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Los domingos en el Roosevelt

The waking dream of theatre, like dreaming

itself, is particularly well suited to this strange but

apparently essential process. Both recycle past

perceptions and experience in imaginary

configurations that, although different, are

powerfully haunted by a sense of repetition and

involve the whole range of human activity and its

context.

Marvin Carlson, The Haunted Stage

Reality… what a concept.

Robin Williams

El cine entrelaza la realidad y el sueño. Podemos afirmar esto del arte en general. Pero insisto en ir al cine. Este medio funciona dentro de un patrón de repeticiones evidentes en las fórmulas de Hollywood, en las diferentes tandas diarias que se ofrecen de la misma película y en la experiencia de ver cualquier filme un sinnúmero de veces desde una computadora. La repetición también se ve en cómo reconocemos “la actividad humana y sus contextos” (mi traducción de las palabras de Marvin Carlson) en la pantalla y la manera en que nuestra realidad se transforma en una gran película que protagonizamos. Vivimos nuestra vida a través del ojo de nuestra propia cámara. El cine no sólo “recicla,” sino que también “contamina” nuestra realidad. Los fantasmas que se proyectan en la gran pantalla nos persiguen a través de las calles oscuras (¿recuerdan en Heavenly Creatures [dir. Peter Jackson, Nueva Zelanda, 1994] cuando las niñas escapan aterradas del personaje de Orson Welles después que vieron Third Man [dir. Carol Reed, EEUU, 1949]?); nos enfrentan a nuestra ira mientras burbujea un Alka Seltzer en el agua (no se olviden de Travis Bickle en Taxi Driver [dir. Martin Scorsese, EEUU, 1976]); y tornan un inconveniente aguacero en una expresión de plena felicidad (quiero bailar bajo la lluvia junto a Gene Kelly en Singing in the Rain [dirs. Stanley Donen y Gene Kelly, EEUU, 1952]). El Cine Roosevelt en Hato Rey es el espacio desde donde reimaginé mis experiencias de juventud.

El Roosevelt ha sido uno de los lugares más sagrados para mí, especialmente en la década de l980 entre mis diez y dieciocho años. No me crié en una familia religiosa y por esto mis domingos respondían a mi placer. Mi rutina dominical consistía en salir de mi casa en la Urbanización Los Maestros entre las nueve o diez de la mañana, correr bicicleta a casa de mis amigos que vivían en la Urbanización Roosevelt y pasar la tarde entera en lo que considerábamos nuestro cine. Ese día lento se llenaba de historias y nuevos personajes en el Roosevelt.

Este cine está localizado en la urbanización homónima donde predominan familias de clase media trabajadora. Transitar con mi ganguita de amigos por esas calles de casas dormidas no ofrecía posibilidades para nuestros espíritus aventureros. La inocencia preadolescente nos forzaba a añorar algún monstruo que vencer o alguna prueba sobrehumana que superar. El Roosevelt nos proveía un vistazo a todas estas experiencias desde la seguridad de una butaca en un ambiente oscuro y fresco. Con dos dólares, que para mí no eran fáciles de reunir semanalmente, tenía una taquilla. Y con cincuenta centavos más, se podía disfrutar del mejor popcorn que podía salir de una bolsa con cara de payaso. Quiero aclarar que de este momento en adelante, todas las películas a las que hago referencia, las vi en el Roosevelt.

La primera película que recuerdo haber visto en el Roosevelt fue Star Wars (dir. George Lucas, EEUU, 1977). No tengo mucha memoria de este momento, aunque me acuerdo del horror que sentí con la entrada majestuosa del mal, Darth Vader. A mis seis años, muchas fueron las veces que me fuí aterrado a la cama por el diablo con espada roja y de profundo respirar que mató a Obi Wan. Mi memoria más clara del Roosevelt comienza en el 1980 con la película Popeye (dir. Robert Altman, EEUU). A pesar de que las actuaciones de Robin Williams como Popeye, Shelley Duvall como Oliva y el concepto de producción son magníficos, la película es un revolú espantoso en la brillante filmografía de Robert Altman. Pero las canciones, compuestas por Harry Nilsson, son una delicia que todavía me emocionan. Me acuerdo salir del cine tarareando “He Needs Me,” la canción que Oliva canta la noche en la que se da cuenta que Popeye la necesita. Esa noche de domingo tarareaba la melodía mientras caminaba al carro junto a mi mamá. La Urbanización Roosevelt se transformó en las calles de Sweethaven, la villa costera donde Popeye conoce a Oliva. La pobreza extrema que afecta los residentes de Sweethaven, y que evoca las vivencias de la depresión económica de los Estados Unidos durante los años 20, me movieron a reimaginar la precaria situación económica de mi familia y de algunos de mis amigos. No tuve muchos juguetes, pero podía reconstruir mi comunidad recordando la canción que escuché en el Roosevelt.

Me gustaría decir que cuando vi Gandhi (dir. Richard Attenborough, Reino Unido/India/EEUU, 1982) en el Roosevelt, mi vida cambió por completo. Honestamente, lo más que recuerdo de ese día fue que, mientras esperaba en la fila para comprar popcorn, un señor me enseñó un truco con los dedos que no muchas personas pueden hacer. En ese momento tenía aproximadamente once años y no sentía afinidad por la independencia de la India. Aunque me tocó profundamente el momento en el que asesinan a Gandhi, me emocionó más la muerte de Mickey (Burgess Meredith), el entrenador de Rocky, en Rocky III (dir. Sylvester Stallone, EEUU, 1982). Me parece que fue la primera vez que lloré en una película. El filme me afectó tanto que un amigo y yo nos matriculamos en el gimnasio de Castro, un cubano fortachón que me llamaba Choqui y que todos conocíamos de la urbanización. De paso, esto no demuestra que quería ser atleta. Nunca disfruté de ningún deporte, pero las películas sobre deportistas que sobrepasan los obstáculos más monumentales para triunfar, logran manipularme emocionalmente. Una película como Hoosiers (dir. David Anspaugh, EEUU, 1986) me energizaba. Y no era por el baloncesto como tal, sino por un personaje como Shooter (Dennis Hopper), el atleta que brilló en su juventud, pero que al perder un juego importante, terminó alcoholizado y derrotado. El entrenador del equipo (Gene Hackman) le da una oportunidad para que los dirija en un juego y Shooter brilla por su talento. Estas historias de héroes venidos a menos me calaban profundamente, pero tan sólo por un instante. Me visualizaba demostrándole a todo el mundo quién era en la cancha. Durante una semana, me la pasé planificando las horas de entrenamiento que le dedicaría al baloncesto. En mi imaginación ya me había vuelto el jugador más valioso de la escuela. Pero todo acababa el próximo domingo, cuando regresaba al cine y una nueva película proponía otra vivencia.

Encontré muchas películas con las que me identifiqué por mi constante búsqueda de aventura. Sería fácil mencionar Goonies (dir. Richard Donner, EEUU, 1985), un clásico para niños que vi en el Roosevelt a los catorce años. Aunque ya era mayor que muchos de sus personajes, la búsqueda de sus protagonistas (el tesoro escondido del pirata One-Eyed Willy) fue una invitación a identificar mi propia búsqueda de algo perdido. Pasé muchos fines de semana tratando de encontrar algún tesoro. Muchos años más tarde me di cuenta que el punto no es el cofre lleno de oro, sino escapar de los Fratelli, la familia de criminales que amenazaban sus vidas. Ellos representaban la pérdida de la inocencia, tanto como el cuerpo del muchacho muerto hacia el cual se dirige la pandilla de preadolescentes en Stand by Me (dir. Rob Reiner, EEUU, 1986). La adultez que llega como el tren del cual huyen los chicos en esta última, fue un tema constante al cual me enfrenté en el Roosevelt. De hecho, en Cloak and Dagger (dir. Richard Franklin, EEUU, 1984), Davey Osborne (Henry Thomas) es un niño que literalmente enfrenta el asesinato de su niñez. Davey se envuelve en una red de espionaje incitado por su amigo imaginario, Jack Flack. En un momento, un matón le apunta con una pistola al niño y Flack logra salir mágicamente para distraer al pistolero, que lo acribilla sin pena. Con esto se fue el poder de Davey de reimaginar su entorno para enfrentar la realidad tal cual, la frustrante moraleja de la película. El Roosevelt me bombardeó con estas historias, preparándome para la incómoda llegada de la adultez al final de los 80.

Las películas que vi en el Roosevelt me dieron herramientas para combatir las tristezas y frustraciones de mi adolescencia. Una de mis épicas favoritas, Empire of the Sun (dir. Steven Spielberg, EEUU, 1987), cuenta la historia de Jim (Christian Bale), un niño que se queda solo en Shanghai justamente cuando los japoneses invaden la región y expulsan a los británicos de China durante la Segunda Guerra Mundial. Jim es capturado y condenado a un campo de concentración japonés, junto a su amigo Basie (John Malkovich), un vividor estadounidense que sabe sacarle provecho a toda persona para sobrevivir. Jim enfrenta una diversidad de vivencias terribles sin nunca perder su imaginación ni la valiente compasión por los que lo rodean. Su profunda sensibilidad es lo que salva a Jim. Es un personaje que relaciono con Jerry Mitchell (Casey Siemaszko), el protagonista de una de mis películas favoritas sobre adolescentes, Three O’Clock High (dir. Phil Joanou, EEUU, 1987). Jerry es un estudiante de escuela superior que se enfrenta a uno de los peores “bullies,” Buddy Revell (Richard Tyson). Jerry hace de todo para escapar de Buddy, que le ha dicho que lo esperará fuera de la escuela a las tres de la tarde para darle una escalpisa. Durante toda la película, Jerry trata de escapar del encuentro. La película utiliza el modelo del Western para demostrar cómo el choque final entre el héroe y el villano que lo atormenta es la esencia misma de la adolescencia. Muchos de mis amigos imitaban al Maverick (Tom Cruise) de Top Gun (dir. Tony Scott, EEUU, 1986), pero siempre preferí a Jim y a Jerry. Todavía recuerdo cuánto me hicieron pensar sobre mi vida estas dos películas. Vi ambas solo y no olvido la caminata de regreso a casa. Un domingo, crucé la Avenida Hostos recordando el momento en el que Jim se reunió con sus padres al final de Empire of the Sun; otro domingo, subí por la Calle Hijas del Caribe pensando en el respeto que Buddy desarrolla por Jerry cuando descubre su valentía al final de Three O’Clock High; y un domingo cerca del 1989, sentado en el parquecito de Los Maestros, me prometí nunca perder mi humanidad por los miedos que me acecharían. La promesa de nunca rendirme nació en el Roosevelt.

En el 1989 cumpli dieciocho años y en agosto entré a la Universidad de Puerto Rico, el espacio que me abrió los ojos al mundo. Ese año también descubrí Cine Arte, un cine que ya no existe y que estaba localizado en la Avenida Ponce de León. En sus salas, vi por primera vez un cine muy diferente al del Roosevelt. Allí experimenté The Cook, the Thief, His Wife, and Her Lover (dir. Peter Greenaway, Países Bajos/Reino Unido/Francia, 1989), cuyo uso de colores para definir cada espacio es de los más alucinante que he visto; y Cinema Paradiso (dir. Giuseppe Tornatore, Italia, 1988), con la cual volví a soñar con la lluvia, el amor y Ulysses (dir. Mario Camerini, Italia/Francia/EEUU, 1954) (busquen la escena en Cinema Paradiso, es mi favorita). Aunque seguí yendo al Roosevelt, su enfoque en el cine comercial de Hollywood me empezó a aburrir. Todavía me tiraba la caminata uno que otro domingo, pero para revivir un pasado que ya no estaba. El Roosevelt ha cambiado mucho. La sala con la pantalla inmensa fue dividida en dos más pequeñas. Aunque entiendo la decisión para competir con otras salas y generar más dinero, para mí fue doloroso este cambio. También les confieso que me dolió mucho cuando pintaron por encima del mural de los taínos ahogando a Diego Salcedo. La pintura incluía el verso de Juan Antonio Corretjer: “¡Mataréis al dios del miedo; sólo entonces seréis libres!” A pesar de estos cambios, siempre le agradeceré a los dueños del Roosevelt que me dejaran aparcar mi bicicleta en una esquinita del lobby para que no me la robaran mientras veía la película. El espacio cambió, pero espero que siga contaminando con sueños la realidad de algún otro niño de Roosevelt. Cada calle de Roosevelt desemboca en una nueva historia gracias a mi primera escuelita de cine.

Organizaciones magisteriales cuestionan el gasto en cámaras de seguridad en los planteles

De despilfarro de fondos públicos, un descaro y un trastoque de prioridades coincidieron en describir dos organizaciones magisteriales el anuncio del Departamento de Educación (DE) de que invertirá $24 millones en cámaras de seguridad para las escuelas y que contratará a 435 enfermeras para atender los traumas resultantes de la tormenta, un año después de pasado el evento natural.

La Federación de Maestros (FM) denunció como despilfarro y un descaro la inversión en las cámaras de seguridad y acusó a la secretaria del DE Julia Keleher de “sembrar la semilla de la inseguridad al crear problemas de hacinamiento y conflictos con el cierre y consolidación de planteles”.

La presidenta de esa organización Mercedes Martínez Padilla estableció en comunicado de prensa una relación directa entre la consolidación de escuelas de comunidades con conflictos entre ellas, la sobrepoblación estudiantil y el surgimiento de incidentes de violencia y vandalismo. “Cerraron 442 escuelas en dos años y ahora es común encontrar salones con 35 y 40 estudiantes, especialmente en las llamadas escuelas receptoras. Es curioso que el objetivo de los cierres fuera generar ahorros de $14 millones y de pronto aparecen $24 millones para un proyecto que en poco tiempo terminará siendo inservible”. La Federación de Maestros alertó de que esta no es la primera vez que el DE instala cámaras de seguridad en las escuelas. “La agencia ha invertido alrededor de $4 millones adicionales en vagones o módulos ante el grave problema de exceso de estudiantes por plantel que creó”, recordó Martínez Padilla.

Por su parte, el grupo Educamos, mediante su portavoz Eva Ayala, comentó sobre la contratación de las enfermeras para atender los traumas que pudo haber sufrido la comunidad escolar: “El trauma mayor puede ser el resultado de las condiciones de estudio y trabajo a las que el DE somete a maestros y estudiantes. A estas alturas hay escuelas sin maestros de inglés y de otras asignaturas, problemas de hacinamiento, estudiantes con diversidad funcional en listas de espera y estudiantes cuyos trabajadores I no han sido nombrados. Además, muchos maestros ni siquiera han recibido el pago por la pintura de los salones”.

Ambas organizaciones coincidieron en denunciar que el DE ha perdido el norte y tiene un trastoque de prioridades. La Federación de Maestros reveló que ha presentado propuestas a ese departamento para velar por la seguridad en las escuelas, así como la de los estudiantes. Martínez Padilla señaló que los estudiantes carecen de protección en la mayoría de las escuelas. En las escuelas elementales no hay guardias de seguridad desde la pasada administración y en aquellas que cuentan con guardia, por la cantidad excesiva de estudiantes, se hace difícil manejar cualquier incidente de seguridad o disciplina.

Las organizaciones cuestionaron si los gastos por robos y vandalismo en las escuelas hacen costo efectivo una inversión de $24 millones o si esta es una medida para favorecer a alguna empresa en particular.

Para enfrentar el problema de disciplina escolar, la FM presentó las siguientes propuestas:

1. Que los maestros de Bellas Artes (música, teatro, baile, artes visuales, etc.) atiendan cuatro grupos al día y el quinto sea un grupo de estudiantes talentosos. Igualmente debe hacerse con los maestros de Educación Física y los de Salud. Se atendería a los niños y las niñas en su horario de almuerzo.

2. El nombramiento a todas las plazas de bibliotecario y la habilitación de las bibliotecas, extendiendo los servicios que reciben los niños y niñas para leer y realizar sus tareas.

3. Que se integre la comunidad a la escuela con proyectos como el establecimiento de salones de juegos pasivos y otras actividades educativas, con la asistencia de madres y padres voluntarios.

“Estamos seguros de que la alternativa para reducir los problemas de indisciplina e inseguridad en las escuelas está, por un lado, en generar actividades relevantes que ocupen el tiempo de los niños y las niñas y que ayuden a enriquecer su formación y, por el otro, convirtiendo a la comunidad en parte de la escuela y de sus proyectos”, señaló la portavoz federada. Además, la Federación de Maestros exigió “que se revele qué compañía recibirá el jugoso contrato de instalación de cámaras y quiénes son las personas que están detrás de este nuevo embeleco para esquilmar el dinero de la educación pública”.

“El Departamento de Educación está para servirle a los niños y niñas del país y no para convertirse en victima de las empresas inescrupulosa que pretenden vivir succionando su presupuesto”, concluyó Martínez Padilla. En tanto, Ayala añadió: “Anunciar contratos multimillonarios mientras se alega estar ahorrando evidencia que se gasta en lo que no se debe y se recorta en lo que no se debiera. Evidentemente, las prioridades de la Secretaria no son las prioridades de la educación.”

El boxeo en buenas manos: ¿Lo sabe el público?

Con el retiro de Miguel Cotto como boxeador activo Puerto Rico se quedó sin su mayor exponente del sistema de pague para ver y su figura principal de la época post Trinidad. Sin embargo, pese a eso el boxeo boricua goza de uno de los mejores momentos de la última década, actualmente posee seis campeones mundiales, cinco en la rama masculina y una en la rama femenina.

Los campeones de Puerto Rico son Ángel “Tito” Acosta (Campeón de las 108 libras de la OMB) Emmanuel “Manny” Rodríguez (Monarca de 118 libras de la FIB) Jesús Rojas y Alberto Machado (campeones de 126 y130 libras de la AMB) José Pedraza campeón OMB de 135 libras y Amanda Serrano campeona de ese mismo organismo en las 140 libras. Ellos (a) todos son sólidos peleadores que tienen una fanaticada establecida en los Estados Unidos pero ese fervor todavía no se ha trasladado a la fanaticada boricua. Ese también parece ser el caso de una serie de jóvenes prospectos entre los que sobresalen Danielito Zorrilla, Carlos Caraballo (de Golden Boy y Promociones Miguel Cotto), Subriel Matías (de Fresh Productions), y los boxeadores de top Rank Jean Carlos “Chapito” Rivera y Jeyver Cintrón.

Un problema de exposición

Llama la atención que en un país donde se respira boxeo el público boricua no tiene una familiaridad con ellos al punto que tan cercano como el pasado sábado Acosta se anotó un brutal nocaut frente a un rival mexicano pero, muchos fanáticos de aquí desconocían sobre el combate.

Para tratar de explicar a esto CLARIDAD pidió la opinión de tres expertos en la materia con más de 15 años en el deporte. Aquí lo que nos comentaron:

Para él experiodista de Primera Hora, Aleudi Rosario la disminución de cobertura de la prensa escrita ha provocado que los nombres de estos peleadores no lleguen al fanático como ocurría en el pasado. Rosario entiende que es responsabilidad de los promotores llevarlos a la televisión desde temprano en su carrera y buscar la manera de que estos interactúen con el fanático que es quien los mantiene como figura de renombre.

Por su parte, el comentarista radial boxístico Franchie Guadalupe DR Boxing opina que, cada boxeador de primer nivel necesita un equipo de trabajo especializado en medios de comunicación que lo ayude a proyectarse. Este entiende que las redes sociales pueden servir de ayuda porque hacen al atleta entender la presión y responsabilidad que conlleva ser una figura pública y adaptarse a ese proceso.

Mientras, el relacionista público de varias empresas promotoras (Spartan Boxing y Fresh productions) Fernando Gaztambide cree que los medios no le dan el mismo cariño a la cobertura boxística que en el pasado y que la competencia de eventos como la NBA ha afectado el deporte. También entiende que es necesario que se le de a los peleadores un entrenamiento de cómo hablar en público y que los medios de comunicación locales deberían dar más minutos de deportes para que haya una cobertura adecuada de estos boxeadores en televisión. Este también entiende que la sobreexposición de Félix Verdejo quien recibió gran publicidad pero no ha podido cumplir con las expectativas puede haber cambiado un poco la manera que se promociona a los peleadores hoy en día.

Un proceso de reeducación

El boxeo por mucho tiempo ha negado al cambio en la manera en que se presenta, ahora es poco probable que veamos las reuniones en las barras o el invitar 10 personas a tu casa a ver la pelea, pues la forma de seguirlo se ha modernizado y ahora las plataformas digitales pagadas que se pueden ver por el teléfono se han convertido en factores importantes para su cobertura y seguimiento. Es importante que el fanático lo entienda y no lo vea como un gasto adicional sino como una oportunidad nueva, así como en su momento pasó con las películas a Netflix, ahora uno paga unas plataformas que varían entre 5 y 10 dólares y tienes acceso a lo que antes se veía por los canales locales y HBO. Es nuestra responsabilidad como medios y la de los promotores darlos a conocer para que el público los identifique y volvamos a la época donde se abarrotaban los estadios los muchachos tienen el talento pero necesitan la ayuda de todos para no solo ser campeones sino convertirse en figuras de renombre en el boxeo puertorriqueño

Jóvenes derrumbando mitos acerca del aborto

La organización Profamilias presentó recientemente la campaña educativa Hablemos del Aborto, en un esfuerzo para evitar la aprobación del Proyecto del Senado 950, radicado por la reverenda y senadora por el Partido Nuevo Progresista, Nayda Venegas Brown.

La campaña, que involucró para su desarrollo a un grupo de jóvenes, consta de una serie de 5 vídeos cortos acerca de los diferentes mitos sobre el aborto que permean en la sociedad puertorriqueña. Para el proyecto se desarrollaron varias actividades educativas con el objetivo de crear consciencia en torno al estigma asociado al aborto.

En un comunicado de prensa, la directora ejecutiva de Profamilias, Blanca Cuevas, dijo: “Como estrategia de promoción y educación sobre el aborto en Puerto Rico, un grupo de personas jóvenes diseñó y produjo cinco vídeos cortos para compartir en la plataforma YouTube, además de preparar un opúsculo relacionado con el aborto. Se espera de esta manera concienciar e ir deconstruyendo los mitos que impiden o dificultan el acceso al aborto en Puerto Rico”.

Algunos de los mitos más comunes sobre el aborto son: que el aborto en Puerto Rico es ilegal; que las personas menores de edad necesitan autorización de su padre, madre o encargados para acceder a los servicios de aborto y que tiene relación con el cáncer de seno y el estrés post aborto.

Sobre estos dos últimos aspectos la directora de la clínica IELLA, Mayra I. Díaz Torres, sostuvo que no hay evidencia clínica que establezca relación entre el aborto y el cáncer de seno o que una mujer que se realiza un aborto va a padecer de algún trastorno mental: “Al contrario, la evidencia sostiene que las mujeres a las cuales no se les permite abortar sí presentan unos cuadros de depresión”.

El pasado 7 de mayo, la senadora Venegas presentó el P.S. 950 para establecer la Ley para la protección de la mujer y la preservación de la vida dentro de los procedimientos de aborto en Puerto Rico, proyecto que ha causado preocupación por lo que representa para las leyes actuales de aborto, entendiendo que el mismo limita el acceso a una práctica segura.

“Es preocupante que a estas alturas se preparen proyectos de ley fundamentados en desinformación y en datos falsos. Al fin de cuentas, lo que se pretende es crear unas barreras al acceso al aborto, pues que sea legal no quiere decir que sea accesible”, dijo Díaz Torres.

“Es indispensable, ahora más que nunca, visibilizar las voces y las razones que podrían poner en riesgo la vida y el desarrollo de las mujeres y personas gestantes al limitar el acceso al aborto. Ahora más que nunca tenemos que dar un paso al frente como mujeres jóvenes y unirnos a esta campaña a favor de una vida digna y justa para todas las personas”, declaró Adriana Santori, una de las jóvenes participantes del proyecto Hablemos del Aborto.

El lanzamiento de la campaña Hablemos de Aborto se efectuó el pasado 28 de septiembre, día en el que se conmemora el Día de Acción Global por el Acceso al Aborto Legal y Seguro.

Ese mismo día profesores y estudiantes se reunieron frente a La Torre de la Universidad de Puerto Rico (UPR) para luchar y “defender el derecho a decidir”.

La actividad fue convocada por el grupo Aborto Libre Puerto Rico y organizada por el programa Probono de Derechos Sexuales y Reproductivos de la Escuela de Derecho de la UPR y el Grupo de Trabajo de Género (GTG), un grupo adscrito al Programa de Estudios de la Mujer y Género de la UPR-RP.

“El GTG y el Probono Derechos Sexuales y Reproductivos reconocemos que la lucha del aborto ahora mismo va mucho más allá de si es legal o no, porque no es accesible. La mayoría de los abortos cuesta aproximadamente $300, dependiendo de cuántas semanas llevas gestando”, dijo la estudiante Sofía Vazquez Laureano.

Añadió que actualmente, el grupo Aborto Libre está organizando la defensa del aborto en contra del Proyecto del Senado 950, presentado por la senadora Nayda Venegas Brown, que busca limitar y hasta prohibir el aborto en PR.

“Es momento de dejar que al aborto sea un tabú y que comencemos como colectiva, como mujeres, como personas a hablar de nuestras experiencias abortando”, sostuvo la estudiante.

Por otra parte, la directora de IELLA destacó que, principalmente, la campaña establece que las voces jóvenes deben ser escuchadas porque serán las más afectadas. Además, parte de la premisa que las personas jóvenes no son reflexivas ni tienen la capacidad de decidir sobre un tema que tiene que ver con su cuerpo.

“Las personas jóvenes tenemos derecho a recibir en nuestra niñez una educación sexual adecuada y a ejercer autonomía en nuestros cuerpos y nuestras vidas. También, tenemos derecho a la autodeterminación y a la intimidad, aunque muchas veces se violenten esos derechos asumiendo que los jóvenes no contamos con la capacidad o con la madurez para decidir.  Ese, precisamente, es uno de los mitos que urge erradicar”, señaló Maya Alejandra Rodríguez, joven integrante de la Junta Directiva de la campaña Hablemos de Aborto.

Mujeres que dan la batalla por su familia y por el País

“Nosotras cogimos sierras y seguimos abriendo caminos porque pues qué íbamos a poder hacer. Este, teníamos equipo también ya con… y nos tirábamos a abrir caminos porque no veíamos que…”

La cita es una de los conmovedores relatos que se recogen en la investigación Voces de Mujeres: Estrategias de Supervivencias y de Fortalecimiento Mutuo Tras el Paso de los Huracanes Irma y María. La organización sin fines de lucro, Inter Mujer (IM), con el patrocinio de la organización Oxfam, una confederación de organizaciones no gubernamentales (ONG) internacionales que trabajan en comunidades locales para combatir la pobreza fue quien hizo la investigación.

En conversación con CLARIDAD, las licenciadas María Dolores Fernós, Esther Vicente y Yanira Reyes Gil compartieron varios aspectos del estudio que realizaron a ocho meses del paso de ambos huracanes. Se hicieron entrevistas a ocho grupos focales. Dos grupos en el Área Metropolitana, en la comunidad La Perla del Viejo San Juan y entre la comunidad dominicana de algunos sectores de Santurce. Los otros seis grupos corresponden a sectores rurales del interior de la isla. La invitación a participar en los grupos focales se hizo a través de varias ONG cuyo trabajo está dirigido a la población femenina. La invitación tuvo una buena recepción por parte de las mujeres. A esos efectos, Reyes Gil comentó: “Luego de las sesiones nos decían que habían sentido un espacio para desahogarse, para hablar de cosas que tenían en común que no habían hablado; de cuestiones de risas, de llanto. Se sintieron que tenían un espacio para desahogarse”.

En algunas comunidades, como en Humacao y Yabucoa, todavía cuando se hicieron las entrevistas grupales no había luz. “Los coquíes nos sacaron”, comentó Fernós, sobre una de las reuniones. Las mujeres pertenecen a diversas extracciones económicas y son de diversas edades, desde mujeres de edad madura, hasta jóvenes, algunas unas embarazadas.

La investigación se enfocó en seis preguntas dirigidas a revelar cómo habían cambiado las responsabilidades de las mujeres en el hogar tras el paso de los huracanes; cómo era esa vida antes y cómo se alteró después de María. Le siguió conocer qué tipo de daños materiales y emocionales habían sufrido. Qué problemas habían enfrentado en su comunidad al día siguiente de los huracanes, como problemas de salud de la comunidad y de sus propias familias; de las muertes y de incluso los suicidios.

Sobre este último aspecto, la licenciada Fernós puntualizó que en todas las comunidades estudiadas se reveló que hubo casos de muertes por suicidio. El tema fue uno que surgió por parte de las participantes al comentar sobre los sucesos habidos en su comunidad. Fernós dijo que le llamó la atención el que todos fueron varones jóvenes. Aunque aclaró que esto no debe de sorprender porque, aun sin que haya habido un evento catastrófico, los estudios y las estadísticas generales dicen que los hombres y las mujeres reaccionan diferente a eventos críticos y que el suicido es una de las reacciones mayoritariamente del varón. Lo sorprendente ?dijo? es que eran jóvenes entre los 21 a 25 años, algunos con problemas de drogas o depresión previo a María, pero también por depresión desarrollada post María, por la pérdida del trabajo. Algunos de ellos tenían hijos. Incluso, los grupos focales de Yabucoa declararon que, ante los continuos comentarios de los jóvenes acerca del suicidio, la comunidad y la escuela tuvieron que desarrollar actividades de carácter disuasivo.

En la investigación se incluyó conocer el parecer de la respuesta gubernamental, tanto municipal como estatal y de las agencias federales como Fema y el ejército. Las respuestas coincidían en que el gobierno municipal fue el primero que reaccionó, pero que no fue una reacción inmediata. La respuesta de todos los grupos focales fue que las comunidades tuvieron que reaccionar primero y asumir las tareas de sobrevivencia; que hubo una ausencia total del gobierno estatal.

“Aquí no vimos a nadie de una agencia del ejecutivo, aquí no vimos a ningún funcionario electo legislativo”, citó Fernós a una de las participantes.

En tanto, Reyes Gil recordó que a la pregunta de si el gobierno estuvo presente, “las mujeres se rieron en tono de mira qué ilusa esta…”

FEMA tampoco salió muy bien parado. Según describieron las investigadoras, las participantes hablaban de estar agradecidas; no obstante, señalaron que fue casi un mes después que les llevaron suministros de “comida en cajita”, sobre las cuales reparan que no era una buena alimentación.

La primera directora de la Oficina de la Procuradora de la Mujer (OPM), licenciada Fernós, resumió que el estudio evidenció que hay muchas cosas en común en términos del efecto de ambos eventos sobre las mujeres: “Es como si las vidas de las mujeres en Puerto Rico fueran casi un diseño, que es lo que nos preocupa, porque hemos encontrado a esas viejas solas en las montañas, abandonadas prácticamente a su suerte”.

¿Qué hicieron las mujeres frente a la ausencia gubernamental, cómo reaccionaron y qué estrategias desarrollaron?

Sobre estos aspectos la licenciada Vicente expuso que se notaron diferencias en los grupos del Área Metro, entre la comunidad de las mujeres dominicanas y las boricuas. Una de estas es que aunque las dominicanas eran mayores, todas trabajaban a tiempo completo, contrario a las mujeres de otros grupos focales de esas mismas edades, que la mayoría eran amas de casa, jubiladas o desempleadas. “Esa es una diferencia bien importante porque demuestra una de las cosas que estábamos hablando en el estudio, que es que el impacto de los desastres va a variar dependiendo de la situación económica de la gente y de la región. Hubo un impacto grande con respecto a los empleos. Muchas de las mujeres que tenían empleo a tiempo completo lo perdieron o tuvieron una reducción de jornada considerable, sobre todo cuando estaban trabajando en áreas informales de empleo”.

No obstante, tanto el grupo de mujeres de la comunidad dominicana como los grupos de las mujeres puertorriqueñas, pese a que no se conocían entre sí, reaccionaron de inmediato. “Aquí no va a llegar nadie, aquí no hay carretera que esté abierta. Se cayeron los postes, se cayeron los árboles, aquí hay que empezar a quitar eso del medio. Y metieron mano todos, aun aquellos que no tenían relación alguna el día anterior”, citó Reyes Gil los testimonios recogidos. Recalcó que en los grupos focales todos los relatos fueron en el sentido de que las mujeres y el resto de la comunidad se dieron cuenta de que los primeros que tenían que ayudarse eran ellos, que la ayuda no iba a llegar rápidamente.

El estudio evidenció también que las mujeres reaccionaron de inmediato asumiendo las tareas tradicionales de atender las necesidades de cuido de su unidad familiar, en la preparación de los alimentos ?aun ante la falta de luz y agua?, asumiendo el cuidado de otros miembros de la familia, padres, abuelos, tíos, etc. La licenciada Vicente destacó que las mujeres reaccionaron de manera rápida en términos comunitarios, con iniciativas de cocinas comunitarias, división de tareas en el cuido de niños, la búsqueda de suministros y la atención a las personas ancianas y enfermas de la comunidad. Según fueron pasando los días, las comunidades que no tenían una organización previa o formal fueron organizándose un poco mejor para poder aprovechar los suministros que iban llegando a la comunidad.

Un aspecto que impresionó a las investigadoras fue la reacción que se dio en todos los grupos de que las mujeres se sintieran responsables de cuidar a las personas ancianas en su comunidad que vivían solas o estaban enfermas.

El estudio encontró que existen tres tipos de organizaciones comunitarias: una, las comunidades que ya cuentan con una organización formal; dos, las comunidades que no tienen una organización, pero si un liderato comunitario reconocido, y tres, las que se organizan de manera improvisada ante una determinada circunstancia.

Reyes Gil también destacó la participación de la juventud en sus comunidades. “Una cosa que se repitió es la formación de brigadas de hombres jóvenes para ayudar a limpiar escombros y limpiar las carreteras. Eso me pareció bien curioso. Es lo que recuerdo de Hugo en mi comunidad. Me parece importante traerlo porque en Puerto Rico siempre se está hablando mal de la juventud, de que no tenemos futuro, de que no saben la importancia de las cosas; sin embargo, en ese momento reaccionaron. Fue algo que se repitió en varias comunidades”.