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La Junta, la UPR y los $450 millones del recorte presupuestario

Hasta ahora, nadie en Puerto Rico ha descifrado públicamente el misterio que ocultan los $450 millones que la Junta de Control Fiscal le exige recortar de su presupuesto a la Universidad de Puerto Rico (UPR). ¿De dónde salió esa cifra? ¿Sale de algún estudio hecho por alguien aquí o en Estados Unidos? ¿Quién o cómo se llegó a la conclusión de que esa debe ser la cantidad exacta que la UPR debe recortar de su presupuesto para contribuir a cuadrar las finanzas públicas del País?

El presidente de la dictadura fiscal impuesta desde el norte, José Carrión III, dice que el recorte al presupuesto universitario, por la cantidad estipulada por el organismo, no es negociable. Lo dice en la misma oración dónde se expresa entristecido y preocupado por la situación de la UPR, como si de verdad pensara que alguien en Puerto Rico va a creer que a él, o a cualquiera de los miembros del ente federal, o del Congreso de Estados Unidos, le importan la suerte de la universidad pública en nuestro país.

Como no hay un estudio que explique cómo se llegó a la cantidad a recortar del presupuesto universitario, ni tampoco explicación a la actitud intransigente del presidente de la Junta Imperial ante el asunto, desde CLARIDAD lanzamos una teoría para tratar de entender el ¿por qué $450 millones y por qué a la UPR?

Desde que se aprobó la ley PROMESA, la Oficina de Presupuesto del Congreso de Estados Unidos (CBO, por sus siglas en inglés) anticipó, según informes de prensa, que el costo mínimo de la habilitación y operación de la Junta de Control Fiscal, que lo paga el pueblo de Puerto Rico a través del erario, sería de aproximadamente $370 millones en el período entre 2017 y 2022, que comprende el mínimo de cinco años en que funcionaría la Junta. En los partes de prensa, se dijo que el costo sería de $200 millones el primer año, $150 millones el segundo y $5 millones anuales del tercer al quinto año.

Pero todo parece indicar que, una vez implantada e iniciadas las operaciones, los costos de la Junta de Control Fiscal van a superar considerablemente el estimado inicial. En un artículo de prensa reciente, se advierte cómo se van a disparar los costos de la Junta a partir de la puesta en vigor del Plan Fiscal presentado por el gobernador Ricardo Rosselló. Según los números ofrecidos en dicha información periodística, a principios del mes de abril de este año, los puertorriqueños y puertorriqueñas ya le habíamos desembolsado $22 millones en fondos para el financiamiento de las operaciones del ente fiscal federal. Esto, a razón de $2 millones mensuales desde la firma de PROMESA el 30 de junio de 2016. Pero el articulista asegura que para el próximo año fiscal se proyecta un aumento de $24 millones adicionales para la Junta, lo cual sería un impacto de $48 millones anuales, en lugar de los $24 de este año.

Una mirada somera a los contratos otorgados por la Junta hasta ahora, podría ofrecer una clave de cómo una cosa es lo que se proyectó inicialmente y otra lo que ha ocurrido y ocurrirá en la realidad. Entre diciembre de 2016 y mayo de 2017 (5 meses), se le pagarían $3.75 millones en asesoría estratégica a McKinsey & Company, firma donde trabaja el llamado oficial de revitalización recomendado por el exgobernador García Padilla y reclutado por la Junta, Aaron Bielenberg. Por lógica, puede deducirse que este contrato se seguirá extendiendo indefinidamente, toda vez que Bielenberg aún no ha revitalizado nada. A razón de $3.75 millones cada 5 meses, o sea, $750,000 mensuales, al cabo de los cinco años (60 meses) le habremos pagado a McKinsey cerca de $45 millones.

Lo mismo ocurre con todos los demás contratista, y sume y siga: $750 la hora a la asesora ética y con los conflictos éticos que ya existen o los que puedan surgir, seguramente no se escatimará en la facturación por estos servicios. Citigroup, asesor de restructuración, recibe $250,000 mensuales como parte de un contrato que le garantiza $10 millones cuando se complete la reestructuración de la deuda. Hay varios asesores legales que cobran tarifas por hora, que van desde $100 hasta $1,000 la hora, dependiendo de la jerarquía del abogado y la importancia del asunto. No se puede hacer un estimado certero de cuántas horas de asesoría legal se facturarán pero puede presumirse que serán miles. Por evaluar la situación financiera del gobierno de Puerto Rico Ernst &Young facturará $385,000. Por viajar regularmente entre Ucrania y Puerto Rico como directora ejecutiva de la Junta, le pagaremos a Natalie Jaresko $625,000 anuales, más gastos. A millón por año, siendo conservadores, Jaresko nos costará $5 millones en 5 años. Forculus, la agencia de relaciones públicas de la Junta, debe estar al palo con la facturación, que les reporta entre $75 y $200 por hora, más gastos, desde hace varios meses.

Hay muchos otros renglones y personal contratados pero sus costos son una minucia si se comparan con los ya mencionados. Eso sí, el renglón de alquiler, con oficinas en San Juan y Nueva York, y de seguridad, tanto privada como de la Policía de Puerto Rico, así como los viajes entre una ciudad y otra, las estadías y las dietas, serán áreas de creciente facturación durante los próximos 5 años, por lo cual puede estimarse que la operación total de la Junta Fiscal y todos sus “alicates” excederá con creces los $370 millones estimados por la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO).

Dada la precariedad de las agencias de la Rama Ejecutiva y de ciertas corporaciones públicas, muchas de las cuales ellos quieren enderezar para privatizarlas, lo más lógico es asegurar que las remesas a la Junta para el pago de sus operaciones y contratos salgan de otra fuente. ¿Sería descabellado, entonces, concluir que los $450 millones recortados al presupuesto de la Universidad de Puerto Rico se asignen hacia esos fines? Sean ustedes, lectores de CLARIDAD, los jueces de este asunto.

Sucumbe al abandono la Central Coloso en Aguada

Por Juanma Hernández

Especial para CLARIDAD

La Central Coloso en Aguada se cae en pedazos. La instalación, declarada edificación histórica por el Instituto de Cultura Puertorriqueña y el gobierno a través de la ley #275 del 18 de agosto de 1999, concedió su última zafra en 2001 y desde ese momento se ha detenido en el tiempo. La Central Coloso se alza erguida desde su fundación en 1830 como Hacienda Caño las Nasas y en 1875 se convirtió en la segunda central azucarera establecida en Puerto Rico; al cambiar los antiguos métodos de extracción  por modernos molinos de vapor. Es ahí cuando pasamos de los trapiches a “centralizar” el proceso a escala industrial en estas fabricas de azúcar.  Además, la central ha sido utilizada como escenario cultural, filmándose allí el cuento “Bagazo”, de la película puertorriqueña: Los cuentos de Abelardo en 1989. La importancia de Coloso resulta colosal, y se sostiene aún más su protección al estar ubicada en una reserva agrícola cobijada por la ley #142 del 4 de agosto de 2000.

Reconociendo la innegable importancia que carga este gran patrimonio de nuestra cultura puertorriqueña, exhorto a que se adopten medidas que preserven lo que queda de la estructura y las maquinarias. Que sea esta carta un llamado a que se una el gobierno, el Instituto de Cultura, el Fideicomiso de Conservación y otras organizaciones incluyendo al Pueblo de Puerto Rico para evitar que continúe el deterioro de la central y rescatarla de su estado ruinoso. Peor suerte corrieron las centrales Plata en San Sebastián, Cambalache en Arecibo, Lafayette en Arroyo, Mercedita en Ponce y Roig en Yabucoa. Donde único en Puerto Rico tenemos algún ejemplo de un “Company Town” es en la Central Aguirre en Salinas. Allí su hotel abandonado, cine, campo de golf, hospital y otras estructuras tienen sus placas del Instituto de Cultura otorgándole categoría de Patrimonios Históricos, – en ingles “ Historic Landmark” – tostándose al sol sin cuidado alguno.

¿Para qué se les considera patrimonio histórico y luego se abandonan? Teniendo tanto potencial de restauración, protección  y desarrollo del turismo  tanto externo como local, sin mencionar el valor educativo para nuestra y futuras generaciones, ¿por qué no mantenerlas, cuidarlas, protegerlas? Esto puede resultar en un Proyecto que últimamente incida positivamente en nuestra también deteriorada economía, siendo un lugar que seguramente será visitado por muchos, desde turistas hasta estudiantes de todas las edades. ¡Imaginen el valor educativo que se potencia! La Hacienda Buena Vista en Ponce, Hacienda La Esperanza en Manatí y el parador Guánica 1929 que fue parte del complejo de la Guánica Central son vivos ejemplos de ello y de que se puede lograr un cambio positivo.

El tema de las Centrales azucareras y la caña está tan arraigado en nuestra cultura que lo encontramos en nuestra música folclórica. Se escuchan plenas populares como Tintorera del mar; …que se comió el abogado de la Guánica Central. El Sonero Mayor Maelo nos cantaba que Perico estaba comiendo caña en la vía, y no oyó el tren. En títulos de nuestra literatura como La llamarada y Tiempo Muerto también aparece el tema al igual que en obras de nuestros pintores maestros como Tufiño,Lorenzo Homar, Myrna Báez y Francisco Oller. Es tan fuerte que está inmerso en nuestra lengua y se cuela en palabras de nuestras conversaciones, por ejemplo: trapiche, bagazo, noria, zafra, tiempo muerto, llamarada,  chimenea, guarapo, maví , melao, machete, caldera  o molino. Tiene todo los atributos para que se le atesore y se le tenga un museo dedicado a su preservación e importancia histórica ya que ha confeccionado gran parte de lo que es ser puertorriqueño.

Oscar llega repartiendo abrazos

Durante el encarcelamiento que se prolongó por 35 años Oscar López Rivera no tuvo muchas oportunidades para repartir abrazos. En aquel ambiente diseñado para el castigo el amor y la hermandad estaban absolutamente racionados, como una manera de castigar. Para alguien como Oscar esa privación debió haber sido uno de sus peores tormentos.

Tal vez por eso ahora, porque tiene tantos abrazos acumulados a lo largo de más de tres décadas de privación, los reparte con prodigalidad. Y no te abraza alguien que, cargando 74 años de edad combinados con 35 de prisión, debiera tener sus carnes flácidas y la barriga fofa. El que tiende sus brazos fuertes es el pequeño cuerpo de un atleta, sólido y fibroso. Abraza con energía, como queriendo trasmitir en unos segundos el cariño pacientemente guardado por tantos años.

Barack Obama dejó para el final de su mandato la orden que le conmutó la sentencia al héroe boricua. Muchos ya habíamos perdido la esperanza al ver que se acercaba el 20 de enero de 2017 sin que llegara la alegría. Oscar, sin embargo, esperaba tranquilo, siguiendo su rutina en prisión con la misma paciencia que antes habían desplegado otros grandes.

¿Por qué te excarcelaron?, le pregunté el sábado en la tarde cuando ya respiraba el aire de Santurce y con la pasmosa tranquilidad de siempre esperaba la llegada del 17 de mayo, día de su excarcelación definitiva. “Porque Puerto Rico nunca olvida a sus presos”, dijo como si decretara una sentencia.

Relató entonces la lucha que se dio en la Isla y entre los boricuas de Estados Unidos que condujo en 1979 a la excarcelación de los patriotas nacionalistas Andrés Figueroa Cordero, Lolita Lebrón, Rafael Cancel Miranda, Oscar Collazo e Irving Flores. Aquella presión, en la que desde Chicago participó activamente el propio Oscar, atrajo la solidaridad mundial que finalmente condujo a la orden de excarcelación suscrita por el presidente James Carter.

Pocos años después,  sigue relatando Oscar, comenzó la lucha por la liberación de los patriotas vinculados a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN) entre los que estaba él. La presión desde Puerto Rico y desde los barrios nuestros en Estados Unidos fue otra vez grande, también con impacto internacional,  hasta que el presidente Bill Clinton firmó la excarcelación en 1999.

La lucha siguió por los que quedaban en prisión con el desenlace que ya conocemos. Oscar conoce y aprecia el esfuerzo que en su caso se hizo desde distintas partes del mundo; desde la siempre solidaria Cuba, desde Venezuela y tantos otros lugares, así como la participación importante de figuras religiosas como Desmond Tutu y el Papa Francisco.  Pero centraliza el esfuerzo en el pueblo puertorriqueño porque es consciente que si aquí no se hubiese desarrollado la lucha que envolvió a prácticamente toda la sociedad, difícilmente los del exterior se hubiesen movilizados.

“Puerto Rico no olvida a sus presos”, repite y compara su situación con la de los luchadores afro estadounidenses que, a pesar de la fuerza política que sin duda tiene esa comunidad y de la ubicación estratégica en el gobierno y en la economía de muchas de sus figuras, no ha logrado excarcelar a un grupo grande de prisioneros que ahora mismo extinguen condenas superiores a la que él extinguió. Como los tiene presente en sus pensamientos, uno por uno fue nombrando a los dirigentes del Black Panther Party que permanecen en prisión, algunos desde hace más de 45 años, sin perspectiva de que puedan dejar los barrotes atrás como fue su caso. Lo clave para que finalmente se lograra su liberación y para que Barack Obama la firmara estando ya de salida, fue que nuestro pueblo nunca lo olvidó. De ahí su agradecimiento.

De sus tiempos en prisión Oscar recuerda con cariño los años que compartió con Fernando González Llort, uno de los “Cinco héroes” cubanos que cumplieron largas condenas en Estados Unidos, acusados de espionaje por luchar en la Florida contra grupos terroristas que conspiraban contra Cuba. Fernando y Oscar compartieron la misma celda durante cuatro años, de 2008 a 2011. “Fueron mis mejores años en la cárcel”, dice. Por primera vez gastaba sus horas en buena conversación con otro antillano que, como él, llegaba a la prisión por ser fiel a sus ideas revolucionarias.

Nos cuenta que con ayuda de Fernando pudo elaborar un aparato de radio, rudimentario pero efectivo, que les permitía captar las ondas que llegaban desde el entrañable Caribe de donde ambos provenían. Era un aparato construido a partir de uno convencional que, eficientemente alterado y auxiliado por un cable colocado en la reja carcelaria, permitía que voces puertorriqueñas y cubanas llegaran hasta aquella fría prisión del medio oeste estadounidense. Aquel junte antillano terminó abruptamente en 2012 cuando el revolucionario cubano fue trasladado a una prisión ubicada en Arizona. Pero Oscar se quedó con la radio con la que siguió escuchando voces entrañables que llegaban desde Puerto Rico.

Desde el pasado 9 de febrero Oscar ha estado fuera de la celda. Hasta el pasado 17 de mayo estuvo en virtual arresto domiciliario, aunque en la mejor de todas las “prisiones” posibles, el apartamento santurcino de su querida Clarisa. Llegó allí con un grillete electrónico que vigilaba sus movimientos, pero que no le impidió volver a escuchar otra vez el sonar de un coquí y correr al balcón del apartamento en la primera madrugada para ver las estrellas. Ahora que finalmente terminó su condena carcelaria aclara que no sale a la “libertad” sino que solamente ha sido excarcelado. Nadie viviendo en una colonia puede ser libre y él aclara que no lo es ni lo será hasta que la condena de su patria termine.

Como una vez contó sus años un exprisionero de las cárceles franquistas, el poeta Marcos Ana, Oscar tiene 74 años de edad, pero tan sólo 39 de vida. Los otros 35 no los vivió plenamente y, como el poeta español, no puede considerarlos como vividos. Pero sale de prisión con la moral intacta y lo suficientemente saludable para seguir luchando. Preguntado cómo se visualiza aclara que sólo “quiere dar un mensaje de amor” y un aviso “de que se puede”.  Desea que en el futuro los puertorriqueños pudiéramos “luchar juntos” en un mismo movimiento o frente que nos permita avanzar hacia la terminación del coloniaje. Durante los años que le quedan, que a juzgar por su cuerpo fibroso serán muchos, estará en la lucha diciéndonos con su ejemplo que sí se puede.

Entrevista a Oscar López Rivera: «Luchar no puede ser un ejercicio fútil»

Especial para Claridad

17 de enero de 2017. Mientras muchos de nosotros apenas podíamos concentrarnos en los asuntos cotidianos, pensando obsesivamente en el frágil e infausto destino de Oscar López Rivera, el ex prisionero político pintaba apaciblemente en la prisión de Terre Haute Indiana.

Un guardia penal lo llamó para informarle que tenía una llamada a las 3:30PM. Cuando llegó la hora, Jan Susler, su abogada, le dio la noticia: «Oscar, el presidente Obama acaba de conmutar tu sentencia». López Rivera se quedó tranquilo. «¿Cómo te sientes, Oscar? ¿No estás alegre?», le preguntó Susler. «Me siento igual que ayer, igual que siempre», le contestó él.

Fueron demasiados años preparándose emocionalmente para el peor de los escenarios. Eso tal vez explica por qué no se sintió inmediatamente eufórico con la noticia de su liberación física.

Mientras tanto, en Puerto Rico, nos íbamos enterando poco a poco y por diversidad de medios. Hubo llantos colectivos, abrazos sentidos, miles de mensajes de textos, las redes sociales se volcaban emotivamente con la noticia. Esa noche se celebró por todas partes. Los pleneros se juntaron en varias plazas, en distintos puntos de la ciudad las amistades se encontraban para celebrar. Y Oscar López seguía apacible. Tal vez no se lo creía.

Vino a internalizarlo realmente el día que le abrieron las puertas de la cárcel. Lo primero que lo sorprendió de la libertad fue el tremendo espacio físico que se abría ante él. «El día 9 de febrero, estoy en un salón de espera en la prisión y me dicen ‘llegaron’. Clarisa es la primera que sale del carro  y nos encontramos pero para mí lo primero fue la cuestión del espacio, porque cuando uno está preso está en un espacio bien limitado, entonces de momento uno empieza a ver espacio sin ninguna limitación, es algo bien liberador. Ellos están hablando, yo los estoy escuchando pero ahora no hay verjas, no hay murallas interviniendo, ahora no hay nada».

Cuando llegó al inmenso aeropuerto de Indianapolis, de nuevo lo sorprendió la holgura extrema de aquel lugar. «Pero ahora venía acompañada de gente, casi nadie hablando sino texteando. Es algo bastante diferente. No estoy acostumbrado a esto».

Su primera noche en San Juan fue recibido por un coro de coquíes santurcinos, seguidos de madrugada por un cantío de gallos. «Son experiencias bien lindas, al día siguiente me levanté bien tempranito, como a las cuatro y cuarto y empiezo a mirar el cielo, había bastante aire fresquecito, miré las estrellas, y de nuevo pues son experiencias bastantes lindas, pues oí coquíes, oí gallos, yo hacía 35 años que no oía un gallo».

Una de las cosas que más lo impresionaron desde el primer día fue el aburguesamiento (gentrification) de los barrios populares de Santurce. «Yo en el clandestinaje viví como cuatro meses entre la San Jorge y la Loíza. Cuando llegué no lo conocía. Cuando me dieron permiso para correr vi la ‘gentrificación’. El que no ha vivido la gentrificación no sabe lo dañina que puede ser para el pueblo puertorriqueño. La primera comunidad en Estados Unidos que se gentrificó fue una comunidad boricua en Chicago, Lincoln Park. Ahí nació  y se crió Luis Gutiérrez y las  hermanas Rodríguez hasta 1969».

El Puerto Rico que recibe a Oscar López Rivera tras una lucha que muchas veces pareció imposible, es posiblemente el Puerto Rico más difícil de la modernidad. Pero Oscar dice que es un hombre que gusta ver el lado bueno de las cosas y rápido contesta que la crisis puertorriqueña tiene elementos positivos. «El tema de la descolonización está mucho más claro que hace diez años».

Y lo de la Junta, «eso venía», dice y, acto seguido, se adentra en un relato ávido y elocuente, evidentemente muy bien estudiado, sobre cómo este desenlace se viene cuajando, calculando, desde los años setenta.

«En el 1971, los billonarios en Estados Unidos decidieron tomar las riendas del poder de una forma diferente», cuenta Oscar. «Decían que había demasiada democracia. Era la época de David Rockefeller. Crearon los think tanks que a su vez crearían las estrategias para proyectarse veinte años hacia el futuro. (El presidente) Reagan desregula la banca y comienzan a nacer los hedgefunds y los procesos (financieros) usureros. Comienzan los payday loans y, simultáneamente, procesos de globalización como NAFTA. Se puede decir que es el neoliberalismo en todo su esplendor. Antes, las familias podían vivir con un solo sueldo. Del 1976 en adelante, con la situación económica comienzan a tener que trabajar todos en la familia, esposa, hijos. Se desmantela el sindicalismo. Los Right to Work Laws eliminan o minimizan dramáticamente los sindicatos. Por otro lado, la delincuencia empieza a aumentar, se da el fenómeno de la vida en el guetto. En 2007 aparece un artículo de John Polson, entonces secretario del Tesoro de George Bush y hedgefunder en Puerto Rico. Hace mucho tiempo aprendí a ‘follow the money’. Siempre he seguido el dinero. Apartamentos para la venta en dos millones de dólares, eso no es para puertorriqueños. Todo esto ha sido planificado. No es casualidad».

Para Oscar siempre fue obvio que, en Puerto Rico, «siendo colonia, era donde peor estarían las condiciones. Rosselló (padre) empieza a privatizar», recuerda. «Los Koch Brothers, un club de millonarios, buscaron conformar el poder con legislaturas municipales y estatales bien conservadoras. Por todo Estados Unidos lo hicieron así. Con ese fenómeno comienza la posibilidad de que un Trump llegue al poder. Empezaron temprano y todo fue minuciosamente calculado. Ahora tenemos un presidente cuya política pública es la del racismo. Trump y el racismo en ese país ilustra lo sofisticado del trabajo que hicieron».

Si no se hace nada, el destino de Puerto Rico será el de las reservaciones indígenas en Estados Unidos, dice López Rivera. Ha salido poco pero ya se ha percatado de la proliferación de extranjeros estadounidenses por todas partes, especialmente en pueblos como San Juan, Isabela, Rincón, etc. «O una reservación indígena  o un Hawaii, un Alaska..».

Sin embargo, existen condiciones para impedirlo, insiste.

«Es un momento de grandes retos que se puede aprovechar. Viendo el primero de mayo, fue positivo. Hay un entusiasmo por la lucha. Creo que es posible trascender el kioskismo, el protagonismo. Hay un denominador común, que es la descolonización de Puerto Rico. Hace falta armar una carpa amplia donde quepamos todos los que amamos esta patria».

Confiesa que gran parte de su entusiasmo viene, por supuesto, de la lucha estudiantil. «Muy entusiasmado con la lucha de esos estudiantes», dice. «Los estudiantes son el futuro de la patria».

Al señalársele las resonancias de la lucha estudiantil actual con el escenario desesperante y represivo de la época de los 70, cuando él luchaba en Chicago, así como cierto desafío de la legalidad como modo de lucha de algunos grupos aunque muy distintos y menos organizados que entonces, se queda pensativo unos segundos.

«Luchar no puede ser un ejercicio fútil. Cuando uno es joven, come fuego, comete errores y son costosos. A veces se necesita experiencia. Si vamos presos, nos amarran, los sacas de circulación. Y la cárcel puede romper. O puedes salir débil. La lucha tiene que hacerse con cuidado. Depende de cuán bien preparados estemos en ese momento. Cuando veo a (Héctor) Pesquera me preocupa mucho. Esto no es accidental. Tiene acceso a agentes provocadores. Él puede halar a toda una agencia (FBI) con todos sus vicios: matar gente, meter gente presa, reprimir».

Lo que logró la figura de Oscar López en Puerto Rico ha sido arrollador. Todo el mundo coincide en que no ha habido una causa tan unificadora como la de su excarcelación probablemente desde Vieques. Su capital político es inmenso. Probablemente de las personas más admiradas y respetadas en el país. Qué va a hacer con eso, preguntamos. ¿Dónde pondrá ese capital de resistencia, valentía y dignidad?

Nuestro ex prisionero político contesta y, al final de la entrevista, fuera de récord, lo reitera otra vez, casi en un murmullo, casi por si acaso: «Yo lo único que sé hacer es luchar. Mi compromiso no para hasta el último suspiro».

La cumbre de Trump con Santos, otra guarimba contra Venezuela bolivariana

Por Horacio Duque

Para el jueves 18 de mayo está previsto el encuentro entre D. Trump, el Presidente gringo, con Juan Manuel Santos de Colombia.

Será una peligrosa reunión de 60 minutos en la que se cocinaran cosas muy tenebrosas contra los pueblos de América Latina y especialmente contra la Venezuela bolivariana que lidera el Presidente Nicolás Maduro, sometida a una infernal terapia imperialista de destrucción mediante la guerra económica y el grotesco golpe blando.

Formalmente la reunión tiene una agenda con dos puntos centrales: el proceso de paz con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) cuya implementación supuestamente ha recibido un apoyo presupuestal del fisco norteamericano equivalente a los 400 millones de dólares, y el tema de los cultivos de coca, los cuales se han incrementado, abaratando los precios de la cocaína en los mercados mundiales, con consecuencias bastante dañinas por el ingreso de consumidores de capas populares adictas al crack y el bazuco. Serán más millones de sopladores en las capas sociales más bajas.

Pero la almendra de la reunión, obviamente, será Venezuela y los avances del plan contrarrevolucionario para destruir y abolir las conquistas populares alcanzadas durante el gobierno del Presidente Chávez y del actual mandatario Nicolás Maduro.

Trump y Santos son dos reconocidas fichas de una oligarquía criminal que sabe poco de escrúpulos y dispuesta a todo para impedir que el pueblo de Venezuela salga adelante en su objetivo de superar el saqueo imperial de la riqueza petrolera y construir una democracia avanzada con plenos derechos políticos para las grandes mayorías.

Santos llega a la cita con pasos previos y movidas bien calculadas, propias de su estilo matrero y felón, para acelerar el colapso del Estado venezolano y el derrumbe del gobierno de Maduro.

Hace algunos años, el Presidente Colombiano, presionado por la crisis desatada por el oscuro y delincuencial periodo de Uribe Vélez dio un giro para declararse el “mejor amigo” de Chávez. Cambio sorpresivo cuyo único objetivo era despejar las enormes presiones desatadas desde la frontera binacional causadas por el descarado intervencionismo del régimen parapolítico uribista.

Hoy, calcula el señor, los vientos y los recursos son otros. La Venezuela bolivariana es insoportable, es una anomalía que se debe extirpar a como dé lugar.

De nuevo gran actividad en las 8 bases militares imperiales ubicadas estratégicamente en territorio colombiano para operar y agredir a todo vapor. De nuevo militarización y paramilitarización de la frontera con Venezuela.

A fondo la guerra económica y la ofensiva mediática de Paracol, Semana y El Tiempo.

Alerta, pues, el pueblo venezolano y su dirigencia política con esta reunión en Washington. Una cumbre guarimbera para acelerar el fin de la Revolución Socialista Bolivariana, con guaya incluida.

Con Santos no hay para qué irse con rodeos o por atajos. Se le debe enfrentar con toda la contundencia de la voluntad popular revolucionaria.

Esta semana ocurrirán grandes manifestaciones y acciones populares contra el régimen de la Casa de Nariño. Maestros, trabajadores estatales, madres comunitarias, jueces, pobladores del Chocó, de Buenaventura (en el Pacífico), cocaleros, campesinos, movimientos de derechos humanos, ciudadanos inconformes con Bolardo Peñalosa, el alcalde Bogotano y otros grupos sociales iniciaran grandes movilizaciones de repudio a las estrategias neoliberales y de exigencia de cumplimiento de acuerdos desconocidos por las camarillas oligárquicas.

Además, la sociedad civil está en movimiento a raíz de las dificultades por las que atraviesa el proceso de paz con las Farc. Santos hace trampa, incumple, quiere renegociar los consensos e imponer paquetes regresivos en los diversos temas consensuados para poner término a una prolongada guerra civil que aún mantiene zonas en agudo conflicto por la falta de voluntad politica en los diálogos con el ELN.

El pueblo de Colombia necesita el apoyo internacional en estos momentos críticos de su historia, en que debe enfrentar el peor de los gobiernos plagado de saqueos, robos a los presupuestos públicos (Reficar, Saludcoop, Regalías petroleras y mineras, en construcción de dobles calzadas, en las contrataciones agrarias fraudulentas, en la salud de los maestros); responsable de un sistemático plan para acribillar líderes sociales (van casi 200 en los últimos meses) y asesinar los guerrilleros ubicados en las Zonas Veredales transitorias; y promotor y protector de una clase politica lumpenesca.

Los colombianos saben de la enorme capacidad solidaria de la Venezuela bolivariana. Durante décadas, su Estado ha dado acogida generosa a millones de ciudadanos que han debido abandonar sus familias, sus tierras, sus trabajos, sus viviendas por causa de la violencia desatada por la criminal oligarquía dominante en Colombia.

Reproducido de www.rebleion.org

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