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De cómo la gente se organiza mejor que los funcionarios de la CEE

Cortesía de Carlos Berríos Polanco
Apuntes electorales 2

 

A las siete de la mañana somos tres en la fila de la unidad dos, colegio uno. Poco a poco van llegando más. Dos trabajadores de la salud. Gente joven, de mediana edad, ancianos.

Hablamos poco. Buen ánimo. Ya son poco más de la docena a las 7:30. La fila llega al sol. Llegan las papeletas en dos autos particulares sin escolta. En unos minutos las nubes que estaban a lo lejos se posan sobre el lugar. Ya son decenas. Hay dos policías frente al vestíbulo. Comienza a llover. Nadie parece estar a cargo. Digamos que los dos frente a mí son #1, #2, y la chica a mi lado #4. Es ella la que organiza la fila sinuosa bajo el techo a la entrada del vestíbulo. Ya son cien los votantes.

La lluvia arrecia antes de las ocho. Los dos policías están de manos atadas. «Son los funcionarios de la CEE los que pueden organizar la fila». No hay funcionarios cerca. De nuevo, la chica #4 y, las #5 y #6 -parecen madre e hija-, y yo, pedimos que se continúe la fila dentro del vestíbulo bastante amplio del Recinto Metropolitano de la Universidad Interamericana.  Nadie parece estar a cargo.

Esperamos con paciencia. Algún funcionario mueve una mesa. La vuelve a mover. Una empleada de mantenimiento mapea para evitar resbalones. Luego traen dos abanicos que se mueven solos y los tenemos -nosotres- que detener y volver a colocar hasta que alguien se hace cargo.

Son las 8:46 y ya estamos ansiosos porque los que parecen hacerse cargo -sin identificación- dan vueltas y miran alrededor. Es justo a las 9:06 a.m. cuando aparecen los funcionarios con un pad electrónico, algunos papeles y se colocan tras la mesa que han movido como a una pareja de baile. Los que llegan últimos se colocan frente a la mesa. La chica #4 y yo nos acercamos: «Alguien tiene que explicar el orden», decimos. «Este es el orden» dice alguien con complejo de Napoleón. «No, el orden es el de la fila que está aquí detrás», le informo. La señora que se coló primero nos dice: «¿Quién los manda a llegar tan temprano cuando es a las 9 a.m. que se abren los colegios». A mi edad no respondo ese tipo de agresión a la razón y a la convivencia como antes. Doy dos pasos hacia atrás. Le digo a los del inicio e la fila: «Vengan a colocarse aquí en el orden en el que llegamos». Ordenadamente todos se mueven frente a la mesa en la que nadie está haciendo nada.

Por suerte, a alguno de los encargados parece haberle llegado una iluminación y decide que es él quien tiene que «poner orden». Ya son las 9:18. Pasan personas con discapacidad, ancianitos y la que se coló para evitar confrontaciones. «A mí no me miren», pienso, vanidoso, cuando adelantan adultos mayores. «Viene, por aquí, los primeros quince» dice el iluminado. «Por la rampa hasta el piso 5». Allá vamos, sin instrucciones para los que no conocemos el lugar. La chica #4 se coloca al frente y nos dirige. Llegamos al cuarto piso. Ahí no es, claro. Subimos otro piso. Ni un cartelito para indicar nada. Llegamos al quinto «¿A la derecha o a la izquierda?» preguntan desde atrás. Quiero decir: «A la izquierda siempre», pero me aguanto. Resultó que la chica#4 corrió un poco y nos señala a la derecha. Nadie está frente a los colegios de votación dando instrucciones. Cada cual busca las iniciales de su apellido. Cada grupo organiza su fila. La señora #5 organiza a los apellidos con R. «Hay muchos Rodríguez y Rivera» dice, formando una fila sinuosa. Un funcionario sale y emite una frase absurda: «Cálmense, que a mí no me pagan por esto».

De repente llegan decenas por los ascensores y por las escaleras. Y en cada grupo alguien, con calma pasmosa, va organizando y tomando el control ante la paciencia de la mayoría. Como mi apellido es con A seguido de una C soy el quinto en entrar a mi colegio. Busco a los míos. Veo los sharpies que parecen de las elecciones del 2016. Los que quieren escribir nombres en la papeleta no tienen chance. Lo mejor que se hizo fue esa campaña orgánica de «lleva tu punta fina». A los primeros cinco se les atascó una de las cinco papeletas. Aún así el proceso mismo es de cinco o seis minutos si ya sabes por quién y por qué vas a votar.

Bajo del quinto piso al vestíbulo usando la rampa porque quiero ver cómo está la fila. En menos de media hora. La rampa está repleta de personas. Creo que hay mil personas como poco. Siguen llegando. Llego al vestíbulo. No veo a nadie organizando la fila. El policía a la saluda me saluda. «¿Ya?» me pregunta sonreído. «Sí, pero esto va a tardar mucho más de lo previsto. Las máquinas se atascan mucho. Son cinco por persona y no hay sharpies ni bolígrafos adecuados si alguien va a escribir nombres», le digo. «¿Hay que escribir?» dice arqueando las cejas. «Si quieres. Es tu derecho», le contesto. «Ah, pues salimos bien tarde de aquí», dice secándose el sudor de la frente. «Suerte», le digo, al despedirme. Pero me lo digo a mí. Me lo digo esperando que no nos haga falta y que sea la razón y el valor para perder el miedo lo que permita a la ciudadanía votar por funcionarios públicos que no sean corruptos y pongan los intereses de las mayorías sobre los de los inversionistas de lo peor.

El cine de Raúl Juliá a 30 años de su despedida de la pantalla grande

 

En Rojo

El mes pasado El Nuevo Día preparó una serie de entrevistas y acercamientos a familiares, amigxs y compañerxs de oficio como suplementos especiales al recordar la partida de Raúl Juliá de los escenarios teatrales y fílmicos. En Plaza Las Américas hubo un despliegue pictórico y de reseñas de las andanzas fílmicas y teatrales de Raúl y del 10 al 16 de octubre se presentó una muestra de su cine como homenaje a este gran actor nuestro. Entre mis archivos, descubro, que en marzo de 1995, al año de su deceso, el Departamento de Actividades Culturales y Recreativas del Decanato de Estudiantes de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, le rindió homenaje póstumo a Raúl con una publicación introductoria de una muestra de sus filmes de compromiso social, inspiración literaria, el cine de géneros y el cine puertorriqueño. La selección y la publicación estuvo a cargo de Francisco González, coordinador de cine en ese momento. Como crítica de cine que siguió su carrera a través de los años, quiero recordarlo con una serie de reseñas. Luego publicaré mi carta de despedida al Raúl que conocí a través de su cine y teatro aquí en Puerto Rico y en Nueva York, donde tuve el privilegio de verlo en el teatro Vivian Beaumont del Lincoln Center en Three Penny Opera.

Romero (1989)

Romero

Este filme dirigido por el australiano, John Duigan, recoge los años de concientización de Monseñor Oscar Romero, quien se convertiría en el arzobispo de El Salvador y en el defensor de los derechos y la vida del pueblo salvadoreño. A través de una serie de incidentes que lo tocan muy de cerca y de su amor a sus compañeros sacerdotes y al pueblo humilde que lo sigue y lo respeta, Monseñor Romero va descubriendo la realidad de su país. Por un tiempo muy largo, tan solo conocía la realidad de la sociedad burguesa de su país que siempre había visto a la iglesia Católica como su aliada. Por eso su decisión de desafiar a los militares y burgueses en el poder para dedicar todos sus esfuerzos a luchar por los que no tienen voz, es un acto revolucionario.

A través de sus compañeros sacerdotes, aquellos que han interpretado las palabras de Cristo como la dedicación a los pobres y olvidados del mundo, Romero es testigo de los abusos del ejército cuando le niegan al pueblo su derecho a votar libremente, a vivir en paz, a trabajar honestamente para ganarse el pan de su familia, y a creer y luchar por el mejoramiento del ser humano por encima de los intereses de los que lo tienen todo. Romero es testigo del poder ilimitado del ejército para secuestrar, torturar y asesinar a quien ellos designen como enemigo del estado. Se da cuenta que la palabra justicia no es un concepto universal, sino que sirve a los poderosos para hacer valer su sistema, mientras los pobres claman por igualdad, paz y verdadera justicia. Raúl Juliá tiene una impresionante presencia escénica en el papel de Monseñor Oscar Romero. Duigan prefiere caracterizar a Romero como una figura casi de piedra, por eso el personaje no se doblega y al hablar tiende a emitir discursos. De hecho, las mejores escenas, aparte de su excelente ambientación, son aquellas en que Romero se mueve sin hablar, solo observando, internalizando para luego actuar a base de sus principios. Ejemplo de esto es su entrada una y otra vez a la iglesia tomada por el ejército.

Kiss of the Spider Woman/El beso de la mujer araña (1985)

El beso de la mujer araña reúne a un caudal de talentos en todas las áreas. Héctor Babenco se ha distinguido por no temerle a temas controvertibles y por manejar situaciones delicadas con gran ternura y así lo demostró en Pixote (1980). El guionista Leonard Schrader ha trabajado por varios años en los proyectos de su hermano, Paul, y entre estos están Blue Collar (1978) sobre los sindicatos norteamericanos y la industria automotriz y Mishima (1985) sobre el controversial escritor japonés. Raúl Juliá se ha destacado en el teatro de Nueva York, y su talento en el cine fue evidente en el filme Tempest (1982) donde interpretó el papel de Calibán. William Hurt desde que proyectó su imagen en el cine, se distingue por los personajes intensos que interpreta: Body Heat (1981), The Big Chill (1983), Gorky Park (1983). Sonia Braga, conocida en la TV puertorriqueña por las novelas brasileñas que algún director de programación tuvo la brillante idea de traer, se dio a conocer con el filme Doña Flor y sus dos maridos (1976) y, + recientemente por Gabriela (1983). Pero lo que en verdad une a todo este talento y hace que este proyecto funcione a las mil maravillas es la dedicación consciente y apasionada a una historia que tiene todos los elementos para resaltar los valores esenciales del ser humano.

Dentro de la represión política, la corrupción institucional, el abuso del poder, la humillación que ejercen los que se creen superiores hacia los menos privilegiados, se puede crecer en el amor y la amistad. Pero este crecimiento no se da rechazando una estructura represiva, sino enfrentándose a ella, no dejándose someter. El beso de la mujer araña nos convierte en testigos de cómo dos hombres, al parecer polos opuestos, se van conociendo y entendiéndose mejor hasta que cada uno adquiere rasgos del otro. Molina, el homosexual acusado de pervertir menores, se esconde de la fealdad que percibe en su mundo, escapando en la perfección del cine de Hollywood donde todo es bello, nadie es pobre, ni sufre por ser despreciado o ser objeto de mofa. Valentín, arrestado por colaborar con grupos “subversivos”, se mantiene lejos de personas como Molina, por considerarse superior al tener una ideología política por la que lucha y está dispuesto a dar la vida. Tras múltiples confrontaciones e insultos, poco a poco dejarán a un lado las murallas que los separan y se acercarán como dos seres humanos dispuestos a darse la mano y aceptar las diferencias que los separan. De esta convivencia obligada surgirá el respeto y la amistad que no pone reparos y no distingue clase, raza, o preferencia sexual.

Tempest (1982)

Este filme del director Paul Mazursky no parece decidirse en si ser una historia de un hombre que se enfrenta a su crisis de mediana edad o una fantasía donde los seres humanos al apartarse de lo familiar descubren sus deseos, pasiones y sueños al desechar la realidad social que los definía. No logra engranar estos dos aspectos y por eso el filme no tiene cohesión y tiende a ser desigual. En ningún momento Mazursky pone en duda el racismo y elitismo del personaje de Próspero/Phillip (John Cassavettes) hacia Ariel y Calibán. Quizá la única persona que entiende plenamente esta relación es Raúl Juliá en su interpretación de Calibán. Juliá le inyecta la vitalidad y definición que escritores como Aimé Césaire de Martinique y Roberto Fernández Retamar de Cuba recogen en su obra y su ensayo sobre “The Tempest” de Shakespeare. El Calibán de Juliá no es un ser feo y depravado. Todo lo contrario, es el único con una visión práctica de la vida, sincero en sus acercamientos para seguirle el juego a Próspero y conseguir lo que desea. Es el único que no acepta la moral del occidental, que se burla de él y que al final consigue lo que desea. Aparte de su comprensión del personaje, Raúl Juliá domina el filme cuando aparece en escena. La superficialidad de los otros personajes resalta ante su carga emotiva.

 

“La Nariz” es un deleite y se extiende por otro fin de semana

 

EN Rojo

El cuento absurdista “La nariz” de Nikolai Gogol, en una versión teatral escrita y dirigida por Joaquín Octavio González, que abre nuevas funciones el 8, 9 y 10 de noviembre en el Teatro Francisco Arriví como parte del 54to Festival de Teatro Internacional del Instituto de Cultura Puertorriqueña.

Durante cinco años vivo principalmente en Vieques y por eso veo menos teatro que antes de 2019.  Ver “La nariz” de El Absurdo LLC y Público Espacio inc. fue una feliz casualidad de estar en San Juan por otras razones.

Muy pocas veces en la última década he salido del teatro después de una función sintiéndome tan contento y satisfecho de haber visto una obra tan bien pensada, montada y actuada como este texto de Gogol, reimaginado por Joaquín Octavio.

El cuento como tal es tan sencillo como es absurdista: un barbero encuentra una nariz metida dentro de su pan de desayuno. Descubre que es la nariz de su cliente “el Mayor” Kabrera, un burócrata pretensioso con ambiciones de subir de puesto. La vida de Kabrera se complica una vez que descubre que su despegada nariz anda con vida propia. Recubre su nariz, pero ni un médico prestigioso puede pegarla a su cara de nuevo. Finalmente, la nariz regresa por si misma a su lugar, pero ya “el Mayor” pierde otra pieza corporal.

El éxito de esta deliciosa comedia grotesca de errores depende de la coordinación y sincronización de múltiples elementos teatrales. Primero, felicito las actuaciones, que incluyen pantomima, baile, canto, trabajo de voz y movimiento corporal de Iván Olmo (Kabrera), Israel Lugo (Barbero y otros) y Marisa Gómez Cuevas (esposa del barbero y otras). Sus destrezas físicas y actorales hacen posible que sobresalgan los demás elementos plásticos y dramáticos.

Segundo, y no en orden de importancia, el diseño y control de la animación visual y el video que sirve de trasfondo narrativo y escenografía de la actuación es ejemplar y raramente vista con tanta precisión e imaginación. Tercero, la voz animada de Kairiana Núñez Santaliz y su representación visual como una boca descorporalizada, sirve de enlace narrativo extraordinario. Cuarto, la creación de la nariz en sus varios tamaños y encarnaciones, los cabezudos y máscaras por Julio César Morales e Y no había luz ((y equipo) combina impecablemente con la variedad y los muchos cambios de vestuarios por los actores. (El ojo que baila es genial.)

Este ejercicio de teatro total-teatro físico-teatro del objeto también depende de un texto, de una dramaturgia que convierte un cuento clásico ruso del siglo 19 en una obra viva y contemporánea.

Hubo un público sustancial para la función del sábado 2 de noviembre y la obra merece más públicos así de numerosos y saludables. Gracias a Joaquín Octavio, todo su reparto y equipo y el Instituto de Cultura Puertorriqueña por una experiencia de creatividad teatral excepcional.

Todo esto es muy rápido y escueto y me gustaría revisitar este montaje en otra ocasión para analizarlo con más detenimiento.

 

Apuntes electorales 2024

En las afueras de School of San Juan. Suministrada

 

Filas largas pero organizadas en la unidad de cooperativistas

La votación en la Universidad Ana G. Méndez, recinto de Cupey, transcurrió sin mayores inconvenientes. Las situaciones, que pudieron haber representado problemas —tales como el atraso de 1 hora en la entrega de los materiales, o las papeletas atascadas en la máquina de escrutinio—, se resolvieron con prontitud por los consensos alcanzados en las juntas de colegio. Esta unidad es la que corresponde a quienes residen en las cooperativas de vivienda Jardines de San Ignacio y Jardines de San Francisco.
«Hemos tenido varias dificultades con las máquinas; nada extremo que no hayamos podido resolver. Hemos todos colaborado bastante bien. La gente ha sido muy gentil y amable en su colaboración todo el tiempo», compartió Génesis Sisco, subcoordinadora del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC).
Foto por: Carlos Berríos Polanco

Las filas para los 5 colegios regulares de esa unidad se mantuvieron concurridas durante prácticamente todo el horario de la elección. Los electores en esa unidad hicieron filas de entre 1 a 4 horas, dependiendo de la hora de llegada y el colegio que les correspondía. Solo había una máquina de escrutinio por colegio.

Casi seis horas después, en el colegio de los que se apellidan Oneill o Rodríguez, las máquinas habían adjudicado 630 papeletas, lo que equivale a apenas 126 electores. En este colegio, el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) tenía 3 funcionarios, al igual que el Partido Nuevo Progresista (PNP); el MVC tenía dos funcionarios; y el Partido Popular Democrático (PPD) una sola funcionaria. El Partido Dignidad tenía solo una coordinadora asignada a toda la unidad.
«La gente en las filas nos ha dicho que qué bueno ver a gente de todas las edades y todos los colores aquí (como funcionarios). El llamado fue ese: que estuviéramos aquí para y por el pueblo», agregó Sisco.
Al momento de publicación, se vislumbraba que el cierre de los colegios en esta unidad se extendiera una hora, debido a la cantidad de personas en fila.
-Laura M. Quintero- 

 

Colegio de niñas de Puerto Rico

Como fotoperiodista emergente, decidí tomar la iniciativa y al igual que muchos otros salí hacia los colegios de votación para documentar los eventos. A pesar de haber muchas escuelas en gestiones, solo logré visitar dos en el área de Guaynabo.

Colocadas en el precinto número 7, visité el Colegio de niñas de Puerto Rico donde la mayor parte de los y las votantes eran personas de edad avanzada y las facilidades no eran las más cómodas. Con tan solo tres salones disponibles, el espacio se encontraba muy saturado en donde apenas las personas tenían el cupo para poderse mover.

El otro lugar visitado fue en los Borinquen Towers, lugar de vivienda privada. Allí no había una gran multitud de personas, las facilidades contaban con una luz sombría y no había ventilación. Sin embargo, este se encontraba más recogido y organizado en comparación con el previo.

Andrea Soto López-

En la Labra en Santurce

Transcurre ya la cuarta hora de espera en la fila de la Escuela Labra en Santurce  y mis compañeros de fila identifican a Luis Omar O’Farill, actor de cine (Broche de oro), como uno de los funcionarios de colegio, camisa verde por supuesto.
-“¿Pero qué hace ese muchacho de funcionario aquí, si yo lo veo todo el tiempo en las películas de Hallmark?”, me pregunta un señor.
-“Bueno, es que somos muchos. Usted ya se imaginará a qué partido representa el muchacho, verdad?”, le digo yo, sin siquiera haberlo corroborado.
Sí, mi vecino de fila está claro. Se lo imagina, dice, aunque no suelta prenda de su propia orientación política.

En esta cuarta hora acaban de anunciarnos que se acabaron las papeletas iniciadas, y nuestra ilusión de salir en la próxima media hora vuelve a desvanecerse.

El ambiente, sin embargo, es de resistencia. No he visto a nadie irse por la fila.

La situación ha sido precaria porque hay solo cuatro unidades de votación en este colegio donde votan más de 1,000 personas. Cada unidad tiene tan solo una máquina de votación y las máquinas son lentas, sumado a que son cinco papeletas, por los embelecos politiquero-asimilistas ya conocidos.

Ya vamos pa las tres horas y media. Pero si de filas se trata, de eso sabemos nosotras. Aquí seguimos.

-Mari Mari Narváez-

School of San Juan

A las 7:42 a.m., a más de una hora de la apertura de los colegios electorales, el School of San Juan ya tenía una fila con una treintena de personas. A las 7:45, comenzó a lloviznar, y muchas personas, habiéndolo anticipado, abrieron decenas de sombrillas.

A las 7:48, el aguacero se zafó a tropel. Las personas que no tenían sombrillas fueron cobijadas por las que tenían. El ánimo estaba tranquilo, pero ninguno daba tregua en su encomienda. Algunos se reían, otros se persignaban y otros aseguraban que “era una prueba”, pero ninguno se iba.

Todos los tenis se enchumbaron, los pantalones largos también. Al frente de mi turno, dos hombres ensayaban cómo votar por la Alianza. Se quejaban de los atrasos presagiados, las amenazas de robo y, en otro tema, vociferaban su antipatía por figuras como Trump.

8:32. El fin de la fila no se ve. Varias personas estiran la pierna entre la calle y la cuneta para evitar que el pie se les sumerja en el desagüe.

A las 9:00, tres personas gritaron “¡abran ya!”.

Adrián Rodríguez Alicea-

 

En la Interamericana unidad 2

En la unidad 2 de la Interamericana reina el caos. Cuando llegaron las papeletas llegaron sin escolta. Ahora nadie explica nada. Debes ir al 5to.piso y averiguar donde es la vaina. El colegio abrió a las 9:40am. Los ciudadanos organizan las fila. Pocos funcionarios vocales

-Rafah Acevedo-

Un cierre lleno de esperanza

 

El Festival de la Esperanza

 La colaboración política entre el MVC y el PIP cerró su campaña con un evento histórico

 

CLARIDAD

Se podía presentir el ambiente que iba a haber. Desde el mediodía, guaguas escolares repletas de gente, carros abanderados, bicicletas, scooters y todo tipo de transporte afluía al Distrito de Convenciones como un río de múltiples colores. Dentro del Lote 4, donde el suelo fangoso embarraba los tenis de las personas, un mar de monoestrelladas enhiestas ondeaba al son de merengue, reguetón y otros ritmos. Era un amplio vaivén de flamas en multicolor. A cada estaca, escoba y palo en que se engancharon las banderas, una plétora de manos jóvenes y mayores vestían de camisetas alusivas a los estribillos virales de “Jenniffer mentirosa”, “Muerte al PNP” y otros en apoyo a la figura de Juan Dalmau Ramírez, candidato a la gobernación, y la Alianza de País que el exsenador lidera. Sobre las cabezas que conformaron este mar, una carpa con la cara de Dalmau emanaba un olor a frituras que, a su vez, perfumaba el ambiente con aromas de festival y no campaña. Y así siguió la tarde.

Mucho antes de pronunciar sus mensajes, relucían y paseaban algunos rostros conocidos del Movimiento Victoria Ciudadana (MVC) y el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP),  como Ana Irma Rivera Lassén, Adriana Gutiérrez Colón y Denis Márquez. Los vítores, tan incesantes como volátiles, bullían a la menor provocación. Para amenizar la espera, grupos como Las Barrileras, Mikie Rivera y La Brigada, y Los Rivera Destino interpretaron temas de corte social y cultural.

El toro que embiste, ese es mi Borinquen. Pueblo que da la batalla, patria que resiste Con una clara referencia irónica a sus personajes Susa y Epifanio, sendos fanáticos del Partido Nuevo Progresista (PNP) y el Partido Popular Democrático (PPD), los comediantes Víctor Alicea y Carmen Nydia Velázquez animaron el inicio de la  actividad.

“Sabíamos que iba a ser un evento histórico, pero creo que va a sobrepasar las expectativas. Lo importante de este evento, además de celebrar de que se vea la fuerza política que representa la Alianza País, es un evento de movilización, que todo el mundo salga a votar este próximo martes, 5 de noviembre. Estamos en esa etapa final de movilización, de que no quede nadie en sus casas”, comentó a CLARIDAD la candidata al Precinto 4 de la Cámara de Representantes, la licenciada Adriana Gutiérrez Colón.

Más allá de la elección del martes, agregó la también secretaria de Asuntos de Mujer y Género del PIP, el Festival de la Esperanza reflejó un cambio imparable en el rumbo político del país. Con énfasis en las encuestas de los pasados meses, en las que la candidatura de Juan Dalmau se posiciona en segundo lugar, Gutiérrez argumentó que, al igual que en los comicios pasados, muchas candidaturas “subestimadas” podrían resultar electas.

En el fondo, mientras el cielo perdía la brillantez de sus tonos, Susa y Epifanio fueron relevados en  la animación por los actores Cristina Soler y René Monclova. Mientras compartieron en la tarima, ambos artistas rechazaron  la reelección de legisladores del PNP como Thomas Rivera Schatz y Gregorio Matías. Al mencionarlos, el clamor del público bramό de rechazo.

“Ni la tarjeta del PAN, ni el Seguro Social, ni el Medicaid lo van a perder, porque esos son programas que están establecidos por ley y que están ahí para servirle a las personas aquí, en Puerto Rico. Que no tengan miedo, [que] voten con su conciencia, que no tengan temor a perder acceso a ninguno de los fondos federales, porque estoy yo aquí para decir que es una vil mentira”, recalcó la representante por el Distrito Congresional 12 de Nueva York, Nydia Velázquez al llegar al Lote 4.

También, la congresista destacó la “experiencia y trayectoria intachable” de Ana Irma Rivera Lassén, aspirante a la comisaría residente del MVC y la Alianza. En compañía de la congresista, el excandidato a la comisaría residente por el PPD Rafael Cox Alomar llegó al festival.

Ante el bullicio consistente de la audiencia y la música, la voz de Velázquez se extraviaba entre silbidos y aplausos. El barullo de artistas incluyó, también, al rapero Luis Díaz de Intifada, Chamir Bonano, el grupo Chuwi y, como cierre a la primera parte de la actividad, Fiel a la Vega. Todos estos artistas interpretaron temas relacionados con la identidad nacional y los estragos de la condición colonial que sufre Puerto Rico. Como “ñapa” a esta ristra de artistas, el cantautor de la Nueva Trova Roy Brown entonό “Boricua en la luna” junto a Tito Auger.

Y así le grito al villano: yo sería borincano aunque naciera en la luna

Al despedirse, Soler y Monclova entregaron el micrófono a la comediante de Teatro Breve Lucienne Hernández, quien animó la actividad hasta tarde en la noche, cuando el actor Kike Blade la relevó de la responsabilidad.

Hablan los candidatos de la Alianza

 Los ánimos, caldeados pero pacientes, rugieron más a eso de las seis de la tarde, cuando se anunció que finalmente los protagonistas de esta alianza política compartirían sus discursos. La primera persona en hablar fue el representante por acumulación Denis Márquez Lebrόn.

“Vamos a tener una nueva mayoría en Cámara y Senado para impartir respeto, justicia social y solidaridad. Todos y todas a votar el próximo 5 de noviembre, a defender los votos, a ser partícipes de ese nuevo amanecer de esta patria, de esta nueva alborada. El día 6 comienza la construcción de la justicia social, de la solidaridad, de un nuevo país llamado Puerto Rico para todos los que vivimos aquí y todos los que están en la diáspora. ¡A la lucha y a la victoria! ¡Patria Nueva!”, tronó el legislador pipiolo. El piso, de tanto sonido y grito que la audiencia vertiό, vibraba como un tenue temblor de emoción

Al legislador del PIP le siguió su homólogo en el Senado y el MVC, Rafael Bernabe. “Escuchaba a uno de estos analistas el otro día diciendo que, como va a llover mucho el martes, no vamos a salir a votar, y se equivoca. Va a salir a votar más gente que nunca el martes que viene, y vamos a votar por el cambio. Eso dice que no entienden la rabia y la esperanza que habita en nuestro pueblo. La rabia de cómo han destruido nuestro país, de cómo han cerrado escuelas […] con esa rabia y esa visión de utopía vamos a elecciones el martes que viene”, aseguró el actual senador. Del mismo modo, aprovechó el espacio para explicar que, para votar por su candidatura, hay que rellenar completo el recuadro 10 y escribir Rafael Bernabe en ese encasillado.

Con un recibimiento agitado y lleno de furor, la senadora incumbente María de Lourdes Santiago Negrón elogió al “pueblo iluminado por la esperanza” que le escuchó.

“Aquí estamos, hombro con hombro, en este Festival de la Esperanza. Los valientes que nos enfrentamos a la Marina de Estados Unidos (EE UU) y logramos la Paz para Vieques. Aquí están las comunidades que se levantaron después de [los huracanes] Irma y María. Aquí está la juventud que nos convocó a la calle en el Verano del 19 […] Hemos ganado tanto en esta travesía, y el 5 de noviembre todos a cumplir con nuestra responsabilidad con la patria. Yo he sido senadora por acumulación en varios cuatrienios, y el país confía en los legisladores de la oposición para que fiscalicen, para que pongan vergüenza. ¡Yo no quiero ser legisladora de oposición, yo quiero estar en un Senado con una nueva mayoría!”

Después de la abogada pipiola, el licenciado Manuel Natal Albelo dirigió unas palabras en las que distinguió que, en esta campaña, ha primado el amor patrio, las ganas de un cambio y su compromiso con San Juan.

“No se trata solamente del Movimiento Victoria Ciudadana y el Partido Independentista, sino se trata de miles de personas que apostaron a la esperanza, que estaban convencidas de que, para cambiar a Puerto Rico, no se trata de una candidatura o de un partido político, sino de un pueblo unido. De un pueblo que dice “basta ya” a la corrupción, “basta ya” al pillaje”, expresó Natal. Antes de culminar su mensaje, presentó al equipo legislativo de San Juan, compuesto por: Pedro Cardona Roig (Precinto 1), Joel Vázquez Rosario (Precinto 2), Adriana Gutiérrez Colón (Precinto 4) y Gabriel Casal (Precinto 5) y los senadores por acumulación Rosa Seguí (MVC) y Adrián González Costa (PIP).

La licenciada Rivera Lassén ofreció un mensaje luego de que Nydia Velázquez la presentara para, juntas, “ hacer causa por Puerto Rico”. Previo al discurso del candidato a la gobernación, dos grabaciones fueron proyectadas en los monitores: Alexandria Ocasio Cortez y Griselle Morales. Cuando Dalmau habló, sus declaraciones fueron sucintas y su mirada, emotiva, reflejaba el destello de unos ojos aguados. Un mensaje sobresalió en su discurso: “¡Vamos a ganar!”.

El espectáculo concluyó con la participación de Kany García, Residente, Bad Bunny, Rauw Alejandro, Jowell y Randy, iLe y otros artistas cuyos endosos avivaron la noche que, en lo que tardó en vaciar el Lote 4, duró hasta la madrugada del siguiente día. Con todos sus matices y una asistencia de 50,000 personas, confirmada por el director de campaña de Dalmau, el domingo pasado fue un festival que reafirmó la esperanza de una patria nueva.

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