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Amores que matan

Un Informe publicado por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), indica que casi el 60% de las 87,000 mujeres asesinadas en 2017 en todo el mundo lo fueron a manos de sus parejas o exparejas. Ello, según se informa, convierte el hogar en uno de los lugares más peligrosos para las mujeres. La violencia contra las mujeres se manifiesta de muchas maneras y en diferentes entornos desde tiempo inmemorial. Se han destapado casos de abuso sexual de sacerdotes contra monjas y horrendos casos de agresiones sexuales contra mujeres en India y África. El movimiento #MeToo, que surgiera recientemente en los Estados Unidos denunció múltiples casos de acoso sexual que se dieron a conocer, principalmente, en las esferas del poderoso mundo hollywoodense. El alarmante ascenso de los casos de violencia de género azota también a nuestro país que, en el presente año, muestra una triste cifra de 22 mujeres muertas a manos de sus parejas o exparejas. Tres de ellas murieron a manos de agentes del orden público. En 10 años, el año 2018 ha sido el tercero de mayor incidencia de casos de violencia de género en Puerto Rico.

El informe de la ONUDD concluye que el hecho de que las víctimas de estos hechos resulten ser en su mayoría mujeres, demuestra “…un desequilibrio en las relaciones de poder entre mujeres y hombres dentro de la esfera doméstica”. El informe añade que “la violencia de compañeros sentimentales contra mujeres y niñas tiene sus raíces en normas de género ampliamente aceptadas sobre la autoridad de los hombres en la sociedad en general, y en la familia en particular, y en el uso de la violencia por los hombres para ejercer su control sobre las mujeres”. Afirma que hay que empezar a discutir con los hombres el tema de la violencia contra la mujer, la masculinidad y las relaciones de género “…para transformar el estereotipo de que la mujer está por debajo del hombre”.

En el año 1989, se aprobó en Puerto Rico la Ley para la Prevención e Intervención con la Violencia Doméstica, mejor conocida como Ley 54, con el propósito de crear conciencia de la magnitud del problema de violencia de género en nuestra sociedad. Según la declaración de política pública del estatuto este pretende: “…propiciar el desarrollo, establecimiento y fortalecimiento de remedios eficaces para ofrecer protección y ayuda a las víctimas, alternativas para la rehabilitación de los ofensores y estrategias para la prevención de la violencia doméstica. A pesar de la puesta en vigor de dicha ley, ha quedado demostrado que esta conducta, que afecta principalmente a la mujer, no puede ser manejada estrictamente desde la perspectiva punitiva, visión que se ha implementado a lo largo de casi tres (3) décadas. Tal y como lo concluye el informe de la ONUDD, es indispensable acudir a la implantación de la educación con perspectiva de género que promueva relaciones de equidad entre los géneros. El currículo de perspectiva de género definido por el Consejo Económico y Social de la la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1997, constituye “…una estrategia para conseguir que las preocupaciones y experiencias de las mujeres, al igual que las de los hombres, sean parte integrante en la elaboración, puesta en marcha, control y evaluación de las políticas y de los programas en todas las esferas políticas, económicas y sociales, de manera que las mujeres y los hombres puedan beneficiarse de ellos igualmente y no se perpetúe la desigualdad. El objetivo final de la integración es conseguir la igualdad de los géneros”. En otras palabras, cambiar la construcción social que imperante mediante la cual se promueve el rol subordinado de la mujer y el papel predominante del hombre en las relaciones de género. ¿Qué objeción razonable y sensata puede haber a que ello se haga?

En el 2006 se aprobó una ley que ordena al Departamento de Educación y a la Oficina de la Procuradora de la Mujer a crear un currículo con el componente de equidad. En el 2008, el exsecretario de Educación, Rafael Aragunde, firmó una carta circular que establecía un currículo con perspectiva de género que fue derogada por su sucesor, Carlos Chardón, en el 2009. Dicha carta circular definía la perspectiva de género como un “instrumento conceptual que ayuda a comprender que las diferencias entre los géneros no se deben exclusivamente a una determinación sexual o biológica, sino a la construcción social de las identidades humanas”. Durante su mandato, el gobernador Alejandro García Padilla anunció que se estaría implementando este currículo en el sistema público de enseñanza como una herramienta educativa para prevenir y combatir la violencia de género. Sin embargo, ello fue derogado por la actual administración del PNP, presionado por grupos fundamentalistas religiosos que se dieron a la tarea de distorsionar el currículo de perspectiva de género argumentando que este incluye temas asociados a la aceptación de las diversas orientaciones sexuales e identidades de género. A la actual Secretaria de Educación, Julia Keleher, se le condicionó su confirmación en la posición, al compromiso de eliminar dicho currículo, en aras de complacer a estos grupos de poder quienes, lejos de aportar al desarrollo social y económico del país, solo buscan adelantar su particular visión de mundo a cambio de los votos y las aportaciones económicas para determinados políticos en los partidos mayoritarios. Legisladoras como María Charboner y Nayda Villegas se han dado a la tarea de promover legislación para favorecer a estos sectores y, constantemente, hacen expresiones degradantes contra las mujeres que, valientemente, les hacen oposición. La Oficina de la Procuradora de la Mujer, ha venido a menos, a raíz del desmantelamiento que sufrió con la implementación de la Ley 7 del año 2013, bajo el gobierno de Luis Fortuño. Ni siquiera pueden aportar fondos para el sostén de los albergues a las sobrevivientes de la violencia de género. Su negativa a exigir que se implante el currículo de perspectiva de género constituye, además, una violación de la ley habilitadora de dicha agencia. Las cumbres, abrazos y granitos de arena que hoy se reclaman, son esfuerzos inútiles ante la magnitud del problema existente. El problema de la violencia de género se le ha ido de las manos a los gobiernos de turno, que han demostrado una total incapacidad para atenderlo y prevenirlo. Solo la lucha de las mujeres conscientes y perseverantes, como las que el pasado fin de semana, plantaron su reclamo de protección y dignidad, aun frente a la violencia institucional desplegada, logrará cambios para alcanzar una sociedad mas justa.

Sanciones económicas y manipulación migratoria

Por Katu Arkonada

La inminente visita de Nicolás Maduro a México ha despertado la ira y protestas no solo de la derecha neoliberal, sino también de algunos sectores al interior de Morena.

A pesar de que López Obrador ha dejado claro que todos los presidentes del mundo son bienvenidos, incluido Maduro, llama la atención que la derecha neoliberal no hayan protestado por la llegada de Mike Pence, Vicepresidente del principal país violador de Derechos Humanos del mundo (tanto al interior de sus fronteras como en otras regiones del mundo, desde América Latina a Oriente Medio) o de Iván Duque, delfín de Uribe, cuya herencia en Colombia de desapariciones y falsos positivos (más de 50001 campesinos asesinados para hacerlos pasar por guerrilleros y cobrar las recompensas) deja más restos humanos en fosas comunes que todas las dictaduras militares del cono sur en conjunto2; una Colombia donde hoy, durante el gobierno de Duque, se siguen desapareciendo a decenas de luchadores sociales (más de 150 desde que se firmaron los recientes acuerdos de paz con las FARC-EP).

Nada de lo anterior sucede en Venezuela, cuyo gobierno no tiene bases militares en territorio extranjero, no impulsa golpes de estado ni realiza injerencia política en otros países, y tampoco desaparece líderes sociales; sin embargo, las matrices de opinión que se construyen, sobre todo en torno a 2 ejes, crisis económica y éxodo migratorio, para obligarnos permanentemente a opinar sobre su gobierno.

Hablemos y debatamos entonces, sobre las dos matrices en torno a Venezuela sobre las que personas que nunca han estado en ese país caribeño, que tiene las reservas de petróleo certificadas más grandes del mundo (sumadas a las altísimas reservas de oro o coltán, además de un vínculo sur-sur con China o Rusia), opinan a partir de lo que ven o leen en los medios de comunicación masivos.

No hay ninguna duda de que Venezuela está inmersa en una grave crisis económica. Lo que quizás no es tan conocido es que es resultado de la orden ejecutiva de Obama de marzo 2013 que declaraba a Venezuela “peligro para la seguridad nacional de los Estados Unidos”. Orden que ha permitido un ataque multidimensional a la estructura económica venezolana.

Por un lado, mediante las sanciones económicas que incorporan las cuentas que maneja el gobierno venezolano para sus compras en el exterior a la unidad de investigación financiera que investiga, y bloquea en caso de ser necesario, cuentas del Estado Islámico y otros grupos terroristas. Eso ha permitido, por ejemplo, que bancos como el Citibank hayan bloqueado en septiembre de 2017 la compra de 30.000 unidades de insulina, o que el 18 de mayo de 2018, a 2 días de la elección presidencial, Colombia bloqueará la llegada de 15 contenedores con 25.000 cajas CLAP (Comité Local de Abastecimiento y Producción, un refuerzo del gobierno venezolano para garantizar la seguridad alimentaria de su población) que contenían 400.000 kilos de alimentos.

Estos son solo dos de las decenas de ejemplos tangibles y concretos de bloqueos de decenas de millones de dólares en compra de alimentos o medicamentos que se pueden encontrar en la web Misión Verdad, uno de los pocos medios donde se pueden encontrar cifras y datos sobre la guerra económica contra Venezuela (https://misionverdad.com).

Y para quien todavía duda de que exista un bloqueo, el Canciller de Brasil admitió3 recientemente que no pueden pagar una deuda de 40 millones de dólares a la empresa estatal venezolana CORPOELEC (por el suministro de electricidad al estado brasileño de Roraima) debido a las sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea.

Este bloqueo tiene dos componentes más. En primer lugar, la operación quirúrgica de las élites económicas estadounidenses por medio de sus calificadoras Standard & Poor’s, Fitch Ratings y Moody’s, colocando la deuda venezolana (igual que hace JP Morgan con el riesgo país) al nivel de países africanos en conflicto bélico. El objetivo es claro: ahuyentar cualquier posible inversión extranjera. Y el circulo iniciado por Obama en 2013 lo cierra este 2018 la administración Trump con sanciones contra PDVSA con otro objetivo nítido, reducir la capacidad de ingreso de un país que vive y se mueve a partir de la renta petrolera.

A esta matriz mediática contra Venezuela debemos sumarle la del llamado “éxodo migratorio”. Mientras periodistas estrella de Televisa se van a la frontera venezolana a mostrarnos la realidad fronteriza, ningún medio va a la cercana Honduras a realizar un reportaje que explique por qué miles y miles de hermanos centroamericanos huyen de su país con solo una mochila en la espalda, atravesando ríos, montañas y países enteros, arriesgándose al secuestro y asesinato en las vastas zonas del territorio mexicano controlado por las mafias criminales y el narco.

Un dato, mientras que la migración hondureña pertenece a los estratos socioeconómicos más bajos, víctimas directas de la doctrina del shock neoliberal, la mayor parte de la población venezolana que migra (52%), según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida de la Población Venezolana (ENCOVI) 4 , pertenece a las clases media-alta y alta. El 82% de las y los migrantes afirma hacerlo en la búsqueda de “mejores perspectivas económicas”.

Es por tanto mentira que la migración venezolana se deba a cuestiones políticas (son muy poquitas peticiones de asilo y refugio las concedidas por los países miembros del beligerante Grupo de Lima). La población migrante venezolana lo hace por motivos económicos, buscando un futuro mejor, algo tan digno y legítimo como cuando lo hacen más de 20 millones de personas en México y Colombia.

En definitiva, ojalá que la visita de Nicolás Maduro a México nos ayude a debatir la realidad venezolana de manera objetiva, tomando distancia del ruido mediático producido por intereses geopolíticos.

Notas

1 Así se fabrican guerrilleros muertos https://elpais.com/elpais/2014/03/06/planeta_futuro/1394130939_118854.html

2 Colombia abre la mayor fosa común de desaparecidos del mundo https://www.publico.es/internacional/colombia-abre-mayor-fosa-comun.html

3 Bloqueo a Venezuela impide a Brasil pagar deuda de energía eléctrica  https://www.noticias24.com/venezuela/noticia/346576/bloqueo-a-venezuela-impide-a-brasil-pagar-deuda-de-energia-electrica/

4 Algunos mitos a cuestionar sobre la diáspora venezolana https://misionverdad.com/columnistas/algunos-mitos-a-cuestionar-sobre-la-diaspora-venezolana

Reproducido de www.rebelion.org

Los reyes de Rafa: Promesa y milagro

“No acudáis a ídolos ni os hagáis dioses de fundición. Yo soy el Señor vuestro Dios’’. Así sentenció Jesucristo, según el Antiguo Testamento. Esa afirmación dió origen a una prohibición absoluta de la representación del protagonista central del cristianismo. Eso explica la ausencia de referencias literarias y visuales sobre su aspecto físico. Fue así hasta que, por fin, trecientos años después de su muerte, comienzan a aparecer las primeras imágenes pictóricas de Jesucristo.

A partir de entonces grandes maestros de la pintura, la escultura, la artesanía, el dibujo, el grabado han propuesto diferentes, y en ocasiones controversia les, representaciones. Vale mencionar a los DaVinci, Miguelangel, El Greco, Velázquez. Tres siglos de vacío histórico son suficientes para alimentar discordancias y ambiguedades, pero también para estimular la imaginación y apostar a la creatividad.

Con la figura de los Tres Reyes Magos ha sucedido exctamente lo mismo. La incertidumbre sobre su raza, oficio, cantidad, nombre, lugar de procedencia y medio de transporte han sido terreno fértil para la imaginación de artistas de todos los medios. En el caso de las artes y la cultura popular puertorriqueña las propuestas han sido riquísimas: que si eran tres o cuatro; que si el camello de Gaspar no pasó inspección; que si “ya no se acuerdan de los pobres, qué dolor”; que si vinieron en camello o a caballo; que si vinieron de Oriente o de Juana Diaz. De lo que no hay duda alguna es que a lo largo de la historia de las devociones ha tocado a los artistas rellenar los huecos que han dejado los historiadores. Los artistas han tenido que echar mano de su imaginación para poner cara, pies, cabeza y hasta credibilidad a los personajes y los eventos que han dado magia e ilusión a la vida. Así imagen y palabra devienen en reyes guerreros contra el olvido. Incienso contra la pesadez, oro contra la sequedad y mirra contra el hastío.

En Puerto Rico los Reyes son jíbaros. Nacieron en el campo. En el centro de la isla. Probablemente en Comería.De un pedazo de palo. De manos duras, urdidas en el trabajo duro. Esculpidos por el nervio artífice del campesino y el cuchillo de cocina afilado hasta cincel. Así se ha tallado una bellísima historia de santos y milagros. La mano poderosa, el nacimiento, los santos, las santas, los reyes magos son una promesa. La promesa del alumbramiento de una nacionalidad y el empeño de retratarnos a nosotros mismos. A contrapelo del plan colonizador, que dictaba que fuéramos aburrida finca solariega, blanco de prácticas de tiro o destino donde los opulentos van a broncear sus grandes panzas, nosotros prometimos hacer una patria y tallar nuestra propia historia. Somos un milagro.

Rafa es parte de esa historia, pues pertenece a la generación de artistas puertorriqueños inmediatamente posterior a la gloriosa División De Educación de la Comunidad. Fue en ese taller donde se afianzó la figura de los Reyes Magos en las las artes plásticas de nuestro país, de la mano de Irene Dela no, Rafael Tufiño, Toni Maldonado, Lorenzo Homar y otros. Así los reyes regresaron al pueblo a través de pinturas, grabados, tarjetas de navidad, dibujos y carteles.

Aquellos r’eyes habían nacido en el campo y habían llegado a la cuidad pero habían conservado su vocación artesanal y jíbara. El objeto tridimensional se había tornado bidimensional y había pasado al papel o al lienzo estrenando ves­timenta pero conservando viva su alma. Rafa conoce de primera mano esa alma, ya sea por herencia de sus ancestros de Comería, por sus vivencias de infancia en Nueva York o por su cercanía, en el viejo San Juan, a los maestros de la DIVEDCO.

Por eso ha abordado con tanta dignidad, solemnidad y naturalidad la tarea de crear estos Reyes Magos para la colección de platos de Reyes del Festival de los Reyes Magos de Vieques. Le sale de adentro. La temperatura de la noche de Reyes, el silencio cómplice del cielo y su sola estrella y aún la propordón entre caballo y jinete lo delatan. El uso evidente de tecnología digital para generar, del saque, estas imág nes encausa con natural fluidez el caudal de sapiencia que ha acumulado Rafa a través de su fecunda labor como artista plástico.

Pero, finalmente, ¿son magos? ¿son reyes? ¿son tres? ¿de dónde vinieron? ¿a qué vinieron? La contestación de Rafa es contundente: son guerreros. Gaspar con bandera al hombro, Melchor con esperanza en la frente y Baltazar con machete en mano vinieron a ratificar la promesa y celebrar el milagro. ¡Gracias!

Palabras pronunciadas en la presentación del plato de reyes realizado por el maestro Rafael Rivera Rosa, para el Comité de los Reyes Magos de Vieques

Será otra cosa / A veces hay que huir: esta historia no es exactamente autobiográfica

Lo primero que hace la doctora es preguntar por mi futuro. La mirada ya está posada sobre los espejuelos como las maestras. “No”, contesto a su pregunta y vuelve a hacerla pero de otro modo. Que si estoy segura. Completamente. “¿Cómo estás tan segura?”. Miro el techo y cuento con mis dedos en silencio los años que llevo sometida a este interrogatorio profundamente monótono.

De verdad querrá que le diga, me pregunto, también en silencio. Repaso mentalmente mis respuestas pero ninguna me satisface en este momento. Deben habérseme gastado. Últimamente usaba una que sentía genuina y legítima: “Estoy demasiado cansada para tener hijos”. A las mujeres embarazadas les aterra esa respuesta. Me han mirado con verdadero estupor cuando la he utilizado inocentemente, por eso la puse en descanso. Me di cuenta de que era hasta levemente cruel ponerle el tema del cansancio que implican los hijos a una mujer que está en estado avanzado de gestación.

“No quiero y, mi pareja, menos todavía”. Las últimas veces que utilicé esta corta, práctica y honesta respuesta tuve que escuchar un discurso sobre cómo somos nosotras las mujeres las que decidimos si se tienen o no hijos en una relación. No hay que tomar en cuenta la opinión del hombre. “¿Ni siquiera porque vaya a ser el padre?”, pregunté con timidez. Eso fue una mujer progresista. La otra se extendió en un soliloquio espontáneo sobre cómo había que procurar al menos un hijo en esta vida para no quedarse sola cuando el marido en cuestión “se vaya” (no dijo para dónde) y una necesite cuidado geriátrico. No hay ni imaginación en estas historias, pienso. Son demasiado predecibles.

El tercer discurso que recuerdo como reacción a mi segunda respuesta enlatada elaboró sobre el egoísmo de los hombres que no querían tener hijos (o más hijos) y cómo afectaban nuestras vidas sin inmutarse. Estas señoras me dieron más bien miedo y bajo ninguna circunstancia quiero oponerme a ellas; ni siquiera sugerirles elegantemente su irracionalidad y prejuicio. Simplemente me hago la que tengo que buscar a alguien y desaparezco de su lado. Para siempre.

Hablando en serio, llevo muchos años enfrentando esta dinámica. Tantos, que ya casi no me importa ni me afecta, así que realmente no escribo esta columna por mí sino por todas las mujeres que no tendrán hijos y que siguen teniendo que enfrentar este entrometimiento profundamente sexista en sus vidas. En estos tiempos me sorprende mucho más, no solo porque viene de personas –hombres y mujeres– perfectamente progresistas, algunas hasta feministas. Me sorprende porque las circunstancias socio económicas hoy día son muy extremas y en muchos países, especialmente los ‘desarrollados’, se ha ido registrando una merma muy significativa en los nacimientos. La incertidumbre económica y laboral, así como los costos inflacionarios de la vida explican perfectamente por qué tener hijos hoy día es percibido casi como un riesgo y algo poco asequible, deseable incluso, para tantos adultos jóvenes.

Lo más difícil de tragar detrás de este acoso común y eterno es la misoginia que revela. En la eterna intromisión en la vida reproductiva de las mujeres, en ese afán y expectativa de que todas, sin importar nuestra personalidad o las circunstancias de nuestra vida, nos convirtamos en madres y “cumplamos”, hay –encubierta pero no menos inofensiva– una gran dificultad para reconocer a una mujer por lo que simplemente es: un ser humano único e individual. A estas alturas de la historia, cuando pensamos que vivimos en una modernidad en la que las mujeres tenemos derechos reproductivos, capacidad para alcanzar independencia económica y contractual, cuando somos las personas más educadas de nuestra sociedad y la mayoría de la fuerza laboral, todavía es muy difícil para el mundo enfrentarse a nosotras como seres humanos individuales y no con esa especie de coletilla atávica de ser mujer o madre de un otro más preciado, que a su vez es lo que parece aumentar significativamente tu valor en la existencia.

No hay formas fáciles de interpretar o incluso categorizar a una mujer sin hijos o sin marido (si no tiene ninguna de las dos entonces supone un desafío abierto) porque se ha atado el significante de la mujer a estos dos roles casi elementales. Su ausencia provoca mucha ansiedad porque obliga a abordar a las sujetas como lo que son: personas. Suena simple pero parece que reconocer a una mujer por lo que es y no por su rol de madre o esposa es un ejercicio realmente radical y difícil. Hoy, en el año 2018.

Esto no se distancia mucho de la misma expectativa de normatividad maternal que hay detrás de las constantes amenazas al derecho al aborto. No querer ser madre todavía es un peligro para las mujeres. Por salirse de esa y otras ‘rayas’ (reglas) sociales es que miles de hombres en el mundo han querido “ponerlas en su lugar” violándolas o matándolas. No lo digo yo. Lo dicen las más rigurosas estudiosas de los violadores y asesinos de mujeres.

II.

“Estoy completamente segura”, le digo por fin a la Doctora, agotada ya de mi propio revuelo mental. “Cien porciento. Da igual por qué”.

Es ahí, ante mi absoluta certeza, que suelta su lenguaje. Comienza a mencionarme todo lo que entonces tiene planes de “sacarme”: malomas, útero, trompas de falopio, vísceras (está bien, eso último lo añado yo a modo de comunicar lo extremo de su propuesta). Saca libreta y pluma. Quiere ponerle fecha de inmediato a su acto barbárico, como si su naturaleza casual al tomar la pluma pudiera amainar la connotación de su bestialidad.

Trato de buscar mi mapa mental de un útero y no entiendo como ese saco inofensivo puede extirparse sin miramientos.

La doctora sugiere fechas. Tiemblo. Moviendo lentamente las manos para que no se me salga de control el temblor, me aseguro de que las llaves del carro están en la cartera.

“Noviembre”, me dice mientras sigue anotando. “Antes de Navidad”.

Comienza a llenar sus órdenes médicas: MRI, laboratorios, medicamentos controlados. No sé por qué me imagino en ayuna, bebiéndome el brebaje horrible de los exámenes de diabéticos, o peor aún, esas pociones pre-colonoscópicas que preparan a la gente para el gran día.

Nada me retiene. El pago de deducible puedo enviarlo por ATH móvil una vez esté a salvo, fuera de este lugar asfixiante y sanguinario. No tengo que dar explicaciones. Me levanto de la silla cartera en mano y salgo. Pienso que la Doctora sigue en lo suyo. En el camino, me topo con la secretaria que me dice algo en voz demasiado alta. Siento que me va a delatar estrepitosamente.

“Vengo ahora”, le digo, con una sonrisa fraudulenta, lo más calmosa posible.

Reorganizar la esperanza

En todo el mundo, las iglesias cristianas empiezan la preparación a la fiesta de Navidad, buscando renovar en las comunidades la fuente de la esperanza. De hecho, la Navidad no es sólo para celebrar el aniversario de nacimiento de Jesús, sino para, inspirados por el, renovar en el mundo la esperanza de un mundo nuevo más justo y con una humanidad más humana.

Cuando se mira el mundo actual, eso parece una utopía muy lejana y hasta irreal. Las fuerzas opuestas son tan fuertes que parece no haber sentido en esperar algo bueno y justo. Sin embargo, quien verdaderamente cree en la Vida, como consecuencia cree en la revolución como posibilidad de transformación radical de nuestras vidas. Y esa es la fe propuesta por Jesús en los evangelios. Dios tiene un proyecto para el mundo y somos llamados a vivir eso como testigos de un mundo nuevo posible.

Esa esperanza nada tiene a ver con la ilusión del futuro. Esperar no es aguardar lo que pueda venir. Es vivir desde ahora lo que proponemos para mañana. Esa esperanza no depende de la coyuntura favorable. No puede ser prisionera de nuestras victorias ni rehén de nuestros resultados. Si así fuera, no sería la esperanza de la fe. Esa es una esperanza sufrida y rebelde, como han vivido los profetas y Jesús de Nazareth. Como vive la madre Tierra, que en medio a los ataques del sistema opresivo, gime de dolor, pero no deja jamás de generar flores y señales de vida nueva. Nuestra esperanza es vivida aquí y ahora, pero es movida por el Infinito y al Infinito se dirige. Es don del Espíritu y a ella no podemos renunciar. Al contrario, ella es la testarudez de saber que nuestra lucha es invencible. Podemos perder batallas, pero no lucha. Como dicen los indios en Chiapas: “Somos un ejército de soñadores. Por eso, somos invencibles”.

Es comprensible que al mirar la realidad actual de América Latina, y del mundo, seamos tentados por la desesperanza. Eso hace más urgente reorganizar, desde las bases, en nuestras comunidades, la esperanza revolucionaria. Que este tiempo de preparación para la Navidad pueda ir más allá de la religión. Debemos desarrollar una espiritualidad socio-político-liberadora. Eso significa vivir la fe y la búsqueda de la intimidad con el Misterio Divino no sólo en el espacio íntimo de los corazones, sino en las luchas concretas por una sociedad más justa, de acuerdo con el proyecto divino. En las Iglesias, es urgente dar al mundo el testimonio de que Dios, si es Amor, no puede ser de derecha. Y que por El, podemos esperar un mundo nuevo de justicia, paz y cuidando unos de los otros y a la madre Tierra.

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.