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Carta abierta a los intelectuales del mundo

Por Manuel Castells

Brasil está en peligro. Y con Brasil el mundo. Porque después de la elección de Trump, de la toma del poder por un Gobierno neofascista en Italia y del ascenso del neonazismo en Europa, Brasil puede elegirpresidente a un fascista, defensor de la dictadura militar, misógino, sexista, racista y xenófobo, que ha obtenido 46% en la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Poco importa quién sea su oponente. Fernando Haddad, la única alternativa posible, es un académico respetable y moderado, candidato por el PT, un partido hoy desprestigiado por haber participado en la corrupción generalizada del sistema político brasileño. Pero la cuestión no es el PT, sino una presidencia de un Bolsonaro capaz de decir a una diputada, en público, que “no merece ser violada por él”. O que el problema con la dictadura no fue la tortura sino que no matara en lugar de torturar. En una situación así, ningún intelectual, ningún demócrata, ninguna persona responsable del mundo en que vivimos, podemos quedarnos indiferentes. Yo no represento a nadie más que a mí mismo. Ni apoyo a ningún partido. Simplemente, creo que es un caso de defensa de la humanidad, porque si Brasil, el país decisivo de América Latina, cae en manos de este deleznable y peligroso personaje, y de los poderes fácticos que los apoyan, los hermanos Koch entre otros, nos habremos precipitado aún más bajo en la desintegración del orden moral y social del planeta a la que estamos asistiendo.

Por eso escribo a todos ustedes, a los que conozco y a los que me gustaría conocer. No para que suscriban esta carta como si fuera un manifiesto al dictado de políticos. Sino para pedirles que cada uno haga conocer públicamente y en términos personales su petición para una activa participación en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el 28 de octubre, y nuestro apoyo a un voto contra Bolsonaro, argumentándolo según lo que cada uno piense, y difundiendo su carta por sus canales personales, redes sociales, medios de comunicación, contactos políticos, cualquier formato que difunda nuestra protesta contra la elección del fascismo en Brasil. Muchos de nosotros tenemos contactos en Brasil, o tenemos contactos que tienen contactos. Contactémoslos. Un mensaje por WhatsApp es suficiente, o una llamada telefónica personal. No nos hace falta un hashtag. Somos personas, miles, potencialmente hablando a millones, en el mundo y en Brasil Y porque a lo largo de nuestra vida hemos adquirido con nuestra lucha e integridad, una cierta autoridad moral, utilicémosla en este momento antes que sea demasiado tarde. Yo lo voy a hacer, lo estoy haciendo. Y simplemente ruego que cada una/uno haga lo que pueda.

El autor es sociólogo.

Crucigrama: Ada Suárez Díaz

Horizontales

1. El _____: biografía del Dr. Ramón Emeterio Betances, 1827-1898; libro sobre el Padre de la Patria puertorriqueña escrito por Ada Suárez Díaz.

8. Pedro _____; conocido como el Poeta Nacional de la República Dominicana.

9. Fluido que tiende a expandirse y que se caracteriza por su baja densidad, como el aire.

10. _____ Suárez Díaz; historiadora y educadora puertorriqueña. La UPR le otorgó una beca para estudiar maestría en Historia en la Universidad de Columbia de NY. Obtuvo su doctorado en la Universidad Central de Madrid.

11. Utiliza.

12. Desmenuza con los dientes.

13. Río de Suiza.

15. Querer.

18. En el antiguo cómputo romano y en el eclesiástico, el día 15 de marzo, mayo, julio y octubre, y el 13 de los demás meses.

21. El doctor _____ Emeterio Betances y la abolición de la esclavitud; libro de Suárez publicado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña en 2003.

23. Época.

26. Pueblo amerindio establecido en Puerto Rico.

27. Contracción gramatical.

28. 20 de _____ de 1911; nacimiento de Suárez.

31. Símbolo del indio, elemento químico metálico.

32. Ada Suárez _____; autora de “Segundo Ruiz Belvis (1829-1867)” y “Cronología de la vida del doctor José Francisco Basora”.

34. Sábila.

36. Mermar.

38. La _____ de Borinquen, y epistolario íntimo de R. E. Betances; libro editado por Suárez y publicado en 1981 por el Instituto de Cultura Puertorriqueña.

40. Residuos, migajas.

42. Pronombre.

43. _____ Juan; ciudad natal de Suárez.

44. Apócope de mamá.

45. Ente.

47. _____ tomada; cuento de Julio Cortázar.

48. Interjección.

49. Quinientos en números romanos.

51. Soase.

53. Alabar.

55. Universidad Central de _____; Suárez presentó su tesis doctoral “El Antillano: biografía del Dr. Ramón Emeterio Betances, 1827-1898” en dicha institución española.

56. Ada _____ Díaz; se le destaca por ser la primera biógrafa de Betances. Editó de Betances, “La virgen de Borinquen, y epistolario íntimo”. Fue profesora en el Departamento de Humanidades de la UPR-RP.

Verticales

1. Ato.

2. Nidal.

3. Trasladar, acarrear.

4. Capital peruana.

5. _____ Buenas; municipio donde falleció Suárez.

6. Red.

7. Atrevería.

14. 15 de _____ de 1989; fallecimiento de Suárez.

15. Labrad.

16. País de África Occidental.

17. Ante Meridiano.

19. Otorgué.

20. Del verbo sonar.

22. Negación.

23. Conjunción latina que significa y.

24. Segundo _____ Belvis (1829-1867); ensayo de Suárez publicado en 1982.

25. Grupo sanguíneo.

26. Tisana.

29. Hermano de Abel.

30. Calles, calzadas, vías.

33. Macizo del Sahara.

35. Hogar.

36. En las pruebas de imprenta, signo con que el corrector indica al margen que ha de quitarse una palabra, letra o nota.

37. Capital de Italia.

39. Generar.

41. Cronología de la vida del doctor José Francisco _____; publicación de Suárez.

46. John _____; periodista, poeta y activista estadounidense, célebre por su testimonio de la Revolución de Octubre “Diez días que estremecieron el mundo”.

47. Confusión, desorden.

48. En la mitología cananea, nombre de la deidad principal.

50. Ahora.

52. Afirmación.

54. Símbolo químico del oro.

Puerto Rico y Venezuela, hermanos latinoamericanos

Por Rafael Cancel Miranda

Mi gente,

Sé que de esto hemos hablado antes. En el tiempo de la esclavitud de los negros, cuando alguno se escapaba para liberarse, los amos enviaban a otros negros esclavos a recapturarlo. Cuando lo recapturaban, eran los mismos negros esclavos quienes lo ataban y le daban los latigazos para que el amo blanco ni siquiera se lastimara las manos. Algunos de ustedes dirán que eso fue hace siglos pero quiero que sepan que, desgraciadamente, en Puerto Rico se sufre la misma desvergüenza.

Como todos sabemos, por 120 años hemos padecido la esclavitud colonial impuesta por el imperialismo anglosajón estadounidense. ¿Acaso no se ha usado a los mismos puertorriqueños para perseguir y hasta matar a su propia gente que lucha por liberarse de la esclavitud colonial? ¿Acaso no es eso igual a los negros que castigaban a sus hermanos siguiendo las instrucciones de su amo? Pues ahora hasta se habla de usar puertorriqueños contra el hermano pueblo de Venezuela que lucha por liberarse del yugo imperialista anglosajón.

Cuando el régimen español imperaba en Puerto Rico, el gobernador español quiso enviar soldados puertorriqueños a Venezuela para combatir contra los revolucionarios. Los nuestros rehusaron hacerlo. Ese mismo gobernador envió soldados puertorriqueños a Santo Domingo con el mismo fin. Los puertorriqueños fueron y se unieron a los luchadores dominicanos. Hoy se les recuerda con orgullo.

Habrá puertorriqueños que dirán que somos “ciudadanos americanos”. Yo les respondo que esa ciudadanía no existe. Cuando nos impusieron tal “ciudadanía”, lo hicieron al igual que hicieron los hacendados blancos que les dieron sus apellidos a sus esclavos, no para que se volvieran blancos y fueran parte de ellos, sino para que se supiera que eran de su propiedad, al igual que hacían con su ganado. Con ese mismo fin el gobierno yanqui nos impuso la llamada “ciudadanía americana”, pese a que el parlamento puertorriqueño la rechazó.

¿Conocen ustedes uno de los poderes absolutos sobre Puerto Rico que se adjudica el gobierno yanqui? Dicen que pueden vendernos o canjearnos con cualquier país sin siquiera consultaros. Si eso no es esclavitud, ¿qué es?

Boricua, no permitas que te usen contra nuestros hermanos pues, además de puertorriqueños, somos caribeños y latinoamericanos.

Pasión y vida de René Marqués

A la memoria de Myrna Báez

En su cuento “El ahogado más hermoso del mundo”, Gabriel García Márquez implica que crear, imaginar y descubrir son facultades inherentes al ser humano. Al principio del cuento, niños especulan sobre un bulto oscuro que se acerca a la orilla. Fantasean con la posibilidad de que sea un barco pirata. Finalmente, constatan que se trata de un cadáver. Descubrimientos históricos confirman la percepción del escritor.

El 12 de septiembre de 1940, cuatro adolescentes franceses buscaban un perro. Así, los jóvenes descubrieron para la humanidad las magníficas pinturas rupestres de la cueva de Lascaux. Este arte primigenio data de 17,000 años atrás, en la era paleolítica. Por otra parte, en tres cuevas españolas, investigadores encontraron pinturas rupestres y artesanía creados hace apenas 64,000 años. De notable sofisticación y acabado artístico, estas obras fueron creadas por seres descalificados por la antropología oficial como ahistóricos e incultos –los neandertales.

Estas muestras “prehistóricas” de ingenio humano no hubiesen sorprendido a René Marqués. En su obra, el escritor arecibeño deja claro que todo ser humano posee las facultades que posibilitan pensar, construir y progresar. Ella o él puede entender su realidad, resistir el poder y cambiar su realidad. De ahí que sus personajes, muy particularmente las mujeres, cuestionan el orden vigente, establecen un orden justo e inclusivo, recuperan su independencia y reflexionan sobre la condición humana. Es decir, gente común, la que edifica momento a momento la historia nacional, habita su literatura.

Como expresión de su visión democrática e inclusiva, el dramaturgo exalta la figura del artesano. Este artista devela un saber popular, un entramado de creación, sensibilidad y percepción que fructifica al margen de la institucionalidad cultural y académica. Concreta los valores socio humanísticos de quien moldea materiales naturales para plasmar su visión y enriquece el haber cultural de la nación. Talla un espíritu de independencia contrario a las fuerzas hegemónicas. La artesana devela los frutos de su reflexión crítica y representa su mundo de afectos e intelección mediante distintas modalidades de arte trans e interdisciplinario.

Ese albedrío, subraya Marqués, puede resultar amenazante para instancias de poder. En Pasión y huida de Juan Santos, santero, un artesano sufre persecución religiosa. Su actividad artística es devaluada por un vecino del barrio que se ha convertido en ministro protestante, la voz fulminadora de Jehová. Percibe al arte santero de Juan como amenazante al proyecto totalizador del Imperio, y le estigmatiza. Arenga a la gente y les conmina a destruir cientos de santos de palo que había tallado Juan con ingenio y tesón por su presunto origen satánico.

Ante la intolerancia y el prejuicio, Juan se propone ser “más humano”, afianzando sus raíces”, dice la voz narrativa, “en los rasgos más auténticos de su propia personalidad”. Juan esgrime el arte, consustancial a todo individuo, para resistir la opresión y para humanizar al santoral católico, significar el vínculo de la fe con los desclasados, con los “condenados de la tierra”. Esta premisa no debe suponer parcialidad religiosa.

En El milagrito de San Antonio, la actitud represora surge de un sacerdote católico español. Una “viejecita” le pide que bendiga el San Antonio que le había tallado Don Zoilo, el santero, en roble del país. El cura se burla de “ese pedazo de palo”, y le sugiere que compre en la quincalla “unos santos de yeso como Dios manda”. La voz narrativa subraya el eurocentrismo, la actitud racista, el menosprecio a expresiones culturales autóctonas y su desprecio a la feligresía empobrecida.

El narrador menciona que la señora había ido a un apartado barrio a requerir los servicios de “un santero de los de antes” para que le tallara su San Antonio. Esto no significa que Marqués siente nostalgia por un pasado que no regresará. Este tipo de comentario elude contextualizar el cuento y tomar en cuenta el realismo literario: Marqués representa la realidad inherente a un Puerto Rico industrializado a golpe y porrazo, de una población conminada a emigrar a Estados Unidos, del abandono de la agricultura.

La mujer en el teatro marquesiano

René Marqués examina la realidad nacional mediante la parodia implacable, el humor irreverente y la bufonería deslegitimadora. Dos personajes femeninos de Carnaval afuera, Carnaval adentro permiten explorar esta idea: Matilde y Felícita.

En Carnaval, Matilde, una mujer caribeña que dirige el espacio de poder en el carnaval adentro, pone en marcha la acción dramática. Mediante sus discursos y sus prácticas, Matilde interroga a la sociedad patriarcal y al colonialismo. Más aún, a través de personajes femeninos como Matilde, Felícita, Micaela y Carola, entre otras, el dramaturgo refuta a pensadores influyentes que descalifican a la mujer, como, por ejemplo, Aristóteles, Antonio S. Pedreira y José de Diego, para proponer un discurso que reconoce en la mujer a un sujeto social significativo.

Las primeras palabras de Matilde satirizan mordazmente la situación de la Isla, en momentos en que el modelo colonial se mercadea al mundo como la receta infalible que habría de posibilitar el progreso para el otro subalterno, incapaz de gobernarse a sí mismo. Suenan las campanas anunciando las bondades de la Alianza para el Progreso y Manos a la Obra, así como la penetración cultural apologética del colonialismo que supuso la Operación Serenidad, textos propagandísticos que soslayaron la lectura contestataria que ofrecía la dura realidad de los arrabales de la ciudad de San Juan, panfletos de estado que la explicación escueta de Matilde deslegitima: “El carnaval de afuera me ha retrasado” (25). El carnaval afuera se nutre de la desinformación y el escamoteo ideológico; la injusticia adumbra la vida diaria. La verdad y la justicia, por el contrario, animan el ejercicio de poder de Matilde en el carnaval adentro.

Por su parte, Felícita, sirvienta y mulata, enuncia un discurso que deconstruye la “normalidad” que aceptan muchos en el carnaval afuera. Sus desplazamientos corporales y su discurso paródico denuncian la deshumanización inherente al colonialismo y al capitalismo. Se burla del insulso papel social al que le relega la sociedad jerarquizada. Las empleadas domésticas, después de todo, no deben aspirar a otra cosa. No habrá leído a Marx, pero vive en carne propia los rigores de la exclusión social y de la explotación laboral.

El pesimismo

Con respecto al pesimismo, Marqués considera que un optimismo mecánico opera en beneficio de los opresores. El pesimismo literario, por el contrario, conturba a los regentes. Esa desilusión no proviene de la psiquis del escritor; no expresa insatisfacciones personales. Este pesimismo actúa como génesis de reformas significativas sobre el cuerpo político del país. Concreta una actitud de fe predicada sobre la posibilidad de conjurar los males que asolan a la nación. Se escribe con el espíritu desperezado por el optimismo inherente a “la esperanza de que el mal denunciado será resuelto” (82). “Son”, dice el escritor, “dardos disparados a la conciencia dormida de los otros”. Es, en fin, un pesimismo que se materializa con el ímpetu de una fuerza primera, como dice Isaac Newton en otro contexto. O como sostiene el arecibeño, el escritor pesimista es, en realidad, un optimista (83).

El escritor y Occidente

Las voces contestatarias históricas de Occidente, desde Darwin y Shakespeare hasta Nietzsche y Kant materializan “una intersección de superficies textuales”, como califica Julia Kristeva a la intertextualidad. Este detalle es importante por revela que las objeciones que expresa René Marqués con respecto a los conceptos de “occidentalismo” y “casa de estudios” de Jaime Benítez, quien pretendía convertir la universidad pública en un espacio políticamente aséptico, no son etnocéntricas ni una expresión de “criollismo” insulso. Y aquí debo pausar para referirme a una importantísima obra del escritor: Juan Bobo y la Dama de Occidente.

Mediante esta pantomima, como sabemos, Marqués responde a Jaime Benítez, presidente de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. Benítez instauró una “occidentalización” del campus bajo el concepto represor de “casa de estudios”. El pensamiento crítico y la disidencia quedaron descalificados. Esa postura colonial del académico presenta una flagrante contradicción: las voces más notables del siglo XIX europeo, Karl Marx, Sigmund Freud, Charles Darwin, Federico Nietzsche, Henrik Ibsen, George Bernard Shaw, Oscar Wilde, William Blake, Mary Shelley, George Eliot y Mary Wollstonecraft, entre tantos otras, desarticulan los imaginarios sociales y políticos dominantes. Son voces contrarias al poder que exponen las injusticias que subyacen la normalidad europea. Exponen el talante represor y explotador de los discursos dominantes del continente.

En esa corriente transgresora, se instala el ideario marquesiano. De hecho, califica a la agenda ideológica de Benítez de “tontería occidentalista”, una agenda ideológica amparada en idearios dominantes eurocéntricos. Esto es lo que combate Marqués. De hecho, en sus notas introductorias a la obra, satiriza la visión regresiva del académico afirmando que “…el tiempo se detuvo en el cráneo de Jaime” (11). “Somos ingenuos”, dice, “pero no ilusos”. Por eso, se nos dice en una acotación que “Hoy ni un solo nativo se ha occidentalizado” (36). O sea, hemos resistido la intentona de vendernos un occidentalismo desmaterializado, una racionalidad homogénea y acrítica. Un logro de la obra del puertorriqueño, afirma Carlos Solórzano, “…se encuentra precisamente en el hallazgo de alcanzar universalidad sin abandonar los rasgos propios.”

René Marqués no solo reitera que los puertorriqueños son inteligentes, sino que además se posiciona en un Caribe plural y diverso, que contrario a Pedreira, a Tomás Blanco y a José de Diego Padró, muestra un espíritu de inclusividad racial y cultural. África, implica, es parte de lo que somos. Cuando Juan Bobo entra bailando una bomba con la Negrita Cangrejera, el Profesor “se escandaliza, se indigna, se sofoca ante este espectáculo anti-occidental, pero inconscientemente” termina moviendo su cuerpo al son de la bomba (36). Es decir, África está en nosotros, herencia insoslayable del ser nacional.

El final de Juan Bobo y la Dama de Occidente rebosa de inclusividad. La Novia le arranca la careta a la Dama, personificación del occidentalismo ahistórico que defendía El Profesor, y ésta se humaniza, destila autenticidad. La pantomima cierra con una fiesta que incluye panderos, una comparsa de jíbaros, personajes de la literatura anglo-europea, la Novia, la Dama, el Negro y la Negrita Cangrejera. En fin, “todos los grupos se confunden en el frenesí del baile” (48).

Termino con unas palabras certeras de Victoria Espinosa, expresadas en la Universidad de Alberta en Edmonton en 1981: “Y aunque parte de la militante y joven generación del Puerto Rico de hoy, cuestione y considere enajenante su obra y la de sus coetáneos, René Marqués, si se quiere, enajenado y ‘dócil’ en aparente evasión, puso en verdad, ‘el dedo sobre la llaga’. Porque en su obra, variaciones sobre un mismo tema: el tiempo y el hombre en su circunstancia, es eje motriz que centrípeta y a la vez centrífugamente, lo impulsó a un eterno viaje de auscultamiento frente a los suyos”.

Esta es una versión abreviada de una conferencia ofrecida en el Recinto Universitario de Mayagüez con motivo del inicio de la celebración del centenario de René Marqués, auspiciado por el Departamento de Estudios Hispánicos el 11 de octubre de 2018

Pedro Salinas en Santurce (III)

¿Qué propició la gran productividad intelectual del poeta español exiliado Pedro Salinas en su estancia en Puerto Rico entre 1943 y 1946? ¿Qué detonó la escritura de una de sus series poéticas más deslumbrantes, titulada “El contemplado” y escrita en Santurce? Es un lugar común de la crítica señalar que aquí el poeta exiliado reencontró su lengua materna. No falta tampoco quien se conforma con aludir a las bellezas incontestables de la isla. Creo, sin embargo, que el factor determinante para la gran productividad de Salinas en Puerto Rico hay que buscarlo en aquello que cristalizó en su escritura más intensa, la que trasluce de modo más logrado su actitud fundamental ante la vida. En ese “Mar de Puerto Rico” aludido en “El contemplado,” Salinas encontró un espejo en el que miraba el proceso de su propia trabajo como poeta. La tercera variación de “El contemplado” lo expresa claramente:

Desde que te llamo así,

por mi nombre,

ya nunca me eres extraño.

Infinitamente ajeno,

remoto tú, hasta en la playa

–que te acercas, alejándote

apenas llegas–, tú eres

absoluto entimismado.

Pero tengo aquí en el alma

tu nombre, mío. Es el cabo

de una invisible cadena

que se termina en tu indómita

belleza de desmandado.

Te liga a mí, aunque no quieras.

Si te nombro, soy tu amo

de un segundo. ¡Qué milagro!

Tus desazones de espuma

abandonan sus caballos

de verdes grupas ligeras,

se amansan, cuando te llamo

lo que me eres: Contemplado.

Obra, sutil, el encanto

divino del cristianar.

Y aquí en este nombre rompe

mansamente tu arrebato,

aquí, en sus letras –arenas–,

como en playa que te hago.

Tú no sabes, solitario

–sacramento del nombrar–,

cuando te nombro,

todo lo cerca que estamos.

La tercera variación es sumamente representativa en cuanto a la composición básica de una escena que se repite en “El contemplado”: la de alguien hablándole al mar de espaldas a la ciudad. Cada uno de los poemas que reiteran esa escena parecen ser el testimonio de un primer encuentro con el mar. Se trata de escenas que relatan el deslumbramiento. El propio Salinas evocaba una primera visión del mar en su famoso discurso “Defensa del lenguaje”, pronunciado en la graduación de la Universidad de Puerto Rico en el cuarenta y cuatro: “Cuenta el poeta catalán Juan Maragall que en cierta ocasión llevó a una niña de algunos años, que no conocía el mar, a la orilla del Mediterráneo, deseoso de ver el efecto que causaba en ella esa primera visión. La niña se quedó con los ojos muy abiertos y, como si el propio mar le enviara, dictado por el aire, su nombre, dijo solamente: ‘¡Mar, el mar!’ La voz es pura defensa. La criatura ve ante sí algo que por sus proporciones, su grandeza, su extrañeza, la asusta, casi la amenaza. Y entonces pronuncia, como un conjuro, estos tres sonidos: ‘mar’. Y con ellos, en ellos, sujeta a la inmensa criatura indómita del agua, encierra la vastedad del agua, de sus olas, del horizonte, en un vocablo. En suma, se explica el mar nombrándolo, y al nombrarlo pierde el miedo, se devuelve a su serenidad. Es eso, el mar, no es monstruo ni pesadilla; es, no puede decirse de otro modo más sencillamente grandioso, ‘el mar’. Esta niña de Maragall está afirmando su persona, su personilla principalmente, frente al paisaje marino, por virtud de la palabra. Está plantándose frente al mar, y diciéndole: ‘Tú eres el mar, yo soy una niña que te lo llamo’. Está, pues, cobrando conciencia de su ser en el mundo frente a las demás cosas.” Al igual que la niña de Maragall, Salinas cobraba conciencia de su ser ante un mar que aguzaba su mirada, educándola. La quinta variación revela en qué pudo consistir dicha educación de la mirada: “No quieres tú que te busquen / los ojos apresurados, / los que te dicen hermoso / y luego pasan de largo. / No ven. A ti hay que mirarte / como te miran los astros, / a sus azules mirandas / serenamente asomados.” Se trata de una mirada que no busca hacer presa certera sino más bien abandonarse a su objeto: “Con mi vista, que te mira, / poco te doy, mucho gano. / Sale de mis ojos, pobre, / se me marcha por tus campos, / coge azules, brillos, olas, / alegrías, / las dádivas de tu espacio. / Cuando vuelve, vuelve toda / encendida de regalos.” Esa mirada recomienza una y otra vez, ya sea mediante el catálogo de sus hallazgos o la figuración meticulosa de la visualidad como duración. Uno y otro caso traslucen la voluntad de figurar la mirada como contemplación, como morosa atención flotante que contradice la voluntad de dominio del sujeto del conocimiento moderno. El poema vindica un sencillo no hacer nada, un eclipsamiento del sujeto, un despilfarro o gasto improductivo que contradice los imperativos utilitarios y de eficacia de la razón instrumental. Más que como herramienta del conocimiento, la mirada aparece como una intensa objetivación del deseo: “El mirar no tiene fin: / si ojos hoy se me cerraron / cuando te raptó la noche, / mañana se me abrirán, / cuando el alba te rescate, / otros ojos más amantes, / para seguirte mirando.” Esa lógica del deseo, incompatible con la lógica del dominio que gobierna la producción social, le parecía a Salinas una de las cosas más necesarias para cualquier intento de rehabilitación de lo humano en la era de la bomba atómica. En su alocución a los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico en la graduación de 1944, Salinas señala: “El tiempo, como pura duración, el dedicado a la contemplación y al soñar, se considera como un despilfarro digno de odio… No hay clima más favorable al crecimiento normal y completo de la obra del espíritu que el tiempo libre y sin tasa, el tiempo natural.”

“El contemplado” propone, más que una vuelta al sujeto romántico que se siente eclipsado ante la desbordante magnitud de lo sublime –el mar, digamos–, una reconstitución de la capacidad sensorial y creativa del sujeto, en oposición a la enajenación y cosificación progresivas que caracterizan la experiencia subjetiva moderna. Mirando el mar, el sujeto no confirma la omnipotencia de su voluntad de conocimiento, que es voluntad de dominio, sino que redescubre el valor de su deseo como potencia vital. La décimo segunda variación, con su descripción de la ciudad enemiga de los negocios que conspira a espaldas del sujeto que mira al mar, le sirve de marco a esta propuesta de rehabilitación de la mirada y de las facultades creativas del sujeto. Todo el poema desemboca en el verso final: “Y de tanto mirarte, nos salvemos.” De lo que se trata es de una reformulación de la vida, no de una mera propuesta estética. Es en ese sentido que podemos hablar de “El contemplado” como magnífico ejemplo de poesía moral. La salvación aludida en ese último verso no es, como en el caso de Benjamín, una categoría teológica, sino histórico-filosófica. La mirada y la lengua que la dicen buscan proponer una forma alterna de existencia, no sólo una propuesta estética. Como si “El contemplado” contestara a la pregunta cómo hay que vivir, y no sólo cómo hay que escribir. Salinas añade al respecto: “La lengua escrita es la que nos tiende la mejor magia para superar lo temporal. En el lenguaje el hombre existe en su hoy, se vive; se siente vivo en su pasado, hacia atrás, se retrovive; y, más aún, se juega su carta hacia el futuro, aspira a perdurar; se sobrevive. Visto así, el lenguaje ya es mucho más que una actividad técnica, práctica, un medio de comunicación que termina en cuanto logra su cometido circunstancial; es una actividad trascendental, es un hacer de salvación.” Esa era la actitud de Pedro Salinas en el momento que resultaba posible, por primera vez, la destrucción de la humanidad.

Postdata de 2018: Lo anterior surge de las notas preparatorias para varias clases, conferencias y charlas que ofrecí en Estudios Generales y en Humanidades de la UPR de Río Piedras en 2007. Su valor es esquemático. Quien ha estudiado las implicaciones y los matices de la estancia de Pedro Salinas en Puerto Rico con mayor rigor es Lena Burgos-Lafuente, profesora de la Universidad del Estado de Nueva York en Stony Brook, a cuyo excelente ensayo “Tiempo de isla: Pedro Salinas y los trópicos típicos” remito, así como a su libro “A la escucha del destiempo: poéticas de la posguerra en el Caribe trasatlántico”, que se publicará este año.