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La emigración y el final de los tiempos

Las catástrofes, naturales o provocadas por los humanos, siempre producen grandes desplazamientos poblacionales. El pasado (y cercano) siglo XX fue escenario de los mayores cambios en la composición social de las naciones desde tiempo inmemoriales, como resultado de catástrofes. Las guerras –enormemente letales “gracias” a los nuevos desarrollos tecnológicos– fueron la principal causa de esas trasformaciones. La primera Gran Guerra, 1914-1918, produjo 22 millones de fatalidades a las que le siguieron otros 20 millones de muertos por las epidemias que luego se desataron. Veinte años después, en 1939, la misma Europa volvió a entrar en guerra extendiéndose el conflicto hacia Asia y América. En esta ocasión la matanza se multiplicó por tres, llegando a los 60 millones. Tras terminar la catástrofe armada, continuaron los grandes desplazamientos poblacionales desde los países devastados hacia las regiones menos afectadas de la propia Europa o al continente americano.

Como resultado de esos eventos muchos países perdieron a gran parte de su población en edad reproductiva. Por ejemplo, tras la guerra civil española –tragedia pequeña en comparación con las dos grandes guerras entre las que se enmarcó– la natalidad del país cayó en aproximadamente 576 mil. Además de la capacidad de reproducirse, los países perdieron muchas de las manos y el talento que necesitaban para reactivar sus economías.

A pesar de esas enormes pérdidas y del dolor que provocó la sangre derramada, todos los países afectados se recuperaron. Unos con mayor velocidad que otros, las naciones devastadas por la catástrofe y por la emigración que le siguió, fueron recomponiendo sus poblaciones y sus economías. La mayoría de los emigrados no regresó a su país de origen, pero algunos lo hicieron trayendo experiencia y recursos que ayudaron a la recuperación.

Este breve recuento de tragedias humanas viene al caso por lo que ocurre en Puerto Rico tras la catástrofe de los huracanes que recientemente nos golpearon, agravada por otro huracán de incompetencia y negligencia desatado tanto por el gobierno colonial como el metropolitano. Como resultado de esos golpes el país está en el tercer mes sin energía eléctrica y la mayoría de la gente no tiene trabajo. Las perspectivas para muchos se complican y el éxodo migratorio hacia Estados Unidos se ha disparado. Como allá la economía está en auge, las posibilidades de encontrar trabajo aumentan y mucha gente joven opta por emigrar. También se ha ido una gran cantidad de personas mayores en busca de servicios médicos y atención social.

Todavía no hay cifras exactas de la magnitud del éxodo. Al final serán algunos cientos de miles, mayormente jóvenes diestros o cualificados. De esos, algunos volverán con el paso de los años, pero la mayoría se quedará en Estados Unidos.

No es la primera vez que Puerto Rico experimenta una ola migratoria de esa naturaleza, aunque en esta ocasión el empujón de salida se produce en unos cuantos meses no a lo largo de años. Durante la década del ’50 del pasado siglo alrededor de 50 mil personas emigraron cada año a Estados Unidos. En 1940 allá vivían alrededor de 70 mil personas nacidas en Puerto Rico o de padres puertorriqueños. Para 1960 la cifra había aumentado a 887,000 y para 1975 ya llegaba a 1.7 millones. Muchos de esos emigrados volvieron a su isla, pero la mayoría, aunque siempre pensó en volver, nunca volvió. (El “mito del retorno”, lo llaman los sociólogos.)

“El desempleo y la falta de opciones económicas en los pueblos pequeños y las zonas rurales obligaron a muchos de sus habitantes a trasladarse a las ciudades más grandes de la isla y, finalmente, a Estados Unidos. En esta época, sin embargo, el nivel de vida de la mayoría de los puertorriqueños mejoró”. (Ayala y Bernabe, Puerto Rico en el siglo americano, página 260.) Podría decirse que el éxodo ayudó a mejorar las condiciones de los que permanecieron en la isla y sin duda hay algo de eso, pero la realidad social es un poco más compleja ya que en esos años se impulsó una estrategia económica que dio resultados.

Pero, independientemente de la amplitud de factores que explican la mejoría, es necesario destacar que la gran ola migratoria de los ’50 y los ’60 no significó el fin de la nacionalidad puertorriqueña ni de ese sujeto histórico que llamamos “pueblo puertorriqueño”. Luego de aquellas décadas, la sociedad boricua siguió existiendo y se fortaleció. Tampoco aquella ola migratoria produjo la asimilación cultural ni la “trasculturación” que presagiaron algunos “expertos” por los efectos culturales que produciría la relación entre los emigrados y los que se quedaron. Todo lo contrario, la nacionalidad puertorriqueña siguió desarrollándose y fortaleciéndose en las décadas que siguieron a la del ’50.

Más que choque antagónico, entre aquella emigración, que ahora llaman “diáspora”, y el pueblo de la isla se ha producido una interrelación muy beneficiosa desde el punto de vista social, económico y cultural. Gracias a los que sufrieron el éxodo allá hay una gran población que cada día gana más protagonismo y que no sólo lucha por sí misma, sino también por los de acá. Además, muchos de aquellos emigrados, o sus hijos, han hecho aportaciones culturales, artísticas o académicas que nos alientan y estimulan el orgullo nacional de todos los puertorriqueños.

La emigración, por tanto, sobre todo la que sobreviene después de una catástrofe, es un fenómeno inevitable que tendrá consecuencias sociales, pero no será el final de los tiempos. Es urgente y necesario que nuestro país se recupere, dejando atrás las dificultades y la incompetencia, para que se aminore la ola migratoria, pero ésta no provocará el fin de lo que conocemos como Puerto Rico.

Energía eléctrica en Puerto Rico: reto social, no tecnológico

CLARIDAD

Recientemente, la Facultad de Derecho de la Universidad de Puerto Rico fue sede del foro “El sistema eléctrico que Puerto Rico necesita: diagnóstico y perspectivas”, organizado por el legislador independentista Dennis Márquez. El foro estuvo constituido por cuatro catedráticos del Recinto Universitario de Mayagüez (RUM), ingenieros eléctricos todos: Efraín O’Neill Carrillo, Lionel Orama Exclusa, Agustín Irizarry Rivera y Gerson Beauchamp.

Según explicaba Beauchamp durante su intervención, tras el paso del Huracán María, han quedado en evidencia los porqués del fallo del sistema de energía de Puerto Rico y del lento restablecimiento del mismo a nivel isla. Particularmente, el doctor mencionó la falta de preparación previa por parte de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) en términos del abastecimiento de materiales y del almacenamiento de éstos como medida de seguridad.

Hace unos días, un ingeniero puertorriqueño integrante de una de las compañías estadounidenses subcontratadas por Whitefish para restablecer el servicio de energía eléctrica reveló públicamente que la brigada con la cual trabaja perdió el tiempo en Puerto Rico, puesto que no hay materiales para arreglar las monumentales averías que padece la Isla. Dijo, además, que a pesar de no tener materiales para laborar durante el tiempo que estuvo contratada, la brigada continuaba cobrando por hora: “lo lamentable es que bajo el contrato en que nosotros vinimos, ellos tenían que pagarnos a nosotros 16 horas diarias de trabajo, trabajáramos o no”.

Más allá de la preparación de la AEE y de que no exista la politiquería que corroe las gestiones públicas, Puerto Rico necesita una visión energética diferente, que se transforme el sistema de energía eléctrica. Este foro sirvió para presentar (recordar) algunas propuestas que se han estado trabajando desde el RUM hace décadas y que han contado con la colaboración multisectorial.

Se mencionó, por ejemplo, lograr utilizar más el recurso solar que tenemos de forma distribuida, no centralizada, modelo que falló con el huracán. “En Puerto Rico no fallaron las plantas de generación. Aquí hay capacidad de generación suficiente para satisfacer nuestra demanda casi al doble de hoy día. Lo que falló fue el modelo centralizado donde se genera electricidad en lugares impactados social y ambientalmente desproporcionados en relación con otros lugares del país”, expresó O’Neill Carrillo.

Aclaró el ingeniero que antes de hacer la transición hacia otro modelo de generación de energía, es necesario que se tenga en cuenta el recurso de la conservación o “de hacer un uso razonable y eficiente de la energía”. Entonces, la transición tiene que venir acompañada de un entrenamiento social y de un cambio de consciencia en cuanto a los patrones de uso de la electricidad.

“El reto de la energía eléctrica en Puerto Rico no es uno tecnológico, sino social. Hasta que no nos pongamos de acuerdo de hacia dónde queremos dirigir a Puerto Rico y de cuál es el rol de nuestra infraestructura eléctrica, no vamos a ir a ningún lado. Esto no tiene que ver con ideologías ni partidos, porque independientemente de lo que usted crea, necesitamos un sistema fuerte que nos provea unos servicios energéticos para hacer que nuestro país eche hacia adelante”, continúo O’Neill Carrillo.

El catedrático fue enfático en que no se trata solamente de llevar energía solar a las comunidades, sino de generar una conciencia social, ambiental y energética en esos sectores. El doctor Lionel Orama Exclusa coincidió en el planteamiento de la energía como un proceso “socio-técnico, aunque es más social que técnico”. “Si nosotros logramos el 25 por ciento de reducción utilizando eficiencia energética y conservación eso equivale a 25 por ciento que no hay que generar, lo que es igual a una planta menos”, dijo. Para esto, reiteró, es necesario que se promocione entre la ciudadanía la conservación como un recurso energético.

Orama explicó que existen muchas alternativas para cambiar el modelo actual de generación de energía en Puerto Rico, sin embargo no se pueden poner parchos para tratar de solucionar los problemas del sistema. Según él, la transición requiere que un sector amplio del país esté enfocado en un propósito común. “Si yo estoy poniendo curitas tengo que pensar para qué son. En realidad tenemos que ver la herida completa, ver cómo utilizamos otras maneras de resolver mientras vamos curando esa herida y asegurándonos de que cicatrice bien”, comentó.

“La gobernanza actual no funciona porque no provee para la colaboración ni para la deliberación de las soluciones a los problemas. Ese es un problema social que no tiene nada que ver con los paneles fotovoltaicos, los inversores o las plantas de generación”, concluyó.

Por su parte, el ingeniero Agustín Irizarry Rivera habló en su intervención sobre las realidades del cambio climático mundial y las repercusiones que tiene en Puerto Rico. “Esto de María ocurría cada 80 años, pero ahora no va a ser cada 80 años. Así que usted abrázese para resistir de nuevo algo como este huracán. La pregunta es si usted quiere que este perro lo siga mordiendo o no. Qué va a hacer usted. Olvídese de lo que va a hacer el Gobierno por usted. Ése ya falló. Qué va a hacer usted mismo por usted”, preguntó abiertamente al público en aras de hacer constar que parte de la solución la tiene la ciudadanía si se plantea el concepto de la racionalidad, de cuánta energía realmente es suficiente para vivir bien.

“Ese concepto no se maneja en Puerto Rico porque aquí se derrocha la electricidad”, acotó.

“En todas partes del planeta se está luchando con los hechos de que hay nuevas manera de producir electricidad, hay menos consumo de este recurso y de que presumir un crecimiento infinito de electricidad es una locura y lleva a un desastre financiero. En Puerto Rico, desafortunadamente, la discusión está centrada en el precio de la electricidad”, continuó denunciando el ingeniero licenciado.

Finalmente, Irizarry Rivera comentó que es necesario que haya “una estructura de negocio que no simplemente venda energía, sino que nos dé los servicios para que nosotros podamos incorporar la máxima energía distribuida y renovable que podamos”. Según dijo, ésa es la esencia del contenido de una carta que les enviaron recientemente a la Junta de Control Fiscal y a la jueza Taylor Swain los cuatro catedráticos del RUM presentes en el foro. A pesar de esa gestión ciudadana, según dijeron en la actividad, no han recibido respuesta alguna.

Wilma Reverón Collazo habla sobre Juan Mari Brás

Gestionar, consolidar y ampliar la solidaridad internacional con el pueblo de Puerto Rico y su derecho a la independencia siempre ha ocupado un sitial prioritario en las estrategias de lucha de la dirigencia independentista puertorriqueña. Así fue con Ramón Emeterio Betances, Segundo Ruiz Belvis, Eugenio María de Hostos, Pedro Albizu Campos. Y lo fue también con Juan Mari Brás, quien lideró la nueva lucha de independencia al frente del Movimiento Pro Independencia y del Partido Socialista Puertorriqueño desde 1959 hasta mediados de la década de 1980.

Wilma Reverón Collazo, destacada dirigente independentista de larga trayectoria y compromiso, compartió con Juan muchos años, esfuerzos, éxitos y traspiés en ese frente, sobre todo, en el foro de Naciones Unidas, donde el caso colonial de Puerto Rico se ventila desde mediados de los años ‘50, al calor del impetuoso movimiento de descolonización y liberación nacional que arropó a varios continentes desde los años ’60. De sus experiencias con Juan y el balance que en perspectiva histórica puede hacer hoy de él, conversamos con ella.

¿Cuándo, dónde y por qué motivo conociste a Juan?

“Conocí a Juan cuando comencé a trabajar con el Partido Socialista Puertorriqueño (PSP) en el Comité de Buen Consejo. Yo estaba en la Universidad en ese momento, 1973. Estaba haciendo lo que hacían todos los militantes del PSP, ir a las reuniones del comité, vender Claridad en las luces de Monacillos y Muñoz Rivera y de vez en cuando íbamos al Comité Central a llevar periódicos y buscar periódicos. Ahí es donde tengo memoria de haber conocido a Juan por primera vez, o sea, de haber tenido conversaciones con él. Después, fue cuando vino el Bicentenario (de la independencia de Estados Unidos) en el ‘76, y yo estaba como pasquinadora – ‘abogada’ en las brigadas que estábamos pasquinando el cartel de la bandera de Estados Unidos en el piso y la de Puerto Rico en alto. Tuve que, en momentos, en el automóvil quitarme la ropa de pasquinadora y ponerme la de abogada porque venían los Policías a intervenir para arrestarnos. Juan se enteró de las maniobras que yo hacía y le estuvo lo más curioso. Yo estaba ya en la Escuela de Derecho. Me gradué en 1977, pero ya tenía guille de abogada.

“También me conocía porque estuve involucrada en la segunda inscripción del PSP, con Gina Cestero. A través de toda esa experiencia, que fue bien concentrada y bien intensa, de todos esos meses, yo también me tiraba a la calle como notario, a notarizar y también iba al Comité Central. Ahí fue que Juan y yo comenzamos a tener una relación de conocernos mejor, de él ver mi trabajo. Tú sabes que Juan no era persona fácil de ganarse su confianza.

“Me fui a estudiar, a fines del ‘78, a Cuba. Ahí conocí la Misión (de Puerto Rico en Cuba) de primera mano. Por cierto, el delegado en ese momento era Felipe Cirino Colón (qepd). No conocía nada de la Misión hasta que llegué allí como estudiante. Ahí me fui interesando en el trabajo internacional pero no me visualizaba como que me iba a ir por esa vía.

“Regreso a Puerto Rico. Mi esposo en aquel momento, Salvador Tió, lo nombran a dirigir la Corporación de Servicios Legales en Nueva York. Nos vamos para allá en agosto de 1979. Un mes después salen (de prisión) los Nacionalistas (se refiere a Lolita Lebrón, Rafael Cancel Miranda, Irvin Flores Rodríguez y su tío, Oscar Collazo). Cuando tío Oscar llega a Puerto Rico, una de las áreas donde él se incorpora a trabajar es en el Comité Puerto Rico en la ONU (COPRONU), siendo uno de los fundadores del Comité, junto con José Milton Soltero, Piri Fernández de Lewis, que lo presidía. COPRONU estaba compuesto por el PSP, por el Partido Nacionalista, el Partido Comunista, entre otros. Me incorporé al trabajo del Comité Puerto Rico en la ONU, y cuando da la coincidencia de que me mudo para Nueva York, COPRONU decide que es un buen momento para montar algún tipo de oficina en Nueva York y me designa como delegada ante Naciones Unidas.

“Establecimos lo que se conoció como la Oficina de Información Internacional sobre la Independencia de Puerto Rico, que era dirigida políticamente por el COPRONU, y lo que se fundó también en el verano de 1980, el Comité Internacional de Solidaridad con la Independencia de Puerto Rico, que presidió el doctor José Herrera Oropeza, el venezolano amigo de la independencia de Puerto Rico, muy amigo de Juan y de José Milton. Desafortunadamente, Herrera fundó esa oficina en junio, julio de 1980, y ya en noviembre había muerto por cáncer. El Comité murió ahí. Pero el trabajo de la Oficina ante Naciones Unidas sí continuó.

“Tengo que decir que todo fue gracias a Juan, que ya me había conocido. Cuando se estaba barajando quién debería dirigir la oficina que se creara para las Naciones Unidas, Juan propuso que fuera yo. Yo no tenía experiencia internacional previa. Ahí empecé el trabajo internacional de la mano, bajo la dirección política e ideológica de Juan, con el Profe José González González como mi maestro in situ, y con Rafi Anglada, que iba y venía y caminaba los pasillos de Naciones Unidas conmigo, y el doctor Soltero, que eran, básicamente te diría, mis maestros. Estuve ahí hasta el ‘85.

“Como iba a dirigir esa oficina, que pertenecía a COPRONU, que era como una sombrilla unitaria, se decidió políticamente que yo no fuera miembro con carnet del PSP y que me mantuviera como un ente independiente. Pero en realidad, mi dirección política venía del PSP.”

¿Qué papel jugó Juan en ese trabajo en Naciones Unidas?

“Juan iba todos los años, por lo menos una vez, quizás más, a estar al frente del trabajo ante Naciones Unidas. Él siempre fue el estratega principal de todo. Por ejemplo, Juan con Cuba, y con Ricardo Alarcón principalmente, son los que desarrollan la estrategia de lograr que el Movimiento de Países No Alineados se pronuncie a favor del derecho de Puerto Rico a la libre determinación e independencia. Eso fue en 1964, en el Cairo. El Comité Especial de Descolonización (conocido como Comité de los 24, por la cantidad original de integrantes) se había creado en el 1961, se aprobó una resolución en el ‘61, y en el ‘62 se establece. Con esa resolución (la de los No Alineados) se lleva al Comité Especial de Descolonización para que el Comité tomara nota de que los No Alineados se habían expresado. Ahí es que ellos empiezan a abrir la puerta del Comité. Eso es lo que desemboca en la aprobación de la primera resolución sobre Puerto Rico en el ‘72. En el ‘73, como resultado de la aprobación de esa primera resolución en el 1972, se oyen los primeros peticionarios puertorriqueños, que fueron Juan Mari Brás y Rubén Berríos. Juan estuvo hablando un día completo. Ahí es que se empiezan a abrir las puertas. De ahí en adelante el esfuerzo de COPRONU era, con la dirección de Juan, que una vez se abre a peticionarios, tratáramos de que los peticionarios fueran especializados y que no se repitieran. Ahí se desarrolla toda una estrategia concebida por Juan de llevar, por ejemplo, una ponencia que fuera sobre militarismo, una que fuera sobre la represión política, una que fuera sobre la cuestión de la lucha de Vieques, etc. Tratamos de que las ponencias fueran especializadas para que entonces el Comité tuviera ante sí la información más amplia, más especializada y más profesionalmente hecha de personas sumamente preparadas que llevaban esas ponencias. Eso funcionó así por varios años, pero desafortunadamente se ha perdido esa capacidad de organizar el trabajo así.”

¿Qué tú consideras que fue la principal aportación o aportaciones de Juan en ese trabajo de solidaridad internacional?

“Juan tuvo la visión de la importancia de que el trabajo internacional no fuera un trabajo aislado y desconectado de lo que estaba pasando en Puerto Rico. El trabajo internacional tenía que reflejar las luchas que se estaban dando en Puerto Rico. A la misma vez, la concepción del PSP y de Juan de que éramos una sola nación incluyendo a la diáspora puertorriqueña, posibilitó que se hiciera un trabajo que contara con la ayuda y la participación de los sectores progresistas de los puertorriqueños en Estados Unidos, tanto la aportación de recursos humanos como económicos. Juan también fue siempre promotor de que nosotros no solamente recabáramos apoyo, sino que también fuéramos solidarios y diéramos apoyo. Por eso esa solidaridad siempre ha sido en dos vías, de Cuba con Puerto Rico, como lo es ahora con Venezuela. Todas esas son muchas de las aportaciones y de las visiones estratégicas a largo plazo de Juan, de no encapsular las cosas, de tener esa mirada amplia y poder conectar los puntos de cada cosa para que el trabajo fluyera, se integrara y fuera recíproco. Como ahora, estamos enfrentando las luchas ambientales de las comunidades de Peñuelas, eso es un trabajo que se refleja en las denuncias que se hacen en el Comité de Descolonización, porque aunque no sea una lucha contra el imperio o una lucha contra el colonialismo per se, es una lucha que es consecuencia de la falta de poderes del pueblo para poder tomar decisiones en defensa de su medioambiente. Éste es el tipo de forma de pensar y analizar que Juan siempre enseñó. No solamente con su retórica, sino con su obra.”

¿Qué puedes decir de la opinión que tenían líderes o jefes de estado y de gobierno, sobre Juan como dirigente político y revolucionario?

“A mí me consta, por ejemplo, porque lo oí de anécdotas tanto de Juan, como de José Milton Soltero, del cariño, el respeto y la admiración que ellos lograron establecer con Salvador Allende, en Chile. Cuando he ido a Chile, el legado de Juan siempre está presente, en términos de las relaciones que en un momento dado tuvo con un amplio espectro de los políticos chilenos. Nosotros vamos y nos reciben todos los partidos, los Socialistas, los Comunistas, todos. Definitivamente, Juan tuvo la capacidad de llegar a mucha gente y a muchos sectores ampliamente, con mucho respeto y mucha generosidad de parte de todo el mundo.

“Juan tenía también una relación muy especial con Fidel Castro. Él recordaba con mucho cariño un viaje que hizo a Cuba donde coincidió con Gabriel García Márquez y Fidel se los llevó a los dos a pescar. Y pudieron tener ese compartir, esa conversación de tres hombres gigantes, sin inhibiciones en ese momento porque no tenían por qué inhibirse en lo que decían cada uno.”

Con Alarcón tuvo una relación estrecha

“Ése es su hermano. Al día de hoy, el centro de distensión es la Misión de Puerto Rico en La Habana. Eso es otra cosa, es un nivel de hermandad y de cariño, de solidaridad, de los muy especiales que se crean en la vida. Se conocieron desde estudiantes, de cuando la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU).

“Sé que en el Movimiento de Países No Alineados él era una figura destacada como líder latinoamericano.

“El respeto que tenían Juan y el Partido Socialista en aquella época conminaba a que hubiera esas relaciones de confianza. Te puedo decir de los viajes que hice con él, por ejemplo, a Caracas. José Vicente Rangel, que fue Vicepresidente de Venezuela, todo el liderato venezolano, incluso los que están en la oposición hoy día, de adecos, de copeyanos. Juan tenía esa capacidad de relacionarse más allá del círculo estrecho de la izquierda socialista. Él podía tener una relación con socialdemócratas, incluso con personas conservadoras. Él hacía los cuentos de, incluso, con Carlos Andrés Pérez. Venezuela tiene esa característica de que aún estando bajo gobiernos de derecha, apoyaba la independencia de Puerto Rico. Y eso en parte fue el resultado del trabajo de Juan, de ganarse el respeto en esos círculos.”

¿Siempre estuviste de acuerdo con sus posturas políticas, sus posiciones políticas?

“Fíjate, llegamos a discrepar. Creo que hubo uno de los plebiscitos de estatus, que la posición que adoptó Juan fue de boicot, abstención. Juan estaba en el Congreso Nacional Hostosiano. Yo no estuve de acuerdo, pensé que había que votar por la independencia. Fui, voté y trabajé con el PIP. Aparte de esas cosas aisladas, te diría que no hubo grandes diferencias. Diferencias ideológicas ninguna.”

¿Cuándo fue el momento en que consideraste a Juan como un líder del país, no como dirigente de una organización política?

“En el trabajo internacional él siempre fue un líder de todo el mundo. Todo el mundo reconocía el liderato de él en el trabajo internacional.

“En el trabajo en Puerto Rico… las luchas que se dieron contra las minas en el centro de la Isla. Juan ya ahí se establecía como un líder a nivel nacional, fuera de línea política partidista. Y en esas luchas, lo que fueron las luchas obreras y las luchas ambientales, Juan siempre fue destacado como líder y como estratega de todas esas luchas, por encima de que fuera del PSP. Creo que el país en general lo veía como tal. Tan así era que la razón por la cual atacan al PSP y llegan al extremo de matar al hijo de Juan, es precisamente porque Juan ya está establecido como un líder a nivel nacional, con el respeto y el liderato de todo el mundo. Ahí es que se convierte en un verdadero peligro y una amenaza para todo el sistema, para Estados Unidos. Si no hubiera sido considerado ya como un líder con el prestigio y la honestidad que le caracterizaba no hubieran sido tan crueles, tan beligerantes, tan hostiles hacia él, como fue todo el operativo de COINTELPRO al extremo que se llevó contra el PSP, la bomba en Mayagüez el 11 de enero. Todo eso para mí es síntoma claro de que se veía como una amenaza real su liderato.”

De sus características como ser humano, ¿cuál piensas que es la más importante?

“De las cosas que yo más atesoraba de Juan era la humildad de Juan, que mucha gente no entenderá, porque hay gente que confunde la timidez de Juan con arrogancia. Juan era un ser esencialmente tímido. Tenía ese desdoblamiento de que era un ser tímido, pero cuando le ponías un micrófono en la mano, le ponías una maquinilla en la mano, se convertía en otra persona. También había pasado muchas cosas terribles, como fue el asesinato de su hijo, y eso también lo hizo una persona que se aislaba un poco, que no hacía amistades fácilmente, fuera de la brega política. Pero en esencia era un hombre humilde. Juan tenía la capacidad de relacionarse de tú a tú.

“Hay una cosa que también me llamó mucho la atención, era el respeto que él le tenía a las mujeres, en términos de que Juan siempre propició y facilitó que las mujeres dentro del Partido Socialista, y mujeres como yo, asumiéramos liderato. El trato era uno de respeto, un trato de compañera de lucha. Como otros líderes independentistas varones, tú siempre sientías como esa diferenciación de género, de ‘tú eres mujer, por lo tanto, tal vez no hay que hacerte tanto caso’. Pero Juan no, Juan escuchaba.

“Podía ser volátil, porque era un ser humano, y algunas personas se intimidaban con él, cuando abría esos ojos saltones azules y parecía que se le salían pa’ fuera, por algo que uno decía… Pero fuera de ocasiones aisladas, yo te diría que Juan era un hombre humilde, un hombre generoso con su tiempo y con su dinero. Siempre, aunque tú supieras que a lo mejor ése era el único cheque que le iba a llegar de un caso esa semana, él insistía y si no lo dejabas pagar te metías en un problema, porque él era una persona que le gustaba convidar a la gente, le gustaba compartir. Le gustaba mucho estar con su familia también. Eso es muy admirable. Fue un tremendo padre. Tal vez no fue el mejor de los esposos, eso no era su fuerte. Pero como padre yo entiendo que sus hijos lo aman inmensamente, porque se lo ganó, porque siempre estuvo ahí para ellos. Y como compañero de lucha, era invaluable.”

¿Cómo lo comparas con líderes anteriores a su época?

“Juan tenía la inteligencia de un Betances, de un Hostos, de un Albizu Campos, tenía la entrega de todos esos líderes. Lo único que te diría que diferenciaba a Juan, no sé si por su formación marxista, es que era más práctico, pensaba más las cosas, era más estratega, no era tan lanzado a la aventura, aunque se tiró unas cuantas. Era mucho más calculador en su trayectoria política. Sí le criticaría que a veces era demasiado abogado. Él era muy apegado al Derecho, un excelente abogado y le daba mucha importancia. Claro, estableció jurisprudencia, los casos de libertad de expresión en este país, con los casos del PSP, con las pasquinadas. Pero a veces se enfocaba mucho en lo legal. A lo mejor hubiera podido tener un balance más cercano a las luchas del pueblo.

“Yo sé que Juan también tuvo sus injerencias en otros métodos de lucha, pero era un hombre complejo en ese sentido. Él tenía esa gran influencia de Hostos, que era una mente más filosófica, pensante, legalista, pero a la misma vez tenía esa admiración y esa influencia del Nacionalismo, y a la misma vez era un betancino comprometido con toda la gesta de Betances. Trató de ser como un acopio de esos tres grandes hombres, lo cual obviamente no era fácil. Creo que logró, en gran parte, establecer él, con sus propios méritos, sus aportaciones en cada una de esas áreas de la lucha. Estoy segura que él se quedó con el sentido de que hubiera podido hacer más, porque ésa era la mirada que tenía cuando se estaba despidiendo. Había como una tristeza en su mirada, de que no logró llevar a puerto seguro el barco que por tanto años él había timoneado.

“Juan es como una fusión. Él pudo acoger de cada uno de estos grandes líderes nuestros, y ciertamente logró poner sus propias aportaciones en esos campos. Juan, en ese sentido, logró que cada una de esas áreas se cubriera. Unos podrán diferir, si fue correcto haber tirado a Luis Lausell como candidato a gobernador, si fue correcto disolver el MPI para crear el PSP. Juan al final decía que fue un error fundar el PSP en vez de quedarse como MPI. Entonces yo siempre le decía, ‘sí, pero el segundo error fue disolver el PSP’, porque después los cuadros que se habían creado en el PSP quedaron como dispersos. Aunque te diría que casi todos los cuadros del PSP siguen activos en la lucha, la gran mayoría están con el compromiso, que es como un tributo a Juan también.”

¿Como influyó la figura de Juan en tu forma de pensar sobre Puerto Rico y la lucha por la independencia?

“Cuando uno empieza en la lucha, uno empieza a desarrollarse ideológicamente en una dirección u otra. Yo había estado militando en el PIP, que era un partido socialdemócrata, y después entro al PSP, que es un partido socialista. La visión del PSP marxista leninista se convirtió en mi visión ideológica, por lo mismo de uno escuchar a Juan, leer a Juan, y optar por decidir tu militancia política bajo el liderato de Juan. Ideológicamente, lo que me define a mí como socialista o lo que me lo solidifica, me lo reafirma, fue tener esa oportunidad de tener la dirección política de Juan. Y de poder entender también… sabes que siempre ha habido esa vieja dicotomía en la lucha, de que si lo importante es la independencia, no el socialismo, que si lo importante es el socialismo, no la independencia. Juan tenía una visión que fusionaba y borraba la división y la contradicción entre ambas cosas. Nosotros no tenemos forma en este país de lograr un sistema de justicia social para los trabajadores sin la independencia, porque mientras seamos colonia de Estados Unidos ni pensarlo. Ése es el tipo de formación ideológica que viene de tú poder nutrirte de una persona como Juan, no solamente en su pensamiento, en su oratoria, en sus escritos, sino también en su práctica de cómo llevar a cabo la lucha. Ése es mi gran maestro en ese sentido. Yo he tenido tres grandes maestros, he sido bien afortunada. El primero fue Oscar Collazo, porque yo empecé a tener correspondencia con él siendo una niña. A través de la correspondencia con Oscar Collazo fue que mi sentimiento independentista creció, pero todavía no estaba en el proceso de formación ideológica. Y obviamente tío Oscar desde una cárcel en Estados Unidos –porque él era socialista, tío Oscar se convirtió en socialista en su proceso durante la cárcel– él no iba a empezar a hablarme de marxismo en cartas de la cárcel. Después, el encuentro con Juan, y obviamente el encuentro con Noel Colón Martínez, que sigue siendo un referente muy importante para mí. Esas tres personas son puntuales, pero el que más influencia tuvo en mi formación integral completa fue Juan.”

La forma viva y fulgurante del concepto de Revolución

“…nosotros estamos seguros de una cosa: que cualquiera que sea ese futuro, fácil o duro, la victoria será de nuestro pueblo”

El concepto de Revolución enunciado por Fidel ante la multitud reunida en la Plaza el Primero de Mayo del 2000 encierra uno de los legados más relevantes de su liderazgo a la teoría y la práctica socialistas, tanto por la riqueza de su contenido como por su significado histórico.

Fidel concretó en admirable síntesis su experiencia como protagonista de un proceso de transformaciones radicales, que lo llevó de organizar una vanguardia política para el derrocamiento de la dictadura y la toma del poder, a encabezar una guerra de guerrillas que derivó en un ejército y un movimiento popular, y encauzar los cambios necesarios para que la vindicación de derechos económicos, sociales, políticos y culturales de las mayorías preteridas, comenzando por los trabajadores y los campesinos, fuera por primera vez en la patria un hecho real.

No debe olvidarse cómo todo ello se fue logrando en medio de tensiones espectaculares: la agresión imperialista, el bloqueo económico de Estados Unidos contra Cuba, el cerco diplomático de la mayoría de los países de la región y la herencia del subdesarrollo.

Cuando estaba a punto de despedirse el siglo XX, muchos de los avances se vieron seriamente amenazados por la desaparición de la Unión Soviética y la desaparición del campo socialista de Europa oriental, y el recrudecimiento de la hostilidad imperial, puesta de manifiesto en leyes aprobadas por el Congreso y una nueva ola de ataques terroristas en suelo cubano.

En ese contexto deben considerarse, además, otros dos aspectos: de una parte las dictaduras auspiciadas por Washington en América Latina habían cedido su espacio a la aplicación de la ortodoxia neoliberal; de otra, aún era muy incipiente la irrupción en la región de procesos emancipadores, emergentes en el marco de las reglas del juego de la democracia representativa, impulsados por nuevos movimientos sociales.

Pienso que Fidel sintió la necesidad de resumir dialécticamente cuál debía ser el alcance y la perspectiva de accionar revolucionario. Marxista leninista ajeno a dogmas paralizantes y esquemas estériles, martiano de honda raíz y acendrada convicción, el líder de la Revolución cubana había consolidado un mirada holística de la realidad y, con ejemplo personal por delante, había sabido emprender el camino cuesta arriba aun en las circunstancias más difíciles.

Pero pienso también de que no se trataba de volver la vista, sino de adelantarse a las condiciones en que previsiblemente tendría que desarrollarse la Revolución, su vanguardia política y la sociedad cubana en su conjunto durante los tiempos por venir; en el horizonte el relevo generacional de los liderazgos y el advenimiento de nuevos protagonistas en la escena nacional.

De ahí el carácter sistémico e integral del concepto elaborado y transmitido por Fidel. Obviamente cada uno de sus enunciados posee valor intrínseco, pero se reduciría su dimensión si se fragmenta la totalidad y esta no se aprehende como una concatenación inalienable.

Suelen detenerse muchos en dos aspectos de la definición fidelista: el sentido del momento histórico y de cambiar todo lo que debe ser cambiado. Lo primero exige tomar en cuenta la dialéctica entre táctica y estrategia, entre lo eventual y lo permanente, lo aparente y lo real y por supuesto, cerrar las puertas a la superficialidad y la improvisación. Exige responsabilidad política en cualesquiera de los roles que nos corresponda en el entramado social.

Esto es esencial en la ruta de los cambios imprescindibles para el perfeccionamiento del modelo socialista cubano. El Primer Secretario del Partido, General de Ejército Raúl Castro ha insistido en más de una ocasión que toda transformación debe transcurrir sin prisa pero sin pausa, para evitar errores lamentables originados en la precipitación y la inmadurez. De modo que no se trata de cambiar por cambiar, sino de saberlo hacer en su momento. También es un llamado a enfrentar la inercia, el inmovilismo y el anquilosamiento en el análisis de la realidad.

Otra de las pautas del concepto fidelista apunta a la consolidación de la unidad y la cohesión social. A no perder de vista los posibles efectos de la reestratificación social condicionados por situaciones económicas. Pero sobre todo a no permitir la introducción de modelos y modos de ser ajenos a la naturaleza del proceso cubano.

Pero el eje que recorre la definición del Comandante en Jefe es el de la ética.

Transparencia, honestidad, fidelidad, lealtad y compromiso se nos revelan como claves para el cumplimiento del deber, más allá de contextos y tribulaciones eventuales.

En tal sentido, invita a tender una línea de continuidad con la estatura moral de José Martí y Ernesto Che Guevara, quienes supieron defender verdades y exponerlas, se mantuvieron firmes a sus convicciones y principios, y predicaron con el ejemplo. Fidel mismo es un ejemplo de ética revolucionaria y de confianza en el triunfo de las ideas.

Pocas horas después del desembarco del yate Granma por Las Coloradas, los expedicionarios fueron cercados, dispersados y parte de estos asesinados. Fidel quedó prácticamente solo debajo del pajonal que cubría el terreno donde él se hallaba en Alegría de Pio. En ese momento, un compañero lo escuchó hablar de planes futuros, de lo que habría que hacer cuando ganasen la guerra. Aquel pensó por un instante que deliraba; pronto sabría él y muchos más, que para Fidel la victoria es la única aspiración posible de los legítimos luchadores.

Otra imagen suya inolvidable es la de la clausura del IV Congreso del Partido en Santiago de Cuba. Sobre la Plaza de la Revolución Antonio Maceo comenzó a llover.

Fidel inconmovible no detuvo su alocución al pueblo. Con estilo diáfano y con todas las cartas en la mano, expuso las graves dificultades que se avecinaban, pero también la decisión de no ceder ni un ápice en los principios ni en el espíritu de lucha.

La forma viva y fulgurante del concepto de Revolución es Fidel.

Comentarios a: pedro@granma.cu

Reproducido de www.granma.cu

Agradecido

Siempre he querido agradecer la solidaridad de muchos con mis palabras acerca de nuestras realidades. Esta vez quiero agradecer en particular a la persona  que se enfureció por el comentario negativo de uno de los lectores. Quiero compartir con ustedes varios pensamientos sobre cómo veo los comentarios negativos, que aunque no los justificara, los podría entender.

–Este mundo está tan lleno de falsas imágenes que es dificilísimo ver la realidad.

–Cada quien juzga de acuerdo a sus propios valores, vivencias o entendimiento.

–Detrás de todo razonamiento hay unos porqués que es necesario conocer para entender lo expresado.

–Dentro de otras circunstancias, yo mismo pude haber sido lo que hoy detesto.

–El fanatismo no analiza, reacciona automáticamente sin siquiera pensar, y cualquiera puede caer en eso.

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En todas las colonias del mundo, incluyendo las trece colonias, siempre han sido las minorías las que han logrado evitar enfangarse en el lodo colonial. Desgraciadamente, Puerto Rico no es la excepción.

En las prisiones donde estuve, muchos prisioneros me decían que yo era diferente a ellos porque era un prisionero político. Yo les contestaba que la única diferencia entre nosotros era las circunstancias en las que nos habíamos formado. Si yo me hubiera formado en sus circunstancias, estaría encarcelado por lo que ellos lo estaban y si ellos se hubiesen formado en mis circunstancias, estarían en prisión por lo que yo lo estaba. Gracias a todos. Y como nota aparte, el señor Trump, el que nos deshonró con su visita y quiso humillarnos diciendo que los puertorriqueños esperaban que todo se lo hicieran, quiero sugerirle que lea sobre la historia de Puerto Rico y verá que cada vez que los puertorriqueños luchamos por tener los poderes para decidir nuestro destino y hacer por nosotros mismos lo que haya que hacer, los personeros del imperio nos persiguen, difaman, carpetean, encarcelan, y masacran. Pero la lucha por ser nuestros propios dueños continuará. Sépalo usted, señor Trump.