión ideológica y política que se ha ido entronizando en la izquierda nuestra, incluyendo su divorcio de las prácticas e ideas del socialismo desde por lo menos mediados de la década de los ochentas a raíz de la liquidación del Partido Socialista Puertorriqueña (PSP). Nuestra izquierda o, si se prefiere, izquierdas, se ha reducido a una serie de focos dispersos de resistencia, unidos apenas en torno al tema de la descolonización. Parte de la izquierda ya ni se refiere a sí misma como independentista sino usando el elusivo concepto de “soberanista”, a pesar de que el independentismo, representado por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), fue la fuerza política que más creció en las pasadas elecciones. Ya ni la oposición a la estadidad nos une, como demuestra el caso del Movimiento de Victoria Ciudadana. Se trata de una izquierda totalmente desarraigada de cualquier horizonte revolucionario, habiéndose rendido al discurso capitalista y liberal como si representase fatalmente el único de los mundos posibles. Incluso nos podemos ver vulnerados por tendencias que provienen desde la práctica política estadounidense que se tienden a visualizar como “progresistas” o de avanzada en su forma pero que son reaccionarias en su esencia.

La rebelión civil del verano del 2019 pareció habernos planteado una nueva posibilidad para avanzar pero al igual que ocurrió cuando la lucha exitosa en Vieques y las huelgas combativas de los estudiantes en la Universidad de Puerto Rico. No obstante, prevaleció la vuelta a una tenue paz de los sepulcros que nos incapacita para pasar de la mera protesta a la propuesta transformativa de nuestras circunstancias. Es como si cada vez que sumamos fuerzas para lograr victorias que parecían inalcanzables, nos entra un temor a profundizar lo conseguido no sea que nos veamos forzados a salirnos de nuestros cómodos nichos cotidianos. Y así las cosas volvemos a la fragmentación de nuestras fuerzas y reclamos, para empuñar proyectos e iniciativas particulares que no representan como tal un proyecto común de país y sociedad frente a la debacle colonial-capitalista actual.

Ante ello, no nos debe sorprender entonces la postura del Comité Interagencial sobre Puerto Rico designada por Biden. Se dedicará a reconstruir la economía política capitalista-colonial para que, entre otras cosas, estemos en condiciones de pagar la deuda pública de Puerto Rico, aún a costa de nuestro propio progreso y necesidades como pueblo. En cuanto a la descolonización, le dejará el tema al Congreso federal, el cual está totalmente dividido en torno a las dos piezas legislativas ante su consideración: la de la comisionada colonial Jennifer González a favor de la anexión y la de las congresistas puertorriqueñas Nydia Velázquez y Alexandria Ocasio Cortez a favor de que Puerto Rico organice una convención constituyente para iniciar un proceso de descolonización con opciones no coloniales. Llama la atención que aún así el Departamento de Justicia federal insista en que el actual status colonial sea una de las opciones. Es como si Lincoln le hubiese ofrecido a los esclavos en su Proclama de Abolición de la Esclavitud que pudiesen optar por seguir siendo esclavos. En fin, una receta para seguir en el inmovilismo total.

Lo triste es que mientras todo esto acontece en torno a Puerto Rico, entre tantísimas otras cosas, algunos y algunas pretenden dictarle pautas a los cubanos sobre cómo solucionar sus problemas y a qué tipo de sociedad deben aspirar. Sin embargo, el derecho a la autodeterminación sólo tiene sentido si a Cuba se le permite vivir y desarrollarse en paz y de conformidad a la voluntad soberana de su propio pueblo y con total independencia de las preferencias foráneas –aún las bien intencionadas– que nada tienen que ver con su realidad y menos con sus intereses nacionales. Es al pueblo cubano al que le va la vida en este batalla y si la pierden, el imperio le destruirá la Patria sin importarle, como hasta ahora, los derechos individuales o colectivos de éste.

 

¡ Qué buena es!

Para la historia Jasmine Camacho ganó oro en los 100m vallas en Tokio con 12.37, para PUR fue su 2do oro en JO consecutivos. En el 2016 en Río de Janeiro ganó Mónica Puig en tenis

La plata fue para Kendra Harrison USA 12.52, bronce Megan Tapper JAM 12.55.

Las medallas ganadas de PUR y JAM son las 1ras preseas de Caribe en esta prueba de 100m vallas desde que comenzó en Munich 1972.

La medalla de Jasmine es la #10 para PUR en los JO (2-2-6), primer oro para PUR en el atletismo desde que debutaron en Londres 1948.

La final de los 100m vallas presentó por 1ra vez en una final olímpica a la recordista mundial Kendra Harrison 12.20 en el 2016, a la medallista olímpica Jasmine con 12.26, la 4ta mejor marca de la historia.