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Triunfó el Taekwondó

Estimado Elliot:

Los tiempos de CLARIDAD Diario eran más fáciles. Ahora estamos un poco viejos.

Saludos,

J.

Rogelio Lozada fue uno de los mejores lanzadores del beisbol aficionado en Puerto Rico. Jugó catorce años y formó parte de la Selección Nacional en dos ocasiones. Su repertorio consistía de una buena bola recta que subía al acercarse al home y una curva promedio que nunca aprendió a localizar. No tenía cambio. Si tuviéramos que describir su filosofía sobre como lanzar sería: Yo la tiro lo más duro posible y tú batea si puedes. Era predecible, pero compensaba esta limitación con su famosa bola rápida. Aunque el bateador la estuviera esperando, resultaba difícil hacer contacto.

Tuvo conversaciones, pero no una oferta formal para jugar profesional. Cuando lo nombraron supervisor en su trabajo de instalación de puertas y ventanas decidió retirarse del beisbol. Había otra razón. Su hijo de cinco años parecía tener cierta habilidad para tirar una bola.

El domingo siempre fue su día favorito. En sus tiempos de jugador el parque se llenaba para verlo lanzar y él sentía en su piel de pelotero el apoyo y la confianza que bajaba desde las gradas. Nunca los defraudó jugando con desgano o con actitudes de estrella. Ahora se ponía su vieja gorra con la letra H, vestía de pelotero a su hijo y desde que llegaba repartía sonrisas, saludos y, finalmente, pasaba sin pagar por la puerta de entrada. Todos lo conocían, lo señalaban, recordaban sus hazañas. Algunos esperaban a que Rogelio se acomodara en una butaca detrás del home para ir a saludarlo y repetirle las antiguas bromas que nunca desaparecerán: “¿Crees que puedes relevar dos o tres entradas? ¿Te queda algo en la bola? Estás igual; todavía te puedes poner el uniforme’’. La manera que tenía Rogelio de agradecer tales atenciones era sonreír y contestarles con aguajes de combinación de puños en la barriga.

Una mañana alguien que no conocía le dijo; ‘’ Siempre vienes acompañado de tu hijo, ¿será que estás preparando a tu sustituto?’’. Rogelio contestó con palabras que no sabía existían en su cabeza: “Este es el que me va a sacar de pobre’’. El niño no se dio cuenta de que hablaban sobre su futuro. Estaba observando las prácticas prejuegos. Lo más que le impresionaba eran los batazos largos que llegaban rodando hasta la verja. Sonaban diferente.

Pasó la tarde y llegó la noche. Rogelio Lozada no podía olvidar su sentencia: “Este es el que me va a sacar de pobre’’. Había encontrado un proyecto para su vida y la de su hijo. Dedicaría todo su tiempo a desarrollar a su hijo para que fuera pelotero de Grandes Ligas. “¿Quién sabe? A otros les han dado bonos por firmar de tres y cuatro millones de dólares. Será lanzador. Yo lo voy a preparar. Lo primero es que crezca fuerte”. Le miró las manos de niño a su hijo y enseguida tomó otra decisión: “Hay un ejercicio que se las va a fortalecer”, pensó. “Mañana le compro una bola oficial para que la apriete con diferentes combinaciones de dedos. Esto será casi sin descanso. Hasta que el caballo relinche. También hay que trabajar en el desarrollo de las piernas. Correr distancias largas y cortas. Ya verán. Se va a poner como un tanque de guerra. Deja que la baje a 97. No, qué carajo, a 100. Cuando tenga dieciocho, los escuchas se lo van a pelear y lo bueno es que no hay que contratar un agente. Aquí estoy yo que conozco el mambo”.

La cabeza de Rogelio no podía mantener reunidas las múltiples ramificaciones de su proyecto. Presentía que la magnitud del plan hacía inevitable una confrontación con la rutina. Algo habría que sacrificar. Para empezar, decidió cambiar el lugar donde usualmente se sentaba en el parque por otro más apartado. ‘’No puedo atender fanáticos que vienen a hacer preguntas y a conversar. Se acabaron las interrupciones. Necesito privacidad para ensenar a mi hijo”. Ahora se le veía en un rincón de las preferencias susurrando comentarios después de cada jugada y cada lanzamiento. ‘’Fíjate que los primeros bateadores del juego dejan pasar el primer lanzamiento. Esto lo hacen para conocer tu estilo y acostumbrarse a él, y también quieren saber si tienes control. Cáeles encima con un strike. No te pongas a inventar. Mira a este bateador. Coge el bate corto. Eso quiere decir que viene a hacer contacto. No representa peligro de conectar un extrabases. A estos hay que saludarlos con un petardo en la esquina de adentro. ¿Entendiste?”.

El niño contestó que sí; pero había estado distraído contemplando la conducta de los mayores a su alrededor. Hablaban en voz alta, les ponían sobrenombres a los árbitros, se burlaban de las barrigas de los coaches y gritaban instrucciones a los dirigentes. “Para que puedas ver cómo es que se juega en las Grandes Ligas nos vamos a suscribir a ESPN y por las noches podemos ver a los mejores peloteros del mundo”.

La noticia no pareció entusiasmar al hijo de Rogelio, que todavía estaba a mitad de camino de la etapa Power Rangers-Ninja Turtles; pero ante la alegría de su padre guardó silencio. El beisbol se convirtió en una asignatura nocturna. Esto fue solo el principio. Para Navidades, cumpleaños, graduaciones y otras fechas de regalos, predominaban los guantes, gorras con monogramas de grandes ciudades, ganchos siempre medio número más grandes, tricotas y hasta videos instructivos. La fiebre de Rogelio seguía subiendo y se acercó a su punto más alto cuando su hijo cumplió los nueve anos y jugó en la categoría 9 y 10 de las Pequeñas Ligas. Dicen algunos expertos que aquí ya puede predecirse si el niño cuenta con facultades sobre lo normal. Dicho de otra manera, si trajo barajas ganadoras para correr y tirar, si se tienen los instintos y la importante coordinación entre manos y ojos.

Rogelio Lozada sabía que muy pronto se verían los primeros resultados de años de esfuerzos, de preparación y que a los sueños les llegó la hora de enfrentarse a los relojes. Sintió esta nueva presión que le cambió la conducta. Ahora quería dirigir el juego desde las graderías. Gritaba instrucciones a su hijo sobre la localización de sus lanzamientos. No se podía estar ni quieto ni callado. Se convirtió en una divertida atracción; pero para los árbitros y dirigentes era el típico padre majadero. Uno de sus viejos admiradores describió la situación como “Rogelio perdió la tabla”.

Su esposa, quien mejor lo conocía, había tenido conversaciones con él desde que trató de restarle importancia a las tareas escolares para asignar más tiempo al beisbol. Cuando la fijación de Rogelio adquirió proporciones irrazonables todos se refugiaron en el silencio.

La persona que menos esperaban trajo noticias que eran esperanza de un equilibrio de paz. En el trayecto de la escuela a la casa, Justino Lozada, el hijo de Rogelio, aprovechó un breve silencio y dijo lo siguiente: “Papá, no quiero seguir jugando pelota. Quiero practicar otro juego, otro deporte”. Rogelio Lozada miró sus manos que apretaban el guía. Los nudillos le habían cambiado de color. Sintió soledad, como si un tren lo dejara en un pueblo desconocido. “¿Cuál deporte?”, preguntó. “Taekwondó”, le contestó Justino. “Pero eso nadie lo conoce…Yo mismo no sé nada de taekwondó.”, fueron las palabras de Rogelio, en un tono como el que pregunta por los resultados de placas de pecho. “Por eso mismo, Papá, porque tú no sabes”.

Una isla a la deriva

Con este título publicó Juan Bosch en 1944 un artículo en solidaridad con la lucha por la independencia de Puerto Rico. Fue uno de los incontables trabajos periodísticos, políticos y literarios que el gran escritor dominicano produjo durante su prolongado exilio habanero, varios de los cuales dedicó a la causa de la isla hermana.

Pese al tiempo transcurrido, casi ya tres cuartos de siglo, texto semejante, con idéntico título, podría escribirse hoy: “A la deriva por los mares de la historia, sin rumbo, sin destino, va Puerto Rico: desde hace cuatro siglos y medio”.

Ahora habría que agregar que la situación es peor y la isla, azotada por feroces huracanes, sobre todo el más reciente y brutal llamado Donald Trump, encara un momento decisivo de su historia.

Entonces, cuando Bosch redactó su hermosa profecía, gobernaba en Washington Franklyn Delano Roosevelt quien prometía al pueblo norteamericano un nuevo trato que beneficiase a los trabajadores y a los pobres y a los pueblos del Continente ofrecía una política de buena vecindad. Pero sus promesas no le sobrevivieron.

Hace ya mucho tiempo que ambos proyectos fueron reducidos a cenizas, barridos por el capitalismo salvaje y el belicismo desenfrenado que han practicado, de un modo u otro, con matices secundarios, todas las Administraciones estadounidenses después de la Segunda Guerra Mundial.

En los años cuarenta Luis Muñoz Marín y su Partido Popular Democrático (PPD) todavía abogaban por la independencia de la Isla. Más tarde relegarían a un plano secundario la cuestión fundamental de la soberanía nacional y darían paso, con el patrocinio de Washington, al llamado “estado libre asociado” (ELA), torpe disfraz que en nada cambió la cruda realidad colonial.

Gracias a exenciones tributarias y otros privilegios el territorio fue inundado por capitales norteamericanos desplazando a los productores locales e impulsando una emigración masiva hacia el norte. Cuantiosas inversiones en la infraestructura le dieron un aire de modernidad y la propaganda imperial no escatimó esfuerzos para vender a la hermosa isla como un paradigma, un modelo para el resto del Continente. Paralelamente llenaron el pequeño territorio de bases e instalaciones militares convirtiéndolo en un verdadero fortín que fue pieza clave para su política agresiva e intervencionista en todo el Continente.

Esa propaganda logró ocultar, al mismo tiempo, dos aspectos decisivos para entender la realidad puertorriqueña. Por un lado la persecución y represión sistemática contra el movimiento patriótico, muchas veces violenta y abierta, otras, encubierta y más o menos sutil, pero siempre avasalladora. Y por el otro el rechazo de Washington a todas y cada una de la peticiones del pueblo puertorriqueño, incluyendo el PPD, para modificar la relación colonial y hacerla menos lesiva a sus legítimos intereses.

En rigor el ELA fue un embuste desde su nacimiento. Jamás hubo una “asociación” entre Puerto Rico y Estados Unidos y llamar “libre” al engendro así creado era, además de una afrenta a su víctima, el pueblo boricua, un grosero insulto al lenguaje. Todos los esfuerzos promovidos desde la isla para alcanzar espacios de autonomía fracasaron ante la insolencia imperial.

Con el paso del tiempo la metrópoli colonial también fue cambiando. Estados Unidos sigue siendo la principal potencia económica y militar del planeta pero su dominio ya no es absoluto, indiscutido, como lo fue al concluir la Segunda Guerra Mundial. Tuvo que eliminar varias disposiciones importantes que había favorecido a sus inversiones en la Isla y éstas fueron en busca de otros mercados más lucrativos.

El modelo económico impuesto a la colonia terminó en un fracaso estrepitoso y las autoridades locales debieron reconocer su incapacidad para pagar la deuda pública de más de 70 mil millones de dólares y se afanaron inútilmente en busca de una solución imposible para un país sometido totalmente a un poder extranjero.

Carente de soberanía propia a Puerto Rico se le cerraron todas las posibilidades de negociación para enfrentar un problema que encaran todos los días los países independientes. En Washington el Congreso y la Administración se pusieron de acuerdo para establecer una llamada Junta de Control Fiscal la cual es hoy la verdadera autoridad que administra el territorio y cuya tarea es obligar a los puertorriqueños a pagar lo que supuestamente deben imponiendo para ello draconianas medidas de austeridad que aumentaron el desempleo, eliminaron servicios sociales básicos e incrementaron la emigración.

Por si fuera poco la isla fue azotada por dos huracanes de gran intensidad, Irma y María, sobre todo este último que la arruinó casi por completo. Se calculan en más de 90 mil millones de dólares las pérdidas ocasionadas por estos fenómenos meteorológicos. Miles de familias perdieron sus viviendas y cuatro meses después una gran parte de la población no tiene electricidad ni agua potable, muchas escuelas no han reiniciado sus actividades y nadie sabe cuándo ni cómo se recuperará la infraestructura derrumbada.

Ni siquiera se sabe con precisión cuántas personas perdieron la vida como consecuencia del paso de María. Investigaciones periodísticas independientes calculan que pasan de mil.

Más de 200 mil han buscado refugio en Estados Unidos en una ola migratoria que no parece detenerse.

Para colmo llegó Trump. El insólito personaje, que nada ha hecho siquiera para aliviar la tragedia boricua, no sólo recordó que hay que reembolsar la supuesta deuda sino que impulsa una reforma tributaria que, entre otras cosas, grava con un 20% los productos procedentes de la Isla con lo que hará de la recuperación económica una quimera irrealizable.

En medio del desastre resulta conmovedor el empeño del pueblo por reconstruir su país, sin ayuda federal y frente a la corrupción y la torpeza de quienes dicen representarlo.

Parece cumplirse lo que Juan Bosch anticipó hace tanto tiempo. A la hora del naufragio serían los trabajadores, los desposeídos, los de abajo, finalmente unidos en el dolor y la esperanza, los únicos capaces de salvar la Patria.

Reproducido www.punto final

Resumen del año 2017

El 7 de enero comenzó oficialmente la premiación del mejor cine de 2017 con los Golden Globes, los premios de la prensa extranjera radicada en Hollywood. Como siempre nos sucede —y este año más que nunca por razones climatológicas— muchos de los filmes nominados y premiados están por llegar o ya pasaron a DVD y streaming. Tendremos que esperar a los anuncios de las nominaciones a los Oscares este mes a ver cuáles coinciden con los premios Golden Globe para el empujón que necesitan a que aparezcan en nuestras salas de cine.

De los nominados o premiados que sí se han presentado destaco: Dunkirk del londinense Christopher Nolan y Darkest Hour del también británico Joe Wright. Ambos recogen—uno en el campo de batalla y el otro en los salones donde los líderes políticos y militares toman las decisiones—ese momento del 26 de mayo al 4 de junio de 1940 cuando 400,000 soldados británicos estaban en una cabeza de playa sin poder protegerse de los aviones alemanes ni tener suficientes buques para cruzar el estrecho y llegar a su país. Gary Oldman ganó el Golden Globe por mejor actor interpretando al primer ministro Winston Churchill en Darkest Hour.

Three Billboards Outside Ebbing, Missouri, ganador por mejor película dramática) del director y guionista Martin McDonagh, con una magnifica actuación de Frances McDormand (ganadora del Golden Globe en esa categoría) y de Sam Rockwell (Golden Globe por actor de reparto) es un filme extraordinario que nos conmueve con sus personajes de pueblo tan parecidos a los nuestros, los tropiezos personales y familiares que se vuelven público de manera distorsionada, los prejuicios, enemistades y actitudes de personas cercanas y lejanas a nosotros, la valentía de enfrentar los problemas siempre de frente aunque nos llamen locas y se rían a nuestras espaldas. Y todo esto produce sonrisas, carcajadas, llantos y una mezcla de todo en los momentos menos esperados.

All the Money in the World —un excelente perfil de J. Paul Getty quien en la década de 1970 se consideraba el hombre más rico del mundo y Alien: Covenant —una historia futurista donde las fuerzas del mal y el bien se entrecruzan— fueron dos producciones a la altura del veterano director Ridley Scott. The Greatest Showman (nominado por mejor película, mejor canción y mejor actor) de Michael Gracey, protagonizado por Hugh Jackman es un musical que nos deleita tanto por su puesta en escena, su conmovedora historia de amor y visión, sus canciones y excelente coreografía y su habilidad de convertirnos en un público cautivo.

Downsizing de Alexander Payne, una deliciosa y profunda sátira política con Matt Damon y Hong Chau, quien fue nominada para mejor actora de reparto, nos lleva a una conversación de si existe o no la posibilidad de cambiar las actitudes humanas hacia su medio ambiente y entorno social a través de una propuesta revolucionaria como achicar el tamaño de los seres humanos. Molly’s Game del conocido escritor y guionista Aaron Sorkin tiene la tensión del momento narrado y visto y la fuerza de las palabras principalmente de la protagonista Molly Bloom.

Aparte de los ya mencionados y que no recibieron la distinción del Golden Globe destaco especialmente Wind River, del director y guionista Taylor Sheridan, con excelentes actuaciones de todo su reparto y muy especialmente Jeremy Renner como Cory Lambert, agente rastreador y protector del ambiente y naturaleza, que ha vivido muchos años aquí y conoce muy bien a sus habitantes y, casi de memoria, cada recoveco de la Reservación. Es admirable su habilidad de decir y expresar tanto con apenas varias palabras, gestos y miradas. The Snowman, filme de intriga detectivesca a la Stieg Larsson, de Tomas Alfredson con el siempre magistral Michael Fassbender.

En acción combinada con buenos argumentos American Made de Doug Liman y protagonizado por Tom Cruise como mercenario y traficante de drogas y armas al servicio del gobierno federal, politiza su historia al ubicarla durante y después de la presidencia de Ronald Reagan y su empeño de prevenir a los revolucionarios salvadoreños y nicaragüenses de derrocar las dictaduras en sus países. American Assassin de Michael Cuesta, al estilo de la excelente Spy Game, ubica su historia en el ahora de la guerra contra ISIS. Atom Blonde de David Leitch y protagonizada por Charlize Theron nos da una nueva heroína en este género de espionaje como también lo hace Wonder Woman de Patty Jenkins, el primer filme basado en protagonistas de comics dirigido por una mujer. Blade Runner, original de Ridley Scott, y ahora Blade Runner 2049 de Denis Villeneuve cuestiona nuevamente si debe existir diferencias entre los humanos y los androides incluyendo enlaces entre el pasado y el presente con los personajes interpretados por Ryan Gosling y Harrison Ford.

En romance combinado con una historia de supervivencia destaco The Mountain Between Us de Hany Abu-Assad con Kate Winslow y Idris Elba. Como una gran producción que rinde tributo a todas las novelas de Agatha Christie y a sus anteriores interpretaciones fílmicas, Murder on the Orient Express, dirigida y protagonizada por Kenneth Branagh, como el investigador Hercule Poirot, es un festín visual y de palabras. Destaco también A Ghost Story del director y guionista David Lowery por ser una narración sin palabras, con imágenes y música, por ser como un poema silente que sentimos porque nos hace recordar casas no enteramente olvidadas, imaginar el pasado del presente que habitamos y las historias que quedaron flotando entre paredes.

Termino este resumen del mejor cine de 2017 al mencionar varias producciones puertorriqueñas que deben destacarse: en ficción el largometraje Extraterrestres de Carla Cavina (recién comentado por Juan Ramón Recondo en este espacio de cine) y en documentales Mona: tesoro del Caribe de Sonia Fritz como ecocrítica histórica y prevalente en el Puerto Rico de hoy; Desalambrando de Pedro Angel Rivera bajo la producción e investigación de Lilliana Cotto que recoge los movimientos comunitarios para el rescate de tierras; Bancarrota de José M. Umpierre, un análisis claro y detallado de nuestra deuda interna y externa; el excelente Nuyorican Básquet de Julio César Torres y Ricardo Olivero Lora sobre la influencia de los jugadores nuyoricans en el baloncesto nacional; y el hermoso y profundo Rafael Rivera Rosa: mirada extendida del director, guionista e investigador Carlos García Padilla.

La agonía de la máscara de Félix Córdova Iturregui. Notas sobre su forma novelesca

La agonía de la máscara de Félix Córdova Iturregui (Publicaciones Gaviota, 2017) de cierta manera abre con la forma de la novela detectivesca. Alejandro Amadeo-Rosich, banquero exitoso y figura clave en el mundo financiero isleño, ha muerto, y le ha legado su casa a Elvira Fuentes, su ama de llaves. Este extraño suceso lleva a que sus hermanos recurran al detective-narrador, Enrique, para saber si detrás de esta extraña ocurrencia hay escondido algún crimen homicida, algún interés económico particular, alguna historia de amor trágico.

Pero el verdadero comienzo de la novela no yace en esta intriga, sino en un proceso de pensamiento vivo. Desde las primeras páginas, la duda sobre la forma genérica de la novela está ya planteada a los lectores. Qué extraña esta novela detectivesca que comienza con tanta consciencia reflexiva por parte del narrador. La primera página es memorable: se nos aparece una doble-imagen, “un par de imágenes simultáneas”: una caña tiesa sobre un cuerpo de agua; la boca de un pez que sale a morderla pero no lo logra. Ante el lector quedan arrojadas innumerables lecturas. (En mi caso, el deseo imposible e incumplido de la prosperidad económica fundamentada en el monocultivo azucarero.) Pero esta imagen movediza da paso rápidamente a una sucesión de reflexiones nuevas; queda plasmada la imagen, la duda, mas no su clave. Qué temas más disímiles – aunque siempre enlazados – para una intriga detectivesca: la memoria, la metáfora, las imágenes, el ocaso de una vida, “el hambre del tiempo”…

Lo cierto es que, comenzada la intriga, se interrumpe la novela detectivesca que teníamos en nuestras manos. Enrique, quien finge trabajar para un seguro de vida, se acerca a Elvira, y rápidamente reconoce que está frente a un personaje singular. Pero ahí, más que antagonismo, encontró soporte. Elvira, también, sintió que algo inexplicable le sucedía a Alejandro en sus últimos meses de vida, por lo que rápidamente pone a su servicio todos los medios que tiene disponibles. El objeto de investigación se hace investigadora-cómplice, pues el interés en descubrir el comportamiento de Alejandro los une.

Es así que encuentran unos papeles desorganizados, escondidos por Alejandro, y enfrentamos la primera transformación genérica de La agonía de la máscara. Pasamos a ser lectores, no ya de la narración de Enrique que parecía aproximarnos a la novela detectivesca, sino de estos legajos que con esfuerzo logran organizar los investigadores cómplices. Como avanza la lectura, vemos que la novela que leemos es, sobre todo, este manuscrito. De esta manera, La agonía de la máscara, entre otras cosas, continúa jugando y retando nuestras expectativas genéricas iniciales.

Inmersos ya en el manuscrito, nos encontramos con un cuadro interesante. Alejandro ha comenzado a escribir en estos papeles porque empieza a ver un fantasma. Esta extraña situación le lleva a tener que fijar sus observaciones. El proceso de escritura por parte de Alejandro es una manera de cuidar el pensamiento y entender lo que le ocurre: “el narrador”, dice, “no hace otra cosa que encontrarse a sí mismo por detrás de las palabras”. Pero la aparición de un fantasma coincide con varios cambios en su vida. Se retira de su profesión. Se interesa por Elvira. Como si fuera poco, desarrolla un otro: cambia de apariencia, vestimenta, adquiere un nuevo nombre –Nicolás – y siguió el impulsó que lo llevó hasta una barra en Barrio Obrero donde conoce al filósofo, un borracho-sabio que piensa junto a su inseparable Palo Viejo doble.

El apodo –el filósofo– se lo dieron los que frecuentan la barra por su “endiablada capacidad para hilvanar disparates”. Si el juicio popular acierta ante su talento para ligar pensamientos disímiles, poco o nada tiene lo que dice de disparatado. Conversando con él, Alejandro/Nicolás empieza a profundizar en quizás el cambio más difícil de todos los que está atravesando en esta etapa de su vida: el desarrollo de una nueva mirada para interpretar la sociedad que le rodea. Por eso, noche tras noche, regresa a la barra para dialogar.

Tomemos un ejemplo de estas conversaciones. Alejandro/Nicolás le pregunta al filósofo sobre la falta de memoria histórica del país. Este responde que no hay una falta de memoria, sino, por el contrario, un exceso de memoria. El personaje (y el lector) se da cuenta que con esta respuesta hay, sobre todo, muchas ganas de joder. Pero las ganas de joder pueden abrirle la puerta a destellos de verdad, y así ocurre en esta ocasión. Veremos.

“Esa manera de ver es radicalmente burguesa”, le responde el filósofo: la memoria no puede ser todo pasado y todo nostalgia. “Pues sí, hay exceso de memoria porque, precisamente, hay escasez de libertad… Hace falta mucho olvido en este país, hace falta arrancar muchas ideas que la misma población se ha tragado hace siglos. ¿Quieres que te mencione una de ellas? Pues bien, la pequeñez. Esa diabólica idea hay que vomitarla de la memoria y de todas las partes del celebro”. La lista continúa: hay que olvidar la dependencia, olvidar el salario. “El coloniaje consiste de una siembra fenomenal”, y esa siembra se ha apoderado de la memoria colectiva. La colonización no se da através del olvido de la historia, sino a través de la producción y el cultivo de la ignorancia. Para dominar un pueblo, no solo se apropia de sus tierras y su gobierno, sino de su propia manera de pensar. “Olvido es lo que nos hace falta, mucho olvido organizado para borrar poco a poco esa memoria efectiva”.

Las conversaciones que se tienen con el filósofo son de naturalezas distintas. Abarcan la estética, en la que la imagen de una letrina le sirve como punto de partida al borracho-sabio. Nos habla de un proceso de escritura en el que el lector ha sido hurtado. De las máscaras, la transparencia, las aparencias. Sin duda, esta es la parte más ambiciosa de la novela; es más difícil simular la fluidez espontánea del pensamiento que armar una intriga con un final sorpresivo. Es, además, la parte más lograda de la novela. Alejandro/Nicolás empieza a buscar obsesivamente al filósofo para continuar las conversaciones. Quienes leen la novela se lo agradecen, pues, también, desean estar ante el pensamiento abierto y no pocas veces “contra-intuitivo” de este personaje singular.

Las conversaciones transcritas por Alejandro terminan por dominar las páginas sueltas de su manuscrito. Personaje, lector, texto; todos quedamos enrredados ante las palabras nocturnas del filósofo. El que la novela se haya convertido en un diálogo extendido pasa a ser una transformación – a segunda transformación genérica de la novela– que o pasa casi por desapercibida o sin esfuerzo alguno, por el poder que tiene el pensamiento del filósofo en cautivar a quienes lo escuchan. Y a través de él, Alejandro/Nicolás va descubriendo un mundo que el pensaba conocer: el de la banca y las finanzas en Puerto Rico. El filósofo va trazando paralelos entre aquel mundo y el de la ilegalidad, dejando al desnudo tanto la legitimidad que lo sostiene como su propia fragilidad a flor de piel, en espera de que se desenmascare y se derrumbe. Es aquí donde más entra la novela a dialogar y pensar sobre el Puerto Rico contemporáneo, aunque siempre de manera fragmentada.

Si hay algo que en esta reseña se quiere señalar respecto a La agonía de la máscara es, como debiera ya ser evidente, sobre su forma: de la novela detectivesca –una de las formas novelísticas recientes y más populares– al manuscrito encontrado –que tiene una larga tradición en la literatura– hasta terminar con el diálogo, las inagotables conversaciones que mantuvieron Alejandro/Nicolás y el filósofo. Si pensáramos en la historia de la novela, se podría decir que ocurre una regresión genérica en La agonía de la máscara, hasta llegar a lo que Bajtín consideró el inicio mismo de este género: el diálogo platónico. Si la novela contemporánea está formada por la polifonía, es decir, por la multiplicidad de voces que permiten que en ella se abarque a toda una sociedad y distintos elementos de la vida social, su materia prima está nada más y nada menos que en aquellos clásicos textos filosóficos, atravesados por la vida urbana y el diálogo creador. No debiera ser casualidad que el filósofo, como Sócrates, piensa en voz alta y dialógicamente, requiriendo de un otro que escuche y pregunte junto a él. Ante esto, ¿cómo leer una novela que dice y desdice su propia forma? ¿Se podría decir que la novela misma crea sus propias máscaras, como lo hace Alejandro? ¿Su autenticidad estará en una de sus modalidades, o en su conjunto?

En ese sentido, el verdadero protagonista, el verdadero centro de La agonía de la máscara no es ningún personaje; ni Enrique, ni Elvira, ni Alejandro, ni Nicolás, ni incluso el filósofo, sino el propio proceso reflexivo que atraviesa toda la novela desde la primera página, proceso en el cual participan activamente todos los personajes y que termina por inmiscuir al lector, a llevarlo, también, a lugares insospechados en los que se desarrolla la mirada y se atisba la claroscuridad. Quien le da cohesión a la novela, después de todo, no es Enrique, sino quien lee. Así, el pensamiento dialógico y extratextual es la verdadera fuerza aglutinadora que sostiene a La agonía de la máscara.

Por todo lo dicho, no es casual la “inconclusión” de la novela. Lukács decía que en el diálogo platónico se encontraban los gérmenes del ensayo moderno. (¡Qué versátil, qué influyentes estos diálogos!) Y la característica principal del ensayo es, precisamente, ser pensamiento vivo, en consante movimiento. Dicho de otra forma, y citando a Pedreira, en el ensayo, como en la novela, se pueden empezar muchas cosas y no terminar ninguna.

El manuscrito de Alejandro termina como su vida: abruptamente, apenas cuando empezaba a entender el movimiento del vasto mundo financiero al que le había dedicado sus mejores años. (Ya lo había intuido Enrique en las primeras páginas de la novela: “Los finales siempre se asocian con algún tipo de muerte”.) Son múltiples las preguntas que deja abiertas La agonía de la máscara, tanto sobre la intriga como sobre las conversaciones que surgieron entre los personajes. El propio Enrique no esconde su insatisfacción ante el desenlace del caso. Pero esta inconclusión, más que un final abierto, no es otra cosa que la consecuencia coherente de la forma dialógica que predomina en La agonía de la máscara. La novela concluye, no para cerrar el diálogo, sino para dejarlo abierto en manos de los lectores. Así, nos preguntamos: ¿qué relación tiene la imagen que inicia la novela con su historia? ¿Qué le habrá pasado al filósofo? ¿Podrá una máscara revelar en lugar de ocultar? ¿Qué implicacones tiene que el doctor de Enrique quiere que lo internen? ¿De verdad la belleza del sol se asemeja a la mierda de una letrina? Las interrogantes no se dejan a un lado, sino que permanecen al finalizar la lectura.

Queda mucho por decir sobre La agonía de la máscara. Solo una idea más quisiera dejar aquí: de la misma manera en que en este texto se puede leer la histora diacrónica de la novela, puede leerse dentro de ella gran parte de la literatura puertorriqueña. No a través de referencias textuales, sino a través de la relación estrecha y consciente entre forma y contenido. Bayoán se siente en el proceso reflexivo; Zeno Gandía se intuye en el personaje del filósofo; Elvira, en ocasiones, nos es tan lejana e idealizada por parte de los narradores como Marién. La lista continúa.

Una buena manera de empezar el año: con el pensamiento por delante.

El PIP desde la Legislatura

Luego de un año en la Legislatura es preciso repasar e informar en qué consistió la labor de los legisladores del Partido Independentista Puertorriqueño después de dos cuatrienios sin estar representados simultáneamente en ambos cuerpos. El pasado año nos ha permitido trabajar en equipo y coordinación.

En el PIP siempre hemos planteado que nuestra presencia en Senado y Cámara de Representantes tiene como norte contribuir al adelanto de la lucha por la independencia. Para ello es imprescindible levantar firmemente las banderas de la fiscalización y la denuncia de las actuaciones del gobierno a través de la legislación “de mayoría”, presentar legislación de justicia social, de desarrollo económico y de descolonización. De igual forma servimos como voces e interlocutores de múltiples y diversas organizaciones, grupos con importantes agendas que realizan las labores a las que el gobierno ha renunciado o que denuncian y combaten sus acciones conservadoras y retrógradas.

Durante el año 2017 hubo dos eventos que enmarcaron la discusión pública y establecieron la ruta de acción del gobierno y la legislatura. El primero, la puesta en acción de la dictatorial Junta de Control Fiscal y sus mandatos y “vetos a la legislatura”. La segunda parte del año, el huracán Maria devastó el pais y descorrió, para diversos sectores, el velo que cegaba la mirada de la desigualdad social y pobreza que arropa el país.

Al comienzo del 2017 radicamos un grupo de proyectos estableciendo la hoja de ruta de lo que serían nuestras propuestas legislativas. El proyecto descolonizador de la Asamblea de Status, la prohibición del depósito de cenizas, la Ley de Costas, el impuesto a las corporaciones foráneas destacaron entre otras planteadas. De igual forma comenzamos desde la legislatura una oposición férrea a la Junta advirtiendo que sus propuestas al país eran dirigidas a proteger y beneficiar a los intereses de los bonistas norteamericanos a costa de Puerto Rico y, en particular, de la clase media y la clase trabajadora. El ejemplo más burdo fue la radicación y posterior aprobación de la nefasta Reforma Laboral que trastocó gran parte de la legislación laboral liberalizando, entre otras, las causas de despido y empobreciendo aún más al trabajador. Esa reforma laboral, preparada en los bufetes de la milla de oro y expresamente ordenada por la Junta de Control Fiscal en su carta de diciembre, fue el sello de marca de la legislatura como ente sumiso ante los mandatos de la Junta, como lo comprueba posteriormente la discusión y la aprobación del Presupuesto, que necesitó el visto bueno de la Junta al amparo de la Ley Promesa.

Al igual que en el cuatrienio anterior, cuando se aprobó la fatídica Ley 66 bajo el gobierno del PPD, denunciamos y combatimos su extensión y ampliación porque representaba un menoscabo a los derechos adquiridos de los empleados y empleadas públicos(as). Igual oposición y denuncia llevamos a cabo contra la aprobación de las nuevas leyes que privatizan por completo el Sistema de Retiro.

Durante la discusión de la Ley del Plebiscito, desde nuestros escaños, advertimos -y reafirmamos la posición del PIP- que permitir la inclusión del ELA colonial trastocaría el propósito descolonizador del mismo. Dicha advertencia cayó en oídos sordos, convirtiendo el plebiscito en una caricatura colonial con el rechazo amplio de todos los sectores que promueven una verdadera descolonización.

Ante la nefasta acción de la Secretaria de Educación –emulada del cuatrienio anterior– de cerrar escuelas alrededor de todo el pais, desde nuestras oficinas legislativas siempre colaboramos y apoyamos a diversas comunidades escolares en su lucha por mantener abiertas sus escuelas en protección al derecho humano a la educación.

La legislación ambiental presentada este primer año es diversa. A la Ley de Costas le siguieron proyectos como la prohibición de quema de basura, la verdadera prohibición del depósito de cenizas, la legislación para hacer estudios ambientales y de salud en Vieques y Guayama, la prohibición de uso de hierbicidas y la prohibición de uso de envases de “foam” en los comercios. Denunciamos, además, la nueva Ley de Permisos que es contraria al desarrollo sustentable y a la verdadera y ordenada planificación terrenos y espacios.

Como parte de esta labor de fiscalización, radicamos y comparecimos ante la Comision de Derechos Civiles para denunciar el carpeteo cibernético por parte de la Policía de Puerto Rico, en particular por sus acciones en contra de los manifestantes de Peñuelas que luchan contra el depósito de cenizas y contra la lucha de los estudiantes universitarios por una universidad pública y en defensa de su presupuesto. Desde la Cámara, nos expresamos con firmeza frente a diversas medidas que expresamente atentaban contra los derechos humanos de múltiples sectores.

Trajimos a la discusión pública, precisamente, temas y problemas que afectan la diversidad de nuestra sociedad al generar  cuestionamientos y legislación. Desde la oficina del Senador Juan Dalmau se trabajó el tema del lenguaje de señas y su importancia para la comunidad sorda que provocó legislación aprobada en ambas Cámaras y que está a la espera de la firma del gobernador para convertirla en ley. Desde la Cámara auspiciamos un foro para discutir nuevas ideas de políticas públicas sobre las víctimas de delitos en Puerto Rico junto a la organización ALAPAS, que sirvió para concienciar sobre el tema y ofrecer herramientas para presentar legislación próximamente. Gracias al trabajo realizado el cuatrienio pasado por la senadora María de Lourdes Santiago le dimos continuidad a varias de sus propuestas como el tema de la enfermedad de Huntington, logrando la aprobación de una ley de concienciación sobre la misma.

A raíz del huracán María, nos dimos a la tarea  de recorrer la isla y visitar comunidades para conocer de primera mano la devastación física, social y humana. Desde la Cámara nos vinculamos con el trabajo de apoyo que varias iglesias, la Universidad y las comunidades brindaron a diversas familias en la zona de Río Piedras. Junto a la Dra. Nellie Zambrana de la Facultad de Educación de la UPR-RP desarrollamos el Proyecto Alegría para la Niñez llevando talleres y materiales educativos a comunidades alrededor de Puerto Rico, desde el barrio Guayobata en Yabucoa hasta Indiera Alta en Maricao.

La destrucción de miles de viviendas tras el huracán provocó que iniciáramos una colaboración con los arquitectos Edwin Quiles y Elio Martínez para búsqueda de alternativas legislativas reales en apoyo a diversas comunidades. De igual forma, denunciamos la crasa negligencia de la alta gerencia de la Autoridad de Energía Eléctrica y las amenazas de privatización. Apoyamos a las comunidades sin energía eléctrica y a las comunidades escolares que lucharon por que se abrieran sus escuelas luego del huracán. Contribuímos, además, a la discusión seria del tema de energía renovable a través de un foro con catedráticos de la UPR-Mayagüez, auspiciado por nuestra oficina.

Lo antes planteado es parte de la labor que realizamos desde los espacios legislativos del PIP durante el 2017. Este año seguiremos legislando, fiscalizando y denunciando con más ímpetu ante la quiebra económica de la colonia, ante la concreta realidad del rechazo a la estadidad. Nuestra invitación al diálogo, a la búsqueda de un camino para la descolonización seguirá vigente como también nuestro compromiso con la justicia social y la solidaridad. Desde la legislatura continuaremos batallando y contribuyendo a una verdadera transformación hacia una sociedad equitativa, justa y productiva.

El autor es representante del PIP en la Cámara.