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Los colores de mi gente

 

Especial para CLARIDAD

 

En 1993 la famosa canción comercial “Los colores de mi tierra” del compositor Alberto Carrión, que acompañó el anuncio de una empresa de pinturas, se proyectó en todos los cines de Puerto Rico. Ciertamente, la composición es muy bonita y la melodía bien pegajosa. De pintura para las casas o edificios y con cuál música mercadearla, sin embargo, no es que vamos a tratar. Nos ocupa una de las facetas del racismo institucionalizado por el colonialismo de España en Puerto Rico: la de las tonalidades de la piel que sirvieron para afianzar la dominación de clases con la discriminación racial.

El racismo tiene diversas dimensiones y como todo hecho histórico social presenta su complejidad y matices específicos. Aquí nos fijamos en la jerarquía y abanico de colores de la piel que ha colocado en la cúspide de la escala a los blancos. La pretensión de la superioridad racial ha sido tal que en el cuadro racial el blanco se distinguió aparte, refiriendo al resto de la gente como “de color”. Como si el blanco también no es un color; ya mismo verán con cuántos tonos.

Orígenes del cuadro racista

Como cuestión de hecho el racismo tiene en el 12 de octubre de 1492 del primer viaje de Cristóbal Colón su punto de partida. Ese 12 de octubre que en Puerto Rico y otros países ha venido a identificarse como el Día de la Raza, muy por el contrario de la falsa armonía socioracial pretendida, es el día en que se introdujo el racismo en América. Quede la fecha en la historia como el hecho que fue, de descubrimiento para los europeos – particularmente para sus monarquías y burguesía mercantil – de partes desconocidas del planeta que inmediatamente se apropiaron como pertenecientes a sus reinos y transformaron en mercados coloniales de la incipiente globalización. Para las islas del Caribe, especialmente sus habitantes nativos, significó el inicio de la conquista y colonización española y su exterminio como pueblo. De feriado, no merece nada; de repudio lo tiene todo.

La tarea de reflexión crítica y la concientización, es el prerrequisito para la reformulación del calendario de la patria. No hay que conmemorar el imperialismo y colonialismo para absolutamente nada. Celebremos las acciones de liberación, la justicia social, la expresión libre de las ideas, la ciencia al servicio de la humanidad y la creación cultural.

Con la pluma con que escribió el Diario del primer viaje el Almirante de los tres barquitos también se convirtió en el primer pintor ideológico. Fue el mismo Cristóbal Colón quien aquel 12 de octubre primero llamó “indios” a la gente que habitaban Guanahaní en las islas Bahamas. Ese error fue consecuencia de pensar que habían llegado a las Indias del Oriente en la concepción europea del mundo. Les faltó un Marco Polo que hubiera cruzado el Atlántico en la época feudal para aclararles dónde estaban. Colón venía cargado de deudas por los préstamos monárquicos y mercantiles y con obligaciones imperialistas contraídas. Al describir a los indios, Cristóbal Colón desató la pintadera de colores. Teniendo como referencia a los indígenas Guanches de las islas Canarias, que España andaba conquistando por aquellos mismos años, sobre los Taínos él escribió: “ellos son de color de los canarios, ni negros ni blancos” (Diario del primer viaje, 1492-93. Consuelo Varela, ed. Cristóbal Colón, Textos y documentos completos. Madrid: Alianza Editorial, 1995, p. 111).

El descubrimiento, conquista y colonización ya traía en el equipaje atlántico clasificaciones racistas empleadas en España. Quizás donde más se notaban era en la ciudad de Sevilla del siglo 16 en que 6% de su población eran esclavos. Por sus calles, observa el historiador Francisco Morales Padrón, caminaban blancos, mulatos (mezcla de blanco y negro), mestizos y negros (Historia de Sevilla, Universidad de Sevilla, 1977, p. 103). En España las clases dominantes, de ideología religiosa intolerante, perseguían y discriminaban a parte de la población por motivo de etnia, raza, creencias y condición social (por separado o servido en combo): moriscos, judíos, mulatos y negros. Y una vieja táctica de las clases gobernantes, como observó el historiador Julio Caro Baroja, ha sido instigar a los enemigos y a los oprimidos a pelear entre sí y hacerlos pensar que unos son mejores que otros.

Morisco fue el término empleado por los castellanos que reconquistaron Granada, último estado hispanomusulmán en España justamente iniciando el 1492, para designar a los habitantes que permanecieron en los territorios bajo su control. Después de décadas de opresión, los moriscos de Granada se levantaron en armas en la Guerra de las Alpujarras (1568-1571). “Aunque los moriscos tenían gran desprecio por el negro como tal”, escribe Caro Baroja, “parece que las mujeres negras fueron apreciadas, y así se da el caso de que varios jefes de la sublevación fueran de color muy oscuro por ser hijos de ellas. Famoso fue, por ejemplo, el negro de Almería Andrés de Aragón; pero uno de los capitanes más nombrados resultó Fárax, negro de Terque, que, según Pérez de Hita, «era de poca caridad, pero ninguno más bravo y valiente que él»” (Los moriscos del Reino de Granada. Madrid: Ediciones Istmo, 1991, p. 89). Como hubo esclavos moriscos y negros, los castellanos diferenciaron a los moriscos como “esclavos blancos”.

Pero, ¿de qué color eran los “canarios”? En la biografía que escribió de su padre Hernando Colón (1488-1539) dio unas pistas. En su versión del descubrimiento y descripción de los indios (obviamente teniendo el Diario a la mano), señaló: “Eran…de color aceitunado, como los habitantes de las Canarias o los campesinos tostados por el sol” (Vida del almirante don Cristóbal Colón. México: Fondo de Cultura Económica, 1947, p. 92). Las aceitunas también tienen sus variedades, de verdes, a marrones y hasta negras. ¿Qué quiso decir Hernando Colón? Si hubiesen sido como las negras creo que lo especificaría. Eso nos deja entre el verde y el marrón. Luego de echar un vistazo al frasco de aceitunas en la alacena de casa (un archivo a su manera), pudiera ser hasta un color intermedio de estos. Y de gente “tostada por el sol”, pueden producirse diversos asados.

En la historiografía del siglo 19 en adelante, autores y autoras describen a los indios de Iberoamérica colonial como “de piel cobriza”; si se trata de América del norte los pintan de “pieles rojas”. La realidad es que en el Diariode Colón y en las obras de los cronistas principales como Pedro Mártir de Anglería, Bartolomé de las Casas y Gonzalo Fernández de Oviedo no tuvieron el cobre como analogía. De cobrizo estamos esperando aun la evidencia documental del temprano siglo 16.

En Apologética Historia Sumaria(1527/1555), Las Casas hizo descripciones físicas de los indios pero no los pintó. Su objetivo era argumentar que formaban parte de la especie humana. Fray Bartolomé   – el Protector de los Indios – era el mejor orientado de su tiempo.  En Historia General y Natural de las Indias (1535), en el Libro III Capítulo V, Fernández de Oviedo escribió: “digo que la color desta gente es lora” (Madrid: Imprenta de la Real Academia de la Historia, 1851, p. 68). No se piense en los loros o cotorras de plumas verdes o de múltiples colores. Significaba el color de las hojas del árbol de laurel (del latín, laurus). Echen otro vistazo a la alacena donde guardan las especias; las hojas de laurel que se usan para condimentar, ¿de qué color son?

Censos más antiguos

 Una vez comenzada la colonización, los españoles e indias procrearon una descendencia híbrida nueva. Para ello se empleó el término mestizo, derivado del vocablo en latín, mixticíus.  En una carta que el vecino Francisco de Barrionuevo envió de Santo Domingo al rey, el 26 de agosto de 1533, expresó: “Aquí hay muchos mestizos hijos de españoles e indias, que generalmente nacen en las estancias y despoblados”; Barrionuevo vivió también en Puerto Rico (F. Moscoso, “La población de Puerto Rico, Siglos XVI-XVIII”, en González Vales y Luque, eds. Historia de las Antillas, Vol. IV, 2010, p. 32). El color resultante hay que suponerlo entre blanco y las aceitunas oscuras y las hojas de laurel antedichos.

Los censos de los siglos 16 hasta comienzos de la primera mitad del siglo 18 fueron parciales y fragmentados. En el censo del gobernador Francisco Manuel de Lando, de 1530-1531 encontramos “españoles, indios y negros”. Luego, en el censo de la ciudad de San Juan, en 1581, el obispo Diego de Salamanca distinguió blancos, mulatos, mestizos y negros. Casi un siglo después, en 1673, el obispo Bartolomé de Escañuela formó un padrón de habitantes de San Juan.  Ha sido estudiado minuciosamente por el historiador David Stark Collazo y la maestra Teresa de Castro Sedgwick (Boletín de la Sociedad Puertorriqueña de Genealogía, Núm. 3-4, Vol. IX, 1997). Se identificaron por casa: blancos, pardos libres y esclavos negros. Y entre los pardos se incluyó a dos mujeres clasificadas como “morena libre” y “mulata libre”.  En el Diccionario de la Lengua Española, el término pardo, del latín pardus, tiene diversas y flexibles acepciones: asociado al color del leopardo, al oso marrón, y también al mulato (Real Academia Española, 2001).

De 1775 a 1802 se hicieron censos generales en que la población aparece clasificada como blancos, indios, pardos libres, morenos libres, mulatos esclavos y negros esclavos; el censo de 1802 fue el último en registrar indios aparte (AGPR, Colecciones particulares, C.P. núm. 3, Exp. 1).  La población se clasificaba en términos simples como clases, significando si eran libres o esclavos, y en castas, indicando su condición racial.

Relaciones de reos prófugos

La imprenta se introdujo en el país en 1806 y pronto se puso en circulación la Gaceta de Puerto Rico,periódico oficial del gobierno (Lizette Cabrera Salcedo, De la Pluma a la Imprenta: la cultura impresa en Puerto Rico, 1806-1906. Museo de la UPR, 2008).   En la Gaceta se publicaron frecuentemente Relacionesen la forma de informes o listas, por ejemplo, de personas con sus nombres, pueblo y barrio, y las multas recibidas por diversos motivos (animales sueltos, hurtos, peleas, juegos prohibidos, desafíos a la autoridad, y otros). Las Relaciones de multas cubren el siglo 19 y aguardan por estudios sistemáticos y análisis de su significado en la historia.

De esos documentos los que nos acercan al tema que discutimos son las Relaciones de reos prófugos, que también aparecen a lo largo del siglo. Muchas de estas fuentes incluyen descripciones de los rasgos físicos de los buscados, incluyendo indicación de su color. Por ejemplo, en la Relación de reos prófugos del Juzgado de Aguadilla, del 30 de junio de 1848 y publicado dos semanas después figuran 19 individuos. Entre ellos:

“Sebastián de Santiago, de cuerpo regular, de 40 años de edad, delgado, pelo regular, y color blanco”.

“Manuel Acevedo, de color verdinegro, de cuerpo alto y delgado, voz baja y como de 45 años”.

“Juan Miguel de la Rosa, natural de Rincón, estatura de 4 pies 2 pulgadas, fornido, cara redonda, abultadas mejillas, manchado su rostro con paño morado, color trigueño achocolatado, ojos amortiguados, pelo crespo, vivo de genio” (Gaceta de Puerto Rico, núm. 85, vol. 17, 15 de julio de 1848, p. 4).

El estudio cuidadoso de las descripciones de la gente merece un proyecto. Sugiero para ello se haga el análisis de los prófugos (que son muchísimos), los lugares (realmente toda la isla), los períodos y contextos históricos en que ocurren y, lo importante siempre, cuáles eran los motivos procurando explicar por qué sucedía esto. Al examinar estas fuentes he procurado resaltar las descripciones de los colores de la gente. Es lo que resumimos a manera de muestra, con indicación de la fuente de la Gaceta de Puerto Rico(GPR) en que aparecen, en la lista que sigue:

         Lista: Colores de la gente, 1846-1874

Nombres                                    Color                       GPR

  1. Simón Serrano                              negro retinto             5-11-1846
  2. Juan Millán                                    indio claro                      “
  3. Manuel Carrasquillo Lugo               blanco que tira amarillo    “
  1. Gregorio Pinillo                             mulato claro                     “
  2. Nicolás Mercado                            blanco descolorido          10-2-1848
  3. Esclavo Pedro                               negro colorado                     “
  4. Celestino Maestre                          blanco rosado                       ‘
  5. Antonio Morales                            moreno claro                          “
  6. Juan Morales                                 blanco encendido                   “
  7. Sebastián de Santiago                    blanco                               15-7-1848
  8. Antonio Marcano                            blanco apanado                       “
  9. Manuel Acevedo                             verdinegro                              “
  10. Gregorio Rodríguez                         trigueño
  11. Víctor Ramos                                 negro                                     “
  12. Manuel Rosa                                  blanco pálido                          “
  13. Juan Miguel de la Rosa                    trigueño achocolatado             “
  14. Justo de la Cruz                              amulatado                              “
  15. Pedro Batistini                                moreno                                   “
  16. Vicente Cordero                              rubio de indio                         2-8-1856
  17. Gavino de la Rosa                           negro claro                           20-2-1866
  18. José de los Santos                          zambo claro                          15-4-1866
  19. Manuel Thillet                                 mulato oscuro                            “
  20. Tomás Rodríguez                             amarillo                               25-8-1866
  21. Tomás Rodríguez                             blanco rubio                              “
  22. Miguel Rivera                                  pardo claro                               “
  23. Juan de los Santos                          colorado                              28-8-1866
  24. José Dolores Rodriguez                    pardo                                 17-7-1869
  25. Ramón Ortiz                                    blanco algo pálido               17-3-1874
  26. Marcos Muñoz                                 trigueño pálido                       “
  27. Eulogio Rodríguez                            pálido                                    “
  28. Francisco Cruz Colón                       trigueño indiano                       “

 

Entre el blanco y el negro de esta muestra figuran muchos matices: nueve de blanco, cinco de negro, cuatro de trigueño, tres de mulato y dos de moreno. Evidentemente, las mezclas raciales iniciales se desdoblaron en más mezclas; y en el transcurso de los siglos en mezcla sobre mezcla. Se advierte también algo de criterios caprichosos en los que formularon las descripciones. Lo más cercano a “apanado” que encontré es empanado. Para reírnos: ¿un blanco frito terminando en el color de una empanada? Zambo designa el cruce entre negro e indio. Pero ¿qué sería “rubio de indio”? (y no hablaban del pelo). Vemos que la palidez igualmente tiene sus combinaciones curiosas (blancos y trigueños “pálidos”…). Algunas designaciones, como verdinegro, desafían la imaginación. A todos nos han enseñado de chiquitos a asociar el verde con los marcianos imaginarios:  me hubiese encantado ver un retrato de Manuel Acevedo. Y, un “blanco descolorido”, ¿sería como un fantasma? Probablemente en un estudio más exhaustivo de esta y otras fuentes se encuentren más de los 31 términos identificados.

Con ese repertorio de colores los oficiales o funcionarios designados, pintaron el racismo en el Puerto Rico colonial español del siglo 19. Tenemos, pues, unos ingredientes adicionales para discutir esta cuestión tan importante.

Breve nota historiográfica

El tema del racismo en el Puerto Rico del siglo 19 ha sido abordado más recientemente por la historiadora María del Carmen Baerga en su libro Negociaciones de sangre: dinámicas racializantes en el Puerto Rico decimonónico (Madrid: Iberoamericana, 2015). Haciendo un examen minucioso de fuentes primarias del Fondo de Matrimonios, del Archivo General de Puerto Rico, Baerga analiza la complejidad envuelta en las identificaciones raciales y las diversas maniobras de intentos de ascenso social de los no blancos. En la clasificación en una casta u otra los criterios también incluyeron – como polos opuestos – elementos asociados a la identidad blanca (linaje español, “limpieza de sangre”, religiosidad, modales, conducta y otros); y a la identidad negra (procedencia africana, esclavitud, ausencia de educación, trabajos manuales, “impureza de sangre”, conducta impropia, entre otros). El racismo confluye fácilmente con estereotipos.

En The Myth of Race(Cambridge: Harvard University Press, 2014), el antropólogo físico Robert Wald Sussman elabora un análisis crítico de las diversas escuelas o propuestas de racismo desde el siglo 16. “No hay razas biológicas entre los humanos”, Sussman concluye, “y nunca las ha habido». Todos los seres humanos formamos parte de la misma especie: lo que ha habido, y sobre lo que hay que educar y combatirla es la ideología racista.

La paleontología es la ciencia de la evolución del ser humano (de homínidos a Homo sapiens). El paleontólogo Richard E. Leaky dio una conferencia con casa llena en la Universidad de Rico (UPR), Recinto de Mayagüez en 1987. Alguien le preguntó, “¿cuándo nos separamos los hombres de los simios?”. Leaky respondió: “We haven’t yet” (Vernon L. Ávila, Biology: Investigating Life on Earth, Bookmark Publishers, 1995, p. 402). Fue su manera irónica de sugerir examinar el tema como un proceso muy complejo. Leaky subraya la importancia de la cooperación y la capacidad de adaptación en diversos ambientes propiciando la sobrevivencia de la especie humana (Origins. New YorK: E. P. Dutton, 1979).

Esa dinámica humana, a su vez, está entrelazada con lo sucedido en la piel. En Living Color: The Biological and Social Meaning of Skin Color(Berkeley: University of Berkeley Press, 2012), la antropóloga y paleobióloga Nina G. Jablonski interconecta el tema de los colores de la piel al proceso de evolución remota de la especie en África, la cuna humana. Hace 1.2 millones de años atrás, observa Jablonski, todos los humanos arcaicos eran de piel oscura. De lo que se trata es del pigmento (melanina) producido en células con el propósito de proteger la piel de los rayos ultravioletas del sol. Ella subraya otro ángulo de la complejidad biológica: la importancia del balance requerido con la vitamina D. Hay que protegerse del sol y, a la vez, coger un poco.

Las migraciones humanas que emanaron de África hacia el norte del planeta y otros horizontes distantes geográficos implicaron adaptaciones particulares de la piel en el complejo juego enfrentando los rayos ultravioletas del gran planeta central de nuestra galaxia en ambientes particulares. Son procesos de miles de años y que adquirieron nuevas dimensiones sociales, incluyendo migraciones de gentes de unas naciones a otras y el tráfico masivo de esclavos a través de la historia. Todo ello propició diversos entrecruzamientos y transmisiones y reformulaciones genéticas produciendo, pues, los múltiples colores del ser humano.

Un problema que nos aqueja a todos: El mal dormir

Ilustración Rafael Bonilla

 

Creo que todos estamos durmiendo mal en estos días: no sólo los que están en cuarentena sino también los afortunados en fase 5. Porque, mal que nos pese, si hay un momento que nos iguala a todos es el momento de cerrar los ojos para dormir: somos todos iguales frente al sueño. Mi abuela, que era una cristiana renegada (con el acento en renegada), decía que la única comunión que era capaz de concebir era ésa. Cuando se asomaba al cuarto donde dormíamos todos mis primos y me oía dar vueltas insomnes en la cama, se acercaba a murmurarme en el oído: “Dormite, así te juntás con los demás”. Eso es el insomnio, hoy más que nunca: esa policía de frontera que nos impide sumarnos a la comunidad de los durmientes.

El insomnio es caprichoso: a algunos les niega de entrada el sueño; a otros los deja dormirse, pero los ataca a traición a las cuatro de la mañana, esa hora fatídica en que, como dice Marina Benjamin, “la naturaleza de la oscuridad se vuelve porosa en sus contornos”. Los padecientes de esa clase de insomnio usan mucho una imagen: se sienten arrancados del sueño como una planta de la tierra; ven cómo cae de ellos todo vestigio de somnolencia mientras sus raíces patalean en el aire, pura confusión.

Somos extraños para la noche: en cuanto nos acostamos, descubrimos que la oscuridad transfigura todo, nos comportamos como extranjeros en ella. Porque la noche viene después del día, y después de trabajar necesitamos descansar, y se nos dice desde niños que el sueño es reparador y nutriente. Creemos a tal punto en él que le hemos concedido un lugar privilegiado en nuestras casas: un cuarto propio, confort, oscuridad y silencio, colchón de alta tecnología, cubrecama de pluma de ganso, sábanas suaves, almohadas mullidas.

Pero el sueño exige confianza a cambio de sus beneficios. No por merecerlo nos lo ganamos, ésa es la paradoja: cuanto más intentamos dormir, más nos evade. Es imposible esforzarse en ceder, imponerse activamente la pasividad. Cito de nuevo a Marina Benjamin: “La mente del insomne es como un resplandeciente banco de peces inquietos que nadan como dardos. La mente del insomne patrulla sus fronteras, se alimenta de pensamientos repetitivos, rítmicos y tontamente enigmáticos, fragmentos de canciones o de publicidades, recuerdos de infancia, algo visto en internet u oído por la calle. La basura no tiene fin. Y, mientras tanto, el insomne piensa: la parte equivocada de mí está dormida y la parte equivocada está despierta”.

Los insomnes forman una comunidad extraña: podrían redactar un manual de ansiedades comunes, sin embargo no quieren, o no saben comunicarse entre sí. Cada insomne está solo. Y ni siquiera es una soledad deseada: los pensamientos rumiantes del insomne lo canibalizan, el recuento de las interminables horas perdidas lo abruma. Se vuelve exigente por desesperación: no lo conforma dormir como en una nube, quiere dormir como una piedra. No le alcanza con dormirse; pretende, además, percibir el cruce de la frontera de un reino al otro, para servirse de él en noches futuras.

Marina Benjamin pertenece a esa cofradía de solitarios y en su libro Insomnio habla de todas las taras que padecen (“Ésta es la canción del insomnio y voy a cantarla”, dice). Habla, por ejemplo, de las envidias inesperadas. Cuenta que, de chica, en la misma época en que empezó a padecer insomnio, su padre fue perdiendo la audición pero se negaba a usar audífono por coquetería. Así logró ser una máquina de soñar despierto, un sonámbulo al revés. “Convirtió su sordera en una manera de contrabandear sueño al terreno diurno”. Marina probó todo en su lucha contra el insomnio: probó dormir al aire libre en las noches de verano, pero las estrellas se le clavaban como agujas en los párpados cerrados. Probó dormirse mirando una foto del dormitorio de un crucero, imaginándose tendida en ese confort mientras las olas la mecían.

Probó la valeriana y el melatol (“No hacen efecto, sépanlo”), probó con antihistamínicos (“A veces funcionan pero hay que tomar cada vez más y generan adicción”), probó el temazepamy descubrió que la volteaba, sí, pero la dejaba tonta todo el día siguiente: “Induce una especie de amnesia del desvelo, es como sueño pero falso, porque no cura, no corrige los síntomas; los suprime nomás”. En sus infinitas rumias nocturnas, Marina descubre el secreto de Las mil y una noches (“Scherezade era insomne; sólo así lograba llegar despierta a cada nuevo amanecer. Con su relato sin fin inducía al rey al sueño y así lograba un día más de vida”); lamenta haberse identificado de niña con la Princesa del Guisante y no con La Bella Durmiente; se maldice por aquellas noches en que marchó a la cama con una linterna para leer a escondidas. Incluso llega a culpar al colonialismo por su insomnio (“Los imperios europeos llevaron la pólvora y el sarampión a sus colonias, y volvieron con azúcar, café, tabaco y chocolate: esos estimulantes fueron masivos generadores de insomnio para los europeos”).

Finalmente se inscribe en un curso de terapia conductista de cinco semanas. En la primera jornada les explican que las curas de sueño que imponen reposo obligatorio son contraproducentes (en las curas de sueño victorianas se alimentaba sólo de leche a los pacientes, como a bebés, no los dejaban sentarse ni usar las manos, hasta debían orinar y cagar acostados). El remedio moderno contra el insomnio es la restricción de sueño. Hay incluso una fórmula, un número mágico: dividir la cantidad de horas que uno duerme por la cantidad de horas que pasa en la cama tratando de dormir. El número que dé es el coeficiente de sueño y, dividido por diez, indica la cantidad de horas que uno necesita dormir.

Marina piensa: “¿Convocan insomnes y nos privan de dormir? ¿Nos ponen a calcular y sumar cada minuto que pasamos acostados? ¿No es precisamente eso lo que impide dormir a los insomnes?”. Igual lo intenta, pero es como si todo su ser se le refugiara en el cráneo. No hay postura posible, su bruxismo se intensifica, espía a sus compañeros, los cuerpos en reposo no son bellos ni serenos: giran, gruñen, resoplan, patean como ella.

Decide abandonar el curso. Vuelve a su casa exhausta, repitiendo como un mantra la frase del filósofo Hume (“Hay que hacer las paces con la incertidumbre”), pero tampoco logra dormir. Se levanta en medio de la noche, camina a tientas hasta el living, se desploma en el sofá. Desde la alfombra, su perro alza la cabeza y la mira con ojos vacunos. Marina palmea el espacio vacante en el sofá, el perro se acurruca a su lado y se apaga en cuestión de segundos, el lomo contra ella, las piernas laxas, extendidas hacia el otro borde del sofá, como una gaita. Su cuerpo tibio se eleva y se desinfla rítmica, hipnóticamente. Los minutos pasan, el silencio se espesa y, de a poco, muy de a poco, los ojos de Marina se cierran, su respiración se acompasa con la del perro, su mente se aquieta y, por fin, entre una respiración y otra, accede al sueño de los justos.

El autor es escritor, traductor, periodista, jugaba fútbol hasta una lesión de juventud además sabemos  que fundó el suplemento cultural Radar de Página 12 y que actualmente escribe cuando quiere y puede.

Reproducido de www.pagina12.com.ar.

La JCF no podrá cumplir con el plazo que le han impuesto

 

CLARIDAD

ccotto@claridadpuertorico.com

En opinión del licenciado Rolando Emmanuelli Jiménez es difícil que la Junta de Control Fiscal   (JCF) pueda cumplir con el plazo que le impuso la jueza Laura Taylor Swain de que presente en o antes del 10 de febrero de 2021 un  plan de ajuste de pago de deuda.  Con una junta incompleta y un nuevo integrante que aboga de forma abierta por el máximo pago a los bonistas, no podrá someter el plan  ni información detallada de la estructura de lo que podría ser el plan de deuda.

La orden de la jueza que preside el proceso de la quiebra del Gobierno de Puerto Rico bajo el Titulo III de la ley Promesa se produjo en la vista celebrada a finales de octubre y fue el resultado de una moción que radicaron los grupos de acreedores del Gobierno de Puerto Rico que se hacen llamar Bonistas Constitucionales (Ad Hoc-BC), Obligaciones Generales (Ad Hoc-GO), la Coalición de Deuda Legítima (CDL) y QTCB.  Según los acreedores, la JCF ha venido posponiendo la consideración del ajuste de deuda desde mayo del 2017.

El licenciado Emmanuelli Jiménez explicó que el argumento de los acreedores es que la jueza le ha concedido a la JCF peticiones de posposiciones para una quiebra que se radicó en mayo de 2017, que ya se cumplieron tres años de la radicación, tiempo en que se supone un deudor complete un plan de ajuste. Los acreedores le pidieron a la jueza que, en vista del tiempo que ha pasado, se le imponga un calendario a la JCF para que el caso avance.

Sin embargo, el experto en la ley Promesa afirmó que el término fijado por la jueza, dentro de las circunstancias que tiene la JCF, podría ser imposible de cumplir. Resaltó que las consecuencias de no poder cumplir con este término podrían ser la imposición de medidas más estrictas o hasta de que eventualmente la jueza decida desestimar la quiebra.

“El problema que yo veo para cumplir con esa fecha es que acabamos de tener una elección donde hay un nuevo Gobernador que, aunque se ha pintado como el abogado de la Junta, tiene que tomar posesión en enero. Eso implica que tendrá que tomar muchas decisiones en 40 días que tienen que ver con este asunto”.

Esto responde, explicó, a que hasta ahora no hay un nuevo acuerdo con los acreedores del Gobierno central debido a que estos apoyan el plan anterior que preparó la Junta, pero que luego reconoció que no puede cumplir, por lo que hay que renegociar.

A lo anterior se le suma el incidente ocurrido en la reunión de la JCF (el 30 de octubre) en donde se trató de aprobar una moción para que se presente el plan de ajuste de deuda, no importa si se hubiera llegado a un acuerdo o no con los acreedores.  La moción era para que se volviera a la mesa de negociación y que, si no se llegaba a un acuerdo, se radicara como quiera un plan de ajuste de deuda. Pero el nuevo miembro de la JCF, Justin Peterson, nombrado por el presidente Trump, abandonó la reunión en oposición, por lo que la Junta se quedó sin quórum para poder aprobar la moción.  Peterson, quien hasta el momento de ser nombrado había sido relacionista público de acreedores del Gobierno de Puerto Rico, dijo que lo propuesto por la Junta no daba un trato equitativo a los bonistas.

“Peterson demostró ser una persona radical e intolerante. Se retiró de la reunión para que la Junta perdiera el quórum, y no se pudo aprobar la moción. Eso lo que pone en problema es que no va a haber tiempo para negociar y radicar un plan de ajuste negociado antes de febrero”, señaló Emmanuelli Jiménez. La JFC tampoco tiene autorización para radicar una moción para imponer un plan de ajuste de deuda, ya que sería un trámite que de seguro generaría litigios. Al perder las elecciones  de seguro Trump tratará de llenar las tres vacantes que tiene la JCF. Después de nombrados, el nuevo presidente Biden, no los puede despedir.  Esos nuevos miembros son los que tendrían que tomar una decisión sobre lo que van a presentarle a la jueza el 10 de febrero, añadió Emmanuelli Jiménez.

Frente a este cuadro, no ve que la Junta tenga suficiente tiempo para completar una negociación. Como tampoco puede radicar un plan de ajuste sin negociar, es difícil que pueda cumplir. Eso implica que la Junta podría radicar una moción informativa sobre lo que han hecho, lo cual estaría a la discreción de la jueza si lo acepta o no.

Estas circunstancias significan que el proceso de negociación de la deuda del Gobierno central (Pueblo de Puerto Rico) se siga alargando. La postura del nuevo miembro de la JCF es que se negocie con los acreedores de la manera más favorable para ellos. Mientras, el resto de la Junta reconoce que las circunstancias económicas de Puerto Rico no aguantan el plan de ajuste de deuda como se negoció. En ese caso, negociar implicaría cederles a los bonistas una mayor cantidad de dinero sin Puerto Rico tener las condiciones para pagar.

Emmanuelli Jiménez coincidió con la apreciación de que a cuatro años de la imposición de la JCF, el país continúa en un callejón sin salida. Todavía el Gobierno no ha podido cumplir con presentar ni un solo presupuesto balanceado. Ahora, el gobernador electo, Pedro Pierluisi, quien ha sido defensor de la ley PROMESA, llega con la  teoría de que cediendo a la Junta va a poder salir de ella rápido. “Pues no, porque no hay un solo presupuesto balanceado. Y para poder acceder a los mercados a costos razonables, falta mucho todavía, así que va a tomar muchos años. La estrategia de someterse y cumplir alarga la presencia de la Junta en Puerto Rico. La estrategia valiente sería enfrentar a la Junta”, concluyó Emmanuelli.

 

 

Crucigrama: Isabelo Zenón Cruz

Especial para CLARIDAD

Horizontales

2. Retardan.

10. Luna del planeta Júpiter.

11. _____ Zenón Cruz; se destacó como escritor y catedrático de la Universidad de Puerto Rico-Recinto de Río Piedras.

12. Símbolo del erbio.

13. Aquí.

14. Cuatro en números romanos.

15. El negro y _____ situación existencial en el Puerto Rico contemporáneo; grabación de Zenón en el Archivo de la Palabra de la UPR.

18. _____ Miguel Hernández Matos; autor de el ensayo “Dr. Isabelo Zenón Cruz: Humacaeño que honra a Humacao”.

21. Distraído.

22. Res vacuna de más de un año y que no pasa de dos.

26. Reverencia o cortesía en muestra de sumisión, pl.

27. _____; ciudad natal de Zenón.

29. Pasé la vista por lo escrito.

30. Tontería.

31. _____ descubre su trasero: el negro en la cultura puertorriqueña, volúmenes I y II (1974-75); obra de Zenón sobre la negritud en Puerto Rico.

32. Prisionero.

34. Ileana “_____” Latorre; una de las primeras instrumentistas de la Nueva Trova. Participó en “Haciendo Punto en Otro Son” junto a su prima Jossy Latorre.

38. Isabelo Zenón Cruz: veintiocho _____ después del revuelo; publicación de Sergio A. Rodríguez Sosa profesor UPR-Humacao.

39. Prietuscos y talcualitos: poemas _____ y otros poemas; poemario de Juan de Matta García con prólogo de Zenón.

42. Tela de seda sin brillo.

43. Se atreve.

44. Mil millones de años.

46. Papel, representación.

47. _____ Acevedo; autor de “El huracán Zenón”.

48. Luis López _____; escritor y profesor universitario. Se refirió al autor de “Narciso descubre su trasero”, como «Un Quijote Negro: Isabelo Zenón».

Verticales

1. Universidad de Puerto _____; Zenón fue catedrático del Departamento de Español en la Facultad de Estudios Generales.

2. 10 de _____ de 2002; fallecimiento de Zenón.

3. Adjetivo demostrativo, fem.

4. Apócope de la palabra madre.

5. En Ecuador, jobo.

6. Segunda nota musical.

7. _____ Primera; cantautor revolucionario venezolano.

8. 5 de _____ de 1939; nacimiento de Zenón.

9. Isabelo Zenón _____; autor de “Narciso descubre su trasero: el negro en la cultura puertorriqueña”, volúmenes I y II.

12. Existe.

16. Incomunicar, confinar, encerrar.

17. Triste, melancólico, disgustado.

18. Onomatopeya de la risa.

19. Olfatead.

20. En la Academia no _____ grita, o Isabelo Zenón des/cubre la Academia; escrito de Dolores Aponte Ramos en Diálogo.

23. Divinidad egipcia.

24. Pueblo originario de la familia maya de Guatemala.

25. Sexta nota musical.

26. Isabelo _____ Cruz; autor del prólogo a “Prietuscos y talcualitos: poemas negristas y otros poemas”.

28. Instrumento musical de viento, semejante a la dulzaina, pl.

33. _____ Barreto; pintor puertorriqueño.

35. _____ Davis; activista y profesora afroamericana.

36. Perteneciente o relativo al combate; que implica lucha.

37. Atascan.

38. Acometa.

40. Cuadro o tablar de siembra en la huerta.

41. Cocinó a la brasa.

45. _____ memoriam: Isabelo Zenón Cruz; publicación del escritor y profesor José Manuel Torres Santiago. 

“Stop the count”

 

CLARIDAD

Algunos presidentes de Estados Unidos dejan frases memorables. La de Barack Obama, acuñada cuando estaba en campaña, fue “Yes, we can”, mientras John Kennedy pronunció la suya en el discurso inaugural convocando a su audiencia a pensar primero en el país. La que deja Donald Trump es muy fiel a su mentalidad troglodita: “Stop the count”. Cuando el conteo de votos empezó a confirmar su derrota, imitando a los militares bolivianos un año antes, reclamó que se detuviera gritando “fraude”. Mientras ese reclamo circulaba en las redes sociales, una banda armada trató de imponerlo en Pennsylvania, intimidando a quienes hacían el conteo.

Afortunadamente el conteo siguió y ahora mismo parece improbable que el Tribunal Supremo de Estados Unidos, donde la mayoría incluye a tres nombrados por Trump, cambie el resultado como ocurrió en 2000. Pero no deja de ser alarmante el llamado presidencial en un país donde tanta gente anda armada.

Además, el llamado de Trump preocupa por el apoyo que recibió. No hay figura pública que haya dicho más mentiras, casi todas comprobadas y expuestas en la prensa. Tampoco hay, en los tiempos modernos, alguien que genere más división, ni que exaltase más el odio racial, el desprecio a la ciencia y al comportamiento civilizado. Es un gobernante que, con su incompetencia, puso en riesgo a millones de sus ciudadanos en la actual pandemia. Se trata, además, de un presidente que ha alejado a Estados Unidos de sus aliados tradicionales en el mundo, reduciendo al mínimo su influencia como potencia mundial. A pesar de ese récord, 71 millones de estadounidenses votaron por él, acumulando 47 por ciento del voto popular.

En medio de la euforia generalizada que estalló en Estados Unidos y buena parte del mundo el sábado 7 de noviembre, cuando se confirmó el triunfo de Biden, el dato del apoyo que fue capaz de reunir una persona como Trump impactó a muchos. No hay duda de que perdió, pero es una derrota que para los pelos.

Para los que conocemos un poco de historia, fue inevitable recordar lo que ocurrió en Alemania tras las elecciones de 1930. El Partido Nazi venía acumulando derrotas electorales desde que apareció en el escenario político a principios de la década del ’20. En las del ’30 su fortuna mejoró, pero se quedó con sólo el 30.1% en la primera vuelta y 36.8% en la segunda. Paul von Hindenburg, un hombre ya anciano, ganó con un cómodo 53%, pero los 13 millones de votos obtenidos por Adolf Hitler conmovieron a muchos. La crisis económica que siguió, profundizada en las calles por la agitación y el paramilitarismo del nazismo, lo llevarían al poder en 1933.

No estoy proyectando que en Estados Unidos pudiera ocurrir lo mismo que en Alemania, aunque las bandas armadas que apoyan a Trump hacen recordar a las “camisas pardas” del nazismo. Hay una diferencia muy grande entre el entramado institucional de Estados Unidos y el que tenía la joven República de Weimar. Esa institucionalidad estadounidense ha sufrido mucho durante la presidencia de Trump y tal vez hubiese estallado si él recibía un segundo mandato, pero ahora mismo se mantiene y, en parte, es lo que explica el triunfo de Biden. Sin embargo, no hay duda de que los próximos cuatro años serán muy duros en Estados Unidos, donde 71 millones de personas votaron por un individuo que promovía la división y el odio.

Muchos esperábamos que, dado el récord de Trump y su manifiesta incompetencia durante la pandemia, el triunfo de Biden sería más holgado. Se hablaba de que era posible un triunfo en Florida, un estado duramente golpeado por el virus, y otros más optimistas predecían lo mismo en Texas, donde la derecha siempre ha comandado. Al final, ninguno de esos vaticinios se cumplió y Biden pudo prevalecer gracias a dominar en Michigan y Pennsylvania, otros dos estados claves. Pero todos esos triunfos fueron por márgenes estrechos que obligaron a esperar cuatro días para que la victoria pudiera anunciarse.

El cuatrienio que se inicia en enero será difícil y no sólo porque habrá 71 millones de trumpistas rondando por las calles, muchos de ellos armados. También la pandemia ha golpeado la economía y hay ahora mismo decenas de millones de desempleados y miles de negocios cerrados. Además de esa realidad social, en el campo institucional Trump deja cambios importantes que estarán persiguiendo a Joe Biden. El más importante de esos cambios se dio en el Tribunal Supremo, donde el centrismo jurisprudencial que se mantuvo por décadas desapareció con los tres nombramientos efectuados durante el presente cuatrienio.

Trump mismo esperaba que ese cambio en el Supremo le facilitara la victoria, lleando al extremo de anunciarlo antes de la votación. Hasta ahora esa intervención no se ha producido y los triunfos en Pennsylvania y Nevada hacen difícil que se repita lo de 2000. Pero, salvo muertes inesperadas, el tribunal actual estará muchos años con su actual composición ya que los nombrados por Trump son personas relativamente jóvenes. En las disputas legales que seguramente se producirán en los meses que quedan del presente cuatrienio y durante los próximos años, actuará como el último reducto del “trumpismo”.

A pesar de esos enormes nubarrones que se ven en el horizonte, fue un gran alivio la derrota electoral de Trump. Los dirigentes de la Unión Europea, donde se enfrentaron a los llamados a la desunión provenientes de Estados Unidos, corrieron a felicitar a Biden. En América Latina, que vivió la hostilidad contra México, el golpe de estado en Bolivia, las agresiones a Cuba y Venezuela, y el estímulo al ultraderechismo en Brasil, también se produjeron aplausos. Pero los 71 millones de votos nos recuerdan que aunque Trump se va el “trumpismo” se queda.