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Voluntad de ser

Opiniones sobre el sentido de la libertad hay muchas, pero quizás pocas tan precisas y concisas como la del escritor francés Paul Nizan cuando expresa que, “la libertad es un poder real y una voluntad real de querer ser uno mismo”. (Paul Nizan, Aden Arabia, Ediciones Paradigma, Barcelona, 1991, p. 103).

Ignorando, o quizás por el contrario muy consciente de la conocida dicotomía de Benjamin Constant entre la libertad de los antiguos y la libertad de los modernos –que llevó a Rousseau a lamentarse de que “los hombres políticos antiguos hablaban de las buenas costumbres y de la virtud continuamente; los nuestros no hablan más que del comercio y del dinero.” (Ver Umberto Cerroni, Introducción al Pensamiento Político, Ed. Siglo XXI, 27 ed., México, 2004, p. 10); y a Francisco Umbral, a preguntarse si el individualismo es una conquista o una perversión de la cultura (Francisco Umbral, Mortal y Rosa, ed. Destino, Barcelona, 1975, p. 120); lleva al autor de Aden Arabia a inquirir si el hombre no será nunca otra cosa que un personaje histórico:

“Siempre se me ha dejado creer que los hombres tenían espesor; creo que hay algo que les impide ser opacos como auténticos hombres, como esos de los que se habla, por ejemplo, en la Historia, en la poesía. Por lo tanto, ¿el hombre no será nunca otra cosa que un personaje histórico?” (Nizan, op cit. p. 137)

Ahora bien, soslaya Nizan, que el sujeto al cual se refiere en su ensayo Aden Arabia, no es cualquier hombre, es un hombre colonizado. Y para un colonizado, la libertad lejos de ser la voluntad de querer ser uno mismo, es justo lo contrario, el deseo de convertirse en su némesis.

Albert Memmi, en su Retrato del Colonizado, afirma que: “La primera tentativa del colonizado es cambiar de condición cambiando de piel”. Y añade que “Para [el colonizado] asimilarse, no es suficiente despedirse del propio grupo, es preciso penetrar en otro: entonces encuentra el rechazo del colonizador”. (Retrato del Colonizado, Ed. de la Flor, Buenos Aires, 1973, pp. 126 y 129).

J. A. Obieta Chalbaud, ha definido como alienación étnica, al fenómeno por el cual una persona o grupo pierde consciencia de su propia identidad étnica y de su pertenencia a un pueblo determinado. (El Derecho a la autodeterminación de los Pueblos, Ed. Universidad de Deusto, Bilbao, 1980, p. 41).

Este rechazo al colonizado por el colonizador se hace más evidente en la medida en que lo considera un extraño que no comparte su mismo idioma, cultura e idiosincrasia. El aspirante a la asimilación debe ser consciente de que “una cosa es lo que uno piense que es y otra cosa es la idea que los demás tienen de nosotros”. (Joaquín Blanco Ande, El Estado, la Nación y la Patria, Ed. San Martín S.L., Madrid, 1985, p. 270).

Esto necesariamente nos retrotrae al fenómeno de las dicotomías tan omnipresentes en una situación colonial, donde el hecho formal es sobrevalorado y el hecho material obviado. Así ocurre que la Nación, construcción natural surgida y desarrollada al calor de los anhelos y desvelos de generaciones de puertorriqueños, es contrapuesta a una ciudadanía impuesta en 1917. Así por ejemplo, en un plebiscito, un ciudadano norteamericano en Puerto Rico – independientemente de su origen, identidad y compromiso con Puerto Rico es considerado sujeto legítimo para elegir el futuro destino político de la nación puertorriqueña. ¿Sería ilógico pensar hacia quién estaría la lealtad de un ciudadano norteamericano naturalizado en una elección entre la anexión o la independencia?

Rafael Garzaro lo expone con meridiana claridad:

“Los únicos verdaderamente interesados y conscientes de la situación que se les consulta son los que la están viviendo. Los que la siguen de lejos o que la viven a cierta distancia porque no son parte natural de esa población, no tienen la misma consciencia que los directamente afectados por los resultados… la adquisición artificial de derechos plenos (naturalización) tampoco impregna a los individuos de ciertos elementos que solo los nativos poseen. Aunque las leyes establezcan una paridad entre naturales y naturalizados las diferencias profundas subsisten. Por ley, se puede adquirir la ciudadanía, pero no la nacionalidad” (“Plebiscito y Referéndum” – 50 Revista del Colegio de Abogados de Puerto Rico, 1989, p. 7).

A diferencia de una ciudadanía por naturalización, una Nación no es el resultado de un contrato o de una convención. Ya desde la Antigüedad quedó establecida la diferencia entre la sustancia (en este caso la Nación) y el accidente –que no forma parte de la sustancia. Al imponérseles a los puertorriqueños la ciudadanía norteamericana en 1917, en contra de la voluntad de sus legítimos representantes (Cámara de Delegados y Comisionado Residente) ya la Nación Puertorriqueña estaba formada.

No hubo consulta a los puertorriqueños en 1898, en 1917 se conculcó el deseo expreso de sus legítimos representantes, en 2016 se nos impuso unilateralmente el régimen PROMESA y ahora se impone el territorio como supuesta opción en un plebiscito que irónicamente se titula “Ley para la Descolonización Inmediata de Puerto Rico”.

Tratándose en rigor el derecho a la autodeterminación de “un derecho humano colectivo, cuyo sujeto directo e inmediato es el Pueblo en cuanto colectividad”, y siendo “pues el Pueblo como tal, y no cada una de las personas que lo constituyen, el que posee el derecho de autodeterminación” (J. A. Obieta Chalbaut, op. Cit, p. 89). ¿Cabría una generación dada el derecho a la disolución de una Nación? Y si como afirma Paul Nizan, “la libertad es un poder real y una voluntad real de querer ser uno mismo, ¿Se obtiene la libertad renegando de nuestra nacionalidad? ¿Intentando cambiar de piel como dice Memmi?

En definitiva, no podemos concebir la descolonización como desnacionalización.

Será otra cosa: El camino que lleva a Roma

En un avión, observé quizás una de las escenas más conmovedoras que he visto en mucho tiempo. Unas hijas llevaban a su madre a una audiencia con el Papa Francisco al Vaticano. No soy religiosa. No puedo entender el interés de nadie de ir a ver al Papa Francisco. No comparto la devoción de mi madre, que sí lo hubiera hecho encantada de la vida. Voy a ver el Papa, como voy a ver al Dalai Lama es una oración imposible para mí.

Lo cierto es que no me mueve hablar del Papa Francisco, sino de esas hijas que llevaban a su madre a cumplir lo que tal vez era el sueño de su vida. Nada de particular tendría mi historia si no les cuento que la madre padecía la enfermedad de Huntington. Es una enfermedad hereditaria que provoca el desgaste de algunas células nerviosas del cerebro. Los síntomas son terribles: movimientos descontrolados, problemas de movilidad, dificultad para hablar, comer, tragar. Incluso, pérdida de la memoria.

La madre estaba en un estado bastante adelantado de la enfermedad. Así que las hijas debían hacerse cargo de todo: moverla en silla de ruedas, darle de comer, llevarla al baño, asearla, acunarla para que durmiera. Hablo de un viaje de ocho horas. Hablo de unas hijas que por ocho horas atendieron a su madre con entrega y dignidad. Aquí no había llantos, melodrama, llamadas de atención, ganas de causar culpa. Aquí había unas hijas que preparadísimas decidieron acompañar a su madre en su peregrinación.

Sentada en la fila contigua, primero pensé en lo inoportuna que resultaba la escena. ¿A quién se le ocurre hacer un viaje tan largo en esas condiciones? Los aviones son cada vez más incómodos y no hay necesidad de pasar tanto trabajo. El cuerpo enfermo en Occidente no debe hacerse público. Nos parece obsceno, impúdico. Luego, totalmente impresionada con la dedicación de las hijas, me di cuenta que operaba otra lógica. Para ellas lo digno no era esconder la enfermedad, dejarla en casa, ocultar el trabajo de ese cuerpo sufriente. En este relato de peregrinación, la dignidad tenía que ver con procurar cumplir un deseo a pesar del trabajo, los contratiempos y las miradas recriminadoras, como la mía.

La romería era de las hijas también. No les faltó nada. No molestaron a nadie. Solamente exigieron lo que por ley le corresponde a su madre: la posibilidad de disfrutar de un espacio en el avión. Para el resto de los pasajeros, bueno, debo hablar por mí y por la joven que tenía sentada a mi lado, el vuelo fue también una especie de peregrinación. En la tradición religiosa, las peregrinaciones son testimonios de la fe. Se camina hasta un santuario para expiar un pecado, pedir la intercesión de los santos en algún asunto o enfermedad o agradecerle una gracia a Dios. Esta romería era, sobre todo, un testimonio de amor.

La impronta decorosa de las hijas, su serio compromiso con la dignidad y el bienestar de su madre pusieron en jaque, durante ese vuelo, la tendencia de nuestra cultura global capitalista a convertir a los seres humanos en mercancía, a medir su éxito y humanidad en su capacidad de consumir y mantenerse jóvenes. Da esperanzas ver a quienes se mueven a reclamar el derecho a tener derechos de sus semejantes. Da alegría saber que la sistemática destrucción de toda forma de humanidad, solidaridad y amor en que se asienta la lógica del beneficio capitalista, aún puede desafiarse.

ALGUNOS PERSONAJES PLEBISCITARIOS: 1967, MEDIO SIGLO DE FUTILIDAD

El relajo con los plebiscitos comenzó en 1967. Hace medio siglo. Apenas tenía el ELA una docena de años de fantasmagórica existencia cuando Muñoz decidió celebrar una consulta. Y digo que se le ocurrió al Vate porque, aun cuando en aquellos años el gobernador del entuerto era Roberto Sánchez Vilella, quien dirigió el performance vivía en Trujillo Alto y no en Fortaleza.

El proyecto del Plebiscito de 1967 fue preparado por el entonces jovencísimo Secretario de Justicia, Rafael Hernández Colón. Eso quizás explique que medio siglo después, en el verano dictatorial de 2017, el que otrora fuera también gobernador de Puerto Rico defienda a capa y espada (capa caída y espada guardada) el ELA como estatus del futuro. Por eso es tan difícil escribir ciencia ficción en Puerto Rico. Los políticos de oficio tienen unas miradas prospectivas que son difíciles de imitar.

La Ley Núm. 1 del 23 de diciembre de 1966 dispuso que se celebrara un plebiscito el 23 de julio de 1967, para que los puertorriqueños expresaran su voluntad sobre el status político final que deseaban para Puerto Rico. Los puertorriqueños debían seleccionar una alternativa entre las tres presentadas: Estado Libre Asociado, estadidad e independencia. Lo de final, como ya sabemos, es un decir.

¿Tenía defensores el ELA en 1967? No faltaba más, era como un carro nuevo aunque le fallara el motor. El 60.4 % de los votantes favoreció el estatu quo. 425,132 personas, para ser más exactos. Algunos de sus defensores más importantes ni siquiera votaron.

El señor Stanley Learned, norteamericano, publicó el 20 de julio de 1967 (El Mundo) una opinión contraria a la postura de Luis A. Ferré, defensor férreo de la estadidad por encima del llamado a la abstención de su jefe político en el Partido Estadista Republicano (PER), Miguel García Méndez. Así se expresaba Learned:

Ningún Estado de la Unión se está desarrollando al ritmo de Puerto Rico. La estadidad y el progreso no son sinónimos. Si lo fueran, el Gobierno federal no hubiera tenido que clasificar como “pobre” a casi un tercio de la población de Estados Unidos.

Al realizar su propio milagro, por medio del trabajo arduo y la fe, el pueblo de Puerto Rico ha asumido un sentido de dignidad que sobrepasa lo que podría derivarse de un mero estatus político.

Learned fue uno de los propulsores del discurso ideológico que trocó el sentido de colonia subordinada por el de “milagro económico”. ¿Quién era Stanley Learned? Se trataba del flamante director ejecutivo de Philips Petroleum Co. Llegó a ese puesto en 1962 cuando la compañía de refinería copó el mercado del petróleo y el gas natural. En 1967 no sólo se trataba de una industria que pretendía aprovechar las ventajas contributivas del territorio, sino que Learned prometía crear la friolera de 30,000 empleos. Learned se retiró de su puesto, precisamente, ese mismo año. Sin embargo, me parece curioso, y por ello lo destaco, que permaneció en un puesto ejecutivo y que en 1973, la Phillips Petroleum y el señor Learned fueron acusados por un gran jurado federal de desviar tres millones de dólares a un paraíso fiscal y que de ese fondo realizaron contribuciones ilegales a la campaña de reelección de Richard Nixon en 1972. La compañia se declaró culpable y admitieron una donación ilegal de 100,000 dólares. En el curso de dos años admitieron contribuciones ilegales a 65 candidatos congresionales del 1970 al 1972, así como donativos ilegales a Lyndon B. Johnson (1964). Finalmente, la Phillips Petroleum pagó una multa de 30,000 dólares. No tengo pruebas para decir que esa compañía hiciera donativos a ningún partido o político puertorriqueño. Solo digo que es curioso.

El mismo día en el que Learned publicaba su refutación al delirio de Ferré sobre la estadidad (20-VI-1967) Alex W. Maldonado publicaba su propio análisis sobre el teatro electoral:

“Ciertamente, el elemento más emocional en Puerto Rico hoy es el bloque que opina que todo el plebiscito está mal. Ese bloque está proclamando ahora: ¡No! ¡No votaremos! Se está planeando una demostración masiva para el 16 de julio. Los cálculos iniciales son que unas 25,000 personas asistirán.

Este grupo, compuesto de independentistas y populares que no están contentos con el status de Estado Libre Asociado como es ahora, se siente atra- pado. El acto de votar en sí, opina, está mal porque el plebiscito es falso, colonialista y no resolverá nada.

Estas personas ignoran convenientemente que Puerto Rico tiene una Constitución y un status político aprobados por el elector puertorriqueño. Pero, de mayor importancia, el grupo pretende ignorar que Puerto Rico puede buscar un status distinto si así lo desea, votando simplemente por él en el plebiscito.

La falta de lógica fue expresada dramáticamente en un anuncio que ha aparecido en la Prensa local. Dice que los puertorriqueños que desean completo gobierno propio, que están orgullosos de ser puertorriqueños, que desean conservar nuestro idioma y nuestra cultura; que desean un Gobierno “de, por y para los puertorriqueños” y aspiran a la “libertad”, no votarán en el plebiscito.

Falta una frase en este anuncio. Lo que debería decir es que “No votaremos por la independencia”. Este es un enorme contrasentido. La independencia estará en la papeleta. Lo que están diciendo es: “Porque queremos todas estas cosas, no daremos el paso necesario para lograrlas. No votaremos por la independencia”.

De modo que el ELA no solo estaba en el poder (colonial, sí, pero administraba) sino que la mayoría de la prensa le servía de caja de resonancia o fotuto.

En un formidable artículo de la época, el doctor Salvador Arana Soto analiza los pormenores anteriores a la celebración de aquel plebiscito. Hace varias predicciones. Me interesa señalar, sin embargo, que durante el proceso un nuevo partido se hallaba en formación.

Mientras todo esto sucedía continuaba su inscripción, ya tocando a su fin, un nuevo partido estadista —el Partido del Pueblo—, del cual se sabe y se habla poco aún hoy. En el último artículo que sobre él he leído, en una revista local y en que se vierten opiniones de su fundador, señor Vidal Chacón, se dice que se pretende una estadidad “con honor” y no “la entreguista y asimilista que pregonan García Méndez, Ferré…” “Esa estadidad que predica Ferré es contraria a nuestro pueblo. Es una estadidad americanizada. Y la que quiere Puerto Rico es una estadidad portorriqueñizada… No puedo hacerme cómplice de sus prédicas ni de su entreguismo…” El P. P. “será heredero del Partido Socialista militante y combativo de los años 20.”

Ferré y luego Romero añadieron a su discurso entregista y asimilista agunos conceptos de los esgrimidos por Vidal Chacón, ¿Recuerdan la “estadidad jíbara”? Ahí terminan las coincidencias. Curioso también, que es lo que más me interesa, es que, si, se trata del mismo Partido del Pueblo, también recordado como el Partido del Sol, con el que se lanzó como candidato a la gobernación un año después el gobernador en funciones, que había sido prácticamente expulsado por el PPD. Según José Trías Monge, ese formidable constitucionalista represivo y fino poeta, Sánchez Vilella adquirió esa franquicia electoral asumiendo deudas por 30 mil dólares.

El Partido del Pueblo había sido inscrito por Alfredo Vidal Chacón casi como una escisión del PAC, un partido creado en los cerebros prístinos de dos obispos católicos norteamericanos. Vidal Chacón tuvo la ayuda del Congresista de Nueva York Adam Clayton Powell. Solicitó a la Junta Estatal de Elecciones que lo certificara como defensor de la estadidad en el plebiscito del ’67 pero la creación de Estadistas Unidos, de Luis A. Ferré sepultó sus aspiraciones. Poco después, Clayton Powell, con estrechos lazos con la comunidad puertorriqueña en la diáspora y por décadas representante en la cámara se vio en medio de un escándalo cuando se alegó que no pagó una deuda que le ordenó un tribunal neoyorquino, haberse apropiado de fondos para viajes de manera inapropiada y de pagar un salario a su esposa con dinero asignado a empleados congresionales sin haber realizado ninguna tarea allí. Parecía una maldición. Apoyar a diferentes grupos suponía algún tropiezo.

En ese plebiscito el ganador fue Luis A. Ferré. Es decir, la estadidad sacó apenas 39.0% frente al 60.4% del ELA, sin embargo, eso representaba prácticamente la totalidad de los votantes del PER tres años antes. El PER habría sacado 288,529 votos en las elecciones del 1964 (34.7). La estadidad obtuvo 274,312 votos en el plebiscito del ‘67. Casi todos los estadistas desoyeron la voluntad de abstención de García Méndez y se montaron en la cementera de Ferré. Apenas un año después, una nueva colectividad, el Partido Nuevo Progresista, adoptando como emblema la palma del plebiscito, ganó las elecciones con 400,815 noveleros y el 43.6% de los votos. Los fieles a Sánchez Vilella, unos 107,309, representaron quizás la derrota del PPD. Es más complejo que eso, pero esa es otra historia. Mi intención era destacar algunos personajes de interés histórico.

En la consulta más reciente, 2012, la estadidad obtuvo 834,191 (61.6%) votos. Cuatro años después, bajo una dictadura llamada Junta de Control Fiscal, el hijo de Pedro Rosselló se convirtió en gobernador con 660,510 (41.8%). Casi 20% menos de simpatía entre los votantes. Eso con un récord histórico de abstención electoral.

Medio siglo después de aquella primera charada, hay otra consulta. Un lustro ha pasado. Ahora la abstención viene del mejunje en el que se ha convertido el PPD, comandado por Héctor Ferrer, que en términos ideológicos está en el 1967 aunque estamos en el 2017. Su partido viene de su peor derrota electoral. Dividido ideológicamente. Sin la salida de “ninguna de las anteriores” con el que…¿ganaron? el ejercicio fútil del 1998. (Sí, lectores, en una consulta para decidir finalmente el estatus de Puerto Rico el 50.3% de los electores decidieron que ninguna de las anteriores era la mejor opción). Los grupos independentistas, como en el 1967, se abstendrán de participar. Y como aquella vez, habrá quien le haga el juego al poder y salga en los medios posando para darle un poco de seriedad a una cosa que no la tiene. El PNP (ni siquiera la estadidad) corre solo en esta cortina de humo que es más cara que una auditoría a la deuda.

No sabemos lo que va a ocurrir. Escribo esto una semana antes del circo. De lo que sí estoy seguro es que no ocurrirá nada importante. Digo importante con respecto al estatus. Importante es resistir la dictadura, pero la vida es un frenesí. Una ilusión. Y todo bien es pequeño. Y la vida es solo un sueño. Y los sueños sueños son.

Carta a mi hermano Oscar López Rivera y a mi pueblo

Hará unos tres años, el notorio Buró Federal de Investigaciones (FBI) me honró llamándome “non-repentant terrorist” (terrorista no arrepentido). Veo que ahora, en la campaña que usan contra ti, y porque representas Patria y Dignidad, conceptos que no caben en su mentalidad, te han otorgado la misma “distinción”. Si de terrorismo vamos a hablar, hablemos de los anglosajones, que en la historia de la humanidad, por siglos han sido los peores.

Podríamos comenzar hablando de los llamados peregrinos inmigrantes y cómo masacraron a los indios para despojarlos de sus tierras. No tardó mucho tiempo para que comenzara la expansión hacia el oeste, a cuyo paso exterminaron tribus completas y se quedaron con sus tierras. Los pocos habitantes nativos que sobrevivieron fueron encerrados en las llamadas reservaciones, donde al día de hoy viven en condiciones precarias muchos de sus descendientes. ¿Saben ustedes cuál es el verdadero origen del día de “Thanksgiving” que tanto se celebra? No fue una cena armoniosa entre “peregrinos” e indios. En realidad se trató de celebrar el exterminio de una tribu completa –hombres, mujeres y niños– que celebraba la fiesta del maíz en lo que hoy día es el pueblo de Mystic, Connecticut.

De 1846 a 1848 los anglosajones invadieron a México, quemaron villas completas y mataron a miles de mexicanos para robarse la mitad de su territorio, tierras donde hoy ubican, entre otros, los estados de California, Texas, Colorado y Nuevo México.

Esos mismos anglosajones linchaban en el propio Estados Unidos a negros por el único “delito” del color de su piel.  Aún en nuestros días, policías asesinan con total impunidad  a jóvenes negros. Los hispanos, y los  puertorriqueños en particular, no están exentos de la violencia por discrimen racial.

Y en Latinoamérica, ¿a cuántos han asesinado por los intereses de Wall Street?   Mencionemos algunos ejemplos. En 1954 el gobierno estadounidense orquestó un golpe militar en Guatemala para derrocar el gobierno de Jacobo Arbenz, que amenazaba con nacionalizar la United Fruit Company. ¿Sabían ustedes que el gobierno de los Estados Unidos realizó experimentos inyectando sífilis a cientos de guatemaltecos de 1946 a 1948?

En 1965 la marina de Guerra estadounidense, bajo órdenes de su presidente Lyndon B. Johnson, mató a más de 8,000 dominicanos. En 1989 esa misma marina de Guerra mató a más de 3,000 panameños.  La operación Cóndor, dirigida por el terrorista mayor Henry Kissinger, costó miles de vidas en Argentina, Uruguay, Brasil y otros países latinoamericanos.  En Uruguay, bajo la dictadura de Strossner, las torturas y ejecuciones fueron dirigidas por un agente estadounidense de la CÍA, historia que se recogió en una película de amplia difusión. En Nicaragua, la marina de Guerra llegó a imponer un presidente estadounidense, William Walker, y convirtió a Nicaragua, Honduras y El Salvador en estados esclavistas. En 1983, el presidente estadounidense Ronald Regan, ordenó la invasión de la isla caribeña de Granada, lo que también costó miles de vidas. ¿Saben ustedes quiénes eran los socios democráticos de los Estados Unidos en Latinoamérica? Los Batista, Trujillo, Pinochet, Somoza, Pérez Jiménez, Stroessner, Videla y Duvalier. Algunos de ellos llegaron al poder gracias a los “buenos oficios” de la embajada de Estados Unidos en su país. Podríamos seguir con la invasión a Haití y otros países más, pero vayamos a Puerto Rico.

Ya ustedes saben que el 12 de mayo de 1898 la marina de Guerra de los Estados Unidos, bajo el comando del almirante William Sampson, bombardeó la ciudad de San Juan matando a boricuas en la calles y en sus casas, destruyendo edificios y causando graves daños a la iglesia de San José. El 25 de julio de ese mismo año, las tropas estadounidense, comandadas por el general Nelson A. Miles, el mismo que comandó las tropas que cometieron la masacre de Wounded Knee en los Estados Unidos, invadieron a Puerto Rico por las costas de Guánica.  Los puertorriqueños presentaron resistencia, pero las tropas invasoras lograron desembarcar.

En 1917, pese al rechazo del parlamento puertorriqueño, el gobierno invasor impuso la ciudadanía estadounidense a los puertorriqueños, ciudadanía que siempre he rechazo y rechazaré.  Soy puertorriqueño y punto. En la década de 1930, a fin de acabar con una huelga de los trabajadores de la caña y con los nacionalistas, el entonces presidente Franklin D. Roosevelt envió a Puerto Rico como jefe de la Policía al coronel Elisha Francis Riggs y como gobernador al general Blanton Winship.  Estos dos individuos ya habían participado en la planificación del asesinato de General de Hombres Libres, Augusto César Sandino en Nicaragua. Bajo las órdenes del coronel Riggs se cometió la Masacre de Río Piedras el 24 de octubre de 1935 donde asesinaron a cuatro jóvenes nacionalistas que se dirigían a la Universidad de Puerto Rico.  Bajo el comando del general Blanton Winship ocurrió la Masacre de Ponce el 21 de marzo de 1937, en la que asesinaron a 19 ciudadanos puertorriqueños, entre ellos, a una niña de 14 años que salía de la iglesia y hubo cerca de 200 heridos. Nadie fue arrestado por esos hechos, pese a que había evidencia clara de que la policía había disparado contra civiles desarmados.

Los crímenes y  actos de terrorismo contra el pueblo que luchaba por su independencia continuaron. Cada década subsiguiente trajo su cuota de asesinatos, secuestros, incendios, colocaciones de bombas en los hogares y negocios de independentistas, persecuciones a granel, así como la experimentación con gas mostaza y el agente naranja, la píldora anticonceptiva, la esterilización masiva de mujeres y hasta la inoculación con células de cáncer a pacientes hospitalizados. El 11 de enero de 1975  terroristas de verdad colocaron una bomba en una cafetería de la ciudad de Mayagüez. Muchos de los que allí se encontraban asistirían a un acto independentista en la plaza de Mayagüez en honor al prócer Eugenio María de Hostos.  Al estallar la bomba, resultaron muertos dos obreros y heridas 12 personas. Uno de los obreros fallecidos, Luis Ángel Charbonier, de 24 años, dejó huérfano a un niño de un año y medio.  Como represalia a este acto criminal, según expresado en un comunicado de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), el 24 de enero de 1975 explotó una bomba en Fraunces Tavern en Wall Street, Nueva York.

Como  dato histórico final, recordemos que el 23 de septiembre de 2005, 273 agentes del FBI tirotearon y dejaron desangrar en su hogar al patriota Filiberto Ojeda Ríos. ¿A cuál de esos agentes arrestaron?  Ninguno.

Como ves, mi compañero y hermano Oscar, tú y yo somos antiterroristas, aunque los agentes del FBI nos llamen “non-repentant terrorists”.  La verdad a veces es dolorosa, pero más doloroso es vivir en el engaño.  ¡Pa´lante siempre, que tenemos la razón y el derecho a defendernos!

La consistencia es la clave

A Papi, para que pronto vuelvas a tu casa, a CLARIDAD

Sentada en el escritorio repleto de papeles desde donde Papi se amanece todos los domingos para escribir su columna semanal de Claridad, me siento a intentar sustituir lo insustituible. Y es que pretender reemplazar a alguien que lleva cuatro décadas haciendo lo mismo ininterrumpidamente todas las semanas es una tarea titánica, aun cuando me guste el deporte y haya escrito sobre temas deportivos previamente. Así que no voy a intentar hacer un Las Canto como las Veo como si fuera Elliott Castro Tirado; creo que el lector es imposible de engañar y la voz de Papi imposible de imitar. En cambio usaré este espacio para honrar la mayor virtud deportiva de mi padre: la consistencia.

Entre las múltiples memorias deportivas que tengo con mis padres, tengo muy presente los días previos a cuando Cal Ripken Jr. rompió el récord de juegos consecutivos jugados en las Grandes Ligas: 2,632, en el 1995. En ese momento no comprendía cuál era la importancia de esta hazaña, pues siempre pensé que los récords importantes eran los 3,000 jits, pasar de 30 jonrones y 100 carreras empujadas en una temporada, los 5,000 puntos anotados en el Baloncesto Superior Nacional, entre otros “milestones”. Pero mi padre me explicó la importancia del récord que inminentemente rompería Ripken, pues simbolizaba la consistencia. Me hizo entender lo que significaba jugar 2,632 juegos corridos, sin enfermarse (o claro está, sin faltar aunque estuviera enfermo), sin dejar de jugar cuando su equipo estuviera eliminado, etc. Tan importante era el récord de Ripken que llevaba 56 años intacto, desde que lo estableció Lou Gehrig con 2,130 partidos consecutivos en el 1939. Durante la última temporada del legendario jugador de los Orioles fui con papi y Miguel al Yankee Stadium para verlo por última vez y todavía ahí, años después en el 2001, Papi me volvía a explicar lo importante de su hazaña y sobre todo, cómo él pensaba que ese era uno de los récords que probablemente ya no se romperían, por cómo se jugaba la pelota actualmente.

Y claro, mi padre es Ripken con esta columna. Por cuarenta años, pase lo que pase, viajes, enfermedades, muertes en la familia, nunca ha fallado. Este periódico ha sido consistente en muchos ámbitos importantes de nuestra Isla, pero la columna que semana tras semana mi padre publica, es la única que ha sido ininterrumpida y consistentemente escrita por el mismo autor. Incluso una semana que hace años estuvo en cuidado intensivo, la publicó con un escrito que tenía guardado y creo que dictó algunas líneas desde el hospital. Fue ahí que empezamos a compararlo con Ripken y en cada momento en que había un domingo complicado, ya fuera por un viaje o enfermedad o cuando sus padres (mis abuelos) fallecieron, siempre me comentaba: “No puedo perder el récord de Ripken.”

Así, la rutina semanal de mi padre comienza los domingos en la noche, donde trabaja la columna que debe entregar a más tardar el lunes (porque eso de no dejarlo para último momento y amanecerse haciéndola no va con su musa de escritor). Amanecida de domingo, seguida por un lunes lento en la mañana no sin antes verificar que la columna haya llegado sana y salva; solo entonces puede comenzar la semana de nuestro Ripken. O quizás la semana empieza realmente el domingo en la noche, con el ritual de sentarse en la computadora, poner los boleros o música instrumental, sacar las estadísticas, anotarlas en la libreta, volver a buscar más información y sentarse a escribir, mientras más de madrugada, mejor. Como todo buen deportista, consistente no solo en cumplir con su trabajo en el campo, sino también con el ritual que le precede: preparación, calentamiento, ejecución deportiva, descanso. Esto, cada semana por 40 años, sin fallar.

Es por esto que reitero que es la mejor cualidad “deportiva” de mi padre, que nunca se destacó como atleta pero que siempre ha sido un gran “deportista”. Exceptuando la calidad atlética (que creo que algo tuvo como baloncelista), siempre ha sido un gran competidor, un justo perdedor, siempre ha creído en el juego limpio, en respetar al contrincante pero luchando hasta el final y sobre todo siendo el más guerrero en las luchas en las que cree; ahí, aun cuando pierde, lo deja “todo en el terreno”.

Los que amamos el deporte, grupo en el cual me incluyo en gran medida como herencia de lo que aprendí con mi papá, nos gusta la adrenalina que hay antes de un buen juego, la emoción de experimentar un evento en vivo y la entrega de los atletas. Y desde siempre, lo más que me ha gustado de la relación de mi papá con el deporte y con su trabajo es la entrega total, nunca hacer nada a medias; es esa pasión que siempre lo ha llevado a afirmar que a él “le pagan por hacer lo que le gusta” y que nunca se va a retirar. Con esta columna y con su quehacer deportivo Papi es ejemplo de consistencia, como los 2,632 juegos consecutivos de Ripken, como los 537 juegos de Raymond Dalmau, como los 1,000 goles de Romario o los 762 jonrones de Barry Bond. Por eso, pronto regresará a escribir Las Canto como las Veo, como todos los domingos hace aproximadamente 2,120 semanas.

La autora es hija de Elliott y Vilma Ramos, al Miguel que se refiere es a su esposo Miguel Zenón.

Nota: Elliott Castro sufrió un derrame cerebral el pasado lunes 29 de junio. Se mantiene estable dentro de su condición.