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Taller Malaquita más que un espacio de arte en Santurce

Por Gabriela Ortiz Díaz / Especial para En Rojo

La malaquita es un mineral secundario de cobre que sirve para amplificar tanto las energías positivas como las negativas. Una de sus propiedades es absorber fácilmente las energías negativas del cuerpo, por lo que se considera una piedra protectora y sanadora.
Pero también es el nombre seleccionado por consenso para designar el Taller Malaquita en Santurce, un espacio en la calle Condado, esquina Ribot, conducido por un grupo de mujeres jóvenes egresadas, en su mayoría, de la Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico y dedicadas a distintas formas de hacer arte.
El color verde turquesa que exhibe naturalmente el mineral advierte al visitante que ha llegado al taller. De igual forma, varios murales pintados en paredes aledañas y el olor a café. Según dos de las artistas integrantes y cofundadoras, Rosenda Álvarez Faro y Zuania Minier, el café es parte esencial de la convivencia en el espacio, por lo que los vecinos de la comunidad santurcina o los visitantes del taller son invitados a tomar café.
Hace dos sábados, En Rojo llegó hasta allí para presenciar una de las exposiciones que ha organizado la colectiva, que suma 19 mujeres entre integrantes, cofundadoras, artistas asociadas, artistas residentes y colaboradoras invitadas. Tazas en manos, hablamos sobre los orígenes del lugar y sobre lo que han logrado hacer desde el taller por los pasados tres años.
De hecho, el próximo miércoles, 11 de diciembre de 2019, a partir de las 6:00p.m., celebran en conjunto dos eventos: el cierre de la exhibición colectiva “Los Males Quita” y el tercer aniversario de la fundación del taller, un almacén con techo de zinc transformado en color desde diciembre 2016.
Para Rosenda y Zuania, la malaquita es “una piedra diversa, rara, preciosa, una calcificación del cobre que varía en términos de color desde los verdes más claros hasta los más oscuros. Es tóxica cuando se inhala el polvo. Tiene muchas propiedades, como por ejemplo, “los males quita”. Es una piedra de protección y para mantener puro, limpio y con buena energía un espacio”.
Así que quisieron nombrar el taller como la piedra preciosa para que quedaran asociadas las propiedades de esta con lo que, para ellas, hace el arte: “el arte tiene propiedades sanadoras tanto para quien crea como para quien lo recibe”. La selección del nombre, de igual forma, alude a la asociación entre la diversidad de tonos de verde que puede mostrar la piedra y las distintas manifestaciones de arte que las integrantes realizan: escultura, gráfica, moda, cerámica, por ejemplo.
Los Males Quita, entonces, es un juego de palabras que dio nombre a la exposición colectiva próxima a cerrar. Desde el pasado 19 de noviembre, esta muestra ha pretendido ser un junte entre muchas de las artistas que se han relacionado con Taller Malaquita desde sus inicios. Esta exposición ha presentado parte del trabajo que se ha impulsado o gestado en ese espacio interdisciplinario. “Es un despojo colectivo a través de la expresión creativa que caracteriza a cada una de las integrantes y colaboradoras”, como dice la hoja promocional de la exhibición.
En términos de organización, las artistas han pretendido formar una “L” con las piezas mostradas para permitirle al público fluir por el espacio, que es galería y taller.
“La exposición está diseñada para crear diálogo entre las piezas a través de toda la sala. Se ven cómo cruzan las historias”, comentaron. De esta forma, el ambiente está creado para aportar a la muestra, que incluye piezas de video arte, de escultura en madera y cerámica, de moda conceptual, por ejemplo. En ese último renglón, la muestra exhibe un homenaje a mujeres puertorriqueñas como Lolita Lebrón e Isabelita Rosado a través de conceptos de vestuario. De igual forma, la artista Nasheli Juliana, inspirada en diferentes momentos histórico-políticos convulsos de Puerto Rico, presenta en la muestra vestuarios diseñados con machetes y carpetas por ejemplo. Lo interesante de esta pieza es que hay que utilizar unas gafas 3D para ver lo impreso en los vestuarios. Esta obra se expuso en París el año pasado.
El Taller Malaquita se concibió para que se diera la dinámica de galería y taller, aunque no ha funcionado nunca con una agenda o calendarización de exposiciones o actividades, pues se interviene el espacio de maneras diferentes, según la propuesta artística que tengan. En este espacio se propicia un ambiente en el que se fomenta la solidaridad, la organización de redes de trabajo y el apoyo mutuo que se materializa a través de talleres, intercambios de saberes, exhibiciones, entre otros. En fin, Este taller es un laboratorio de arte interdisciplinario insertado en la diversidad de Santurce.
Las integrantes y cofundadoras son: Rosenda Álvarez Faro, Rosaly Mota Márquez, Vero Rivera, Coral del Mar Alemán, Carolina Fernanda Serrano, Nitzayra Leonor, Yamileth Flores Reyes, Andrea Pérez Caballero y Zuania Minier. Las artistas asociadas son: Elizabeth Barreto, Nasheli Juliana y Fefa Carlo. Las artistas residentes son: Kimberly Lesik, Krystal Lee Rodríguez, Laurie de Jesús Lagares, Karla Claudio Betancourt, Ingrid Bonetti Veloz y Dania I. Reyna Mercado. La colaboradora invitada para la exposición Los Males Quita es: Michelle Malley Campos, cineasta que presenta por primera vez en una muestra el video documental “La esquinilla: junte de mujeres artistas”.

Instrucciones para escribir una novela al uso

Kalman Barsy / Especial para En Rojo

(Paso previo indispensable) Si tuvieras o tuvieses “in mente” algún embrión de historia que contar, abórtalo de inmediato.

Paso 1. 
Ponte a escribir cuidando que tu texto resulte del todo ininteligible. El lector no ha de recibir NINGUNA clave en cuanto a nada. Prohibido hacer de “spoiler”. No dejes entrever nunca a quién le suceden los “no-sucesos” que esbozas; ni cuándo, ni dónde —y mucho menos por qué.
Paso 2. Revisa lo escrito y vete escamoteando cualquier indicio identificatorio de personaje o actante alguno —léase nombres propios, acciones características, maneras de decir, modismos, etcétera.
Paso 3. Cuando ya te sientas aburrido de escribir –y por ningún otro motivo intrínseco a la obra—puedes dar por terminada tu novela. La revisión final de la misma consistirá en entremezclar una vez más sus ingredientes y agitarlos como si fuera coctelera. De este modo te aseguras de que toda coherencia perecerá.
Advertencia última: La tarea de encontrarle cualquier significación o sentido a tu texto recaerá enteramente sobre los lectores, a quienes deberá carcomer la sospecha de que son tontos si no te entienden.
P.D. Si necesitas un modelo, ahí tienes “EL MIEDO DEL PORTERO AL PENALTY”, de Peter Handke, último Premio Nobel de Literatura y apologista de criminales de guerra.
NOTA DEL EDITOR: La oración final de las instrucciones de Barsy se refieren a un asunto puntual. El Nobel de 2019 no se aleja de la polémica. Se otorgó un premio doble. Los ganadores fueron Olga Tokarczuk (Polonia) y Peter Handke (Austria). De la autora polaca se dijo que posee, según anunciara el secretario permanente de la academia sueca, “una imaginación narrativa que, con una pasión enciclopédica, simboliza la superación de las fronteras como forma de vida” . Del austriaco se afirmó que tiene una obra que “llena de inventiva lingüística, ha explorado la periferia y la singularidad de la experiencia humana”.
El año pasado no se otorgó el galardón literario más prestigioso del mundo tras la suspensión de la convocatoria por los escándalos a partir de acusaciones de acoso sexual y violaciones.
El premio a Peter Handke es polémico puesto que ha sido criticado por sus posturas en la guerra de los Balcanes por apoyar posiciones serbias. La asociación de víctimas del genocidio “Madres de Srebrenica” pidió al Comité Nobel que retire el galardón al austríaco. La asociación lo acusa de defender a responsables de crímenes de guerra. “El hombre que defendía a los carniceros balcánicos no puede obtener ese premio”, ha declarado su presidenta, Munira Subasic, a un portal bosnio. Y ha añadido: “Estamos muy afectados como víctimas. ¿Cómo puede obtener el premio Nobel alguien que defiende a los criminales y, sobre todo, a quienes cometieron el genocidio?”. (https://www.lavanguardia.com/libros/20191010/47891523299/nobel-literatura-2019-premios.html)
Kalman Barsy es un escritor puertorriqueño cuya infancia y juventud las vivió en Argentina a donde llegó su familia originaria de Hungría.
En 1974 se establece en Puerto Rico, donde a los 40 años inicia su carrera literaria con el libro de cuentos Del Nacimiento de la Isla de Borikén y otros Marvillosos Sucesos (1982) el cual recibe el premio “Casa de las Américas”.
En Puerto Rico participó activamente de la vida cultural puertorriqueña a lo largo de tres décadas y se desempeñó como profesor de lengua y literatura en la Universidad de Puerto Rico. Desde 2011 vive en Cataluña.
Sus novelas son:
Los veinticuatro días (2009) Pre-Textos
La vagina de platón (2008) Editorial de la Universidad de Puerto Rico
Leyendas insólitas: el sacristan y su verdugo/ una visita de ultratumba (2006) Alfaguara
La cabeza de mi padre: novela corta en trece módulos (2002) Pre-Textos (Traducida al húngaro en 2000 como: Az apam arcvonasai por: György Ferdinandi en la editorial Orpheusz de Budapest)
Naufragio (1999) E.D.H.A.S.A. 1998; Plaza Mayor 1999 (II Premio del Instituto de Literatura Puertorriqueña en 1999)
Verano (1993) Norma 1993; Grijalbo-Mondadori 1995 (Premio del Instituto de Literatura Puertorriqueña en 1994)
Amor portátil (1989) Alfaguara.

La cena

Clarice Lispector

Él entró tarde en el restaurante. Por cierto, hasta entonces se había ocupado de grandes negocios. Podría t`ener unos sesenta años, era alto, corpulento, de cabellos blancos, cejas espesas y manos potentes. En un dedo el anillo de su fuerza. Se sentó amplio y sólido.
Lo perdí de vista y mientras comía observé de nuevo a la mujer delgada, la del sombrero. Ella reía con la boca llena y le brillaban los ojos oscuros.
En el momento en que yo llevaba el tenedor a la boca, lo miré. Ahí estaba, con los ojos cerrados masticando pan con vigor, mecánicamente, los dos puños cerrados sobre la mesa. Continué comiendo y mirando. El camarero disponía platos sobre el mantel, pero el viejo mantenía los ojos cerrados. A un gesto más vivo del camarero, él los abrió tan bruscamente que ese mismo movimiento se comunicó a las grandes manos y un tenedor cayó. El camarero susurró palabras amables, inclinándose para recogerlo; él no respondió. Porque, ahora despierto, sorpresivamente daba vueltas a la carne de un lado para otro, la examinaba con vehemencia, mostrando la punta de la lengua –palpaba el bistec con un costado del tenedor, casi lo olía, moviendo la boca de antemano. Y comenzaba a cortarlo con un movimiento inútilmente vigoroso de todo el cuerpo. En breve llevaba un trozo a cierta altura del rostro y, como si tuviera que cogerlo en el aire, lo cobró en un impulso de la cabeza. Miré mi plato. Cuando lo observé de nuevo, él estaba en plena gloria de la comida, masticando con la boca abierta, pasando la lengua por los dientes, con la mirada fija en la luz del techo. Yo iba a cortar la carne nuevamente, cuando lo vi detenerse por completo.
Y exactamente como si no soportara más –¿qué cosa?– cogió rápido la servilleta y se apretó las órbitas de los ojos con las dos manos peludas. Me detuve, en guardia. Su cuerpo respiraba con dificultad, crecía. Retira finalmente la servilleta de los ojos y observa atontado desde muy lejos. Respira abriendo y cerrando desmesuradamente los párpados, se limpia los ojos con cuidado y mastica lentamente el resto de comida que todavía tiene en la boca.
Un segundo después, sin embargo, está repuesto y duro, toma una porción de ensalada con el cuerpo todo inclinado y come, el mentón altivo, el aceite humedeciéndole los labios. Se interrumpe un momento, enjuga de nuevo los ojos, balancea brevemente la cabeza –y nuevo bocado de lechuga con carne engullido en el aire–. Le dice al camarero que pasa:
–Este no es el vino que pedí.
La voz que esperaba de él: voz sin posibles réplicas, por lo que yo veía que jamás se podría hacer algo por él. Nada, sin obedecerlo.
El camarero se alejó, cortés, con la botella en la mano.
Pero he ahí que el viejo se inmoviliza de nuevo como si tuviera el pecho contraído y enfermo. Su violento vigor se sacude preso. Él espera. Hasta que el hambre parece asaltarlo y comienza a masticar con apetito, las cejas fruncidas. Yo sí comencé a comer lentamente, un poco asqueado sin saber por qué, participando también no sabía de qué. De pronto se estremece, llevándose la servilleta a los ojos y apretándolos con una brutalidad que me extasía… Abandono con cierta decisión el tenedor en el plato, con un ahogo insoportable en la garganta, furioso, lleno de sumisión. Pero el viejo se demora poco con la servilleta sobre los ojos. Esta vez, cuando la retira sin prisa, las pupilas están extremadamente dulces y cansadas, y antes de que él se las enjugara, vi. Vi la lágrima.
Me inclino sobre la carne, perdido. Cuando finalmente consigo encararlo desde el fondo de mi rostro pálido, veo que también él se ha inclinado con los codos apoyados sobre la mesa, la cabeza entre las manos. Realmente él ya no soportaba más. Las gruesas cejas estaban juntas. La comida debía haberse detenido un poco más debajo de la garganta bajo la dureza de la emoción, pues cuando él estuvo en condiciones de continuar hizo un terrible gesto de esfuerzo para engullir y se pasó la servilleta por la frente. Yo no podía más, la carne en mi plato estaba cruda, y yo era quien no podía continuar más. Sin embargo, él comía.
El camarero trajo la botella dentro de una vasija con hielo. Yo observaba todo, ya sin discriminar: la botella era otra, el camarero de chaqueta, la luz aureolaba la cabeza gruesa de Plutón que ahora se movía con curiosidad, goloso y atento. Por un momento el camarero me tapa la visión del viejo y apenas veo las alas negras de una chaqueta sobrevolando la mesa, vertía vino tinto en la copa y aguarda con los ojos ardientes –porque ahí estaba seguramente un señor de buenas propinas, uno de esos viejos que todavía están en el centro del mundo y de la fuerza–. El viejo, engrandecido, tomó un trago, con seguridad, dejó la copa y consultó con amargura el sabor en la boca. Restregaba un labio con otro, restallaba la lengua con disgusto como si lo que era bueno fuera intolerable. Yo esperaba, el camarero esperaba, ambos nos inclinábamos, en suspenso. Finalmente, él hizo una mueca de aprobación. El camarero curvó la cabeza reluciente con sometimiento y gratitud, salió inclinado, y yo respiré con alivio.
Ahora él mezclaba la carne y los tragos de vino en la gran boca, y los dientes postizos masticaban pesadamente mientras yo espiaba en vano. Nada más sucedía. El restaurante parecía centellear con doble fuerza bajo el titilar de los cristales y cubiertos; en la dura corona brillante de la sala los murmullos crecían y se apaciguaban en una dulce ola, la mujer del sombrero grande sonreía con los ojos entrecerrados, tan delgada y hermosa, el camarero servía con lentitud el vino en el vaso. Pero en ese momento él hizo un gesto.
Con la mano pesada y peluda, en cuya palma las líneas se clavaban con fatalismo, hizo el gesto de un pensamiento. Dijo con mímica lo más que pudo, y yo, yo sin comprender. Y como si no soportara más, dejó el tenedor en el plato. Esta vez fuiste bien agarrado, viejo. Quedó respirando, agotado, ruidoso. Entonces sujeta el vaso de vino y bebe, los ojos cerrados, en rumorosa resurrección. Mis ojos arden y la claridad es alta, persistente. Estoy prisionero del éxtasis, palpitante de náusea. Todo me parece grande y peligroso. La mujer delgada, cada vez más bella, se estremece seria entre las luces.
Él ha terminado. Su rostro se vacía de expresión. Cierra los ojos, distiende los maxilares. Trato de aprovechar ese momento, en que él ya no posee su propio rostro, para finalmente ver. Pero es inútil. La gran forma que veo es desconocida, majestuosa, cruel y ciega. Lo que yo quiero mirar directamente, por la fuerza extraordinaria del anciano, en ese momento no existe. Él no quiere.
Llega el postre, una crema fundida, y yo me sorprendo por la decadencia de la elección. Él come lentamente, toma una cucharada y observa correr el líquido pastoso. Lo toma todo, sin embargo hace una mueca y, agrandado, alimentado, aleja el plato. Entonces, ya sin hambre, el gran caballo apoya la cabeza en la mano. La primera señal más clara, aparece. El viejo devorador de criaturas piensa en sus profundidades. Pálido, lo veo llevarse la servilleta a la boca. Imagino escuchar un sollozo. Ambos permanecemos en silencio en el centro del salón. Quizás él hubiera comido demasiado deprisa. ¡Porque, a pesar de todo, no perdiste el hambre, eh!, lo instigaba yo con ironía, cólera y agotamiento. Pero él se desmoronaba a ojos vista. Ahora los rasgos parecían caídos y dementes, él balanceaba la cabeza de un lado para otro, sin contenerse más, con la boca apretada, los ojos cerrados, balanceándose, el patriarca estaba llorando por dentro. La ira me asfixiaba. Lo vi ponerse los anteojos y envejecer muchos años. Mientras contaba el cambio, hacía sonar los dientes, proyectando el mentón hacia delante, entregándose un instante a la dulzura de la vejez. Yo mismo, tan atento había estado a él que no lo había visto sacar el dinero para pagar, ni examinar la cuenta, y no había notado el regreso del camarero con el cambio.
Por fin se quitó los anteojos, castañeteó los dientes, se enjugó los ojos haciendo muecas inútiles y penosas. Pasó la mano por los cabellos blancos alisándolos con fuerza. Se levantó asegurándose al borde de la mesa con las manos vigorosas. Y he aquí que, después de liberado de un apoyo, él parecía más débil, aunque todavía era enorme y todavía capaz de apuñalar a cualquiera de nosotros. Sin que yo pudiera hacer nada, se puso el sombrero acariciando la corbata en el espejo. Cruzó el ángulo luminoso del salón, desapareció.
Pero yo todavía soy un hombre.
Cuando me traicionaron o me asesinaron, cuando alguien se fue para siempre, cuando perdí lo mejor que me quedaba, o cuando supe que iba a morir. –Yo no como. No soy todavía esa potencia, esta construcción, esta ruina. Empujo el plato, rechazo la carne y su sangre.

Clarice Lispector (Ucrania, 1920 – Brazil, 1977) fue una escritora brasileña de origen judío. Es considerada una de las escritoras más importantes de América Latina en el siglo XX.

Derechos Humanos y de la Casa Común

Marcelo Barros / Especial para En Rojo

 

El martes, la humanidad celebra un aniversario más de la Declaración Universal de Derechos Humanos, firmada por la Organización de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1948. Más de 70 años después, casi no hay país en el mundo donde se respeten estos derechos. La sociedad dominante presenta solo derechos liberales e individuales como los de ir, venir, comprar y consumir. El garante de estos derechos es el dinero y posición social. Si eso fuera cumplido ya sería bueno. Cada vez que se violan derechos de una persona, cualquiera que sea ella, es toda la humanidad quien queda herida. Sin embargo, en la sociedad dominante, el garante de los derechos es el dinero y posición social. Pobres y marginados no tienen derechos. Gobiernos que afirman ser democráticos invaden países. Torturan, asesinan personas y destruyen civilizaciones y culturas. En América Latina, hasta hoy, el imperio norteamericano viola la justicia internacional y patrocina golpes de estado. Financia los peores partidos políticos y sostiene dictaduras. Hace eso en nombre de derechos humanos y de la civilización cristiana.
Actualmente, la ONU reconoce el derecho colectivo de los nómadas, gitanos, tuareg, así como el derecho de las categorías sociales como niños, ancianos y otros. Derechos comunes están por encima de los individuales. Todos los seres vivos tienen derecho a vivir en la tierra, a tener acceso gratuito a agua limpia, aire saludable, salud y educación básica.
Hoy tenemos que pensar y vivir de modo nuevo la relación con la tierra, el agua, la naturaleza, animales y todos los seres vivos. No podemos tratarlos como mercancías. Con nosotros forman la gran red de relaciones que es la comunidad de la vida. Por eso, la conciencia de la humanidad reconoce los derechos de la Madre Tierra y de la naturaleza.
Esta forma de comprender la vida y los derechos humanos es parte de una cultura amorosa que llamamos espiritualidad integral o cósmica. Al privilegiar la relación filial con la tierra, la cura y el equilibrio de la vida, tradiciones indígenas y afrodescendientes revelan las mismas raíces éticas y espirituales. De una forma u otra, todas las religiones reconocen: lo divino solo se puede encontrar en lo humano. La espiritualidad, sea religiosa o no, hace de la defensa de los derechos humanos y de la naturaleza un método de intimidad con el Divino. En el siglo II, Ireneo, pastor de la Iglesia de Lyon, enseñó: “¿Cómo te puedes hacer divino si ni siquiera te has vuelto humano? Ante todo, asegúrate de ser humano y así podrás participar de la gloria divina “.

McWilliams se mantiene vigente como contendor mundial

Por Javier Guaní Gorbea

Especial para Claridad

Probablemente el peleador más talentoso que ha tenido Puerto Rico en los últimos 10 años que no ha sido campeón mundial es McWilliams Arroyo. Su marca de 20 ganados y 4 derrotas no le hacen honor a lo talentoso y buen peleador que éste  ha sido durante su carrera. McWilliams obtuvo una importante victoria el pasado sábado cuando noqueó en seis asaltos al dominicano Juan Gabriel Medina en el Coliseo Pedrín Zorrilla de Hato Rey. Esta es la primera vez en mucho tiempo que  Arroyo  realiza  tres combates  en el mismo año  y suena  con mucha insistencia para enfrentar al ganador de la pelea  de título mundial del 31 de este eståe mes en Japón  entre el boricua Jeyver Cintrón y el japonés Kazamuto Ioka.

Para McWilliams Ioka no es un desconocido pues éste le propinó su última derrota en septiembre del 2018. Mientras que una pelea con Cintrón presentaría a dos ex olímpicos boricuas peleando por un título mundial en un combate  parejo donde es difícil predecir un ganador.

Oquendo también buscará su oprtunidad

Otro de los proyectos que ha trabajado la compañia de Miguel Cotto durante este 2019 fue  revivir y  buscarle  una nueva oportunidad titular para el veterano   Jonathan Oquendo en las 130 libras. Oquendo ha ganado cinco de sus últimas seis peleas (siendo la derrota una cerrada pelea con el prospecto Lamont Roach) y con la victoria reciente del nicaraguense René Alvarado sobre Andrew Cancio el nombre de Oquendo  parece ser el favorito para  enfrentarlo tan cercano como en marzo o abril del 2020.

Medallista de oro panamericano firma con Cotto y De la Hoya

Por último en una noticia que no puede pasar desarpercibida el campeón panamericano boricua Oscar Collazo firmó la semana pasada con los Cotto  en una copromoción  con Oscar de la Hoya. Recordemos que Collazo venció al sub campeón olímpico Juberjen Martínez en la final de los Juegos Panamericanos de Lima en el verano. Pero no tenía oportunidad de ser olímpico pues su peso fue eliminado de las los juegos que se jugarán en Tokio en el 2020. Sin duda la compañía de Miguel Cotto ha tenido un gran año  y se sigue esperando grandes eventos de ellos en el 2020  y ahí estaremos nosotros para comentarlos y reseñarlos.