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El secretario de la Guerra, Pete Hegseth, cada vez más complicado

 

Más de 80 muertos, denuncias de ataques a náufragos y un informe que lo señala por comprometer la seguridad operativa reavivan la crisis del funcionario. Crecen los pedidos de renuncia.

El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, enfrenta una nueva ola de críticas y pedidos por su renuncia por sus recientes dichos tras la difusión de detalles sobre el manejo de la campaña militar contra supuestas embarcaciones “narcoterroristas” en el Caribe y el Pacífico, y la reaparición del llamado Signalgate. Las acusaciones incluyen desde fallas en el manejo de información sensible hasta la autorización de ejecuciones ilegales en aguas internacionales.

Hegseth, exoficial de la Guardia Nacional y figura mediática antes de llegar al Pentágono de la mano de Donald Trump, ya había sorteado un proceso de confirmación ajustado en el Senado a comienzos de año. Ahora, enfrenta crecientes cuestionamientos por la campaña lanzada por Washington desde septiembre contra presuntas embarcaciones de narcotraficantes, que ya dejó más de 80 muertos y ninguna prueba.

Presión en aumento

Legisladores de ambos partidos accedieron esta semana a videos de uno de los operativos más polémicos, ocurrido el 2 de septiembre, donde las fuerzas estadounidenses destruyeron una lancha y lanzaron un segundo ataque contra los dos sobrevivientes del primer bombardeo.

El representante demócrata Jim Himes, que integró la sesión a puertas cerradas en el Congreso el pasado jueves, describió las imágenes como “una de las cosas más perturbadoras” que vio en su carrera y aseguró que el material muestra “a marinos náufragos” siendo atacados nuevamente. La Casa Blanca y el Pentágono insisten en que la segunda salva de disparos fue ordenada por el comando operativo y no por el secretario de Guerra.

Sin embargo, el almirante Frank Bradley, quien supervisó la operación, negó haber impartido la orden de matar a los supervivientes. Según relató el senador republicano, Tom Cotton, Bradley sostuvo que actuó bajo la convicción de que la embarcación destruida aún representaba un objetivo militar legítimo.

Informes difundidos por CNN, NBC News y otros medios estadounidenses agregaron más elementos al caso. Bradley habría explicado en una sesión reservada que la lancha atacada no se dirigía hacia Estados Unidos, sino hacia un punto de encuentro con otra embarcación rumbo a Surinam. Hegseth respaldó públicamente los ataques y afirmó que él mismo habría aprobado la segunda intervención, pero ahora niega haberlo hecho.

Los cuestionamientos legales se multiplicaron. Expertos en derecho militar señalaron que el Manual de Leyes de Guerra del Pentágono prohíbe atacar a combatientes incapacitados o náufragos que ya no representan una amenaza, y cita como ejemplo “claramente ilegal” disparar contra sobrevivientes de un naufragio. Organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional, sostienen que los ataques constituyen “homicidios ilegales” al no existir indicios de amenaza inminente por parte de las personas a bordo.

Desde el inicio de las operaciones, Estados Unidos bombardeó más de veinte naves sospechadas de transportar estupefacientes, y la Casa Blanca vincula a varias de ellas con organizaciones catalogadas como terroristas, como el Tren de Aragua o el Cartel de los Soles, citando datos de inteligencia que aún no han presentado. Naciones Unidas, por su parte, señaló esta semana la existencia de “fuertes indicios” de ejecuciones extrajudiciales vinculadas a la campaña, sin evidencia clara de relación entre las embarcaciones atacadas y los carteles de la droga.

No obstante, el secretario de Guerra defendió el sábado la política de bombardeos en un discurso en el Foro de Defensa Nacional Reagan, donde advirtió que Estados Unidos “hundirá” cualquier embarcación que considere que transporte drogas al país. Sus declaraciones renovaron la presión sobre su figura, en medio de acusaciones sobre manejo irresponsable de información sensible.

“Al filo de la navaja”

El llamado Signalgate, denominado así por el uso de la aplicación Signal, que estalló nueve meses atrás, volvió a tensar el clima político en Washington tras la publicación de un informe del Inspector General del Departamento de Defensa. El documento concluyó que el secretario de Defensa compartió, en un chat grupal con altos funcionarios, información sobre ataques inminentes en Yemen y detalles del equipamiento utilizado, lo que “creó un riesgo para la seguridad operativa”.

El episodio había salido a la luz en marzo, cuando la revista The Atlantic reveló que planes militares habían sido difundidos en un grupo de la red de mensajería Signal al que había sido sumado, por error, el editor jefe de la publicación. La investigación oficial sostiene que esa filtración interna pudo haber puesto en peligro a pilotos estadounidenses involucrados en las misiones.

A pesar del impacto político que generaron los ataques y las filtraciones del grupo de defensa, analistas consideran que la posición del secretario de Defensa atraviesa una crisis terminal. “No creo que esté en una situación insostenible. No obstante, si hay otro incidente, la Casa Blanca podría perder la paciencia”, explicó Mark Cancian, excoronel del Ejército y experto en seguridad del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales a EFE.

Por su parte, Jim Townsend, exfuncionario del Pentágono durante el gobierno de Barack Obama, afirmó que Hegseth está “al filo de la navaja”, y que cualquier movimiento que incomode al núcleo duro republicano podría desencadenar intentos de destituirlo.

Mientras el Congreso continúa evaluando la legalidad de los operativos y el Pentágono decide si publica o no las imágenes completas del ataque del 2 de septiembre, la situación de Hegseth sigue bajo escrutinio. Por ahora, conserva el respaldo del presidente Trump, pero el escenario político y militar se vuelve cada vez más difícil de sostener.

 

Reproducido de www.pagina12.com.ar

 

 

Solidaridad mundial con Venezuela 10 de diciembre

 

Hace llamado Ex Viceministro del Poder Popular para las Relaciones Exteriores

 

Estimadxs compañeras(os):

Como saben, la Revolución Bolivariana en Venezuela está sufriendo un nivel de agresión sin precedentes en las últimas semanas.

En total, más de 80 civiles han sido ejecutados sumariamente en lo que constituye una escalada ilegal. En América Latina y el Caribe, aunque existe una larga historia de intervenciones encubiertas y abiertas, invasiones y complots golpistas, nunca antes se habían visto ataques con misiles de este tipo. A medida que continúan la vigilancia y los ataques, también se está llevando a cabo una campaña de operaciones psicológicas más amplia que consiste en amenazas repetidas al gobierno de Maduro para que renuncie o se enfrente a ataques aéreos y/o una invasión terrestre.

Desde la semana pasada, Estados Unidos también ha intentado imponer una prohibición de vuelos a Venezuela advirtiendo sobre una posible actividad militar en el espacio aéreo venezolano y presionando a sus aliados para que detengan sus operaciones.

Cada semana hay nuevos acontecimientos que alertan sobre la voluntad y la disposición de Estados Unidos de llevar más lejos su campaña de intervención, por cualquier medio necesario.

Como Asamblea Internacional de los Pueblos (AIP) y ALBA, hemos convocado un Día de Solidaridad, el 10 de diciembre de 2025, porque es el Día Internacional de los Derechos Humanos y también la fecha en la que la golpista María Corina Machado recibirá el Premio Nobel de la Paz, a pesar de la condena mundial de su selección. Nuestro lema es «No a la guerra en Venezuela, no a la guerra en América Latina y el Caribe». Nuestro objetivo es resistir, oponernos y denunciar las intervenciones militares de Estados Unidos y condenar el inicio de otra guerra imperialista.

Pedimos a las organizaciones que participen en una o varias de las siguientes acciones:

– Publicar declaraciones, breves o extensas, en sus canales de comunicación el 10 de diciembre denunciando el intento de guerra.

– Organizar actividades públicas, ya sean manifestaciones o reuniones, para denunciar públicamente la agresión imperialista.

– Movilizarse ante los consulados y embajadas de Estados Unidos y/o Noruega para protestar pacíficamente contra la guerra.

También pedimos a los(as) líderes y a sus organizaciones que lean y distribuyan nuestras declaraciones y análisis sobre la situación:

o Artículo por Vijay Prashad: La marea furiosa de la extrema derecha latinoamericana. Por Vijay Prashad https://elmaipo.cl/la-marea-furiosa-de-la-extrema-derecha-latinoamericana-por-vijay-prashad/

o Artículo por Vijay Prashad: El Caribe se enfrenta a dos opciones: incorporarse al intento de EE.UU. de intimidar a Venezuela o construir su propia soberanía https://rebelion.org/el-caribe-se-enfrenta-a-dos-opciones-incorporarse-al-intento-de-ee-uu-de-intimidar-a-venezuela-o-construir-su-propia-soberania/

 

Atentamente,

Carlos Ron

Tricontinental Nuestra América / Colectivo Sociedad Patriótica
Stephanie Weatherbee, coordinadora Secretaría Operativa AIP
(Ex Ministro del Exterior)

 

Flotando bien duro más suave (comentario sobre la exposición METRATRALLA)

 

 

Especial para En Rojo

Cuando me derrumba la vileza multimillonaria de mi especie, que es casi todos los días, intento imaginar cuánto espacio ocuparíamos los cuerpos que así se sienten, exactamente al mismo tiempo que yo, en el país, en el mundo. Me dejo ir: si todos esos cuerpos estuviéramos flotando, oscilando entre muy juntitos y lo suficientemente separados como para tener espacio para jugar, agarrarnos las manos, tocarnos con los pies, rozarnos con los codos, las rodillas, los hombros, imagino que cubriríamos la superficie de todo el océano planetario. Así de muchísimos creo que somos. En contraste, los “dueños” a duras penas ocuparían una parcelita y se entrarían a puños para ahogar al del lado. Recordar siempre esa desproporción inconmensurable, ahora que somos tan “inteligentes” en genocidio y catástrofe, es un desafío tan grande como necesario para combatir la zozobra.

Es, de hecho, un ejercicio de infancia. Consiste en atemperar el desconcierto, el duelo, el dolor producto de un puñado de ejemplares de una especie insanamente individualizada, con la imaginación de un entorno anónimo de egos, con la certeza de una mutua compañía planetaria, con la entrada –o el regreso– a una dimensión pre-todo-esto en la que el cuerpo no es más que un cúmulo de sedimentos que podrían –o no– tornarse fósiles alguna vez.

Alivio.

*

A veces consigo acariciar ese estado del ser antes del ser sin cerrar los ojos. Acontece, por ejemplo, cuando me extasío ante la brutal sintonía que el arte puede ofrecer. Pero no es necesariamente una reacción inmediata. Llegar al sedimento requiere a veces su propia sedimentación. Algo así ha sido mi experiencia con la exposición METRATRALLA en el Museo de las Américas.[1] En esta se reúnen piezas de les destacades artistas boricuas Damary Burgos, Elsa María Meléndez y Garvin Sierra, bajo la curaduría de la igualmente notable artista puertorriqueña, doctora Brenda Cruz.

Confieso que sentí, mientras la visité, que las piezas “no pegaban”, que cada paso mío como espectadora era más bien un salto enorme a otra dimensión, justificado solo por la indiscutible premisa de que el trabajo de Burgos, Meléndez y Sierra es explícitamente comprometido, radicalmente cuestionador, políticamente filoso. Ese denominador común, aunque fundamental y valiosísimo, es insuficiente, me decía. Echaba de menos mayor claridad respecto a los criterios conceptuales y estéticos que guiaban el junte.

Me reconocí acontecida, por supuesto, ante ciertas piezas de cada artista, además de que la gratitud me desborda siempre que en este país se manifiesta el arte independiente y no comercial, pues sé muy bien el Everest que es preciso escalar para lograrlo. Pero apreciar más profundamente esta antología inapresable de estilos, aproximaciones, materiales, medios y formas me tomó más tiempo, me exigió más reflexión. Del museo salí flotando bien duro.

*

En METRATRALLA hay pintura, bordado, cosido, collage, instalación, impresión digital, medio mixto. Hay sencillo y escueto, barroco y abigarrado. Hay muchos asuntos de injusticia y explotación en la contemporaneidad y diversos modos en que estos se remiten al pasado, a la historia de largo aliento. Hay líneas rectas, curvas y entrecortadas. Hay cuchillos filosos y botos. Hay hilo y textil, hierro y madera. Hay hecho con las manos y hecho con la pantalla. Hay materiales orgánicos e inorgánicos, duros y blandos, bidimensionales y tridimensionales, nuevecitos y reciclados.

En las semanas transcurridas desde que visité la exposición, me ha seguido retumbando en la cabeza su (y nuestro) “tra, tra, tra”. Imagino que para que no descuidemos esa referencia es que “TRA” aparece destacado en la tipografía del título de la exposición, palabra que es, a su vez, un neologismo.[2] ¿Qué hay en el “tra” desde mucho antes de la moda que impone el capital para luego hacerla papilla con su negocio multimillonario? ¿Qué permanece cuando se acalla el follón? ¿Cuál es el sedimento del que emerge y que, a su vez, deposita, el tra, esa traducción onomatopéyica? De pronto, provocada por esta exposición, advierto la conexión de sentido inmemorial con el prefijo “tras” — simplificado del “trans” proveniente del latín— y todo lo que de allí deriva…

Por otro lado, hasta rendirme a la curiosidad que despierta el título de esta exposición, no conocía las palabras “tralla” y “metralla”. Sí tenía presente el verbo restrallar, muy usado en el español boricua. También había encontrado en el título la resonancia de “metralleta”. Al considerar todos estos ecos de sentido, comienzan a aparecer, asentándose, otros hilos conductores entre Burgos, Meléndez y Sierra: una disposición lúdica, traviesa, calle, irreverente; un “juego de niños” de todas las edades que presta dedicada atención a la infancia; una ineludible violencia manifestada tanto en instrumentos para ejercerla como en respuestas para resistirla; un trasiego de cuerpos boricuas, antillanos, que, en su tra, tra, tra, trasladan el peso, el deseo, el afecto, la política; un conjunto de piezas artísticas que dan tralla al poder colonial, capitalista, racista, cisheteropatriarcal. Una exposición que restralla premisas reconocibles de cohesión y coherencia; que, con su tralla (en alguna medida pariente de la metralleta), nos desembaraza del sopor impuesto por la vieja “verdad” del “puertorriqueño dócil”.

*

Con lo sedimentado de METRATRALLA he vuelto a imaginarnos flotar más suave, combatientes y juguetones contra la mezquindad del poder. Estamos en Los Pozos y, a la vez, ocupamos todo el océano planetario. El “ahí lo que hay es fango” del alcalde de Cabo Rojo es ecosistema vital, sedimento, sedimento, sedimento. Con la conciencia de que somos muchísimos cuerpos desde siempre, ahora y mañana, seguimos dispuestas a “defender la alegría (futura)”.[3] Lo hacemos como un niño que flota tras caer de un “muelle” cuyo suelo el imperio vacía con la obscena asistencia de los esbirros de pura cepa.[4] Como una niña que juega peregrina, canicas.[5] Como une niñe meciéndose al viento.[6]

Dispuestas a habitar lo fragmentado y a saberlo bello, también estamos. A defenderlo con nuestro archivo afectivo de serruchos, columpios, sartenes, alambres de púa y una larga lista de objetos “expulsados del paraíso”, queriéndonos estrella “sola” en una cama de agua y cojín.[7] A sabernos parte de una ancestría luchadora, trasatlántica, trashumante. A hacer escuelas dondequiera cuando las cierran. A no abandonar la niñez de cualquier edad, incluida la de Filiberto o la de Nilita.[8] A coser y a bordar con hilos laboriosos, infinitos, las cifras feminicidas y nuestra desafiante voluntad de vivir en tanto mujeres.[9] A darle duro a las caderas contra el ELA, LUMA, el Penepé, el imperio, la máquina turistificadora.[10] A insistir, persistir, resistir con el indiscutible flow de la antillanía, “apretando bien duro”, “prendías” en medio “del apagón”, con un “calentón” de “virgen hardcorosa”.[11] A flotar bien duro más suave.

Notas

[1] Abierta al público en la Sala 3 del Museo de las Américas hasta el 22 de febrero de 2026. El próximo 14 de diciembre de 2025 a las dos de la tarde les artistas ofrecerán un recorrido guiado.
[2] Garvin Sierra estuvo a cargo del diseño gráfico de la exposición y sus materiales promocionales.
[3] Referencias a piezas de Damary Burgos que forman parte de su serie “Fragmentadxs: Los Pozos”.
[4] Referencia a la pieza “Muelle” de Garvin Sierra.
[5] Remite a piezas de Damary Burgos como parte de su serie “Ellos siempre han jugado con nuestro destino… ¿y si jugamos?”
[6] Ensoñación a partir de “El columpio” de Damary Burgos.
[7] Referencias a objetos en diversas piezas de les artistas, así como a “Expulsados del paraíso” y “Sola” de Garvin Sierra.
[8] Hay piezas de todes les artistas en torno al cierre y abandono de escuelas en Puerto Rico, así como trabajo artístico con uniformes escolares. Por su parte, las menciones de Filiberto y Nilita remiten a las piezas en las que estas figuras históricas se representan en su niñez: “Los pasos de Fito (serie de Filiberto, a 20 años)” y “Vientos con acento en la O: homenaje a Nilita Vientós Gastón” de Damary Burgos.
[9] Pensando en toda la obra de Elsa María Meléndez.
[10] Un posible resumen de las piezas de Meléndez y Sierra puestas en conversación.
[11] Ecos de múltiples piezas de Elsa María Meléndez: La Virgen del Calentón, Prendió?, La Virgen del Apagón se apareció hoy, La Virgen Hardcorosa e Impugnaciones: Vamos a seguir apretando bien duro.

«Herramientas que no vienen con el alma»

 

 

Ya no camina, se arrastra con elegancia.

Tiene cuarenta y tantos —ni joven ni viejo, en esa edad donde la espalda empieza a discutir con los sueños— y lleva una tristeza que no grita, pero pesa. Como una piedra en el zapato del alma.

Se llama Luis, pero eso ya no importa tanto. Importaban más los nombres antes, cuando uno se creía la historia que firmaba. Ahora es padre. Sólo eso. Padre. Como si la vida le hubiera arrancado el apellido y lo hubiera bautizado otra vez.

Anda por el mundo como un carpintero sin martillo. Con las manos listas, el corazón dispuesto, pero sin herramientas. ¿Cómo se cría un hijo sin tiempo, sin techo firme, sin cabeza en paz? ¿Cómo se enseña ternura cuando uno está roto por dentro?

En las noches, mientras su hijo duerme como sólo duermen los que aún no saben, Luis piensa en todos los padres invisibles. Los que no salen en comerciales de pañales. Los que no escriben cartas ni hacen publicaciones tiernas con filtros cálidos. Los que cargan bolsas de supermercado con ansiedad escondida entre los plátanos.

A veces, en el tren urbano, los ve: hombres con la mirada ida, como si el día los hubiera vaciado de humanidad. Se pregunta cómo hacen. Cómo siguen. Cómo aguantan los que no tienen nadie que los aguante.

Porque ser padre —piensa Luis— es como construir una casa en medio del huracán. Y hacerlo sin salud mental y con impuestos es como hacerlo con palillos y cinta adhesiva. Uno ama igual, sí. Pero ¿quién recoge los escombros cuando el día termina?

Luis ya no ríe igual. Ya no juega. Ya no compra libros para él ni tiene café favorito. No recuerda cuándo fue la última vez que pensó en sí mismo sin culpa.

Ha dejado de mirar escaparates, porque todo lo que quiere no cabe en el carrito del supermercado. Lo que quiere no se vende: quiere tiempo. Quiere paz. Quiere llorar sin esconderse en el baño. Quiere poder decir “estoy cansado” sin parecer un desertor.

Pero calla. Porque aprendió que a los hombres tristes les cuesta conseguir empatía. Y a los padres rotos, aún más.

Un día cualquiera —porque así llegan las cosas importantes, sin aviso ni fanfarria— su hijo se le acercó con un dibujo:

Un hombre con capa, pero sin sonrisa.

—Papá, eres tú.

—¿Y por qué sin sonrisa?

—Porque estás serio, pero sigues volando.

Luis tragó seco. Como si la ternura le hubiera rasgado el pecho sin pedir permiso.

Esa noche, mientras el niño dormía, volvió a escribir en su libreta olvidada. Sólo una línea, pero bastó:

“Aunque no tenga martillo, sigo armando el mundo de mi hijo con las manos desnudas.”

Y por primera vez en mucho tiempo, sintió que aún quedaba algo por salvar. Algo suyo.

Un rayito de esperanza, que no alumbra el camino entero, pero alcanza para no rendirse.

 

Fiel a la Vega se luce con su concierto sinfónico

 

 

En Rojo

 No cabía un alma en el vestíbulo de la Sala de Festivales. Las tertulias solapaban otras tertulias al filo de que comenzara el evento, a las 8 de la noche. Había algo risueño en la noche y en pleno parloteo, una contentura como de una gran cofradía lista para agremiarse, minutos después, para ver a Fiel a la Vega en un espectáculo que el grupo no ha repetido en más de 20 años: una sinfónica.

Adentro, música típica preludia al concierto especial. Salsa navideña, trullas y coros de Johnny Albino y Antonio Cabán Vale “El Topo” pregonan su lelolai de lechones ante la velada rockera. Una muchacha masticaba un Twix a catorce minutos del concierto; más de una decena bebía algo y, de fondo, una orquesta afinaba los violines y micrófonos desde las sombras. Un arpa también reluce en el escenario.

A las 8:44 de la noche, sonaron los violines, las trompetas y baterías como dando inicio a una gran alborada de sonidos. Pitidos de flautas y silbidos de clarinetes pueblan el silencio. El director acompasa el asunto. Pone la percusión a su ritmo, los violines en su lugar y las luces, con los aplausos y los demás vítores, estallaban como señal del comienzo. Monte fue el primer éxito que cantó Tito Auger con los hermanos Arraiza y Ricky Laureano.

Dos trompetas, dos trombones. No podía contarse la cantidad total de metales, pero más de 26 violines aupaban la intensidad de la música, dotando la canción– como dijo Auger a En Rojo– de máyor “drama”. Los músicos se acomodaban en dos suertes de graderías que, a un lado, cobijaban las cuerdas y los vientos en otro.

“Cuando estábamos planteándonos hacer esto, dijimos vamos a ver qué podemos hacer distinto dentro de lo que nosotros hacemos, que ha sido tan diferente desde que empezamos. Buscamos la definición de la palabra sinfonía. Decía que era una pieza musical que corría, constantemente, por hora y media, dos horas sin parar. Nos dijimos vamos a hacer algo así. No tenemos que hablar mucho”, anunció Auger, eximiéndose de los demás mensajes que suelen interrumpir los conciertos.

Lo demás fue melaza sencilla, puro regodeo para los fanáticos fieles de la Vega. Entre ellos, el presidente de la Hermandad de Empleados Exentos No Docentes (HEEND), coreaba sencillos como CVND, Elipsis de una fuga, Oda a la fidelidad y Equilibrio. Y eran, de fondo, las cuerdas, los vientos y la percusión como una ola sonora que revestía las trenzas de Auger con aires divinos.

Se puso la cosa buena
Las luces de verbena
Se agitan en el viento

Y expiran con el tiempo
Es la fiesta de los tuertos
Todos andamos sueltos

Los coros parecían acopiarse según las melodías progresaban. El panal y Turísticamente bien causaron un fragor particular, igual que Encontrarte es una historia, Vieques y Septiembre/Río Piedras, cuando una mujer ondeó, con orgullo, la bandera de la Isla Nena en todas direcciones. Fue un orgullo casi soberbio, muy parecido al que todos lucieron durante los casi diez minutos de Salimos de aquí. Ahí todos salieron del beso de una diosa olvidada, de un volcán al que no le queda lava y del pensar de que aquí, donde se vive de cantazo en cantazo, no queda nada. Salieron todos y cada uno. Y como todos se pararon, algunos le impidieron la vista a quienes la tenían por debajo de la espalda de su vecino.

Quizás algún día comprendan lo que importa de verdad
Quizás lo que importa en esta vida
Es algo que no tiene que ver
Con las cosas que persigo, con aquello que soñé
Pero algo necesito; hoy algo tengo que creer

 Uno de los momentos cúspides de la noche se dio durante la interpretación de Boricua en la luna, poema de Juan Antonio Corretjer musicalizado por Roy Brown. Clarinetes pitaban junto a las flautas, contrastando con los crescendos violinistas, y los metales complementaban este susurro musical hasta desembocar en el introito de la melodía, tan consabido. Entonces, todos juraron ser borincanos aunque fueran hijos de la luna.

 Como ñapa para las 18 canciones que ambientaron la noche sinfónico-rockera, la banda despidió a su público– casi cofradía– con Una plegaria más y Los superhéroes, consignando que en Puerto Rico, así seas una caricatura, Fiel a la Vega te va a tumbar.